¡Aquí está el siguiente capítulo que les prometí! Los que siguen están en proceso. Gracias de nuevo por acompañarme en este fic y tenerme paciencia. ¡Espero que les guste!

Atención: Miraculous Ladybug y todos sus personajes no me pertenecen a mí, sino al grandioso Thomas Astruc. Únicamente la trama de este fanfic le pertenece a mi cabecita.

Capítulo 6

-Tikki, no entiendo nada de lo que ocurrió hoy - Marinette miraba a su Kwami preocupada, abrazando su almohada de gato.

-Lo único que sé es que el poder de este villano afectó mucho a Chat Noir -el kwami voló más cerca de su portadora. -Este akuma podía provocarle alucinaciones a sus víctimas, seguramente lo que presenció Chat fue muy fuerte para él.

-Eso lo sé… ¿Crees que Chat está enojado por qué no me presenté a la pelea a tiempo? -murmuró la joven, no podía evitar la sensación de culpa recorriendo su cuerpo. El kwami voló y le dio un beso de buenas noches a la joven en la mejilla -No, Mari. Él no haría eso.

Al día siguiente, en el Instituto, por primera vez Marinette Dupain-Cheng llegaba temprano, y Adrien Agreste no estaba en su lugar habitual. Marinette miraba extrañada el asiento vacío en frente de ella. Estaba segura de haber visto el auto de Adrien en la mañana, dejando al muchacho en el instituto. No hubo rastro de Adrien durante todo el primer periodo, por lo que la peliazul ideó escabullirse durante el almuerzo para ir a buscarlo.

A la hora del almuerzo, Marinette empezó a buscar en el Instituto; estaba dispuesta a buscarlo a dónde tuviese que ir, con tal de encontrarlo. Ya era suficiente la preocupación que tenía por Chat Noir para que ahora Adrien la asustara de esa forma. Tenía que asegurarse de que estuviera bien, no era usual de él faltar a clases sin avisar (menos después de que Nino le confirmara de que vio al chofer de los Agreste dejando al muchacho en la mañana).

Tenía miedo de que su búsqueda durase todo el día, pero justo encontró a su amigo en la biblioteca. Adrien miraba distraídamente la ventana, sin ningún libro en sus manos ni nada, solo una expresión vacía tan dolorosamente cruel, que le recordó por un momento al aspecto de su compañero superhéroe cuando fue atacado por ese akuma el día anterior. ¿Debía molestarlo? Tal vez el chico quería estar solo para ordenar sus pensamientos, por más que ahora se había vuelto más cercana a Adrien, no eran lo suficientemente cercanos para que le contara sus problemas.

Decidida a dejar al chico en su mundo, se dispuso a dar la vuelta y regresar con sus amigos. Su objetivo era encontrar a Adrien y lo había hecho…¿por qué no se sentía nada bien esa sensación? No se animaba a dejarlo ahí solo, por más que tuviera miedo de molestarlo o incomodado, no iba a dejar que Adrien corriera el riesgo de atraer a ningún akuma. Respiró hondo, Adrien solo estaba a unos estantes de distancia, sentado en una de las mesas, se dirigió hacia él.

Por su parte, el joven rubio se encontraba en una verdadera odisea mental. Desde la pelea con el akuma del día anterior, no había dejado de sentirse mal. A pesar de que la magia de Ladybug lo había liberado del efecto del akuma, lo que escuchó y vio mientras estaba bajo el poder del akuma seguía resonando en su mente. Nunca había ocurrido algo de ese tipo, nunca. El akuma lo había hecho sentir miserable, que no era bueno para ninguna cosa; escuchaba la voz de su padre restregandoselo en la cara y por más que intentaba controlarse, controlar sus pensamientos, no podía escapar de ellos. Ahora, a pesar de que ya no se encontraba bajo esa influencia, sentía que todo lo que había hecho el akuma no era nada más ni nada menos que hacerle enfrentar lo terrible que era su realidad. Dentro de él sabía que todo lo que había escuchado en esas alucinaciones era lo que su padre realmente pensaba de él. Incluso...una voz en su interior decía que existía la posibilidad...que por culpa de él su madre haya desaparecido…

-¿Adrien? -la voz de Marinette lo hizo volver a la realidad, lejos de ese lugar oscuro al cual estaba entrando. Marinette. Verla ahí frente a él hizo que recordara otra cosa. Ayer fue lo suficientemente inútil como para ni siquiera poderla salvar. La tuvo que salvar Luka. Si Luka no hubiese estado cerca y actuado rápido… La culpa volvía a adueñarse de él.

-Ah, hola, Marinette -el muchacho carraspeo antes de saludar a su amiga. En este momento no le apetecía hablar con nadie, mucho menos con ella. ¿Y si declaraba lo que sentía en esos momentos? No se sentía con la estabilidad emocional para enfrentar una cosa así. Y la culpa volvía a asomarse…

-¿E-estás bien, Adrien? -se sentía tonta preguntando eso, pero no sabía de qué otra forma iniciar una conversación. Vio preocupada como Adrien empezó a tomar su mochila del piso.

-En estos momentos no quiero hablar, lo siento -se levantó para irse, intentando sonar lo más educado que podía. Calmate, Agreste.

-¡Espera! A-adrien…

-¡No estoy bien, no quiero hablar! -exclamó, intentando no sonar muy enojado ni levantar mucho la voz. Estaba exasperado, quería salir de ahí. Marinette sentía que debía dejarlo marchar, ser la miedosa que siempre era al frente de él. En estos momentos no importaba si a ella le gustaba o no, lo único que importaba era que era su amigo.

Al ver que Adrien se alejaba, decidió que tenía que actuar ahora o nunca, no podía arriesgarse a verlo como un akuma… No a él. Se apresuró y al llegar a donde Adrien lo tomó de la mano. Él la miró asombrado pero antes de poder decir algo, Marinette le hizo una seña para que hiciera silencio.

-Si quieres irte de aquí, nos iremos -le susurró por lo bajo a Adrien. No pensaba dejarlo a ir solo. Lo condujo afuera de la biblioteca, hacia los casilleros. Seguían tomados de la mano, la sensación era extrañamente familiar, pero al contrario de lo que se esperaba, no era ella la que se encontraba sonrojada sino él, que nunca había visto a su amiga actuar así.

-Mari…-empezó a decir Adrien al llegar a los casilleros, pero fue interrumpido por la joven.

-No, escuchame Adrien -comenzó a decir -Estás mal. No pienso dejar a mi amigo solo, cuando veo en sus ojos lo mal que lo está pasando. Somos amigos, ¿verdad? Siempre hablas de que soy tu amiga, pues esto es lo que hacen los amigos. No nos dejamos solos. No estás solo.

Adrien no sabía qué decir. Está no era la chica a la que conocía. Nunca la había visto comportarse de esa forma, tan decidida, segura y firme. Se preocupaba por él. Tal vez, solo tal vez a Marinette no solo le gustaba él por ser modelo, sino por su persona. Ese interés que mostraba en él lo hizo sentirse extrañamente reconfortado.

Marinette miraba expectante a Adrien, el muchacho la miraba sorprendido pero no decía nada. Ella no podía creer que hubiese dicho todo eso, sin tartamudear y con tanta seguridad. Se sentía orgullosa y también preocupada de haber sobrepasado un límite, pero no iba a dar marcha atrás, no podía. Marinette condujo a Adrien al gimnasio, fueron directo hacia los vestidores, ahí podrían hablar tranquilos. Ya la hora de almuerzo estaba llegando a su fin, por lo que contaban con algo de tiempo para hablar a solas.

-Listo, ya no estamos en la biblioteca, ¿quería irte, verdad? -dijo la chica agitada, mirando con una extraña vitalidad a su amigo. Estaba nerviosa, pero algo extraño la estaba motivando a hacer ese tipo de cosas. Adrien, por su parte, no sabía qué hacer. Nunca había visto actuar a Marinette de esa forma tan decida, le recordaba hasta cierto punto a Ladybug… Apartó esa imagen de la mente; por el momento lo que importaba era escapar de ahí. ¿Qué le podría decir a Marinette sin herirla? No quería estar ahí, con ella ni con podía soportar en ese momento que Marinette se le declarara. No ahora. Lo que quería era esconderse del mundo, sentirse miserable con la tranquilidad de que nadie lo encontraría…

-Agreste - lo llamó la chica. Sin darse cuenta, Adrien se había quedado callado por un incómodo momento, ahora Marinette lo miraba enarcando una ceja entre irritada y preocupada.

-L-lo siento, Mari. Realmente no me siento bien, comprenderás si quiero estar solo, ¿verdad? Porque…

-No. No me iré y no me alejaré de tu lado -lo interrumpió la joven, tomando asiento en una de las bancas de los vestuarios. Lo miró fijamente con sus grandes ojos azules, mirada que hizo que un escalofrío recorriera la espalda del joven Agreste. Esa mirada… -No pienses ni por un minuto que te dejaré solo, Adrien Agreste. ¿No ves el peligro? ¡Estás mal! ¡Puedes ser víctima de un akuma en cualquier momento!

El joven contempló a su amiga atónito. Él pensaba, en la esfera depresiva en la que se encontraba desde el ataque del akuma, que Marinette solo venía a echarle más sal a la herida al declararle por fin sus sentimientos hacia él. Como había pasado esos días evitando que Marinette se declarara por los consejos que le dio como Chat Noir. Y ella solo quería ayudarlo, estaba preocupada por él.

-Mari yo…

-No digas nada, Adrien. No ocupas decirme qué es lo que tienes, solo que sepas que no estás solo. Y, mientras estés en ese estado, ¡yo haré lo que sea para protegerte de cualquier akuma! Porque… para eso son los amigos -Marinette se quiso golpear contra una pared al repetir la misma frase que había odiado. Eran amigos, por más que ella quisiera ser algo más, la amistad en estos momentos era más importante.

-¡Pero yo no pude protegerte! -gritó el muchacho conmovido por las palabras de su amiga, mientras pensaba en cómo se había comportado como un inútil en el ataque del día anterior. Al recordar que su amiga, si no hubiese sido por el hermano de Juleka, estuvo cerca de ser una de las víctimas del akuma por su falta de eficiencia. De pronto sintió que se rompía y no pudo controlar las lágrimas que ya bajaban rápidamente por su rostro. Marinette primero miró a su amigo confundida, ¿de qué no pudo protegerla?, luego entró en pánico al ver a Adrien llorar. Hizo lo primero que se le cruzó por la mente. Se levantó y lo abrazó, lo más fuerte que pudo. El joven le correspondió el abrazo al instante, aferrándose a ella. Ninguno de los dos dijo nada, solo se abrazaron mientras Adrien lloraba como no lo había hecho en años.

Terminaron sentados en el suelo, apoyados contra los casilleros, mientras Marinette consolaba al chico de sus sueños, mientras este lloraba en sus brazos. Sin saberlo, Adrien se sentía como en casa, sentía que todos los pensamientos negativos se iban de su mente. La presencia de Marinette tenía una especie de poder sobre él, se sentía cómodo, feliz, como si estuviera en un lugar en el que debía estar. De pronto lo inundó una sensación de vergüenza. Él estaba enamorado de Ladybug, no tenía por qué sentir eso por Marinette, ella solo era su amiga… ¿verdad?

El chico se apartó de los brazos de la chica y la miró a los ojos, ya había dejado de llorar hace unos minutos, pero sus ojos escocían y se encontraban rojos. La peliazul le devolvió la mirada, en sus ojos había preocupación, pero sobre todo, había amor.

-Gracias -susurró el chico. Tenía ganas de disculparse por su comportamiento, pero sentía que no era necesario, había una clase de comunicación entre ellos dos que no comprendía. Ella sonrió y se sonrojó. Ahí estaba la chica que conocía. De pronto, recordó algo que ocupaba sacarse de la mente.

-Yo... me enteré que ayer casi te ataca el akuma, vi que un chico te salvó… ¿por qué no huiste como los demás?

La expresión de Marinette cambió, se suavizó de una forma extraña, entre preocupación y nostalgia -Ah sí, pero no estaba preocupada por mí. La verdad es que vi a Chat Noir teniendo problemas con el akuma y me preocupé por él, no sé por qué no reaccioné. Supongo que el miedo de que algo le pasase si apartaba la vista.

En ese momento Adrien Agreste sintió que esa chica a la cual llamaba su amiga era la persona en todo el mundo que más se preocupaba por él, incluso sin saber su alter-ego.

Nota: Siempre he pensado que por todo lo que ha pasado y el ambiente en el que vive, Adrien con depresión, o al menos que dentro de él pueden haber ideas muy fuertes y negativas influenciadas por su padre. Por eso se me ocurrió ese detalle, ya que para mí en una relación (y cuando uno ama a una persona) está dispuesta a ayudarlo a superar males y a creer como persona, un trabajo mutuo claro está. Como nuestros personajes van creciendo poco a poco, sentí que era un aspecto digno de analizar. ¡Muchas gracias por leerme!