¡Feliz día del amor! Al menos eso depende de cuando lean este capítulo, en mí país sigue siendo 14 de febrero, aunque para mí siempre es día para celebrar el amor. Decidí hacer un tipo de especial aprovechando la fecha, pero quería hacerlo sin que perdiera sentido con la historia, así que lo hice tipo 2 en 1. Realmente espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribirlo. Les agradezco por todo el apoyo que he recibido, no saben lo que significa para mí. ¡Disfruten!
Atención: Miraculous Ladybug y todos sus personajes no me pertenecen a mí, sino al grandioso Thomas Astruc. Únicamente la trama de este fanfic le pertenece a mi cabecita.
Capítulo 8
Ninguno de nuestros dos héroes pudo dormir bien durante la noche. Curiosamente ambos pensaban en lo mismo y en situaciones muy parecidas. Marinette se encontraba abrazando su almohada en forma de gato, con su cabeza llena de pensamientos que le parecían impropios de ella. Sin importar cuanto tratase, no podía quitarse al gato callejero de su cabeza. Debía admitirse a sí misma que pasar tiempo con Chat siendo Marinette le permitía conocer muchas cosas de él que con Ladybug no salían a flote. Tal vez porque siempre pasaba intentando llamar la atención de la heroína. Sin embargo, pasar tiempo con Chat Noir cada vez era mejor, no solo lo veía como su compañero de batalla sino realmente como su amigo, incluso su mejor amigo. Odiaba verlo mal y haría cualquier cosa por animarlo.
A kilómetros de la panadería Dupain-Cheng se encontraba, en las mismas cavilaciones, un joven rubio, mirando hacia su ventana sin poder conciliar el sueño. Una parte de él se sentía culpable, porque sentía que cada vez pensaba más en Marinette y menos en Ladybug y se suponía que era su Bugaboo la chica de sus sueños. Miró el reloj cansado, eran pasadas las 2 de la mañana y seguía sin poder dormir. El problema no era la culpa, no, el problema era que disfrutaba extrañamente de esa culpa, o mejor dicho, del causante de esa culpa. Pasar tiempo con Marinette se había vuelto una clase de gusto culposo, principalmente por sus sentimientos hacia Ladybug, pero no podía evitar sentirse tan cómodo con la chica. Claro, para Adrien todo eso estaba relacionado a que, no solo era su amiga, sino que era la primer amiga que había hecho en el instituto. Ella era muy especial con él, a pesar de saber de los sentimientos de ella hacia él (cosa por la que también se sentía culpable) ella ayudaba a todos desinteresadamente, lo ayudaba a él sin importar qué.
Tomó su celular para distraerse un rato, ya que tal vez así lograba conciliar el sueño. Al hacerlo, ante sus ojos brilló con gran intensidad la fecha de ese día en la pantalla del dispositivo. Era, ni más ni menos, que 14 de febrero. ¿Cómo no se había percatado? Con el efecto del akuma sobre él, y todo lo ocurrido, se le olvidó por completo la fecha.
-Plagg -llamó el muchacho en la oscuridad -¿Estás despierto? -por respuesta el joven solo recibió un gruñido. -Es que se me olvidó por completo conseguirle un regalo a Ladybug -susurró nuevamente el muchacho, angustiado, pero en parte, entusiasmado por saber que su primer pensamiento al pensar en el día de los enamorados seguía siendo su Lady. ¿Por qué no sería ella la primera que aparecería en su mente?
Marinette también, al igual que su amigo, se acababa de dar cuenta de la fecha. A diferencia de Plagg, que no mostraba el más mínimo interés en asuntos románticos de los humanos salvo que involucraran queso, Tikki se despertó cuando su amiga la llamó. Al ver a la pobre chica toda nerviosa por no saber qué regalo darle a Adrien, la pobre kwami no pudo aguantar sentir compasión por ella.
-Vamos, Mari. Podrías darle algo sencillo, ¿qué te parece? ¿Una carta declarandote? -sugirió la kwami; sin embargo, al ver la cara de pánico que se apoderaba de su portadora, decidió cambiar sus palabras -¡O una carta solo de amigos! Así no es nada comprometedor.
-Tikki, es que creo que no estoy lista para declarar lo que siento por Adrien… creo que me siento, un poco confundida -murmuró la joven poniéndose un suéter para salir de su cama y bajar las escaleras para buscar algo qué poder hacer en su escritorio. Tikki la siguió volando.
-¿Qué quieres decir? ¿Ya no te gusta Adrien?
-¿Qué? ¡Por supuesto que me gusta! -exclamó la joven -¡Lo amo! No es eso, es solo que no sé si sea el momento. Creo que está pasando por cosas y no sé...ARGH no sé Tikki. Simplemente no sé si sea una buena idea o no.
Observando como la chica se sentaba con ademán derrotado en su escritorio, el kwami sintió aún más curiosidad por el estado emocional de su portadora, que no pudo evitar que una pregunta se le escapara. -¿No estarás confundida por Chat Noir?
La joven miró al kwami como si esta se estuviera volviendo loca -pff, Tikki, ¿crees que me gusta ese gato callejero? ¡Jamás! Es sólo un amigo, al que quiero mucho, pero es un amigo, ¿entendido?
La joven se puso a trabajar de inmediato en un pequeño proyecto para Adrien. Ya que el padre de Adrien se había llevado los méritos por la bufanda que le había hecho ella, podía regalarle una bufanda completamente nueva. No le importaba pasar toda la noche trabajando, por Adrien haría lo que hiciera.
Al día siguiente, en el Instituto, un Adrien Agreste ingresaba a la clase con grandes ojeras y luego de pasar toda la noche pensando qué podía darle a Ladybug. Ocupaba algo que no fuera muy romántico, por si lo volvía a rechazar, pero que fuera un recordatorio de cuanto la quería. Cuando por fin dio con una idea, ya Nathalie lo estaba llamando para desayunar. Se sentó, cansado, en su escritorio y miró sonriente a sus amigos, Nino y Alya, que se miraban con cara de enamorados entre sí.
-¡Feliz día, chicos! -los saludó, intentando captar la atención de ambos. La pareja lo saludó y le deseo un buen día del amor y la amistad, para luego seguir hablando entre sí. Adrien notó, sin mucha sorpresa, que Marinette aún no había llegado a clases. Seguramente se había quedado dormida nuevamente. Ante aquel pensamiento no pudo evitar que una sonrisa se le escapase de los labios. Las lecciones empezaron y la mañana transcurrió y el joven Agreste se estaba empezando a poner inquieto porque no habían rastros de Marinette. Era normal que la joven llegara tarde, pero que faltara no era tan común. Sonó el timbre del almuerzo y Adrien vio cómo su pareja de amigos salieron como tortolitos corriendo fuera de la clase. Después de recoger sus cosas, se dispuso a salir pero chocó contra alguien que venía, aparentemente con gran velocidad.
Para alivio de Adrien, vio que había chocado con su amiga, y se sintió automáticamente más tranquilo. -¡Hola, Marinette! -saludó alegre, aunque su amiga se encontraba en el piso recogiendo una caja mediana rectangular, que tenía un lazo verde.
-¡H-hola! -no pudo evitar tartamudear, al verlo tan cerca, luego de todo lo ocurrido la vez pasada. La forma en la que la saludó le quitó el miedo de que él estuviera enojado por haberlo abrazado en los vestidores. Se sentía tranquila por ese lado, pero sumamente nerviosa porque estaba frente al chico que la volvía loca, y no sabía cómo darle el regalo que tenía en sus manos. Tenía miedo de que no le gustara el regalo, además de que descubriera su trabajo en la otra bufanda, la que piensa que se la dio su padre, y que por eso la odiara para siempre. Ella acostumbraba firmar siempre su trabajo, y ambas bufandas las había firmado, más que nada por costumbre, ¿la reconocería?
-¡Feliz día, Marinette! -dijo el muchacho feliz. La joven seguía muy nerviosa pero sonrió ante las palabras del chico. Adrien notó que la chica también tenía grandes círculos negros debajo de sus ojos, ¿se habría quedado mucho rato despierta luego de que Chat la dejara ayer en la noche?
-¡Día f-feliz, Adrien! Ay, digo, ¡Feliz día! -volvía a tartamudear. De pronto Adrien fue más consciente sobre el regalo que la joven traía en sus manos y lo relacionó inmediatamente con el nerviosismo de la chica. Sintió miedo, no estaba preparado para que se le declarara aún. Él sabía de los sentimientos de ella, pero no la quería rechazar, no quería que se alejara de él. Estaba a punto de decir algo pero la joven lo interumpió -¡Tengo algo para ti! -dijo casi sin aliento. Se preparaba para recibir la caja que tenía la joven en las manos, pero se sorprendió al ver que guardaba la caja grande en su mochila y sacaba una más pequeña. Se la entregó con manos temblorosas -Son macarrons especiales, mis padres los hicieron para la panadería, pero pensé que te gustarían. ¡F-feliz día de la amistad!
El joven le agradeció con una gran sonrisa y le dijo, de forma muy sincera, que le encantaba. -De verdad, muchas gracias Mari. Lamento mucho no poder darte nada, te juro que se me olvidó la fecha -dijo el joven nervioso y apenado
-¡Tranquilo, Adrien! Yo también la olvidé -dijo riendo la joven -¿has visto a Alya? Ocupo darle su regalo, ¡Nos vemos en clase! -la joven se fue sin esperar palabra de Adrien y se alejó corriendo.
Adrien estaba confundido, y debía admitirlo, decepcionado. Sabía que no tenía porqué sentirse así, de nuevo sintió la culpa. Una parte de él realmente deseaba que el regalo que Marinette tenía fuera para él. ¿Por qué? Era solo una amiga y le dio un regalo en forma de amistad, eso debía bastarle. ¿Entonces, por qué sentía ese sentimiento?
Mientras el joven se perdía en sus pensamientos, Marinette corría a refugiarse en el baño. Al meterse en un cubículo Tikki salió volando de su bolso.
-¿Qué pasa, Marinette? ¿Por qué no le diste el regalo que le hiciste? -el kwami miraba preocupada como su amiga abrazaba su mochila con lágrimas en los ojos, intentando calmarse.
-Sentí que no podía, Tikki, que tampoco debía darselo. Sentía que no era para él, además de que me daba miedo que lo reconociera. En el momento, simplemente sentí que era una mala idea -Marinette le había dado a Adrien los macarrons que traía para Alya. Sentía que no era el momento para su regalo, no sabía que podía causar. Tampoco sentía que fuera correcto.
-Vamos, Marinette. Animate. Nada malo pasó. Puedes guardar el regalo y darselo para su cumpleaños o navidad. - el kwami intentaba consolar a su portadora. Por suerte, la chica se calmó rápidamente y no dejó que las emociones se apoderaban de ella. Tomó su mochila y se dirigió a clases, como si nada hubiese pasado.
El resto del día transcurrió completamente normal. Adrien y Marinette no volvieron a hablar, salvo a cuestiones de pura cortesía y sonrisas. Adrien se fue rápido de clases al sonar el timbre de salida. Ocupaba ir a conseguir lo que quería darle a Ladybug, por suerte había logrado convencer al Gorila en la mañana para que en la tarde lo llevase a hacer unas compras. Tenía en mente un regalo, sencillo pero al que le iba a poner mucho amor. No fue difícil encontrar lo que quería, pero a la hora de comprar, cambió de idea y escogió otra cosa simplemente porque sentía una corazonada. Hizo todo lo más rápido posible, para que su padre no sospechara de su ausencia. Sin embargo, Gabriel Agreste pasaba especialmente bastante aislado los 14 de febrero, posiblemente sumido en pensamientos sobre su esposa, Emily.
Adrien llegó a su casa, escondió el regalo y se puso a hacer su tarea mientras esperaba que fuera la hora para ir a encontrarse con su Lady.
Marinette no se encontraba tan mal, como esperaba, luego de no darle el regalo a Adrien, a pesar de que pasó toda la noche haciendolo. Subió a su habitación luego de pasar un rato con sus padres, hizo su tarea rápidamente y se acostó, abrazando su peluche de gato, puso un despertador para recordarse que esa noche sí debía ver a Chat y se durmió.
Poner el despertador funcionó, junto con la insistencia de Tikki, así que salió a encontrarse con Chat sintiéndose más despierta. Se sentía muy emocionada por ver a su compañero, él era su amigo y quería darle un abrazo por el día de la amistad.
Chat ya estaba en el punto de reunión de aquel día, sobre el techo de un edificio, Ladybug lo saludó pero se quedó congelada al ver una pequeña bolsa de regalo junto a los pies del héroe.
-Buenas noches, mi Lady -Chat la saludó, tomó su mano y la besó. Ladybug no pudo evitar sonrojarse al ver la actitud de su amigo. Él siempre flirteando con ella, nunca se inmutaba ante sus acciones, pero hoy no pudo evitarlo. -Feliz día del amor y la amistad, Bugaboo
-Feliz día, Chatton -sonrió y abrazó al muchacho. Chat se sorprendió pero correspondió en seguida. Aunque ella no correspondía su amor, eran amigos y eso era lo que importaba y debía disfrutarlo. Pensó en el regalo que tenía. No se sentía con las fuerzas para ser rechazado. Decidió no darle el regalo, no ahora, pero no por las razones que él admitía, sino porque, una parte de él, sentía que el regalo no era en realidad para ella.
-¿Qué tienes ahí, chatton? -preguntó Ladybug con curiosidad, estaba segura que si el regalo hubiese sido para ella ya se lo hubiera entregado, entonces ¿Qué era?
-oh, no es nada. Es un pequeño detalle para una amiga -dijo sonriendo Chat. Ladybug sintió algo pesado en su pecho, pero no le dio importancia. Chat podía tener todas las amigas que quisiera. Después de eso, patrullaron rápidamente por las calles de París. Ladybug fue la primera en retirarse, alegando que se sentía muy cansada y que parecía que iba a llover.
-Mejor vamos yendo a casa, Chatton. Si llueve no será muy agradable -la heroína le guiñó un ojo al gato antes de lanzar su yoyo y columpiarse lejos. Chat Noir la observó irse. Parecía tan inalcanzable. Siempre sentía eso cerca de ella: que ella era inalcanzable.
Cuando Ladybug había desaparecido de vista, sintió que era momento de dirigirse a otro lugar, lugar que lo estaba llamando como si de magia se tratase.
Marinette llegó al balcón de su casa y se destransformó. Entro a su cuarto acompañada de su kwami y lo primero que llamó su atención fue el regalo rectangular con una cinta verde que estaba sobre su cama. De pronto tuvo una idea. Tomó el regalo y salió nuevamente al balcón, dispuesta a transformarse nuevamente y buscar a cierto gato. Sin embargo, justo en el momento en el que salió al balcón, la persona en la que estaba pensando se encontraba de pie justo frente a ella.
-¿Chat? ¿Qué haces aquí? ¿Sucede algo? -estaba nerviosa, no lo esperaba ahi. Escondió el regalo tras una maseta, mirando al héroe y la bolsita que traía
-No te preocupes, purrincesa. Solo vine a desearte un feliz día del amor y de la amistad y a darte esto -Chat Noir extendió su brazo y le dio la bolsita. Ella lo miraba atónita
-¿Por qué? -preguntó, su voz estaba llena de una emoción inexplicable
-Porque, aunque no lo sepas, me has demostrado tu cariño y tu amistad más que muchas personas en mi vida y...simplemente sentía que esto era realmente para tí -Marinette abrió la bolsita y vio con sorpresa el peluche más tierno que había visto en su vida, era el peluche de un hámster. Ella amaba los hamsters. Lo miró asombrada y conmovida -¿Te gusta? Iba a ser un gato, pero cuando me di cuenta estaba comprando un hámster, pensando en ti. -En vez de pensar en Ladybug, por eso sentía que la traicionaría si le daba ese regalo pensó para sus adentros el muchacho.
-Chat, es...es hermoso. ¡Me encanta! -su sonrisa era genuina y la felicidad que provocó en el joven super héroe fue tal que sentía que iba a explotar de felicidad con tan solo verla sonreír así. Abrazando el peluche Marinette lo miró y sonrió -Muchas gracias, Chat. De verdad. Yo también tengo algo para tí, toma
Sacó la caja detrás de la maceta y el joven reconoció sorprendido el envoltorio. -¿Es para mí?
-Sí -contestó firmemente la joven -En realidad, me di cuenta que solo podía ser para ti.
Sorprendido, abrió el regalo y encontró una hermosa bufanda, verde con detalles negros en los bordes. Era suave y olía también
-¿Te gusta? La hice con mis propias manos, sé que no es profesional, pero..
-Me encanta. -dijo Chat Noir abrazandola. El regalo era para él. No habían dudas, por el diseño y los colores. Se lo había dado a él, para él, y no a Adrien. Eso lo hizo feliz, lo hizo sentirse querido por su verdadero ser. Siempre tuvo miedo que nadie lo quisiera realmente por como era, y el Chat Noir; ser Chat Noir significaba una libertad tan grande para él. -¡Es perfecta! Patrullar da frío en estas épocas, ahora estaré más abrigado. ¡Gracias, Princesa! -sin decirle más, la tomó en un abrazo y la levantó, haciendola girar por todo lado. El balcón se llenó de risas.
-Feliz día del amor, Chat -susurró Marinette antes de que el héroe se fuera
-Feliz dia, Marinette -se despidió el muchacho guiñandole un ojo, antes de salir saltando de edificio en edificio, con una nueva y caliente bufanda alrededor de su cuello. Mientras una joven lo miraba feliz, abrazando a su nuevo peluche favorito.
Espero que les haya gustado, realmente disfruté mucho hacer este capítulo. ¡Muchas gracias por leerme! ¡Los quiero! Besos :*
