Capitulo 44

Serena estaba perdida. El hospital era muy grande y las flores para su mamá pesaban mucho. Aún así caminó sin llorar, tenía ya casi cuatro años e iba ser una hermana mayor. Por eso decidió buscar a su hermanito en todos los cuartos del pasillo.

Estaba por abrir la primera puerta cuando lo escuchó. Alguien estaba llorando. En su inocencia, creyó que los sollozos provenían de su hermanito, así que avanzó despacio, abrió la puerta y entró.

No era su hermanito si no un niño mayor. Uno que lloraba atragando sus sollozos y con manos en sus piernas en lugar de sus ojos. Serena no lo pensó mucho, caminó hacia él y colocó su cabeza arriba en la mano de él.

Estaba llorando porque su amigo se iba, él le dijo, y Serena le regaló una de las bonitas rosas para su mamá. Las flores la hacían feliz a ella, por lo tanto también a él.

—Señorita Tsukino, ¿verdad? — un hombre preguntó desde la puerta y le sonrió gentil —. Es peligroso hablar con ese niño..venga conmigo para llevarla con su padre.

Serena miró al niño. No parecía peligroso, su cabello era negro y sus ojos muy azules. Serena nunca había visto colores tan increíbles en su vida. Era como una luciérnaga, pensó Serena, brillaba e iluminaba el mundo y ella podía tocarlo.

—¡Serena!

El papá de Serena la llamó desde fuera y ella miró la mano extendida del enfermero. Tenía que ir con su familia y ver a su nuevo hermanito. El niño misterioso la miró marcharse en silencio, después, al estar solo, corrió fuera de la habitación en dirección contraria. Serena lo miró marcharse y por un segundo, antes de recordar a su papá, ella pensó que era él era muy pequeño.

—¡Auch!

Serena gritó al sentir la lengua de Luna lamiendo su cachete, La lengua de los gatos, contrario a lo que las caricaturas decían, eran rasposas. Serena sabía que Luna solo quería animarla, pero al mismo tiempo quería un rato para meditar su tristeza.

El recuerdo lejano de cuando conoció a Darién se reveló a ella a comienzos del año nuevo, casi como un regalo atrasado de Navidad. No hizo mucha diferencia, pues Venus fue la encargada de meter la denuncia contra Liar y los padres de Serena aceptaron esa nueva verdad con mucho arrepentimiento.

Sammy fue sin duda el que mostró mayor felicidad de saber que el alma gemela de Serena era el vecino y ayudó a convencer a los padres de Serena que la dejarán visitarlo.

—Si sigues así, vas a romperte la piel — Mina dijo desde el puesto en su cama, estaba acostada con la cabeza colgando hacia abajo, sus piernas recargadas a la pared y una delicada mano recargada en su frente, como si estuviera posando para una pintura. Serena alzó un hombro pero separó ambas manos, sus uñas de nuevo lejos de su piel.

Amy y Lita estaban sentadas en el piso, ambas trabajando en una maqueta para el próximo festival escolar, brillantina en sus lindas caras las hacia verse más jóvenes de lo que eran. Serena no se sentía tan joven.

Llevaba meses rezando a la luna sin éxito. Ni encontraban el último cristal arcoiris ni Darién despertaba.

—Serena, por favor, ¡no te pongas triste! — Rey, sentada en la cama a un lado de Mina, dijo en aquella voz llena de compasión que era demasiado familiar para el gusto de Serena.

—¿Qué te parece si mañana vamos de nuevo a buscar el cristal arcoiris? — Lita ofreció y todas miraron a Serena con esperanza, buscando que esa pequeña luz pudiera sacar a su líder de su depresión.

—¿Esta bien? ¿No tienen muchas cosas que hacer? Tenemos el festival la próxima semana, ¿seguras?

—Darién es mi estudiante —Rey contestó indignada mientras cruzaba sus brazos —. Realmente, mi deber como maestra es ayudarle.

Serena sonrió pero inmediatamente perdió un poco de aire al recordar el mayor problema.

—Pero, ¿y si Mina tiene razón y no lo encontramos porque el portador reencarnó y ahora mismo está en el vientre de su mamá? ¿Qué haremos entonces?

—¿Esperar? — Amy sugirió, su labio inferior tembló un poco pero logró mantener su mentón en alto. Después de todo, su respuesta era la correcta aunque a ninguna le gustara. Lo peor, es que no sabían cuanto tiempo iban a esperar.

A veces, Serena creía que podría esperar mil años por él y conformarse solo con ver su apacible rostro dormir en un sueño congelado en el tiempo. Más, dormido él no podía sonreír o disfrutar de los días y era injusto que él despertará en un futuro lejano y desconocido.

Ella quería que el viviera, lo deseaba más que nada en el mundo pero sus deseos eran inutiles para él.

—Por el lado positivo, cuando despierte serás mayor de edad y podrán ir directo a la boda.

—¡MINA!

Seis voces recriminaron al mismo tiempo, pero las palabras de Mina consiguieron devolver la chispa a Serena, que con cachetes rojos comenzó a pensar en aquel futuro prometido donde ambos se unirían vestidos de blanco en una linda capilla. Y eso era posible gracias a que Mina descubrió toda la farza detrás de Liar.

Liar le había enviado una carta a la familia Tsukino y Kenji leyó la carta antes de romperla. Serena ni siquiera intentó leerla, feliz si jamás volvía a saber del sujeto. Por si las dudas confirmó con Venus de que a Liar le habían dado cuarenta años de cárcel.

Ojalá fuera Liar el único problema.

—¿Serena? ¿Ahora que pasa? — Rey preguntó, entre gentil y molesta, cansada de los cambios de humor en su amiga.

—Chicas, hay algo que me preocupa — Serena dijo, una de sus manos acariciando el pelaje negro de Luna —. Vi a Saori la semana pasada...me dijo que su padre ya se recuperó totalmente y está de nuevo en su puesto en la policia. El oficial Kido, el sabe sobre Endymion, ¿verdad Lita?

—¡Agh! Perdon Serena, si yo lo hubiera acusado de dispararle a Darien entonces todo estaría bien. Pero no se me ocurrió.

—Eso es lo mejor — Mina dijo tras incorporarse —. Hable con él, sigue odiando a Endymion, pero no le dirá a nadie de la Asociación Milenaria. No quiere entrar en los juegos políticos...y yo tampoco. Así, que es mejor que no lo hayamos forzado a confesar porque intentó hacer lo que hizo. Mientras menos personas sepan de Endymion mejor.

—De nuevo con esa Asociación — Lita ladeó la cabeza y después de morder su cachete volvió a hablar, su tono más jovial —. Aún así creo que debí dejar a los generales hacerse cargo.

—Darién jamás hubiera... — Serena cubrió su boca incapaz de terminar la idea. Era cierto que Darién era una persona amable, pero las situaciones en las que estuvo forzaron su mano y, con los mismos poderes con los que salvó a todos los pacientes del hospital e infectados en la ciudad, había quitado la vida a seres humanos.

Ella jamás pensó en acusarlo de criminal, su mayor temor era que él mismo decidiera autoexiliarse de la felicidad por la culpa de sus actos. En ese caso, Serena sabía que también tendría que rezar porque hubiera calma en él.

Sin embargo, si existían heridas en su corazón, para sanarlas tendría que despertar primero.

Serena junto sus manos y miró hacia el cielo nocturno, afuera una hermosa luna llena brillaba con una familiaridad que era nostálgica. Y ella suplico en silencio por un milagro sin saber a quién exactatamente estaba implorando.


—Eso fue un desastre — Mina exclamó. Terminada la reunión para hacer tarea, Artemis y ella eran los únicos en el cuarto.

—No mucho. Pero me preocupa darle falsas esperanzas a Serena. Endymion, digo, Darién, podría pasar cientos de años dormido. Al menos no envejece, porque es un guardián.

Artemis, al igual que ella, estaba decepcionado al sabe que la reencarnación de Endymion era sin lugar a dudas un verdadero soberano, alguien igual a Serenity en prácticamente todos los sentidos.

A veces, Mina quería agarrar a su yo del pasado y decirle que detuviera a Serenity de ver al príncipe terrestre, el número de pistas sobre su verdadera naturaleza eran claras. Las flores parecía florecer con él, tenía un aroma demasiado bañado en tierra y plantas para ser humano y, como todo guardián sin debido entrenamiento, era dado a cansarse al ser incapaz de contener sus poderes y usarlos de forma superflua. Además, estaba el asunto de ser capaz de curar a las personas de la maldición, algo que lo marcaba como peligroso desde el principio.

Aún así Venus jamás reparó en aquellas pistas, creyendo ingenua que él era un simple humano más.

—A veces deseo que Serena se canse de esperar — Mina dijo, vista fija en el techo de su cuarto —. Ahora él tiene a cuatro guardianes a su lado, pero debido a Serena, nosotras también debemos cuidarlo. Digo, Nephrite, Jadeite, Malakite y Zoicite se preocupan mucho por él, ¿verdad?

—Zoicite no cuenta como aliado precisamente. Solo ayuda porque su lado es siempre el de Malakite. Yo diría que es hasta peligroso y su actitud es la de un conspirador.

—¡Exacto! Ese tipo de cosas son las que me cansan. Una joven dama como yo no debería preocuparme por el bienestar de un hombre que no es mi pareja, pero aquí estoy, viendo el techo mientras me preocupo de su salud. Si solo Serena lo olvidara...

—Tal vez lo haga.

Mina miró al exterior, sus ojos cayendo en la resplandeciente luna que era a la vez un amargo recordatorio y la depositaria de sus mayores alegrías.

En esos tiempos del Milenio de Plata, en los que disfrutó años de tranquilidad, cuando Venus tenía primas, Júpiter hermanos y Mercury una hermana, Serenity era hija única sin primos de su edad, torpemente Venus creyó al principio que su cercanía con el príncipe era por el anhelo de más familia. Después, simple lujuria. Al final decidió que era simplemente juventud dejándose llevar por ideas de amor sin entenderlo.

Pero ya no estaba tan segura.

—O tal vez no lo haga. Después de todo, amar de esa forma, es lo que hace a Serena ser Serena.

Y Venus sonrió melancólica. Quizá era ella misma quien se cansaría de esperar a que el amor pasara, después de todo, si su propio amor hacia sus amigas sobrevivió la muerte, entonces el amor de su princesa sería igual de fuerte pese al tiempo transcurrido.

Si solo ese amor no le causará dolor, entonces Mina estaría feliz de pensar en proteger a un hombre en cuyas manos pendía la salud de la Tierra y, mucho más importante, el corazón de la más amable princesa en toda la Galaxia.

La luna blanca brillo fuera de la ventana y Mina se quedó mirándola hasta quedar dormida. Las súplicas en su corazón un eco de las de Serena.


Una hermosa princesa saltó desde un balcón, su vestido blanco casi transparente se movía con fuerza ante los aires salvajes que destruían el balcón, pero la princesa simplemente estiró más su delicado brazo, su blanco mano abierta buscando alcanzar otra, la de un hombre vestido de azul que era arrastrado por una corriente de nubes rojas.

Un trueno resonó con fuerza en el aire y un parpadeó después, ambos cadáveres flotaban en el aire a metros de distancia.

Darién cayó sobre sus rodillas, viendo la escena sin poder comprenderla pero su corazón se rompía por ellos dos y por toda la gente que gritaba a su alrededor.

Al girar un poco su cabeza, vio una mano pequeña asomarse debajo de los escombros y si ponía atención escuchaba los sollozos de las madres gritando por sus hijos. Estaba en medio de una masacre y no sabía cómo llegó ahí.

La escena volvió a repetirse, esta vez, él era obligado a moverse por un pasillo llenos de hoyos en el suelo, después vio a Jupiter corriendo en dirección contraria por el otro lado del jardín, en sus brazos cargaba a un niño de cabello castaño. Él sabía que ese pequeño no estaba vivo. Siguió caminando hasta que un trueno hizo caer la pared y vio a lo lejos un balcón familiar, corrió hacia fuera, al patio exterior y del balcón lejano, de nuevo la princesa saltó a los aires.

Volvió a ser cegado por la luz del trueno asesino y después, estaba abriendo una puerta de una habitación minimalista, decorada con una solo un pequeño altar, y arriba, brillando de un color plateado, volaba sobre una piedra de oro, el Cristal de Plata.

—Su majestad….el domo ha caído — Venus llegó corriendo y él volteó hacia atrás de él para ver una Venus más adulta que la de su tiempo, tenía una enorme herida que iba de su ceja a su labio y su barbilla era dura —. Tiene que evacuar, ¿dónde está la princesa?

Venus dijo algo más antes de salir corriendo de nuevo pero él no pudo entenderlo, de nuevo se encontró caminando por el castillo, cruzó una habitación llena de personas que se escondían detrás de un par de guardias decorados con emblemas de la luna y continuó su camino, observando la destrucción a su alrededor.

De nuevo vio a Júpiter y esta vez, vio que el niño se parecía mucho a ella, desde la forma en que su cabello castaño ondulado caía sobre su cara a la forma angosta de su nariz.

Su hermano. Ella no había sido capaz de salvar a su hermano.

—Príncipe Endymion, sus poderes son más increíbles de lo que imagine. Ha entrado en mis pensamientos pese a la situación, pero cambiare esa situación — una voz femenina y regal desvió su atención y en lugar de seguir caminando entre los cadáveres, sus pies estaban plantados en un jardín con flores exóticas que él jamás había visto en su vida —. Este es un mejor lugar para hablar, su alteza.

Darién miró a la mujer blanca enfrente de él. Desde su plateado cabello a su inmaculado vestido, parecía una pintura pálida vuelta realidad. Incluso sus ojos grises brillaban de una forma que etérea. Solamente porque utilizaba el mismo peinado que Serena, Darien aceptó escucharla.

—Soy la Reina Selene, la soberana del Milenio de Plata —ella se presentó, detrás suyo, un enorme castillo de marfil se levantaba orgulloso, su diseño parecido al de los imperios rusos — El reino que has visto caer.

—¿Eso era real?

—Sí, es parte de mis últimos recuerdos antes de morir.

—¿Estoy muerto?

—No. Permite explicarle lo ocurrido. Cuando mi amada hija la princesa Serenity falleció, tome la decisión de reencarnar a todos en la Tierra, desde las Sailor Scouts, mi gente, al príncipe terrestre Endymion que era el amado de mi hija.

—El príncipe Endymion….¿él es?

—Sí, él fue tu vida pasada. Y mi hija, al igual que tú reencarnó en su tiempo. Los envié al futuro esperando por un mejor destino. Más mi amada hija sufre pues usted príncipe, estás sumido en un profundo sueño.

—No es mi intención...

Había sido necesario para salvar a Sailor Moon y a la gente del hospital. Un pequeño sacrificio que volvería a realizar de dársele la oportunidad, y sin embargo, su acción lastimó a Serena.

—Lo sé. Principe, usted tiene un corazón lleno de bondad, igual que el de ella. Admirable, pero peligroso — la reina levantó una mano blanca para acariciar el cachete de Darién y él retrocedió antes de cualquier contacto. Su corazón saltaba en su pecho y tomó un segundo para recuperar su valor.

—Lamento eso. Pido una disculpa —Darién dijo al recobrar la compostura, avergonzado de las reacciones de su cuerpo.

—Es normal, ha visto cosas terribles en mis recuerdos sobre su pasado. No se preocupe príncipe Endymion.

—No...no es sobre mi pasado...no...es sobre otras cosas. Estoy...marcado. Estoy sucio —Darién logró decir, la mujer frente a él merecía saber a quién estaba dejando a su hija —. Soy huérfano, no tengo padres o una familia que me avale, tengo problemas de memoria, cosas me pasaron y….he cometido crímenes..Ella encontrará a alguien más.

La reina Selene volvió a acercar su mano a Darién, esta vez consiguiendo tomar su cachete rojo, después su otra mano reposó sobre el otro lado de su cara para forzarlo verla directamente a sus ojos.

—Mi hija tiene el corazón más amable que he visto en mi vida, jamás a podido odiar y cuando la batalla empezó, usaba sus poderes para rezar por el bien de los dos bandos...sin embargo, estoy segura de algo, jamás se hubiera enamorado de alguien indigno o con un corazón menos gentil. Ella, Serena reza todos los días porque despiertes y sé que te ama. Así que no temas despertar.

—Pero…—Darién fue incapaz de decir nada. Si existía una persona en la que él depositaba toda su esperanza era Serena. Sí ella lo amaba, entonces él creería en ella. Aunque no creía tanto en él mismo.

—Va a ser difícil, lo sé. Pero solamente podrás afrontar tus miedos cuando despiertes, únicamente recuerda, no estás solo. Y por favor, no la dejes sola.

—No sé cómo despertar.

El lugar alrededor de ellos adquirió una forma difusa, después el cielo se transformó de dulces pasteles a un azul más terrestre e igual de mágico, sus pies estaban sobre el agua, los árboles floreciendo en primavera por los riscos eran reflejados en el lago como si este fuera un espejo perfecto que magnificaba cada rama y hoja verde de las plantas. El movimiento era ligero tanto en el agua como en el aire, una pintura donde cada detalle se engrandecía con una luz divina y solo el sonido tranquilo de los insectos y el cantar de las aves eran señal de que no estaba en una bella pintura impresionista.

Era muy familiar y Darién estaba seguro de que era en ese lugar en que había estado antes de "despertar"en la Luna. Era un mundo de sueños, el reflejo del mundo real y quizá lo que estaba a sus pies, debajo del agua apacible, el mundo en el que él nació.

—Elysium — la reina Selene comentó y llevó sus hombros para atrás en anticipación, adoptando una imagen regia digna de su investidura.

Un caballo blanco con alas de nieve sobrevoló sobre ellos tres veces, después aterrizó en medio en una luz dorada, el agua formando estelas a su alrededor por un breve segundo hasta volver a su habitual serenidad. El pegasus se había vuelto un joven de igual palidez que la reina, tal si fuese un espíritu del aire encarnado.

—Reina de la Luna Blanca — el niño, vestido con ropajes holgados y claros, se dirigió a la reina Selene — ¿A que se debe esta irrupción en nuestras tierras?

—He venido para despertar al príncipe.

—El príncipe necesita dormir.

Darién se sintió excluido de la conversación. Trataban a Darién como si fuera un niño pequeño incapaz de entender la situación o decidir.

Ambos entes blancos, al sentir el enojo de Darién, voltearon a verlo pareciendo fantasmas de otra vida, su apariencia un contraste de blancos pasteles con los colores azules y negros de Darién.

—Estoy aquí — dijo simplemente y después se dirigió al niño de cabello plateado —. Quiero despertar.

—Principe Endymion — el joven sacerdote dijo y se incó en una rodilla —. Suplico que vuelva a descansar, su cuerpo necesita recupar energía y su mente conseguir paz.

Darién miro la cara ovalada y agraciada del sacerdote, en su frente tenía una joya dorada enmarcada por flecos blancos blancos y debajo, sus ojos eran color miel. Nunca lo había visto y sin embargo, le era tan familiar como su propio rostro.

—¿Quién eres?

—La reina de la Luna Blanca ha entrado en sus dominios, principe — el niño se rehusó a contestar la pregunta y señaló a la reina Selene.

—Ella me va a ayudar a despertar — Darién respondió, asumiendo que la reina Selene podía hacer lo que Serena una vez logró meses atrás.

—¿Es su deseo despertar, príncipe? — el sacerdote inquirió y al cruzar sus ojos con él, Darién vio las escenas de su pasado, desde Jadeite intentando ahogarlo a Lyreb volviéndose polvo.

Una ola de náuseas lo impactó y sus pies comenzaron a temblar. Respirar se volvió difícil y el mundo se volvió inmensamente grande, alzándose amenazante sobre él y, al mismo tiempo, parecía ser una prisión que buscaba ahogarlo.

—¡Principe!

—¡No me toques! —Darién gritó, consiguiendo incorporarse sin ayuda por un segundo, después las escenas volvieron a atacarlo y el mundo se puso negro. Estaba dormido pero aún así perdió la conciencia por un tiempo que en ese mundo que era simultáneamente real y un sueño.

Al despertar, estaba acostado sobre una cama de seda, una cobija dorada sobre él lo protegía de la brisa. Sin embargo, la habitación era rústica, como un templo pálido en honor a la humildad. Salió del cuarto y se encontró en un patio de lozas grises y hermosas flores cubriendo las columnas griegas que flanqueaban el recinto.

—Principe Endymion — el sacerdote apareció frente a él y volvió a incarse en una rodilla, sus dos pequeñas manos entrelazadas en plegaria —. Ha despertado.

—No, aún no —Darién logró apoyarse en una columna y comenzó a intentar recuperar el aire pese a las visiones detrás de sus párpados — ¡Deja de meter cosas en mi mente!

—Lo lamento mi príncipe, yo no soy la causa de sus visiones.

Darién logró ver la cara triste del sacerdote, ojos vidriosos fijos en el suelo y labios temblando. Estaba realmente avergonzado de ser incapaz de obedecer las órdenes de Darién.

—¿Puedes ayudarme a despertar?

Darién no era bueno con las disculpas ni hablando con las personas, pero esperaba que su tono amable sirviera como rama de olivo para el niño.

—La reina de la Luna Blanca, no, la difunta reina de la Luna Blanca dejo esto — el niño respondió con una sonrisa tímida —. Es lo último de su energía, el suspiro final de su vida que ella esperaba entregar a su hija.

El niño abrió sus manos y una mota de agua brillando rosa iluminó sus dedos blancos. Darién se agachó para ver la pequeña luz.

—¿Con eso puedo despertar?

El sacerdote accedió con su cabeza y se atrevió a ver a Darién directamente a los ojos una vez más.

—Allá lo espera un mundo que lo ha lastimado. En este mundo, mientras duerma, podrá siempre soñar en tranquilidad. Yo juro por mi existencia velar sobre usted ¿Por qué desea despertar?

—Porque dormido no puedo cumplir mis sueños.

El niño reflexionó las palabras, extendió una de sus manos, en la que volaba la pequeña mota rosada del tamaño de una semilla de limón, su luz tiñiendo los dedos blancos del joven sacerdote.

—Gracias —Darién inclinó su cabeza hacia el sacerdote y el niño miró el gesto sorprendido, apenas comprendiendo que genuinamente el príncipe le estaba agradecido.

—Mi nombre es Helios, mi príncipe.

El niño contestó finalmente la pregunta hecha al principio y Darién le sonrió con algo similar al orgullo.

—Muchas gracias, Helios —Darién dijo de nuevo mientras la pequeña mota se alzaba en medio de ellos, su luz expandiéndose como agua en todas las direcciones.

El mundo se iluminó hasta quedar cubierto por completo de luz rosa.


Serena despertó cayendo al suelo, casi ahorcándose con las mantas. A un faltaban quince minutos para que saliera el sol, pero ella prefirió levantarse y comenzar a alistarse para la escuela.

El frío primaveral no fue suficiente para detener sus intentos de prepararse para su nuevo día escolar.

—Serena — Luna dijo en medio de un bostezo — ¿Qué haces despierta tan temprano?

—Voy a caminar. Vuelvo para el desayuno.

Serena salió de su casa y miró al cielo matutino pintado de rosas. Era hermoso.

Un día, ella quería que todas las personas del mundo fueran capaces de disfrutar igual el amanecer.

Lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Ella era muy afortunada de haber conocido a su alma gemela once años atrás. Muchos años, odió ese hecho, cuando un hombre malvado parecía ser su destinado, pero ya no más.

Aquel día, cuando Sammy nació, Serena había escuchado a alguien llorar, pese a la distancia lo pudo oír con claridad y unos minutos después, ella le estaba regalando la flor a un niño de ojos azules. No recordaba mucho de aquel encuentro, pero ese fue el momento en que el mundo se volvió un mar de colores brillantes. Él había sonreído en aquel entonces, Serena recordó.

Una rosa roja salvó por primera vez a Sailor Moon, dando la esperanza de un futuro, si ella logró llevar una fracción de esa esperanza a Darién con su rosa roja, entonces valió toda la pena del mundo.

—¿Por qué lloras?

La voz tenía un toque burlón melancólico, casi como si la persona preguntado estuviera al borde de las lágrimas. Las orejas de Serena se pusieron rojas, su cara palideció y su corazón se saltó un latido.

Ahí, parado a un metro de ella, con una camiseta color salmón abrochada mal en los dos últimos botones superiores, un pantalón gris que le quedaba grande en la cintura y sus zapatos italianos, Darién la miraba con sus increíbles ojos azules.

Era tan guapo como el día que lo conoció. Más porque tenía la sonrisa más bella del mundo adornado su rostro.

—¡Darién!

Serena saltó al cuerpo de Darién, sus manos entrelazadas en la parte baja de su espalda fuerte y ella dejó que su cabeza descansara sobre el pecho de su amado, oliendo su fragancia varonil que desaparecía todos los problemas del mundo.

—Serena, ya desperté.

—Buenos días Darién — Serena alzó su cara para mirarlo bien, asegurarse de que frente a ella no estaba una aparición conjurada por sus deseos. Él sonrió gentil, sus ojos sin rastro de cansancio, parecían invitarla a jugar con su cara, pero Serena prefería sus manos sujetandolo.

—Buenos días.

Darién la alejó un poco de él, poniendo ambas manos sobre los hombros de ella para distanciarla. Sus cachetes morenos empezaron a volverse rojos, como si no supiera que debía hacer y sus ojos miraban a Serena como si ella fuera el sol. Esa expresión Serena reconocía, cerró sus ojos,alzó su barbilla, se colocó en puntillas y espero unos segundos más sin prisa. Esa era la naturaleza de ambos.

Los labios de Darién eran tímidos con el peso de una mariposa, amenazando con volar lejos en cualquier instante. Un segundo después, él se atrevió a abrir más sus labios y saborear los de Serena. Los de él eran dulces, demasiado pero no suficientes para saciar los sentidos de Serena. Necesitaba más de Darién.

Si fuera más alta, profundizar el beso hubiera sido fácil, en lugar de ello, fue incapaz de sostenerse en puntillas y terminó cayendo sobre las plantas de sus pies, cortando con esa acción el beso. Los l

Abrió sus ojos y él los suyos, mirándose sin saber qué hacer, sus labios aún en espera de continuar pero sus ojos contenían un terror que se necesitaba aplacar. Serena volvió a reposar su cabeza en él, escuchando el suave palpitar de su amado pese a que el suyo propio latía con locura.

—Darién. Me gustas mucho — Serena dijo y su mano izquierda fue a la espalda de Darién, buscando mantenerlo a su lado para siempre. Por alguna razón el corazón de su amado empezó a latir errático, como si él tuviera miedo de las palabras de ella. Las manos de él, que habían caído a la espalda de Serena después del beso, se retiraron de ella y volvieron a los costados de él. Serena aprovechó la oportunidad para tomar la mano de izquierda de él en la suya, entrelazando sus dedos.

—Darién, gracias por haber despertado.

Ella quería besar la mano de él o su frente. Quería mostrarle un cariño menos romántico pero igual de importante, en lugar de ello él volvía a intentar besarla en la boca. Esta vez, Serena no cerró sus ojos y él se detuvo a escasos centímetros de su cara y se volvió a poner rojo, hasta las puntas de sus orejas estaban coloradas y lamió sus labios antes de hablar.

—Yo creí...como tú eres la princesa y yo el príncipe...y Tuxedo Mask.. sí, es un bonito amanecer, ¿verdad?

Darién se había alejado de ella y al final optó ver al cielo a encarar a Serena, su mano izquierda aún atrapada en la de ella le prohibió alejarse mucho. En sus sueños, él era mucho más honesto sobre sus sentimientos, Serena pensó y recargó su cara en el antebrazo fuerte de él.

—Quedate conmigo siempre, Darién — Serena suplicó, cerrando sus ojos y permitiendo las lágrimas recorrer sus mejillas libremente. Su muy guapo, fuerte y tímido Darién estaba vivo, despierto y con su mano atada entre la suya, su pulso constante un recordatorio de que él seguía ahí.

—¡Por supuesto! — él acomodó sus dedos entre los de ella y apretó con fuerza su mano, buscando valor, su voz sonaba emocionada pero la última sílaba sonó quebrada, casi al borde de las lágrimas. . Sus siguientes palabras fueron dichas con mayor calma pese a que tenía deseos de llorar —Por siempre.

Ambos continuaron mirando el amanecer, sus lágrimas cayendo al pavimento, pero ninguno dijo nada. Finalmente, tras lo que parecía una eternidad, estaban juntos.


—¡Ábrelo Darién!

Serena pidió con una sonrisa y él miró al resto de las personas en la habitación, todas viéndolo con diferentes grados de anticipación.

Zoicite y Malakite, ambos sentados en un sillón doble, tenían la clase de sonrisa que se esperaba de la gente que alguna vez fue super malvada. Darién entendía que ellos fueron alguna vez los guardianes de Endymion, una conjetura pues no se atrevía a preguntar nada mientras ellos estuvieran cerca.

Jadeite observaba con el ceño fruncido, en sus manos una caja con un moño azul. Por el tamaño debía ser una corbata, un reloj o una billetera. A su lado, Nephrite y Lita terminaban de haberse reído de un chiste, pero tomaron unos segundos de su plática para ver la apertura de regalos. Rey y Mina, sentadas cada una al lado de Serena, esperaban junto a ella con caras pícaras. Amy era la única desinteresada pero aún así observaba desde su silla en la mesa.

—Bueno, gracias por todo esto...pero de nuevo, no es mi cumpleaños.

—Eso no importa — Serena dijo mientras juntaba ambas manos frente a ella — ¡Vamos cumpleañero!

Su cumpleaños había ocurrido cinco meses atrás, mientras él estaba en coma, pero todos estaban insistentes en participar en la celebración. Por lo menos había un pastel de chocolate esperándolo después. Sí, se dijo así mismo, tenía que estar agradecido por los esfuerzos de todos en lugar de avergonzado.

Él abrió el regalo, cuidando el papel rosa de envoltura, después, levantó la elegante caja azul marino y miró al pequeño objeto dentro.

—¿Esto es…?

—Un reloj de bolsillo. Más masculino que la caja musical—Jadeite comentó, y lanzó una mirada de aprecio a Serena.

El reloj era de unos diez centímetros de diámetro, su color amarillo pálido y en su tapadera superior tenía la imagen de la Tierra. Él abrió la paqueña tapa ver la cara del reloj y sonrió: En la parte de arriba tenía la imagen azul del cielo y una luna asomándose bajo la carátula blanca superior.

Serena, su amada Serena, ella siempre pensaba en él, en ellos. Era hermosa.

—Bien, creo que tenemos a la ganadora del mejor regalo — Lita exclamó, sacando a Darién de sus sueños.

—Es el primer regalo —Zoicite dijo, sacando su propio regalo de detrás de él —. Los míos son superiores, es ropa de calidad, no como ese horrible saco verde que usaba ayer.

—No veo ningún problema con su saco verde — Nephrite opinó y de repente todos comenzaron a hablar de ropa, dando su opinión abiertamente.

—Esa ropa está bien, para hace tres años. Ahora la moda es el negro —Mina continuó.

—Yo creo que se puede arreglar, cuando se usa pantalones grises el saco verde se ve bien — Amy dijo abiertamente.

—No, estoy de acuerdo con Mina. Es de tres años atrás.

—Es de diseñador. Eso debe contar para el estatus social —Jadeite defendió y Amy le contestó algo sobre la coordinación de colores mientras Mina y Nephrite entraban en una discusión sobre el paso del tiempo en la moda, Lita no dudaba en hablar sobre las telas como si eso fuera lo más importante y Nephrite decía que todo estaba en los colores. Rey y Malakite también entraron en una discusión acalorada sobre el uso de botas con Zoicite alzando su voz más de una vez para señalar que las botas eran "muy importantes".

Serena aprovechó para cambiar de asiento y terminar al lado de Darién. Ella lo miró a los ojos, su delicada sonrisa llena de besos secretos y palabras de amor guardadas para después ñ, además, una promesa de la que ninguno de los dos podía arrepentirse.

—¿Por siempre?

—Por toda la eternidad.

Ambos sonrieron felices y miraron entre risas al resto continuar su discusión sobre moda. El mundo, sin lugar a dudas, era colorido en más de una forma.

fin


...

...

Notas: como siempre agradecimientos a Caro, Nora, Ioremmac, Nancy, Charo y Yannin, sin sus reviews jamás hubiera terminado de escribir este fic. Muchas gracias por su apoyo. A todos los lectores, también les agradezco haber leído mi fic completo, me hace feliz saber que hay varias personas que les gustó mi historia.

De nuevo, gracias y hasta la próxima.