Capitulo 42
—¿Este lugar está más vacío de lo que esperaba? — Sailor Venus comentó, sorprendida de que solamente habían encontrado un youma al entrar, uno que ni siquiera les presto atención.
—Es muy curioso — Mercury se unió a la conversación —. Pero aún así hay muchas señales de youmas y no puedo ubicar bien a Metallia. Quizá este en la primera planta del ala este.
—O en el sótano. Por eso es mejor que hayamos entrado por la azotea en lugar de la entrada trasera o principal. Esos lugares deben estar llenos de youmas...Es obvio que el que está acargo no sabe nada de estrategia —Venus sonrió, feliz de que las cosas estaban marchando bien y se detuvo en seco, después asomó su cabeza a uno de los cuartos —. Miren eso...
—¿Ese es un youma? ¿Por qué está dando vueltas en círculos? ¿Lo curo?
—Debe ser un paciente de aquí...es terrible, pero creo que muy pocos tienen la coherencia para pelear contra nosotras. Curarlos los pondría en mayor peligro pues serían humanos en medio de youmas. Es probable que el personal este infectado también así que tenemos que tener cuidado de ellos.
Sailor Moon miró al youma dando vueltas en círculos, su forma la de una mariposa gigante. Era algo triste de presenciar y para intentar olvidar lo trágico de la situación, decidió cambiar de tema.
—Cuando salgamos de aquí, comeremos un enorme pastel de fresas. Hay que aprovechar que Darién casi va a cumplir años. Ahora que lo pienso, creo que le gusta más el chocolate..pero yo quiero uno de fresas.
Sailor Venus sonrió, se aseguró que no había ningún youma en el pasillo y habló, también feliz de dejar olvidado por unos minutos la plática sobre youmas.
—Los dos. Y otro de leches.
—Tambien sushis. Debe haber sushis y...carne asada — Sailor Mercury agregó, una sonrisa suave en sus labios y ojos amables al pensar en el futuro.
—Muy bien. Es una promesa, tengamos una enorme fiesta.
La otras accedieron con sus cabezas, felices de tener un futuro que esperar y una razón para pelear.
Sailor Júpiter rodó sus ojos. Malakite y Nephrite avanzaban a paso de tortuga, cada uno de sus movimientos llenos de sigilo y temerosos de cada sonido que hacían se detenían cada esquina. A ese paso jamás encontrarían a Darién.
La verdadera razón de la molestia de Lita, sin embargo, poco tenía que ver con Darién. Ella era mujer, ellos eran hombres y en ese momento, cuidando de que no los lastimaran los youmas, Lita volvía a tomar el rol que la sociedad definía como masculino.
Quizá sí ella fuera una pequeña niña esbelta como Serena, no le importaría mucho, pero Lita era muy alta y desde los doce, más de una vez le dijeron que parecía niño, que ella no era una mujer femenina. Eso dolía.
Era una paradoja, su cuerpo le recordaba todos los meses que era mujer y su figura era ideal para ser modelo, pero su altura y fuerza, también producto de su cuerpo, eran considerados una ofensa para la sociedad.
Por lo menos, Malakite y Nephrite eran más altos, de hombros anchos y mentones varoniles pese a su falta de barba. Aún así, a diferencia de la mayoría de los hombres, sus cabellos eran largos y usaban aretes, remanentes de una moda muerta. Esas cosas los volvia una paradoja en la sociedad y Jupiter decidio dejar de pensar en ello.
La misión era rescatar a Darien, no filosofar sobre las apariencias de las personas. Siguió caminando, un poco menos molesta pero incapaz de evitar por completo fruncir el ceño. Escucharon zapatos caminando alejándose y los dos generales esperaron a que Júpiter se asomará por el pasillo de las escaleras.
El youma tomo un elevador, y Júpiter les indicó con la mano a los dos hombres que la siguieran.
—¿Escuché algo en ese cuarto? —Malakite dijo girandose sobre su eje, decidiendo tomar el lado derecho en lugar del izquierdo que Júpiter eligió. El general, sin hacer ruido logró abrir la puerta, se asomó y llamo a los otros dos con su mano libre —Hay un humano dentro.
Júpiter se asomó por la comisura entre la pared y la puerta, su cabeza debajo de la de Malakite. Sus ojos se volvieron grandes al reconocer a la persona acostada en la cama.
Abrio más la puerta, después avanzó con pasos fuertes y la única razón para no alzar al sujeto por la camisa es que él tenía el estómago vendado por completo. Él parpadeó al verla y se forzó a sentarse utilizando sus brazos de apoyo.
—Sailor Júpiter, es un honor conocerla.
Ella abrió la boca, confundida por la situación. Toda su ira marchitada. Nephrite, en cambio, miro al oficial con desprecio.
—Así que oficial Kido, ¿verdad?
El oficial alzó una ceja desafiante y Júpiter colocó un brazo entre los hombres por respeto a las heridas del hombre. Kido miró a los generales y después a Júpiter sopesando la situación.
—Requiero hablar con usted en privado, Sailor Jupiter.
—No —Jupiter negó con la cabeza —. Estamos en medio de algo importante, no vamos a perder tiempo con secretos.
—¡¿Sabes quiénes son ellos?! Ellos son los gen..— Kido se silenció así mismo, Júpiter observó a los otros dos hombres en la habitación en búsqueda de respuestas. No sabía como Kido estaba enterado de ellos, pero tras pensar el asunto un segundo decidió que eso no importaba.
—Los generales del Negaverso. Sí, Sailor Moon los purificó y estamos trabajando juntos —Jupiter dijo honestamente, necesitaba información y mentir no la consiguiría — Darién Chiba, ¿dónde está él?
Kido se sentó sobre sus piernas, la cama tronando con el cambio de peso, después, él sonrió como loco, una energía negativa creciendo en él.
—No pude matar a esa cosa, a Endymion, ese maldito. Y ahora está de nuevo junto a Metallia, debí haberlo matado. Pero esquivó la bala, esa cosa esquivó la bala.
Jupiter retrocedió un paso, asustada por esas palabras. Nephrite colocó una mano amable sobre su hombro para sostenerla. Ella sintió sudor en sus guantes y su cabeza ligera. Él era un policía, su deber era proteger la vida de los inocentes y le había disparado a un hombre indefenso.
Darién era una persona llena de defectos, pero la había salvado, habían visto películas juntos y Lita lo dejó ir con el policía sin sospechar que uno de los mismos pilares de la justicia podría ser capaz de un acto tan ruin como apuntarle con su arma.
—¡¿Cómo pudo?! — gritó y él despertó de su manía al ver el rostro infantil de Júpiter brillar de furia —. Usted es un policía, ustedes salvan personas, ¡no les disparan! ¿Cómo...?
—Era necesario — Kido dijo sin titubear e incluso cuando Malakite lo tomo por la parte de enfrente de su traje, su atención siguió fija en Júpiter —. El mundo estará mejor sin ese mentiroso. Incluso en el pasado, ese maldito príncipe solo causó problemas y solo merece el tiro de gracia.
—¡Bastardo!
Malakite lanzó a Kido contra un estante y Jupiter salto de la impresión pero se recuperó rápido. Tomo fuerza y caminó hacia el oficial, dando su espalda a los dos generales. En ese momento, no le importo ni un poco que pudieran ser traidores.
—Darien salvó mi vida, ha salvado la vida de las demás también...y usted, usted llegó al templo, ¡le prometió a los ojos a una niña que no había razón para preocuparse!...¡Usted es el mentiroso!
Jupiter cerró sus ojos, molesta al ver que Kido no pedía siquiera una disculpa. Incapaz de continuar en el mismo lugar que Kido o esperar a que la energía de Metallia lo dominará, Júpiter salió de la habitación hecha furia. Nephrite la alcanzó un poco después, su tono fue gentil pese a la situación.
—Gracias por apoyar al príncipe.
—De nada — Júpiter dijo entre dientes, después recargó su cabeza contra la pared —Ni siquiera se porque estoy temblando. Darién está bien, en algún lugar de aquí, pero bien..y...¡una pistola! ¡Dios!
Una pistola, una bala, una muerte trágicamente normal como la explosión de una turbina en medio vuelo. Y se suponía que todo estaba bien, sus papás habían abordado el avión confiando en que llegarían a salvo como Darién subió a esa patrulla sin sospechar nada.
Pero esta vez, Lita tenía la fuerza para cambiar las cosas.
Se irguió, apretó su mandíbula y miró al recién llegado de Malakite. Ellos eran generales y entendían mejor como funcionaba Metallia.
—¿A dónde? —les preguntó sin titubear.
—Si lo capturaron, debe estar cerca a Metallia — Malakite teorizó.
—Entonces vamos allá.
Ella caminó con resolución, una mujer segura de su propia voluntad y los dos generales la siguieron como si con ello se volvieran guardianes de ella. Los tres estaban seguros de sus pasos.
Lo habían obligado a vestir únicamente un kimono azul marino con líneas doradas de decorando los bordes inferiores. Un hombre youma que era feliz gritando cada ciertos segundos colocó una corona de flores marchitas en su cabeza y la silla de ruedas tenía decaídas rosas negras por todos lados. Para su buena suerte, nadie había pensado en quitarle la caja musical que sostenía entre sus manos así que podía lograr mantener el aspecto digno que se esperaba de él. Tenía que confiar en Serena y ser paciente.
—Ante ustedes, el príncipe Endymion — una youma con dos pares de bocas exclamó, la boca superior hablando y la inferior tarareando una rima infantil, la imagen pura de la locura disfrazada de rojos.
Los youmas aplaudieron con su llegada, como un público feliz que observaba todo desde las paredes del espacioso bañario. La silla fue empujada hasta el medio del enorme lugar, muestra de la mansión que alguna vez fue antes de ser hospital. La doctora Lyreb lo esperaba sentada al borde de la bañera, a diferencia de los demás era humana.
—Principe Endymion — ella le sonrió amable, sus ojos cálidos pese a que su piel erizada daba señas de que tenía frío y apenas lograba a cubrirse con su ropa fina.
Ella también vestía un kimono, pero púrpura, y a diferencia de él, ella no lo había sujetado bien pues la mitad de sus senos estaban a la vista, pero su sonrisa era la misma de siempre, la que lo esperaba en cada sesión sin falta
El mismo youma que se ponía feliz al gritar, levantó a Darién de la silla y entró al agua caliente de la enorme bañera, mientras la doctora se ponia de pie, actuando como una bella e imponente estatua que vigilaba todo con sus ojos rojos desde afuera del agua.
Otro youma, vestido con la bata de doctor, con botones por cabello y un cuchillo en su mano azul, entró al agua seguido por un youma delgado que caminaba como perro pese a su apariencia humana.
—Nuestra diosa a hablado, me ha hablado, y pide que bauticemos al príncipe Endymion en su sangre, pues en él surgirá Metallia para guiarnos al futuro.
El youma que sostenía a Darién lo bajo al agua y Darién quedó de rodillas frente al youma-doctor. El agua le llegaba a la pelvis y estaba demasiado caliente para intentar meter sus manos para apoyar su peso en ellas también. De cualquier forma, no iba a hacerlo, pues eso significaba soltar su tesoro.
—Con la sangre de Metallia te bautizo— el doctor dijo y corto su antebrazo, dejando que el líquido frío y negro de su herida cayera encima de la cabeza de Darién y las gotas bajaron por la barbilla del muchacho hasta caer al agua transparente.
Después el doctor hizo algo inesperado, sin pensarlo mucho, con el mismo cuchillo ensangrentado, degolló el cuello del youma a su lado, dejando que la sangre tiñera el agua. Darién contuvo su grito entre sus dientes apretados y miró al doctor con odio, intentando no dejarse llevar por el miedo.
Ella, Metallia, comenzó a aparecer al borde de su visión y Darién apretó sus dientes mientras la negaba.
—Deja a Metallia pasar dentro de ti — el doctor tocó la frente de Darién y lo sujeto por el cabello. En cuanto hubo contacto físico, Darién supo que algo había cambiado en el doctor. En los ojos del doctor estaba ocurriendo lo que Darién había visto en los ojos de muchas otras personas que lo habían tocado antes.
El doctor cayó de rodillas frente a Darién y lo miro con algo que envió escalofríos a la espalda de el muchacho y lo hizo sentirse más sucio que cuando la sangre de Metallia lo toco.
—Metallia dice que él no la quiere aceptar en su cuerpo. Yo, mis súbditos, soy el elegido para volver a nuestro príncipe digno de Metallia. Llevenlo al piso del baño para continuar el ritual. Para hacerlo mío y de la gloriosa Metallia.
Darién fue sacado del agua y forzado a yacer acostado en el suelo, la corona marchita de flores resbalando al suelo.
Respirar se volvió difícil y cuando uno de los youmas con piel resbalosa lo volteó boca abajo y unas cuerdas viscosas lo mantuvieron inmovil sujeto al suelo, Darién tragó un grito de terror. Una voz cavernosa comenzó a sonar en su oido, diciéndole que si la aceptaba ya no habría más dolor. Darién apretó la caja musical en su mano derecha y negó la tentación de Metallia con su cabeza. Esta vez no iba a perder el control ni dejarse llevar por esa energía oscura. Tenía que confiar en Serena.
El aliento caliente del doctor en su oreja lo hizo sentir nauseabundo y cuando la mano del hombre entró por la parte baja de su kimono, Darién apretó los dientes. No iba a dejar que lo destruyeran. Darién sintió el peso del doctor sobre su espalda y sujeto con más fuerza su caja musical intentando no poner atención al doctor.
El doctor youma tenia otras intenciones, como si buscará anunciar su propósito con la boca, el doctor comenzó a gemir encima de Darién de una forma que él empezaba a odiar cada segundo un poco más. Metallia empezó a reír cuando Darién soltó un gemido entre sus dientes.
Liar tenía razón, Darién iba a terminar sucio por dentro y fuera. Sus dedos sintieron el metal de la caja metálica y se forzó a solamente sentir el frío objeto en su mano y nada más. No iba a caer en las manos de Metallia jamas aunque sus burlas eran casi tangibles sobre su piel como la mano del doctor.
Debajo de las burlas, estaba una promesa de detener todo, de evitar que el doctor terminará de quitarle el kimono y en su paladar sintió la sangre de Metallia mezclada con su saliva, implorando que le diera entrada a su corrupción.
Su corazón estaba latiendo con fuerza e intentó forcejear contra sus ataduras aunque su piel de rasgazaba con cada intento y sin miedo de abrir la herida de su muñeca de nuevo. Iba a pelear con sus propias fuerzas, rechazando a Metallia incluso si fallaba.
Iba a fallar.
Un peso muerto cayó sobre él en ese instante y después, las ataduras en sus manos, piernas y cintura desaparecieron como agua. Él se sentó inmediatamente, tirando el cuerpo (completamente humano) del doctor a su lado. Otras dos personas yacían muertas en medio de los youmas y él se les quedó mirando hasta que el sonido de unas zapatillas lo hizo girarse.
Caminando hacia él, Lyreb parecía un demonio con su piel verde, ojos rojizos y violenta cabellera carmesí. Sangre brotaba de su nariz pese a su maniaca sonrisa.
— El doctor consiguió hacerse de este manicomio gracias a la sangre de Metallia — Lyreb dijo y le dió una patada al cadáver — Él realmente creía que Metallia lo eligió a él. Era un idiota.
Lyreb saco un pañuelo y limpió la sangre negra de la frente de Darién, él apartó la mano de ella, reconociendo finalmente la lujuria en su mirada, más callada que en el doctor, pero incapaz de ocultarse por completo.
Ella respondió al rechazo con violencia y lo abofeteo.
—Nuestra reina quiere replicar lo que desató tu aceptación la última vez — ella le dijo entre dientes, sus ojos llamas del infierno— La única razón por la que esos youmas no te hacen su juguete por turnos es por mi. Únicamente mío.
Darién no estaba seguro si ser usado por Beryl sería diferente a los youmas o al doctor. Ella volvió a sonreír amable al ver el miedo de él, también sus ojos habían sido suaves al decir que Darién era suyo.
—Yo te amo Endymion. No permitiré que te hieran — la mujer miro hacia los youmas y todos empezaron a moverse como marionetas, saliendo del cuarto de una forma mecánica. Ella sonrió a Darien y sin ningún esfuerzo arrebato la caja musical de sus manos y la arrojó al otro extremo del baño —. Te gustará, solo dame la oportunidad.
—Beryl...no — él no sabía que esperaba al decir eso, ni siquiera estaba seguro de porque le llamaba Beryl a la doctora, pero quería que ella se detuviera.
No quería que ella tomara su mano izquierda entre las de ella, o que besara sus nudillos con afecto, como si el fuera una especie de Dios griego al que ella alababa con su sensual boca y acariaba con manos que eran escurridizas y se negaban a dejar su piel sola.
A diferencia del doctor y Gatu, Lyreb era gentil, como una amante buscando seducir a su esposo y eso confudia a su cuerpo incapaz de decidir si quería aceptar las caricias mientras su mente gritaba que no. Al final, su cuerpo decidió no huir ni responder.
Él no quería. Respirar era difícil y ya no tenía su caja musical para desviar su atención.
—Lloras aún por el amor de esa mujer, principe. Ella te abandonó, se olvidó de ti y te dejo solo— Beryl dijo, su largo dedo limpiando una lágrima sucia del cachete de Darién —. Pero si me eliges a mi, seras rey de toda la Galaxia conmigo, siempre estaré a tu lado. Jamás te dejare solo.
Sin la manifestación física de la promesa de su amor, Darién se sentía desnudo y abandonado, su alma al descubierto esperando la estocada que la envenenaría. Y su cuerpo dejo de ser suyo, Darién no era la persona siendo besada ni tocada, ya no era el muchacho a quien un doctor bautizo en sangre o intentó desnudar, tampoco era una farsa de príncipe que Nephrite o Jadeite corrían a salvar.
Sin cerrar los ojos, se encontró de nuevo en su lugar de los sueños, el castillo de pristino blanco alzándose sobre él y a sus pies, como siempre, la sombra existía, algo que era una parte de Darién por siempre.
—Ella está en problemas. Nosotros estamos en problemas — la sombra dijo con tristeza. Su voz era la de un principe, uno resignado a la tristeza y melancolía.
Darién vio las nubes rojas de Metallia en el horizonte, pero no les presto atención. Su sombra había dicho que ella tenía problemas y eso era suficiente para que él tomara la decisión que debió hacer meses atrás: caminó hacia la fuente y vio su reflejo.
Un muchacho, con sombrero de copa, frac negro y una máscara sobre sus ojos lo esperaba.
Sailor Moon era Serena, su princesa. Tuxedo Mask siempre estuvo con ella desde el principio. Las nubes de Metallia seguían acercándose, más rápido que antes.
—¿Estoy loco? — le preguntó a su reflejo, una de sus manos acariciando el agua, del otro lado una mano encantada replicó el gesto —. No sé...¿hubiera sido mejor si hace once años, el accidente fuera mi final? No sé...¿Ella está en problemas? ¿Ella...?
Serena con sonrisas de primavera, ojos azules que ocultaban la luna y la calidez del verano en cada acción de su cuerpo, aquella niña que lanzó papel y zapatos a su cabeza, la que le prometió protegerlo cuando él jamás ofreció nada a cambio, ella que le llamó antipático incontables veces y fue a rescatarlo de un mar de espinas sin pedir la minima gratitud...esa mujer a la que él más amaba en todo el mundo, ella estaba en problemas.
Pero él no podía ni siquiera protegerse a si mismo.
Sailor Moon abrió la puerta de la enorme sala decorada en blancos rasgados de rojo y respiró profundo pese a que no había nadie en el lugar.
Mercury avanzó tres pasos adentro con la cautela digna de quién sabe estar en terreno peligroso, Venus, en cambio, plantó sus pies firmes, zapatillas resonando en las lozas del piso.
Las tres, al mismo tiempo, alzaron sus cabezas al techo donde un calendabro con ramas en formas de brazos verdes colgaba prendido de una tela de un putrido color negro. Una gota resbaló por uno de las ramas, cayendo al suelo y resonando por todas las paredes.
—Eso no es normal —Mercury comentó mientras Sailor Moon escondía medio cuerpo detrás de ella.
Metallia estaba ahí, Sailor Moon podía escuchar las burlas milenarias, la maldad espeluznante que una vez mató todo lo que la princesa Serenity amó. En ese entonces, casi olvidado por ella, ninguno de sus esfuerzos lograron salvar a nadie y al estar frente a esa presencia de nuevo, las cicatrices ardían pese a no existir ya en su piel.
Antes de poder decir algo, unos pasos resonaron en la sala y bajando por unas escaleras bajo un hombre idéntico a Nephrite, pero su cara era del color de la porcelana y sus ojos cafes, además vestía un traje de enfermero en lugar de pantalones y saco gris.
El hombre les sonrió al verlas y la forma en que las revisó hizo sentir a Sailor Moon descubierta y deseando tener un pantalón de uniforme en lugar de la pequeña minifalda. Mercury también se hizo pequeña ante la mirada del sujeto y llevó una mano sobre su pecho intentado ocultarse más de esa persona con sonrisa malvada.
Venus fue la única que se mantuvo firme pese a los ojos lacivos del hombre y ella se interpuso en la línea de visión de él, dejando que sus horrible mirada cayera solo en ella.
—¿Quien eres?
—No es obvio...soy Maxfield — el hombre lamio sus labios y Mercury y Sailor Moon se sujetaron una a la otra —. El príncipe me espera, así que tendré que acabar con ustedes rápido.
Tenía que ser mentira, esa cosa no podía ser Nephrite, pero aún así, las tres titubearon. La cara y voz eran iguales y Sailor Moon no sabía qué hacer. No iba a poder lanzar su tiara contra su propio aliado.
Venus rechinó sus dientes y atacó con sus cadenas, rompiendo el suelo delante del hombre, después, volvió a intentar atacar a la figura que ni siquiera intentó moverse para esquivarlo.
Sailor Moon solo pudo gritar
—¡Esta llamando!
Su reflejo o sus labios mismos dijeron, Darién no estaba seguro, aún así estaba aterrorizado de sus propios sentimientos y de que justo al momento de entenderlos, estaba a punto de perderla para siempre.
Ella estaba en problemas y él estaba huyendo hacia dentro de si mismo. Cómo siempre, nunca había podido ayudarla. La voz de Metallia rió sobre él y Darién soltó un gemido de dolor al sentir unos dientes invisibles sobre su cuello.
Su reflejo imitó el gesto pero en silencio. Y Darién ignoró su dolor para pensar en ello unos segundos. Tuxedo Mask tampoco tenía muchos poderes, se ocultaba en las sombras porque era consciente de que su princesa era más poderosa y sin embargo, Sailor Moon sonreia siempre al verlo, creyéndolo tan poderoso como ella misma.
Y Tuxedo Mask por algún motivo, estaba bien con eso. Si ese era su destino, brincaria feliz para cumplirlo pues no existía persona más hermosa en el mundo que Serena.
—Sailor Moon es invencible —su reflejo dijo, sus yemas etéread tocando las de Darién sobre el agua, despues se levantó como vapor, brevemente con forma humana antes de volverse aire al entrelazar sus dedos humedos con Darien— Vamos ayudarla, como lo hemos hecho desde el principio, vamos a ayudar a que su llama brille por la eternidad...aunque nos cueste la vida. Porque tú eres Tuxedo Mask y Tuxedo Mask...
—¡Soy yo!
La fuerza de la revelación, de admitir en voz alta lo que creía, lo inundó por completo, una luz dorada que crecía de su corazón a todo su cuerpo, dándole energías para volver a moverse, para pelear.
Al volver en si, su mano estaba estirada frente a él y Beryl lejos de su persona finalmente.
—¿Cómo? ¿Por qué? Metallia, siempre te he servido...yo tampoco soy tu elegida— Beryl había sido empujada a pocos metros de él, una de sus manos larga sobre la rosa roja incrustada en su pecho, sus ojos estaban cristalinos y lagrimas de sangre caían por sus mejillas.— Príncipe Endymion, ¿por qué?
—Dañaste a Nephrite y Jadeite, a mis amigos. Ayudaste a convertir a los inocentes pacientes en monstruos — Darién su puso de pie y acomodó las mangas del kimono de nuevo sobre sus hombros, en ese momento la presencia de Tuxedo Mask dominaba sus sentidos, dando mayor fuerza a sus palabras — Eres una bruja y yo te detendré. Yo salvaré a todos de tu maldición.
Beryl rompió la rosa con una mano, se puso de pie, sangre brotando por sus labios y piernas debiles temablando bajo su peso. Daba lástima verla tan miserable, cada parte de su esbelta figura estremeciendose mientras la vida se marchaba de ella, su cara tan increíblemente desencajada que Darien sintió su garganta cerrarse al verla así.
Ella sonrió amable al notar que Darién no pudo evitar sentir un poco de preocupación, una de sus manos extendidas en dirección de ella como si quisiera tocarla y los rastros de aquella furia hostil ausente en su cara llena de simpatía.
—Realmente... Endymion...no Darién...eres hermoso...tus ojos son tan azules, casi negros... ¿verdad?...desde siempre...tan hermosos.
La mujer avanzo un paso y se desplomó en el suelo, su cabello rojo sobre ella era incapaz de ocultar su apasible sonrisa pese a su destino. Darién miro el cadáver, confundido por sus emociones encontradas. Lyreb había sido su confidente durante las sesiones y lo había salvado del doctor loco, aún podía sentir los besos sucios que ella dió a sus labios pero al final, al verse traicionada por Metallia, su faz era igual de triste que el de todo ser humano abandonado y solo.
Darién respiró profundamente, paso al lado del cuerpo de la mujer, se detuvo sin entender porque, después con lentitud se agachó, volteó el cuerpo que empezaba a volverse polvo poco a poco, y en un acto último de confusión, conjuró una rosa que colocó en el estómago de la mujer.
Cuando salió del lugar, Beryl desapareció sin dejar rastro, volviéndose el polvo de aire que debió serser milenios atrás
