Bueno, parece que ya se está convirtiendo en una costumbre esto de actualizar una vez por año. Lo siento de veras a los que seguís la historia, aunque no sea un número muy elevado, pero intentaré actualizar más seguido.

Nada me pertenece. Esta historia pertenece al fangame "Super Mario RPG: The Starlite Worlds", de ICU Gigasoft.

Nota: He modificado los capítulos anteriores. Lo más llamativo es que he cambiado los guiones (—), pero también he hecho otros arreglos.


Kammy, Sir Spinalot y Kappin salieron del pueblo con el objetivo de encontrar las Ruinas Requesonas y conseguir el Orbe Bleu. Sus ojos observaron el enorme desierto e inmediatamente se pusieron en marcha. Como el líder de los topos se negó a darles un guía después de todo, tendrían que recorrer el desierto a ciegas, pero estaban convencidos de que podían hacerlo.

Como en cada área del reino Champiñón, no faltaban los numerosos enemigos que intentaron atacar al equipo de Kammy, pero la bruja y sus secuaces no tenían ningún problema en vencerlos: al fin y al cabo eran de los mejores soldados de Bowser. Entre las criaturas del desierto se encontraban pokeys y taladrejos, unos cangrejos con un taladro que propinaba golpes bastante dolorosos. Kappin atacaba a los Pokeys con patadas voladoras y Kammy y Spinalot se ocupaban de los taladrejos, la primera con sus ataques mágicos y el segundo atacando con su caparazón.

Cuanto más se adentraban en el desierto, más calor hacía. Spinalot y Kammy rezaban para que Kappin no explotara pronto y encontraran las ruinas lo antes posible, pero sucedió lo inevitable.

—No puedo aguantar más... ¡HACE DEMASIADO CALOR! ¡¿Cuánto falta para llegar a esas ruinas?! Me va a dar un ataque al final. No querréis eso, ¿verdaaad?— el koopa café estaba a punto de estallar.

—¡Seguro que yo tengo más calor que tú!— Spinalot se giró para responder a Kappin— Mi caparazón es más pesado, al menos tú eres más ligero.

—Lo que hay que aguantar— suspiró Kammy. Ella no lo admitió, pero también estaba comenzando a hartarse. Pensó que quizás la parte más difícil de aquella misión era aguantar el calor del desierto.

—Oye, Kammy, ¿y no tienes ningún hechizo o algo que haga que podamos ir en tu escoba?—preguntó Kappin.

—¡Para ti soy Lady Kammy!… Y no, sois muy pesados y no cabríamos todos en la escoba— mintió Kammy. Realmente sí tenía ese hechizo y lo demostró cuando lo usó con el Rey Bowser, pero no iba a malgastar su poder mágico en estos dos inútiles, simplemente no merecía la pena.

—¿Seguuro?— Volvió a preguntar el paratroopa.

—Lady Kammy, por favor, se lo imploro— Hasta Spinalot estaba ya al borde del agotamiento. Kappin soltó una leve carcajada y el pinchón lo confrontó— ¡Para de reírte, que tú estás igual que yo!

—¡Callad y escuchadme!— gritó la magikoopa de repente— Se supone que habéis sido entrenados para aguantar este tipo de situaciones, y en vuestra vida como esbirros seguramente tendréis que enfrentaros a circunstancias peores. Así que parad de quejaros y simplemente seguid andando.

Con ese pequeño discurso Spinalot recuperó la compostura.

—¡Sí, Lady Kammy!

—Pero seguir andando no va a librarnos de este calor.

—¡Que te calles ya!

—Vaale, vaale. Vaya tío.

Y siguieron andando. Era lo único que podían hacer, tratando de evitar a los enemigos por el camino. Pero entonces a Spinalot se le ocurrió una idea.

—Oye, Kappin. Me acabo de dar cuenta de que no tenemos ni idea de a donde estamos yendo.

—Pues a las ruinas estas, ¿no?— respondió el paratroopa.

—Pero me refiero a que el alcalde no nos ha dado ningún tipo de direcciones ni indicaciones para encontrar las ruinas. Por lo que sabemos podríamos estar andando en círculos— Spinalot tenía algo de razón ahí.

—¿Y qué quieres que haga yo? No tengo un mapa en mi cerebro.

—¡Pues podrías ser de utilidad y usar esas alas que tienes para volar y ver si al menos nos estamos acercando!

—¿Quéeeee…? Jo, que lo haga Kammy, qué pereza. Ella tiene una escoba…

—Tienes que estar de broma. ¡No pienso pedirle que haga eso! ¡Es muy peligroso, imagina que la atacan en el aire!

—Ah, pero si me atacan a mí da igual, ¿no?

—¡No, eso no es lo que…! Ah, da igual. No puedo razonar contigo.

—Veenga, lo haré porque soy un buen paratroopa. Me debes una, ¿eh?

En cuanto Kappin hubo pronunciado estas palabras salió escopetado hacia el cielo, para visualizar el terreno como había dicho Spinalot. Kammy lo vio, pero no le dio importancia, pensó que el koopa simplemente se aburría. Pasaron unos segundos hasta que Kappin dio buenas noticias.

—¡Eh! Por allí veo algo… muy grande. Y creo que hay una puerta para entrar. ¡Creo que acabo de encontrar nuestras ruinas!— dijo alegremente.

—¿Y hacia dónde vamos?— preguntó el pinchón.

—Mejor seguidme, no quiero gastar más saliva que me voy a deshidratar.

Pues entonces cállate ya…

—¡Kappin, llévame inmediatamente a esas ruinas!— ordenó Kammy.

Yo también existo…

Kammy y Sir Spinalot comenzaron a seguir a Kappin a donde el paratroopa les conducía, y el resultado fue que los tres acabaron enfrente de un edificio… en mal estado. No cabía duda de que eran las ruinas que tanto habían buscado. Dos topos custodiaban la entrada, pero en cuanto vieron a los tres esbirros de Bowser se quitaron de en medio, por órdenes de su alcalde. El Orbe Bleu les aguardaba…


Al fin estaban allí, en las Ruinas Requesonas. El ambiente estaba… en ruinas. Las ruinas… estaban en ruinas. La arena abundaba en todos lados, las paredes podrían caerse en cualquier momento y nuestros secuaces de Bowser tendrían que tener cuidado de no ser aplastados por el camino. También había bastantes enemigos merodeando por el sitio, parece que el Orbe Bleu estaba custodiado.

Y si fuera de las ruinas hacía calor, esto ya era peor que el infierno para el paratroopa café.

—Pues ya hemos llegado… ¡AAH! ¡Aquí hace aún más calor! Espero que el Orbe este pueda refrescar el cuerpo porque si no de aquí no salgo— se quejó Kappin.

—Deja de exagerar, Kooprelier. Yo estoy mucho peor, con mi caparazón encima, y aquí sigo.

—¡Callaos de una vez! ¿Cuántas veces tendré que repetirlo durante este viaje? Estamos en una muy importante misión para rescatar a lord Bowser. ¡Comportaos como los secuaces de élite que se supone que sois!

—¡L-lo siento, lady Kammy!— se disculpó Spinalot.

Juro que en cuanto acabe esta misión deserto del ejército este…

—¿Has dicho algo?— preguntó Kammy.

—¡No no, nada! Je je…

—Lady Kammy. Algo muy grande nos bloquea el paso— remarcó Spinalot.

—¡Tendré mucha edad ya, pero no estoy ciega, majadero!

En efecto, algo les bloqueaba el único paso que continuaba por las ruinas. Se trataba de una especie de Roca Picuda gigante totalmente inerte y sin ninguna forma de ser rodeada.

—¿Y ahora qué hacemos?— preguntó el koopa.

—¡Pensad en algo, inútiles!— Ordenó la bruja.

Sí, porque tú no tienes ninguna solución, hermosa genio… musitó el otro para que Kammy no le oyera. De repente, la roca cobró vida.

—Mostradme la esencia del desierto mismo, y os dejaré pasar— recitó la dura piedra.

—No, acertijos y puzles no… ¡Soy pésimo en esto!— declaró Kappin.

—No me extraña… ¿La esencia del desierto? ¿Que podría ser la esencia del desierto?— se preguntó Sir Spinalot.

—¡EL CALOR!

—¿La arena?

—¿Y por qué no… la sequedad?— dijo Kammy, después de pensar un momento.

—¿Seco? ¿Tenemos algo seco con nosotros?

—Yo tengo esa cosa que me dio el topo del monedero que me engañó— Kappin sacó la roca a la vista de todos— ¡No me digáis que no parece seca!

—Es la piedra imbuida con magia… ¿Y si esto es la llave? ¡Kappin, muéstrasela, rápido!

—Vale, vale, ya vooy.

Kappin hizo como le ordenaron y levantó la piedra ante la roca picuda, y esto causó una reacción, pero no la que esperaban.

—Esto no es suficiente— informó la roca.

—¡¿Cómo que no es suficiente?! ¡No vas a ver algo más seco en todo el desierto!— dijo Kappin.

—Mmm… Ciertamente esperaba que esto ya fuese la solución. Necesitamos algo más seco. Pero yo no llevo más cosas secas. Más os vale tener algo…

—¿Me ves cara de llevar cosas secas así como así en el caparazón?

—¡Un poco de respeto, mocoso!— ordenó la bruja.

—Eh… Acabo de acordarme de que sí que llevo algo seco encima— dijo Spinalot.

—¡¿Y a qué estás esperando?! ¡Sácalo, que no tenemos todo el día!

—Eh… vale…

Lo que sacó Spinalot sorprendió sobremanera a los otros dos miembros del grupo: Un champiñón seco, pero no seco sin más. Era el champiñón más seco que los tres habían visto en su vida, y seguramente el más seco que verán.

—Supongo que esto valdrá.

—Vamos a intentarlo, pero antes… Di, ¡¿qué narices haces llevando champiñones secos encima así porque así?!— exigió saber Kappin.

—¡No es de tu incumbencia, idiota!

—Nunca volveré a verte de la misma manera…

—¡Callaos y dame eso, ya he tenido suficiente de vuestras tonterías!

Y antes de que la bruja les diera tiempo para disculparse por enésima vez, levantó tanto la roca seca como el champiñón seco, y esta vez parecía funcionar. Sin mediar alguna palabra más, la roca picuda se desvaneció sin más.

—¡Buen trabajo, lady Kammy!— halagó, como siempre, Spinalot.

¡Pero si ella no ha hecho nada, hemos sido nosotros los que han puesto los objetos!— dijo el koopa.

—¡Venga secuaces, sigamos! Esto sólo acaba de empezar, nos queda viajecito.

—No creo que sea para tanto.

El grupo resolvió el puzle que les prohibía la entrada a las ruinas, y lo que les dio la bienvenida fue un camino recto, que invitaba a los tres a seguir por él. Al final del camino... un vacío.

—Bueno, esto es un problema... para alguno de nosotros, claro...

—Muy gracioso, Kappin. Ahora si eres tan amable de cogerme y llevarme al otro lado...

Kammy ya habia cruzado el abismo, sobrevolándolo con su escoba. Kappin se había quedado hablando con Spinalot... Otra vez la retrasaban, pensó. Tal vez se había equivocado escogiendo a estos dos... Pero eran de los únicos secuaces decentes que escaparon del castillo antes de que Kamort lo tomara. Supuso que solo podía resignarse. No eran tan malos, pero eran demasiado inmaduros. Después de la misión tendrían que someterse a un entrenamiento más duro.

—¿Me vas a llevar o no? ¿Tendré que esperarme aquí hasta que hayáis encontrado el orbe?— Spinalot insistió.

—Madre mía, como dependes de mí, ¿eh? Antes lo de buscar las ruinas y ahora esto.

—¡Pero si lo de antes no era solo por mí!

—Pues tienes razón. Venga, ven aquí, ¡pero como me pinche te suelto!— al fin Kappin accedió.

—Sí, ya.

"Por fin," pensó Kammy.
Kappin agarró a Spinalot por los lados para no pincharse con su caparazón. Podría parecer que no, pero el pinchón realmente pesaba. Lo llevó por encima del abismo, pero sus manos resbalaban un poco. Spinalot estaba asustado, realmente no quería poner su vida en manos de aquel patoso... literalmente. Todo iba de maravilla, hasta que Kappin se pinchó. Soltó un leve grito y su mano herida soltó a Spinalot, pero la otra lo seguía agarrando. El pinchón acabó colgando de Kappin y deseando que se lo tragara la tierra.

—¡Kappin! ¡Ten más cuidado, casi me matas!— advirtió.

—¡Pues no lleves pinchos en el caparazón! ¿De qué sirven, si sólo te dan más calor, seguro?

—¡Para que si un día me encuentro a Mario no me reviente de un salto!

—Sí, bueno, ¿qué prefieres, que te reviente Mario o caerte por aquí?— demandó Kappin.

—¡Prefiero que te calles ya y me lleves al otro lado!

—¿Cómo se pide?

—...Por favor.

—Que era broma, hombre— Kappin se rió.

El koopa al fin llegó al otro lado y soltó a Spinalot tan rápido como le fue posible. El pinchón no olvidaría jamás la vez que se colgó de un paratroopa y estuvo a punto de... estirar la pata.

—¿Por qué habéis tardado tanto, idiotas?— preguntó indignada Kammy.

Ninguno de los dos respondió.


Bueno, nada importante en este capítulo, Spinalot casi muere y tal, pero ya está. (?)

No prometo que el próximo capítulo no sea en 2018 pero uno puede soñar.

Bye!