SIN DAÑOS A TERCEROS
Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…
Capítulo 2
AKANE
No tengo idea de que fue lo que pasó. No puedo quitar de mi cabeza al hombre de la trenza. ¡Sus ojos! Son de un color azul intenso; me mira como si me atravesara. No he estado al cien en el trabajo, mis compañeras me han preguntado si me siento bien y les respondí que sí. Una de ellas decía que tenía una sonrisita soñadora. Creyeron que se debía a Shinnosuke. No pensé en contarles nada. Si supieran que es por ese hombre, me tacharían de inmoral. Es algo solo para mí.
Al regresar a casa, Shinnosuke está echando rayos. Su empleado llego unos minutos tarde y hoy el hombre si tuvo que quedarse un tiempo adicional a terminar el trabajo. Ese no fue el problema, sino que terminó a tiempo y además antes de que Shinnosuke saliera, le entregó parte del trabajo de mañana adelantado. A mi marido no le gusta que nadie sea mejor que él. Me ha dejado cenando sola porque ha ido a acostarse más temprano para irse media hora antes de la habitual. No le he dicho nada. Yo me quedé sentada pensando en mi día. Jamás había sentido nada parecido, ni con Shinnosuke. Debe ser mera emoción. Pero mañana yo también me iré al trabajo más temprano. Tengo miedo de volver a topármelo. Me da miedo sentirme así.
Me voy media hora después de Shinnosuke, así no habrá ninguna posibilidad de que encuentre al hombre de la trenza. Para mi fortuna, no está ahí y cada que sube pasaje en las estaciones, observo con ansia para ver si él sube. ¿Pero qué estoy haciendo? Yo misma vine temprano para no encontrármelo. Respiro profundo y me dispongo a leer mis novelas en el móvil, pero como de costumbre, me paso de estación.
Hoy no salgo corriendo. Volteo a ambos lados del vagón antes de bajar y respiro aliviada de mi buena idea. Bajo tranquilamente, sin prisa. Tengo tiempo de sobra para llegar al otro binario y leer antes de entrar a la guardería.
Camino lento y escucho una voz. No puede ser, ¡es él! ¡el hombre de la trenza! Me muero de los nervios. Se supone que su tren pasa más tarde.
—¡Hey! ¡Hola! ¿cómo te va? — tiene una sonrisa de modelo de revista. Una seguridad infinita, y yo estoy que se me doblan las piernas.
—¿Qué haces aquí? Acaso… ¿me estabas esperando? — lo observo sorprendida; él se queda pensativo, seguro está buscando una excusa simplona o esta vez he logrado ponerlo nervioso.
—Sí, es que ayer llegué tarde al trabajo y pensé que si llegaba más temprano a la estación podía saludarte antes de que salieras corriendo.
—Ah… ¿y cómo estabas tan seguro de que ibas a verme? — me ha dejado congelada. Me dijo la verdad. Mira a los ojos y siempre de frente, no es de los que miente.
—No lo sé…tan solo lo estaba. Debe ser que tengo buena intuición o buena suerte— dice confiado.
—Pues, debe ser suerte porque siempre me paso una estación, yo debo bajar antes.
—¡Ah! Lo haces para verme. No creí que te interesara así — se ríe. ¡Es un insolente! Debo estar completamente roja como manzana.
—¡No! Es que me distraigo con la lectura. Nunca me paso más de una estación —le respondo seria. Es un cretino.
—Entonces es el destino. Debemos encontrarnos en esta misma estación.
—Yo no creo en el destino, esas son tonterías.
—Todas las mujeres creen en el destino y esas cosas.
—¿Entonces piensas como una mujer? — no sé por qué le he dicho eso, pero ha sido a modo de reto. No voy a permitir que se quiera pasar de listo conmigo, no soy ese tipo de mujer.
—Cuando quieras puedo demostrarte que pienso y siento como un hombre, porque lo soy. Es más, soy un más que un hombre entre los hombres, ¿Qué te parece eso?
—Me parece lo más ególatra que he escuchado en toda mi vida. Debo irme, ¡adiós! — me equivoqué, es un completo imbécil.
—¡Oye! Era una broma. No tienes porqué molestarte — sigue con esa sonrisa de maldito actor de cine.
—¡Ya me voy! — Me doy la media vuelta y voy caminando hacia las escaleras para tomar mi tren del otro lado. Giro un poco para intentar verlo de reojo. Sigue mirándome el muy tonto.
—¡Hasta mañana! — me grita. Yo me pongo roja sin voltear a verlo. Pienso ignorarlo.
Llego hasta mi binario y él ya se ha ido. Busco con la vista recorriendo toda la línea, pero nada. Suspiro, un poco decepcionada, hasta que lo escucho gritar otra vez.
—¡Hey, estoy acá! ¿Me estabas buscando? — el muy tarado se había escondido detrás de una columna porque sabía que yo iba a buscarlo. Se ríe, mientras yo contengo la risa lo más que puedo frunciendo el ceño y apretando los labios, buscando inútilmente que las mejillas no se llenen de aire, pero no puedo evitar reírme. Él se ríe a carcajada limpia cuando me ve reír. Es tan guapo. De verdad se ve muy varonil, pero no pienso decírselo, su ego ya es demasiado grande.
Levanta la mano y se despide, esperando hasta que llega mi tren y subo. Lo veo mientras la máquina se mueve. Se da la vuelta y baja las escaleras. Me hace sentir una emoción muy especial, como si fuese una colegiala.
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RANMA
Esta mañana he ido otra vez temprano a la estación para esperar a la "velocista". Lo mejor fue que me la encontré en el carro del tren, otra vez distraída en el móvil. Sonreía mirando a la pantalla. Tuve que caminar un poco por el vagón para acercarme. Es tan menudita que cabe en cualquier rinconcito, así que tuve que empujar un poco a algunos pasajeros.
Me asomé por detrás de ella, encima de su cabeza. Dio un saltito asustada cuando escuchó mi voz.
—¿Qué lees? —casi se le cae el móvil, parece que la asusté.
—¡Me asustaste! Casi me infarto — respira profundo tratando de controlarse mientras yo le sonrío aguantando una carcajada por ver su cara de sorprendida.
—Lo siento, solo quería saludarte hoy. — quiero tomar la posición de hacerme el interesante, pero mi instinto no me lo permite.
—Buenos días entonces — dice en tono serio y se gira de nuevo hacia la puerta. Hemos llegado a la estación y ella baja tratando de evitarme. Doy dos zancadas para alcanzarla.
—¿Ya te vas?
—Es obvio ¿no?
—¿Estás molesta conmigo? — esquiva mi mirada y se le ve nerviosa.
—No. No tengo porqué.
—Parece que estás molesta
—¡Ya te dije que no lo estoy! — se sonroja y veo como se acelera su respiración. Me gusta ponerla de nervios.
—De acuerdo, vengo en son de paz, porque ayer te pusiste igual que hoy, así que… —abro mi maletín y saco un pequeño paquete cuadrado envuelto en papel blanco —esto es para ti, por lo de ayer.
—¿Para mí? —sus ojos se iluminan. Intenta disimular una sonrisa de emoción infantil. Vaya que me gusta como sonríe. Toma el paquete y lo abre. Es un libro. Lo mira sin poder creerlo —¿Dónde lo conseguiste? ¿Por qué me lo regalas?
—Es mi manera de disculparme por hacerte enojar ayer. Conozco gente que trabaja en una editorial y me lo consiguió. Me dijiste que te gusta leer.
—Pero, es Romeo y Julieta… ¡y está en el idioma de Shakespeare!
—Así es y por lo tanto no fue fácil conseguirlo, espero que te guste.
—¿Sabes que la historia trata de una tragedia?
—Pero también es una historia de amor — le sonrío. Ella se pone roja hasta las orejas y baja la vista estirando su mano para entregarme el libro.
—No, no puedo aceptarlo. Gracias, pero…no.
—¿Por qué no? ¿No sabes inglés? Te lo puedo conseguir en japonés. — quiero burlarme de ella, quiero ver su rostro molesto.
—¡No es por eso! Sé inglés, pero no debo de aceptar regalos de un extraño.
—No soy un extraño, te veo casi todos los días en el tren, no soy el lobo de Caperucita.
—Pero no sería correcto.
—Bueno…si no lo quieres, lo tiraré a las vías.
—¡NO! ¿Por qué harías eso?
—Porque este libro no tendrá nadie quien lo lea. ¡Es una tragedia! ¡No tiene por quien vivir! —hago ademán de lanzar el libro y ella me sujeta del brazo, asustada. Me río a carcajadas y ella pone la cara seria apretando los labios. Se ve tan graciosa.
—¡Dame el libro!
—Pero dijiste que no lo querías.
—Está bien, cambié de opinión. Lo leeré — me lo arrebata de las manos apretándolo sobre su pecho con ambos brazos.
—¿No me vas a dar las gracias? Eso sí que no es correcto.
—Querías tirarlo. Solo lo salvé de una muerte segura.
Me río y ella intenta disimular su sonrisa — Entonces el libro te lo agradece — ella baja un poco la vista, noto un ligero sonrojo en sus mejillas
—Es muy amable de su parte — le contesto. Ella me mira con una media sonrisa y ambos comenzamos a reír.
—Espero que lo disfrutes, "velocista" — asiente con la cabeza y se gira para cambiar de binario. Cuando llega a su andén, la miro levantar la mano y gritar un "gracias". Levanto la mano para despedirme y veo que su tren se aproxima. La veo sostener el libro delicadamente y hojearlo un poco. De repente noto que lo toma abierto con ambas manos y lo acerca su nariz, oliendo las hojas. Me pareció algo muy curioso, deben gustarle bastante los libros o tal vez es una fetichista de esas que les gusta oler cosas raras. Me río de mis tonterías imaginarias hasta que su tren estaciona y se va.
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AKANE
El hombre de la trenza me regaló un libro de Romeo y Julieta. No sé cómo terminé aceptándolo, pero me ha gustado el detalle.
Mis compañeras en el trabajo estaban emocionadas de verlo. Les dije que lo conseguí en una librería lejos de casa. No iba a decirles quien me lo regaló. Hubiera tenido que contarles toda la historia y no tiene caso. Shinnosuke no se interesa en mis cosas. Está acostumbrado a que llegue con libros seguido a la casa. Dice que tengo demasiados y que debería venderlos o cambiarlos por otros, pero siempre me encariño y no puedo dejar de quedármelos.
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Casi a diario me encuentro en el tren con el hombre de la trenza. Llevamos topándonos unas ocho semanas. Platicamos de todo y de nada. Dice que es ejecutivo en una compañía y no le gusta mucho lo que hace. Su jefe lo atiborra de papeles y no está muy contento con ello. Contrario a mí que me encanta trabajar con los niños. Pensé que debería ser frustrante trabajar en algo que no es lo tuyo, pero me contó que amaba las artes marciales, entrenó con su padre desde que aprendió a caminar y ha estado en varios torneos en China y algunos en Japón. Es una coincidencia increíble.
—¿De verdad te gustan las artes marciales? Yo practicaba desde niña junto a mi padre, pero tuve que dejarlo cuando vine a vivir a esta ciudad.
—¿En serio? Vaya, ahora entiendo algunas cosas — mira hacia abajo como si buscara lentamente llegar hasta mis zapatos.
—¿Qué cosas? ¿por qué miras así? — tiene una mirada muy fuerte y siempre que sus ojos van a una dirección, en especial a la mía, me dan escalofríos.
—Tus piernas, no son de velocista, sino de artista marcial — lo dice demasiado directo y tiemblo aún más.
—¡Deja de verme las piernas! ¡Pervertido!
—Ja ja ja ja. Te sonrojas muy fácil. Tómalo como un cumplido.
—Me da vergüenza
—¿Porqué? No están del todo mal. Aunque viéndote bien, se te ven las rodillas chuecas — dice en un tono burlón.
—Eres un cínico. Esta es mi estación. Aquí me bajo.
—Oye, todavía nos falta una.
—No. Esta es en la que siempre debería bajar, pero me distraigo y me bajo hasta la siguiente.
—Pues que delicada eres, solo porque te dije algo sobre tus piernas no quiere decir que sea un insulto. Aunque tengas las rodillas chuecas lo importante es que puedas caminar.
—¿Pero de qué hablas? — me altera su respuesta y el muy payaso me mira conteniendo la risa. Tal parece que se divierte haciéndome enojar. En eso escucho el silbato y las puertas se cierran. Otra vez tengo que bajar en la estación siguiente — ¡Mi estación! ¡Todo por tu culpa!
—No es mi culpa que porque te guste discutir conmigo no te hayas bajado del tren. Ahora tendrás que acompañarme hasta mi estación. Bueno, estoy acostumbrado a que me sigas y me busques cuando no estoy. Soy irresistible.
—Eres un insolente. Ya no hablaré más contigo. ¡Nunca! ¿lo oyes? — bajo en la siguiente estación y corro para cambiar el binario sin mirar atrás. Ese idiota no sabe lo que dice. Me pasa por confiar demasiado en la gente. ¡Todo porque acepté su regalo! Se cree con derecho de tratarme como si fuera una conquista. Engreído.
Al llegar a mi andén, camino hasta ponerme detrás de una columna. No quiero verlo haciendo sus payasadas. Se piensa que el mundo gira alrededor de él.
—¿Por qué te escondes detrás de la columna? — al escuchar su voz grito y salto lo más alto. La gente me mira extraño. El hombre de la trenza está detrás de mí con su sonrisa de modelo de catálogo.
—¡Idiota! ¡Casi me infarto otra vez! ¿Para qué me sigues?
—No quiero que estés enojada conmigo. Fue una broma.
—Pues debes saber que no me gustan para nada tus bromas, ni tus payasadas. Y debes saber también que no me interesas; aunque te creas muy guapo, no soy de esas mujeres que seguramente están detrás de ti como si fueras el único hombre sobre la Tierra. No porque acepté un regalo tuyo te pienses que puedes tratarme como una cualquiera, ¡porque no lo soy! Puedo devolverte el libro si eso te hace feliz, pero te prohíbo que quieras pasarte de listo conmigo.
Su sonrisa cambió y ahora tiene un semblante muy serio. Me hizo enojar como nunca en mi vida. Ni siquiera Shinnosuke me ha hecho rabiar como este tipo. ¿Pero cómo se me ocurre compararlos? Si son el agua y el aceite. Se queda callado un rato.
—…Vaya, entonces, si así piensas, no volveré a molestarte.
—Será lo mejor.
—De acuerdo. Adiós.
—Adiós — respondo dignamente. Lo veo bajar las escaleras. Subir a su andén y dirigirse hacia su salida sin ni siquiera mirarme. Sigue muy serio. ¿De verdad se habrá enojado? No tiene porqué, la ofendida soy yo. Pero bueno, por lo menos sé que eso lo hará contenerse antes de hacerme un comentario insinuante y ególatra.
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Al día siguiente no lo encuentro en el tren. Llego hasta su estación y tampoco está ahí. Lo busco escondido detrás de la columna y nada. Tal vez lo vea mañana.
Pasa otro día, y otro y otro. Él ya no está nunca en el tren ni en la estación. Tal vez tiene mucho trabajo. O tal vez se cansó de mí. Seguro es eso. Debe ser que ya se haya encontrado una chica para conquistar. Tal vez le regaló un libro, así como a mí, aunque hay quienes caen con cualquier baratija.
Seguro le gustan las chicas fáciles. Porque se nota que le encanta que estén detrás de él. Yo no soy de esas, se lo dije. ¡Pues que le aproveche su nueva conquista! yo tengo demasiadas cosas que hacer que estarme distrayendo con un tonto como él.
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Me cuesta trabajo concentrarme. Todo el día estoy pensando en él y llego a casa de malas. Shinnosuke lo notó el otro día; pensé que no se daría cuenta, pero serví la mesa casi lanzando los platos y me preguntó qué me pasaba.
—Disculpa cariño, no tuve un buen día en el trabajo. Estoy algo presionada — me miró sorprendido y luego sonrió. No sé qué pudo parecerle tan gracioso ¿Ahora a todo el mundo le gusta verme de malas?
—Sabes, me recordaste a Saotome. Toda la semana ha estado con cara de pocos amigos y lanza las cosas a todos. Hablé con él y se disculpó. Dijo que con el proyecto se sentía presionado. Creo que más que el trabajo, debe tener problemas en casa.
—Es porque eres un jefe muy estricto.
—No lo creo. Es muy persistente y no deja nada pendiente. No sé qué le pase.
—Tal vez es buena idea que lo invites a él y a su esposa a cenar. Puedo preparar algo aquí en casa — le sugerí. Shinnosuke me miró dudoso.
—Cariño, está bien que no me cae muy bien Saotome, pero tampoco le deseo la muerte.
—¡Me duele que digas eso, Shinno! Solo quería apoyarte con tus asuntos de trabajo — me siento tan ofendida que se me quiebra la voz y estoy a punto de derramar lágrimas. Shinnosuke se levanta de su lugar para abrazarme, riendo.
—Pero mi cielo, no te pongas así. Qué te parece si pedimos lasaña para que no tengas que hacer tanto y consigues unos bocadillos de los que te gustan. Compramos algunas botellas de vino y le digo a Saotome que venga el próximo domingo, ¿te parece?
—Está bien — me tallo los ojos con el dorso de la mano para quitar unas cuantas lágrimas y aspiro con la nariz un poco congestionada por el conato de llanto.
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RANMA
No he visto a la velocista en una semana. No pensé que fuera a afectarme, pero no rindo igual en el trabajo. A todas horas recuerdo su sonrisa y la sensación que tengo cada que me acerco a ella.
Parecía muy molesta la última vez que hablamos y la verdad es que tampoco yo estaba dispuesto a lidiar con ella. En casa tengo que lidiar con Shampoo que no se calla y a veces no escucho ni mis pensamientos.
Son tan diferentes una de la otra. Mientras una no quiere hablar, la otra suelta palabras hasta por los codos, sea en chino o en japonés. Que si la nueva campaña, que si el vestido, que si se ve muy gorda, que si no tiene tantos fans como en China.
Desde que no la veo a ella no se me antoja hablar con nadie. Hasta mi jefe me preguntó si estaba bien, si tenía algún problema; obvio lo de esta mujer no es un problema, para nada, es solo una mujer.
Me dan ganas de volver a verla. El otro día lo hice, volví a la misma hora y la esperé en la estación. Nada.
Seguro cambió a otro horario. Se vería muy desesperado si la espero en la estación que debe bajar. Tampoco quiero que vuelva a gritarme. No creí que pensara eso de mí. Tengo que olvidarme de ella; pero a veces siento un vacío muy grande. No entiendo por qué me siento así.
No sé qué tan mal me vea, pero mi jefe acaba de invitarme a mí y a Shampoo a su casa a cenar este domingo.
No podía negarme. Llamé a mi mujer para contarle con la esperanza de que tuviera alguna buena excusa que yo pudiera utilizar para zafarme de la invitación de mi jefe, pero nada. Dijo que tenía que colgar rápido para ir a comprar algo nuevo para ponerse y buscar un presente para darles a él y a su esposa.
Ya le advertí a Shampoo que no se extienda en sus pláticas, que cenemos y nos vayamos. Seguro la mujer de mi jefe es tan sosa como él ¿quién aguantaría un tipo como ese? Tan enfrascado en el trabajo y con ese mote de seriedad.
Tal vez es una mujer fea y gorda, de esas que se casan con el primero que les guiña un ojo.
Me río con mis ideas estúpidas, pero es que ya no sé qué hacer para no pensar en ella. Tan idiota he sido que no se me ocurrió pedirle su teléfono… ¡mucho menos sé su nombre! Sólo sé que empieza con la letra "A".
Tantos días hablando de todo y de nada, para no saber casi nada de su vida. Sé que antes practicaba artes marciales, es algo que nos gusta a ambos. También sé que le gusta leer novelas románticas, que adora el olor de los libros, que prefiere mil veces el vino blanco al vino tinto, que no le agrada cocinar, que ama a los niños y que su trabajo es demandante. Es todo lo que sé de ella. Casi nada para conocer a alguien, pero suficiente para enamorarme de ella… ¡Mentira! Ni siquiera tuve que saber nada de eso para sentirme atraído. Puede que sea únicamente atracción…o mera costumbre por verla a diario. Sea como sea, me siento en el mismo infierno.
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Llega el domingo y la hora de cumplir con la fastidiosa invitación. A pesar de comprarse ropa para la ocasión, Shampoo se ha cambiado 4 veces antes de salir de casa. Finalmente se puso lo que se había comprado, pero está tan empeñada en causar una buena impresión ante mi jefe que se nos ha hecho un poco tarde.
Subimos al tren y pronto estamos caminando por la acera para llegar al complejo de departamentos donde vive mi jefe Ryugen Shinnosuke, con su esposa. No puedo disimular mi cara de fastidio, Shampoo lo nota y me sugiere que disfrute la cena y ella se encargará de todo lo demás. Eso me facilita mucho las cosas, como mi mujer no se calla, no tendré más que responder con monosílabos y asentir con la cabeza sonriendo cada vez.
Al entrar al edificio tenemos que esperar el ascensor. Hay un espejo montado de piso a techo y Shampoo deja el obsequio sobre el suelo para poder verse de cuerpo entero y asegurarse que se ve fantástica. Eligió un vestido en color rosa estilo chino, sin mangas, la falda le queda a medio muslo y lleva como siempre su peinado con el cabello suelto. Para mí, eligió una camisa roja, jeans azul oscuro y un saco negro.
Subimos al ascensor y al llegar a la puerta, nos damos cuenta de algo.
—¡El obsequio! ¡Que tonta, lo dejé en el piso de abajo!
—No te preocupes Shampoo, yo iré por él.
—¡No! ¿estás loco? Eres tú quien debe presentarme con tu jefe, no yo sola.
—Entonces vamos los dos por el obsequio y así llegamos juntos.
—Claro que no. ¿Ves lo tarde que es? Entra tú, no tardaré — Shampoo se alejó corriendo dando brinquitos y volviendo al ascensor.
Respiré profundo y toqué el timbre. Escuchaba el murmullo de las voces que venían de adentro. Espero que Shampoo no tarde.
La puerta se abrió y me congelé. ¿Es una broma verdad? Esto no puede estar pasando.
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¡Hola a todos! Gracias por dejar sus reviews. Me emociona mucho que les esté gustando este UA. Lo hago porque me encanta escribir y Ranma da para hacer muchas historias que imaginé durante mucho tiempo.
Gracias a mi querida Hana Note que es mi beta reader para este fic y me ha ayudado un montón. Gracias Peque por compartirme un poco de tu tiempo.
A mis Locas por el Dios Griego. Gracias por ser mi inspiración para escribir. Las quiero.
Espero que les haya gustado este capítulo y también espero sus reviews. ¡Soy fan de ellos! Creo que la manera en la que alguien escribe forma parte de la voz de su mente y a veces de su corazón, así que me agrada saber de ustedes y conocerlos un poquito.
Si les gustan mis historias, recomiéndenlas. Los leo pronto.
