Típico Disclaimer: El mundo es de JK Rowling. Yo sólo cambio a sus personajes de cuerpo.

Aviso: Ésta viñeta participa en el minireto de Noviembre de La Copa de la Casa 2015-16 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Palabras: 392


Sortilegios Weasley

—¡Te dije que no lo tocaras!

—¡Yo te dije!

Los dos adolescentes rodaban por el suelo entre arañazos, golpes, patadas y jalones de cabello. El ruido de su pelea hacía eco en la enorme casa, pero a nadie parecía importarle. Los señores Black estaban acostumbrados a los constantes encontronazos de sus hijos.

—¿Y ahora cuál es el plan, idiota? —Preguntó el mayor limpiándose la sangre de la boca.

—Póntelo de nuevo.

Regulus le tendió el maldito sombrero a Sirius, que lo miró aprehensivo.

—Póntelo tú. —El menor rodó los ojos y se pasó una mano por el cabello. Se sorprendió de tenerlo tan largo, hasta acordarse de que no estaba en su cuerpo. Se pinchó el tabique de la nariz y soltó un suspiro molesto.

—Vamos Sirius, mañana volvemos al colegio y no pienso ir en éstas pintas.

—¿Y tú crees que yo quiero ser un inútil, bueno para nada hijo de mami para siempre?

Regulus contuvo las ganas de golpear más a su hermano, después de todo era su cara la que quedaría arruinada.

—Bien, yo lo haré.

Lentamente puso el objeto en su cabeza. Sirius lo miraba intensamente. El sombrero le tapó los ojos, le quedaba muy grande. Los cerró y le pidió a todos los magos antiguos y nuevos que lo devolvieran a su cuerpo.

Pasaron los segundos y no sentía nada. Nada.

Se quitó el sombrero y lo tiró al suelo molesto.

—¿Y ahora? —Sirius había cruzado los brazos y se apoyaba en el marco de la puerta con cara enojada como si la culpa fuese suya.

—Déjame pensar.

Su hermano comenzó a pasearse por la habitación examinando objetos al azar que llamaran su atención. Regulus recogió el sombrero del suelo y lo examinó:

Propiedad de Septimus Weasley.

—¿No conocerás a un Weasley o sí?

—¿Por?

Regulus le enseñó el grabado a su hermano. Éste frunció el ceño.

—¿Cómo llegó éso aqu...? —Comenzó, pero un pensamiento nuevo nacía en su interior que le hizo olvidar lo que iba a decir. Se puso pálido en segundos. —¡No estarás pensando lo que creo que estás pensando!

—Me hace la misma gracia que a ti.

—¡No puedo ir así al colegio! —Regulus se encogió de hombros, no había otra solución. Tenían que encontrar al dueño del sombrero para que les dijera cómo revertir el hechizo. —Cornamenta jamás me dejará olvidar ésto.