La ministra


"Fuera Artemisa Lufkin"

Son las palabras que me recibieron el viernes siguiente a la toma de posesión de mi nuevo cargo.

En congruencia con esta semana de porquería al frente del Ministerio de Magia, alguien había decidido dejar un escrito de propaganda opositora en mi escritorio aquella tarde. En ocasiones como ésta era difícil saber si era un simpatizante queriendo informarme del sentir del ministerio o un rival amenazando con mudarse a Francia si yo continuaba en la oficina. Amenaza vaga si las había pues los muggles estaban en guerra con Francia hace años. Por si fuera poco el primer día de mi mandato se confirmó la rebelión de Irlanda contra la corona y tuve que visitar a mi muy desconcertada contraparte no mágica que esperaba a alguien menos... femenino -sus palabras no las mías- en estos tiempos de crisis.

No hay nada que drene más las ganas de vivir que una plática de cinco horas explicando a otro gobernante el por qué no puedes -ni quieres- apoyar sus esfuerzos bélicos. Estaba a punto de tornarse una cacería de brujas -de las más literales- cuando por fin aceptó que la nación no podía con tres frentes de guerra y dejó pasar el tema con un par de comentarios sobre la supremacía de las decisiones tomadas por hombres. Algo atrevido viniendo de quien tenía dos conflictos armados en sus manos.

Encima tuve que comparecer ante el Winzengamot, haciendo énfasis en la protección de nuestros magos y brujas irlandeses, rogando porque el sentimiento patriótico no los dominara. Era mucho pedir supongo.

Saliendo de la cámara del consejo, tomé atajos hacia el atrio intentando evitar a Séptimus Malfoy y su séquito cuando el grito más escalofriante de mi vida me hizo quemar un pedazo de mi túnica con las chispas involuntarias de mi varita.

Verme llegar a la escena con el cabello despeinado, la túnica humeando y la varita en alto tuvo que haber sido uno de los mejores días para todos mis detractores quienes con una inusual muestra de decoro no emitieron sonido alguno y dejaron que llegara hasta lo que sería la víctima más célebre de mis años como ministra: Noreen O'Sullivan.

Su crimen fue ser una aurora brillante, candidata a sucederme y apasionada irlandesa.

La rabia salió de mi boca en forma discurso de justicia impropio de una dama. Pero no era sólo una dama, era la ministra.


Nota de la autora:

Puede que mi historia tenga nombre de telenovela mexicana pero es lo primero que escribo en meses así que un poco de amor por favor.