Me asombra la cantidad de gente que tiene la cabeza llena de estiércol de lo más podrido posible.

Me asombra la cantidad de cobardes que tiran su vida por la borda en ese mundo helado.

Me asombra la cantidad de hipócritas que existen y viven en una contradicción continúa. De hecho, yo soy una de ellos.

Ahora ahogo mis penas con alcohol y las evaporo con humo de cigarro.

Me siento mal por alguien que ahora mismo se siente bien. ¡Que ironía!

¿Qué me deparará la vida una vez termine esta botella?

Igual me quemaré la piel con los cigarrillos prendidos para aliviar mi ansiedad.

O igual, terminaré por dejar la botella a medias para luego tirar la cajetilla de cigarros en una papelera.

¿Qué voy a hacer?

Cierro los ojos.