Disclaimeh: Nada de esto me pertenece. La historia y algunos personajes pertenecen a ICU Gigasoft y al fangame Super Mario RPG: The Starlite Worlds.
Era un hermoso día en Ciudad Toad. Caían rojizas hojas por el castillo y sus inmediaciones. Los toads salían a la calle a pasear, a disfrutar del buen día. En la zona residencial, delante de una casa con el tejado quebrado, un fontanero con mono azul, camisa y gorra rojas y un buen cuidado bigote hablaba con un toad de lunares verdes. En el tejado, un hombre similar al fontanero, pero más alto, delgado y con gorra y camisa verdes, estaba mirando por el gran agujero que tenia el techo.
—Como podréis apreciar, mi tejado necesita bastantes reparaciones— apuntó el toad, llamado Toadstein. El fontanero asintió— ¡Suerte que puedo contar con el famoso Mario! Y... su torpe ayudante, supongo...
Luigi escuchó eso y se sobresaltó. No pensó que el toad pudiese ser tan descarado. Mario le dijo al toad que ellos eran fontaneros, no carpinteros, por lo tanto no podían ayudarle.
—¡Tris tras! Pues a mi me parece que es lo mismo. ¡Ahora haz algo útil y dale una herramienta a ese lacayo tuyo!— se dirigió al fontanero rojo.
Mario dudó un segundo, luego decidió tirarle un martillo que guardaba a Luigi, pero este no pudo cogerlo y cayó por el agujero. En un intento de atraparlo, Luigi se tiró tambien adentro.
Lo siguiente que se escuchó fue el sonido de unos muebles rompiéndose. Mario se alarmó y gritó el nombre de Luigi.
—¿Uh? ¿Qué es un Luigi?— preguntó confuso Toadstein.
Luigi salió cojeando de la vivienda, algo herido en su pierna.
—Voy a ver que ha pasado ahí dentro—informó Toadstein, antes de entrar a su morada.
Mario le siguió adentro de la casa y vio unos cuantos muebles rotos, un grifo inundado y las provisiones esparcidas por el suelo. Pero al parecer el toad verde se preocupaba por otra cosa.
—¡Mira! ¡Mis bloques tesoro están vacíos!— se quejó.
Efectivamente, así era. Los dos bloques flotantes que tenía habían quedado de un color marrón, simbolizando que no había nada dentro de ellos.
—¡Tengo que coger al ladrón antes de que se escape!— exclamó Toadstein.
Salió afuera, y se encontró con Luigi, quien procedió a darle una explicación al toad. Hablaba tan rápido que no se le entendía, y además no vocalizaba.
—¡Calla! ¡Calla, por favor! Casi no puedo entenderte. ¿Te has llevado mis objetos o no?
Luigi dejó entender que no sabía nada de eso. Toadstein se dirigió enfadado a Mario.
—Aun así, lanzarle un martillo a alguien ha sido una muy mala idea. Fatal, Mario.
El aludido se sorprendió. Era la primera vez en toda su vida que deseaba pegar a alguien por su estupidez.
—¡Y ahora me debéis tanto el tejado como mis cosas perdidas!
Luigi no pudo aguantarlo más. Se enfadó por completo, y si no hubiese llegado otro toad a la escena, le hubiese dicho unas bonitas cosas a Toadstein. El recién llegado se dirigió a los hermanos.
—Os estaba buscando. La princesa Peach requiere de vuestra presencia— apuntó el toad— Si no estáis ocupados aquí, por supuesto.
Los hermanos aprovecharon la oportunidad, y se alejaron poco a poco en distintas direcciones.
—¡EH! ¡VOLVED AQUÍ, VAGOS INÚTILES!— exclamó furioso el toad verde.
—Yo también me voy. Sólo me han envíado a llamar a Mario y a Luigi— el toad se marchó.
—Pero otra vez... ¿qué es un Luigi...?
Mario y Luigi se encontraban en el castillo de la princesa, en la sala del trono. Peach estaba junto al maestro Kinopio. Junto a ellos se encontraban dos toads de la fuerza defensiva champiñónica. Así se llamaba el "ejército" que tenía, aunque recibían muy malas críticas. Y eran demasiado ciertas...
—Muchas gracias por venir aquí tan rápido— agradeció la princesa.
—Veréis, parece que nos ha surgido un pequeño problema y estaríamos muy agradecidos si pudieseis colaborar. Miembros de la fuerza defensiva han informado de que se ha visto actividad sospechosa en las llanuras Champiñón— informó el maestro— seguro que no es nada, pero aun así...
—Así que sería maravilloso si fueráis a las llanuras Champiñón, justo al sur de la ciudad, para asegurarnos de que todo va bien. Puede que hayan unos cuantos goombas buscando pelea, pero eso no es ningún problema para vosotros, ¿verdad?
Mario afirmó con confianza, pero Luigi no estaba tan seguro. Hacía tiempo que no se embarcaban en una aventura.
—¿Entonces necesitáis un pequeño recordatorio de combate?
Mario negó, pero Luigi siguió insistiendo.
—Luigi parece inseguro de sí mismo. Una pequeña práctica no morderá. Llamaré a Goombatalla— respondió la princesa. Mario y Luigi se miraron confusos.
—Ah, no le conocéis, ¿verdad? Dejad que le llame.
Pero antes de que pudiera dar la orden, un goomba morado entró a la sala y fue junto a la princesa.
—Ah, Peachy-baby, qué pasa— dijo el goomba— ¿Qué necesitas?
—Lo de siempre, estaría bien— Respondió la princesa— este es Goombatalla.
—Solo es un apodo, no os confiéis— aclaró el recién llegado.
—Es un goomba al que pagamos para que enseñe a los toads de nuestra fuerza defensiva a luchar.
—Un grupo bastante decepcionante, si se me permite añadir— criticó el recién llegado.
—Estamos aquí mismo... — dijeron en bajo los toads, ofendidos.
—Muy bien— Goombatalla se dirigió a Mario y Luigi— ¡Enseñadme vuestra fuerza!
Estuvieron un rato entrenando y luchando con goombas cualquiera, perfeccionando sus saltos y sus golpes, hasta que decidieron parar. Ya se habían refrescado la memoria lo suficiente. Goombatalla notó que los hermanos parecían saber del tema mientras entrenaban, como si ya hubieran luchado antes...
—Creo que mi trabajo aquí ha terminado. Espero mi paga en mi buzón en dos días— Goombatalla informó, y luego se largó.
—Creo que los dos podréis apañaroslas. Volved aquí cuando acabéis, por favor— les rogó la princesa Peach.
Mario y Luigi salieron de la sala del castillo, listos para ir a comprobar que pasaba en las llanuras. Vieron a un goomba amistoso paseando por el jardín, y hablaron con él.
—Tíos, todos aquí me miran raro. ¡Ojala estuviera de vuelta en Villa Viciosa!
Mario recordaba aquel pueblo, hace tiempo tuvo una aventura que lo involucraba. Había tenido que recoger unos extraños objetos en forma de estrella, y con ellos vencer a un demonio.
Antes de salir de la ciudad, los hermanos pasaron por el área residencial a ver qué tal le iba a todo el mundo. Había un toad corriendo alocadamente por la plaza, y no parecía tener intentión de detenerse pronto. Mario vió un bloque "?" y lo golpeó. De él, salieron unos espaguetis. Los hermanos resistieron la tentación de comérselo y se los guardaron.
Toadstein se había encerrado en su casa y no mostraba signos de querer salir; Mario y Luigi tocaron su puerta. El toad miró por la mirilla y gritó:
—¡Mario y el otro no son bienvenidos aquí!— Respondió furioso Toadstein.
Eso hizo que los hermanos sintieran algo de resentimiento. ¿Pero qué otra cosa podrían haber hecho? El que no quería esforzarse por comprender era él. Asumieron que el tejado permanecería roto una buena temporada.
Fueron a la zona comercial a prepararse. Había tres tiendas de ropa y equipaje, cada una más cara y lujosa que la otra, una tienda de objetos comúnes y una de medallas. Aparte de las tiendas, había un puesto de cocina, con una toad atendiéndolo. También estaba el laboratorio del profesor Fesor, que no estaba en ese momento. Al lado había un gran agujero en la pared con una tubería ocupándolo, que llevaba a un subterráneo.
Entraron al establecimiento de objetos y compraron un par de champiñones, unas nueces goomba y una hoja koopa. Fuera de las tiendas había gente paseando con bolsas de la compra, y un toad en particular, de la fuerza defensiva, estaba llorando a torrentes. Los hermanos fueron a ver qué le pasaba.
—¡Condena y destrucción! ¡Eso es lo que predigo! Aunque nadie me cree... Todos piensan que estoy loco— el agorero siguió soltando lágrimas descontroladas en el suelo. Mario intentó consolarlo, pero fue en vano. No pudieron hacer otra cosa que irse.
Mario y Luigi se dirigieron a la salida de la ciudad para ir a las llanuras Champiñón del sur, pero un guardia toad de la fuerza defensiva no les dejó pasar.
—La fuerza defensiva champiñónica está usando las llanuras en este momento para entrenarse. Realmente lo necesitamos... Así que no se permite el paso en estos momentos. No me voy a apartar, ni siquiera por ti, Mario.
El fontanero le contó que la princesa les había ordenado inspeccionar las praderas, pero el toad siguió sin ceder.
—Aunque tengo mucha hambre de estar tanto rato de guardia... Me encanta la pasta, de hecho— informó el toad sin venir a cuento.
Entonces, al héroe se le ocurrió "sobornar" al toad. Sacó los espaguetis que había encontrado antes y se los ofreció al toad. Le dio pena despedirse de ellos.
—¡Oh! ¿Son para mí? ¡Muchas gracias! Me quitaré de vuestro camino— se alegró el toad. A continuación, hizo como prometió y se apartó, dejando vía libre. Los hermanos salieron de la ciudad y se encontraron a otro toad de la fuerza, solo.
—ESTÁBAMOS entrenando aquí. Pero entonces todo el mundo se cansó y se largó. La típica FDC.
Mario y Luigi estuvieron de acuerdo con el toad. Así no era de extrañar que recibieran tan malas críticas. Casi nadie en el reino Champiñón confiaba en ellos, y con razón. Pero apartaron esos pensamientos a medida que se adentraban en las llanuras. Lo único de lo que se arrepentían era de haber dejado ir aquellos espaguetis...
Sí, los de la FDC son unos inútiles. Y Toadstein aún más. (¿Qué es un Luigi, por cierto?)
A The Nightmare Knight, gracias por el review, intentaré mejorar algo :)
Bye!
