Love Live! No me pertenece, es de sus respectivos autores.
Aún recuerdo las flores caer de los árboles de cerezo en esa tan esperada temporada para los enamorados; danzaban en el vaivén del viento sin importarles quienes estuvieran cerca suyo. El cálido sol apenas estaba tocando el alba a finales de marzo, incluso aun el fresco del invierno era palpable en los pómulos de las personas que osaban salir a la intemperie de la gran ciudad de Hokkaido.
Un extraño sentimiento de nostalgia inundaba el aire relente de la noche pasada, con el sol apenas acariciando las puntas de los árboles y paseando lento por el pavimento del parque, la vista acogedora del roció matutino del pasto me parecía interesante aun a mis seis años de edad.
¿Qué hacía a esa hora y a esa edad afuera de mi casa? Mis padres no estaban, pasaban la mayor parte de su tiempo en los hospitales debido a que son jefes de dichos lugares, solo había una persona que me cuidaba, Saikawa-san, una ancianita que se movía con un bastón y cada vez que gritaba su cabello canoso se movía al compás. No era difícil esquivarla y salir a donde yo quisiera.
Era mi manera de llamar la atención de mis padres, iba a casi cualquier parte que mis pequeños pies me permitieran, no había lugar que no conociera de memoria y ese parque no era la excepción.
Mis padres, pese a que sé que aman, no solían prestarme la atención que una niña de mi edad necesita. Nunca se enteraron de mis escapadas, bueno, solo ese día en el que me quede embobada viendo el roció matutino.
-Me gustaría que mis padres vieran esto conmigo- admire con una mueca las flores de cerezo- aunque dudo que quieran hacer un espacio en su agenda para pasar tiempo con su hija- ironice mis palabras al poner los ojos en blanco.
Estaba tan abstraída en mis pensamientos que no note la presencia de alguien detrás mío, solo cuando esa persona comenzó a hablar.
-Pienso que es una temporada hermosa –comento esa voz calmada y al instante me gire de un salto para verlo.
Al verlo, no era nada del otro mundo, a decir verdad. Un niño un poco más bajito que yo, su cabello era de un azul como el cielo nocturno o eso me parecía a mí por la iluminación del momento, su piel era un tanto morena, ojos marrones y era algo espelto en su complexión. Ese niño se limitó a sonreír de manera amable cuando lo mire con sorpresa.
-Se dice que la tradición del Hanami viene de unos agricultores que pensaban que los dioses anidaban en sus flores –señalo uno de los árboles y por inercia observe con atención lo que marcaba- cuando estas flores se encontraban en su tono más rosado y estas estaban listas para florecer, los agricultores pensaban que los dioses bajaban a la villa y se convertían en arrozales, ese era el momento idóneo para plantar –bajo su dedo índice y por inercia también baje a mirada yo también- ¿Qué te parece? ¿interesante? –pregunto con una cálida sonrisa.
No entiendo porque sentí en ese momento un escalofrío en mi cuello ni tampoco porque mis mejillas se tornaron un poco coloradas. De lo único que pude estar segura en aquel entonces, es que no quería mostrarme débil frente a nadie, y eso para mí era una debilidad.
-No sé porque debería de importarme –desvié la mirada despectiva y me cruce de brazos- dices puras cosas extrañas.
-¿Eso crees? -soltó una pequeña y tenue risita- yo pienso que saber este tipo de cosas es importante en estos casos –dio un paso hacia adelante y con esa sonrisa extendió su mano- ¿Qué tal si me permites enseñarte algo mejor?
Les juro que no tenía pensado hacerle caso, incluso por mi mente paso la idea de darme la media vuelta e irme a mi casa para ver unas caricaturas. Pero, así como mis mejillas se tornaron sonrosadas por esa sonrisa, algo había en esos ojos marrones de cachorro que no me permitían negar su petición.
Así que torpemente asentí y el imito mi acción.
-Vamos entonces –tomo mi mano derecha y tiro de ella para guiarme- te prometo que te gustara.
No conteste, únicamente me limite a seguirle el paso, viendo su espalda en el proceso y el cómo sus cabello azules se movían al compás del viento.
o-o-o-o-
Si hago una cuenta atrás de lo que paso ese día, y si alguien hubiera intentado decirme lo que pasaría, en definitiva, les diría que está loco o algo parecido.
En mis distracciones con el paisaje, no note cuando llegamos a un pequeño quiosco en medio de ese parque donde estaban los arboles de cerezo.
- ¿Qué hacemos aquí? -pregunte al no entender porque me había llevado a ese lugar tan común.
-Te voy a mostrar algo que no olvidaras –apretó su agarre de mi mano y tiro para llevarme detrás del quiosco- mira, mira –que hablara tan entusiasmado me hizo querer ponerme al lado de él y ver con cuidado lo que tanto señalaba con su mano libre- ¿no es bonita?
- ¿Uh? -alce la ceja y ladee la cabeza cuando vi unas pequeñas flores purpuras que estaban en un hueco debajo del quiosco- ¿Qué son?
No entendía y ni tampoco sabía nada de flores. Pero esas tenían una forma muy singular. Sus sépalos eran como de 11 a 14 mm, con un margen algo estrecho y fino, de color verde; sus pétalos eran parecidos a un rehilete, le daba un toque estético y atractivo.
-Son Alhelí -dijo con un tono alegre- de seguro no lo sabes, pero estas flores y más de este color, no son comunes en este tipo de lugares y menos con el clima de este lugar –aun sujetando mi mano, se agacho y tomo una de esas flores del tallo para arrancarla y extenderla hacia mí- vamos, huele.
Fruncí el ceño y tras suspirar tomé la flor- eres un niño raro –él se limitó a reír- ¿tus padres no te han dicho que tienes problemas mentales o algo así?
-Eso no quita que sea el más cuerdo –se encogió de los hombros en la espera de que oliera la flor.
-Si tus ojos hablaran, ya estarían gritando –negué con la cabeza y me dispuse a hacer lo que me pidió- a ver – acerqué la flor a mis fosas nasales y el olor de inmediato me hizo estremecer.
Era simplemente un aroma exquisito, uno que te hacia vibrar en el mismo instante en el que este pasa por tu conducto nasal. No sabría decir si era por su dulzura o por lo hechizante de su aroma lo que me hacía estremecer.
- ¿Te gusto? -asentí de manera tímida ante su pregunta- me alegro. Descubrí estas flores cuando caminaba por aquí -se giró para ver las flores que quedaban aun en la tierra- en veces les pongo agua o algo de abono que le pido a mi mamá. A ella le encantan las flores.
- ¿Y.… porque no las planta ella? -pregunte con cierta timidez. Aun me encontraba bajo los efectos de esa planta, claro que no era por el niño sonriendo enfrente de mí.
-Lo hizo, pero planto unas blancas, dijo que después plantaría las violetas –volvió a mirarme y di un pequeño saltito de la impresión- ¿Por qué fue eso? -una sonora carcajada vino a continuación de su comentario.
- ¿C-cual salto? -antes de todo, soy una mujer digna y no iba a permitir que nadie me avergonzara- n-no sé a qué te refieres –con mi mano libre enrolle un mechón de mi cabello.
-El que acabas de dar, señorita -soltó otra carcajada y mientras hacía eso, yo me iba sonrojando cada vez más- eres muy graciosa.
- ¡N-No lo soy! -con ese grito más agudo que un pajarito recién nacido, ni yo misma me hubiera creído.
-Así menos –poco a poco su risa fue cesando hasta que fue ocupada por esa amable sonrisa que estuvo blandiendo desde que lo conozco- ¿Qué tal si te traigo algo de agua? Eso puede ayudar a que te relajes.
-N-No gracias –continúe enrollando y desenrollando ese mechón de mi cabello hasta que su mano tomo mi juguetona mano- ¿ah?
-Solo tardare un momento, te prometo que no tardare mucho, ¿sí? -hay estaba de nuevo ese encanto que me hacía caer rendida a sus pies y hacer lo que él quisiera- tomare eso por un sí. Sera rápido, hay un puesto abierto a esta hora –que soltara mis manos me dio un extraño sentimiento de vacío, no se sentía agradable si soy sincera- no te muevas, ¿sí? -se dio la media vuelta y se fue corriendo tan rápido como pudo.
Vi su espalda alejarse hasta que dejé de vislumbrarlo. Entonces me acomode la falda del vestido y tome asiento en el piso al lado de las flores.
- ¿Por qué se siente tanto frio ahora? -mire mis manos con cuidado. No parecían estar heladas pese a la temperatura que había, pero existía un sentimiento que no podía explicar aun- ¿Por qué duele? -con cuidado coloque ambas manos sobre mi pecho y al apretarlo ese sentimiento creció un tanto más- No entiendo nada.
Con mis manos sobre mi pecho, mire de nueva al cielo que ya se tornaba anaranjado, quedaban pocas horas para que el día comenzara y eso significaba que mis padres estarían en casa. Pero, ¿eso en verdad me importaba? ¿les importaba a ellos? Podía jurar que no, que ellos ni se acoraban que tenían una hija a la cual cuidar y amar. Era como si estuviera sola en el mundo, un mundo que pronto seria cruel conmigo y no tendría piedad con mi persona.
-No es justo, no es para nada justo –me abrace de mis rodillas, recordando todo ese rencor que le tenía a mis padres- ¿Por qué tengo que ser yo la que se quede sola? -cuanto estaba a punto de llorar, de liberar todas esas sensaciones destructivas, una presencia hizo aparición enfrente de mí.
-Hey –esa voz calmada de nuevo me hablo cuando recordaba algo triste- mira, se te cayo esto –alce la mirada poco a poco, ese niño se encontraba de cuclillas con una liviana y nostálgica sonrisa- se te cayo esto –repitió al mostrarme su mano, en ella había una mariposa inerte.
Negué una y otra vez con la cabeza- no lo es –apreté los puños de la impotencia y tristeza que sentía. Esa mariposa de alas grises y moteado negro se había quedado sin vida, así como yo cada día. Nunca volvería a volar.
-¿Estas segura? -ladeo inocentemente la cabeza y de nueva cuenta negué- es una lástima que no sea tuya, es muy bonita para no tener dueño –alzo un poco su mano y acerco su cabeza a ella- pero es momento de que se vaya a un mejor lugar –dio un pequeño soplido y en un dos por tres la mariposa comenzó a aletear y se alejó de nosotros como si nada hubiera pasado- ¿no es magnífica la manera en la que vuela? –su mirada divago entre la mariposa que volaba lejos de nosotros a mí.
-Yo… -me quede sin palabras.
¿Qué se puede decir en esos casos? Al principio quería llorar por lo que he pasado con mis padres, pero ver esa mariposa y los gestos del niño peliazul, tuve varios pensamientos relacionados con la libertad y el no darse por vencida. Pero a esa edad que tenía, aquellos pensamientos me parecían raros y no míos.
- ¿Estas llorando? –pregunto el con amabilidad y de inmediato me limpie esas rebeldes lagrimas que comenzaban a surcar por mis mejillas- déjame ver –de su bolsillo trasero saco un pañuelo y con el limpio esas lagrimas involuntarias.
Me odie por mostrarme así enfrente de él, débil y llorona, algo que no mostraba ni siquiera con mis padres. ¿Por qué con el sí?
-No deberías de reprender tus lagrimas –su mano derecha tomo la mía y la acaricio suavemente- dicen que las lágrimas son las puertas del alma y que si las guardas, estas se quedaran para siempre para consumirte por dentro –al terminar de limpiar los estragos de mi sollozo, su otra mano tomo mi mano restante- Así que llora las veces que quieras, prometo no decirle a nadie que te vi hacerlo, ¿sí?
-Y-Yo… -de nueva cuenta las lágrimas volvían a inundar mis ojos- ¡E-es que no es justo! –solté el más tremendo y gran grito, y el mar de llanto salió al exterior.
Todos esos sentimientos que había estado guardando, se fueron como si nada al exterior con sus simples palabras. Aquello había sido magia, de eso estaba segura, nadie podía tener un poder tan fuerte como para hacerte soltar todo lo que escondías en tu corazón.
Lo hice, lloré todas esas lagrimas guardadas en mis cortos años de vida, el niño peliazul únicamente me miraba paciente, sus manos nunca abandonaron las mías, aunque yo las apretaba a mas no poder. Deje ir esa ira que tenía por mis padres, el cómo me sentía abandonada, la molestia que era mi nana, la gente de clase alta, todo eso lo deje ir en cada gimoteo.
¿Cuánto tiempo llore? Perdí la cuenta después del tercer minuto. De lo que sí puedo estar segura, es que cuando pare de llorar, la sonrisa cálida del niño fue lo primero que divisaron mis enrojecidos ojos.
- ¿Mejor? –tímidamente asentí con la cabeza- me alegro, de veras –soltó mi mano izquierda y su pañuelo que descansaba en su palma limpio los restos de mi llanto- las damiselas solo deben de llorar enfrente de un caballero que pueda limpiar sus lágrimas con un pétalo de rosa –rio livianamente- pero a falta de eso, tendré que limpiarlos con este pañuelo indigno de tus tersas mejillas, ¿eso está bien?
Que preguntara esas cosas con esa actitud tan tranquila, me causo un escalofrío de nueva cuenta- S-si –trague saliva al momento de hablar. Sí que era difícil contestarle cuando esos ojos se posaban sobre ti.
-Me alegra saber que no he perdido mi encanto –al terminar su labor, se levantó y por consecuencia de que nuestras manos seguían juntas, me levanto en el proceso- será mejor guardarlo y lavarlo después, ¿no?
-No… -rápidamente tome su pañuelo y lo abrace contra mi pecho- Y-yo… yo lo lavare y te lo entregare, ¿s-si? –él se sorprendió por mi repentina actitud. Y no lo culpo, ni yo lo esperaba.
¿Qué no es normal que si ensucias un pañuelo tienes que devolverlo limpio? Es algo que mi madre se había encargado de enseñarme casi desde la cuna.
- ¿Estas seguras? –asentí rápidamente y muy nerviosa, desvié la mirada para que él no me viera- Entiendo –su voz serena hizo aparición- si vas a tener mi pañuelo, creo que sería justo que me presentara, ¿verdad? –al escuchar un pequeño ruido o más bien un crujido, mire en la dirección de ese niño y mi sorpresa fue encontrarlo hincado.
- ¿Pero ¿qué? –con su mano derecha sujeta a la mía, alzo la cabeza con una espléndida sonrisa- ¿q-que haces?
-Mi nombre es Sonoda Umi- aunque ignoro mi pregunta, ese tono de voz lo hacía ver maduro aun a su edad- es un placer conocerte. Sé que es repentino, pero espero que nos podamos llevar mejor, aunque primero me gustaría conocer tu nombre –con elegancia sus ojos marrones interrogaron a mis amatistas.
-P-pues… -carraspeo un poco para salir de ese hechizo que solo él hace de manera inconsciente- N-Nishikino, Nishikino Maki –hable con un pequeño hilo de voz.
-Es un placer conocerte, Maki –que digiera mi nombre, solo intensifico ese sonrojo que ya estaba apareciendo lentamente- a partir de hoy, seré el que cuide de tus sueños y proteja tu futuro –sin levantarse del piso, su fuerte promesa me hizo estremecer.
Con esas palabras, incluso el viento se movió sobre sus pies hasta llegar a su cabello para hacerlo bailar con él. Fue cuando me di cuenta del color verdadero de su cabello con los primeros rayos amarillos de la mañana: azul marino.
Raras y confusas palabras viniendo de un niño de apenas siete años de edad. No entendí por qué o la razón de sus palabras. Pero me hacían sentir feliz de una manera inexplicable, su sonrisa me era sencillamente encantadora al igual de esa manera tan suya de manejar la situación.
Claro que había quedado impactada por su forma de ser y más cuando se levando, y apretó el agarre de su mano contra la mía, alegaba que ya era momento de que volviera a mi casa.
- ¿Ya? –alce la mirada y observe como el claro azul ya se comenzaba a apoderar del cielo- el tiempo se va volando.
-Eso pasa cuando te diviertes –tiro de mí y dio unos pasos hacia adelante- te quiero ir a dejar a tu casa, ¿es problema para ti? –negué y el asintió en respuesta- te sigo en ti.
Sin esperar más continuamos caminando. Tal vez, en otra circunstancia, esto no sería normal y de verdad no lo era. Pero, esa sonrisa y esos ojos, provocaban que hiciera las más estúpidas locuras que jamás pensé realizar. Él no sabía de mi relación con mis padres, aunque a esa altura podía intuir que se daba una idea y por eso no pregunto. Esperaba que yo le hablara del tema, pero por el momento, no había necesidad de tratar temas tan tristes.
Nuestro camino fue en completo silencio, pero de ese silencio cómodo que tanto describen en las películas. Me gustaría decir que llegamos lento y tardamos eternidades, pero el camino paciera que se hizo más corto con cada paso que dábamos, puesto que en un dos por tres ya nos encontrábamos en la puerta de mi casa.
-Esta es –fue lo que comente al ver como no soltaba mi mano- será mejor que te vayas, mi papá puede ser algo… -antes de siquiera terminar, una ruidosa y escandalosa voz se hizo presente en el portón de la casa- creo que lo veras por ti mismo...
- ¡Maki! –grito mi progenitor cuando estuvo al lado mío- ¿¡Dónde estabas!? ¡Nos tenías muy preocupados!
Me gire sobre mis talones para verlo, me estaba concentrando para no contestarle, pero una figura azulada se colocó enfrente de mí.
- ¿Umi? –mire su espalda con duda y él se limitó a verme de reojo y sonreírme.
-Yo me encargo desde aquí –tras decir eso, miro a mi padre y sin titubear aun con esa mirada de muerte por parte de él, comenzó a hablar- Señor, buenos días. Mi nombre es Sonoda Umi, mis padres son dueños del dojo Sonoda –sabía que mi padre lo iba a interrumpir y por eso se adelantó a hablar- sé que está enojado porque su hija saliera sin permiso a decir verdad pensé que era el único que lo hacía.
- ¿A qué se refiere? Usted no tiene nada que ver con mi hija –sé que mi papá se estaba controlando, pero que esa vena de su frente por poco explotara, no le daba un aura menos amenazante- explíquese.
-Mis padres también están ocupados todo el tiempo, con suerte recuerdan que tienen un hijo –se encogió de los hombros prosigue- por eso salgo a caminar a altas horas del alba, para ver si así puedo tener algo de su atención. ¿se ha puesto a pensar que su hija hace eso por la misma razón? -se mantuvo firme, sin moverse ni un centímetro- un niño no entiende el sacrifico que sus padres hacen por él, solo quiere que ellos estén para al menos en la hora de la comida, ¿eso es mucho pedir?
Hubo un momento de silencio, mi pelirrojo padre me miro y asentí con cierta timidez.
-Increíble que tenga que decírmelo un niño que no conozco –el negó con la cabeza y se hizo a un lado- será mejor que hablemos de esto, Maki.
-S-si… -di unos pasos hacia adelante y antes de apartarme lo suficiente del Sonoda, lo miré con nervios- ¿estás seguro de esto?
-Eso debería preguntártelo yo a ti –soltó una liviana sonrisa- deben de hablar, y esto puede ser poca ayuda, pero sé que puede cambiar tu situación- hablo con la mayor confianza del mundo- cree en ti y si no puedes, siempre puedes llamarme. Recuerda que ahora soy tu caballero y te protegeré.
-L-Lo se… -escuche el refunfuñar de mi papá y eso indicaba que ya quería que me metiera a la casa- N-nos vemos en el parque mañana, a las cuatro de la tarde, ¿sí?
-Me sorprende que sea tan tarde –rio de nueva cuenta- pero está bien, iré cuando tú me lo pidas –asintió delicadamente con la cabeza.
Observe a mi padre y luego a Umi, sabía lo que quería hacer y aunque tuviera pena, lo haría –a-adiós –me acerque a él y bese sus mejillas rápidamente- n-no se te olvide nuestra cita –di la media vuelta y me metí rápidamente a mi casa.
Ignoro como habrá quedado el pobre de Umi después de eso, pero si estaba como yo; sonrojado a mas no poder y con el corazón a punto de explotar, es probable que ambos estuviéramos sintiendo lo mismo.
Esa mañana, mis padres y yo hablamos. Hubo muchas lágrimas y algunos gritos por parte míos y de mi mamá. Papá se había mantenido al margen, como si recitara las palabras de Umi en su mente una y otra vez.
Tras manifestarles mis inseguridades con respecto a su cariño hacia mí, llegamos a la conclusión de que ellos estarían conmigo los sábados y los domingos, y que verían la manera de comer en las tardes conmigo. Me juraron que me amaban y que solo eran ideas mías.
Dormí como nunca esa noche, claro, no sin antes lavar y planchar ese pañuelo. Aunque temo que, por lavar, me refiero a hacerlo en el lavamanos del baño y por planchas me refiero a que le pase una planchita de juguete que tenía y que por cierto termine quemando los extremos del pañuelo.
Era un sueño que mi vida se resolviera tan fácilmente, con solo hablar y ser sincera, solo faltaba decirle a ese niño que todo estaba bien. Esperaba tan ansiosa la cita que no había podido dormir hasta las tres de la mañana y termine despertándome a las dos de la tarde. Me bañe y arregle para estar lista para él, les había pedido permiso a mis padres después de esa emotiva platica, as que era la primera vez que tenía permiso de salir, pero con la vigilancia de mi nana.
- ¿Llegue muy tarde? –pregunte al estar enfrente del peliazul que me recibió con una ligera sonrisa.
-Para nada –negó suavemente con la cabeza- acabo de llegar –con esa sonrisa dio un paso hacia adelante- mira, te traje esto –de su mano me enseño un pequeño broche en forma de mariposa de color morada- lo vi hoy en la mañana en una tienda y pensé que se vería bonito en ti. ¿puedo? –sabía que quería ponérmelo así que asentí con algo de pena- gracias –coloco con cuidado ese pequeño broche en mi cabello- como dije, te queda perfecto, y combina con tus ojos.
-G-Gracias –antes de que me quedara sin palabras, recordé que yo también le traía algo- t-toma –le extendí su pañuelo que recelosamente guardaba contra mi pecho- e-está algo quemado, pero…
- ¿Tu lo planchaste? –pregunto en cuanto lo tuvo en su posición y asentí con algo de miedo- no tenías que molestarte tanto. Es perfecto –lo observo como si en realidad lo admirara- no podía estar más agradecido con esto –lo guardo en su bolsillo- gracias, Maki.
-D-de nada…
-Sé que es indiscreto preguntar –al dar un paso hacia adelante, me hizo despabilar- ¿Cómo te fue con tus padres ayer?
-Me… me fue muy bien –conteste con una tímida sonrisa- todo indica que las cosas ya se arreglaron.
-Es un alivio, pensé que había hecho las cosas mal… -negó rápidamente con la cabeza- estoy feliz por ti Maki, ¿fue una plática intensa?
-Mucho para alguien de mi edad…
-Pero es bueno saber que las cosas se solucionaron, ¿verdad? –se encogió de los hombros aun sonriendo- solo deberías molestarte por las cosas difíciles, por esto no.
-Ahora lo se… -al suspirar continúe- pero ahora tengo una pregunta… ¿Cómo sabias que tenía un problema con mis padres? Principalmente, ¿Por qué yo? –pregunte curiosa.
-Uh… -coloco su dedo índice sobre su barbilla y esa amable sonrisa cambio a una traviesa- digamos que primero debo de hacer algo y después, puede que te diga la verdad.
- ¿Y que es…? –sin que pudiera hacer nada, sus labios chocaron contra mi mejilla derecha, haciendo que de inmediato me pusiera colorada- ¿¡Q-que fue eso!?
-Digamos que es mi agradecimiento por el beso de ayer~ -al ver mis intenciones de golpearlo, se fue alejando- ¡patitas para que las quiero! –salió corriendo como un cobarde.
- ¡T-TONTO! –corrí detrás de el para molerlo a golpes.
Aquel encuentro inesperado sello nuestro destino, una amistad se formó de la amabilidad de un niño que vio a una niña decaída. Me gustaría decir que mi papá estaba de acuerdo con la amistad que tenía con Umi, al principio no lo podía ver ni en pintura, pero al paso del tiempo y con los méritos del peliazul, mi padre termino por aceptarlo como un gran amigo para mí.
Con el paso del tiempo, un pequeño integrante se nos unió, un recién llegado de Rusia: Ayase Eli. Dos años mayor que yo y un año mayor que Umi. Al principio era el niño más serio que jamás haya visto, puesto que nos topábamos en el patio de la escuela. Curioso fue el día que nos habló, no se veía nervioso, nos preguntó si se podía sentar al lado nuestro para comer y de ahí comenzamos a enfrascar una amistad.
Nos volvimos unidos al niño rubio, poco a poco descubrimos que no es tan rudo como aparenta, sino que es solo eso, una apariencia para evitarse problemas: en realidad es un buen niño y muy inocente.
¿Cómo evoluciono la relación de Umi y yo? Es curioso el cómo nos tratábamos pese a como nos conocimos: con él era normal ser sincera. Cuando quería mentirle él sabía bien lo que ocultaba, aprendimos a hablarnos con las miradas, todos sus gestos fueron memorizados y apreciados. Sentía que cada día con el aprendía algo nuevo y fascinante del mundo, ese abismo en el que me había enfrascado por años simplemente parecía un pozo pequeño cuando estaba a su lado.
Era común verlo en mi casa hasta en la hora de la cena, incluso yo iba a su casa y convivía con sus padres, principalmente con su madre que me ayudaba con algunas de mis tareas y me enseñaba dos que tres danzas tradicionales. Había veces en las que me quedaba a dormir y en la misma cama que él; era tan normal que nunca le vimos lo malo.
El me acompañaba a mis clases de piano e incluso las tomaba conmigo. varias composiciones mías vieron la luz a su lado, donde él fue con-autor. En ratos incluso, colocaba un pequeño futan al lado de mi piano y se acostaba escuchándome tocar, decía que le relajaba y lo hacía dormir como un bebe.
Nuevos y raros sentimientos comenzaron a crecer en mi interior. Y ninguno me molestaba, se sentía bien poder hablar con alguien y que el corazón me palpitara de esa manera tan cálida, el hecho de que el sonriera a mi compas hacia que un millón de mariposas revolotearan en mi estómago. Pero, nada es perfecto en las historias "románticas", aquellos tiernos e inocentes sentimientos que presumían eran obra suya a los doce años de edad, también trajeron consigo a su enemigo mortal: los celos.
Todo había empezado cuando una nueva chica entro a la clase de Umi. No la recuerdo del todo bien, lo más característico era un cabello castaño claro que estaba ondulado en la base, es lo más que recuerdo de ella. El punto es que, cuando esa chica entro al curso de Umi, simplemente se volvió un completo idiota, babeaba por esa chica literalmente, no había día en el que no la mencionara. No sé qué tenía de especial, para mí era peor que una araña. Es más, el tarado una vez se cayó de un árbol por que se subió arriba de el para ver a la babosa esa que iba caminando a lo lejos con sus amigas.
Por supuesto que me enoje, le reclame varias veces, pero él no me hacía caso; esa chica no le convenía, únicamente le causaría problemas. Si con solo ser conocidos ya le había causado una fractura en el brazo y que lo persiguiera un perro por diez cuadras seguidas, no dudo que lo terminaría matando un día de estos.
Incluso Eli le había comentado la situación y Umi lo ignoro sin más. No sabía qué hacer, quería agarrarlo a patadas y claramente a esa chica también. Ella era la culpable de que mi mejor amigo hiciera cada estupidez, por supuesto que la odiaba y más odiaba la idea de que el babeara por ella como un perro faldero. Cada vez que el sonreía por ella, era como si un pequeño pedazo de mi corazón se fuera destruyendo, poco a poco se iba marchitando esa flor iba floreciendo gracias a Umi: la flor de la esperanza. Hablaba con Eli respecto al tema, él se ofreció un millón de veces a darle una paliza a Umi para que reaccionara, pero no se lo permití, no quería que lo lastimara... No quería que mis dos mejores amigos terminaran discutiendo y golpeándose por algo que posiblemente podía solucionarse con platicar. Pero eso sí, con cada gesto de Umi hacia esa chica castaña, lograba que de mis ojos brotaran lagrimas desesperadas que intentaba ocultar al día siguiente: Eran noches en desvelo por cada reacción.
Así que, opte por hablar con el de la forma en la que solo nosotros dos podemos hacerlo; solos en un lugar privado.
Se había hecho una costumbre para nosotros vernos en ese parque antes del alba, mis padres accedieron a que saliera sin mi nana cuando Umi les pidió permiso y él les garantizara de que estaría a salvo con él. Ese día como otros, nos habíamos quedado al lado del quiosco donde las pequeñas flores violetas aún continuaban creciendo pese a las adversidades de la atmosfera.
- ¿Qué vamos a hacer hoy? -le pregunte a mi acompañante que en vez de contestar de inmediato como usualmente lo hacía, se quedó callado - ¿Umi? -alce la ceja al ver como el peliazul se quedaba viendo a la nada absoluta- ¿Umi? -mencione su nombre de nueva cuenta y él no me hizo el menor caso- bien, tú lo pediste –alce mi mano derecha y con la mayor fuerza que pude, golpe su hombro derecho y solo así me hizo caso.
- ¿Por qué hiciste eso? -acaricio su miembro golpeado y me miraba con algo de reproche- Maki, no debes de ser tan agresiva.
-Pues tu no me hacías caso –me cruce de brazos y lo vi con reproche- ¿en que estabas pensando? -que esa estúpida sonrisa saliera de sus labios me dio la respuesta- es ella, ¿verdad?
-Ya te la sabes –con esa asquerosa sonrisa continúo hablando- el día de hoy me trajo un bento. ¿no te parece un lindo gesto?
- ¿Lindo? ¿Eso te parece un gesto lindo? -bufe fastidiada- esa chica solo busca maneras para acercarte a ti, eso no me gusta para nada. No creo que cocine tan bien de todas maneras.
-Estaba muy rico su bento –asintió rápidamente- ¿Por qué Eli y tu están tan obstinados en que me aleje de ella? Es una buena chica, no planea nada malo – a veces pienso que esa inocencia suya, es más bien idiotez.
-Entiende que esa mujer solo te causara problemas –intente controlar esas ganas de gritarle, por fortuna logre hacerlo- tenemos que hablar de eso Umi. Te rompiste el brazo por verla, eso no está bien.
- ¿Qué tiene de malo? Eli la otra vez casi lo atropellan por ir a su tienda de chocolates favoritos –frunció el ceño y de inmediato negué- ¿Qué?
-No estoy hablando del tarado de Eli, estoy hablando de ti –tome su mano y la atrape entre mis manos- Umi, por favor, ¿no lo estás viendo? Esa chica solo te causara problemas, ¿Qué no te parece extraño que comenzara a ser amable contigo cuando se enteró del dojo de tus padres?
-Es solo una coincidencia –que fuera tan terco solo hacía que controlarme me fuera aún más difícil.
-No eres tonto Umi, sabes que eso no es normal –me empecine en hacerlo ver la verdad- ella no se está acercando a ti para ser solo tu amigo o algo más, ella va por otra cosa, es una interesada.
-Maki, por favor –alejo su mano de mi con algo de desesperación- ¿Qué tal si en verdad hay futuro en esto? Quiero intentarlo Maki, de verdad me gusta...
Esas palabras son dagas afiladas en el corazón de toda dama enamoradiza. Su seguridad al decirlo, ese tenue sonrojo en sus mejillas, sus ojos brillando, fue lo suficientemente fuerte para que diera unos pasos hacia atrás.
- ¿Maki? -extrañado por mi manera de actuar, alzo la ceja- ¿Qué pasa? -al mismo tiempo en el que el dio un paso hacia adelante, yo di tres hacia atrás- ¿Qué haces?
No le di explicaciones, me fui corriendo de ese lugar tan rápido como pude. Sentía el cómo las lágrimas inundaban mis ojos y veía borroso, pero sabía a donde tenía que ir.
Toque la puerta rápidamente de ese departamento tan conocido para mí. A los pocos segundos una figura más alta que yo abrió la puerta.
- ¿Maki? -el joven Ayase se veía sorprendido de que estuviera en ese lugar- ¿Qué haces...? -no lo deje terminar, lo abrace tan fuerte como pude, él era mi segundo y más fuerte apoyo.
-E-Eli –llore en su pecho frenéticamente- n-no puedo con esto, no puedo mas –temblé en sus brazos y el me cobijo en un abrazo.
-Maki... -su voz era la melodía necesaria para que todo ese llanto acumulado saliera con aun más fuerza.
O-o-o-o
-Así que eso paso –hablo el ruso, analizando la situación- Umi sí que puede ser un insensible cuando se trata de ti, ¿verdad?
Asentí con pesadez- no sé qué más hacer con el... -hable con hilo de voz.
Nos encontrábamos en la sala de Eli, por fortuna sus padres no se encontraban, ni tampoco su hermana, así que podíamos hablar tranquilamente.
-Te digo que me dejes agarrarlo a golpes –fruncí el ceño de inmediato ante sus palabras- no me mires así, sabes que se merece un reacomodo de neuronas- se trono los dedos e incluso su cuello- tu dame la orden y le dejare el ojo morado.
-Como si pudieras ganarle a Umi –negué con la cabeza tras suspirar- sabes que él puede ganarte con una mano amarrada a la espalda.
-La intención y las ganas nadie me las puede quitar, ¿verdad? -al ver que no lo dejaría, una media sonrisa se asomó por sus labios- debe dolerte mucho esto, ¿verdad?
-Más de lo que crees... -con cuidado coloque mis manos sobre mi pecho- desde hace rato no ha dejado sentirse raro. Es como si lo estuvieran apretando con una prensa hidráulica...
-Mi linda Maki –su mano se posiciono sobre mi cabeza, era cálida y reconfortante- tal vez no entiendo la relación que tienes con Umi, de hecho, me sigue pareciendo extraña -lo observe y él se mantenía con una sonrisa paternal- pero si algo se, es que no hay nada que ustedes dos no puedan resolver. Son la pareja perfecta, ¿lo recuerdas?
-Ya no creo que sea así...
-Pues yo si estoy seguro de eso –con esa voz y esa sonrisa, prosiguió- sé que si Umi supiera cómo te sientes, el recapacitaría. No va a entender que esa chica es mala para él, pero hay algo que le importa más que cualquier otra cosa.
- ¿Qué es...?
-Tu –contesto con la mayor sinceridad y simpleza del mundo- si tú no estás en su vida, el simplemente no se sentirá completo, es como si le quitaras una parte de su vida.
- ¿Cómo estas tan seguro de eso? -pregunte con un poco de esperanza, aunque no quería ilusionarme mucho.
-Porque hay cosas que entre hombres nos decimos y las damas no deberían de saber –me dio un pequeño guiño con su ojo derecho y se levantó de sofá- ahora, usted princesa debe de aprender a cocinar –me extendió su mano y por inercia la tome- espero que sepas al menos cocer un huevo.
- ¿Para qué o qué? -alce la ceja con duda y su sonrisa solo se volvió maliciosa- ¿Eli?
-Digamos que tendrás que hacer un delicioso bento~
- ¿Ah?
O-o-o-o-o
- ¿Qué tan difícil puede ser? -mire la cocina de mi casa con mucha desconfianza- me he hecho un café, ¿eso sirve, ¿no?
No sé cómo me deje convencer por Eli de hacer semejante tontería. En mi vida había cocinado y ni tampoco tenía la necesidad de hacerlo puesto que tenía sirvientes que lo hicieran por mí. Eli alego que para llegar al corazón de un hombre debes de cocinarle, ¿Quién le dijo que quería llegar al corazón de Umi? Ese tarado es el que debería de cocinarme por todas las molestias que hacía por él.
Aunque si lo pensaba detenidamente, si era el bento lo que le gusto a Umi de esa chica y si yo le hacia uno, tal vez él se alejaría de ella para siempre y no tendría por qué hacerles caso a otras chicas.
-Bien –me arme de valor y tome un sarten- si Eli puede hacer un bento, yo también puedo hacerlo, ¿verdad? –solté un suspiro y encendí la hornilla de la estufa- una cosa menos…
¿ustedes sabían que el agua puede herir hasta el punto de hacer arder tu cocina? Pues así me paso, no sé qué paso cuando caliente el agua para el arroz, pero de repente comenzó a echar fuego, tuvo que venir una sirvienta ayudarme a apagarlo. Después ella se ofreció a cocinar por mí, era tentador, pero desistí en la idea de que ella lo hiciera, yo quería ser la autora de lo que comería Umi. Así que únicamente le pedí algunos consejos, sabía que lo lograría de alguna manera u otra, aunque me tomara toda la tarde o la noche. De hecho, me tomo todo un día hacer un bento presentable.
El arroz me quedé bien, cuando lo probé sabia aceptable, no era sensacional, pero estaba bien; las salchichas en forma de pulpo parecían más unos homúnculos; había preparado pollo en salsa, no sé cómo termino sabiendo a pescado y pareciendo res; y por ultimo las espinacas con sésamo, esas creo que, si estaban bien, algo quemadas, pero no incomibles.
¿Cómo se las haría llegar? Afortuna mente era lunes la mañana en la que termine de cocinar, así que tenía planeado entregárselo cuando lo viera en la escuela y lo alejara de su grupito de amigos molestos que siempre que pasaba a lado de ellos se encargaban de mirarme de manera extraña, aunque era divertido porque una vez Umi termino golpeando a uno de ellos…
-Sera mejor que me arregle –mire mi desastrosa ropa, mi falda estaba cubierta de salsa de soja y otros condimentos al igual que mi blusa que amenazaba con caerse de lo sucia que estaba.
-Señorita… -una de las sirvientas se asomó por la cocina, parecía temerosa.
- ¿Si? –conteste sin verla, mi atención estaba en mi falda.
-El joven Umi vino a verla –musito nerviosa y al momento en el que levante la mirada, ella dio un pequeño salto.
- ¿¡Como que Umi está aquí!? –solté ese grito sin pensarlo dos veces, observe de nuevo mi desastrosa imagen- ¡D-dile que me espere! –cual rayo salí corriendo a mi habitación que por fortuna no conectaba con la sala.
Creo que nunca me he cambiado tan rápido como en ese día. Dios, mi ropa voló y cayó sobre el piso, ni los zapatos tuvieron salvación de mi feroz ataque. Me cambié de ropa lo más rápido que pude, algo sencillo, una falta azul marino y una blusa blanca de mangas cortas con algunos holanes. Gracias a los dioses mi madre no estaba en la casa, si no me habría castigado como no tienen idea por todo ese desastre.
Cuando estuve lista baje y fui directo a la cocina, vi el bento, era mejor dárselo de una vez en la seguridad de mi casa a dárselo en la escuela donde alguien más nos viera, ¿verdad?
Si estaba tan segura de lo que iba a hacer, ¿Por qué me temblaban las manos? Quería dárselo, por eso había accedido tan fácil a los caprichos de Eli, quería que el aceptara ese bento para que se alejara de esa chica problemática, yo…
-Lo quiero solo para mi… -murmure al bajar la cabeza- no quiero compartirlo con nadie –apreté mi pecho con mi mano izquierda.
No deseaba entender esos sentimientos, sabía que era inútil en esos momentos, solo quería cumplir mis más oscuros pensamientos y deseos…
-Adelante –solté y jale aire para calmar ese nerviosismo- que empiece el show- tome el bento con mi mano derecha y al tiempo que estaba caminando lo oculte detrás de mi espalda.
Caminé despacio, intentando hacerla de emoción, aunque en el fondo quería correr hacia el cuándo lo vi levantarse del sofá, quería abrazarlo y golpearlo al mismo tiempo.
-Maki –el dio unos pasos hacia mí y me detuve en el proceso- ¿Por qué te fuiste así? ¿estás bien? –su voz y sus gestos daban a entender de que estaba sumamente preocupado por mí- te marque un millón de veces y no me contestaste –me limite a escucharlo y no responderle- Fui con Eli, y apenas me dejo irme hace una hora, ¿Qué es lo que está pasando? -dio un paso hacia adelante para quedar a unos treinta centímetros- no sé qué hice para ofenderte, pero… -antes de que terminara de hablar, le extendí el bento envuelto en un pañuelo azul- ¿eh?
-Es para ti –dije con una voz calmada al balancearlo con una mano- tómalo –con cierta duda acato mi indicación- ¿con esto dejaras de verla?
-Creo que no entiendo –vio con cuidado el bento y lo toco de manera delicada como si este se fuera a romper en cualquier movimiento brusco- ¿Por qué lo hiciste?
-Porque así no querrás saber nada de ella –cerré nuestra distancia al dar un paso hacia adelante- si te gusta como cocino, eso quiere decir que ella ya no será necesaria. Te alejaras de esa chica problemática y estarás a salvo conmigo –trague saliva en un intento de calmarme- quiero proteger esa sonrisa que tanto amo, no quiero perderte y menos con una babosa que no te merece, que solo está por ti con interés.
- ¿Estas… llorando? –No me había dado cuenta de ese detalle, de que mis lágrimas comenzaban a salir de mis ojos sin permiso- Maki…
-No –negué al saber que de seguro me regañaría o defendería a esa chica- si tengo que cocinarte todos los días, si tengo que estar en tu salón, incluso si debo adelantar un año para estar junto a ti, lo hare –continúe negando con la cabeza fervientemente, anhelaba que mis deseos fueran escuchados- pero por favor, deja de verla, deja de sonreírle –en un arrebato lo abrace, llorando con aun más intensidad que con Eli- deja de ser gentil con ella. Esas acciones, todo de ti es mío, ¿Qué no lo entiendes? Aun así, aunque sea egoísta, me quedare a tu lado pese a tus silencios, te seguiré hasta que el mundo cambie y gire al revés –sentí el cómo sus brazos me rodearon y reconfortaron- no te quiero compartir con nadie más, no quiero hacerlo…
Hubo unos segundos de silencio de su parte, mis sollozos no cesaron hasta que lo escuche suspirar.
-Entiendo –levante poco a poco la mirada para toparme con unos ojos marrones comprensivos- me alejare de ella –su voz me confirmaba que no mentía, pero aun así quería afirmarlo.
- ¿No me estas mintiendo? –pregunte con una quebrada voz y el negó de manera pasiva- ¿seguro?
-Más que seguro –acentuó sus palabras al besar mi frente- te lo dije hace años y te lo reafirmo ahora, no hay nada que no haría por ti, eres mi princesa, ¿lo recuerdas? –su sonrisa brillo de una manera galante y cautivadora-si te prometo que no me acercare a esa chica, no lo hare, ten por seguro que no lo hare –con su mano derecha, limpio las lágrimas que aun surcaban por mi mejillas- el deber de un caballero es siempre proteger a su dama y eso es lo que siempre hare por ti –se agacho un poco para estar cerca de mi mejilla izquierda y poder depositar en ella un beso- no es correcto darte besos sin permisos, pero al verte así, no puedo evitarlo –su sincera sonrisa me reconforto- que mi princesa me pida propiedad absoluta hace que mi corazón lata –conocía esa faceta suya, era la manera que tenía para hacer que sonriera de manera tonta por sus elocuencias- y más si seré el único privilegiado de tener sus deliciosos alimentos –el bento que con tanto esfuerzo había hecho estaba descansando en una mesita a nuestro costado, ignoro cuando lo puso ahí, pero agradezco que lo haya hecho.
-No digas esas cosas, harás que me sonroje –no sabía desde cuando comenzaba a desarrollar ese lado juguetón cuando Umi estaba cerca y hacia esos gestos, solo salía con y para el- Si te cocino, no probaras la comida de ninguna chica ¿verdad?
-Te lo juro por mi honor –con esa bella sonrisa fue soltándome poco a poco para tomar al final mis manos- ¿Qué tal si comemos? Me gustaría probar lo que hiciste.
- ¿No debemos de ir a la escuela? –lo seguí hasta la sala donde tomamos asiento.
- ¿Ni te has fijado en la hora que es? –soltó una pequeña risita- Maki, son las cinco de la mañana, tenemos tiempo de llegar a la escuela y de sobra –soltó mis manos y tomo el bento para colocarlo sobre sus rodillas- ¿lista para probar de tu propio veneno? –ante sus palabras, le di un golpe pequeño en el hombro- pero que agresiva~
-Síguele y a la próxima si le pongo veneno- fruncí el ceño en fingida molestia.
-Eso ni tú te la crees –negó rápidamente con la cabeza- pero agradezco el gesto –miro el bento y comenzó a desenvolverlo- ¿crees que me enfermare?
-Claro que no, ¿con quién crees que hablas? –hable indignada de su falta de confianza.
Señoras y señores, él se enfermó. Se intoxico y termino en cama por tres días seguidos. Les juro que no sabía que eso pasaría, tal vez tenía la sospecha, pero quería confiar en mis cualidades culinarias no serían tan terribles como para hacer que mi mejor amigo terminara en la cama…
Les sorprendería saber que aun pese a que se enfermó, Umi continúo pidiendo que le hiciera un bento para la hora del almuerzo. Y claro que cumplió su promesa, el ya no hablaba con esa chica problemática, cada receso iba junto conmigo y con Eli. Eran mis momentos de felicidad, de regocijo cuando él estaba junto a mí. Eli muchas veces nos preguntó qué había pasado ese día y nosotros solo le contestábamos que habíamos hablado y eso es todo, no queríamos darle más detalle, lo que pasaba entre nosotros, se quedaba entre nosotros.
Hey, hola, ¿Cómo están? Aquí está el capítulo de Umi y Maki,
decidí partirlo en dos porque me pareció mucho poner todo el capítulo porque de verdad está muy largo.
Bien, nos vemos en la siguiente parte~
