Después de tanto tiempo, vuelvo a actualizar. Me ha dado mucha pereza escribir últimamente, pero me he acordado de esta historia, me he puesto a ello y he disfrutado, no sé como pude pasar tanto tiempo sin escribir :C Pero bueno, aquí os dejo con el séptimo capítulo.
(Nada me pertenece)
Los tres secuaces de Bowser entraron a la aldea de los topos, llamada Monterrey. El objetivo de Kammy era muy claro: Encontrar al ser que estuviera a cargo y ordenarle de parte de Bowser que les entregase el orbe. La bruja se detuvo ante un topo ciudadano para preguntarle dónde estaba su líder.
—Venimos de parte del gran Lord Bowser. Solicito hablar con vuestro alcalde.
—... ¿Quién es Lord Bowser?— el topo parecía confuso, ya que no había oído hablar de ningún Bowser en toda su vida. La anciana hechicera decidió que no les salía rentable seguir perdiendo el tiempo con este inculto, y siguieron andando.
El pueblo en sí no era realmente grande, ya que consistía en unas cuantas viviendas, un pequeño mercado y un edificio más grande que los demás. Kammy supuso que allí encontraría al jefe de los topos, así que la banda empezó a caminar en su dirección.
—¡Lady Kammy! ¡Kappin ha desaparecido!— Sir Spinalot llamó la atención de su superior.
—¿Cómo? ¡¿Dónde se ha metido ese cabezahueca ahora?!— Kammy estalló.
En efecto, el koopa había sido perdido de vista por sus compañeros y no lo veían por ningún sitio. Trataron de buscarlo por toda la aldea en vano. Preguntaron a los aldeanos, buscaron en callejones, pero el paratroopa no se encontraba por ningún lado.
—¡Al traste! ¡Sigamos sin él, Lady Kammy! No quiero seguir perdiendo más el tiempo. Tampoco se trata de una gran ventaja ahora mismo— Spinalot estaba al límite— Ya le buscaremos más tarde.
— ...¿Sabes? Creo que hasta tienes razón. Hablemos con el líder de estos topos estúpidos y ya decidiremos qué hacer con él— decidió Kammy.
Y así los dos fueron en dirección a hablar con el líder de los topos, aunque de paso decidieron comprar provisiones en la tienda del centro del poblado. Kammy se compró lo que le interesaba, y probó su tacañería cuando le dijo a Sir Spinalot que comprase con sus propias monedas, algo que al pinchón no le agradó en absoluto de la anciana bruja, pero que hizo igualmente por no disgustar a su "maestra".
Kappin estaba casi agotado, pero estaba dispuesto a recuperar la cartera que aquel desalmado lakitu le había robado a aquel inocente topo Monty. El paratroopa se había parado a hablar con un topo que estaba pidiendo ayuda, dejando a Kammy y a Spinalot atrás. Le preguntó cuál era su problema y vio que un lakitu bellaco le había robado la cartera, y el buen paratroopa accedió a ayudarlo. Además, si lo hacía, el topo le proporcionaría valiosainformación sobre el orbe que buscaban y así acabarían mucho antes. Y además, tendría una razón para fardar. Así que se armó de determinación y en un abrir y cerrar de ojos le arrebató la cartera al lakitu ruin, que escapó volando después de tal acto. Se sentía orgulloso de sí mismo, y bajó a tierra firme para devolversela al agradecido topo.
—¡Aquí tienes! ¡Y procura ir con más cuidado la próxima vez!— le advirtió Kappin, orgulloso de su acción— Y ahora, ¿podrías darme esa información que me prometiste...?
—¡MUCHAS GRACIAAS! ...Ah, sí, sobre eso... me temo que en realidad te mentí... pero... ¡te puedes llevar esto adios!— y con esto el topo le arrojó algo a Kappin y se sumergió en el suelo desapareciendo, dejando al koopa boquiabierto.
—¡¿Eeeeeeh?! ¿Acabo de salvar la cartera de un tío y todo lo que me ha dado ha sido... esto?— miraba en sus manos el objeto que le había dado el ya sumergido topo, una especie de artefacto extraño que parecía... seco.
Se puso a examinar el extraño artilugio que había recibido. Se trataba de una roca que a simple vista no tenía nada de especial, y Kappin dudaba mucho de que lo tuviera. De todas formas, decidió guardarla a buen recaudo. ¿Y qué haría ahora?, pensó. Podría ir a buscar él mismo el orbe, o tratar de preguntar por la aldea a ver donde estaban Spinalot y Kammy, o... Una voz lo sacó de sus pensamientos.
—¡Kappin!— se trataba de Sir Spinalot, quien había avistado por fin a Kappin cerca de su destino, la aparente ubicación del líder de la aldea. El pinchón, aunque le irritaba enormemente el koopa idiota, se sentía aliviado de haberlo encontrado sano y salvo— ¡¿Donde demonios estabas?!
-¡Hombre, Sir Títulos! ¡Cuánto tiempo!— exclamó Kappin, contento de ver a su viejo amigo— Estuve ayudando a un topo al que le habían robado. Dijo que tenía informaciónvaliosa sobre el Orbe Bleu.
—¿Hmm? ¿Y bien? ¿Qué te contó?— preguntó Kammy, curiosa sobre tal hallazgo.
—¡Pues el rastrero se largó tan pancho y me dio esta baratija!— sacó el artefacto que le había sido entregado.
—¡¿Cómo?! ¡Y tú le creíste! ¡Más idiota no se puede ser!— Spinalot estaba avergonzado.
—¡Bueno! ¡Tú deberías estar orgulloso de mi acción solidaria!— defendió el paratroopa— ¡Por lo menos yo no me dedico a jorobar los viajes!
—¡¿Que no?!
—¡SILENCIO, LOS DOS!— la bruja estalló— Kappin. ¿Serías tan amable de darme eso que te dieron?
El paratroopa obedeció y se lo entregó a Kammy, que inmediatamente se puso a examinarlo. Parecía que le había encontrado algo.
—Mmm... interesante. Juzgando por mi superioridad mágica y mi previo conocimiento de este desierto, creo que esta piedra podría ser la llave de algún lugar sellado por magia. Sugiero que la guardéis a buen recaudo. No creo que sea nada importante, pero nos conviene llevarla por si acaso— y con esto Kappin volvió a recibir la piedra, y la volvió a guardar.
—Bueno, banda, ¿y ahora que hacemos?— cuestionó con curiosidad Kappin.
—Pues para empezar, podrías mirar detrás tuya, paratroopa— señalo Kammy, y el koopa obedeció. Al darse la vuelta, vio una gran estructura de ladrillos desérticos que parecía una vivienda, una más llamativa que las del resto del lugar— Sí, ahí es adonde nos dirigíamos. Ha sido casualidad que te hayamos encontrado justo delante.
—Espera, espera, espera. ¿Entonces ibais a seguir SIN MÍ? ¿Pero qué clase de seres malvados podrían hacer eso? Me habéis roto el corazón...
—Sí, sí, por supuesto. Sé que no vas en serio, así que empieza a actuar normal y entremos ahí de una vez por todas— zanjó el pinchón, que quería proseguir lo antes posible.
—Jo. Eres un aburrido.
—Y tú un crío— no es que no le gustara Kappin, al contrario, era el que le daba un pequeño toque de humor a aquel trío de secuaces y por eso lo encontraba especial, pero es que había veces en las que no se tomaba nada en serio su trabajo, pensó Spinalot. Y quería hacer algo para remediar eso. Por supuesto, también sabía que él mismo se lo tomaba demasiado en serio, y tal vez debería hacer como el paratroopa café, buscar el humor en las cosas de vez en cuando. Si lograban alcanzar el equilibrio perfecto, estaba seguro de que se llevarían mejor.
Apartó la idea de su cabeza para más tarde, ya que ahora les tocaba hablar con el topo jefe, y eso procedieron a hacer.
Cuando Kammy y sus secuaces pusieron pie en el edificio, vieron a un considerablemente distinto topo, puesto que este tenía un tono más rojizo que los demás y era visiblemente más anciano. Su casa no era realmente muy distinta de las demás. De hecho, casi no había diferencia: todas las viviendas de este poblado eran extremadamente similares. Kammy alzó la voz y comenzó a relatar la situación al líder, aunque él no parecía que le estuviese prestando atencion.
—Considerando que tu apariencia difiere de la del resto de los demás, asumo que eres el jefe de este pueblo.
—¡Ah! ¿Quién ha dicho eso? ¿Hay alguien ahí?— el topo no era consciente de la presencia del trío, y estos se cuestionaron su comportamiento.
—¡Tal vez hay alguien justo enfrente tuya, no sé!- La hechicera informó.
—¿Eh? ¿Dónde?
—No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero parece que está ciego— informó Sir Spinalot al resto del equipo.
—Y yo me preguntaba por qué no huía de tu cara horrible, pero ahora todo tiene sentido— provocó Kappin.
—¡Prueba mi paciencia una vez más y veremos quién es el que huye!— contraatacó el irritado pinchón.
—¡SILENCIO, los dos!- Era de esperar que Kammy les tuviera que gritar para que cerraran la boca— Entonces... ¿eres tú el jefe o alcalde a cargo de este lugar?— el topo ya era consciente de su presencia, y les respondió por fin.
—Sí, soy el anciano Topo Monty.
—En nombre de Lord Bowser, te ordeno que me muestres el Orbe Bleu.
—¿El Orbe Bleu? Vale, parecéis buena gente. Está oculto en las Ruinas Requesonas. Uno de nosotros puede mostraros el camino, para evitar peligros— reveló el anciano.
El trío estuvo de acuerdo y parecía satisfecho, aunque Spinalot oyó a Kappin musitar "Ha sido demasiado fácil...". Pero un momento después, el topo siguió hablando.
—Espera, ¿has dicho "Bowser"?— preguntó, a lo que la otra anciana respondió que en efecto— Mmmm... en ese caso cambio de idea. He oído que es muy desagradable.
—Tan fácil, ¿verdad?— el Sir cuestionó.
—Era DEMASIADO fácil— el koopa razonó.
—¡¿Cambiado de idea?!— la bruja gritó.
—Sí. Podéis intentar encontrarlo vosotros mismos pero dudo mucho que consigáis atravesar las ruinas.- Desafió el topo.
—Sugiero que vuelvas a cambiar de idea o podrían haber terribles consecuencias— Kammy amenazó. Se sentía muy indignada con el comportamiento del ciego.
—...Pero parece que sois vosotros los que necesitáis mi ayuda— el anciano acababa de dejar a Kammy por los suelos— Pero bueno, tampoco voy a ser tan poco razonable. Diré a los guardias de allí que os dejen pasar, si vais a ir allí. Mirad, me estoy dejando la vida aquí sólo por vosotros así que apreciería un poco de gratitud.
—¡¿Dejándote la vida?! ¡Hace cosa de cinco segundos estabas ofreciéndonos un guía!— protestó Kappin.
—Bueno, las cosas cambian— respondió simplemente el ciego.
—Sugiero que nos larguemos de aquí antes de que las cosas se pongan más extrañas— propuso Sir Spinalot.
—Esta falta de respeto no será tolerada. ¡El Rey Bowser te meterá el respeto en tu cabeza él mismo!— volvió a amenazar Kammy Koopa.
—Muy bien. ¡Volved cuando queráis y que paséis un buen día!— se despidió jovialmente el anciano Topo Monty. Sin duda esta había sido una de las más extrañas experiencias que había tenido la anciana magikoopa hasta el momento. Surgió en su mente la necesidad de largarse de aquella basura de pueblo y no volver jamás.
Los tres secuaces del rey avanzaron presto hacia la salida de aquel lugar, pero de nuevo volvieron a entretenerse por culpa del estómago de Kappin, que había decidido ahora tener hambre, así que se paró a comprar algo en el establecimiento del centro del poblado, pero tenía en sus bolsillos muy pocas monedas en aquel momento, y pidió a sus compañeros, aunque como era de esperar no sacó nada de ellos. Kappin tuvo que gastarse el dinero justo para comprar un mísero champiñón, aunque le daba igual. Los champiñones le gustaban. Aunque juró a sus compañeros que se las pagarían. Literalmente.
Ahora sí, y sin ningún otro percance por el camino, el equipo de Kammy abandonó el pueblo Monterrey con esperanzas de no tener que volver jamás. Y también con esperanzas de que a Kappin no volviera a darle un ataque de calor. Eso sería insoportable.
Y aquí se acaba el capítulo. He intentado darle un toque más profundo a la historia y a los personajes, ya que me he dado cuenta de que sigo la historia demasiado, y en cuanto me quiero dar cuenta, voy por la mitad del capítulo y ya me he quedado sin tema para hablar.
No se si lo habré hecho del todo bien. XD
¡SALUDOS!
