OSCURIDAD
Errante, ciego y sordo, tanteando con sus dedos el trémulo espacio, agitando por el desaire que provoca lo desconocido. Perdido en una espiral, acompañado de desmesúrale dolor en el pecho. Tan ciego como un murciélago, guiado por su instinto, que a rastras trataba de liberarse de la oscura prisión, cual si fuera un criminal huyendo de la policía.
Algo inimaginable, un fenómeno único y, tal como lo haría una sequía en el trópico, desmoronaba cada gramo de cordura en su yo interno, que no era más que un vacío abismal, profundo como nadie pudiese imaginar de él.
Sus dedos desprendían ásperos y secos pedazos de piel vegetal. Sus rodillas sucumbían ante la presión de mil culpas y el dolor supremo de la desdicha. Su boca titilaba deseando soltar todos los gritos de perdón que se habían secado en su garganta. Pero no podía, no debía.
Tropezó, sus manos se hundieron en arenoso fango, ya no tenía la fuera para continuar, no con aquel ardor insoportable en la espalda alta, salido desde las mismas fauces del más incandescente sol. Sus piernas estaban tas lastimadas por el imaginativo que no logro moverlas en un largo instante. Mareado y aterrado, preso en la oscuridad, su mente rondaba entre docenas de preguntas ilógicas sin respuesta.
Pues el dolor no es propio de los muertos. O eso creía.
El ardor se agravo, en el hombro derecho nacía un estigma invisible que acrecentaba el dolor a cada toque de la yema de sus dedos. Su piel era rostizada por un fuego invisible, su carne perforada por espadas inexistentes, su alma torturada por un abismo profundo, donde era un monstruo el máximo reinante.
Se armó de coraje, apretó con rabia sus puños envueltos en barro. Nació del rincón más profundo de su pecho una fuerza desconocida y a la vez familiar. Como un impulso eléctrico que recorrió cada parte de su cuerpo, desde la punta de sus pies hasta el mechón más largo de su pelo, sanando la llaga imaginaria al pasar por el hombro. Encendió un sinfín de voces que lo alentaban, que lo animaban a no desistir; voces conocidas que lo impulsaban a ponerse de pie y abrir los ojos.
"Vamos, ¡levántate!" Bulma. "De pie, de pie" Krilin. "Muchacho, tú puedes" Maestro Roshi. "Levántate, has soportado eso y más" Piccolo. "Vamos ¿Dónde quedo ese hombre de acero?" Tien. "Sin dolor no hay ganancia" Yamcha.
Tomo todo su vigor y logro, aun con todo el dolor interno que lo avasallaba, levantar una rodilla.
"Usted puede señor Goku" Chaoz. "Sigue así, muchacho" Maestro Karin. "Usted es muy fuerte señor Goku" Dende. "Un poco más, un poco más" Launch. "Sin miedo, amigo" Upa.
Intento lo mismo con la otra pierna, pero esta, en un principio, no reaccionaba ante cualquier estimulo. Y cuando estuvo cerca de darse por vencido, cual caballo reusándose a la muerte, consiguió ponerse de pie.
"Vamos, papá" Gohan. "¡Goku!".
Abrió los ojos, sofocado por la presión finalmente se había librado de la pesadilla más lúcida jamás soñada. Giro su cabeza en todas direcciones, no le tomo mucho darse cuenta de que estaba solo, rodeado de inmensos arboles con las cortezas partidas. A pesar de que sus músculos crudos estaban tan estáticos como una piedra, levanto sus manos manchadas en légamo, astilladas con pedazos de madera seca.
Entre la duda de aquel instante, acompañada de una tremebunda ansiedad, le llego un ligero momento de lucidez. Se froto el rostro con la parte seca de su manga, ahí notó que aun llevaba el elástico rojo de su hermano en la cabeza, limpio sus manos con su traje, cubriendo de gris el naranja. Finalmente dirigió su rumbo hasta el claro donde, recordó, estaba entrenando con su hermano. A Raditz lo encontró dando puñetazos contra el aire.
-Hasta que regresas- dijo este, impactando sus brazos contra el aire.
-¿Qué? ¿En qué momento me fui?
-Ya hace rato –le respondió el de cabello lago sin dejar de lado el entrenamiento.
-No, no lo recuerdo.
-¿Mmm? ¿A qué te refieres? –Raditz detuvo sus movimientos al acto.
-No recuerdo nada desde que comenzamos a entrenar, -la cien le palpitaba de dolor- desde que… hice ese Kamekameha ¿Qué paso?
-Pues… -su hermano frunció la en ceño y llego su mano al mentón- seguimos entrenando, pero estabas más callado, en un momento detuviste todo y… te fuiste.
-¿Así sin más?
-Supuse que estabas cansado, lo cual era ilógico.
Su respiración se volvió más pesada, al dolor en el hombro, débil aun, regresó. Recordaba, entre destellos fugaces, cual flash de una cámara, un entrenamiento ambiguo, algo simple, que no premeditaba la fuerza o el poder. Patadas y puñetazos, técnicas y estrategias, risas y bromas, todo representaba una relativa paz.
Algo que termino cuando, orgullosamente, Kakarotto mofo su mayor habilidad con su hermano. Tras ese "inofensivo" acto, toda su realidad fue absorbida en una infinita oscuridad, oscuridad que no desapareció hasta que se encontró a sí mismo en medio del bosque, empapado en lodo.
-Kakarotto –llamo su hermano- explícame bien esto –su mirada seria, sus orbes penetrantes que lo miraban fijamente.
-Ya te lo dije, ¡no recuerdo nada! –Se volteó, no podía combatir contra esa mirada.
-¡Mientes! Tal vez no recuerdes cuando te fuiste de aquí, pero sé que hay algo que viste u oíste y no quieres contármelo.
-No, claro que no –Pero no pudo ocultar más el engaño, su hermano poseía una extraña aura que lo obligo a delatar- ¿Qué te hace pensar que miento?
-Lo veo en tu manera de actuar: tartamudo, elevas las manos y la voz sin ninguna razón, desvías tus ojos.
-¿Todo eso los supiste en tan pocos instantes?
-No estamos hablando de mí, responde ¿Qué fue los que viste?
-Nada es especial, además ¿por qué te interesa tanto? ¿Acaso los saiyajin no eran muy apegados a la familia? –Dio un primer paso en su intento de escape, más no pudo llegar más allá.
-¿Fue una pesadilla? ¿Igual que la que tuviste esta mañana?
-¿Cómo lo sabes? –freno su avance, su hermano poseía ciertos dotes que lo impresionaban a más lo conocía. Giro en sus talones, quedo de frente con su hermano, elevo la cabeza para chocar con los orbes negros.
-No eres alguien difícil de descifrar, entiéndelo, solo basta con ver tus ojos para saber en qué piensas.
-¿enserio? –Enfoco más la vista en los ojos, y se asombró al encontrar en ellos el reflejo un vacío infinito, de una nada casi absoluta. La oscuridad invadía los ojos de su hermano- Pues en tus ojos no veo algo así, ¿no estás pensando en nada, Raditz?
-¡Ya deja de jugar! –se alejó sorprendido, esos eran los mismos ojos que veía en el espejo, pero en otra persona y totalmente carentes de emociones.
-Pero, pero… ¿Cómo?
-Luego te enseñare como lo hago, ahora enfócate ¿Tuviste una pesadilla, verdad?
-Si… -suspiro- a mí también se me hace raro tener pesadillas estando muerto, igual que la necesidad de comer o de dormir.
-Después hablaremos de eso ¿Cómo fue tu sueño? ¿Qué fue lo que viste? –paso su mano por sus cabecera, quitándose el elástico, haciendo un fleco de sus cabellos alborotados.
-No, no recuerdo bien, todo estaba oscuro, había voces y también….
-¿También? –Le devolvió el elástico rojo.
-… Todo fue… real… algo así, no, no recuerdo bien.
-Hablaremos de todo esto por la noche. Ahora, a entrenar. –Raditz regreso al claro, examino la zona con los ojos perdidos, como si estuviera buscando algo- Será mejor que despejes tu cabeza de eso.
-Está bien, pero… ¿Y papá y mamá?
-Creo que Bardock está con Kaio Sama y nuestra madre, supongo que fue a descansar.
-Bien, creo que iré con ella, me duele mucho la cabeza para continuar con el entrenamiento.
-Kakarotto…
-Descuida, no dure nada.
-Más te vale.
-Nos vemos luego.
Su cabeza era presionada entre billones de toneladas, era algo que cada vez se hacía más insoportable y esperaba que la comodidad desprendida por una almohada fuera suficiente. Se internó en el bosque, con el presentimiento de que su hermano lo estaba vigilando hasta haberse perdido entre los árboles.
Antes que nada se dirigió al rio, una corriente de agua que pasaba por ahí cerca, donde solía limpiarse de la suciedad acumulada en el entrenamiento, como en estos momentos. Solo vasto con un poco de agua para dejar limpio el traje, el gris había desaparecido, el naranja volvió más brillante que antes.
Miro al horizonte buscando el delta del rio, algún lugar donde desembocaran las aguas. No encontró algo semejante, ni en el este, ni en el oeste, solo un "infinito" estuario. El dolor palpitante de su frente se agravo aún más.
Pocas veces le sucedía aquello, era raro verlo frotarse la cienes, como lo hacía cuando llego a la cabaña. Su anatomía siempre fue sinónimo de tenacidad, resistente a cualquier mal, bueno, a casi cualquier mal. Se llevó la mano al hemisferio derecho de su cavidad torácica, luego a la izquierda, luego nuevamente al derecho: Nunca fue bueno para ubicar aquel órgano.
Cerró la puerta en silencio, abstenido de hacer movimientos bruscos que provocaran estruendos. Subió hasta su cuarto, frotándose constantemente la cien. Observó por un instante al lejano firmamento celeste, ausente de nubes, esbozó una sonrisa fugaz antes de cerrar la ventana.
Se recostó en la cama inferior, acomodo su cabeza en el almohadón, su antebrazo derecho cubrió sus ojos cerrados, intentando olvidarse del pesar de ese día. Así por algunas horas.
Una risa maliciosa, burlona; retumbo en sus oídos con un eco de inframundo. Despertó en el acto, asustado por el carcajeo espectral y, de nueva cuenta, su cabeza impactó contra la cama superior. Paso su mano por toda la cabellera, limpiando un sudor frio inexistente.
Se sentó en la cama, llevando sus palmas a ambos lados de la cabeza, haciendo círculos cuando paso por sus parpados. Aquella risa era terrorífica, no solo por lo tétrico, sino porque estando muerto esto terminaba siendo solo un producto de su imaginación lucida.
La ventana brillaba ya con los últimos rayos de aquel extraño sol, sacado de una pintura, de esas viejas piezas de arte que veía en los libros de Gohan. Lo miro detenidamente, guardando en su retina cada tramo, rojo cual fuego, el astro se escondía entre montañas a las que nunca visito, aunque a veces pensó en hacerlo.
"Me llamo son Goku, pero me gusta que me digan Goku ¿y tú?" "Yo… me llamo… Bulma": Aquella conversación quedaría inscrita en su memoria hasta el final de los días, incluso hasta más allá. Pues aquel ineludible momento le dio un agresivo giro a toda su historia y, quizá, a la de todo el mundo. El traje rosa, que tanta gracia le causo; ese nombre, tan extraño en su momento; aquel radar. Ahora son solo recuerdos, nada más.
Apretó sus puños con fuerza, curveo sus labios, regresó a examinar el sol.
"Oiga, señor ¿usted es el maestro Roshi?" "Sí ¿qué deseas?" "Mi nombre es Krilin…" Su mejor amigo, su compañero de entrenamiento, su guardaespaldas en cada batalla. Recordaba completamente ese día, ni cómo olvidarlo: el bote de Krilin, ese traje naranja con el cinto morado, incluso algunas de las revistas con las que Krilin convenció al maestro, aunque en ese momento no entendió de que trataban. Pero, al igual que con Bulma, no eran más que recuerdos…
La última vez que compartió una charla amena con su amigo, este le confeso su atracción por la rubia, 18. Algo que en un principio lo sorprendió, pero en pocos instantes cayó en la obviedad del pues se mostraba muy emocionado cada que la mencionaba. Una acción que el mismo represento cuando su madre hizo aquella pregunta inoportuna.
Como le encantaría esta con ella en estos momentos, cuando más la necesitaba, cuando más estaba perdido. Era ahí donde ella debía venir y calmarle aquel dolor de cabeza, decirle que esas voces son solo imaginación y curarle aquella llaga invisible. Solo ella, M…
Alguien toco la puerta justo cuando volvía a cerrar los ojos, sacándolo en esos momentos de recuerdo, que pocas veces llegó a tener.
-Hijo ¿Estás ahí?
-Sí, aquí estoy… mamá –esa palabra le resultaba tan rara saliendo de su boca.
-Bien, solo vine a decirte que la comida estará lista en cualquier momento, mejor ve a buscar a tu padre y a tu hermano.
-Lo haré, descuida.
Se puso de pie, acomodo su Gi y miro una vez más por la ventana donde el sol ya no estaba. Donde solía estar el cielo celeste solo había una sepulcral bóveda, teñida del azul más oscuro que pudo ver, ausente totalmente de estrella que reluciera, marcando las esperanzas perdidas de los hombres, combatiendo la feroz oscuridad.
Ya en la planta baja, iluminada débilmente por débiles lámparas naturales, sobre una minimalista mesa, enfrascadas en el templado cristal: luciérnagas. Su madre preparaba un pedazo de filete, cuyo olor desprendido le llegaba hasta la punta de la nariz, donde, entre ligeros roces, lo transportaba hasta un pasado cercano, donde ese olor era acompañado de juegos y risas.
-Kakarotto… ¿qué estás haciendo?
-Mmm… nada mamá… solo es que ese aroma es delicioso.
-Gracias.
-Pero… ¿no te parece raro qué estando muertos, necesitemos comer?
-Al principio sí, pero luego pensé que sería algo normal aquí en el paraíso, en el infierno no pasaba lo mismo.
-¿A qué te refieres?
-Que en el inframundo no se siente el hambre. Supongo que así debe ser ¿no?
-Mmm… interesante…
Salió de la cabaña con ese pensamiento en la cabeza y el delicioso aroma en la nariz. Desde la primera vez que estuvo muerto tenía la necesidad de alimentarse y muchas otras cosas tal como si aún siguiera vivo. Se rio de sí mismo: había intentado comerse una nube.
Al poco de caminar con los brazos cruzados, resguardándose del frío, diviso, entre los colosales arboles desgarrados por fieras y temblorosas manos, a su padre y a su hermano. Ambos discutían de cosas que no alcanzo a oír. Su padre, serio como siempre, no despegaba la vista del oscuro cielo, como si estuviera buscando aquello que jamás encontraría; y su hermano, de las mismas facciones que su padre, relataba cosas insonoras a esa distancia.
Regreso con su madre, quien ya servía la comida, deliciosa, aunque esta solo se limitara a ser pedazos de carne fritas. Se ofreció ayudarla en colocar las sillas, poner en el centro de la mesa la lámpara de luciérnagas, pues buscaba algo en que distraer su atrofiada mente. Por eso cuando llegaron su padre y hermano todo ya estaba listo para una cena que se sumergía en un silencio casi absoluto, pues era su madre era la única en tratar de mantener una conversación.
La mesa apenas si era iluminada por las luciérnagas, que vagaban en círculos por el frasco. Mientras se atragantaba con la comida, despedazando con los dientes la carne, notó que nadie, salvo él, comía con tal ímpetu. Raditz incluso mantenía la calma cuando se llevaba algún bocado a los dientes. Y sus padres estaban todavía más calmados, comían de cuanto en cuanto, aunque en grandes porciones, mataban el tiempo con preguntas acerca del día, era su madre la más avispada para la charla.
-¿Qué te dijo Kaio Sama?
-Pues me hablo de un torneo que se celebrara en el paraíso de los peladores dentro de poco –respondió su padre.
-Mmm… ¿supongo que queras ir? ¿Cierto, Bardock?
-No, bueno sí, pero lo que pasa es que nosotros solo estamos aquí como visita o algo así.
-A todo esto ¿por qué es el torneo? Tengo entendido que son muy raros –Preguntó Raditz.
-No lo sé.
-Esh por lash muerte de Kaiosh Shama –Si es que lo sabía de primera mano, él fue el provocante indirecto al fin y al cabo. Respondió con la verdad, pero al mirar alrededor suyo, solo encontró gestos de desaprobación, o algo así. Sobre todo las facciones de su hermano, manifestaban una actitud de regaño. Tragó la comida -¿Qué? ¿Qué dije?
-¡Maldita sea! ¡No hables con la boca llena! –le llego una reprimenda de parte de su hermano.
-Está bien, está bien, no te enojes.
-Y come despacio, escupes al mascar.
Pasó el resto de la cena tratando siempre de mantener la calma al comer, no le resultaba cómodo ser regañado, más si venía de su propio hermano. Su padre se retiró con la excusa de que tenía estaba demasiado fatigado, lo propio hizo su hermano, pocos instantes después.
Observo a las luciérnagas todavía rondando por el frasco, le dio un par de golpes con el índice, los bichos ni siquiera se agitaron. Su madre levanto la lámpara para devolverla al pequeño cubo que hacía de mueble. La miro, luego miro los trastos.
-¿Quieres que te ayude? –preguntó con una sonrisa sincera.
-… ¿sabes lavarlos?...
-Pues… sí, espero no haber perdido la práctica –Tomo todos los platos que pudieron caber en sus brazos y los llevo con un lavaplatos, algo improvisado valía decirse.
-Vaya, nunca antes había conocido a alguien que supiera lavar los platos.
-Mmm… ¿Cómo es eso? –Soltó el agua del grifo, la observo un instante para finalmente arquear una ceja. Ahí nació una duda, pues sabía que el agua venía desde grandes reservas por medio de tubos y entonces… ¿de dónde viene está agua?
-En el planeta Vegeta yo era la única saiyajin que sabía lavar los platos, por eso era tan necesitada mi ayuda en la cocina real.
-¿En la cocina real? –Con sus ojos enfocados en el agua y sus oídos en su madre. Mientras remojaba los trastos torció los labios, el agua poseía cualidades sutiles que la diferenciaban del agua de la tierra: Más cristalina, más suave al tacto (pues era como si sus manos no se mojaran) e incluso podía jurar, arriesgándose a que lo tilden de loco, que esa agua era infinita -¿Conociste al rey Vegeta?
-No mucho, no era alguien muy sociable.
-Y ¿Conociste al príncipe? –Sacudió la cabeza, le resultaba extraño como pudo perderse tan fácilmente en un tema tan vano, solo era agua, nada más.
-¿A qué príncipe? ¿Vegeta o Tarble?
-A Vegeta, por supuesto.
-Claro que sí, era el líder del escuadrón al que pertenecía Raditz. Siempre fue muy arrogante, jamás creí que te llegaras a enfrentar a él… ni que lo vencerías.
Le sonrió débilmente, con algo de orgullo y jactancia en sus orbes negros. Se llenó de dicha al saber que era un orgullo para su madre, aunque este sentir rápidamente desapareció, pues ella quería ser abuela.
Continuaron con la charla lo poco que se pudo, incluso después de haber dejado limpia la habitación, cada cual fue a su habitación despidiéndose con un caluroso "Buenas noches".
Entró en su habitación y, tal como acordaron la noche pasada, su hermano dormía en la cama inferior, mientras que a él le tocaría la superior. Echo un vistazo por la ventana, suspiro y dejo caer los hombros pues el firmamento seguía igual de vacío, un manto azul sin luces que lo adornen y le quiten ese aspecto tenebroso.
Se recostó dejando de lado la sábana, se quitó las pulseras y las botas de entrenamiento, recordando aquel pasado enfrentamiento que tuvo contra Tien Shin Han, uno de los mejores que tuvo, afirmaba.
Con la cara hacia el techo de estuco, froto su estómago por décima vez en la noche, pues esa satisfacción evocaba un sinfín de recuerdos, que le saltaron a la memoria como una película vieja, como aquellos objetos preciados que perdiste para no volver a encontrarlos, igual que las estrellas en el cielo.
"Déjame ayudarte" Era su propia voz dentro del recuerdo.
"No Goku, romperás algo" Decía con esa voz tan dulce que solo ella poseía.
"Vamos, déjame lavar los platos, yo puedo solo, mi abuelito me enseño" Una sonrisa se dibujó en sus labios.
"Goku, ¿por qué tanta insistencia?" Selló sus párpados, eso le ayudaría a traer el recuerdo con más facilidad.
"Es que cocinaste un asado delicioso, déjame recompensarte, ya hiciste mucho"
"Está bien, pero yo estaré aquí en todo momento"
Apretó los ojos con más fuerza, no debía, su orgullo saiyajin no le dejaba, pero su lado "humano" le rogaba dejar libre su corazón. Su poder le negaba mostrar signos de afecto, pero la gran sonrisa dientuda demostraba quien había ganado por esta vez. Nunca sospecho que sin importar si ganara el saiyajin o el humano, él saldría perdiendo.
Entonces, sin saberlo, una pequeña luz nació el cielo oscuro, con una luz tan débil que apenas si se distinguiría de las luciérnagas, pero al estar rodeada de una infinita oscuridad, resaltaba como no lo harían los bichos.
Una débil estrella, alimentada por el recuerdo, se alzaba en el firmamento.
Finalmente alcanzó el descanso del cuerpo, más su espíritu nunca descansaría de la guerra librada dentro de él. Cometió un terrible error: se dejó caer en el abismo desconocido de la oscuridad y la pesadilla, gobernados por un monstruoso psicópata.
Y bueno, nada más por el momento ¿a qué os ha gustado? No lo nieguen.
Ya terminado el sexto capítulo, voy dejando relucir varios misterios que nuestros personajes irán explorando según pasen los capítulos, pero me gustaría que ustedes como lectores también especulen en las review's, dudas como por ejemplo:
¿Qué simboliza la oscuridad? ¿Por qué el agua a Goku le resulta infinita? ¿Qué quiere decir la aparición de esta misteriosa estrella? ¿Cómo hizo DBNightMare para relatar en 3 capítulos el mismo día?
Eso y varias otras más, espero sus reviews con ansias.
Y por último los invito a seguirme en mis redes sociales;
Búsquenme en Facebook como DBNightMare410, ahí iré subiendo más datos sobre este misterio además de imágenes graciosos y el progreso de mis fic's.
Gracias por leer.
