Atención: Miraculous Ladybug y todos sus personajes no me pertenecen a mí, sino al grandioso Thomas Astruc. Únicamente la trama de este fanfic le pertenece a mi cabecita.
¡Espero que sea de su agrado!
Capítulo 2
-¿Plagg, ahora qué haré? –el joven Agreste le preguntó a su kwami luego de estar dos horas dando vueltas en la cama. ''Te amo, Adrien Agreste'' la confesión de Marinette lo había tomado desprevenido. No podía evitar que una sensación de culpa le retorciera las entrañas. Él no tuvo que haberse enterado sobre los sentimientos de Marinette de esa forma.
-¿Que qué harás? Intentar dormir, humano ruidoso –Plagg voló a encontrar un rincón donde poder descansar cómodamente sin ser interrumpido por las molestias preguntas del muchacho.
-¡Plagg! ¡Por favor! Dame un consejo –susurró a la oscuridad. El pequeño kwami ya se había perdido de vista y no recibió respuesta alguna. Frustrado, Adrien enterró la cabeza en su almohada. ¿Cómo podría mirar a Marinette a la cara mañana? ¿Y si se le confesaba tal como le había dicho a Chat que lo haría?
''La verdad es que ya lo sabía, soy Chat Noir y escuché tu confesión anoche, mientras me abrías tu corazón'' Jamás podría decirle algo así. La perdería para siempre y él no quería eso. Sentía que de alguna forma se había aprovechado de ella al escuchar sus sentimientos por él detrás de una máscara, fingiendo ser otra persona.
¿Y si la rechazaba? Tampoco quería que se le presentase ese momento… No quería lastimarla de ninguna forma, y ahora sabiendo la razón de porque se ponía tan nerviosa al frente de él, no quería que siguiera pasando por eso. Seguramente era algo muy incómodo para ella. Ella era su amiga. Y la quería, sin importar que no pudiera corresponder a sus sentimientos. Y los amigos significaban mucho para un chico como Adrien Agreste. Ellos eran la familia que necesitaba en esos momentos. Quería verlos felices a todos. Quería ver a Marinette feliz.
Marinette Dupain-Cheng se encontraba mirando una de las tantas fotos que tenía de Adrien. Las había escondido todas desde la vez que él había ido a jugar videojuegos y hasta la fecha no había tenido la oportunidad de volverlas a colocar. Estaba dispuesta a seguir el consejo de Chat Noir. Debía confesarle a Adrien sus sentimientos. Ya cuando él los supiera, si la llegaba a rechazar y prefería Kagami, al menos Marinette sabría que había intentado todo lo que pudo.
Y recordando a Chat Noir, la sangre fluyó hasta las mejillas de la peliazul -¡Tikki! ¡No puedo creer que se me haya escapado el nombre de Adrien al frente de Chat!
-Tranquila, Mari –el kwami no sabía que podría tranquilizar a su amiga y a la vez tranquilizarla a ella. Tikki tenía sus sospechas sobre la identidad del joven gato, y si sus sospechas resultaban ser ciertas, Marinette habría cometido un espantoso error al revelar su amor por Adrien a Chat Noir. Solo quedaba estar atento al joven Agreste hoy en clases.
-¿Crees que él diga algo? Confío mucho en él, no me malentiendas, es mi compañero para defender esta ciudad, pero… -Marinette daba vueltas por su habitación todavía con la foto en la mano.
-Calma, Marinette. Aprende a confiar en tu compañero. Chat es un buen muchacho –la kwami voló hasta la cara de su portadora –Además, desde los tiempos más antiguos Chat Noir y Ladybug siempre… han sido buenos amigos–la kwami sonrió. Contuvo todas las ganas de revelarle a Marinette la verdad sobre la relación entre todos los portadores del Miraculous de la Catarina y del Gato, pero ella todavía no estaba lista. Era mejor que supiera solo la parte de la amistad entre ellos, por el momento.
-Tienes razón Tikki –dándole un pequeño beso en la cabeza al kwami, guardo la foto en uno de sus cajones y salió rumbo al colegio.
Aunque era un hábito de ella llegar tarde, siempre se esforzaba por corregirlo. Llegó cinco minutos antes de que la señorita Bustier llegara.
-¡Buen trabajo, chica! –Alya le dio los cinco cuando vio a su amiga sentarse junto a ella –. Es un milagro que hoy llegaras a tiempo. Posiblemente alteraste el orden del universo por eso.
-Cállate Alya –Marinette golpeó suavemente el hombro de su amiga para luego reír. Aunque su humor duró poco al ver entrar a Adrien por la puerta del salón junto a Nino. El corazón de la joven dio un vuelco al verlo y darse cuenta que tarde o temprano tendría que confesar todo lo que sentía por él. Los muchachos las saludaron y tomaron asiento al frente de ellas como era la costumbre.
Las lecciones pasaron tranquilas. Por más que Marinette intentara concentrarse siempre terminaba perdida en la cabellera rubia que tenía frente a ella. ¿Cómo se sentiría tocarla? Seguramente el pelo de Adrien sería suave y sedoso, ¿olería bien? Vamos, Marinette. ¡Concéntrate! Se reprendía mentalmente.
Mientras tanto, el joven sentado al frente de ella sufría una pequeña crisis. ¿Dejar que Marinette se le confesara y rechazarla? ¿O lograr posponer el temido suceso? Tal vez Chat lograra persuadirla de no apresurarse en su decisión… Él no quería ser el causante de romperle el corazón a alguien tan dulce como ella.
Durante el almuerzo, al no estar Adrien por ningún lado, Marinette decidió no desanimarse por eso e ir por algo de comer a la pastelería de sus padres. Adrien había logrado esconderse muy bien en la biblioteca, sin Nino, ni Alya, ni Marinette y mucho menos Chloé.
-Plagg, desearía poder corresponderle a Marinette –el joven suspiro, permitiendo que el kwami negro saliera de su camisa, ofreciéndole un trozo de queso Camembert observó al pequeño felino devorarlo hábilmente.
-¿Y es acaso muy difícil? Me has dicho que es una buena amiga, y es que es tierna –Plagg no entendía realmente porque todo el drama, él era feliz con su queso y listo, no necesitaba tantas complicaciones humanas.
-Pero mi corazón ama solamente a Ladybug –el joven se sonrojó al pensar en ella. En su Bugaboo. No había otra como ella.
Las clases siguieron su rumbo normal, sin ataques imprevistos de akumas o sin ningún percance en el aula, el resto del día lectivo se hizo pesado y aburrido.
-¡Adrinkins! ¿Te gustaría acompañarme de compras hoy? –Chloé, como siempre, se tiró encima de Adrien, abrazándolo por más resistencia que este presentara. Desde pequeños ella había desarrollado esa tendencia posesiva con él y no pareciera irse.
-Lo siento, Chloé. Tengo clase de esgrima –dijo separándose de ella y tomando su mochila a toda prisa. Entre más rápido se alejara de ella mejor.
Mientras recogía sus cosas, Marinette presenció la escena desde su asiento y sonrió. Esa podría ser una buena oportunidad. Espero que la insoportable de Chloé desapareciera con Sabrina para ir en busca de Adrien.
-¡A-Adrien, espera! –maldita sea, Marinette, peleas contra fuertes enemigos pero te tiembla la voz al decir su nombre. Adrien se dio la vuelta al oír que lo llamaban. Al ver a la joven peliazul sintió que las piernas empezaban a fallarle.
-¡Hola! ¿Necesitas algo? –actúa normal Agreste. Ocupaba mostrarse como si nada. Como si la visita de anoche no se hubiera dado nunca.
-Q-quería decirte a-algo –la joven miraba sus manos nerviosa, evitando mirar los ojos del chico, ya que estaba convencida que perdería cualquier rastro de coherencia en sus palabras. Adrien notó las mejillas sonrojadas de la joven, ahora entendía su comportamiento. Por alguna razón, el nerviosismo y la ternura de Marinette fueron como un balde de agua fría. Oh no…
-Marinette, yo… -no sabía que decir. Quería evitar a toda costa oír aquellas palabras de los labios de la joven nuevamente. Quería evitar esa punzada de dolor al no corresponderle… No, más bien quería evitar la sensación de confusión que le producía la posibilidad de estar con Marinette. Estaba enamorado de su lady, pero no podía negar que no sentía completa indiferencia por su amiga. Quería evitar eso. Quería huir.
-No, Adrien. E-escucha. Ayer estuve practicando p-para esto –dijo con una risita al recordar a Chat. Adrien miró a su alrededor en pánico, buscando alguna ruta de escape. Justo saliendo de los vestidores se encontraba Kagami, con su uniforme rojo, ya lista para la práctica. Una idea fugaz cruzó la mente de Agreste.
-Marinette, lo siento tanto, pero debo de ir ya a la práctica. ¡Mira! Kagami vino a buscarme –el joven señaló a la asiática que caminaba justamente en su dirección -¡Nos vemos luego, Mari! –se apresuró a llegar pronto donde Kagami.
-Oh Adrien, ¿Por qué aún no estás listo? –preguntó Kagami sorprendida de ver a Adrien acercarse corriendo.
-¿Por qué? ¿La práctica ya va a empezar? ¡Vamos! –le hizo un gesto desesperado a Kagami para que lo siguiera de vuelta a los vestuarios. Esta se encogió de hombros y lo siguió indiferentemente, luego iría a recoger el libro que había olvidado.
Marinette tenía ganas de llorar, pero no hubo tiempo para eso cuando una fuerte explosión fuera del colegio los sorprendió a todos.
-Marinette, ¿estás bien? –el kwami preguntó al ver la cara de la joven cuando abrió su bolso.
-Ahora no es tiempo para eso, Tikki, debemos detener a un akuma –Ya habría tiempo para resolver sus problemas de adolescente, por ahora era Paris la que la necesitaba y no podía fallarles.
Adrien logró escabullirse gracias a la confusión que causó la explosión. Se transformó rápidamente en Chat Noir, y salió en busca del akuma. Al ver a su Lady aparecer balanceándose en su yoyo, su corazón latió aún más rápido, pero por primera vez no sonrió. En su cabeza solo estaba un pensamiento: ¿Marinette estaría a salvo?
¡Muchas gracias, mis amores! Por todo el apoyo que he recibido. De verdad espero que la historia les siga gustando. ¡Los amo!
