Blah blah disclaimer blah blah. Nada me pertenece.


Mario y Luigi corrieron ansiosos hasta donde se encontraba el profesor Fesor. Él había dicho que aquel objeto brillante era lo que andaba buscando. El profesor comenzó a explicar:

—Lo que acabáis de encontrar se llama Cristal Estelar.

Los hermanos dieron saltos de alegría ante tal hallazgo suyo. Pero pronto se percataron de que ni siquiera sabían qué era, y habían quedado como inútiles.

—¿Qué que es eso, preguntáis? La verdad es que tampoco yo conozco mucho de ellos, más que su nombre. Todavía estoy investigando. Pero mi hipótesis es que se trata de una gran fuente de energía que puede estar relacionada con la propia creación del mundo. Con mi nuevo Depositador de Esencias, he detectado señales de algún tipo de energía extraña en este lugar.

Aquel aparato se trataba de un mini-portatil con dos pantallas. El profesor señaló al bloque que tenía junto a él, que era similar a los que se habían encontrado Mario y Luigi en su camino.

—La energía que capté de este cristal es muy similar a la que emana esta extraña roca. ¡Vuestro Cristal Estelar y este bloque deben estar conectados! ¿Pero de qué forma...?

De repente, como si él propio cristal tratase de explicárselo, comenzó a flotar en el aire y se colocó encima de la roca brillante. En un abrir y cerrar de ojos, la roca desapareció como por arte de magia. El Cristal Estelar volvió a quedar inerte. Este hecho no pasó desapercibido ante nuestros protagonistas, que se sorprendieron instantáneamente.

—Tengo tanto que investigar... de vuelta en mi laboratorio... ¡Debo irme!

En menos que canta un gallo, el profesor salió disparado como un petardo de vuelta a Ciudad Toad. Pero los hermanos todavía tenían que ir al Castillo de Bowser. Decidieron quedarse el cristal hasta que averiguasen más sobre él.

El lugar donde se encontraban acababa en un callejón sin salida, así que dieron la vuelta. Recordaron que una roca igual que la que había desaparecido antes les bloqueaba el camino, así que intentaron volver a aquel lugar. Les costó algo de tiempo, por lo laberíntico que era el bosque, pero lograron regresar a donde se encontraba. Automáticamente, el Cristal Estelar desvaneció el gran bloque que les impedía el paso. Siguieron adelante, y allá donde iban el bosque seguía igual de confuso. Por el camino había aún más bloques, pero los hermanos no tuvieron problema usando el Cristal Estelar para hacerlos desaparecer. Ya no era necesario seguir la dirección del viento, ya que en ese área no había tanto, detrás de los bloques. Pero tampoco faltaban los comunes enemigos.

Después de un rato, los hermanos dieron gracias al cielo, pues vieron lo que, en este particular bosque, era el equivalente a un oasis en un desierto. Una tubería al subterráneo de Ciudad Toad, por la que instintivamente entraron.

Descansaron un poco, se zamparon un aperitivo (después de horas caminando en círculos por un laberinto, uno empezaba a tener hambre) y después volvieron por la tubería y continuaron su trayecto.

No tuvieron problemas de aquel momento en adelante: Ya a los enemigos los dominaban casi por completo, a menos que les asaltara un grupo y tuviesen que tomarse algún que otro champiñón. Eso sí: El aura fría y escalofriante del bosque les ponía los pelos de punta (o la gorra).

También había algunos desperfectos, que ni siquiera Mario y Luigi podían saltar. Pero cerca de ellos probablemente se hallara un bloque rosa, que los solía arreglar.

Cuando por fin se veía la luz del sol, los hermanos estaban ya ansiosos de salir al exterior. Pero, cómo no, no podía faltar un último obstaculo. Por si no tenían ya bastante con pegarachas, ahora apareció una gigante delante de sus narices y les asaltó. La pelea era inminente, pero ya estaban acostumbrados.

Mario, que era el más rápido, atacó primero con un salto potente. Luego le siguió su hermano golpeándola con el martillo. La cucaracha gigante expulsó una nube de humo ácido como contraataque, y los hermanos fueron intoxicados por ella. Vale, tal vez el combate no fuera tan fácil como pensaban... Los fontaneros iban perdiendo energía conforme pasaba el tiempo. Aun así, siguieron adelante. Mario y Luigi se pusieron de acuerdo y, una vez más, hicieron el "salto muelle". La pegaracha seguía sin venirse abajo, y todavía le quedaba tal energía que le bastó para saltar bien alto y después aterrizar causando un mini terremoto. Fue devastador para los dos hermanos, y combinado con el tóxico, ya casi no les quedaba energía.

Así que se tomaron un tiempo para recuperarse: se tomaron un fruto compartido y usaron una hoja koopa para recuperarse del veneno: se quedaron como nuevos. Pero la cucaracha titán no se quedo de brazos cruzados (o patas), si no que volvió a provocar otro terremoto. Ellos ya estaban recuperados, así que no les afectó tanto como el otro.

Y los hermanos atacaron esta vez con los martillos, dañando más que con un salto normal. La pegaracha estaba comenzando a debilitarse, pero los hermanos no habían visto todo de ella. Su próxima acción fue engullir a Mario (su lengua era muy larga). Lo masticó un poco y después lo escupió, pues parece que sabía muy mal. Eso sí, el fontanero rojo se desmayó del agotamiento (y de vergüenza).

Tan pronto como Luigi pudo usó un Champiñón 1-UP en Mario y se levantó listo para volver a combatir. Ya a la cucaracha estaba casi agotada, e hizo un último ataque con todas sus fuerzas: el mini-terremoto. También agotó a Mario y Luigi, pero hicieron un último esfuerzo y derrotaron a la gigante con otro ataque de martillo.

Sin nada que les bloquease el camino, los hermanos salieron del bosque con éxito... y todavía les quedaba caminito.

Y mientras Mario y Luigi continúan su viaje hacia el castillo de Bowser, otros asuntos están llevándose a cabo...


En un vasto desierto, conocido como Desierto Quesudo, a la entrada de un poblado de topos Monty... un paratroopa moreno con caparazón azul y un pinchón peculiar con caparazón verde están esperando a alguien. El paratroopa parece estar desesperado... mientras que el pinchón se está poniendo nervioso de estar con él.

—Hace tanto... Hace tanto... — el paratroopa musitaba estas palabras, queriendo decir algo... al pinchón le estaba dando vergüenza.

—Hace tanto... ¡CALOR! ¡CALOR! ¡CALOR!— lo soltó. Aunque ya era probablemente la décima vez que lo decía. Comenzó a flotar agitadamente. El pinchón no podía más.

—¡¿No puedes cerrar la boca aunque sea sólo por un minuto?! Plasta...

—¿Eh? ¿Quién ha dicho eso? No veo a nadie— preguntó el confuso paratroopa. Miraba y miraba a todos lados menos hacia abajo. Y no parecía estar bromeando... hasta que miró. Y le vio, al fin.

—Ah... eres tú. Es que eres tan pequeño que no podía verte.

—¡Qué insolencia! ¡Baja aquí ahora mismo y repítemelo a la cara!

—Em... no.

—Perro ladrador, poco mordedor, parece...

—¿Cuándo va a llegar esa vieja bruja de una vez? ¡Me estoy muriendo aquí!

—¡Eh! ¡Cómo te atreves a llamar de esa manera a Lady Kammy! ¡Muestra un poco de respeto!

—Ah, no sé, es que Lord Bowser siempre la llama así y a ella no la importa. Pensaba que eran términos amistosos o algo.

—... En fin. A diario, demuestras tu idiotez en cada ocasión, Kooprelier.

—Oye, ya, para de llamarme con ese nombre estúpido. ¡Es Kappin! ¡K, A, P, P, I, N! Al menos yo no intento quedar mejor añadiendo "títulos" a mi nombre— eso irritó al pinchón. Le dirigió unas palabras de vuelta.

—Sir Spinalot es un título honorífico y apellido de mi familia. Algo que a ti te importa un rábano.

—Más bien "Sir Asador"— replicó el paratroopa.

—... ¿Sabes? Eso ni siquiera ha tenido gracia, ni sentido.

—¡Kappin! ¡Sir Spinalot!— la voz de Kammy rugió por sus oídos. La bruja salió del pueblo montada en su escoba, y se detuvo frente a los dos "rivales".

—Lady Kammy, he esperado paciéntemente su llegada— Spinalot hizo una reverencia.

—Ah... Eso está... bien. Bueno. ¡Ya que nos hemos reunido los tres, aquí prepararemos mi plan para recuperar nuestro reino!— Kammy expuso. Los dos soldados se miraron confusos.

—Pero... ¿cómo haremos eso sin Lord Bowser...?— Kappin cuestionó— Conquistar cosas es lo suyo, sin éxito...

—Sí, estoy al corriente de ese hecho. Pero te estás olvidando de que yo soy la hermosa genio Kammy.

Los dos esbirros no pudieron evitar cuestionarse aquello en sus mentes. Sí, Spinalot también.

—Pues claro, Lady Kammy.

—Asumo que desconocéis el motivo de por qué os he convocado aquí, al Desierto Quesudo. Pues bien, dudo que simplones como vosotros hayáis oído hablar de esto, pero hay un legendario orbe mágico oculto en las profundidades de este desierto. El Orbe Bleu.

—Suena a cosa gorda— opinó Kappin.

—Se dice que incrementa extremadamente el poder mágico de su portador. Combinado con mis ya superiores habilidades, con esto podríamos recuperar el castillo. Seré capaz de romper el hechizo que ese necio de Kamort lanzó, y entonces podremos rescatar a Bowser y a todos los secuaces.

—Brillante. Muy brillante— halagó Spinalot. Pero Kappin cuestionaba el comportamiento del pinchón.

—Um... ¿es que te has dado de bruces contra la arena o algo?

—No, eso es ridículo... ¿Qué dices?

—Ah... ¡No, claro! ¡Es que eres un pelota!— le dijo aquello a la cara.

—¡¿Cómo?! ¡Eres un crío!— el Sir replicó.

—¡Silencio, vosotros dos! ¡No tenemos tiempo para escuchar vuestras sandeces!

—Mis disculpas, Lady Kammy.

—Mirad, de todos los secuaces miserables que escaparon del castillo, vosotros dos parecéis ser los más capaces. Por eso os he traído. ¡No hagáis que me arrepienta!— los dos se callaron inmediatamente— Bien. Ahora, entraremos en este poblado y hablaremos en nombre de Bowser para conseguir lo que queremos. Nos llevarán hasta el Orbe Bleu, por las buenas o por las malas. La gente escuchará historias de la valiente Kammy, salvando a su Lord... — pronunciaba estas palabras mientras se adentraba en la aldea.

—Um... ¿y si... como que... no saben quién es Lord Bowser?


¡Volvió la vieja bruja sobrevalorándose a sí misma! Y con un par de aliados muy peculiares... será divertido escribir sobre estos tres :)