SIN DAÑOS A TERCEROS

Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…

Capítulo 3

AKANE

Ya está lista la lasaña, solo me indicaron ponerla al horno para mantenerla caliente. Como de verdad no me acerco a la cocina Shinnosuke se ofrece a encenderlo y meter el refractario con la comida dentro.

Los bocadillos están listos para acomodarse en las charolas, las copas limpias, el vino blanco en hielo y las servilletas. Justo a tiempo para recibir a los invitados de mi esposo.

Suena el timbre y me dispongo a abrir. Me puse mi falda púrpura y mi blusa de cuello alto sin mangas de color amarillo, por aquello que ese color simboliza "amistad". Me he dispuesto ser muy amable con ese hombre y su esposa; no se me dificulta hacer amistades, así que tal vez eso ayude un poco la relación entre Shinnosuke y su empleado.

Abro la puerta mostrando mi mejor sonrisa, pero en un segundo la sangre se me va a los pies. No puedo creerlo, es él. El hombre de la trenza. No entiendo cómo llegó hasta aquí. Jamás le di mi dirección y tampoco recuerdo haberle dicho mi nombre. ¿Qué es lo que pretende al presentarse así en mi casa? ¡Por Dios, tengo marido!

—¿Qué haces aquí?

—Yo…—me mira demasiado sorprendido. Debe ser muy bueno para fingir.

—¿Akane? — Mi marido me llama desde la cocina

—Te llamas Akane… —clava su mirada en mí, eso que siempre hacía y me ponía tan nerviosa.

—Así es, y ahora vete, ¿no te das cuenta que estoy acompañada? — se lo digo en el tono más frío y despectivo que puedo para que se largue rápido. No quiero tener que dar ninguna explicación a mi marido. ¿qué podría decir? Es solo un hombre que me topo en el tren casi a diario, con quien platico, que recuperó mi colgante y me regaló un libro de Shakespeare. ¡No! Mejor que se vaya ahora mismo.

—¿Saotome? Cariño, déjalo entrar, no seas maleducada. En seguida estoy con ustedes, voy a preparar las bebidas. Pasa por favor, Saotome. Estás en tu casa. ¿Dónde está tu esposa? Pensé que vendría contigo —Shinnosuke sale de repente y yo no doy crédito a lo que escucho. Me quedo congelada ¿Era él su dichoso empleado "las puedo todas"?

—Está abajo. Vendrá en un momento.

—Bien, entra por favor. Cariño, siéntense en la sala. Ya vengo con los bocadillos y las bebidas.

Shinnosuke vuelve a la cocina y yo me hago a un lado para dejarlo pasar. No puedo emitir palabra alguna. "Saotome" entra lanzándome una mirada penetrante.

Hago ademán para que se siente en la sala y lo hace. Se sienta frente a mí, apoyando un brazo sobre el respaldo del sillón. Ladea la cabeza y sigue mirándome fijo, como si me estuviera retando.

Yo estoy sentada con la espalda recta y las piernas juntas. Aprieto las manos sobre mi falda. También estoy molesta, no puedo dejar que me intimide. Nos quedamos varios segundos callados. Nadie dice nada, hasta que decido levantar la vista para romper el hielo.

—No me dijiste que estabas casado — dije en tono serio.

—Obviamente tú tampoco — sus palabras me golpean. Está molesto y mucho. Hace que me hunda en mi propia vergüenza, pero no sé cómo él puede mantenerse tan controlado estando en la misma situación.

—Será mejor que olvidemos el asunto y no lo mencionemos.

—Qué más da. Ni que hubiera pasado algo entre nosotros — hace la cabeza hacia atrás, despreocupado. Siento que lo dijo como burla.

Era obvio que me hice muchas ilusiones en la cabeza. Lógico que era solo una conquista para él. Debe dedicarse a eso, como pensé. Busca chicas ingenuas como yo para entretenerse rumbo al trabajo y alimentar su ego. Aún con su semblante molesto sigue teniendo ese porte de estrella de cine inalcanzable.

Me odio, por haberlo extrañado, por sentir que me hacía falta, por haberme acostumbrado tanto a su presencia. Siento que se me quiebra el corazón, pero no dejaré que se dé cuenta. Tiene razón, no pasó nada y yo amo a Shinnosuke. No necesito que ninguno venga a ponerme atención para levantarme la moral.

—Es verdad. Solo fue una tontería — le digo sonriendo. Él se endereza un poco tenso del sillón, pero pronto hace una mueca que se transforma en una sonrisa. Su sonrisa de modelo de comercial de pasta dental, que ahora me parece tan falsa. Suena el timbre y ninguno de los dos dejamos de mirarnos.

—Debe ser mi esposa, Shampoo — se levanta y se dirige a la puerta para abrirla. Una vocecita chillona y cantarina se escucha desde la entrada.

La veo caminar contoneándose de manera graciosa sosteniendo una pequeña maceta con las dos manos. Por Dios, ¡es hermosa! Sus ojos tienen un brillo coqueto, su cabello largo, sedoso, tan brillante; un cuerpo frondoso y escultural, enfundado en una piel de porcelana. También parece una modelo.

Se acerca a mí dando como brinquitos y hago una inclinación de cabeza a modo de saludo, ella me mira y hace lo mismo extendiéndome la maceta que contiene una planta de bambú.

Él camina tras ella, mientras sigue mirándome altivo, con una sonrisa retadora. Me cohíbo un poco, pero la voz de la chica me saca de mis pensamientos.

—¡Nihao! Soy Shampoo, la esposa de Ranma. Encantada de conocerte. Les traje este obsequio. Es un bambú para la buena suerte. Lo dejé olvidado abajo, por eso me retrasé, pero ya estamos aquí. ¡Qué bonito departamento! Está muy bien decorado, aunque yo le pondría unos cuadros por allá y un tapete bajo la mesa de centro; también te recomiendo que pases por una tienda de muebles que no está muy lejos de aquí, ahí conseguí unas…

—Shampoo, por favor — Saotome se dirige a su mujer y ella se cubre la boca con la mano, soltando una risita.

—Buenas noches, usted debe ser la señora Saotome. Encantado, soy Ryugen Shinnosuke y ella es mi esposa Akane — mi marido salió de la cocina, imagino al escuchar el timbre y saludó con una reverencia, cosa que yo volví a hacer. La pareja también hizo una reverencia, pero ella rápidamente se dirigió a nosotros.

—¡Oh! No señora Saotome, dime Shampoo. Si quitamos las formalidades todos seremos amigos más pronto, ¿verdad, Ranma? Es que mi marido a veces es tan formal y eso que la extranjera soy yo. Soy de China y aunque él también vivió allá, desde que regresamos a Japón se volvió tan japonés.

—Shampoo, por favor — él vuelve a llamarla en tono serio y ella solo sonríe. Tal parece que se le dificulta dejar de hablar. Pero eso es lo que a él debe gustarle de ella, además de su físico.

—De acuerdo, entonces, sean bienvenidos. Ranma, Shampoo ¿les apetece tomar algo?

—¡Yo quiero vino tinto! Me encanta — dijo ella acomodándose en el sillón.

—Vino blanco, gracias — él se sienta mientras me sigue mirando con esos ojos de reto. Pero no logrará hacerme flaquear.

—Bien, cariño ayúdame con los bocadillos, por favor — me giro para ir tras mi marido para ayudarle con las cosas, pero me detengo cuando escucho la cantarina voz.

—Shinnosuke, por favor permíteme ayudarte. Tú y Akane se ven todos los días, al igual que ves a Ranma. Déjame ayudarte yo, así conversamos para conocernos y ellos se conocen ¿sí? — Shinno y yo nos sorprendimos, esta chica de verdad quiere relacionarse con nosotros. Nos miramos uno a otro y finalmente asentimos. Ella se fue a la cocina con mi marido y nos dejó de nuevo solos a Ranma y a mí.

—Entonces, te llamas Ranma.

—Sí, señora Ryugen.

—Tu esposa es muy linda.

—Lo sé.

—Ella sugirió que nos llamáramos por el nombre.

—Solo si así lo quieres, a veces Shampoo peca de informal.

—No hay problema por mí. Puedes llamarme Akane, a menos que prefieras que te llame señor Saotome.

—No lo prefiero.

—Está bien, Ranma.

—Me gusta como dices mi nombre — me sigue mirando fijo, pero ¿qué ha sido eso? ¿Está intentando seducirme? Tal vez solo trata sacarme de mis casillas. Respiro profundo, también sé seguirle el juego, pero a mi modo. Puedo hacer que pierda los cabales y la prueba está en que salió huyendo la última vez que me molesté con él.

—A mi esposo le gusta que lo llame "cariño" — le digo sonriendo sarcástica.

—Ya lo noté. Qué cursi, como esas novelas que lees — se recarga con ambos brazos en el respaldo y mira hacia el techo, como si inspeccionara la habitación, voltea y me sonríe porque sabe que ha disparado en uno de mis puntos débiles, pero trato de contenerme y no caer en su juego.

—¿No tienes algún nombre lindo para tu esposa?

—No. De eso se encargan sus admiradores.

—¿Admiradores? ¡Ah, ya entiendo! Es tan popular como tú y tiene admiradores como las chicas que te consigues en el tren — espero su reacción. Seguro con eso se callará, pero sucede lo contrario. Suelta una carcajada que retumba en la sala.

—¡No! Shampoo es modelo. Tiene muchos admiradores que la siguen en redes y le escriben. Le gusta llamar la atención.

—Debí suponerlo, es tan bonita. Pensé que era actriz.

—¿De qué te ríes, Ranma? — Shampoo pregunta detrás de mí. He dado un salto en mi lugar, espero que no haya escuchado. Toma la charola con bocadillos y atrás la sigue Shinnosuke con las copas y botellas en las manos.

—Nada, Akane pensó que eras actriz — su semblante burlón no había cambiado.

—¡Sí lo notaste! En China era actriz. Aquí solo consigo trabajo como modelo, pero está bien. Ahora tengo seguidores chinos y japoneses. — Shampoo se sienta junto a su marido acomodándose el cabello. No cabe duda que en alabarse a sí mismos son el uno para el otro.

—Shampoo hizo de modelo en una de las campañas para los artículos deportivos que se venderán en las tiendas; las del proyecto nuevo donde estamos trabajando — dijo Shinnosuke — No sabía que eras la esposa de Saotome.

—Es que yo le pedí a Ranma que no dijera nada, para no perjudicarlo en el trabajo. Pueden pensar que él movió sus influencias para que yo hiciera la campaña, pero no. Mi representante es quien se encarga de todo.

Tuvimos una charla no muy extensa. Más bien, Shampoo fue la que se extendió, contando sobre su trabajo, sus fanáticos y otras cosas. Al llegar la hora de servir la cena, nos sentamos todos a la mesa.

—La cena estuvo exquisita, que bien cocinas Akane — Shampoo me felicitó.

—¿En serio la hiciste tú? — Ranma me miraba incrédulo, con su sonrisita burlona.

—Sólo hice la ensalada. No se me da muy bien la cocina. Como quería que todo estuviera perfecto para ustedes, mandé pedirla a mi restaurante favorito.

—Muchas gracias, Akane — dijo Shampoo, tratando de ser cordial.

—Sí, gracias por tan grande favor — Ranma bebió de su copa tratando de esconder la risa. Shampoo se sonrojó ante el atrevimiento de su marido.

—Saotome, no pensé que tuvieras ese tipo de humor — Shinnosuke habló en tono serio, seguro para defenderme de ese insensato — pero es cierto, Akane hoy nos hizo un favor a todos para no intoxicarnos con su comida.

Me giré para ver a Shinnosuke que se reía a carcajada abierta junto a Ranma. Shampoo estaba confundida. No sabía si reírse o disculparse; al parecer no entiende del todo el idioma y dudo que sepa cuando es una broma.

—Ahora resulta que se unen para echarme en cara mi destreza en la cocina — los miré a los dos frunciendo el ceño, pero no dejaban de reírse, hasta que se fueron calmando.

—Más unidos que nunca — dijo Ranma, alzando su copa y bebiéndola de un solo trago. No se puede ser más incauto. Solo atiné a sonrojarme.

—Yo soy una excelente cocinera, ¿verdad Ranma? Cuando quieras, Akane, puedo enseñarte a cocinar platillos chinos para que le prepares a Shinnosuke. Por eso Ranma es tan feliz. A pesar de que yo trabajo tanto y a veces más que Ranma, siempre tengo comida lista para calentar — Shampoo seguía presumiendo sobre sí misma.

—¿Alguien gusta un poco de té? — fue mi manera de darme la vuelta y salir de ese calabozo de tormentos.

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RANMA

Después de la cena, Shampoo y Akane salieron al balconcito del departamento a beber el té. Shinnosuke y yo nos quedamos charlando en la sala.

—Su departamento es muy amplio — dije tratando de iniciar una simple conversación.

—Sí, yo quería algo más pequeño, cerca del trabajo, pero Akane quiso algo con más habitaciones.

—Entonces, piensan tener familia pronto.

—No. Akane no puede tener hijos.

—Oh, lo lamento — sentí mucha tristeza por ella. Con lo que le encantan los niños, cómo se expresa de ellos. Ahora entiendo porque ama su trabajo a pesar de ser pesado.

—Tuvimos un accidente de auto hace algunos años y fue el resultado. El departamento lo eligió antes del accidente, así que nos quedamos con él.

—Entiendo.

—Shampoo es una mujer hermosa, ¿no tienes problema de que tenga tantos admiradores? — Shinnosuke cambió rápido el tema; agradezco que lo haya hecho.

—En realidad, no. A ella siempre le ha gustado ser el centro de atención. Cuando la conocí ya era actriz, aunque no tan famosa. Nos comprometimos y dos años después de casarnos, vinimos a vivir a Japón.

—No parece estar contenta solo siendo modelo.

—Ella siempre quiere todo. Cuando llegamos aquí tuvo que comenzar desde el principio como lo hizo en China. No le agradó la idea, pero se dio cuenta de que ese gremio aquí en Japón solo permite talento nacional, así que tendrá que trabajar mucho para ganárselo. Estoy seguro que lo logrará, porque siempre consigue lo que se propone.

—Se nota que es muy persistente.

—Sí que lo es.

—¿En qué trabaja Akane? — pregunté haciéndome el tonto, puesto que ella me lo había contado antes.

—En una guardería. Está obsesionada con los niños — sonrió, pero se notaba en su rostro el fastidio.

—¿No te gusta que trabaje ahí?

—Por supuesto que no. Creo que solo se hace daño torturándose así. Le he dicho que busque otra cosa pero solo le gustan las artes marciales y aquí no hay dojos cerca. Dejo que lo haga para entretenerse, pero no estoy de acuerdo.

No me gustó que pensara así, pero tenía razón. Tal vez eso a la larga podría afectarle. No quise ahondar más en el tema y cambié la conversación al tema del trabajo. Hablamos muy buen rato. Shinnosuke me habló de sus ideas con el nuevo proyecto y de las áreas que ahora tendría a cargo. A pesar de ser un amargado es inteligente, se nota que su trabajo le importa sobre muchas otras cosas.

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AKANE

—…Y, ¿Cómo fue que conociste a Ranma? — pregunté curiosa

—Fuimos prometidos por nuestras familias.

—¿Estuviste de acuerdo?

—Claro, Ranma es muy guapo y en mi familia es nuestro deber aceptar las tradiciones.

—Que bien, y ¿Cuánto tiempo llevan casados?

—Tres años, ¿y ustedes?

—Shinnosuke y yo llevamos casados cuatro años y medio. También fuimos prometidos por nuestras familias.

—¡Que coincidencia! Eso es muy bueno. Los padres siempre eligen lo mejor para los hijos.

—Supongo que sí. Hablando de hijos, ¿cuántos piensan tener?

—Oh no. Nosotros no tendremos hijos — dijo Shampoo como si le hablara de algo indebido.

—No pueden tenerlos, seguramente — me sonrojé, tal vez si pregunté algo indebido.

—No es así. Yo no quiero tenerlos. Mi carrera es muy importante para mí, con hijos no puedes hacer muchas cosas como viajar, hay que hacerse cargo de ellos y cuidarlos. No podría hacerlo. Yo gano más que Ranma, así que también nos conviene darnos una vida mejor.

—¿Y Ranma está de acuerdo? — me preocupaba que solo ella hubiera tomado la decisión, si es así, me parece muy egoísta.

—Claro que lo está. Él nunca me dice que no, a nada. Además, estoy segura que él cree al igual que yo que no sería una buena madre — comenzó a reírse —¿ustedes, piensan tener hijos?

—Nosotros no podemos tenerlos. Le he dicho a Shinnosuke que adoptemos, pero no quiere. Tampoco pienso obligarlo, debe ser un acuerdo entre ambos— no me gusta hablar del tema, pero tampoco me avergüenza. Hablando directamente la gente deja de molestar y hacer preguntas.

—Lo siento mucho, Akane. A veces queremos lo que no tenemos y al revés. Lo bueno es que pueden disfrutar mucho tiempo juntos.

—Sí, en eso tienes razón — No tenía razón, pero no iba a decirle que mi marido era un adicto al trabajo, odiaba las vacaciones y cuando las teníamos siempre estaba conectado para no dejar de trabajar.

Unos minutos después ellos agradecieron y se retiraron a su casa. Ranma y yo, no volvimos a dirigirnos la palabra…hasta el día siguiente.

RANMA

Como un milagro volví a encontrarla en el tren. Hoy pude llamarla por su nombre. Se giró para verme lentamente y me regaló su hermosa sonrisa diciendo —Buenos días, Ranma".

—Gracias de nuevo por la invitación.

—De nada, de nuevo.

—Qué mundo tan pequeño, ¿no? Quién iba a pensar que eras la esposa de mi jefe.

—El jefe que te cae mal.

—Ya no me cae mal. Ahora lo envidio.

—No tienes nada que envidiarle. Tienes a Shampoo, una mujer hermosa, famosa y además es "excelente en la cocina" — trató de imitar la voz chillona de Shampoo. No pude evitar reírme.

—Bueno ahora podemos hablar sin problemas o que te sientas acosada por mí o que tú me acoses.

—Dijiste que no era la gran cosa, entonces antes no fue un problema. Agradezco que me hayas regalado el libro aún sin conocerme. Un detalle muy generoso de tu parte. Por ahora podemos pretender que somos conocidos y que al encontrarnos somos cordiales — hablaba de modo cortante, como si nada importara y poniendo atención a la pantalla del móvil.

—¿Sigues enojada porque no te dije que estaba casado?

—Es un tema pasado. Déjalo así. No tiene caso.

—Entonces ¿no estás celosa?

—¿Por qué lo estaría?

—Por mí, porque no me tienes a tu lado — se río un poco y negó con la cabeza. Yo también me reí. Seguí preguntándole cosas, como antes. Todo había vuelto a la normalidad. Otra vez éramos ella y yo. Su presencia me hacía feliz. Cuando estaba con ella, sentía que no me faltaba nada.

Así transcurrió todo ese año. Nos encontrábamos en la estación, nos saludábamos y conversábamos hasta que llegaba a mi estación y ella se regresaba para llegar a la anterior. Si un día no nos encontrábamos, uno le recriminaba al otro porque no había estado a tiempo.

Un día, al despedirnos no pude evitar abrazarla. Me contuve mucho tiempo. Ella me correspondió nerviosa, pero se soltó de inmediato, sonrojada, se dio la vuelta y se fue hasta su binario. Lo hice porque cada día que la veía alejarse me dolía.

Después la abracé al despedirme a diario. Se nos hizo costumbre y lo hacíamos con toda naturalidad. Cada vez, el abrazo duraba un segundo más que el anterior. Llegó un día en el que estuvimos un minuto abrazados. La necesitaba tanto. Creo que ella también me necesitaba a mí.

En el trabajo, las cosas siguieron igual. Shinnosuke no era mi amigo, pero tampoco me trataba tan frío como antes. A diario me enviaba sus saludos para Shampoo, lo cual agradecía, pero era todo. El proyecto se había extendido y a veces yo tenía que viajar a Hong Kong por una semana, que me parecía eterna. Shampoo casi siempre estaba trabajando así que al llegar a casa no la veía. Solo por las mañanas cuando se preparaba para salir a sus llamados en diferentes locaciones.

Un día me acompañó hasta la oficina, porque tenía cosas que hacer cerca de ahí. Estábamos en el tren cuando subió Akane, estaba buscándome hasta que nos vio a los dos en el carro contiguo. Jamás olvidaré su cara.

Se puso pálida y se giró inmediatamente. Fue a perderse entre la gente hasta el final del carro y se atrincheró en una esquina, donde creía que no podía verla. Shampoo ni siquiera se dio cuenta que ella estaba ahí, estaba más preocupada porque nadie la reconociera, pero a la vez, si quería que alguien se acercara a pedirle un autógrafo, así que se quitaba las gafas para "limpiarlas" de vez en cuando. Nadie se acercó. Yo no podía dejar de ver a Akane. Apenas lograba ver sus miradas fulminantes mientras volvía a perderse en la pantalla del móvil, pero era obvio que no se concentraba. Bajó en nuestra estación y se paró en las escaleras contrarias, para vernos salir. Estaba con los brazos cruzados, el ceño fruncido, de no ser porque estaba muy lejos, podría jurar que estaba llorando.

Salimos de la estación y Shampoo tomó su camino. Esperé a que se alejara lo suficiente para volver a la estación, pero Akane ya se había ido. Le mandé mensajes al móvil, que nunca respondió. Al día siguiente, como imaginé, no estaba en el tren, mucho menos en la estación. Toda esa semana no la vi, ni supe de ella. Shinnosuke solicitó milagrosamente su período de vacaciones y solo pude sacarle que se irían al campo, pero que él solo estaría 3 días porque después tendría que regresar a la oficina.

Estuve en total, dos semanas sin saber nada de ella, me estaba volviendo loco. No podía más con mi cabeza llena de ella, mi nariz llena de su perfume y mis brazos vacíos de su cuerpo.

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¡Hola de nuevo! ¿Qué tal el capítulo? ¿Les gustó? Espero que sí.

Quiero agradecer a Hana Note, mi beta reader para este fic, por ayudarme con este proyecto regalándome un poco de su tiempo. Gracias mil Peque.

Y bueno, muchos ya vieron mi campaña de marketing para conseguir seguidores para el fic. Ya me dijeron que soy muy cruel, pero gracias a eso, más personas han tenido la oportunidad de leerlo. No soy de las que dejan las historias huérfanas, porque cuando dejo de escribir, las ideas me carcomen la cabeza y siguen ahí hasta que no me siento a dejarlas en papel (en este caso, en la computadora). Así que esta historia y la de "El Circo" serán terminadas. A esta última quiero agregarle más cosas que me sugirió mi sensei Lily Tendo 89, porque es quien intenta controlar mi desquicio al escribir. Amiga, mil gracias por eso.

Les agradezco infinitamente el que lean, dejen su review y a los que no lo dejan, también; sólo háganme saber que estan leyendo, recomendando el fic. De verdad no saben lo que es que a alguien le gusten tus historias, te motivan a seguir escribiendo. Esto ya no sólo es para mí si no también para ustedes. ¿Ya ven que no soy tan mala? Solo poquito.

Espero sus reviews y muy pronto les dejaré el siguiente capítulo.

Un abrazo. Susy Chantilly