Capítulo 3 – Asuntos pendientes


Kagome no podía creer la mala suerte que tenía. No solo acababa de tener un sueño erótico y muy embarazoso con el hermano de Inuyasha, sino que además, para su desgracia, acababa de llegar al campamento el protagonista de su sueño en las aguas termales. Kagome iba acercándose a paso lento, sin poder evitar que un rubor muy intenso asomara en sus mejillas.

- Inuyasha, esta es mi última advertencia. Debes abandonar estas tierras, y tú sabes muy bien por qué. - dijo Sesshomaru, mientras giraba levemente su cabeza en dirección a Kagome, que acababa de llegar. La misma mirada fría pero a la vez feral que Kagome había notado la noche anterior, algo que inevitablemente hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo.

- No veo ningún motivo para tardar más en nuestro viaje. Si eres tan débil como para ser controlado por tu bestia en la fase lunar, no es problema nuestro. Si nos desviamos por evitar tus tierras, tardaremos más en cumplir nuestro cometido. – dijo Inuyasha obstinadamente, cruzando los brazos.

- Hanyou, no te atrevas a hablarme así. Si mañana te encuentro en mis tierras, no saldrás con vida ni tú ni ninguno de tus acompañantes. – y con esta última amenaza Sesshomaru dio por terminada la conversación, yéndose sin mirar atrás, y desapareciendo en la espesura del bosque.

- Inuyasha, me parece que ha quedado bastante clara la posición de tu hermano. Levantemos el campamento y salgamos de sus tierras. Las rodearemos, pero mejor seguir con vida y terminar de recolectar los últimos fragmentos.

- Estoy de acuerdo con Miroku, no debemos arriesgarnos a tener un enfrentamiento con Sesshomaru si podemos evitarlo. – dijo Kagome, mientras los demás se percataban de que había vuelto de su prolongado baño.

- ¡Kagome! Menudo susto nos habías dado al tardar tanto. Estando cerca la fase lunar, creo que es mejor que permanezcamos el mayor tiempo posible todos juntos, y sobre todo que ninguna de las dos esté sola. Los youkais empezarán a estar alterados dentro de poco.

- Tienes razón mi querida Sango, tenéis que estar siempre acompañadas. Inuyasha, ¿hacia dónde partimos?

- Si nos damos prisa, podemos traspasar las tierras de Sesshomaru lo justo y necesario para que no se prolongue demasiado el viaje. No pienso dejarme amenazar por ese idiota, si viene a atacarnos aquí estaré preparado para darle batalla.

- Inuyasha, ¿estás seguro? Yo creo que cuanto antes salgamos de estas tierras, más seguros estaremos. – dijo Miroku pensativo, contemplando todas las opciones, y sobre todo teniendo presente que Sesshomaru podía ser un oponente muy fuerte y difícil de derrotar.

- Sí, no pienso retrasar más el viaje por las amenazas de mi hermano. No hay de qué temer, porque seguramente estará realizando el ritual de apareamiento con la inu youkai que vio Kagome.

- Sí, pero Sesshomaru fue muy agresivo Inuyasha. Mató a su oponente sin ningún miramiento, y también me advirtió de abandonar sus tierras cuanto antes. Hacía mucho tiempo que no veía a Sesshomaru tan agresivo con nosotros, no me da un buen presentimiento nada de esto. – dijo Kagome preocupada. Si volvían a cruzarse con Sesshomaru mañana, era seguro que el enfrentamiento no terminaría bien para ellos. Sesshomaru no solo era un daiyoukai muy fuerte, sino que también podía llegar a ser muy cruel.

- Bah, no seas tonta y hazme caso, no ocurrirá nada. Si alguna de vosotras fuera una youkai por la que Sesshomaru pudiera sentirse atraído para el apareamiento, si me preocuparía, pero no hay de qué temer, sois unas simples humanas sin ninguna importancia para él, y además Sesshomaru no podrá contra Tessaiga si se atreve a atacarnos. – dijo Inuyasha confiado, mientras se disponía a iniciar el viaje. Kagome subió a su espalda, como era ya costumbre para poder ir más deprisa, con una sensación de pesar y una premonición de que algo ocurriría como consecuencia de la decisión de Inuyasha.


Lejos ya de su hermano y sus acompañantes, Sesshomaru se dirigía hacía su fortaleza, esperando que todo el asunto referente a Kasumi estuviera zanjado. Aquella noche debía controlarse, y si la humana de Inuyasha estaba cerca, puede que fuera más difícil conseguirlo.

Era la primera vez en sus largos años de vida que su bestia estaba más revuelta e intranquila, más incluso de lo que era normal cerca de la fase lunar. Además, ver a la humana en aquel claro del bosque, ruborizada y con el pelo mojado, con una vestimenta extraña que enfatizaba sus curvas, dificultaba mucho la tarea de controlarla, no pudiendo evitar fijarse en la belleza de aquella humana, muy a su pesar.

Cuando por fin llegó a la estancia destinada al estudio y gestión de sus tierras, notó la presencia de Kasumi entrando en el castillo y discutiendo acaloradamente con uno de sus generales. Cerrando los ojos brevemente, y tras emitir un suspiro de resignación tras comprobar que el asunto no había sido zanjado como esperaba, Sesshomaru se dispuso a abandonar la estancia para hablar con Kasumi y terminar con todo aquello de una vez. Definitivamente, era mejor encargarse uno mismo de asuntos tan delicados.

- Exijo ahora mismo ver a Sesshomaru, no puede hacerme esto. He estado reservándome para él durante décadas, ¿y ahora cancela todo? Intenta volver a ponerte en mi camino y no saldrás con vida General Hotaka. – dijo Kasumi amenazante y muy enfadada, enseñando sus colmillos y a punto de atacar al general de Sesshomaru.

- Por favor Señora Kasumi, comprenda que nosotros solo seguimos órdenes de nuestro Señor Sesshomaru. No podemos permitirle el paso hasta que él lo autorice.

- Kasumi, ¿Qué haces en mi castillo amenazando a mis generales? Hotaka, retírate.

- Sí Señor Sesshomaru. – el General Hotaka y sus hombres se retiraron, dejando a Sesshomaru a solas con Kasumi.

- ¿Qué significa todo esto Sesshomaru? Nuestros padres nos comprometieron desde que éramos unos cachorros… ¡no puedes ir en contra de su voluntad!

- Yo decido lo que quiero y considero mejor para mi y para mis tierras. Me trae sin cuidado lo que decidieran tus padres y los míos. El ritual de emparejamiento no se llevará a cabo. Busca otro pretendiente y vete de mis tierras ahora mismo. – impasible, Sesshomaru miraba fríamente a Kasumi mientras esperaba que entrara en razón y saliera de su castillo.

- No te vas a salir con la tuya Sesshomaru. Te he esperado durante mucho tiempo, he intentado por todos los medios que nos emparejáramos desde hace décadas, y nunca me has hecho caso, siempre has postergado el emparejamiento. ¡Ni siquiera cuando me has visto con otros pretendientes has reaccionado!

- Tus artimañas no funcionan conmigo.

- Olvida que vaya a desaparecer así como así, esta noche vas a ser mío y yo tuya. Tu bestia no podrá resistirse a la mía, y traeremos al mundo un poderoso heredero para tus tierras.

- Eso no va a suceder.

- Ya lo veremos. – dijo Kasumi sonriendo de forma coqueta y acariciando el brazo de Sesshomaru mientras se disponía a salir por la puerta.

Irritado ante la testarudez e insolencia de aquella inu youkai, Sesshomaru se dirigió a la estancia de la que había salido previamente para continuar con las labores de gestión de sus tierras, pensando que quizá debería matar aquella noche a Kasumi. No iba a tolerar que la inu youkai estuviera importunándolo constantemente con sus caprichos, además de que probablemente se encargaría de eliminar a cualquier otra posible candidata para ocupar su antiguo puesto. Y ese hecho era algo que perjudicaba a Sesshomaru directamente.


El anochecer se iba acercando, y el grupo de Inuyasha empezaba a encontrarse con las consecuencias y complicaciones que estaba originando la fase lunar. Habían tenido que enfrentarse a tres youkais que querían raptar a Kagome y otro youkai que se había encaprichado con Sango. Como consecuencia de aquello, estaban retrasando su salida de las tierras de Sesshomaru, algo que preocupaba enormemente a Kagome, sobre todo por la sensación de que si no salían de allí, algo malo iba a ocurrir.

- Inuyasha, tenemos que salir de esta zona cuanto antes. Si seguimos a este paso, nos vamos a encontrar con Sesshomaru mañana, y no quiero ni pensar en las consecuencias. – dijo Kagome preocupada, mientras descansaban para continuar y encontrar un sitio seguro donde pasar la noche.

- No te preocupes Kagome, ya te he dicho que puedo perfectamente con mi hermano.

- Estoy de acuerdo con la señorita Kagome, tenemos que salir de estas tierras cuanto antes. Los youkais a los que nos hemos tenido que enfrentar no son nada en comparación con tu hermano. – dijo Miroku mientras reflexionaba sobre las pocas posibilidades que tenían de salir con vida ante un enfrentamiento con Sesshomaru.

- Pero Inuyasha tiene razón en que no vendrá a por nosotras por considerarnos inferiores al ser humanas. Si nos vamos en cuanto amanezca, podríamos estar en el límite de las tierras de Sesshomaru muy pronto, y no ocurrirá nada porque esta noche la mayoría de los youkais ya habrán encontrado una pareja, por lo que no nos molestarán. – dijo Sango, que a diferencia de Kagome, estaba confiada en que nada iba a suceder.

- Decidido entonces, seguiremos por este camino. – dijo Inuyasha contento de salirse con la suya. Si se daba la ocasión y Sesshomaru iniciaba un enfrentamiento, demostraría a Kagome ser mucho más fuerte que él, a pesar de ser un hanyou, y así Kagome se daría cuenta de que con él jamás le faltaría protección.

Resignada, Kagome volvió a subir a la espalda de Inuyasha para ir a buscar algún sitio seguro donde pasar la noche. No tardaron en encontrar una cueva oculta por la vegetación, muy adecuada para una noche tan peligrosa como aquella.

Tras asentarse y encender una hoguera, Sango, Shippo y Kagome fueron a darse un baño en un río cercano a aquella cueva, pero con las prisas por volver al refugio cuanto antes, Kagome perdió el reloj que le había regalado su abuelo hacía muchos años, cuando se había graduado.

Para Kagome, ese reloj tenía un enorme valor sentimental, porque en cierta manera era como un nexo de unión entre su familia y ella. Por muy lejos en el tiempo que estuviera su familia, para ella ese reloj era como si su familia estuviera presente en todo momento. Muchas veces lo miraba y se acordaba de ellos, de su hermano pidiendo ayuda con los deberes, su madre preguntando si necesitaba algo antes de irse e intentando sacarle información sobre Inuyasha, o de su abuelo ilusionado al enterarse de los poderes de su nieta, muy atento a las historias que le contaba Kagome sobre la Era Feudal y de los youkais que había ido encontrándose por el camino.

- Sango, he perdido mi reloj cerca del río. Ya sabes lo importante que es para mi pero no te preocupes, vuelve con Shippo y yo enseguida os alcanzo.

- Pero Kagome… No es seguro que te quedes sola, volveremos mañana todos juntos antes de irnos.

- Lo siento Sango, pero no puedo irme de aquí sin mi reloj. Además, cualquiera puede encontrarlo y llevárselo, y a lo mejor mañana cuando volvamos ya no está.

- Shippo y yo te acompañaremos mientras lo buscas.

- No hace falta, de verdad. Es mejor que volváis ahora, porque ya sabes que ni Miroku ni Inuyasha saben preparar una cena en condiciones, y si mañana tenemos que irnos en cuanto amanezca, tenemos que cenar y descansar cuanto antes.

- Sí, tienes razón. De todas maneras, en cuanto volvamos enviaré a Miroku o a Inuyasha para que te acompañen. No quiero dejarte sola en una noche como esta.

- No te preocupes Sango, de verdad. Además mira, tengo mi arco con unas cuantas flechas. Por quedarme un momento sola hasta que llegue uno de ellos no va a pasar nada.

- En cuanto lleguemos le diré al tonto de Inuyasha que venga para estar contigo y que no te pase nada. Pero si quieres, puedo quedarme yo contigo y así te defiendo si aparece algún youkai. – dijo Shippo sin estar muy convencido de dejarla sola, queriendo proteger a su madre adoptiva a toda costa.

- No hace falta Shippo, pero gracias igualmente. Espero encontrarlo antes de que lleguen Miroku o Inuyasha.

- De acuerdo, ahora nos vemos Kagome, ten cuidado. – dijo Sango mientras se iba con Shippo, dejando sola a Kagome, que volvió a realizar el camino que habían recorrido utilizando una linterna que siempre llevaba en su mochila, para situaciones de emergencia como esta, hasta que llegó al río.

Como Kagome había supuesto, su reloj estaba al lado de una de las piedras en las que anteriormente habían depositado su ropa antes de meterse en el río. Probablemente, el reloj había caído al recoger la ropa para vestirse, y con las prisas había pasado desapercibido. Contenta por haberlo encontrado tan rápidamente, Kagome se puso su reloj, y mientras lo ajustaba sintió una presencia demoniaca acercándose hacia ella. Cuando se dio la vuelta, fue inmensa su sorpresa al encontrarse con la inu youkai prometida a Sesshomaru.

- Otra vez tú. ¿Qué estás haciendo aquí? – dijo Kasumi con mirada amenazante.