La magia y los personajes son de Rowling, yo sólo hago que se peleen a lo muggle en trescientas noventa y ocho palabras.

Esta historia participa en el minireto de Febrero de la Noble y Ancestral Casa de los Black que consistía en escribir sobre la rivalidad entre Cormac McLaggen y alguien más, en éste caso Ronald Weasley.


Salúdame a Hermione


─¿Y ahora qué? ─se preguntó Cormac cuando la voz en el elevador anunció que habían llegado al piso de Aurores. La recepción parecía haber sido víctima de un tsunami. El suelo mojado estaba cubierto de conchas marinas, algas, basura y muchísima arena.

«─Ojalá no sean ellos ─rogó con desgana pisando con cuidado para no ensuciar su túnica, pero sabía que era un deseo inútil»

Potter y Weasley salieron de la oficina del jefe de aurores con una sonrisa bobalicona y chocando las palmas, salpicando agua salada por todos lados. Cormac giró los ojos, por supuesto que eran esos dos, como siempre.

─McLaggen ─asintió Weasley notándole─. ¿Cómo van las cosas en… dónde estás?

─Hampstead ─dijo con los labios apretados─. Algunos de nosotros tenemos trabajo de verdad y no podemos corretear por la playa tras criminales de poca monta.

Ronald abrió la boca para replicar, pero Harry Potter negó con la cabeza y le puso una mano en el hombro. Ambos caminaron hacia sus cubículos mirando hacia atrás de vez en cuando y cuchicheando sonrientes.

─¡Salúdame a Hermione! ─gritó Cormac, volteándoles la sonrisa. No vio venir al borrón rojizo que se abalanzó sobre él y lo tiró al piso con una fuerza brutal─. ¿Qué rayos te pasa? ¡Quítamelo de encima Potter!

─¡¿Qué es esto?! ─el jefe salió de su despacho vociferando─. Levántense y explíquense ahora mismo ─Una lluvia de balbuceos y discursos enfurecidos salieron de las bocas de los tres magos, pero el jefe parecía no tener ganas de lidiar con aquello más de lo que le exigía el deber─. Potter, Weasley limpien éste lugar como habíamos quedado y McLaggen, entra.

─¿Es todo? ─preguntó indignado─. ¡Me han atacado señor!

─Y te has defendido mediocremente ─dijo el jefe en tono tajante─. Adentro McLaggen.

Una vez terminado su reporte sobre los asesinatos de Hampstead, Cormac dejó la carpeta sobre la mesa del jefe con aire satisfecho.

─Muchos informes y poca acción ─suspiró el hombre y limpió sus lentes con parsimonia─. Necesitas activarte un poco hijo. Una temporada con ésos muchachos y todos podrían beneficiarse. Merlín sabe que podrían usar tu disciplina.

Cormac tardó unos segundos en procesar a quién se refería, pero ya era demasiado tarde para replicar. El jefe lo miraba con ésos ojos penetrantes que parecían decir: "haz lo que digo o te haré sufrir más de formas inimaginables".

Cormac suspiró derrotado. Era hora de dejar la rivalidad de lado.


Nota de autora: Pues eso. Que la escuela me come y McLaggen no me inspira, pero no quería deshonrar a mi vaca. Además me encanta el Ron cromagnón.

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