Una amiga pesada y una reunión interesante
Me senté más cómodo en el suelo, recuperándome tras el susto, y vi a Zoe haciendo lo mismo, pero a un par de centímetros de la tierra, poniéndose a mi altura.
—Deberías dejar hacer eso. ¿Qué pasa si te acertaba con la guadaña? — dije un tanto cansado de sus ya típicas apariciones.
—Pero es tan divertido. Además, nunca aciertas, tu puntería es terrible. — dijo Zoe entre risas, aunque a mí no me hacía ninguna gracia que se metiese con mis habilidades.
—¿Cómo quieres que te acierte si no dejas de teletransportarte a través de esos malditos portales? — dije suspirando harto, mientras que ella no dejaba de reír. — En fin… ¿a qué has venido esta vez?
—Pues verás ¡es que ha pasado algo increíble! — dijo agarrando mis hombros y agitándome como tratado de transmitirme su emoción sin éxito. — Ayer estaba caminando junto con Ezreal, y como le estaba mirando casi me choco contra un árbol. ¡Y entonces él me cogió de la mano y me tiró para que no me haga daño! ¡Es como un héroe! — dijo para después tirarse al suelo gritando de emoción, moviendo las piernas exageradamente. — ¡Nunca me había cogido de la mano!
—De verdad los niños se emocionan con tan poco… — no le había preguntado a Zoe su edad, pero no le daba más de catorce o quince años, por lo que suponía que ese tal Ezreal del que siempre me hablaba no tenía muchos más tampoco. — ¿En serio has venido hasta aquí solo para decirme eso?
—¡Claro! Me moría de ganas por contártelo. — dijo reponiéndose tras haber gastado algo de su energía gritando.
—Todavía no sé qué te hace pensar que me interesa saber eso.
—Somos los mejores amigos, así que tienes que escuchar estas cosas, aunque no te interesen. Es lo que hacen los mejores amigos. — Dijo como si me estuviera explicando los deberes de un amigo.
A pesar de que Zoe me hartaba y a veces era un dolor de cabeza, es verdad que la consideraba como amiga. No la asustaba nada de mí. Ni conocer mis más horribles secretos, como que soy un asesino ni saber que voy acompañado de un darkin milenario que en cualquier momento podría hacerme perder el control, cosa que asustaba a cualquier persona que haya tratado de acercarse a mí. Además, a pesar de su edad, ella posee unos enormes poderes mágicos. Por lo que podría decirse que era digna de ser una amiga. Más que cualquier otro alumno del templo.
—Está bien, está bien, no volveré a quejarme por eso. — dije acariciándole el pelo como si fuera un perrito. Aunque en vez de sonreír como solía hacer cuando la acariciaba, me sorprendió ver que me miraba concentrada. — ¿Qué pasa?
—¿Qué te ha pasado en el labio? — dijo señalando mi boca. La miré confuso para después tocar mi labio inferior y notar una pequeña herida. Había sentido algo de dolor antes, pero pensé que no quedó marca.
—Ah, esto… no es nada. — dije tratando de evitar recordar lo sucedido.
—Pero quiero saberlo. Se me da muy bien escuchar, de verdad. — dijo haciendo pucheros. — ¿Te has golpeado con una puerta? ¿o te has mordido mientras comías? A mí me pasa a veces así que no me reiré, lo prometo.
—No es de tu incumbencia Zoe, deja de insistir.
—Porfa… — parecía estar a punto de llorar. No aguantaba cuando hacía eso.
—Vale, me rindo. Te lo contaré, pero no llores, por favor. — suspiré harto y me dejé caer tumbado en el suelo, y Zoe comenzó a flotar por encima de mí mirándome curiosa, esperando con ganas a que hable. Esta niña era la única que conseguía acabar con mi paciencia. — Pues ocurrió esta mañana. Zed me… besó. — lo resumí al máximo para evitar recordar detalles, aunque Zoe ahora me miraba confusa.
—Pero es normal que un padre bese a su hijo en la mejilla. — dijo sin entender cómo eso afectaría a mi labio. Yo llevé una mano sobre mi cara preguntándome en qué momento pensé que contarle esto a una niña era buena idea.
—Zoe, creo que es la quinta vez que te digo que Zed no es mi padre. — dije con desgana. — Y el beso no fue en la mejilla, fue en… la boca… — dije casi susurrando esto último, como si me costara admitirlo.
—¿¡Qué!? ¡Pero eso es mucho más lejos de lo que yo he llegado con Ezreal! — empezó a gritar Zoe, provocando que instintivamente tape mis oídos con las manos. — ¿O sea que Zed es ahora tu novio?
—No tiene gracia, Zoe — dije un tanto molesto, pensando que se trataba de una broma pesada. Imaginarme a Zed como pareja era rídiculo. — Simplemente no tuve más remedio que hacerlo, así que no te hagas ilusiones.
—¿Y cómo ha sido? ¿Cómo se sienten los besos? — seguía cuestionando Zoe, acercándose cada vez más a mí haciendo morritos.
—Para ya, Zoe. — dije aguantándola de los hombros por si acaso, para que no se acercara más de la cuenta. — Todavía eres demasiado joven para saber sobre ese tipo de cosas indecentes.
—¿Joven? — se alejó ella indignada, cruzándose de brazos — Soy mucho mayor que tú, ¿sabes?
—Claro que sí, ya eres toda una adulta. — dije tapando mi boca, para evitar que se me escapara la risa. Me causaba gracia ver a una niña tratando de aparentar ser mayor.
—No deberías reírte, Kayn. — me giré para ver a Rhaast. Me sorprendió que hablase de la nada. — Esa mocosa me supera en edad incluso a mí. Me sorprende que no lo hayas notado.
—Es una broma, ¿verdad? — miré a Zoe incrédulo. Era imposible que una niña tan pequeña e inocente fuese mayor que Rhaast. Su carácter no concordaba con esa edad.
—No lo es. Si sigo teniendo esta forma es porque soy un aspecto de Targon. — comenzó a explicar. — Me lo ofrecieron hace mucho tiempo, cuando era realmente una niña. Desde entonces he pasado mi vida viajando entre mundos y dimensiones. Hace apenas un par de meses que he vuelto a Runaterra por unos asuntos… pero Targon es aburrido asique suelo irme para buscar cosas entretenidas. — decía sonriendo, como si no fuera la gran cosa.
Es cierto que me había causado sospechas que una niña pudiese controlar semejante fuerza mágica, pero jamás había escuchado sobre un poder que haga que pueda cambiar de aspecto o congelar su edad.
—Pero Zoe… Eso es algo increíble. Los aspectos de Targon son una leyenda viva y solo se han visto en limitadas ocasiones. ¿Por qué no me lo habías contado antes? — dije levantándome del suelo sorprendido.
—No has preguntado. — dijo encogiéndose de hombros.
—¿Cómo esperabas que preguntara algo como eso? — dije suspirando. —Bueno, da igual. No eres la clase de persona que ocultaría algo a un amigo. ¿No es así?
—¡Jamás haría eso! Soy una buena amiga. — dijo para luego sujetar mis hombros y mirarme con seriedad. — Y ahora, como buen amigo, debes contarme cómo fue tu primer beso.
—Pensaba que ya lo habías olvidado… — dije disgustado, realmente no quería hablar sobre eso, aunque tal vez contárselo a alguien era la mejor forma de superarlo.
—Venga Kayn… Yo también te contaré cómo será mi primer beso cuando dé el paso con Ezreal. — decía Zoe incrementando sus pucheros por segundo.
—Bueno… ya que no eres realmente una niña haré la excepción. Además, tal vez así me desahogué un poco.
—¡Genial! — gritó Zoe para luego sentarse en el aire cruzando sus piernas, mirándome con una amplia sonrisa, esperando que comience a hablar.
—Te advierto que no es la historia feliz llena de arcoíris que esperas oír. — dije sentándome a su lado colocando mis antebrazos sobre mis rodillas y tomando aire antes de empezar. — Veras… algunas cosas pasaron y conseguí ver el rostro de Zed. Eso es algo que nadie más en la orden tiene permitido ver, por cuestiones de seguridad. El caso es que tras eso Zed me prohibió resistirme y fue cuando me besó en contra de mi voluntad. No voy a mentir diciendo que me haya desagradado. De hecho, el tacto de sus labios y su lengua… e incluso cuando me mordió causándome ésta herida. Todo provocaba sensaciones y reacciones extrañas en mi cuerpo que me… gustaban. Ni siquiera era capaz de hablar. — cuando me giré para ver a Zoe, esta se había sonrojado y sonreía aún más que antes. — No es la reacción que esperaba.
—¿Estás de broma? Ha sido precioso. No tenía ni idea de que un beso transmitía tanto. Se nota que realmente te ha gustado.
—No lo entiendes, Zoe. No se trata de si me ha gustado o no. Se trata de que me ha besado un hombre. Que por si fuera poco me dobla en edad y es mi maestro. Que me haya gustado solo me preocupa más.
—El que no lo entiende eres tú, idiota. El amor no entiende de género, edad o rango. Sólo surge y ya.
—¿Amor? ¿Quién ha dicho algo sobre eso? — miré a Zoe con el ceño fruncido, esta vez sí había soltado una estupidez. — Es imposible que yo ni ningún otro alumno tuviese esa clase de sentimiento por el Maestro.
—¿Y cómo explicas todo eso que has sentido con el beso? Debe ser algo que provoca el amor. Seguro que Zed lo ha sentido también. — decía Zoe estando segura de que todo eso fue cosa del amor.
—Las cosas no funcionan así, Zoe…
—¡Que sí! Hazme caso. Los dos estáis enamorados, pero no quieres admitirlo. — dijo Zoe inflando sus mejillas enfadada, haciendo aparecer un pequeño portal tras ella. — Y te lo demostraré. — después decir eso, saltó atravesando aquel portal que se cerró rápidamente.
—Que ingenua…— dije en voz alta, aunque ya no había nadie.
Me quedé por un rato con la mirada perdida en el lugar en el que Zoe se encontraba antes. Esa niña… todavía era solo eso, una niña. Por más años que tuviera. La reacción que tuvo mi cuerpo fue algo completamente normal. Habría pasado con cualquier otra persona. No tiene nada que ver ni con Zed ni con el amor. Debe de ser lo que les sucede a las personas al tener su primer beso. Es lo normal…
Joder, y yo que pensé que me aliviaría hablarlo con alguien.
Suspiré pesadamente y fui a recoger a Rhaast, para después encaminarme de vuelta al templo.
—¿No vas a entrenar más? — preguntó Rhaast
—Tengo hambre.
—Eres demasiado frágil.
—Corre a buscar a alguien más fuerte entonces. — dije con ironía.
—Como si pudiera. — se quejó
Tras varios minutos caminando, llegué a la entrada del templo, y me sorprendí al ver a un acólito esperando frente a la gran puerta.
—¿Lack? ¿Qué haces aquí? — pregunté curioso, era extraño ver acólitos tan expuestos frente al templo. Normalmente los encargados de la guardia se encontraban ocultos entre los árboles.
—De hecho, te estaba esperando, Kayn. — contestó Lack. — El maestro Zed me pidió que lo hiciera.
—¿El Maestro?
—Sí. Me ordenó que en cuanto llegaras te dijera que te espera en la sala de reuniones.
—Entendido, puedes seguir haciendo guardia con normalidad. — dije para después darle una palmadita en el hombro. — Buen trabajo, Lack.
—¡Sí! — contestó con ánimo y un brillo en los ojos para después retirarse.
A pesar de que la mayoría de los alumnos me tenían cierto odio por muchos motivos, Lack me admiraba. Era un joven de 17 años, que se ha unido a la orden hacía apenas un año, y desde entonces se había estado esforzando casi tanto como yo cuando había llegado. Me ha tomado como ejemplo por ser el más fuerte de la orden después de Zed. Le tenía algo de aprecio por eso.
Yendo a lo importante, debía ir a ver a Zed. Pensaba que podría ignorar el asunto y verle con normalidad. Pero sentía como mi estómago daba vueltas según me iba acercando a donde él se encontraba. Estaba claro que lo sucedido me estaba poniendo incómodo. ¿O tal vez será que hoy todavía no he comido nada? Sí, debe de ser eso.
Una vez en frente de la puerta de la sala de reuniones, agarré el pomo y me quedé así por un rato. Realmente no quería entrar. La verdad era que Zed era la última persona que quería ver ahora mismo.
—Vamos Kayn… ¡no seas ridículo! — me dije a mi mismo en voz baja, para después reunir el valor de abrir la puerta.
A pesar de que estaba incomodísimo, atravesé la puerta aparentando normalidad. Aunque tampoco era nada del otro mundo, pues fingir emociones es una tarea básica que un asesino debe aprender.
Apoyé a Rhaast sobre la pared cerca de la puerta, para después acercarme con firmeza a la gran mesa y sentarme en una de las sillas, no demasiado lejos de Zed.
—Lack me dijo que viniera. — dije acabando con el silencio de la vacía sala. — Siento haber tardado, Maestro.
—No es algo tan urgente como para interrumpir tu entrenamiento. — se escuchó la siniestra voz de detrás del yelmo. Zed se encontraba sentado en su característica silla, apoyando sus codos sobre la mesa y descansando su barbilla sobre el dorso de sus manos. — Sólo quiero comentarte unos asuntos.
—Te escucho. — dije acomodándome en mi asiento. Me sentía tenso a pesar de que estas reuniones eran frecuentes.
—Me han llegado mensajes de algunos acólitos infiltrados, avisando que dos vastayas bastante poderosos quieren recuperar el árbol sagrado.
—¿Quieres que vaya a acabar con ellos? — asumí, queriendo terminar la reunión lo antes posible.
—No. Yo iré a esta misión. Quiero llevarme a unos cuantos acólitos novatos para ver su potencial.
—Eso quiere decir que el templo queda a mi cargo. — dije, pues cuando Zed abandonaba el templo lo dejaba en mis manos, su alumno más fiel y poderoso.
—Exacto. Si no surgen imprevistos, partiremos a la madrugada de mañana. Tardaremos en volver entre un par de días y una semana, según lo que tarden en llegar los enemigos.
—Puedes dejarlo en mis manos, Maestro.
—¿Estás seguro?
—¿Desde cuándo me cuestionas?
—Estás tenso, Kayn. Eso es nuevo en ti. — dijo sorprendiéndome, ¿cómo demonios podía notar este tipo de cosas con tanta facilidad? A veces pensaba que estaba a años luz de estar a su altura.
—No estoy tenso, tan solo es que todavía no he comido y… — me callé al ver que Zed se levantaba.
—No tiene sentido tratar de mentirme. — decía mientras se acercaba a mi asiento y me agarró del mentón levantando mi mirada, tal y como lo hizo esta mañana, poniéndome nervioso. — Sé que estás tenso y sé por qué. Aunque no es el resultado que esperaba.
—No es como si fuera mi culpa. — dije apartando la mano de Zed y levantándome también, quedando en frente de él. No quería desafiarle, pero me hacía sentir demasiado inferior e incluso estúpido. No podía permitirme verme así frente a él. — Mi cuerpo reacciona sólo, Maestro. Si no querías que esté así, tal vez deberías haberlo pensado mejor antes de haber hecho eso.
—Tienes razón, tal vez debería haber esperado más. Es evidente que todavía eres un niño. — contestó sin desviar la mirada que tenía fija sobre mis ojos.
—Hace tiempo que dejé de ser un niño.
—Si no lo fueras no te afectaría tanto un simple beso. — dijo Zed para luego pasar por mi lado y dirigirse a la puerta de salida, dando por finalizada la reunión. Pero no me agradaba en absoluto terminar la conversación aquí, no podía dejarlo así.
—¡Y no me afecta en absoluto! ¡Simplemente estoy confuso porque ni siquiera me has dado una razón para hacerlo! — grité haciendo que Zed detuviera su paso a mitad de camino. — ¿Pero sabes qué? No me importa. Me da igual la de veces que me beses, no me afecta en lo más mínimo. No soy tan débil y tú lo sabes mejor que nadie. — Dije sin estar realmente seguro de lo que estaba diciendo, pues no tenía ni idea de cómo sería un segundo beso. Pero el tema me estaba alterando y odiaba que Zed me hablase de esa forma.
Pero no recibí una respuesta, cosa que me estaba cabreando todavía más. Ni siquiera siendo un niño había sentido tanta rabia hacia él. Estaba a punto de seguir desahogando mi enfado a base de gritos, cuando Zed se giró y caminó de vuelta hasta quedar parado en frente mía.
Le miré esperando que me diera una buena razón para relajarme, pero en cambio no tardó en quitarse el yelmo dejándolo con cuidado sobre la mesa, quitó la capucha de la sudadera roja que vestía cuando no llevaba su armadura, y con un gesto de cabeza acomodó su blanco cabello, para después atravesar mis ojos con esa rojiza mirada a la que todavía no estaba nada acostumbrando, sentía que me estaba paralizando.
—¿Dices que no importa la de veces que te bese? — contestó finalmente Zed, cruzando sus brazos y alzando una ceja, como si realmente tuviera curiosidad.
—No es lo que quería decir.
—Es lo que has dicho. — contestó rápidamente evitando que diera argumentaciones. Desvié la mirada mordiendo mi propio labio, arrepintiéndome de haber hablado sin pensar. Tenía la sensación de haberme metido en un lío y no sabía cómo salir.
—Maestro, yo…— mi mente estaba en blanco. Apreté mis puños dejando en evidencia mi frustración. Las cosas no estaban yendo para nada como yo quería.
—Ven conmigo, Kayn. — dijo para después agarrarme del brazo y prácticamente arrastrarme hasta la otra punta de la habitación, me empujó contra la pared y me acorraló colocando ambas manos sobre ésta. — Vas a cumplir con tu palabra, y me dejarás besarte las veces que yo quiera.
—Basta de bromas, Maestro. Ya no tiene gracia. — traté de apartar a Zed para irme, pero éste en respuesta agarró mis muñecas con sus manos estampándolas contra la pared, haciéndome daño en el proceso.
—¿Qué te hace pensar que estoy bromeando? — contestó. A pesar de la seriedad con la que hablaba, su mirada era extremadamente tranquila y relajada. Por alguna razón verle así me hipnotizaba. Poder observarle tan de cerca hacía que mi pulso se acelerara, sentía como mi corazón golpeaba con fuerza mi pecho y algo se atascaba en mi garganta.
Estaba completamente equivocado. No podía tomar otro beso con normalidad si ni siquiera era capaz de aguantar su mirada. Tenía que largarme de ahí, no quería pasar por lo mismo de nuevo.
Convertí mis brazos a su forma sombría para librarme de su agarre, sin embargo, seguía atrapado.
—¿Mis sombras no te atraviesan? — le miré confuso.
—Denegación sombría. Un hechizo que me ha costado descifrar hasta hace poco. — aclaró mis dudas, para después apretar más su agarre al ver mis intenciones de escaparme. Luego se acercó despacio hasta mi cuello, posando unos besos lentos y húmedos sobre éste. — No vas a irte hasta que yo lo permita, Kayn… — dijo en un susurro, para después dar una larga lamida a lo largo de todo mi cuello, haciéndome estremecer.
—Nnh…— traté de ahogar el gemido que su lengua me provocó. Apoyé mi cabeza sobre la pared, dejándole a Zed vía libre para jugar conmigo una vez más. No podía irme, así que no tenía caso resistirme.
Poco a poco, iba aflojando su agarre mientras seguía dejando besos y lamidas sobre mi cuello. Finalmente soltó mis manos y comenzó a acariciar mi torso desnudo con suavidad, mientras que yo en cambio pasé mis manos por su espalda, sujetándome a su sudadera. El calor comenzaba a inundar mi cuerpo, cosa que agitaba mi respiración, hasta que empecé a jadear.
—Ah… Zed… — dije su nombre en voz baja, no recordaba la última vez que le llamé así, pero sentía la necesidad de hacerlo.
Al escuchar aquello, detuvo sus caricias, se alejó de mi cuello y me dedicó otra mirada serena, que sinceramente, me agradaba cada vez más. Le devolví la mirada con mis ojos entrecerrados y jadeante.
Zed no tardó en acortar la distancia, y juntar sus labios con los míos por segunda vez.
A pesar de que ésta vez sabía que lo haría, seguía nervioso. Mi pulso no se relajaba, pero ahora era capaz de seguir el ritmo de sus labios con más facilidad. No era un beso demasiado rápido, pero tampoco lento. Era realmente agradable, se sentía tan cálido… ésta vez podía admitir que lo estaba disfrutando. Le abracé pegando su cuerpo con el mío, dándole a entender que no quería que se alejara. Mi cuerpo estaba reaccionando de la misma forma que la última vez, con la única diferencia de que esta vez no quería que se detuviera.
Zed acarició mi mejilla, para después sacar su lengua y lamer mis labios, pidiendo permiso esta vez a diferencia de antes. También conocía éste juego. No tardé en abrir mi boca dejando paso a que su lengua se encontrase con la mía. Esta vez mi lengua danzaba al mismo ritmo que la suya en vez de intentar seguirle torpemente como la primera vez. El beso se sentía mucho mejor de esta forma.
Al cabo de un rato que parecieron horas, Zed decidió romper aquel beso.
—Maestro…— dije con dificultad, mientras recuperaba el aliento, sin dejar de abrazar a Zed. — Por qué… ¿por qué tus besos dan tanto calor? No es lo normal, ¿verdad?
—Es por que no son besos del todo normales. — dijo mientras que yo le escuchaba con atención. — Más bien los llamaría preliminares.
—¿Preliminares? — jamás había escuchado aquella palabra, en cambio una sonrisa traviesa se formó en los labios de Zed.
—Los preliminares sirven precisamente para eso, Kayn. Calentarte y prepararte…— Zed bajaba sus manos acariciándome hasta mi cintura, donde se detuvo para juguetear con la cuerda que ataba mi pantalón, para después acercar su boca a mi oído. — …para tener sexo. —susurró.
Maldita sea Zed, deja ir a comer a Kayn D: !
Bueeeeno, tras mil años he vuelto. He reescrito este capitulo unas 4 veces sin convencerme su resultado final. Pero tras dejarlo un tiempo y ver cientos de imágenes yaoi las palabras salían solas. Muchas gracias a los que hayan tenido paciencia y espero que lo hayáis disfrutado ^^
Prometo que el próximo llegará pronto que se viene lo hard 7u7
