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Deseos de escorias.

"Tell me we both matter, don't we?"

-Running up that hill, Kate Bush.


Capítulo Tres:

Se detuvo frente al espejo de cuerpo entero en su habitación, aferrándose a la toalla que cubría su cuerpo desnudo. Las gotas de agua caían de su cabello y se deslizaban por su nuca, por sus hombros y espalda, hasta ahogarse en la tela que la envolvía. Clavó sus ojos en los violáceos del reflejo, y dejó caer la toalla.

Analizó su cuerpo desde los pies hasta la cabeza, examinando cada detalle.

No era alta, muy a su pesar era bastante baja de hecho, pero lo recompensaba con piernas largas y torneadas; una de las características que siempre le habían agradado más de sí de su físico. Recorrió con ambas manos su estómago plano hasta que cada una quedará a cada lado de su cintura; al cabo de unos segundos, llegó a la conclusión de que quizás era demasiado delgada.

Subió la vista hasta llegar a sus pechos y con sus palmas los aplastó contra sí, agarrandolos con un poco más de brusquedad de lo que debería.

Pechos pequeños, muy pequeños.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos pero…

Los rostros de Miyako y Orihime soslayaron en su mente. Ambas mujeres eran muy diferentes a ellas. Eran dueñas de figuras mucho más altas, esbeltas, curvilíneas, y provocativas que ella.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos, siempre se sintió cómoda con ella misma; pero…

Empezaba a sentirse acomplejada.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos, siempre se sintió cómoda con ella misma y con cómo lucía, nunca se planteó el hecho de si resultaba atrayente para otras personas; pero...

Con Miyako eran obvias las razones por las que la mujer la hacía sentirse inhibida; después de todo, en sólo unas semanas había logrado capturar la atención del hombre que ella había estado tratando de atraer desde hace años ya.

Con Orihime, se debía a su relación con el Kurosaki.

Aunque en lo personal se distanciara en muchos aspectos, en lo físico él era muy parecido a Kaien. Si se lo proponía, no sería difícil engañar a su mente y pretender que era Shiba quien la tocaba cuando estaban juntos.

Ese había sido el propósito por el que su noviazgo comenzó. Rellenar sus vacíos con el otro y fingir que eran quien realmente deseaban tener en sus brazos.

A pesar de que ella tendría esa tarea mucho más sencilla, con la excepción de las primeras veces, no pensaba en Kaien cuando estaba con él. Seguía tan enamorada del Shiba como siempre, pero algo la incomodaba al intentar imaginar que era él cuando era otro con quien estaba compartiendo la cama. Simplemente no iba con ella. Pero no lo decía nada al pelinaranja. Él quería que ambos siguieran con ese juego.

Estaba segura que esa era su manera en la que se aseguraba que ninguna clase de sentimientos se entrometieran entre ellos.

Ya hacían dos meses y medio de que empezaron a salir, y aunque de manera muy gradual, las ocasiones en las que al Kurosaki se le escapaba en un suave murmullo el nombre de Inoue fueron disminuyendo, estaba al tanto de que aún pensaba en la pelinaranja cada vez que estaban juntos.

Quería que para Ichigo fuera tan fácil como lo era para ella. Sin embargo, era el extremo opuesto de lo que era Inoue.

Quizás por eso el pelinaranja se negaba tan vehemente a llevar las cosas más allá.

Ambos ya se habían hecho familiares con el cuerpo del otro. No eran pocas las veces que cuando estaban a solas en la casa del Kurosaki, sin importar donde estén, terminaran en una sesión intensa de besos y acariciando al otro.

Ichigo le había enseñado lo placentero que podía llegar a ser el sexo, así como le había enseñado cómo complacer a un hombre.

Sabían cómo le gustaba al otro ser besado, sabían dónde tocar y lamer el cuerpo contrario para lograr leves gruñidos y gemidos, sabían cuál era el punto débil y qué hacer para volver loco al otro cuando se masturbaban mutuamente o se practicaban sexo oral.

Sin embargo, nunca habían llegado a tener sexo en sí. El Kurosaki siempre se aseguraba de que las cosas no vayan más allá, se mantenía firme en su decisión de arrebatarle su virginidad.

No lo entendía, después de todo en repetidas ocasiones le aseguró que ella estaba bien con eso. No era lo suficientemente romántica como para creer que la primera vez de una chica debería ser "especial".

Desde su punto de vista, el sexo era sexo. Si le quería agregar ese "detalle especial" del que tanto hablan en libros por hacerlo con quien estaba enamorada en verdad, sería especial hacerlo con esa persona fuera en su primera vez o en su quinta o la que fuera. Después de todo, lo que influenciaba era la persona, no en qué número de vez tendría relaciones con él.

De todos modos, sin importar lo que dijera, el Kurosaki seguía rehusandose a hacerlo.

Tal vez porque era tanta la diferencia con Orihime, que por más que pensaba en la pelinaranja cuando estaba con ella, no deseaba hacerlo.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos, siempre se sintió cómoda con ella misma y con cómo lucía, nunca se planteó el hecho de si resultaba atrayente para otras personas; pero nunca antes se había sentido tan desplazada y con el deseo de llenar los zapatos de alguien.

Suspiró resignadamente y se alejó del espejo, dirigiéndose al armario a buscar algo que ponerse para la fiesta.


Inhaló profundamente, conteniendo el aire en sus pulmones para luego dejarlo salir de a poco mientras apoyaba los brazos sobre el marco de la ventana abierta en el pasillo del instituto, y recostaba su cabeza sobre estos. Cerró los ojos con lentitud y dejó que los sonidos de su alrededor: otros alumnos llegando, hablando con otros afuera o en los pasillos, los autos pasar, algún que otro graznido de pájaro; dejó que todo ensordecieran sus pensamientos.

Le gustaba el cambio de estar rodeada de ruidos, en lugar del silencio estridente de su solitario departamento.

Su conciencia comenzaba a dejarla lentamente.

No había logrado dormir bien anoche. Se había ensimismado leyendo mangas hasta tarde para distraerse de el cosquilleo desagradable que sentía en su pecho luego de la decepción que se había llevado en la cena.

Repentinamente, una mano cayó sobre su cabeza, sobresaltandola. Abrió los ojos de golpe y giró rápidamente. Rukia frunció el ceño mientras sentía como su amigo pelirrojo le revolvía el cabello juguetonamente, sonriéndole divertido.

-¿Qué diría el gran Byakuya Kuchiki si viera su hermana quedándose dormida en medio del pasillo de la escuela?

-No digas tonterías Renji -tomó su brazo y lo apartó con algo de brusquedad -No estaba dormida.

Casi lo había estado, pero él no necesitaba saber eso.

Abarai amplió su mueca socarrona.

-¡Vaya! ¿así que todavía recuerdas mi nombre? -exclamó con sarcasmo -Creí que en todo este tiempo sin vernos, ya te lo habrías olvidado.

La morena pusó los ojos en blanco y cruzó los brazos delante de su pecho.

-Te veo todos los días.

Renji copió su gesto.

-¿Te refieres a cuando me cruzas por los pasillos todos los días? -con sorna -Sabés a lo que me refiero.

Y lo sabía.

Renji era su mejor amigo, su único amigo. Era un año mayor que ella así que estaban en cursos distintos pero antes, acostumbraban a pasar la mayoría de los recesos y almuerzos juntos, iba a su casa a menudo al igual que él venía a la suya.

Costumbre que cambió drásticamente cuando comenzó su noviazgo con Ichigo ya que los recesos pasó a compartirlos con él, y casi siempre se iba con él a su casa al finalizar las clases.

Quedó abstraída observando el rostro de su amigo.

Recién en ese momento que volvía a tenerlo frente a ella, con su escandalosa alegría, se percató de lo mucho que lo extrañaba.

-Deberíamos volver a almorzar juntos alguno de estos días -propuso.

-¿Crees que tu novio, el cabeza de zanahoria, dejará que te despegues de él por una hora? -la ironía presente en su voz.

-Es mi novio, no mi dueño -contestó, poniendo los ojos en blanco.

Abarai río débilmente y se acercó a ella, envolviendo sus hombros con uno de sus brazos, la empujó para que empezara a caminar junto a él.

-Sólo dime cuando -habló con cariño -Ahora vamos que sino llegaremos tarde a la primera clase.

Rukia se dejó llevar con facilidad, escuchando el parloteo sin sentido del pelirrojo. Volvió levemente la cara en dirección a su amigo y curvó ligeramente sus labios hacia arriba ante la mueca alegre que no abandonaba el rostro del pelirrojo, sin importar cuanto hablase. En verdad lo había extrañado.

Se despidieron en el pasillo en el que tenían que separarse para ir cada uno a sus respectivas aulas y continúo su camino, avanzando distraídamente y sin ver realmente por dónde iba.

Chocó con alguien antes de que pudiera darse cuenta.

-Con lo baja que eres, ya es difícil para que las otras personas alcancemos a distinguirte en nuestro campo de visión; deberías fijarte más en tu camino así no tropiezas con otros todo el tiempo -se burló él, con su usual picardía.

No tuvo que alzar la cabeza para saber quién era, reconocería esa voz en cualquier sitio. Clavó la vista en sus zapatos negros. De igual manera, también reconoció la delicada risa que resonó luego de aquel comentario. Con resentimiento, echó un rápido ojeada a los zapatos femeninos detenidos junto a los de él.

Desvió su camino y se dispuso a pasar por su lado sin responder ni dirigirles una mirada. Sin embargo, antes de que pudiera dar más de dos pasos, Kaien reaccionó a tiempo para detenerla al atrapar su codo.

-¿Sucede algo? -preguntó extrañado.

Conocía a la pequeña Kuchiki y ella nunca dejaría pasar una burla así como así. Y en especial, nunca lo había ignorado de esa manera. Siempre se mostraba alegre con él, a su manera.

La morena tiró de su extremidad para zafarse de su agarre y buscó en su mochila una de las cajas de almuerzo que había traído consigo ese día, extendiéndola al Shiba hasta que golpeó ligeramente contra su pecho.

-Pensé que sería un desperdicio tirar todo lo que me sobró de ayer, así que decidí prepararte un bentou también -retrocedió varios pasos apenas el moreno, todavía confundido por su comportamiento, tomó el recipiente -Después de todo, había comprado toda esa comida ya que supuestamente ibas a venir a cenar -se encogió de hombros -, de cualquier modo iba a ser para ti.

Antes de que alguno de los profesores pudiera reaccionar, hizo una pequeña reverencia y corrió a su salón.

Ichigo observó la figura de la pequeña Kuchiki desaparecer al ingresar a su salón, regresó la vista a la pareja y distinguió claramente el momento en que el maestro Shiba comprendió a lo que la morena se refería cuando sus ojos se dilataron.

El día de ayer, a diferencia de la mayoría, Rukia se había marchado temprano de su casa ya que Kaien le había prometido que iría a visitarla y comer con ella a la noche. Había intentado fingir que el suceso no era gran cosa, pero se dio cuenta con facilidad que estaba ansiosa y contenta por eso. La había acompañado a hacer las compras, que terminó siendo montones de comida precalentada. Detalle por el que se dio cuenta que ella no tenía la menor idea sobre cocina; momentáneamente se había preguntado cómo hacía para mantenerse tan delgada si todo con lo que se alimentaba era porquerías; por lo menos hasta que comenzó a ir a su casa y comía lo que preparaba Yuzu.

Finalmente, parecía ser que Kaien había olvidado su promesa.

El rostro alegre de la morena atravesó su mente.

Regresó su atención y continuó con su camino, guardando las manos en los bolsillos del pantalón de su uniforme.

Se podía imaginar con facilidad a Rukia sola en su inmenso departamento, esperando sentada en la mesa con los dos platos de comida intactos y fríos. Lo animada que había estado durante el día olvidado por completamente en una esquina de la habitación.

Apretó los puños, el rencor burbujeando en su interior para con el profesor Shiba.


-¿Cómo fue tu primera vez?

Casi escupe el jugo que había estado tomando hasta ese momento ante la repentina pregunta de la Kuchiki. Volteó a ver a la aludida, sentada a su lado, la espalda apoyada contra las rejas que rodeaban la azotea, y la cabeza echada hacia atrás admirando el cielo.

-¿De qué estás hablando?

Ella se inclinó hacia delante, bajando la vista hasta posarla en los ojos mieles.

-De tu primera vez -respondió con obviedad.

Ichigo abrió y cerró la boca varias veces, sin saber bien qué decir.

Rukia suspiró frustrada.

-Es evidente que no eres virgen, simplemente quiero saber como fue -encogiéndose de hombros.

Notando que tenía aquel brillo en los ojos, el cual ya conocía lo suficiente como para saber que no lo dejaría tranquilo hasta que su curiosidad no quede satisfecha, chasqueó la lengua y se revolvió el cabello con una mano.

-Supongo que fue como todas las demás primeras veces -en su voz un ligero temblor dubitativo -No sé qué quieres que te diga.

-¿Fue con una chica? -sus labios se curvaron en una sonrisa ladina cuando recibió una mirada furiosa -¿De este instituto? -el pelinaranja exhaló de manera resignada para luego asentir -¿Es de tu curso?

-Terminó la preparatoria el año pasado.

Y antes de que pudiera hacer la siguiente pregunta, la puerta se abrió repentinamente.

El Kurosaki frunció el ceño cuando sus amigos entraron y se acercaron a ellos, sentándose de manera que formaran una pequeña ronda mientras no dejaban de conversar entre sí.

-¿Se puede saber qué demonios hacen aquí?

-Vamos Ichigo, solamente queremos volver a tener un almuerzo todos juntos -respondió Tatsuki, dándole un gran mordisco a su sándwich.

-Además, llevamos tiempo diciendo que queríamos conocer a Kuchiki -aportó Ishida, acomodándose los lentes con una mano y la otra extendiéndola hacia la pequeña morena a un lado de su amigo -Uryu Ishida, un gusto.

Y cuando ella estaba por estrechar su mano, alguien aulló escandalosamente y se puso de pie frente a ella.

-¡Rukia! -gritó un castaño, dramáticas lágrimas descendiendo por sus mejillas -Eres una de las estudiantes más sexys de todo el instituto, ¡¿cómo es que terminaste siendo novia de alguien como él?! -demandó, señalando acusadoramente al pelinaranja -¡Es injusto!

-Injusta será la golpiza que te de sino te callas de una buena vez, Keigo.

Y cuando Asano siguió chillando incoherencias, haciendo caso omiso de su advertencia, estuvo apunto de levantarse para cumplir con su amenaza cuando un ligero susurro lo frenó en su lugar.

-Así que ella es Rukia -habló Inoue, contemplando atentamente a la morena -Es muy bonita -agregó, pasando su vista hacia el pelinaranja.

Removiendose nervioso en su lugar, él sólo atinó a responder con una silenciosa y vacilante sonrisa, para luego huir de su mirada y enfocarse en la morena que estaba siendo hostigada con pregunta por Keigo mientras Mizuiro no dejaba de coquetearle, como usualmente hacía con la mayoría de las mujeres.

Orihime se detuvo a analizar una vez más a la novia de su amigo antes de reír tontamente a algo que Tatsuki había dicho y ella no alcanzó a oír.


Su corazón estaba dividido en dos.

Amaba a dos personas al mismo tiempo, y para aquellos que decían que algo así no era posible, sí lo era.

Ella lo podía asegurar con firmeza.

Tal vez no amaba a ambos con la misma intensidad, tal vez amaba a uno más que a otro; pero eso no era lo que importaba. Estaba enamorada de los dos, y sufría por los dos con la misma magnitud que el estar enamorado implicaba.

Orihime inspiró profundamente, observando a Ichigo y Rukia caminar juntos por el pasillo un par de metros más adelante.

Tenía bien asumido quienes eran de los que se había enamorado, y ninguno de ellos era el Kurosaki. Estaba al tanto de eso, así como también estaba al tanto de los sentimientos de él hacia ella.

Pero ¿qué podía hacer?

Lo consideraba su mejor amigo. Era alguien en quien siempre podía confiar, era alguien a quien siempre podría recurrir no importa qué. Eran muy buenos amigos.

Era alguien que siempre estaba ahí para ella.

Pero ¿qué podía hacer?

Incluso para hacerla sentir amada cuando lo único que sentía era el desagradable sentimiento de ser usada por aquél que apreciaba, cuando lo único que sentía era el desagradable sentimiento de ser rechazada en silencio todos los días. El amor del pelinaranja no reemplazaba definitivamente el cariño que ansiaba de aquellos dos, pero sí lo hacía de manera momentánea.

Alguien atrapó su muñeca y la hizo detenerse abruptamente. Volteandose, se encontró con la mirada calculadora de Uryu y entendió la clara advertencia que sus ojos le enviaban a través de los anteojos.

Él era uno de los que amaba, él era quien la rechaza todos los días en silencio.

Apartó el rostro y se deslizó su mano fuera de la de él.

Él era uno por los cuales buscaba consuelo en los sentimientos de Ichigo.

No lo correspondía al pelinaranja, lo sabía muy bien.

Pero, ¿qué podía hacer?

Le gustaba sentirse amada, no importaba que no era por ninguna de las personas que ella deseaba. El sentirse amado, puramente amado, era un sentimiento hermoso.

Pero, ¿qué podía hacer?

Lo admitía.

Era alguien egoísta, desesperada por no sentirse sola.

Entrecerró los ojos, fijando la vista en la nueva pareja de la que ahora todos los estudiantes rumoreaban.

Una suave punzada se instaló en su pecho al observar la manera en que el pelinaranja trataba a Rukia, la manera en que la veía.

Había estado tanto tiempo sintiéndose dueña de sus sentimientos, que en ningún momento se planteó la posibilidad de que otra se los quitará.

Lo reconocía.

Era injusto para él.

Pero, ¿qué podía hacer? Por que no estaba dispuesta a renunciar al amor que él poseía por ella.


-Hoy no podré ir a tu casa -le informó mientras caminaban por las tranquilas calles luego de que las clases hayan terminado por ese día -Tengo que hacer algunas compras, y quiero terminar algunos deberes antes de ir a la fiesta de Mizuiro.

-¿Vas a ir? -cuestionó sorprendido.

Sinceramente, no creía que a Rukia le agradaran esos ambientes.

-Kojima y Asano me hicieron prometer que iría -agitando una mano en el aire para restarle importancia -Además, nunca he ido a una. Me intriga un poco -alzó la vista hacia él -¿Tú no irás?

No, no tenía planeado hacerlo. Porque no tenía muchas ganas y porque había oído a Inoue murmurar que tal vez estaría Ulquiorra. Estaba consciente de lo que podría suceder entre esos dos y había preferido no exponerse a la posibilidad de presenciar, una vez más, algo como eso.

Echó un vistazo a la Kuchiki.

Ella no tenía muchos amigos, ¿con quién estaría si él no iba? Quizás asistirá aquel pelirrojo con el que a veces la encontraba hablando en los corredores; sin embargo, por alguna razón, no le agradó la idea de que estuviera sola con él tanto tiempo, en ese tipo de ambientes donde la mayoría, impulsados por el alcohol, dejaban la vergüenza y el recato de lado.

Se planteó la idea.

Y se sorprendió al darse cuenta que si iba con ella, no le molestaba lo que pudiese llegar a hacer Orihime. Se sorprendió al darse cuenta que quería ir con ella.

Justificó eso con el hecho de que le gustaba, se sentía cómodo, el estar con Rukia.

Afirmó con la cabeza ante la atenta mirada violácea y se detuvo cuando llegaron a la esquina en la que se separarían para ir cada uno a sus casas.

-¿Quieres que te pase a buscar?

Ella negó.

-Puedo ir sola, no está muy lejos la casa de Mizuiro -dándose la vuelta hacia él -Te veo allí -se despidió y poniéndose de puntitas de pie, se estiró hasta alcanzar su rostro y darle un rápido beso.


Se detuvo frente al espejo de cuerpo entero en su habitación, aferrándose a la toalla que cubría su cuerpo desnudo. Las gotas de agua caían de su cabello y se deslizaban por su nuca, por sus hombros y espalda, hasta ahogarse en la tela que la envolvía. Clavó sus ojos en los violáceos del reflejo, y dejó caer la toalla.

Analizó su cuerpo desde los pies hasta la cabeza, examinando cada detalle.

No era alta, muy a su pesar era bastante baja de hecho, pero lo recompensaba con piernas largas y torneadas; una de las características que siempre le habían agradado más de sí de su físico. Recorrió con ambas manos su estómago plano hasta que cada una quedará a cada lado de su cintura; al cabo de unos segundos, llegó a la conclusión de que quizás era demasiado delgada.

Subió la vista hasta llegar a sus pechos y con sus palmas los aplastó contra sí, agarrandolos con un poco más de brusquedad de lo que debería.

Pechos pequeños, muy pequeños.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos pero…

Los rostros de Miyako y Orihime soslayaron en su mente. Ambas mujeres eran muy diferentes a ellas. Eran dueñas de figuras mucho más altas, esbeltas, curvilíneas, y provocativas que ella.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos, siempre se sintió cómoda con ella misma; pero…

Empezaba a sentirse acomplejada.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos, siempre se sintió cómoda con ella misma y con cómo lucía, nunca se planteó el hecho de si resultaba atrayente para otras personas; pero...

Con Miyako eran obvias las razones por las que la mujer la hacía sentirse inhibida; después de todo, en sólo unas semanas había logrado capturar la atención del hombre que ella había estado tratando de atraer desde hace años ya.

Con Orihime, se debía a su relación con el Kurosaki.

Aunque en lo personal se distanciara en muchos aspectos, en lo físico él era muy parecido a Kaien. Si se lo proponía, no sería difícil engañar a su mente y pretender que era Shiba quien la tocaba cuando estaban juntos.

Ese había sido el propósito por el que su noviazgo comenzó. Rellenar sus vacíos con el otro y fingir que eran quien realmente deseaban tener en sus brazos.

A pesar de que ella tendría esa tarea mucho más sencilla, con la excepción de las primeras veces, no pensaba en Kaien cuando estaba con él. Seguía tan enamorada del Shiba como siempre, pero algo la incomodaba al intentar imaginar que era él cuando era otro con quien estaba compartiendo la cama. Simplemente no iba con ella. Pero no lo decía nada al pelinaranja. Él quería que ambos siguieran con ese juego.

Estaba segura que esa era su manera en la que se aseguraba que ninguna clase de sentimientos se entrometieran entre ellos.

Ya hacían dos meses y medio de que empezaron a salir, y aunque de manera muy gradual, las ocasiones en las que al Kurosaki se le escapaba en un suave murmullo el nombre de Inoue fueron disminuyendo, estaba al tanto de que aún pensaba en la pelinaranja cada vez que estaban juntos.

Quería que para Ichigo fuera tan fácil como lo era para ella. Sin embargo, era el extremo opuesto de lo que era Inoue.

Quizás por eso el pelinaranja se negaba tan vehemente a llevar las cosas más allá.

Ambos ya se habían hecho familiares con el cuerpo del otro. No eran pocas las veces que cuando estaban a solas en la casa del Kurosaki, sin importar donde estén, terminaran en una sesión intensa de besos y acariciando al otro.

Ichigo le había enseñado lo placentero que podía llegar a ser el sexo, así como le había enseñado cómo complacer a un hombre.

Sabían cómo le gustaba al otro ser besado, sabían dónde tocar y lamer el cuerpo contrario para lograr leves gruñidos y gemidos, sabían cuál era el punto débil y qué hacer para volver loco al otro cuando se masturbaban mutuamente o se practicaban sexo oral.

Sin embargo, nunca habían llegado a tener sexo en sí. El Kurosaki siempre se aseguraba de que las cosas no vayan más allá, se mantenía firme en su decisión de arrebatarle su virginidad.

No lo entendía, después de todo en repetidas ocasiones le aseguró que ella estaba bien con eso. No era lo suficientemente romántica como para creer que la primera vez de una chica debería ser "especial".

Desde su punto de vista, el sexo era sexo. Si le quería agregar ese "detalle especial" del que tanto hablan en libros por hacerlo con quien estaba enamorada en verdad, sería especial hacerlo con esa persona fuera en su primera vez o en su quinta o la que fuera. Después de todo, lo que influenciaba era la persona, no en qué número de vez tendría relaciones con él.

De todos modos, sin importar lo que dijera, el Kurosaki seguía rehusandose a hacerlo.

Tal vez porque era tanta la diferencia con Orihime, que por más que pensaba en la pelinaranja cuando estaba con ella, no deseaba hacerlo.

Nunca le había molestado ni se había preocupado por su apariencia ni el tamaño de sus senos, siempre se sintió cómoda con ella misma y con cómo lucía, nunca se planteó el hecho de si resultaba atrayente para otras personas; pero nunca antes se había sentido tan desplazada y con el deseo de llenar los zapatos de alguien.

Suspiró resignadamente y se alejó del espejo, dirigiéndose al armario a buscar algo que ponerse para la fiesta.


Se estremeció al sentir aquel aliento chocar contra su oreja y unos brazos envolvieron su cintura, jalandola hasta que sólo quedarán escasos centímetros de distancia entre sus cuerpos.

Aquellos ojos miel la miraron con intensidad. Aquellos ojos miel que a pesar de conocerlos hace sólo un par de meses, había aprendido a leer las emociones a través de estos rápidamente.

Desde el primer instante habían logrado comunicarse.

Ichigo analizó con detalle su rostro, de arriba a abajo, hasta detenerse en sus labios. No la hizo esperar mucho antes de lanzarse a apresarlos con los suyos.

La multitud que había en la sala de Mizuiro bailando, pasando el rato con amigos, no dejaba de empujarlos al uno contra el otro, provocando que se acercarán aún más.

Sin importarle que estaban rodeados de montones de sus compañeros del instituto, y que seguro muchos los estaban viendo, Ichigo la besó tan apasionadamente como acostumbraba. Dirigió una de sus manos hacia su cuello e hizo presión, profundizando el contacto.

Le gustaban los besos de Rukia. A pesar de que había aprendido a hacerlo hacía no mucho, era muy buena en la materia. Sabía cómo estrechar la lengua contra la suya para obtener más escalofríos, y de qué manera ladear su cabeza para que él pudiera adentrarse en su cavidad tanto como lo deseaba y sus narices no se chocaran, evitando que la respiración se les acabará más rápido.

Sus besos eran como ella, tenían el mismo carácter. Demandantes, a veces un poco mandones; pero al mismo tiempo, entregaba mucho de sí en el acto.

Le gustaban los besos de la enana. Demasiado.

Tuvieron que romper el contacto cuando alguien chocó fuertemente contra la espalda del Kurosaki, provocando que trastabillara hacia delante y casi cayera sobre ella si no fuera porque logró recuperar el equilibrio a tiempo y la estuviera sosteniendo firmemente de la cintura. Se giró para ver quien había sido el culpable pero no supo distinguir quién había sido entre todas las personas. Bufó molesto y se volvió hacia la morena, inclinándose hasta quedar a la altura de su oreja para que lo pudiera escuchar por sobre el sonido de la estridente música.

-¡Iré a buscar algo para beber, ¿te quedas con Chad y los demás? Vuelvo enseguida!

Cuando se alejó lo suficiente para poder verla, ella asintió con la cabeza. La tomó de la mano y la llevó hacia donde estaban sus amigos a unos pocos metros de distancia a su derecha. Haciéndole una seña a Sado para que cuidara a la pequeña Kuchiki, se dirigió a la cocina, esperando que aún quedará algo que pudieran tomar.

-¡Al fin! -gritó escandalosamente Asano.

-Todos queríamos que vinieras para poder conocerte pero Ichigo te monopoliza casi por completo -comentó con su sonrisa coqueta Kojima.

Rukia sintió sus mejillas calentarse y rió, sin saber con precisión qué otra cosa hacer.

-Ustedes dos si que no pierden el tiempo, ¿eh Kuchiki? -con una sonrisa ligeramente burlona, Arisawa palmeó su espalda.

Orihime, quien había permanecido completamente callada desde que la morena se unió al grupo, tomó la mano de su mejor amiga y tiró de ella.

-¡Vamos a bailar Tatsuki! -gritó alegremente, llevándosela antes de que pudiera decir algo.

El grupo observó a ambas jóvenes perderse entre la multitud alejarse, dejando que el ambiente se llenará de tensión. Durante toda la noche, Inoue había ignorado y se había marchado con alguna excusa en cada una de las oportunidades que Rukia se había sumado al grupo. Haciéndolo notable para la morena como para los demás, quienes confundidos por la extraña actitud de la pelinaranja, no sabían cómo actuar.

Notando la incomodidad en la novia de su amigo, Chad apoyó una mano en su hombro.

-No le des mucha importancia -aportó Ishida, acomodándose los lentes -A Orihime le cuesta acostumbrarse un poco a los nuevos integrantes, eso es todo -mintió -Ya se le pasará.

La morena asintió con la cabeza, sin estar del todo segura aún.


-Vaya, hace tiempo que no te veo en una fiesta.

Ichigo alzó la cabeza de donde había estado agachado buscando una bebida en la heladera, topándose con las pupilas doradas de Senna, apoyada en la mesada junto a él. Ella le sonrió coquetamente y se puso de cuclillas a su lado, sin importarle en demasía que la corta falda que llevaba se subiera y mostrara un poco más de lo que debería.

-¿Puede ser porque es cierto el rumor de que te conseguiste una noviecita? -levantó una mano y recorrió lentamente su mentón con un dedo -¿El gran Kurosaki Ichigo en pareja?

El aludido maldijo en su interior.

Es verdad. Antes solía ir a toda fiesta que lo invitaban. Solía ir, emborracharse, y acostarse con alguna chica dispuesta.

Era su método de olvidarse por unos momentos de su fracaso amoroso. Hasta que conoció a Rukia, quien demostró ser un método más efectivo; y dejó de encontrar un motivo para seguir yendo a las fiestas.

Sin embargo..

Es verdad. Antes solía ir a toda fiesta que lo invitaban. Solía ir, emborracharse, y acostarse con alguna chica dispuesta. Y la mayoría de esas veces, aquella era Senna.

Observando sus ojos, distinguió el brillo de lujuria que ya se le hacía conocido después de tantas noches que habían compartido. Tragó grueso y se volvió al refrigerador, tratando de volver a enfocar su atención en lo que estaba haciendo previamente.

-Sí, es cierto -respondió fingiendo, sin lograrlo, indiferencia.

Ella se acercó a él, hasta que su nariz chocó contra su mejilla y la acarició con suavidad.

-Se me hace difícil de creer que seas un hombre fiel ahora -fue bajando el rostro hasta rozar su cuello entretanto acariciaba su pecho con una mano -Te gustaba disfrutar mucho de tu soltería -posó un delicado beso sobre su pulso.

Ichigo inhaló profundamente y contuvo el aire.

Mentiría si dijese que las atenciones que Senna le estaba propiciando no lo afectaban.

Maldita sea, que se estaba conteniendo hace tiempo.

Los encuentros que venía teniendo con Rukia, por más que lo dejarán satisfecho, no lo complacían del todo. Disfrutaba estar con ella, la deseaba, y tenían buena conexión en la cama. Lo saciaba, sí. Momentáneamente. No de la manera en que lo haría el sexo.

De hecho, lo hacía sentirse más necesitado.

Por más que ella le hubiese dicho en repetidas ocasiones que quería que sucediera, se seguía negando a quitarle su virginidad. Ni siquiera él mismo tenía claro sus razones.

La pelivioleta lo tomó de la mejilla y lo hizo girar en su dirección, sonrío pícaramente y lo besó.

Era diferente a los de la enana. Ella daba tanto como demandaba, eran una guerra los besos con ella; en cambio Senna se esforzaba en demasía en hacerlos lujuriosos y húmedos, en complacerlo solamente a él.

No pudo contener un gruñido cuando la sintió acariciar su erección por sobre su pantalón.


-¿Quieres bailar? -alguien ofreció cerca de su oído cuando intentaba regresar con Uryu y los demás luego de haber ido al baño.

Rukia se propuso ignorar al sujeto y seguir de largo pero este la sujetó de la cintura, impidiéndoselo.

-Suéltame -exigió, dándose la vuelta y encontrándose con un peliceleste.

Le resultó vagamente familiar y al cabo de unos instantes lo reconoció como alguien de la escuela. Del mismo año que Renji, distinta división.

-¡Yo te conozco! -exclamó él, sonriendo amplia y ladinamente -Eres del instituto, ¿no? -y cuando ella murmuró un "sí" con cierta reticencia, agregó -Eres la amiga de Abarai, ¿cierto? -esta vez no esperó contestación -Pues, si no me conoces, yo me llamo Grimmjow -afianzó más su agarre y la acercó más a su cuerpo -Siempre me has parecido muy linda.

-Suéltame -repitió, tratando de liberarse de sus manos sin mucho éxito.

Él la ignoró y siguió hablando como si nada. La Kuchiki, harta, estaba a punto de darle una patada en la pantorrilla para que la dejara cuando el sujeto se calló abruptamente. Levantó la mirada y lo encontró abstraído en algo más allá de ella, la boca abierta a mitad de una palabra se fue curvando lentamente.

-¿No he escuchado hablar de ti toda la semana porque te has convertido en la novia del Kurosaki? Creo haber oído a Renji mencionar algo también.

Confundida por su cambio repentino de tema, asintió.

Grimmjow señaló detrás suyo.

La morena buscó aquello que apuntaba y sus ojos se dilataron cuando distinguió a Ichigo subiendo las escaleras, una chica aferrada a su brazo y su cuello.

-¿Acaso terminaron o el hijo de puta te está colocando los cuernos delante de todo el instituto? -indago Jaegerjaquez.

Rukia no le prestó atención, seguía absorta viendo el camino por el que el pelinaranja había desaparecido acompañado de otra.

No era lo suficientemente ingenua como para creer que nada pasaría, y tal vez no tenía derecho de sentirse dolida como lo hacía, teniendo en cuenta las circunstancias en las que se basaba su noviazgo. Sin embargo, el vacío en su pecho era presente e imponente. El familiar sentimiento de decepción la ahogó por unos segundos.

Se percató que algunas personas comenzaban a echarle miradas de lástima y desconcierto.

Apretó los dientes.

-Kurosaki siempre fue un mujeriego, no deberías haberlo tomado en serio -pronunció el peliceslte contra su oreja para luego distanciarse y ofrecerle una botella -El alcohol cura las penas.

Sin pensarlo mucho, aceptó la bebida y tomó un largo trago. Arrugó el entrecejo al sentir como descendía por su garganta, quemando.

Y cuando Grimmjow le volvió a preguntar si quería bailar, simplemente dejó que la llevará consigo al medio de la sala. Dejó que pegara su cuerpo al suyo y que lo recorriera con las manos. Bebió más de la botella que compartían, sintiendo la tensión que repentinamente la había inundado abandonarla, comenzó a bromear y a reír con él. Al cabo de un par de canciones, correspondió con igual pasión cuando la besó con intensidad en medio del baile.

Y cuando Grimmjow la cogió de la mano y la guió hacia las escaleras y luego hacia uno de los cuartos, simplemente dejó que la llevará consigo.

Si Ichigo se negaba a quitarle su virginidad pero no tenía inconveniente en acostarse con otras, no había motivos por los que ella debería oponerse a alguien dispuesto a hacerlo.

Al fin y al cabo, hacía tiempo que estaba dispuesta y deseaba perderla.

El sexo era sexo.

Al fin y al cabo, su relación era diferente a las demás.


¡Feliz San Valentín! Traigo drama de regalo (?

Me demoré muchísimo en actualizar, lo siento y pido perdónnn pero estos días vengo con muchísima inspiración para este fandom y está pareja así que trataré de aprovecharla lo más posible y avanzar tanto como pueda con los fics.

No tuve tiempo de corregir este capítulo, así que perdón por las fallas que habrán encontrado.

Y un pequeño detalle, sé que la escena de al principio se repite en mitad del capítulo. Está hecho a próposito. No sé porque me gustaba mucho la idea de empezar con esa escena y no por la parte de la escuela (? Lo aclaro por las dudas.

Quiero destacar que aunque Ichigo y Rukia se relacionen con otros personajes, este fic es 100% IchiRuki.

Muchasmuchas gracias de verdaaad a:DexterMadness31, Sherry uwu, Inverse L. Reena, Ryuuji- San, DLeonor, FlynnChan, shinny26, fel01, yurakawasagami, y Mary. De verdad lamento haberme demorado tanto y sepan que sus comentarios de verdad me impulsan así que gracias :D

Nada más quiero decir un pequeño comentario. He leído mucho sobre lo abandonada que esta está pareja en el fandom debido al final del manga. El final arruinó todo bastante, sí, no se puede negar. Nos arruinó con el final del manga y no será cannon oficial pero tenemos casi todo el manga de momentos entre ellos dos, y no sólo un repentino y forzado final como terminó siendo con el IchiHime.

Sólo eso quería decir~

Espero que les haya gustado y sus opiniones me alientan muchísimo así que agradecería mucho si me la pudieran dejar!

~Louchette.