Capítulo 41

El hado, el destino, la providencia, tiene formas muy misteriosas de trabajar, a veces, una mujer tarda cinco minutos más en encontrar las llaves de su automóvil, por conducir rápido hace que una anciana no cruce la calle y por lo tanto, su nieta de diez años le de alcance en la intersección y ambas caminan lento hacia la calle siguiente, en ese momento, en la siguiente parada, otro carro se detiene en el alto. Un niño con pecas se asoma por la ventana y dos pares inocentes de ojos se ven uno al otro dando el color al mundo como debería ser.

El destino también, a veces se parece al agua, en un ciclo que se repite constantemente y es su fuerza la que siempre trabajó para reencontrar a dos seres destinados a verse, su presencia constante en una serie de eventos que permitan el reencuentro postergado por más de un milenio.

Fue el hado la fuerza que llevó a Liar a tropezar con un viejo amigo de la universidad, también fue lo que puso un gusano en medio del camino de Zoicite, y al detenerse a aplastarlo, el general vio el edificio blanco, un psiquiátrico, que era perfecto para sus planes de despertar a Metallia.

También, ese destino permitió a Beryl llamar al hospital equivocado para pedir empleo, de esa forma juntar a súbdita y reina en aquel lugar donde la locura y maldad se mezclaba.

Era inevitable, el ciclo que quedó pausado por los poderes de una reina, tenía que continuar. La mayoría de las personas eran viejas, sus cuerpos y almas marcados por cicatrices de un tiempo empolvado, otras nuevas que entraban al juego sin comprender su papel.

De esta forma, tras varios milenios, la larga espera iba a concluir.

Darién Chiba, ignorante del porvenir, miró al hospital psiquiátrico sin entender porque el lugar lo llenaba de aprehensión que le pedía huir. Sin embargo, al ser incapaz de caminar por si solo aún, aplazar el encuentro era imposible para él.

Un hombre, en bata blanca ,de quijada larga y ojos grises, ayudó a Darién a la silla de ruedas. Por suerte, el muchacho tenía su saco verde puesto, la tela perfecta para evitar que sus pieles se tocaran. No hubo imágenes o colores, ningún motivo para negarse a obedecer y ser llevado hacia adentro iba a llegar de Darién.

El oficial Kido decidió acompañarlos, las suelas de su zapato acompañado el sonido de las ruedas de la silla. Los tres pasaron al mismo tiempo el umbral que llevaba al patio de la entrada del hospital, ningún otro sonido de compañía más que su andar, ni siquiera el viento parecía atreverse a mover las hojas de los árboles. Fue el oficial el que se percató primero de que algo estaba mal.

—¡Tresh! ¡Ven aquí! — Kido llamó por encima de su hombro sin desviar su mirada del enfermero empujando la silla, esperando una reacción que no tardó en llegar.

—No, no — el enfermero sonrió, su sonrisa formada por dientes afilados que no eran humanos —. El Doctor dice que no quiere policías.

El lugar se llenó de electricidad y Kido maldijo su suerte. Darién, en cambio, por primera vez se dió cuenta que la situación no tenía nada que ver con ella.


Los astros intentaban comunicarse con él, pero los últimos rayos del sol eran un manto sobre sus sentidos. Nephrite ignoró el peso en su estómago y el el sonido de las estrellas, creyendo que la razón de su ansiedad era hombre de cabello blanco frente a él.

Malakite, sentado al otro lado de la mesa, observaba todo con ojos perspicaces, esperando cualquier señal de algún enemigo.

Alguien comenzó a tocar la puerta con fuerza, de una forma desesperada y furiosa, como si quisiera hacer ceder la madera o las bisagras.

Nephrite se levantó de su asiento, lanzó una mirada desconfiada a Malakite, salió al pasillo, abrió la puerta y quedó frente a frente de un agitado Jadeite que aún tenía una palma levantada para seguir su ataque contra la madera.

—¿Por qué estás lleno de ceniza? — Nephrite preguntó, sus labios formaron una muestra de desprecio al ver la ceniza entrar al vestíbulo pero rapidamente lo olvido por el asunto más prioritario de todod— ¿Y Darién?

—Un policía se lo llevó a un hospital psiquiátrico — Jadeite contestó inmediatamente, sin dejar un segundo de espera —. Tú estás registrado como tutor así que tienes que ir por él.

—¿Cómo? —Nephrite empujó a Jadeite afuera de la casa, sus manos buscando las llaves del automóvil dentro sus pantalones grises. Pese a ya no tener a Metallia calando sus huesos, era un hombre lleno de energía y quería gritarle a alguien, pero eso sería tras encontrar a Endymion.

Nephrite golpeó el toldo del carro al recordar ese enorme detalle. Finalmente, tras escuchar aquel nombre prohibido, Nephrite había logrado recordar a la perfección a su príncipe y reconocer que Darién y Endymion eran uno solo. El mismo cabello oscuro tal ébano, ojos azules como la noche y poderes que eran una maldición sobre él que nadie más en el mundo tenía.

Endymion, el hijo adoptivo de la familia del Reino Dorado, un principe sin importancia alguna hasta que, poco antes de cumplir catorce años, las personas que lo tocaban podían ver el mundo de colores. Los intentos de secuestro fueron pocos, pero el motivo siempre fueron esos poderes. Años después estalló una guerra, no la de Metallia, pero si la primera en la cual el príncipe fue enviado a combatir. Esos eventos marcarían al príncipe y su don desaparecería hasta su vigésimo cumpleaños sin que Nephrite supiera el motivo.

Parecía que Nephrite nunca sabía lo necesario.

—Malakite — Jadeite dijo el nombre del otro general al verlo salir también de la casa, una simple observación de la situación, después vio hacia dos niñas que por alguna razón también estaban ahí, en el camino de entrada.

Serena, ella era de esperar al ser una vecina, pero Lita, Sailor Jupiter, era demasiado para él.

Lita alzó una ceja al sentir los ojos de Nephrite sobre ella, después alzó los hombros y se dirigió afuera del patio, sacando un pequeño aparato rosa de su falda y les dió la espalda a los demás.

—¿Escuché decir algo de un hospital psiquiátrico? — Malakite preguntó, su voz más aguda de lo que debería ser— ¿Darién Chiba fue llevado a un hospital psiquiátrico?

Malakite miro a Serena y una de las comisuras de su labio se alzó, intentó sujetarla por los hombros pero Jadeite agarró la mano de Malakite antes de que él pudiera tocar a la pequeña niña.

—¿Aún estás aliando con Sailor Moon, Jadeite? Eres más tonto de lo que pareces.

Nephrite contuvo el deseo de patear la puerta del carro. Se sentía como un idiota al reconocer el peinado similar de la Sailor scout. Serena pequeña e ingenua, era amiga de una Sailor Scout fue una enorme pista que él había fallado en ver. Ser amiga de una scout sería imposible normalmente, pero Serena no era una niña normal, todo ese tiempo fue Sailor Moon.

—Uhm, ¿de qué me perdí? — Lita volvió al grupo de personas, más pálida que antes y con una sonrisa nerviosa.

—Yo tampoco entiendo — Serena dijo tras parpadear, después señaló a Malakite —. La última vez el era malo...pero ahora está con Nephrite y…no entiendo.

—Sailor Moon, está niña me purificó cuando salvó a su hermano. Pero ya veo que fue un simple accidente en lugar de habilidad alguna.

—Te derrote —Serena contestó en defensa, y Nephrite vio a la guerrera asomarse por sus ojos.

—Bien, bien...saben qué, este es el momento perfecto para hablar de esto — Lita peinó uno de sus mechones para atrás de su oreja y después miró directo a Nephrite — ¿Es ese hombre peligroso?

Nadie esperaba que ella fuera a ser tan directa, incluso Serena parecía escandalizada de que Lita hubiera señalado a Malakite con su pulgar.

—No proyecta energía de Metallia. Asumo que Sailor Moon lo purificó como a Nephrite aunque por "accidente" — Jadeite contestó por el otro general aunque también confundido por toda la situación, pero, veo que él también tiene un interés en Darién.

Por un segundo energía negativa brillo en el puño de Jadeite y Nephrite aclaró su garganta para evitar la pelea.

—Malakite es leal a Darién.

Esperaba que alguna de las niñas preguntara porque Nephrite estaba seguro de eso, sin embargo Lita lo sorprendió con sus siguientes palabras.

—Perfecto. Sailor Mercury y Venus están en un hospital psiquiátrico tomado por youmas, y no hablo de un solo youma, el lugar está por completo tomado por youmas. Posiblemente sean los mismos pacientes concertidos en esas criaturas.

—Darién… — Serena dijo antes que los generales dijeran lo obvio y Lita alzó sus hombros en derrota.

—No dijeron nada de él, quizá el policía no llego. Aún así, tú y yo, debemos ir para allá.

Nephrite tragó saliva, llevó sus manos a las raíces de su cabello y con los ojos cerrados dirigió su vista al cielo. No existían tales cosas como la coincidencia, en ese hospital tenía que estar Darién, de nuevo en problemas. Y el Cristal de Plata seguía incompleto, una reliquia inútil para todos ellos pese a su legendario poder ya que nadie lo poseía y la princesa jamás apareció.

—Yo las llevaré ahí — Nephrite logró decir, derrotado por la situación, sin ningún poder sería un lastre para la batalla, pero ellas podían hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

—Todo saldrá bien — Serena dijo con amabilidad, sus ojos azules cristalinos por las lágrimas. Ella seguía siendo una niña, pero él iba a confiar, no tenía otra opción.


Había habido un disparo, luego todo fue tan rápido que Darién aún no sabía cómo Kido logró ponerlos a salvo en uno de los cuartos vacíos del hospital psiquiátrico.

Con solo la luz de la ventana, el cuarto parecía una fría caverna y el aroma a animal muerto era más fuerte mientras más cercanía al ras del piso.

Las manos de Darién comenzaron a jugar con la caja musical, sospechando que las cosas solo podrían empeorar mientras más tiempo pasara.

Una parte de él veía el futuro en ráfagas amorfas, a veces el color azul de una falda corta acompañada de lazos rojos, cabello dorado bañado de luna y brevemente, colores carmesí jugando con la vida, pero la sensación más vivida, la que lo mareaba, era la de una sombra de muerte que él ya conocía pese haber olvidado el nombre.

Y esa cosa, la horrible criatura del mal, quería a Darién. Eso lo sabía él dentro de sus entrañas.

—Esas cosas, ¿qué sabes de ellas? — el inspector Kido preguntó, sentado a un lado de Darién era menos intimidante, y su voz era muy baja así que fallaba en ser autoritaria.

—Son youmas — así es como les decía Sailor Moon —. Eso es todo lo que se.

Lo mejor, pensó Darién, era mantenerse callado y no decir nada sobre Nephrite y sus habilidades de crear youmas, ni de Jadeite y su pasado criminal. El nerviosismo por ocultar la verdad se reflejó en sus manos tímidas y labios tersos pese a sus mejores intentos y se vio obligado a desviar la mirada.

—Endymion…. — el oficial sujetó con fuerza el hombro de Darién, sus uñas logrando atravesar la tela, aún así Darién fue incapaz de mover ni un músculo al sentir el metal bajo su barbilla—. No engañas a nadie. Endymion. Desde aquella época, cuando el reino de la Luna vivía, tu engañaste a la princesa mientras te revolcabas con Beryl y Metallia, ¿verdad?

—¿Metallia?

Ese era el nombre de aquella criatura creciendo en el centro del hospital, su voz rocosa vertebrando sobre los cimientos del lugar y Darién tragó saliva al recordar aquella maldad pura, la misma que lo sedujo aquella vez cuando fue atrapado por Gatu...

Darién recordó, en ese instante, la furia en su sangre y su deseo de matarlos a todos. Sus poderes, sin que él se moviera, actuaron para decorar el lugar de personas marchitas, como flores sin pétalos colgando de ramas asesinas pese a su olor a madera.

Todas esas personas,eran criminales pero tenían sueños, familias, anhelos de un mañana que Darién había destruido por ser débil y dejarse convencer de ser usado por Metallia.

El metal bajo su barbilla era frío, lo había sido desde que Kido decidió poner el cañón bajo la cabeza de Darién, y él contuvo su deseo de gritar. Quería hacerse un ovillo y negar lo que había hecho con sus poderes, pero su vida estaba en juego así que solo empezó a respirar con dificultad, apretó los dientes y habló con voz quebrada.

—Los oficiales de policía deben proteger a las personas, no amenazarlas con una pistola — Darién reprendió, su voz un hilo. El cañón forzo su cara más arriba y Darién sintió irritación por la situación — ¿Qué cree que hace?

—Jamas te enseñaron modales, ¿verdad? — Kido apartó el arma, se puso de pie y volvió a apuntar a Darién, esta vez directo a su frente.

En un milisegundo, Darién se percató de algo que era verdad incluso aunque su alma estaba rota al recordar sus crímenes: él no quería morir.


—¿Otro disparo? —Sailor Mercury alzó su cabeza, abandonando su laptop por un segundo — Debemos ir a investigar.

—Esos youmas son humanos — Sailor Venus dijo tras negar con su cabeza —. El edificio está lleno de ellos, si vamos sin Sailor Moon nos pondremos en peligro a nosotras y ellos.

—¡No podemos quedarnos sin hacer nada! ¡Ese debió ser un policía y está en problemas!

Sailor Venus asintió con su cabeza, era inútil decir a Mercury que todo estaba en su imaginación, así que honestidad sería. Las otras podrían no aceptar razones e ir al rescate de otros sin importar qué, pero Mercury sí entendía que a veces eran necesarios los sacrificios.

Desde la primera vez, Venus supo que sólo Mercury sabia lo que era abandonar sus sueños por el bien mayor. Amy había dejado clases, sin importarle su reputación, para ayudar a las Scouts. Las otras no entendían el significado de esa acción, lo que Amy demostraba cada vez que atendía una llamada de scouts a un a costa de su educación. Venus sí podía, porque ella también abandonó sus sueños, ser una estrella, después de todo, era poco en comparación del enorme deber de salvar al mundo. Aún así dolía renunciar.

Venus volvió a repetir su punto.

— Si vamos, muchas personas terminarán muertas. Metallia está ahí y debemos encontrar a su vasallo más leal, después, podremos curar a los demás. Sin embargo, eso es imposible sin Sailor Moon.

—Pero…

—Es necesario.

Una vida a cambio del bien de cientos.

Mercury entendió y bajo la mirada, sus labios temblando al darse cuenta que no podían hacer nada.

Su laptop bipeo y todo el color de su cara se perdió.

—¡Oh, no! Dios mío...Mina. Hay nuevos rastros de youmas.

—¿Cómo? ¿Qué paso?

— Dios, afuera de aquí. La computadora localizó tres personas volviéndose youmas…les tenemos que decir a las chicas.

—Las malas noticias siguen apilandose — Venus dijo entre dientes y abrió su comunicador —. Chicas...hay más youmas en la ciudad.

—No puede ser — Serena y Lita contestaron al unisono, ambas con sus cachetes pegados uno contra el otro. La imagen cambió a Sailor Mars, que parecía muy malhumorada y a punto de estallar en llamas no metafóricas. Aún así logró recobrar la compostura tras agarrar aire por la boca.

—¿Nos vamos a dividir? — la Sailor preguntó inmediatamente, lista para escuchar las órdenes.

—El hospital psiquiátrico es prioridad — Mercury dijo con firmeza, Venus la miró sorprendida —. Si no hacemos algo rápido, todos los pacientes serán consumidos por Metallia.

—¿Qué hay de la gente aquí afuera? ¿Solo los abandonamos? — Lita preguntó, su voz casi al borde de los gritos.

—¿Y si nos dividimos como dijo Mars? — Serena preguntó en voz baja — Mars y Jupiter se encargan de retener los youmas aquí afuera y yo voy con ustedes...jaja, perdón...no sé que estoy diciendo. Mercury debe tener un mejor plan.

—Con Mars fuera bastará. Además, ella es la única además de ti que puede exorcizar a los youmas o inmovilizarlos sin lastirmarlos mucho — Venus dijo en su mejor tono de líder, tomando la palabra por Mercury.

—Pero...—Serena comenzó a negar pero la voz de un hombre acortó la oración.

—Es un buen plan.

Venus casi dejó caer el transmisor al escuchar aquella voz de hombre que ella repudiaba con fuerza desde antes de nacer.

—¿Qué? Sailor Moon, Jupiter, ¿quién está con ustedes? — Mercury indagó, sus ojos duros al imaginar diversos escenarios en su cabeza, pensando una situación peor tras otra.

—Jadeite, Nephrite y Malakite. Sí, están de nuestro lado — Lita contestó y antes de que Mina preguntara por qué los generales las estaban ayudando, les dió la respuesta —. Darién está en ese hospital y ellos quieren salvarlo.

Por supuesto, Venus miró al atardecer, ese hombre no podía mantenerse lejos del peligro por una semana. Ser el guardián de un planeta causaba eventos que parecían ser hechas por un destino burlón.

—Mars, Zoicite y Jadeite se quedarán afuera, lidiando con los youmas. El resto iremos con ustedes — la voz de Malakite ordenó y se escuchó un poco la voz de Jadeite discutiendo, pero estaba demasiado lejos del audicular así que Venus no entendió nada.

—¡Es un gran plan! — Serena contestó feliz — ¿Qué les parece?

—¿Podemos confiar en ellos? — Mercury preguntó después de alejar el dedo de Venus de los botones, algo necesario para evitar ser escuchadas.

—No sé. Serena confía en ellos. Y nosotros en Serena... además, no tenemos opción — Venus volvió a comunicarse — Entonces sigamos la idea del viejo canoso. Aquí las esperamos chicas.

Ni siquiera dió oportunidad a Malakite de devolver el insulto. Con una sonrisa en los labios, ocultó el comunicador de nuevo.

—No les dijimos nada de los disparos…¿crees que Darién...?

Venus volvió su vista al edificio y frunció el ceño. Las cosas estaban mejor que antes si los generales ayudaban de nuevo, pero aún así, podrían volver a caer en manos de Metallia si creían que con eso ayudarían a Darién.

O Darién podría caer en manos de Metallia como lo hizo en la bodega de criminales, pero con esa criatura tan cerca de él, con una posesión directa, la posibilidad de salvarlo sería prácticamente imposible. Tal vez, matarlo sería la única opción.

Una vida a cambio del planeta. Ese era un sacrificio que Venus temía ser incapaz de hacer.


Rojo y caliente. Sus manos eran incapaces de cubrir la herida de la que resbalaba la sangre como agua.

Su hija, su amada Saori había nacido prematura, aún podía recordar la primera vez que la sostuvo en sus manos, tan pequeña y frágil. Ella se había vuelto una señorita muy hermosa con un alma fuerte y un increíble sentido de justicia. Y él no podría verla casarse. Dolía...su amada hija... él quería verla.

Alejó sus manos de la herida, asustado por los pensamientos que no eran suyos y su mano ensangrentada fue a su propio costado para sobar una herida que no existía.

Darién Chiba, ese era su nombre y él estaba bien, no tenía ninguna hija ni estaba desangrándose en el piso de un hospital de la muerte invadido por youmas.

Kido, en cambio, sí estaba muriendo. El padre de Saori estaba muriendo y era culpa de Darién. No, era culpa de él mismo, Darién solo se había defendido ¿verdad?

Darién se forzó a calmar sus nervios y volvió a hacer presión a la herida abierta, sin saber si era mejor o peor que la bala hubiera salido, por el momento el oficial Kido sangraba por dos hoyos en lugar de uno. La sangre de alguna forma, le sacaba vuelta a la caja musical que descansaba a las rodillas de Darién pero no a sus pantalones sucios.

La puerta se abrió y los ojos de Darién tardaron en lograr descifrar las formas de la mujer y hombre que lo miraban desde el marco de la puerta.

—Está herido — Darién dijo con prisa — Ayudenlo.

—Sí, lo haremos. Endymion —una voz horriblemente familiar dijo.

Darién, tan sutil como pudo, ocultó la caja musical con su mano izquierda y la guardo en su bolsillo, todo el tiempo sin apartar la vista de la persona que lo odiaba sin razón y Darién odiaba desde el principio.

Liar sonrió y caminó hacia él sin importarle que las suelas de su zapatos blancos se ensusiaran.

—Metallia, en su gloria, a ordenado por ti...— Liar dijo mientras se acercaba e intentó patear a Darién, pero Lyreb se apresuró a interponerse en medio del enfermero y el muchacho.

—No te preocupes — Lyreb agitó su cabeza, se incó y colocó su mano en el antebrazo de Darién, su tono amable pese a la situación—. Todo estará mejor dentro de poco.

Darién sabía que no lo estaría. Qué dentro de poco las cosas serían más horribles porque la energía de Metallia seguían creciendo en todo el lugar, sofocando todo con su olor putrido. Aún así, alzo su barbilla, llevó sus hombros hacia atrás y miró a Lyreb directo a los ojos.

—Esta herido. Ayudenlo.

Lyreb contestó sin humor, sus ojos fijos en Darién se volvieron duros, pero tras un segundo se suavizaron.

—Bien. Así será.

Darién sintió una energía golpear contra su estómago y tuvo que apoyarse en sus brazos para no impactar por completo contra el suelo.

Lyreb, bañada en las sombras de Metallia, parecía no ser ella misma.

—Jamas vuelvas a hablarme en ese tono Endymion. Jamás.

Darién ni siquiera se obligó a lucir menos confrontaciónal, todos sus gestos duros pese a la situación y al hecho de que no tenía ni la mayor idea de porque todos le llamaban Endymion o porque el nombre sí sonaba como suyo.


Sailor Moon sintió un pequeño dolor en la garganta, como si necesitara llorar. Era injusto que al pensar en Darién solo pudiera sufrir.

Los generales no habían revelado mucho de Endymion, solo que había muerto en el ataque a la Luna, como las demás. Eso bastó para que Serena recordara brevemente la faz sin vida de su amado y el ensordecedor dolor que la atrevesó al saber que él había...incapaz de pensar en aquella palabra, intentó concentrarse en el hecho de que Darién seguía vivo.

Muchas veces, cuando él estaba cerca, ella sintió escalofríos, el dolor fantasma de su muerte que la siguió al presente tal advertencia de que debía alejarse de él.

El destino había sido cruel, Sailor Moon pensó mientras veía el edificio transformado por la energía de Metallia. La vida les dió una oportunidad a Serenity y a Endymion de alejarse uno del otro pero al mismo tiempo lo había hecho a él resplandecientemente guapo una vez más y a ella una joven enamorada.

—Ya no se ni en qué estoy pensando — Sailor Moon dijo y talló sus ojos antes de que pudieran verlanlos demás.

Malakite y Sailor Venus, demasiado ocupados en una batalla de ego para decidir el mejor plan no notaron ese gesto, pero Júpiter sí.

—Todo estará bien. Recuerda que ya destruimos a esa cosa antes y en su propio territorio en el Polo Norte, esto será más sencillo.

—Lo será solo si vamos en este instante — Nephrite dijo con fuerza a los dos líderes del equipo —. El príncipe está en problemas. Puedo escuchar a Metallia llamándolo.

—Yuks — Júpiter dijo, asqueada por la idea —. Que tienen los pervertidos contra él.

—No creo que sea algo de eso — Mercury opinó, aunque una sombra apareció en su cara al reflexionar las palabras.

—Metallia solo quiere entrar en su cuerpo y hacerlo suyo — Venus dijo sin pensar y todos los demás palidecieron, incluso Malakite se volvió blanco bajo su piel morena. Sailor Moon sacudió su cabeza y aclaró su garganta.

—¿Cuál es el plan?

—Nosotras contra Metallia, ellos buscan a Darién.

—Todos juntos. Encontramos al príncipe Endymion y después ustedes irán contra Metallia.

Venus y Malakite intercambiaron miradas, retandose con la vista. Venus guiñó a Malakite y se dirigió a Sailor Moon.

—Eres la única que puede derrotar a Metallia y ellos apenas y tienen poderes.

—Exacto, si nos encontramos con los youmas, no podremos proteger al príncipe.

—¿Júpiter podría ir con ustedes? — Sailor Moon ofreció aunque su alma suplicaba ir por Darién. Aún así, una parte de ella recordó que él era Tuxedo Mask, así que tenía que estar bien. Tuxedo Mask era muy fuerte y jamás tenía miedo, así que todo saldria bien.


Liar sonrió con sus dientes y sus ojos recorrieron el cuerpo de Darién, desde sus pies descalzos atados a la cama al cabello negro desalineado. Después, con un trapo húmedo limpió la sangre del policía de los cachetes de Darién.

—Tan sucio...me trae recuerdos — Liar levantó su mano, dejando el trapo en el cachete de Darién y se puso de pie —. Te gustaba salir a la lluvia y volver sucio...eras tan estúpido. Un niño demente sin nadie, huérfano...y YO te tenía que ayudar a limpiarte. Igual que ahora un completo inútil, una basura sucia que nadie quería...oh...eso me recuerda...

El enfermero comenzó a jugar con una de las ataduras sobre la mano de Darién, liberandola poco a poco.

—Sabes, los doctores que te operaron unos meses atrás, dijeron algo curioso... sí, sí. Y yo tambien te vi, tu cuello y espalda, esas marcas no eran de una mujer... Sucio, completamente sucio. Nadie jamás podría querer algo como tú. No me mires así, pronto ya no serás nada gracias a Metallia. No hay mucha diferencia: no eres nada.

Las palabras las susurró en el oido de Darién y apenas logró esquivar el puño de la mano recién liberada. Tenía marcas rojas por el forcejeo pero Darién no sentía el dolor.

—Alguien más ayudará a cambiarte. Yo tengo cosas que hacer y tú tienes cosas que te hagan. Además, tengo una sorpresa para ti si todo falla.

Darién apretó sus dientes, el deseo de matar a Liar zumbando en sus oídos con la voz ronca de Metallia. Respiró profundo y rechazó la oferta de aquella criatura. Nunca más volvería a ser ese monstruo que mataba sin discriminación.

Revisó su bolsillo y sacó su caja musical. Esa era la prueba de dos cosas: de su cordura y que Sailor Moon venceria. Mientras, él iba a esperar y ser valiente. Era lo único que podía hacer.


Notas:

-A veces quiero cambiar la categoría a M. Este fic salió con más ataques sexuales de lo esperado. Y pues, ya les advierto que siguen un par más. Alguien comentó que mi fic le recordaba a "El Perfume". Hace años leí una reseña y me inspiró un poco con eso de las personas siendo dominadas por sus sentidos y cayendo a la lujuria extrema. Tuvo sentido para mí, así que aquí, especialmenes la gente ya corrompida, se vuelve medio loca con Darién, pues solo tocandolo pueden ver el mundo colorido.

-Muchas gracias a Nora, Caro, Nancy, Ioremmac y Yannin, su apoyo es indispensable para abrir Word y ponerme a escribir el último capítulo. Aún no está terminado, pero si recibo varios reviews Hoy tal vez lo termine hoy mismo.

-Por cierto, estoy a punto de llegar al final y por alguna razón eso me asusta subir los episodios que faltan. Agradecería un poco de apoyo, incluso el típico "por favor, sube el siguiente capítulo" sirve para mis nervios.