La magia y los personajes son de Rowling, yo sólo hago que se enamoren.

Esta historia participa en el minireto de Enero de la Noble y Ancestral Casa de los Black que consistía en iniciar con la palabra tormenta y terminar con la palabra mirada.


Trasnochando

Tormenta es lo que pronosticaban las nubes, tan densas y amenazantes que ni la luz de la luna llena se atrevía a asomarse entre ellas. La noche estaba avanzada y el único resplandor era el del rayo ocasional que retumbaba en el castillo y me distraía de mi lectura.

Tormenta es lo que cayó inclemente sobre la torre, haciendo de la imagen en la ventana un cuadro triste y surrealista. Los susurros de tus amigos inundaban la sala, siempre creyéndose tan misteriosos y en realidad estando tan expuestos como cualquier adolescente. Se levantaron al unísono, Remus salió primero con cara compungida, por hacerlos pasar por esto otra vez.

Tormenta es lo que vi en tus ojos cuando voltearon a verme, y me desconcertaron, porque no imaginaba que pudieras tener emociones complicadas dentro de ti. No me culpes James, siempre has sido un imbécil. Excepto claro en noches de luna llena.

Tormenta de sentimientos la que me invadió, porque yo sabía el secreto de los merodeadores y me había hecho verlos con otra luz, sobretodo a ti. Hay veces, en días como estos de tormenta, en que estoy segura que mi respuesta a tu eterna pregunta cambiaría.

Tormenta que duró toda la noche, así como mis ganas de conocer tu lado más honesto. Imaginaba lo que sería hablar contigo de verdad, lejos de tus idioteces y tus niñerías. El libro quedó olvidado en la mesa, porque mi cabeza estaba ocupada en historias más interesantes, sobre nosotros. Y mis mejillas se sonrojaban de gusto y no de ira cada que recordaba que me querías a tu lado.

Tormenta en mis entrañas cuando volvieron, empapados y felices al amanecer. En mi estómago no paraba de llover ácido corrosivo que se sentía extrañamente placentero. Me pregunto si éstas son las mariposas de las que hablan James. Pero la tormenta se detuvo de golpe en cuanto subiste a tu cuarto sin preguntarme nada. Quiero que me invites a salir, dije. Tus tres amigos abrieron la boca al escucharme, Peter silbó. Tú sólo los mandaste a dormir.

Tormenta de palabras que salieron de tu boca a una velocidad impresionante. Pero no importó, porque si James, sí quiero. Quiero saber quién eres en verdad y sobretodo, quiero besarte. Pero después, porque aunque sé que no lo haces para ganar, no quiero que lo hagas tan fácil. Aunque, ¿te cuento un secreto?. Ya lo hiciste con ésa mirada.