Capitalo 39

Uno, dos, tres.

Serena contó los segundos en espera de que la campana sonará, lista para encarar a Darién después de la escuela. Como debió hacerlo un día atrás o desde el primer momento en que él despertó.

Después, cuando su corazón no brincará al recordarlo, hablaría con él sobre todo lo que se tenía que hablar. Como el increíble detalle de que él era Tuxedo Mask. Y que Serena sí era su princesa, tal como él creyó al principio.

Su mayor problema era otro detalle que ella esperaba dejar en el futuro. A muchos años en la distancia, quizá, le hablaría sobre el enorme problema de estar destinados sin ser almas gemelas. O que quizá el tenía una verdadera alma gemela esperándolo en el futuro, pero eso no era nada importante porque su amor era real, ¿verdad?

—Serena, ya terminó la clase ¿todo bien? — Molly preguntó y Serena salió del mar de ideas que atravesaban su mente salvajemente sin dejarle tomar una decisión.

Un día atrás Serena había estado preocupada por sus propios sentimientos y ese día no podía dejar de pensar en los de él. Su mente iba de una idea a otra, conjurando de un mal escenario a uno peor en cada nuevo segundo.

—¿Qué debo hacer? — Serena ignoró de nuevo a su amiga y comenzó a morder su lápiz.

—¿Serena? Creo que tus otras amigas te están esperando…

Serena parpadeó, giro su cabeza y miro a la puerta del salón, donde Amy y Lita esperaban en el pasillo, sus uniformes de invierno perfectamente planchado a diferencia del de Serena lleno de arrugas.

—Gracias Molly —Serena se apresuró a guardar las cosas en su mochila, sus torpes manos arrojando los objetos dentro del maletín sin fijarse donde caían—Adios, nos vemos mañana.

Molly miro a Serena marcharse, sus ojos tristes al darse cuenta que su mejor amiga ya no lo era. Y ni siquiera tenía un novio para llenar el vacío. Estaba sola.

Se dirigió a su asiento después, de su maletín, sacó una ampolleta con líquido turbio. Era ridículo, pero una semana atrás, un hombre de cabello blanco se la había dado, diciendo que todo iba a cambiar si Molly lo tomaba. Por alguna razón Molly lo creía firmemente.

Lo que hizo después fue un grave error.

Serena, ignorante de lo que su amiga realizaba en el salón de clases, daba brincos cada quinto paso en un vago intento de calmar sus nervios, asi estuvo haciendo por media hora sin que sus amigas comentaran, fue hasta que estuvieron seguras que el humor de Serena era permanente que decidieron comentar.

—Es bueno que ya te sientas mejor —Amy comentó, malinterpretado los saltos de Serena por emoción, Lita observaba todo en mayor silencio, incapaz de decidir que decir.

—Sí, mejor. Por supuesto, mejor — Serena repitió y giró media vuelta para encarar a sus amigas. Plantó sus dos pies en el suelo y comenzó a negar con la cabeza al darse cuenta que ya casi llegaban a su destino —Esto es una mala idea, ¡soy una tonta!

—Serena, por favor, no llores —Lita dijo mientras colocaba su mano en el hombro de su amiga, una sencilla sonrisa en su cara —. Ya casi llegamos y tú dijiste que querías ir. Nos lo dijiste hoy mientras almorzamos, ¿recuerdas?

—Pero...pero — Serena frotó sus ojos. Ella estaba confundida de nuevo. Si de verdad quisiera a Darién, dejaría de poner tantas excusas para verlo.

Era injusto, pensó Serena al recordar la última vez que lo vio. Aquellos párpados cerrados en una simulación de muerte, sus palmas abiertas tendidas en el suelo y sus labios demasiado callados (incapaces de volver a sonreír).

Sin entender del todo por qué, comenzó a sollozar más fuerte, su corazón partido ante una memoria que era una combinación del recuerdo de seis días atrás y de un milenio en el pasado.

El maletín calló al suelo y Serena junto sus manos en su pecho, queriendo mantener un poco de sus emociones dentro de ella y sentir en su propia piel señas de vida, que su corazón latía pese a sentirse roto.

—¡Ahí están! — una voz fuerte les llamó la atención. Lita y Amy fueron las únicas que llevaron sus ojos hacia una molesta Rey, quien caminaba hacia ellas hechando humos — Las esperaba desde hace media hora..tenemos cosas de que hablar...agh, Serena, ¿ahora por qué lloras?

Serena apretó su mandíbula y logró lanzar una mirada asesina a Rey, quien respondió sacando la lengua. Su falta de refinación contrastaba con su uniforme gris de marca, pero al estar la calle completamente sola, a la joven sacerdotisa poco le importaba particapar en groserías infantiles.

Lita cruzó sus brazos y alzó una ceja ante la actitud de Rey, dispuesta a llevar las cosas a los golpes si seguía molestando a Serena. Amy, más calmada que todas las demás, se interpuso entre Serena y Rey, después movió su cabeza con delicadeza, de un lado a otro, sus ojos fijos en los de Rey

La sacerdotisa rodó su cabeza y decidió terminar su gesto colocando su mano en su sien, buscando disminuir sus deseos de pelear.

—Bien, olvida eso. Hay cosas más importantes de que hablar que de los lloriqueos de Serena — la aluida respiró profundo y Lita apretó sus puños, pero Rey las ignoró — Tuve más visiones hoy. Eran diferentes, como cuando fuimos al Polo Norte. Había muchos youmas.

Serena y Lita olvidaron sus emociones inmediatamente. Las predicciones del futuro tenían prioridad sobre rencillas mundanas, y a pesar de su corta edad, entendían que era más importante escuchar a Rey que ignorarla por razones de ego lastimado.

Amy cerró sus ojos para recobrar el valor y aceptó las manos de Serena sobre sus hombros, ambas buscando darse fuerza una a la otra ante las noticias.

—Pero Nephrite ya no es malo — Lita logró decir, después miro a sus amigas más pequeñas. Luego tras ver su preocupación, bufo y alzó su barbilla —No importa, vamos a derrotar a cualquier nuevo enemigo. Como la ultiúl vez.

—Sip. Lo volveremos a hacer.

Todas saltaron al escuchar la nueva voz y dieron un pequeño grito agudo que causó risa en la nueva persona, quien las miraba desde los matorrales, sus brazos recargados sobre las ramas como si fuera un mostrador. Artemis a su lado no compartía la mitad del humor de su compañera y lo dejo claro con sus palabras.

—Los asuntos de scouts no se discuten en medio de la calle. Y Luna y yo debemos estar presentes.

—Ya, Artemis — Mina acarició la cabeza blanca del felino y guiñó un ojo a las chicas —. Es obvio que Rey nos lo iba a contar a todas después...te ahogas en un vaso de hielo.

—Perdón Mina — Rey dijo, sus cachetes un poco rojos tras ser reprendida —. Les iba a decir en el templo pero todas se tardaron mucho, ¿por qué también vas tarde? ¿Por qué nadie tomo el camión? ¡Ven!, parece que lo hacen a propósito.

—Es una extraña coincidencia — Amy acertó a decir, sorprendida por el hecho de que todas se hubieran encontrado en el mismo camino al mismo tiempo — ¿Esto será también por nuestros poderes?

—Bueno, quizá — Mina coloco una mano bajo su mentón tras cerciorarse que nadie estaba cerca —. Existe una leyenda, de la primera Sailor que hizo su primer ataque..."Las palabras que llegaron a ella, le eran familiares como en un sueño sobre el futuro, pues todo lo que es fue, y todo lo que es será...es el hado del destino"...

Ninguna entendió las palabras de Mina, pero ella tampoco comprendía mucho al respecto. Había muerto y aunque sus recuerdos fueran más claros, seguían teniendo años en desuso, e incluso cuando era Sailor Venus, las mecánicas de ser una Sailor era algo que jamás le pareció de importancia.

Aún asi, sabía lo suficiente.

—Eso me recuerda...el bello durmiente sigue sin poder caminar, ¿verdad?

Serena sintió la sangre irse de sus cachetes. Una parte de ella esperaba que Darién se hubiera curado completamente. Amy, sintió las manos de Serena temblar y se apresuró a darle palmadas en la espalda. Mina suspiró antes de explicar.

—Eso era de esperar. En una o dos semanas estará como nuevo...un cuerpo fortalecido por magia, como Tuxedo Mask puede a veces sobreimponerse sobre la otra forma. Una vez me pasó, me cai y rompí mi espalda como Venus pero mi forma de Mina no estaba tan herida y desperté solo con un dolor de espalda.

—¿Se va a curar? ¿De verdad? — Serena preguntó antes de que Amy pudiera formar siquiera una sílaba.

—Sí. Pero esas cosas toman tiempo, es mejor que descanse — Mina afirmó con su cabeza —. Y por eso, hasta que se cure le vamos a decir lo de Tuxedo Mask.

Rey, Lita y Serena parpadearon varias veces, sus rostros similares ante la decisión unilateral de Mina. Rey fue la primera en recuperse.

—No, esto ha llevado mucho tiempo.

—Se lo debimos decir ayer mismo — Lita apoyó a Rey— Solo no lo hicimos porque Jadeite estuvo todo el tiempo ahí. Dios, no dudo que estará molesto con nosotros por no decirle antes.

—Chicas...— Amy intentó alzar su voz sin éxito.

—Si va a usar sus poderes le digamos o no. Lo mejor es decirle — Rey volvió a remarcar su punto —. Y más con el peligro en el horizonte.

—Es peligroso — Mina contestó solemne y vio hacia Serena, sabiendo perfectamente que decir para tenerla de su lado —. Si le decimos, peleará antes de tiempod, se dormirá en esa coma y no despertará en mucho tiempo. Quizá nunca.

Serena perdió la fuerza en sus piernas y Lita se apresuró a ayudar a Amy a sostener a su amiga y comenzó a agitar con su mano el aire frente a ella continuamente. Rey abrió su boca en sorpresa, después coloco sus manos en su cintura y con sus ojos le indicó a Mina que después hablarían.

Mina, al ver el estado de Serena, sintió lágrimas formarse en sus ojos pero no las dejo caer. En lugar de ella, acomodó su cabello hacia atrás, un mechón se enrredó en su dedo anular y ella jaló más fuerte de lo necesario intentando quitárselo.

Para ninguna de ellas, las cosas estaban ocurriendo como quería.


.

Darién no entendía por qué si unos seis días atrás podía caminar a la perfección, al despertar sus pies seguían igual de inútiles que antes.

Nephrite seguía sin aparecer, Jadeite estaba ayudando en el templo y Rey continuaba jugando en su red de mentiras. Todos usaban máscaras sobre falsedades y él tenía miedo de ver su propio reflejo en un espejo, temeroso de descubrir que también él era mentira.

Estaba pensando en eso cuando escuchó el sonido melancólico de la caja musical que Serena le había devuelto. El pequeño objeto brillaba en la mesita de noche y él se apresuró a tomarlo entre sus manos, sintiendo metal en lugar de plástico.

Incluso esa pequeña reliquia estaba llena de falsedades. Un guardapelo, una caja musical, un juguete, cambiaba de nombre y material todo el tiempo. Como su princesa, a veces un triste sueño, otros una ilusión de un niño solitario y a veces una heroína que uhia de él. Era como el reflejo de la luna sobre el agua.

Un sonido fuera de su ventana lo hizo tallarse sus ojos a tiempo, pues unos segundos después una gata negra salto adentro de la habitación. La gata parlante de Serena se acercó a Darién y después, tras examinarlo, acarició su brazo.

—¿Esta Serena contigo? — Darién preguntó a la gata y comenzó a acariciarla entre las orejas. Ella actuó como una gata normal y comenzó a ronroñar — Creo que tengo leche aquí.

Darién busco en la charola su vaso de leche, dejando la pequeña caja musical de nuevo sobre la madera, después, virtió la leche sobre el plato vacío de comida. Luna salto sobre la mesita de noche dispuesta a tomar el regaló de Darién, pero antes de beber una persona abrió la puerta.

—Alto ahí. Los gatos no deben beber leche porque daña sus estómagos. A las gatas que confunden a muchachos guapos para obtener leche, yo no las perdonaré.

Serena había realizado una serie de poses mientras daba su sermón y había terminado señalando con un dedo indice a su gata. La pose era familiar, pero Darién no pensó en ello, en lugar de eso comenzó a carcajear.

Típico de Serena. Llegar tarde y con un sermón en sus lindos labios.

Ella lo miró y después, al ver la posición de sus manos, las envíó a sus costados. Sus cachetes estaban rojos y Darién rió con más fuerza al ver su cara de tomate.

Serena pestañeó varias veces, sus hombros se hicieron hacia arriba y soltó un sollozo breve que helo a Darién. Si él hubiera sido capaz de correr lo hubiera hecho, incluso saltar por la ventana parecía una buena opción para escapar de la incómoda situación.

—Eh, Serena. Mira...— Darién titubeó, tomo a Luna entre sus manos y la alzó para que Serena la pudiera ver —. Tu gata...ta ...ehm, está bien. Tu gata está bien.

Las lágrimas de Serena siguieron corriendo por sus mejillas y barbilla, cayendo al suelo con un pequeño tintineo que era muy fuerte a los oídos de Darién.

—Llorar no resuelve nada — volvió a intentar calmarla. Sus palabras, en lugar de detener las lagrimas de Serena, consiguieron un gemido de dolor. Y antes de poder disculparse, Serena cortó la distancia entre ellos, sus pequeñas manos sobre la espalda de él.

Su perfume de cereza y el dulce aroma de su cabello lo llenaron de tranquilidad y por cinco segundos enteros todas las ideas en la cabeza de Darién se esfumaron en el aire. Finalmente, recordó que Serena estaba sufriendo y abrió sus ojos para ver por encima de la cabeza de Serena.

Ahí, mirando todo desde la puerta, cuatro jóvenes con caras rojas lo juzgaba y él levantó sus palmas al aire, su corazón palpitando con fuerza al descubrir la situación en la que estaba.

—Ehm...¿qué le pasa a Serena? — les preguntó tras aclarar su garganta. Serena lo abrazó con más fuerza y él sintió sus cachetes ponerse rojos. Por lo menos sus palmas seguían abiertas y a la vista de todas.

—Esta feliz de verte — Lita ofreció poco convencida. Amy, con su cara oculta entre sus manos, afirmó con la cabeza y Darién rió nervioso.

Despues las palabras se registraron en su cabeza y todo tuvo sentido. Serena era esa clase de personas que se dejaba llevar por la emoción y al igual que cuando prometió protegerlo en el hospital, hacia cosas sin sentido como abrazarlo.

Aún asi, sus cachetes permanecieron rojos y una de sus manos quería volver a la espalda de Serena y su nariz pedía que oliera a Serena una vez más.

—Perdón.. — Serena se alejó de él y lo miró directo a los ojos. Pese a los surcos en sus mejillas, había elegancia en sus facciones tristes y una llama oculta en sus ojos azules que dejaba sin aliento a Darién —. Darién, perdón por no venir ayer.

Las manos de Serena se habían retirado al pecho de ella y él sintió frío al verlas lejos. Tenía que estar enfermo de nuevo, Darién pensó, solo así podía explicar su falta de aliento, él calor en su cuello o la sequedad en su boca.

Las palmas, aún abiertas al aire, comenzaron a cansarse pero no se atrevió a bajarlas por temor de que irían automáticamente a Serena, aprovechando que ella estaba aún en su cama, a su alcance.

Las chicas dieron gritos ahogados por la vergüenza de la situación y él volvió a ver aquellos rostros de las amigas de Serena. Dos de las cuales eran Sailor Scouts y le dirían todo a Sailor Moon. Volvió a ponerse rígido y bajo sus manos lentamente hasta que quedaron a salvo en las sábanas, está vez para no llevarlas a su cara.

—Bueno. Ehm, mejor les damos un tiempo solos — Amy dijo, sus ojos ocultos entre sus dedos y sus hombros cabizbajos. Ya no parecía una fría doctora si no una niña tímida que acaba de ver algo indebido. Darién estaba seguro que incluso sus propias orejas estaban coloradas.

—Si, mejor los dejamos a los dos solos — una muchacha rubia que Darién apenas reconocia, guiñó un ojo hacia Darién y él aguanto sus deseos de ver en dirección a Serena y ocultarse detrás de ella.

—Ya, basta. Serena, por favor — Rey agarró a Serena y la alejó de Darién, después volteó hacia el resto de sus amigas —. Amy, Mina...es suficiente. Serena, también, calma. Estamos en algo serio. Tenemos que platicar de eso, ESO. Asi que dejemos a Darién en paz.

Todas, incluida Serena, accedieron con la cabeza y salieron de la habitación, Luna detrás de ellas. Una vez solo, Darién se ocultó entre las sábanas y ahogó su grito de humillación en una almohada.


Serena se veía más tranquila desde que había abrazado a Darién y Mina se sentía feliz por ello, pero al mismo tiempo, odiaba saber que aquella relación estaba destinada a causarle dolor.

Aunque, Mina reflexionó tras ver los colores de la tarde, por lo menos Darién no era el tal Liar. Ese hombre simplemente no merecía a Serena de ninguna forma y Mina tenía que encontrar la forma de censurar aquella relación basada en "almas gemelas".

Para eso necesitaba ayuda.

—Amy — Mina alcanzo a su compañera en el pasillo, las otras tres iban mucho más adelante y Amy respingó, sus hombros tensos al escuchar el tono de su amiga.

—Por favor, Mina. Te voy a apoyar con lo de Darién.

—Ehm, gracias Amy. Eres genial — Mina tronó sus dedos, una enorme sonrisa en sus labios —. Pero eso no. Hay unos documentos que tienes que ver.

—¿De qué? —a Amy le ganó la curiosidad y se detuvo.

—Recuerdas a ese hombre, Liar, ese que nos cae horrible...mira, ahorita lo rehubicaron a un hospital psiquiátrico, pero quiero saber si había estado en otros hospitales antes.

—¿Por qué importa eso?

—Porque no creo que Liar sea el alma gemela de Serena. Quiero ver si ese hombre no tiene un alma gemela en otra parte. Ya ves.

—Pero eso no importa, ¿verdad? — Amy pensó en voz alta —A ella le gusta Darién y esas cosas ya no le importan.

—Aun así, "eso" siempre será un problema. Serena merece saber la verdad, esto es muy importante y solo puedo confiar en ti para esta investigación — Mina colocó su mano izquierda en el hombro izquierdo de Amy —. Vamos, sabes que esto es lo correcto.

Amy apretó sus labios y accedió levemente con su cabeza a la idea de su amiga. Mina sonrió.

—Bien, déjame ir por los papeles. Es un paquete muy grande, pero confío en ti.

—¿Los traes en tu maletín? ¿No es muy pesado?

—Sí, por eso no metí mi libreta.

—Mina...

Antes de que la pudieran reprender, Mina fue por su maletín lista para entregar los documentos que servirían para su investigación, su cabello rubio bailando con cada nuevo paso, feliz de que las cosas finalmente estaban avanzando.


Malekite llego a la casa donde Endymion debía estar, sin importarle su vergüenza al afrontar a la persona que una vez traicionó.

Al ver la puerta recordó ese momento cuando él tenía solo quince años, sus ropajes blancos con bordados azul cielo. Un joven con corazón palpitando y a punto de dársele el honor de servir a la familia Dorada.

El niño a quien iba a jurar su vida, tenía cabello negro como el ébano y ojos azules como la medianoche, era tan pequeño que Malekite tenía que incarse para verlo a la cara y fue en ese momento, mientras terminaba de jurar, que se percató del mundo de colores que hasta entonces era un misterio para él.

Esos poderes que curaron a Malekite, fueron la razón de un conflicto por obtener el cuerpo de una persona. Nunca supo quien reveló que tocar a Endymion lograba devolver los colores, pero sí estaba seguro de que Jadeite atravesó con su espada a uno de los secuestradores. Malekite había limpiado el lodo de la cara de Endymion, le prometió protegerlo mientras besaba los pequeños nudillos, y al final, en una guerra después, Malekite optó por la traición.

Malekite respiró, dejando ir los últimos remanentes de aquel recuerdo, y volvió su vista a aquella pequeña casa que era indigna de un príncipe. Cuando Nephrite abrió la puerta de madera y salió a recibirlo, Nephrite se irguió y alzó una ceja.

—Malakite, ¿dónde está tu novio?

—Zoicite está en un hospital, trabajando para Metallia infectando personas —Malakite contestó sin mentir. La prioridad era ganar la confianza de Nephrite para poder ver de nuevo a Endymion y mentir sería un problema en el futuro.

—Venir a burlarte es inútil.

—Mis intenciones son simplemente colaborar. Metallia es nuestra enemiga común.

Nephrite mantuvo su mirada dura, sus pies firmes plantados en el suelo. Un verdadero soldado lleno de soberbia y terquedad. Malekite pensó que debía quitár a Nephrite esa actitud insolente, después de todo el bienestar del príncipe Endymion era prioridad.

—Largo de aqui, Malekite.

—Como gustes. Solo recuerda informarle al príncipe Endymion que yo, el general Malekite, estoy a su servicio.

—¿Endymion...?


—Uhm, entonces, ¿estas bien? ¿Seguro? — Serena dijo, sus manos ocupadas con la tela de su falda, sentada en la pequeña silla al lado de la cama, Darién tenía que ver hacia abajo para poder verla —. ¿Estás bien aunque no te visite ayer?

—Sí — Darién contestó, tragó saliva y continuó — Así que, tu y las chicas ya hablaron de "eso", ¿verdad?

—Son cosas de chicas — Serena contestó inmediatamente, sorprendida de su propia habilidad de mentir. Pero la democracia había hablado y Darién no sabría nada hasta que se curará o encontrarán el cristal de plata —. Ya sabes, eres un hombre y no entenderías.

—¿Hablaron de chicos? Ustedes las niñas solo piensan en eso, Cabeza de Chorlito.

—Somos amigos, ya no debes de decirme de esa manera.

—Pero te queda bien: eres como un pájaro, siempre con la cabeza en las nubes, volando —los ojos de Darién parecían estar enfocados en un punto en la distancia, contemplado las palabras que había dicho, después sonrió —Y eres pequeña, muy pequeña, como uno de esos pajaritos.

—Pues si me sigues llamando así, no vendré mañana a visitarte.

Serena cruzó sus brazos y alzó la barbilla, orgullosa de su brillante plan para evitar el odioso apodo. Darién soltó una carcajada y antes de que Serena de diera cuenta, una de sus manos grandes estaba sobre su cabello rubio.

—No serías capaz — él dijo sonriendo —. No eres esa clase de persona.

Serena no pudo escuchar bien pues su corazón decidió latir con fuerza ese instante. Era tan guapo cuando reía y la estaba tocando, sin ningún otro motivo que el de demostrar que podía. Y podía porque queria.

Serena alzó su vista al brazo encima de ella, después siguió hacia el antebrazo, al hombro, al cuello y finalmente a la cara morena que la perseguía despierta o dormida. Tenía que haber una pista de los sentimientos de Darién por ella, por Serena. Por supuesto, ella sabía que él amaba a Sailor Moon, a su princesa Serenity, pero quizá...quizá Darién estaba enamorado de Serena de aquella forma en que un niño ama a una niña: con sueños inocentes por el deseo de un beso a la media noche.

Era un pensamiento extraño de realizar, más Serena sabía que Tuxedo Mask adoraba encadenar palabras para volver lo mundano en un sueño y ella, Sailor Moon, era similar a él en eso.

—¿Serena? — la mano de Darién bajo a la frente de ella — Estás roja, ¿tienes calentura?

—Algo así — Serena terminó con un suspiro y se puso de pie, dejando la mano de Darién volando en el aire. Durante todo ese tiempo, ambos habían logrado mantener las sonrisas en sus labios — Ya me tengo que ir. Mañana vendré, es una promesa.

—Muy bien, en ese caso, yo esperaré por ti

Fue hasta que estuvo en su casa, que Serena dió un brinco de victoria. Darién esperaría por ella y eso sonaba a una promesa de amor a su corazón enamorado.