© 2010 - 2019 Hasbro Inc. Todos los derechos reservados.
Nota de autor: Para mayor comodidad se recomienda leer Clockwork Dreamers con una fuente Times New Roman o Quicksand para la aplicación móvil. Disfrute de la lectura.
Los Trotamundos vuelven a pisar tierra firme.
CLOCKWORK DREAMERS
LIBRO I: OTOÑO
No puedo negar que en más de una ocasión me habrás visto acorralada, con la cola entre las patas, intentando escapar de aquello que no puede detenerse. Hasta para mí, la oscuridad falsea sus muecas egoístas con tal de hacerme creer que he encontrado un nuevo hogar, con confianza ciega paseo sin rumbo, un nuevo hogar fuera de este mundo, uno dentro de la mente. No podría ser yo, mis piernas no funcionan, pero si no soy yo, ¿quien? El horizonte se llenó de miradas, aquel suelo era una banda mecánica la cual me arrastraba, polvo estelar cae desde el cielo a gran velocidad. El cielo, ¿donde estaba el cielo? Mis ojos no logran acaparar todo el espacio y solo se quedan tiesos ante la espera de un final feliz, tengo mucho miedo. No soy tan valiente, la oscuridad es aterradora y el silencio enfermizo, en el vacío distante una luz se aparece, vuelvo a sentir las piernas, me hecho correr hacia ella, el suelo intenta impedir que llegue a aquel brillo visceral al rojo vivo. Debía continuar, ahí de seguro estarían las respuestas a todos mis problemas pero, cada vez que creo estar a punto de alcanzarla esta se escurre entre mis dedos, y luego vuelve el silencio, la oscuridad prevalece. La luz se había apagado y yo también.
Decido despertar y darme cuenta de las pendejadas que solía decir.
Con las piernas cruzadas me recuesto en el espaldar de la silla, el entorno frío y azulado de las paredes se sobrepone en contraste con la luz de los tubos en esta pequeña habitación. Observó la puerta enfrente de mí, oigo pasos que provienen del pasillo, la puerta se abre y pasan dos personas, un hombre y una mujer. Y ahí estaba yo, frente a esos dos agentes del FBI, o tal vez era la EIA, no puede ser, estaba segura de que eran de la CPD. Sinceramente no lo recuerdo, de verdad que no me acuerdo de dónde salen estos payasos, son todos iguales, todos visten igual, tal vez por eso no suelo describir a los agentes de la ley, de estos dos sé que se identifican como los agentes Whooves y Muffins. El agente Whooves es un hombre delgado de cabello rizado castaño, de apariencia juvenil supongo, proveniente del viejo continente, los dioses saben bien que podría reconocer un acento inglés aunque me hablará en alemán. Esa es la imagen que tengo del hombre desde que se me presentó en la recepción, un pedante con expresión de estreñido que mantiene una leve sonrisa confiada alarmantemente suspicaz; envalentonada su actitud acomoda su colorida bufanda para luego apoyar las manos en la mesa y frotarlas en un intento por calentarlas. Este hombre busca respuestas desde hace un tiempo, supongo que para eso trae a su mejor perro. Su compañera es algo interesante, y diré que mirar a aquella rubia no es algo que me tome mucho más que unos segundos, yo solo le inspecciono el buen par que tenía presionado bajo la camisa, algo bizca pero lo sabe sobrellevar con esas gafas que le hacen parecer sofisticada, encaja casi perfecto pero no lo suficiente. Los dos clavan su mirada directamente hacia mí, está bien, por lo menos uno de ellos puede mantener esa constancia, la distracción que provocan los ojos mareados de la rubia me hacen olvidar la sequedad que siento. La luz de la lámpara en la mesa, el calor que emana, se incrusta en mi piel y yo me quedo sin hacer nada, inmersa en lo que debía decir, pienso en mi siguiente acción, aunque ya es tarde, tarde o temprano todos se ponen a cantar. Whooves toma de un portafolio algunos documentos, se acomoda la voz y comienza a leerlos en voz alta:
—Sunset Elisabeth Shimmer, conducción temeraria,vandalismo, hurto menor, posesión de narcóticos y robo de vehículo en el año 2016. Vehículo por el cual nunca se hizo ninguna denuncia ¡Jaja! —se carcajea y aleja sus ojos de las letras, me mira por segunda vez—. Vaya cosas que uno ve, pareciera como si te hubiesen dado una paliza antes de venir. Bueno, tendrías que mirarte ahora, aquí estás en frente de nosotros —lanza los documentos a la mesa, estos se deslizan hacia mí—. Sabes, llevo un buen rato buscándote, según tu perfil psicológico eres lo que podríamos catalogar como un problema a futuro —descruzo las piernas y me pongo a mirar las imágenes en los documentos—. Y usted señorita, se encuentra en muchos problemas ahora, igualmente no me verá cantar victoria todavía, se supone que para algo estamos aquí —mi fotografía, la fotografía de ella, el agente deja en la mesa una grabadora y la enciende—. Pensara que un grabador en algo arcaico, pero qué puedo decir, soy como Shadow Spade, no confío en las cámaras e improviso sobre la marcha.
—Diga de una vez lo que necesita saber —ordenó sin dejar de mirar las fotografías—.
La agente Muffins le quita la lente a una videocámara apoyada en una esquina de la habitación, da unos pasos hacia atrás y mira hacia está. Se pone a hablarle con voz monótona: —Interrogatorio del nueve de Noviembre del año 2019. Nueve con cuarenta minutos. Sunset Elizabeth Shimmer. La informante se ha negado a su derecho de tener un abogado presente y estará a entera disposición de los agentes de la EIA.
Los documentos son arrebatados de mis manos, el agente Whooves demuestra que va a tirar bien fuerte del hilo atado a mi dedo, lo dejara violeta hasta que estalle. Este empieza a hablar: —Lo primero que queremos es que deje de pretender ser la chica mala aquí, es claro que se encuentra asustada, sino no hubieses venido aquí —agacho la cabeza ante su respuesta—. Queremos que nos brinde toda la información que posea desde que entró en contacto con la cabeza de dragón. Aunque tú puede que le conozcas por otro nombre, un nombre que no suele darle a todo el mundo. Mira niña, lleguemos al fondo de la cuestión y podrás marcharte como una mujer libre. ¿Has entendido?
—Me gusto esa palabra que dijo antes, una mujer libre —contestó con ironía y les muestro una sonrisa—. No, no hay libertad en aquel que espera que otro venga a dársela, aunque supongo que no tengo de otra, pónganse cómodos por favor —ambos se miran, seguro concuerdan su desprecio mutuo hacia mi—. Insisto… —vuelvo a cruzar las piernas, ambos se acomodan en las sillas—. Me acuerdo de cada detalle, hasta el más minúsculo e insignificante detalle, aquel fue un día para recordar, cómo nos reímos…
2 DE MARZO DE 2019
EPISODIO 1: EL NATALICIO
"Nunca pienso en el tiempo que he perdido. Solo desarrollo un programa que ya está ahí. Que está trazado para mí".
—Nelson Mandela
...
Arrepentirme, eso no bastaba, subvertir una nueva melodía de perdón ya no funciona como antes. Entonces, solo queda seguir como si nada y no volver a hacerlo en un futuro, suena casi como un buen consejo. Recuerdo el día que le queme el cabello a Rarity, recuerdo su rostro al día siguiente cuando me citaron a la oficina de la directora, recuerdo haber hecho gestos burlescos a escondidas, recuerdo cuando le pedí perdón de rodillas. Luego de varios días sin saber nada de ella, vuelve al instituto con un nuevo estilo en su cabeza, aquella cresta multicolor me descoloco, lo había superado con tanta facilidad, no volvimos a hablar de tema. La luz solar encalla en mis ojos, el ruido de las persianas metálicas siendo levantadas por los comerciantes impactan mis oídos, era lo normal a estas horas de la mañana —Pero si son las doce y media —pienso extrañada al prender la pantalla de mi móvil—. Aquel pitido, comenzaba un día nuevo de mundana sobriedad —giró la cabeza y miró el despertador—. Ahí entras tú, Sunshine Smile, di lo tuyo para así poder continuar con la escena. Estiró la mano y apagó el despertador, la radio comienza a sonar: —(Ahora pasaré a leer un interesante mensaje que nos envió Carrot Top a nuestras redes sociales: "Querida Sunshine, adoro tu programa y te escucho todas las mañanas yendo de camino al trabajo. Le envío este mensaje para preguntarle al respecto sobre las recientes apariciones de un Mustang GT del 67 por los alrededores de Pier 21 y Queen Novo Av. y la creciente desaparición de la delincuencia en la zona. ¿Heroes en Nueva Canterlot? ¿qué está pasando en esta ciudad?". Hm, se ha comentado mucho al respecto de aquel Shelby. Que decirte Carrot Top, sabemos bien que las pandillas copan las calles y las drogas entran y salen por los puertos como viento de cordillera. Héroes anónimos señoras y señores, andad con cuidado malhechores, porque vigilantes han llegado a la ciudad. Está escuchando Rogue Diamond FM 92.6, el diamante que más brilla en toda la costa oeste, y ahora volvemos con la música… Fluorescent Adolescents - Arctic Monkeys).
Me imagino a mi llevando una prieta armadura y una capa, la bandera de Equestria ondeando detrás mío, en la noche voy saltando de tejado en tejado pateandole el trasero a todo delincuente que se me ponga en medio. Los ojos puestos en cada esquina, como un búho, centro la vista al callejón debajo de mis pies y veo a una muchacha siendo arrinconada por una ominosa figura, doy un gran salto y caigo enfrente de esta, la muchacha de suéter a rayas se apega a mi, la sombra se revela como una bestia con cara de rata. Con una pose rebelde de presunto heroísmo y una mano en alto, le ordenó no continuar, entonces solo recibo el sonar del ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! —la burbuja imaginativa se rompe al verme caer por los disparos—. No puedo creer lo infeliz que fui —cubro con vergüenza mi cara—. Me arrastró fuera de la cama, oigo bocinazos desde fuera del edificio, desciendo del loft y camino derecho al baño, bostezo otra rutina de vago movimiento y repliego la mejor cara ante el espejo, cepillo mis dientes, mis encías sangran, rasco mi cabeza y vuelvo a bostezar; pongo en marcha la cafetera, me lanzo al sofá… otra vez. Enciendo el televisor: —(Y así fueron siete los sospechosos detenidos y cuatro los containers confiscados. Se llegaron a pesar dos toneladas de Parasprite junto a armamento de bajo calibre sin número de serie. Este llevaría siendo el séptimo cargamento en detención, lo que le ganó una condecoración al comisionado Shining Armor por su trabajo y un aplauso para el departamento de policía de Nueva Canterlot, prometiendo así poner fin a la ola de delitos que se cometen diariamente en las calles. La palabras dichas por el comisionado ante las cámaras parecen confirmar los rumores de una próxima candidatura a gobernador, en una inesperada carrera política. Todos los ojos puestos en las elecciones de septiembre…)—. Entretengo el cerebro mirando mi celular, si que se está llenando de anuncios: —Que loco, en septiembre podré votar por primera vez —digo en voz baja, ignorando cosas que no deberían preocuparme—. Debo pretender que no faltan tan pocos días para el comienzo de las clases, ¿que había de interesante para hacer hoy? —me levanto con estupor, algo importante se me estuvo a punto de escapar—. ¡Claro! —abandonó el sofá y salgo corriendo hacia mi habitación—.
Al igual que en las leyendas antiguas, donde podíamos observar a grandes héroes de antaño reuniéndose en una taberna para comentar de sus hazañas, hoy debía reunirme con las chicas para resumir todo lo acontecido este verano. Imposible, desde aquí puedo escuchar los ronquidos de Trixie; la música deja de ser prioridad, el silbato del oficial de tránsito se entromete en mis ideas. Hago un desastre en el clóset, lanzando ropa por los aires, vistiendo lo primero que parezca limpio, rindiéndome ante una camisa hawaiana de aspecto planchado y la chaqueta de cuero que ni por asomo combina con la camisa, pero no hay de otra, siempre la llevo a todos lados. En busca de las llaves doy vuelta el colchón, haciendo caer mi móvil, pues parece que lo había dejado apoyado justo ahí —suspiro y dejo caer mis brazos, el teléfono comienza a sonar, convierto mi frustración en una sonrisa—. Atiendo el llamado: —Buenos días —le saludo y logró oír un rápido resoplar desde el otro lado—.
—Buenos días, mi nombre es Aria Blaze y le llamó desde las oficinas de My Pony en Nueva Canterlot, ¿tengo el placer de hablar con la propietaria de esta línea telefónica? —tras esa amabilidad se deja notar una mujer fastidiada, bienvenida al club—.
—Si, está hablando con la propietaria, ¿que tienes para ofrecerme? —no logró oírle claramente, pero parece que alguien le habla a lo lejos—.
—No le estamos llamando para venderlo algo.
—¿Entonces para que me llaman? —preguntó con una ceja levantada—.
—Llamamos porque queríamos decirle que hoy tendrá un excelente día, Sunset Shimmer —siento oírle decir esas palabras de manera forzada sin razón aparente—. Le pedimos disculpas si por el momento los autobuses se encuentran detenidos, espero conozca otra forma de llegar a su destino —la llamada se cortó, miró la pantalla del móvil, un llamada entrante de Pinkie Pie—.
Atiendo el llamado y lo dejó en altavoz: —Hola, ¿Pinkie? —otro silencio largo, una pesada respiración comienza a salir por mi boca—.
—¡Sunset! —del susto dejó caer el teléfono, desde el suelo puedo oír a Pinkie, es usual en ella hablar a los gritos—. ¿Qué onda? Mi turno está por acabar y llamaba para saber si la juntada sigue en pie, tengo que asegurarme que haya suficiente para todas —era solo ella, una sonrisa vuelve a dibujarse en mi cara—.
Levantó el teléfono con extrema desconfianza y con miedo apagó el altavoz, espero no recibir otro grito: —Hey, Pinkie Pie, por supuesto que sigue en pie, solo déjame ver la hora… —observo como el reloj en la pared marca la una menos diez—. Em, supongo que no me percate de la hora que era, mira iré en metro y llegaré en quince minutos, ¿está todo bien por allá?
—Por aquí andamos algo exhaustas, no sabes lo difícil que es subir un objeto tan pesado por las escaleras, puedes incluso llegar a dañar tu espalda. Es por eso que sería una pena si nadie lo viniera a reclamar —supongo que no vale la pena preguntar—. Tu apresúrate, no querrás salir cuando haya oscurecido.
(Mantener la compostura, la dignidad en los bolsillos y un desastre en la habitación, se me hace tarde para vivir al día otra vez… Todo Pasa - Los Piojos)
Perfecto, Sugarcube Corner, llegare terriblemente tarde. Debería comenzar a moverme… —Vaya pereza —me abotono la camisa y acicalo un poco mi cabello—. Voy a toda prisa hacia la cocina, noto que olvide ponerme los pantalones y que la cafetera seguía encendida, siempre mil problemas a la vez, el líquido se desbordó en la taza, un arroyo de café se forma en mi lavado. ¿Podríamos pretender que esto nunca paso? Voy brincando en un intento de encajar en los jeans, abro la puerta y voy saltando por el pasillo. Me lanzo contra la pared a centímetros de las escaleras, mantengo así el equilibrio y terminó de ponerme los pantalones. Aquel desastre lo limpiare después, ignoro todo lo demás. —Me pregunto si Trixie seguirá durmiendo —pienso al frenar en frente de su puerta—. Dudo si llamar al timbre sería correcto, mejor la dejaré estar. La llave gira en la cerradura, despierto al mundo sin desearlo, pasó los siguientes minutos trotando de camino a la estación, rasgando adoquines sueltos, saltando varios charcos y tropezando con los desniveles del Everfree bulevar. Las campanas de la catedral suenan en la lejanía dando la una de la tarde y la campanita del tranvía resuena a metros de mi, lastimosamente yendo en dirección contraria. Noto preocupada el exceso de polvo levantado por las nuevas construcciones, las galerías y restaurantes se mantienen en vela al fin del quilombo que aleja a los clientes. Siempre para arriba van esos edificios, construyen y olvidan, nunca nadie se preocupa por estas quebradas calles, evidentemente el bulevar ya pasó a ser un campo de batalla, solo faltaban las trincheras. —Bueno, antes de abril se terminaran estos caminos, dicen —me doy por reflexionar al esquivar carteles de prohibido el paso, los cuales llevan ya meses en el mismo lugar—. Por supuesto, a veces olvido que se trata de Nueva Canterlot, al ver pasar a un grupo de niñas deslizarse por el bulevar en scooters, vuelvo a maravillarme con las vistas que tiene la ciudad, desde la altura en la que estoy puedo ver todo el puerto, a aquellos enormes buques de carga entrando lenta e imponentemente, descargando extranjeros y cargando polizones para volver a zarpar y desaparecer en el horizonte. Pero no somos nada a comparación del gran puente Golden Hooves, su gloriosa figura de rojo acero viola los cielos escapando entre las nubes, los colores dorados en las nubes entremezclados con el azul de los mares y un sol de seda que acaricia los grandes rascacielos sombreadores de callejas añejas verdes de moho, tintos del mar, con el color vivo de la ciudad, las imágenes de personajes célebres son gigantescas estampas en cada edificio de la zona, el rostro de Daring Do posa desafiante con la frente en alto, pareciera tener acné por las ventanas que se esconden en el cemento. —Adoro Nueva Canterlot, por lo menos al verla desde aquí abajo—. Un cosquilleo en la pierna izquierda hace darme cuenta que mi teléfono sonaba, es Twilight: —Ho-ola, ¿que sucede? —pregunte mientras que mi respiración se veía desnivelada por el trote—.
—Sunset, soy yo Twilight —supongo que sigue ignorando el hecho de que ya la tenga agregada a mi agenda—. Llamaba para saber si ya estabas cerca, Pinkie Pie parece estar a punto de explotar. A-aunque claro no tengo la más remota idea del porqué, ya que hoy no es un día especial para nada —parece ansiosa y habla a mayor velocidad que de costumbre—.
—¿Te sucede algo, Twilight? Suenas nerviosa, me hace pensar que estás ocultando algo, es decir, primero recibo una llamada extraña de My Pony, luego Pinkie Pie y ahora tú.
—¿Una llamada extraña? No tengo idea de lo que estás hablando, ¿no habrá sido Rainbow Dash haciéndote una broma? —supongo que estoy siendo paranoica—. Hazlo más fácil para mí, dime dónde estás.
—Escucha, estoy a metros de la entrada a la estación, llegaré en diez minutos, así que tranquilas todas —el pavimento tiembla agresivamente—. ¿Qué es ese ruido?
—¡Cuidado!
Recuerdo, recuerdo aquella violenta embestida que me propino desde la izquierda. "¿Eso fue un Mustang?", me pregunté fugazmente en aquel momento, talle el vehículo en mi retina hasta que se había ido zigzagueando entre los demás autos. Ha de ser fastidioso acabar entre las estadísticas, arrollada por un coche, temblé como una hoja, recatada a preguntarme si acaso me estaba volviendo estúpida, pero solo pregunte eso y quede en blanco. El suelo era tibio, la poca gente en la calle volvía a ocuparse de lo suyo luego de ver como salí disparada de tan peligrosa situación. Otro segundo se desvaneció, el suelo seguía tibio, alguien me sujetaba los hombros con mucha fuerza. "Me lastima, pero la otra alternativa es mucho peor", describir aquella sensación en el momento justo fue involuntario, así como así empecé a mirar hacia arriba. Fue aquel primer contacto tan incómodo como impredecible el que cruzó mi realidad con su realidad, su golpe desinteresado llegó de imprevisto y salvó mi vida, tal vez, solo tal vez pudo haber sido diferente, un tropezón, un robo. Eran muchas las posibilidades y muchas las personas, pero solo un instante marcó la diferencia. Mantengo fresco este momento en mi mente, lo riego continuamente con reflexiones carentes de todo sentido o lógica sobre mis sentimientos. Un viernes dos de marzo, un día adornado de florecientes pensamientos y carcomidas hojas de otoño, codicie el interés certero sobre aquel misterio durante muchas lunas. Ahí estaba yo, a punto de lanzar mi mundo por la ventana; todavía quedaban muchas horas para finalizar el día...
Ella me suelta los hombros, su expresión no muestra ira o reproche, solo mira al cielo en calma durante algunos segundos, cierra sus ojos y los vuelve a abrir —Al parecer la sacudida le afecto a ella también, lo lamento demasiado, pero ¿porqué las palabras no salen de mi boca? —pienso avergonzada al notar como sus pupilas casi devoran el iris en sus ojos—. Me levanto con nerviosismo, extiendo mi mano para ayudarla a levantarse, la ignora, parece invadida por un fuerte dolor de cabeza. Solo dime algo y déjame cortar con toda la tensión del momento, se divierte en mi espera, o solo aqueja aquella jaqueca, cierra tus ojos, ábrelos y mira a la idiota enfrente tuyo… por eso me miras directamente a mi, fui esa idiota. No denoto su aspecto, me concentro en su mirada, emparcho el naufragio como puedo, el hundimiento sentimental de gratitud inconmensurable, solo lo siento así, sus ojos, rojos como la sangre recién derramada desde labios partidos por copas agrietadas, frágiles y palpitantes cristales de hemoglobina. Más será algo extraño pasando por la espalda, llega a mi cerebro, un escalofrío. —¿La he visto antes? —me pregunto, ella ya se había reincorporado hacer algunos segundo—. Mi silencio le hace poner mala cara, tal vez creerá que estoy en shock… No la he visto antes, me equivoco del todo, imposible, nunca olvidaría a alguien así. Intenta hablarle: —E-eh, lo lamento, de verdad lo lamento, se que pude haber evitado todo si estuviese prestando atención pero, solo, sabes últimamente estoy tan distraída y por ello no… —ha borrado su expresión de enfado, ahora solo me enseña una ligera sonrisa, como si estuviese viendo a una vieja amiga—.
—¿Ya acabaste? —pregunta ella, no tengo valor para seguir hablando, solo afirmare con la cabeza—. Es bueno saber que reaccionas, ya pensaba en golpearte para sacarte al menos un mísero insulto —mete la mano en su chaqueta—. Esto es tuyo.
—¡Mí teléfono! —lo lanza hacia mis manos, lo vuelvo a prender, por suerte solo se ha apagado—. ¿Cuando lo encontraste?
Vuelve a cambiar de cara, se da al enojo para conmigo y se aleja unos pasos: —Cuando estabas en shock porque casi te atropellan — tu voz penetrante e imperiosa me provoca escalofríos—. Resuelveme esta duda, ¿acaso eres parcialmente ciega o solamente retardada? —bajo la cabeza al igual que un perro, viento susurra en mis oídos—. Deberías poner más atención —esa postura de líder, ese cabello con tanta actitud—. ¡También ahora que te estoy hablando! —ella levanta su voz y yo solo oculto mi cabeza entre mis hombros. Noto la poca atención que ponía a lo que decía, de nuevo me he quedado mirándola. Me doy vergüenza—. Que no vuelva a pasar, no tendrías la misma suerte.
—Entendido, prometo que no volverá a pasar —levanto la vista, pretendiendo seguridad—. Ehem, gracias otra vez. Hmm… —guardó silencio, usualmente suelen decir su nombre cuando uno hace esto—.
—Que así sea entonces —me da la espalda y se va caminando, se detiene a pocos metros de mi—. Tampoco ha sido toda tu culpa. Nos vemos.
—Nos ve-vemos —tartamudeo, me hizo sentir como una pequeña hormiga, creo que ya se alejó lo suficiente—. ¡Mierda! me partió en pedazos, tremendo pedazo de mujer que me acabo de encontrar ¡Guau! —no lo entiendo, ¿que estoy diciendo?—.
¿De dónde proviene este calor? No hay razón al preguntarme ésto, palpita el corazón, baila paso a paso y retumba cuando desciendo hacia la estación Everfree, hacia los apabullantes túneles manchados y húmedos, su extensión parece infinita mientras estoy tan confusa caminando rodeada de carteles con anuncios raídos de promociones que ya han expirado hace meses, solo me alcanzan mis reflejos para no tropezar con los linyeras que emanan fuerte olor a excremento. Voy chocando con la gente que pasa en dirección opuesta, lo hago sin intención, no me doy cuenta, este olor a metro me provoca un vacío en el estómago, aquel aroma, valga la redundancia, aroma a vacío. —¿La conozco? ¿No la conozco? —me destrozó a base de dudas, terminó en frente de los molinetes—. Pagar el boleto y esperar en el andén, la paciencia no me surte efecto, las cuerdas de dos guitarras me envían una suerte de energía migratoria que rompe en mis lóbulos frontales, la expiación apasionante de ideas frescas. Mentirme a mí misma, en un momento así no es posible, algo repercutió dentro de mi cuerpo, no se porque, pero quiero seguir sintiéndome de esta manera. El tren llega, las puertas del vagón se abren, todos se empujan con impaciencia y no permiten bajar a los demás, perfecto egoísta e innecesario apuro, pues el tren no cerrará sus puertas mientras haya gente entre el andén y el vagón, igualmente que les importará. El respeto en Canterlot arde en llamas, cada vez queda menos tiempo, pensar para uno mismo ya no suena tan narcisista. ¿Qué pasaría si tuviésemos tanto tiempo para nosotros? Las preocupaciones saldrían a borbotones, que pagar el alquiler, que pagar la luz, el gas, el internet, los alimentos, la televisión, las cuotas del televisor que debe ser Smart TV para contratar así servicios de entretenimiento con el fin de pasar las horas de tu día libre viendo series y películas. Que tal la cuota escolar, las boletas de tránsito, el auto, los hijos, tu pareja, aquel mueble que le gusta tanto a tu pareja, tus vacaciones, el hotel, la morocha con la que te acostaste durante tu estadía en el hotel. La valentía de dejarlo todo atrás y desaparecer se vuelve cobardía por no afrontar tus problemas —¿Y yo de que me quejo? —acaparó un asiento—. No padezco ese tipo de problemas, solo sufro de una extraña comezón. Me sigue gustando creer que el remedio es peor que la enfermedad, y ahora solo quiero volverla a ver. Tanta velocidad ante mis ojos, todo tan efímero, entre etiquetas ando sentada, etiquetas con fecha de expiración, que más da un año más o un año menos —Importa tanto, sigo rodando hasta mi punto de cocción, de pies a cabeza con diecisiete años —pienso e ignoro el constante toser de un hombre sentado a mi lado, me levanto, cediendo el asiento a una embarazada, no respondo ni con un leve movimiento de cabeza a su agradecimiento—. Nacerán otros luego, morirán varios durante el proceso, y algunos quedaran solos levantando el revoque de nuestras huecas paredes, estación a estación no paro de pensar en ella. No puedo sacar esta idea de mi cabeza, ¿por qué he de pensar que me estaba siguiendo? Claro, como podría ser de otra manera, una viajera en el tiempo que llega a salvarme de mi fatídico accidente, desde luego, viajeros en el tiempo se dan a la tarea de venir a salvarme justamente a mi —suspiro mirando mis pies—. Suerte que apareció cuando lo hizo; si me hubiese tomado la molestia de oírla mejor, pero sus ojos me distrajeron, vaya chiste utilizar una excusa tan simple, aunque su actitud se me es tan familiar. Puede que en otra vida nos hayamos conocido —Debo estar enloqueciendo, obviamente sigo en shock —creo una explicación lógica a mi extraña palabrería—.
—*Siguiente estación: San Palomino* —retumba una voz femenina por todo el vagón—.
...
Se le atribuye mucha fama a Sugarcube Corner, no de la que tenga importancia, vendría siendo una fama atribuida por los años y el hecho de ser uno de los pocos edificios que se negaron a venderle la propiedad a la constructora Flim & Flam. Negarse al progreso murmuran ellos, y muchos de los accionistas se vieron cabreados por la decisión tomada por los Cake, su lote tiene un valor incalculable pero nadie explica el porqué de su valor. Teorizó que si tu edificio se encuentra entre Philomena Insurance Company y la estación del metro, pues habrá serpientes interesadas en adueñarse de tus cosas, tan valioso es aquel café que se bien como Pinkie Pie ha metido las manos en el fuego últimamente para seguir con su empleo de pastelera —Este lugar no cambia nunca —pienso con una sonrisa al observar el edificio—. En simples palabras, un edificio delgado de tres plantas entre dos enormes edificios, se ha conservado con el aspecto de pertenecer al pequeño pueblo sureño de Ponyville, lugar de donde proviene la familia Cake. A estas horas no encontrare a muchas personas por las calles, todas trabajan; noto a algunos sujetos solitarios metidos de lleno en sus computadores portátiles, estos almuerzan y trabajan en la mesas de afuera del negocio. Voy a la entrada, no logro verlas desde aquí, pero al parecer no hay nadie dentro —¿Que es esto? —me pregunto al leer un cartel colgado en la puerta—. "Estoy en la segunda planta, vuelvo en cinco minutos". Al entrar al negocio se me desvela una imagen de remodelación que me causa un fuerte descalabro. Este lugar, lugar de encuentro para mi y mis amigas durante los últimos dos años de mi vida se había vuelto menos colorido de la noche a la mañana, en las esquinas solo cuelgan carteles de madera barnizada con palabras en inglés "#Coffe Time", "Les Bons Frappé". Seguro el precio debe sentirse como un buen golpe en el estómago, los demás carteles son hashtags sobre lo hermoso de beber café; una barra a la derecha con una pizarra en la pared donde muchos escribieron sus Instagram. Ni hablar de los precios que han alcanzado las nubes y en el menú… pongamoslo de esta forma, yo apenas sé pronunciar el francés. Supongo que para sostener un negocio uno tiene que hacer algunos sacrificios, huidizo el sonido popular, no me encuentro a nadie más que a mi sombra, mostrador vacío y a un lado de la caja registradora, otra nota pegada a un temporizador de cocina: —"Se detiene con precisión, se equilibra con fervor, quema gasoil a por montón, el tiempo se siente corto con el arranque de su motor". Nunca he sido buena con las adivinanzas, mucho menos cuando son tan ambiguas.
Lo único que queda es subir las escaleras y averiguar qué traman, de repente el temporizador empieza a sonar, lo silenció y miro por detrás mío, hacia las escaleras —Intensa oscuridad, conociendo a Pinkie ésto se trata de una sorpresa —pensé mientras me acercaba—. Lentamente me aproximó, con cautela comienzo a subir los escalones, de la nada dos globos caen desde la negrura, uno choca contra mi cara y se va rebotando por las escaleras. La segunda planta no está iluminada y las cortinas se encuentran abajo, alguien susurra y otros se ríen. ¿Me hacen una broma por llegar tarde? Algo aquí me da malas vibraciones; doy varios pasos dentro de lo oscuro y el crujir del piso provoca miedo, sus voces se vuelven molestas. Muy bien, esto empieza a fastidiarme: —Salgan de una vez, se que son ustedes —al decir eso las luces se prenden, una hermosa remembranza vuelve a mí—.
—¡Feliz cumpleaños, Sunset!
¿Feliz cumpleaños? Que graciosas, obviamente se trata de una broma, debe serlo, por favor cómo podría actuar con madurez, no podría ser considerada un adulto aún, ni siquiera soy capaz de recordar mi propio cumpleaños. Aún se me perdonan los errores, aún me preguntan el porqué de mi llanto, sigo entregando mis trabajos a destiempo y por mucho que lo intente aún no tengo las agallas para mirar fijamente a un rincón oscuro durante más de treinta segundos sin sentirme observada. ¿Valdría la pena discutirlo? Solo son números, no se contratan personas solo por su posicionamiento en la fila sino por sus capacidades, yo no estoy lista, aún soy muy jóvenes, no pueden despedirme de esta sociedad por no aceptar un cargo impuesto por la fuerza —¡Por supuesto que no! Me queda mucho tiempo aún —pienso e intuyo que nadie me oirá, nadie puede leerme la mente—. No puedo creerlo, no puedo aceptarlo, ¿quien me está zarandeando tanto?
Recuerdo, recuerdo el día que cumplí los dieciocho años. Saben, es gracioso ahora que lo pienso, todo fue muy calmado por ese entonces, me sirvieron un solo vaso de sidra de manzana, no sonaba música, no había más gente en el lugar, los globos eran los únicos que abundaban y algunos ya se encontraban desinflados, viéndose todo como lo que queda de una fiesta infantil luego de que la tía divertida se haya emborrachado. Recibí varios abrazos, Fluttershy no dio tregua a su necesidad de abrazarme, Pinkie no dio piedad a su necesidad de lanzarse encima mío, a veces se le olvida que ya no es la misma muchachita delgada de primer año. La cosa fue casi por turnos, ya no parecían amigas para conmigo, solo cartas de presentación que me ví en obligación de leer por cada felicitación. Lo hubiese hecho, pero ¿qué punto habría al hacerlo? Todo el mundo las conoce en la ciudad, las seis amigas, las chicas de Canterlot High, ya resuena en algunos los tiempos de las Rainbooms siendo tendencia en las redes… De todas formas, inevitablemente para ustedes que escuchan mi relató, deberán saber qué apariencia tienen estas chicas, es decir ¿cómo podrían ustedes conocerlas si no son de Nueva Canterlot? ¿Que? ¿Que ya tienen información sobre mis amigas? Pero qué lástima, de todas maneras lo diré bajo mi punto de vista. Primero está Rarity Belle, pálida mujer de firme convicción y alta estatura, nariz pequeña y puntiaguda, siempre vistiendo ropas de lo más estrafalarias que van como anillo al dedo con su cabello purpurino estilizado y recogido con palillos. Aquella que he mencionado antes, Rainbow Dashiel, bajita y revoltosa, pecosa como su madre, de cabello alborotado con tinte arcoiris, siempre haciéndole de sombra a su protegida; esa protegida es Fluttershy Blaskovich, hasta ahora la mayor del grupo, larguirucha y delgada, siempre lleva un abrigo consigo aunque no haga frío y su cabello rosado cae sobre su cara de cachorro asustado. Hablando de cabellos rosados luego se hace gala de presencia Pinkamena Diane Pie, chica algo regordeta con pinta de recién levantada, siempre llevando camisetas con lemas de caricaturas famosas y pines de personajes adorables, su sonrisa es el lema moral del grupo. Y para moral teníamos a Twilight Velvet Sparkle, el cerebro hipertenso de la agrupación, descalabrada de cafeína que utiliza anteojos sólo para esconder sus ojeras y cabello revuelto que cierra en una cola de caballo. Estoy ignorando a alguien, bueno todo grupo necesita un adulto que piense racionalmente, pero parece que en ese momento no se encontraba entre nosotras. Si, todos las conocemos bien por aquí, sobre todo yo. Hay un detalle importante que da en el clavo al peso de estas chicas en los sucesos que asolaron mi vida este mismo año, un regalo por parte de todas. Aunque primero era mejor sacarme del trance, para ese trabajo la tenía a Rainbow Dash…
—Creo que se descompuso —dijo Rainbow mientras me sacude el hombro—. ¡Shimmer, despierta! —exclama y acto seguido golpea mi espalda—.
—Al igual que a Lightning Dust el día de los corazones y cascos, la arreglaste a base de golpes Rainbow Dash —le recuerda Rarity con un tono jocoso—. Sunset, querida ¿te sucede algo? Esa cara que tienes es una que esperaría de Twilight.
—¡Oye! —chilla la mencionada y se cruza de brazos—. Yo no soy así… —murmura para sí misma con pesar—.
—Supongo que solo estoy algo sorprendida, eso es todo —explicó, aún padeciendo el dolor del golpe—. No me esperaba, ya saben, ésto. Oigan ¿dónde está Applejack?
—¿No esperabas una fiesta en tu cumpleaños? —interrumpe sorpresivamente Pinkie Pie—. ¡Eso es como lo más triste e inaceptable del mundo! Con todo el esfuerzo que pusimos… —su cabeza rosada inspecciona toda la sala en silencio—. Vaya, como se han devaluado mis habilidades, ¿por qué nadie me dijo que la decoración es un bodrio?
—Creí que no era correcto decírtelo de esa forma, por eso guardé silencio —sonrió ante el comentario de Fluttershy, la cual se acerca con una pequeña caja en su manos—. Sunset, sé su-supone que aún no deberíamos darte los regalos, solo pensé que tal vez querrías abrir este primero antes de la gran convulsión que habrá después —luego de esas palabras logró oír un corto "shh" por parte de Rainbow—.
Pinkie oye su celular sonar, al verlo borra su feliz expresión por una de hartazgo: —Agh, supongo que debo volver al mostrador unos minutos —le oigo rechistar para luego salir corriendo escaleras abajo—. ¡No me tardo! —asoma su cabeza desde las escaleras—. ¡Ni se les ocurra bajar! —nos quedamos unos segundos más viendo en esa dirección—. A no ser que deban marcharse, lo cual sería triste pero comprensible, es decir, aquí nadie es prisionero de nadie.
—Está bien, vuelve cuando puedas —le digo mientras se marcha, vuelvo a enfocarme en Fluttershy—. Tu ganas Blaskovich, estaría encantada de abrir su regalo primero —le echo un corto vistazo a la hermosa caja aterciopelada, el moño es tan bonito que me apena siquiera tocarlo, luego miro a esa chica que tanto busca impresionarme—. ¿Acaso ahora usas lápiz labial?
La risilla de Rarity llama mi atención: —No me dirás qué no se ve preciosa, le dije que te darías cuenta en un abrir y cerrar de ojos —presiento que no debí abrir mi boca—.
—Rarity no sigas —Fluttershy le exclama en voz baja para sólo recibir un pulgar arriba por parte de la pálida mujer—. B-bueno, puedes abrirlo.
No la hago esperar, rompo la envoltura, la cajita era algo más grande de lo que parecía simple vista, en su interior un conejo blanco de peluche, del tamaño de mi palma con un aspecto caricaturizado, en su cuello tiene un moño rojo que en su centro parece haber un botón diminuto de vidrio que brilla coquetamente. Lo mantengo parado en mi palma y lo veo con una sonrisa —Es una ternura —pienso al verle la nariz—. Sigo con aquella sonrisa que se va borrando lentamente, luego escarbo otra vez en la caja, sacó una nota que reza y recito en voz baja: —"No te observa en la oscuridad, no te juzga escondida entre las sombras, solo aparece cuando lo recuerdas y desaparece con tu ausencia, pero nunca se alejará de tí. Y así es nuestra amistad, es un murmullo entre los techos o un mensaje sin leer, aquel sabio consejo que olvidaste al amanecer. Pero vive con latencia, vive en nuestro corazón, persistente ante el olvido y corre a todo pulmón." —guardo la nota, cierro los ojos y abrazó a Fluttershy—. No voy a olvidar lo nuestro, lo prometo amiga.
—Eso espero, ya han pasado tres años —contesta Fluttershy ocultando el rubor en su rostro—. Jaja, también pasaron dos años desde que conseguiste tu licencia provisional.
—¿Qué sucede? ¿Acaso llevas la cuenta de todo lo que hago? —preguntó y le doy un golpecito el en brazo, ella solo tiende a reír un poco más—. ¿A qué viene eso de la licencia?
—Nada, olvida lo que dije —me responde despreocupadamente—.
No me mantengo muy cómoda, Rainbow aprovecha en venir para interrumpir el abrazo con esa cara de fastidio tan complaciente para mis adentros. Ella como siempre comienza con darme la espalda para centrar su vista en Fluttershy, le pasa una bebida y nos dice con reproche: —Vale ya, todas somos amigas de la misma chica. ¿O me vas a decir que no? —lentamente abraza a Fluttershy con un brazo, yo me dedico a rodar los ojos—. Sunset, ya que ahora eres una mujer mayor podrías considerar el usar esas cremas y lociones que comúnmente usa Rarity, solo procura no apestar a desodorante.
—Pff —Rarity escupe un curioso sonido—. Por favor, no puedes equiparar la fragancia tan discreta de Frou Frou Spice con ese desodorante masculino que comparten todas en el equipo de fútbol, aquello punto uno, y punto dos, no tiene nada de malo hidratar la piel de vez en cuando, deberías intentarlo.
—No exageremos —digo con vergüenza—, a pesar de todo supongo que yo nunca seré la mayor del grupo —le doy un débil codazo a Fluttershy, ella le da un gran sorbo a su bebida—. En mi opinión sincera, no me veo envejeciendo tan notoriamente de la noche a la mañana, eso se lo guardó Applejack y sus refranes de anciana. Solo la apariencia va cambiando con la edad, solo eso y nada más.
—Es lo que dicen —comenta Twilight—, y lo que se dice el mayoral termina siendo una verdad. La edad es una cuestión de actitud —opina acertadamente a pesar de recién darse por aludida a la conversación—. Nunca se es demasiado viejo, lo que pasa Sunset es que tú ni siquiera llegas a encajar como una mujer adulta, así que no veo el porqué de esta conversación. Más allá de la cuestión de actitud, podríamos decir con seguridad que seguimos siendo jóvenes, incluso incluiría a la subdirectora Luna en este puesto.
—Tal vez me quejo por vicio, supongo que debería conseguirme algún hobbie —suspiro al ver cómo me observan extrañadas—.
—¿Que le sucede señorita Shimmer? ¿No me diga que se ha rendido con la pintura así sin más? —sorprendida veo a Applejack salir del baño, lleva puesto un grueso delantal negro el cual se lo quita y lanza al otro lado de la sala, con una servilleta se limpia las manos de lo que pareciera ser aceite—. Bueno, es como solía decirme Granny Smith: "No desecharas la manzana podrida, la harás composta para nuestras futuras cosechas" —se lleva una mano a su mentón—. Espera, ¿así era la frase? No lo recuerdo, dame un segundo…
—¡Jackeline! —Rarity le grita enfadada, Applejack se sobresalta del susto—. Te dije que no salieras hasta que yo te avisara, ¿que te sucede que nunca me escuchas?
—Lo lamento linda, no podía quedarme ahí dentro mientras todas charlan tan animadamente —contesta con una sonrisa temblorosa hacia la expresión gélida de Rarity—. Te tengo una buena noticia, todo está bien y funcionando, como debe ser. Y tú Sunset —a pasos agigantados se me acerca para abrazarme con terrible fuerza—. ¡Feliz cumpleaños compañera!
Ahí entra la última muchacha del grupo, Jackeline Apple, o como le llamamos, Applejack; apodada así pues solía vivir con su abuela y hermanos en el huerto de manzanas Sweet Apple Acres, a las afueras de la ciudad. Es una chica imponente de ahora unos dieciocho años, la definición que busco sobre su cuerpo sería más bien corpulento, en simples palabras así sería; cabello rubio enmarañado muchas veces oculto bajo una gorra o sombrero, tiene algunas pecas alrededor de su nariz, misma estatura que Rarity Belle. Luego de su aparición vuelve Pinkie Pie, decidimos levantar las cortinas, dejamos entrar la luz, nos sentamos en una mesa enfrente de las ventana. Hablamos las estupideces de siempre, al menos ellas, yo estaba más perdida de lo usual, pensaba en la pregunta de Applejack sobre la pintura, luego pensé en aquello que parecían estar ocultando, miraba detenidamente mi bebida, el vaso plástico repleto de un batido de frutas a medio preparar. Pensaba en lo repentino de llegar a aquella edad, tan súbitamente, me di cuenta por ese entonces el tamaño problema que representa ser mayor de edad, todos los porvenires y todo a lo que respondes cuando tienes dieciocho ¡BOOM! Nada volvía a tener importancia, era un explosión provocada por una fuga saliendo de mis oídos, dejándome atontada, mis amigas se dieron cuenta tan rápidamente que me hacen darme cuenta como las subestime durante muchos años…
—El dermatólogo me dijo que utilizara esta crema para que no se me secara la piel, y con respecto al asunto de las cicatrices… —parecía hablar Pinkie Pie, solo que yo me perdía un poco en lo mío—.
—Que fastidioso ha de ser, quedará soportarlo y nada. Tranquila, de seguro le pateas el trasero un rato y con el tiempo desaparece —dijo Rainbow con un leve tono de pena—.
—Sunset, Sunset… ¡Sunset! —recibo pequeños golpes en mi brazo, subo la vista un poco—. ¿Te encuentras bien? —pregunta Twilight levantándome su pulgar dudosamente—.
—Es verdad, te noto muy retraída con tu bebida, ¿algo que debamos saber? —otra pregunta, ahora de parte de Rarity—.
Suspiró apenada, Fluttershy toma mi mano y me demuestra su preocupación con bastante fuerza que pareciera como si quisiera romperme los dedos. Siento que me obligan a hablar: —Casi me atropellan al venir aquí —todas se lanza una extraña mirada entre sí, Twilight incluso parece haber entendido algo y lo demuestra mirando al techo sin siquiera parpadear—. Chicas, ¿no creen que hablamos demasiado? —me miran con mayor confusión—. Ay olvidenlo, no sé qué me pasa, estoy actuando fuera de papel.
—¿De verdad estás bien? —me pregunta Fluttershy, la cual había aprovechado para arrastrar su mano hasta mi antebrazo—.
—Puede ser, tal vez hablamos demasiado —dijo Rarity antes de permitirme responder—. Como si la vida fuese demasiado corta para decir todas las palabras que queremos decirnos —ha encontrado una rara y comprensible forma de explicarmelo—. Supongo que queremos aprovechar todo el tiempo posible juntas, alargarlo con palabras, no nos damos cuenta que ya nos estamos volviendo adultas, jóvenes, pero adultas al fin y al cabo —mis dedos se aferran a la mesa, todas afirmamos aquella declaración con la cabeza—. ¿Sabes lo que pienso? —Rarity le echa una rápida mirada cómplice a Applejack, está sonríe algo sonrojada—. Sunset, a ti te hace falta una pareja.
—Por favor, debes estar bromeando —le respondo velozmente a tales tonterías—. Eso es una idea estúpida.
—Exacto, es una bobada —fingiendo sorpresa, miró a Fluttershy tras escuchar su comentario—. E-es decir yo, creo que... Olvidenlo —de golpe se pone a beber bruscamente su batido—.
Applejack y Rarity comienzan a reír, Pinkie les sigue el juego, pero segundos antes parecía muy interesada en la propuesta. Twilight se encuentra anonadada por la reacción de estas tres, y Rainbow se recuesta en el asiento colocando las manos por detrás de la cabeza. Era una comunión de comentarios impulsivos y chistes con doble sentido. Había logrado entablar conexión con lo que me rodeaba, rodeada de amigas, que actitud deplorable se tiene en momentos que dependen de la interacción social para complacer al rebaño y bla bla bla… Por favor, se ha vuelto todo muy edgy, lo único que falta es ponerme a mencionar cosas sobre un abismo oscuro o un corazón marchito presionado por la infelicidad, cosas como esas saben, un montón de mariconadas que nada salvan mi estado actual, solo lo puntualizan haciéndome sentir peor. —¡Que alguien diga algo estúpido! —grito en mi interior, estoy sintiendo la piel del pollo—.
—¡¿Saben que es cien mil veces mejor que una pareja?! —exclama Pinkie Pie, distrayendome como debe ser—.
—¿Un pastel? —pregunta Applejack con una pícara sonrisa —.
—¡Error, un pastel de cumpleaños! —le responde y se marcha para el piso inferior—.
—Es cierto, vamos chicas a levantarse —nos ordena Rarity y tira de mi brazo para que haga lo mismo—. Vamos que debemos de cantarle algo a nuestra amiga —sabes bien que odio eso, pero también sé bien que lo harás de todas formas—.
Todas se pusieron alrededor mío, aquel pastel era una gloria de la repostería, selva negra y mora, dieciocho velas encima, encendidas impunemente ante el rostro atontado de su servidora. Me cantaron una versión pinchada y desentonada de "Un buen compañero", está decía: —"No será la mejor compañera, no será la mejor compañera, no será la mejor compañera… Pero la toleramos igual, la toleramos igual…". Juntas reímos, me palmean la espalda y Pinkie luego nos toma una foto a todas juntas, sople en contra del fuego y se desvaneció sin dejar ninguna mecha caliente. Pasaron las horas, se me fue el complejo de niña oscura que presume consumir drogas pero luego se espanta al ver una cucaracha, complejo con nombre largo, pero solo así podría describirlo. Estaba sentada en la mesa junto a Fluttershy, mirábamos las nubes pasar, el sol ya comenzaba a descender, los platos con restos de pastel seguían a nuestro lado. Yo aún mantenía la sonrisa, aunque seguía sintiendo aquel pellizco, mantenía en la cabeza esos ojos tan violentos, los había reflejado en el calor de aquellas velas, suaves y agresivas a la vez, te quemarán sin importar que. Volverla a ver, volverla a ver, me lo repetía nuevamente una y otra vez, se parecía a alguien que conocí, y aún seguía ahí fuera, quería volver a la locura de la ciudad con su bombo complejo de estructura y soledad. Pasó lo que debía pasar, un regalo que ahora es pieza clave en este relato, la razón por la que recuerdo ese día tan vivamente…
—Creo que ya es hora —le dice Applejack a Rainbow, está afirma con la cabeza—.
Rainbow salta de su asiento y exclama: —¡Todo el mundo, ya es hora! —todas me vuelven a sonreír, se había puesto incómodo—. Escucha Sunset, sé que tú y yo nunca hemos tenido la mejor de las relaciones pero, en fin, mejor no comenzar de esa manera… —se detiene enfrente mío, Applejack se dirige al baño—. Okey, Sunset, sé bien lo mucho que te esfuerzas en soportarnos, quiero decir, si todo dependiera de ti ya seguro te hubieras deshecho de mi.
—No logro comprender tu punto —le cortó el monólogo y dejó levemente abierta mi boca debido a la sorpresa—.
—Mejor iré a ayudar a Applejack —Rainbow luego de decir eso sale corriendo al baño de hombres, sale de ahí sonrojada y entra al de mujeres—.
—Lo que Rainbow Dash quiso decir es que te queremos. Eso y que te tiene miedo, supongo —giro la mirada de sorpresa a aquella que habla, Twilight esquiva nerviosamente aquel enfoque con un nervioso jugueteo de manos—. A dónde queremos llegar es que tenemos un regalo para ti, un regalo por parte de todas —hablo lo suficientemente rápido como para que solo entendiera la palabra regalo—.
—Esperamos que te guste —dice Fluttershy con las manos detrás de la espalda—, sabemos el largo recorrido que haces para venir al instituto, por ello pensamos, perdón, en realidad fue idea de Rarity y Applejack sabes, ellas siempre piensan que con un regalo así podrás conquistar a alguien… Dije algo no que debí haber dicho.
—No querida —Rarity se aproxima a Fluttershy y con una sonrisa siniestra y temblorosa le toma un hombro—. Tu no has dicho absolutamente nada —la peli rosada traga el nudo en su garganta—.
—Parece ser que no importa lo que haga de todas formas tendré que tener una pareja, ¿verdad? —digo con el batido en mis manos, lo revuelvo lentamente—.
—Oh, querida, no es una obligación tener una pareja, pero te veo tan ahí, mirando tan de costado a la vida, retraída, solitaria —solo provocas que oculte mi cabeza—. Pero esa no eres tú en lo absoluto, eres Sunset Shimmer, tú eres…
—¿Una fracasada? —preguntó con un dejo de sarcasmo, queriendo una respuesta alentadora—.
—Una luchadora —completa Fluttershy con un puño cerrado—. Te lo he dicho muchas veces, lo pasado se quedará en el pasado, ahora estamos aquí y estás rodeada por tus amigas, nadie te está encarando nada y estás a punto de recibir un hermoso regalo de cumpleaños, será por algo.
—Apoyo lo que dice Fluttershy —Twilight recuesta sus manos en la mesa para quitarme el batido—, deja de lado ese pesimismo, hemos tenido nuestras diferencias en el pasado, ahora solo enfoquemonos en el presente y sabes una cosa… —me da la espaldas y mira hacia el pasillo—. En tu posición tomaría lo que el presente me está entregando.
—Comprendo, dejaré de ser tan aguafiestas —al decir eso empiezo a unir algunos agujeros—. Esperen, la llamada, la nota, sus comentarios —las cuatro me lanzan una mirada tal, que parecieran confirmar mis pensamientos—. ¡No me jodas! —de la emoción saltó sobre la mesa y Pinkie, a centímetros debajo mío, me sacude una pierna—.
—¡Eso es, lo has comprendido. Ahora cierra la boca y disfruta un poco! —exclamó Pinkie Pie cuando las demás salieron corriendo a abrir la puerta del sanitario—.
Recuerdo, recuerdo que la puerta fue empujada antes que cualquiera pusiera una sola mano en ella, salieron de ahí Applejack y Rainbow Dash, empujaban un gran artefacto debajo de una manta amarilla. El regalo fue algo diferente a lo acostumbrado, pareciera ayer cuando solo recibía una triste tarjeta de felicitación de parte de Celestia y un regalo de Trixie que resultaban ser adornos que ella quería desechar, nunca le di las gracias por su consideración, se trata de Trixie, ¿como pude ignorar su consideración? ¿Ah? Claro que estoy centrada, el regalo era, ya lo saben, está en sus archivos, Harley Davidson Sportster modelo 883, matrícula 421-6180. No era un sueño para mí, esa vez no estaba soñando, ahí estaba la máquina posando al igual que una stripper, moderna, caprichosa e intensamente llamativa, con muchas dedos y marcas encima, eso era seguro, órganos nuevos, diría mi glándula de fanática. Les salió barata, pues no tenía papeles, presuntamente robada de una finca al sur de Baltimare; parecía la motocicleta predestinada para mí, una posible imitación sin lo repuestos originales. Por favor lean sus informes, de color negro y con un grabado de un sol partido en dos sobre el tanque de gasolina. Me quedé sentada unos segundos sobre ella, acariciaba el manubrio, sentía el calor emocionante de aquel momento, creándome una loca obsesión, entumeciendo mis piernas y dejándome tiesos los senos… Eso amigos míos era la libertad, jinetes de la carretera, mis amigas y yo por los caminos de Equestria. No me creí esa mentira. Entiendan, si no escape en ese momento fue por la misma razón por la que llegue hacia ustedes agentes. No soy libre…
Las cosas no podían salirme tan perfectas, acabó la fiesta, son las cinco de la tarde, otra que caminar de nuevo a la estación. Frío tardío seco y inmisericorde, escarcha en las ventanas, baldosas y carteles, ni me quiero imaginar en el invierno. Recuerdo cuando de niña utilizaba el vapor para fingir estar fumando un cigarrillo. En verdad ni siquiera fumo y apenas bebo, deje de pensar que eso me hacia ver genial hace bastante tiempo, como llevar la chaqueta abierta los días de frío, ahora voy con el cierre hasta el cuello, exhaló un poco. Vapor, partículas de agua minúsculas salen de mi boca a la velocidad de un chispazo, chispas que pueden llegar a encender un motor… Jo, es una pena dejar la motocicleta, será para mañana, con lo difícil que ha sido para ellas subirla, imagino los problemas en los que se meterá Pinkie si los Cake vieran esa mole rodar por las escaleras, por si fuera poco no llevo mi licencia encima. Voy para abajo, para la ratonera llamada subterráneo, podría ser está la última vez que debo esperar al maldito cajón de metal, podré olvidar aquellos maremotos de personas que se lanza una encima de la otra para conseguir un asiento, no me meterán más mano ni me quitarán mi teléfono del bolsillo. Pago el boleto, espero en el andén mientras tarareo mí bastardeada canción de cumpleaños. Asomo la cabeza para ver si viene el tren, y sintiéndome realmente tonta, me digo: —Con que una pareja, la solución a todos mis problemas…
(El amor y la obsesión son conceptos difíciles de diferenciar, al igual que la necesidad y el capricho, tarde o temprano vamos a necesitar un poco de ambas… Insisto - Ciro y los Persas)
Otra vez la sensación de calor, parece ser que no estoy sola, es una estación del metro, hay gente como cabría esperar pero, nunca había sentido al ambiente tan tenso y helado. Me pone nerviosa, alguien observa hacia acá, giró lentamente la cabeza hacia mi derecha, es una mujer. Disimula, no te pongas nerviosa, haz como ella, mira unos segundos y luego vuelve a lo tuyo. —Si que es alta, me lleva por lo menos media cabeza —pienso al inspeccionarla por el rabillo del ojo—. Su cuerpo hipnótico fue contorneado con sutileza, sus piernas tan largas desconectan mi percepción del tiempo; noto su marcada fuerza al ver aquellos brazos desnudos, clara piel de hielo que conecta a una estructura firme, rostro de un seductor succubus con labios gruesos y brillantes. Me ataca silenciosamente, mirándome desde un costado con esos ojos de candente rojo. Eras la misma mujer de antes… —Esto se puso incómodo —pienso al poner la vista al frente, parece que ella ha hecho lo mismo—. Me balanceo para adelante y hacia atrás, inflo los cachetes y dejó salir el aire por la boca, guardó las manos en los bolsillos, fisgoneo otro segundo, me ha vuelto a mirar, ¿acaso intenta disimularlo? No parece ser muy buena en ello, no quiero arriesgarme a parpadear y perder su atención. La inminente aproximación del tren hace que conecte las dos neuronas, la puerta se abre y el tiempo parece congelarse mientras nosotras nos seguimos con la mirada hasta entrar a un mismo vagón. ¡Lucifer en forma de mujer! Y eso sería todo para mí, carne suave para degustar con desesperación, la búsqueda comenzada de una pareja o alguien con quien sentirse mejor, solitaria mujer que me mira y luego lo oculta, esos ojos de muerte dan saltos de derecha a izquierda sin descanso en sus reiterados intentos de observar a la pelirroja. —Aquel si es un pensamiento narcisista —pienso sonrojada y cruzó las piernas—. Debería hablar con ella, aprovechando la falta de pasajeros, puedo pasar de asiento en asiento, acercándome al suyo mientras hago expresión de ignorancia. Ella también se ha movido un poco, lanzamos miradas y más miradas de apenas segundos de duración, menos que eso, apenas llegaron a medio segundo las conexiones visuales. ¿Lanzó a un lado su cabello adrede? ¿Acaso se está arreglando? —trago saliva y remojo mis labios, el corazón suena al ritmo de las manecillas de un reloj—. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Se me va a salir del pecho, me ganan los nervios, pero podría irse en cualquier momento es ahora o nunca: —H-hola —eso salió pésimo, comenzar tartamudeando—. Contestame una cosa, ¿acaso tú yo nos conocemos de algún lado?
—No lo sé, ¿tu que opinas? —responde con los brazos cruzados—.
—Opino que fue tonto preguntar algo así —volvió a sonreír, aunque sea levemente—. ¿Está ocupado ese asiento? —pregunto a lo que ella responde moviéndose unos centímetros—. Con permiso —al sentarme a su lado noto como ella se aleja aún más—.
—¿Algo que quieras decirme?
—Eh, si tengo algo que, escucha, lamento lo que pasó antes, lo que hiciste por mí ¡Guau! —luego de eso, acomodo mi voz y suspiró, el tren se detiene en Smokey Mountains, ella no desciende aquí—. Solo quería que supieras que estoy muy agradecida…
—Ni lo menciones, entonces ¿me has estado observando antes porque tenías miedo de hablar conmigo? ¿O qué? —muerdo con fuerza, veo a los lados con nerviosismo—.
—Tu también me has estado observando, te he visto como pretendías no hacerlo cada vez que yo giraba la cabeza —le explico algo ofendida, pero sobretodo muy avergonzada—.
—¿Acaso me estás llamando mentirosa? —entrecierra sus ojos pero yo miro a un lado con indiferencia—.
—Yo nunca dije eso, pero al menos no soy tan obvia, dímelo tú misma ¿a qué viene eso de arreglarse el cabello? —el rojo en su rostro provoca cosquillas dentro mío—. Lo hiciste justo estando a pocos metros de mí.
—Eso no te incumbe —se pone firme y usa el plástico del asiento como una especie de tambor para sus dedos, está igual de nerviosa que yo—. ¿Tu por qué querías sentarte a mi lado?
—No tengo idea, supongo que me pareces interesante, soy Sunset Shimmer —le acercó la mano, sigue ignorando el contacto físico—. Bueno, si vas a ignorar mi mano por lo menos podrías responderme a una cuestión.
—Si si, ya sé lo que quieres saber, y la respuesta es no —a qué ha venido esa negativa—. No te estaba siguiendo por el bulevar ni tampoco estaba perdida. ¿Feliz?
—Jajaja. Ooh… Soy una estúpida, acaso estoy interrogando a la persona que salvó mi vida —de repente se me escapa la risa, y también la verdad—. Quiero saber el porqué, ¿por qué lo hiciste? Fue demasiado arriesgado, si hubiese sido al revés yo no hubiera hecho lo mismo.
—Pensamos exactamente igual, si hubiese dependido enteramente de mí tampoco lo hubiese hecho, pero una voz me hizo pensar que si no lo hacía yo… En fin —se levanta del asiento y recuesta su cuerpo en el pasamanos a un lado de la salida—. Supongo que tuve que decidir entre hacer lo correcto o lo mismo de siempre. Es complicado, así han de ser las personas todos los días.
—*Siguiente estación: Everfree, combinación con la línea B del subterráneo*
Me detengo a su lado, debo guardar la calma y sonreír bobaliconamente: —Al parecer bajamos en la misma estación —no voy a dejarte ir tan fácilmente—. Y tú ¿asistes aún al instituto?
—¿Planeas seguirme durante todo el día? —me pregunta al momento de bajar del tren—.
—Eso dependerá de tus respuestas —le oigo suspirar, se detiene un momento, me mira de reojo y mueve un poco su nariz—.
—Voy a admitirlo, me estás cayendo bien pelirroja, realmente eres persistente —me da la espalda y comenzamos a caminar hacia la salida—. Soy algo nueva en la ciudad, iba caminando por el bulevar en busca de una manera rápida de llegar al Instituto Canterlot, pero sucedió lo que tú ya sabes.
—Yo asisto a Canterlot High, si es que acaso quieres saber algo —se detiene sonrojada, oculto mis manos y levantó la cabeza, mirándola directamente a los ojos—. Tomaré eso como un sí.
—Cállate… Increíble, de todas las personas con las que podría toparme… —baja su cabeza y acepta lo que he dicho—. Es una casualidad que la primera chica a la que ayudó resulté ser una estudiante del mismo instituto al que iré.
—No soy alguien que crea en las casualidades, y suponiendo que seremos compañeras de clase creo que sería conveniente conocernos un poco mejor —le estrechó la mano, luego de escucharla suspirar otra vez, recibo una contestación, una muy fuerte para mis huesos—. Comenzaré de nuevo, mi nombre es Sunset Elizabeth Shimmer, tengo dieciocho años y soy alumna de quinto año en el Instituto Canterlot.
—Ember Fireborn, misma edad. Soy la que golpeara en cualquier momento a Sunset Elizabeth Shimmer. Te lo advierto pelirroja, te vas a arrepentir de esto —intercambiamos una mirada desafiante, ganó otra sonrisa—. Un jodido placer conocerte.
—¿Te parecería bien dar una vuelta? Podría ser divertido —Ember baja la mirada y se soba el brazo—. Vamos, confía en mí.
—Aún siento su agarre en mi mano, mis nervios actúan como un contenedor de recuerdos precisos que se activan cuando se me olvidan aquellas cosas que nunca debería olvidar, una reacción en cadena que va por todo el cuerpo y vuelve a salir en forma de espasmos, dolorosos e intensos. Inconscientemente emanamos una serie de pensamientos tejedores que forman una imagen concreta de aquello que buscamos o creemos necesitar, siempre se me forma la imagen de esa chica luego de haberla conocido. Sonará precipitado, contraproducente, pero ella no es solo una mujer extraña de muchas otras. No señor, todo dependería de a dónde me llevarían sus manos. No soy una persona que crea en romances de una sola noche con muchachas de acentos curiosos, tampoco en el amor de personas tan opuestas como el orden y el caos; mentiría y escaparía de mi boca la verborrea sonora de platillos y trombones sobre mis acciones en el nombre del amor. Nueva Canterlot es una bomba de tiempo, se duerme de día y se vive de noche, se van con otros colores en la gran ciudad. ¿Creen que soy la única? Hay muchas historias allá afuera, señores agentes apenas estamos comenzando, deberían ir a buscar algo de café… —la rubia se ve convencida de esto y sale de la sala—. Ahora que su compañera no está, di lo que piensas.
—¿Te crees que hay tiempo para saber a detalle la vida de cada persona involucrada? —me pregunta Whooves sin dejar de mirarme a los ojos—. Queremos hechos concretos, no buscamos saber qué desayunaron o si se han duchado o no. Ve al punto y acabemos con ésto. Hay demasiadas vidas en juego.
—Hay tiempo para todo lo que quieras pisaverde, solo debemos saber cómo aprovecharlo, de mi boca oirá todo lo necesario con tal de justificar a mis amigas. Gracias a ellas he dejado aquel temor a aquello llamado madurar, un impermeable repleto de buenas intenciones. Mientras tanto, le parecerá interesante un poco de contexto, a todo el mundo le gusta oir una buena historia —le sonrió y cruzó las piernas—. Sabe, en lo personal me gustan las tetas de su compañera, solo es una observación.
(Bajo aquella fachada tan abstracta e irreal, se me anudaba la garganta y me llevaba a pensar que aún quedaban muchas horas para acabar el día… Girl, You'll Be a Woman Soon - Urge Overkill)
Girl, you'll be a woman soon
I love you so much, can't count all the ways
I've died for you girl and all they can say is
"He's not your kind"
They never get tired of putting me down
And I'll never know when I come around
What I'm gonna find
Don't let them make up your mind
Don't you know, girl, you'll be a woman soon
Please, come take my hand
Girl, you'll be a woman soon
Soon, you'll need a man
I've been misunderstood for all of my life
But what they're saying girl it cuts like a knife
"The boy's no good"
Well, I've finally found what I'm a-looking for
But if they get their chance they'll end it for sure
Surely would
Baby, I've done all I could
Now it's up to you girl, you'll be a woman soon
Please, come take my hand
Girl, you'll be a woman soon
Soon, you'll need a man
Girl, you'll be a woman soon
Please, come take my hand
Girl, you'll be a woman soon
Soon but soon, you'll need a man
Girl, you'll be a woman soon
Please, come take my hand
…
CLOCKWORK DREAMERS
© 2010 – 2018 Hasbro, Inc. Todos los derechos reservados.
