SIN DAÑOS A TERCEROS

Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…

Capítulo 4

AKANE

Esta semana lejos de casa me sirvió para pensar las cosas. Ranma y yo no deberíamos tener ese tipo de…relación. Aunque nunca haya pasado nada, ni seamos nada, solo somos amigos que pasan juntos un trayecto de tren, nada más. Nos enviamos discretos mensajes de vez en cuando. Pero es todo. Se lo diré cuando lo vea. Shinnosuke y Shampoo pueden pensar mal…aunque en realidad, a como son ellos, dudo que les importe.

A pesar de ser "amigos" nunca he logrado entender lo que siento por Ranma. Aunque no pueda hablar con nadie de ello, me confunde. ¿Cómo saber que es? ¿qué significa esa energía vibrante que me acelera el corazón, que me atrae hacia él como abeja a la miel? es como si pudiera hablarle de lo que pienso sin que se aburra o mire hacia otro lado.

Estar junto a él es como llegar a un lugar cálido, donde puedes correr, gritar, disfrutar sin temor a ofender a nadie, pero a la vez, el viento sopla fuerte y la brisa del mar te hace sonreír. El tiempo que no vi a Ranma me sentí tan triste, como si me faltara una parte del cuerpo. Estaba feliz de ver a mis hermanas, pero sentía ese dejo de amargura, como cuando terminas de llorar.

Es tan distinto a Shinnosuke; él es un lugar apacible, como un bosque de árboles muy altos que dejan entrar poco la luz. Los espacios con claros muestran un cielo azul…pero no logro escuchar nada. Será que me he acostumbrado tanto a que mi marido no esté, que me siento mejor sin su compañía.

Tengo tanto miedo de sentir esto. Pienso que en cualquier segundo podría salir corriendo tras Ranma…pero no debo hacerlo. Ni siquiera sé que opina Ranma, no me atrevería a preguntárselo. A veces creo que él también se siente solo, pero en ocasiones me mira como nunca me ha mirado nadie; con esa profundidad, como si supiera exactamente lo que estoy pensando y luego sonríe porque parece que por su mente pasa lo mismo. Desearía tanto saberlo, sin que fuera a pensar mal de mí. Quisiera tener su temple y tener el valor para decírselo a la cara. Solo de pensarlo, me sonrojo, me gana la vergüenza.

Es lunes y es mi primer día de trabajo después de las vacaciones. Seguro habrá mucho que hacer. Al llegar a la estación de trenes, subo en el carro más alejado, tratando de evitar encontrarme con Ranma, pero es inútil, porque él estaba en la estación y me vio subir. Lo vi dar zancadas y empujando gente hasta que llegó a mí. Me tomó fuerte del brazo y me atrajo hacia sí. Me abrazó fuertemente. No pude evitar sonrojarme.

—Ranma, ¡Por favor! Nos miran.

—¿Dónde estabas? ¿Por qué no respondiste mis mensajes? — me parece que no va a soltarme.

—De vacaciones, ya lo sabes. Fui con mis hermanas al campo, queríamos estar cerca, hace tiempo que no nos veíamos.

—Y no te importó no decirme nada. ¿No significo nada para ti? — su voz se escucha entre nerviosa y molesta. Aunque me sigue abrazando, se separa un poco para mirarme a los ojos. El azul se ve tan profundo.

—Ranma, no deberíamos hacer esto. Shinnosuke y Shampoo podrían molestarse.

—¡Tú sabes que ni siquiera les importa! ¡Tú no le importas a él y yo no le importo a ella! Están enfrascados en sus intereses, en sí mismos. No se te ocurra pensar en alejarme de ti, porque no lo voy a hacer Akane, ¿lo entiendes? — su voz retumba en mí, soltando en mi cuerpo descargas eléctricas. Pero debo persuadirlo, debo hacerlo antes de que me pierda…o es que ya estoy perdida por él.

—Ranma…yo…

—Tengo que verte más tiempo — me lo dice tajante.

—Pero, si nos vemos todos los días… — sonrío, para tratar de bajar la tensión que se siente entre ambos.

—No. Quiero verte solo a ti, un día completo.

—Sabes que no puedo hacer eso. Los domingos estoy todo el día con Shinnosuke.

—Entonces el sábado.

—El sábado Shinnosuke va a la oficina medio día y…

—Y se queda hasta las ocho, como un día normal.

—Sí, pero…tú también vas medio día el sábado.

—No, sólo termino mis pendientes y puedo retirarme así que quedamos el sábado ¿te veo a las diez y media? Te mando las indicaciones por mensaje.

—Ranma, ya te dije que no puedo…—estoy tratando de resistirme lo más que puedo.

—Entonces voy a tu casa — su respuesta es retadora. Como siempre lo hace.

—¡Ni se te ocurra pararte en mi casa! —se ha vuelto loco. Está empeñado en que nos veamos. Yo también tengo el mismo deseo, pero sería una verdadera locura.

—Entonces te veo el sábado a las diez y media en el lugar que te indique.

—De acuerdo, pero ya suéltame.

—No.

—¡Ranma! — Trato de reprenderlo, pero me sonríe. Tiene esa mirada y la sonrisa del primer día en que nos conocimos. Me derretiría en ese mismo instante si no es porque me sostiene con toda su fuerza.

—Es nuestra estación, hay que bajar — Me toma de la mano y salimos así al andén. Me acerco para darle el abrazo de siempre al despedirnos, pero me toma del brazo y de golpe me acerca a sus labios. Me besa; dura sólo unos segundos, y yo no he hecho nada para retirarme. Siento que se me doblan las rodillas, que me hormiguea todo el cuerpo, perdí toda la fuerza, la voluntad y la decencia. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué no siento ningún remordimiento? Me estoy condenando y no me importa. Sólo me importa él.

—Te veo mañana — se ha alejado un poco y lo escucho casi en un susurro. Abro los ojos y como tonta asiento con la cabeza. No puedo creer lo que acaba de pasar. Me giro y camino para llegar al binario de enfrente. Parece que camino en un sueño. Al llegar a mi andén él sigue ahí. Acabo de darme cuenta que estoy temblando. Me está mirando desde su lado, como cuando nos conocimos, sigue siendo como si me atravesara. Llega mi tren y subo.

El tren arranca y lo miro a él por la ventana, hasta que desaparece.

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RANMA

El lunes la besé y así lo hice toda la semana, desde que me la encontraba en el tren. Llegaba hasta ella, y la abrazaba, para darle besos discretos, para que no nos vieran, hasta que llegábamos a nuestra estación y al bajar, sentía que quería devorarla. Ella no ha intentado contenerme y aunque lo hubiera hecho yo no pensé nunca en dejar de hacerlo.

Jamás me sentí así por nadie. Ella ha sido la única mujer que me ha hecho sentir vivo. Cada que la veo quiero explotar, siento que me salen chispas de las manos solo con tocarla. Es que es tan dulce y a la vez tan fuerte, tan increíble, más que interesante. Me gusta ver su cara de niña cada que algo la sorprende; como si su inocencia la envolviera. Sus gestos cuando se molesta son tan graciosos, que no puedo dejar de molestarla, es mi placer culposo, porque aún así se ve linda.

Me di cuenta de que ella no era un simple gusto desde que me puse como loco la primera vez que dejé de verla. Es algo más; es lo que buscas toda tu vida para encontrarle sentido a tu camino y cuando lo encuentras, no quieres dejarlo ir. Fue definitivo porque desde la primera vez que tropezó conmigo en el tren, a pesar de no haberle visto la cara, nunca pude dejar de verla, aunque fuera de espaldas, aunque fueran a sus increíbles piernas; algo siempre me hacía buscarla con la mirada.

Solo lamento haberla encontrado tan tarde. Cuando ella y yo ya le pertenecíamos a otras personas, por medio de un enlace establecido por otros, por una decisión que ni siquiera pudimos tomar.

Pero no me importa, porque ya la encontré y es lo único que me hace feliz en la vida. Sin ella no soy nada y espero que ella lo entienda. Que la gente lo interprete como quiera, estoy dispuesto a todo por Akane. Cada segundo que paso con ella quiero vivirlo al máximo.

El sábado llegué temprano a la oficina, para terminar mis pendientes lo más temprano posible y después dirigirme al lugar que le indiqué para encontrarnos.

Es una zona muy linda. Está lejos del centro, hay una biblioteca local que decoraron al estilo vintage y además tiene servicio de cafetería, cerca hay un parque pequeño que tiene un jardín precioso, se encuentra al lado de unos edificios no muy altos.

La encontré esperándome con un lindo vestido blanco, sin mangas y falda con vuelo, traía una cinta rosa en la cintura y un bolsito del mismo color. Se veía más hermosa que todos los días. Caminamos un rato y le invité un helado. Le encantó la biblioteca, como supuse. Se llevó varios libros y eso me agrada porque eso quiere decir que volveremos el sábado siguiente para entregarlos. Nunca pensé que ella estuviera dispuesta a seguirme a donde yo la llevara, pero lo hizo sin condiciones y sin ninguna protesta a pesar de su carácter y el mío. Me gusta que confíe en mí. Me hace creer que sentimos lo mismo.

Al final conversamos el resto de la tarde, sentados en una banca del parque, mientras miramos a los niños jugar. Nunca en mi vida me había sentido tan en paz y tan feliz como cuando estoy junto a ella. Ahora no sé qué sería de mi vida si no nos hubiéramos conocido. Ya no quiero estar sin ella.

A las seis de la tarde debemos irnos. Nos cuesta trabajo despedirnos. Nos abrazamos antes de subir al tren. La beso, esperando a volver verla hasta el lunes. Se ve radiante, más que el primer día. Ahora tengo que esperar todo un tortuoso domingo, porque Shampoo casi nunca está en casa y cuando está, no para de hablar por teléfono o querer salir a comer a un restaurante de comida china para que la reconozcan unos cuantos fans. Así transcurre ese día hasta que veo la luz por la mañana.

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AKANE

Llevamos 3 meses saliendo cada sábado. Me reconforta tanto verlo. La gente de los negocios cercanos nos reconoce y nos saludan siempre amablemente. Es tan diferente a mi vecindario. Shinnosuke lo odiaría porque está muy lejos de su trabajo, pero a mí me gusta estar en contacto con la gente y poder convivir así.

Lo que más me gusta es estar con Ranma. Es curioso que sienta como si siempre hubiera sido así, como si lleváramos juntos muchísimos años. El sábado que me despierto me siento ansiosa porque se llegue la hora para estar a su lado.

Shinnosuke no me pregunta nada, a veces solo lo veo llegar después de las ocho para tomar una ducha y dormirse. Nunca quiere cenar y eso es bueno, porque con Ranma nos la pasamos comiendo toda la tarde y termino llena. Café, helado y lo que nos topemos nuevo de puestos en la calle. Mis favoritos son los okonomiyakis del señor Morita. Es todo un artista en el manejo de los ingredientes, parece una exhibición de artes marciales. Ranma solo espera a que salga su platillo para devorarlo, como si estuviera muerto de hambre. Es muy gracioso verlo comer rápido y pedir el siguiente con doble ración de huevo. Dice que es suficiente proteína para recuperar la fuerza.

A veces me sorprendo de todo lo que tenemos que hablar. Siempre hay un tema, nunca se nos acaban las ideas; el tiempo juntos se nos pasa como si fuera aire. Pienso en él todo el tiempo y hasta lo sueño. Cuando estamos separados la obsesión me agobia y le envío mensajes. Aunque casi siempre cuando tomo el móvil para hacerlo, él ya me ha enviado uno. No puedo pasar mi tiempo sin saber de él.

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Ese sábado, apenas nos habíamos sentado en la banca de parque. El sol estaba descendiendo y el cielo comenzaba a verse en colores rosas y anaranjados. Nos habíamos entretenido más de lo normal; solo estaríamos un momento, porque faltaba muy poco para regresar. Pasaban de las seis de la tarde, pero la rutina nos hacía siempre llegar al parque al finalizar el día.

Fue entonces cuando los vi salir del hotel. Iban juntos. No lo podía creer.

—¡Es Shinnosuke! — dije exaltada, prácticamente gritando.

—¿Qué? ¡No puede ser! — Ranma se notaba alterado, pero más sereno que yo al ver con quien había salido mi marido…tomado de la mano de su mujer.

—Shampoo…ya lo suponía. Pero no imaginé que fuera con él.

Giré el rostro para verlo. ¿Cómo podía ser tan cínico? Nunca me dijo nada al respecto de ella. Él sabía que su mujer lo engañaba. Me fui sobre él.

—¿Cómo? ¡Lo sabías! ¿Por qué no le has dicho nada? — yo estaba a punto de perder la noción de la realidad.

—Porque no me importa. O qué, ¿a ti si te importa lo que él haga? — me miró desafiante.

—¡Es que no lo entiendes! Esto no está bien — estaba al borde de un ataque de nervios. En un impulso comencé a correr para alcanzarlos. Ranma me sujetó por el brazo.

—¿Por qué vas tras él? Déjalo así. No sirve de nada.

—¡No! ¿Es que no lo ves? ¡Nosotros estamos haciendo lo mismo!

—¡No es lo mismo, Akane!

—¡Sí lo es! Tú y yo acabamos de salir de ese hotel y ahora ¿me dices que no es lo mismo?

—No, no es lo mismo porque yo te amo a ti y él a ti no —era la primera vez que me lo confesaba abiertamente y yo sentí que el alma se me partía, porque a pesar de que yo sentía lo mismo…no estaba bien.

—Déjame ir, Ranma —los ojos se me empezaban a llenar de agua, intenté que no se me quebrara la voz.

—¡No!

—Esto no debe seguir. ¡Déjame ahora! — estaba temblando. No sé lo que pensó en ese momento, pero me soltó para irse por un callejón y salir del otro lado del edificio, justo para donde se había encaminado Shampoo, porque mi marido y ella se habían separado justo en la esquina de la calle.

Corrí desesperada, lo alcancé y se sorprendió de verme. No estaba preparado para lo que estaba sucediendo.

—¡Shinnosuke!

—¡Akane! ¿Qué haces aquí?

—Eso no importa. Solo quiero que me respondas una cosa. ¿Desde cuándo estás con ella?

—…Akane, no es lo que…

—¡Sé lo que es! ¡Solo dime desde cuando!

—Después de que nos visitaron en el departamento.

No era posible. Todo ese tiempo sin darme cuenta de nada. Pero claro, ¿Cómo iba a darme cuenta si él nunca estaba en casa? Lo escuché lejanamente decir algo así como que no significaba nada para él, que solo me quería a mí, que todo era un malentendido. Pero yo no quería saber nada.

Tenía una extraña sensación de derrota y a la vez de victoria, pero todo era muy confuso. Lo evadía cuando quería sujetarme, me miraba a los ojos, me tomaba la cara con las manos. Pero yo no podía ni quería saber nada más. Solo quería estar lejos de ahí y estar sola para pensar.

—Vamos a casa…

—¡No! No Shinnosuke, no volverás a casa conmigo. Necesito estar sola.

—Por favor, Akane, necesitamos hablar en casa. La gente está observando.

—No te importo…nunca te importé. ¿Por qué te importa que la gente nos observe?

—No es así Akane. Tienes que escucharme, te prometo que te lo diré todo, pero por favor, ven conmigo, vamos a casa.

—¡No! — los nervios me habían llevado al borde de la histeria — ¡déjame! — salí corriendo sin mirar atrás.

Solo recuerdo haber cruzado la calle. Escuché un ruido muy fuerte, sentí un duro golpe. Caí. Shinnosuke está cerca de mi…después todo se volvió oscuro.

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SHINNOSUKE

Aún recuerdo la primera vez que la vi. Era la mujer más hermosa que había visto en toda mi vida. Quedé prendado de ella, desde el primer segundo, me enamoré. Tenía diecisiete años. Nadie me ha hecho sentir el amor que siento por ella. Esa fuerza intensa, a veces dolorosa que me impidió alejarme desde aquella vez.

Pero ella no sentía lo mismo por mí. Nos habían comprometido sin tomar en cuenta nuestra decisión. Las familias de ambos lo decidieron por nosotros y como regla debía obedecerse, estuviéramos de acuerdo o no.

Todavía recuerdo cómo lloraba. Me rompió el corazón. Lloraba tanto, temblaba como un animalito aterrorizado por ser presa de un depredador. No podía verla así; me desgarraba por dentro el escucharla sollozar, porque ya la amaba tanto.

Le juré por todo mi ser que la haría la mujer más feliz del mundo. Que cada día que pasara junto a mí, sería un sueño para ella; solo tenía que darme la oportunidad. Le daría el tiempo que necesitara para acostumbrarse a mí, para que aprendiera a quererme, y para que supiera amarme tanto como yo a ella. Pero nunca me amó así.

El primer año de casados fue muy difícil para ambos. Siempre fuimos diferentes, pero nada compatibles. Ella siempre era más fuerte. La dejaba ganar las discusiones todo el tiempo, pero llegó un momento en el que para mí ya no era factible que las cosas siguieran como ella decía solo por su capricho.

Un día estábamos discutiendo en el auto. Yo venía conduciendo y ella gritaba. Quería irse, dejarme para pasar un tiempo con su familia y pensar sobre lo nuestro. Le dije que estaba loca y que no tenía nada que pensar. Su lugar era conmigo, hasta su familia lo había establecido así y ella tenía que hacer lo que yo dijera.

Se negó y con un movimiento brusco perdí el control y el auto terminó volcado. Tuvimos severos golpes y traumatismos. Akane tardó varios días en despertar del shock del accidente. El doctor vino a hablar conmigo, porque la situación no era del todo favorable.

—Akane acaba de despertar, pero si no reacciona al tratamiento tendremos que hacer más pruebas y posiblemente operar.

—Haga lo que tenga que hacer doctor, pero por favor, haga lo posible para que ella esté bien.

—Hay algo más Shinnosuke. Te hicimos pruebas y por fortuna estás vivo; solo tienes los huesos rotos, pero…

—Pero ¿qué?

—Es muy posible que en el futuro, no puedas engendrar.

—¿Cómo dice, doctor? —debía ser una broma.

—Lo siento Shinnosuke. Puedes intentarlo, pero tus probabilidades son demasiado bajas. Incluso, podría ser difícil con reproducción asistida porque…

—De acuerdo — no quería saber más. No quería que el doctor siguiera hablando.

—¿Está todo bien? Shinnosuke, posterior a esto, tú y Akane deben llevar una terapia psicológica, fue un accidente considerable y…

—¿Puede hacerme un favor? No se lo diga a mi esposa. Yo lo haré.

—Está bien. Sólo te sugiero que lo hagas cuando reaccione al cien por ciento. Y por favor, toma la terapia.

—Lo haré — no sabía cómo tomarlo. Akane y yo discutíamos muy seguido por eso. Ella adora a los niños, su sueño es ser madre algún día. Yo me oponía rotundamente porque pensaba que lo mejor era que se acostumbrara a mí antes de traer un hijo al mundo, que estuviera expuesto a nuestras peleas si las cosas no funcionaban entre nosotros. Pero ya no podría ser así.

Ahora sí, ella iba a dejarme. No le servía para nada. Akane no me amaba y no podía darle lo que más quería. Pasé más tiempo en el hospital que ella; cuando logró verme, tendido en una cama lleno de vendas y fierros con clavos en las piernas, se llenó de compasión. Se echaba la culpa de lo sucedido y aunque traté de convencerla que había sido un accidente, nunca lo vio así.

Cambió completamente su actitud hacia mí. Estuvimos juntos durante mis terapias de rehabilitación; se volvió dulce y cuidadosa, como ella era cuando la conocí. Y yo la amaba, como la he amado siempre.

Entonces tomé una decisión; era mi única oportunidad, mi última carta para lograr que se quedara conmigo. Le dije que era ella quien no podría tener hijos, así no buscaría tenerlos con otro. Y su reacción no fue la que esperaba.

—Perdóname Shinnosuke, por mi culpa no podremos ser padres.

—No me importa, solo quiero que estemos juntos — era lo único que tenía en la cabeza.

—Podemos adoptar un bebé y criarlo como nuestro. Hay tantos pequeños que no tienen a nadie en el mundo…

—Akane, no debemos pensar en eso ahora. Tenemos que recuperarnos los dos del accidente.

—Está bien. Hablaremos del tema después y…Shinnosuke…gracias por quedarte conmigo a pesar de todo.

Era el desgraciado más afortunado sobre la Tierra. Ella no me dejaría, seríamos felices, porque yo cumpliría la promesa que le hice de vivir para ella cada día y hacerla dichosa. Ella es mi todo, ella es mi vida.

Pero las cosas en mí no marcharon bien. La culpa me carcomía por dentro y no me atrevía a decirle la verdad a Akane porque sería mi perdición. Así que comencé a alejarme de ella, a evitar su mirada, su cariño, porque sentía que todo era falso y yo me lo había inventado. Insistía en adoptar y yo me negaba siempre. Me hice adicto al trabajo para no tener que verla a los ojos; en ellos se reflejaba toda su tristeza.

Se consoló trabajando como asistente en una guardería, pero lejos de ayudarla a olvidarse de querer ser madre, más se obsesionaba. Traté de centrarme sólo en el trabajo, donde era muy bueno en lo que hacía, el mejor. Entonces llegó Saotome a mostrarme su destreza y todo el mundo pareció notarlo, en especial mis superiores.

Al conocerlo me di cuenta de que no era una mala persona, era afortunado, lo tenía todo. Un buen trabajo, una hermosa mujer, habilidad para todo, hasta podía ser padre, pero su esposa y él habían decidido no tener hijos por mera vanidad. Maldita su suerte.

Deseé estar en su lugar, deseé ser alguien "normal" que pudiera estar con una mujer que fuera diferente a Akane, que no quisiera tener hijos, que no importara que yo no pudiera dárselos y que a ella tampoco le interesara. Que solo le importara yo y nada más.

Por eso me acosté con Shampoo. Jamás amaría a una mujer como ella. Akane es lo único que quiero, pero yo quería sentir como era que alguien siempre estuviera dispuesta para mí y eso lo hizo Shampoo.

La veía a diario, a veces antes de llegar a la oficina y casi en todas las ocasiones, después del trabajo. El sábado que Akane me vió con ella había decidido no ir a trabajar y nos quedamos todo el día en el hotel, hasta la tarde. Cuando salimos, tomamos cada uno su camino, como siempre, para despistar que habíamos estado juntos. Pero ese día, no entiendo cómo, Akane estaba ahí. Discutimos, ella salió corriendo sin fijarse y un auto la arrolló.

Sentí morir. Cuando me acerqué pensé que estaba muerta. Todo era mi culpa, todo, desde el inicio.

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Nuevamente estábamos en un hospital, esperando a que Akane reaccionara. Esta vez ella era la que había sido lastimada, yo desde hace mucho, estaba hecho pedazos por dentro.

Poco a poco fue recuperando el conocimiento, el aliento volvió a mí, pensé que la perdería, pero ya no podía callarme más. Tenía que decirle toda la verdad, como se lo prometí antes del atropello. No pude contener más las lágrimas, no podía más que agradecer que estuviera viva.

—…Sh…Shinnosuke…

—¡Akane! Aquí estoy junto a ti, cariño.

—¿Qué me pasó?

—Te arrolló un auto, pero lo importante es que ya despertaste. Pensé que nunca lo harías — tomé su mano, pero ella la retiró.

—Shinnosuke, debemos separarnos…

—¡No! Eso no va a suceder. Fue un error, yo te amo, ella no es nada para mí, lo hice porque…

—¡Ah, señora Ryugen! Que bien que despertó —justo entró el doctor para interrumpirnos.

—¿Cómo se encuentra mi esposa, doctor?

—Tuvo mucha suerte, solo unos cuantos raspones y el shock tras el impacto, pero nada de cuidado. Afortunadamente, su bebé está en perfectas condiciones.

—¡¿Qué está diciendo, doctor?! —Akane había intentado levantarse, pero el dolor no se lo permitió.

—¡Oh! ¿Aún no lo sabía?, bueno es normal, tiene pocas semanas, permítame…nos presenta un embarazo de 5 semanas— dijo mirando el expediente que traía en la mano — ¡Felicidades! Bien, los dejo solos para que puedan celebrar la noticia —el doctor se fue cerrando la puerta tras de sí.

La miré fijo. Ella también me había sido infiel. Se había entregado a otro hombre. ¿Cómo culparla? Yo la abandoné, convirtiéndola en una sombra para mí; pero era obvio que alguien más iba a mirarla, a notar su belleza, por fuera y por dentro.

Ella aún estaba confundida por la noticia.

—Debe ser un error — se tocaba la frente con la palma de la mano. Abría y cerraba los ojos, respiraba agitada — eso es, un error.

—No, no lo es.

—¿Qué dices, Shinnosuke?

—Te mentí. Soy yo quien no puede tener hijos. Lo hice para que no me dejaras cuando tuvimos el accidente —la miré a los ojos, como un maldito enfermo, porque eso era. Estaba enfermo de ella, pero amaba lo que sentía por ella.

—¿Por qué me lo ocultaste? ¡Sabes lo que sufría! Siempre quise ser madre y tú me dijiste que nunca iba a serlo. ¡Pudimos buscar la forma de ser padres! —las lágrimas caían de sus ojos. Odiaba verla llorar.

—¡Es que no había forma! ¡Soy un maldito estéril! El accidente me dejó impedido para ser un hombre completo. ¡Ibas a dejarme!

—¡No iba a hacerlo! Me quedé contigo porque sabía que nuestro matrimonio merecía una oportunidad ¡y tú te aprovechaste de todo! —sollozaba fuertemente. Le había hecho más daño del que nunca creí.

—Por favor, ¡Perdóname! — le tome de nuevo la mano y también la alejó. Suspiró intentando tranquilizarse. Cuando lo logró, volvió a hablarme, fijando la vista en la puerta.

—Deberías volverte con Shampoo.

—No, no es así. No la amo.

—Tal vez ella si esté enamorada de ti.

—Por supuesto que no. Ella jamás dejará a su esposo.

—¿Por qué estás tan seguro? — sus ojos me miraron incrédulos.

—Ella me lo dijo. Él tampoco puede dejarla a ella, tienen un acuerdo.

—¿Cómo que un acuerdo? — se exaltó.

—Algo sobre el padre de él. La familia de ella salvó a su padre de morir, Saotome fue la paga, por eso se acordó el matrimonio, la familia de ella viene de una especie de tribu y ese es su modo de pagar los favores. Ellos jamás van a separarse. Y aún si lo hicieran Akane, no me iría con ella.

Se cubrió la boca con la mano. Estaba muy sorprendida. Cerró los ojos, mientras respiraba de manera rápida recargada en la pared de la cama.

—Déjame, aun así — de nuevo brotaron sus lágrimas.

—¡No! ¡No pienso dejarte nunca, Akane! ¡No me lo pidas, porque no lo haré! Fui un imbécil, pero no voy a separarme de ti.

—Te fui infiel. Debes dejarme.

—Akane, entiéndeme. No me importa lo que hayas hecho, no me importa nada más. Permíteme enmendar mi error. Sé que no he cumplido mi promesa, pero te juro, por lo más sagrado que voy a hacerte feliz. Ese hijo será también mío, yo estoy dispuesto a todo por ustedes, pero por favor, ¡perdóname!

Tomé sus manos, mientras lloraba hincado frente a ella, pidiéndole una y mil veces perdón, con mi frente tocando sus manos. Ella seguía llorando, pero sin mirarme. Giró su rostro para no verme suplicar. Todo era mi culpa, yo la orillé a esto. No lo merecía y yo no la merecía a ella.

Pero mi amor por ella siempre ha sido más grande que todo, más grande que yo.

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RANMA

Ese sábado, después de que la vimos saliendo del hotel con Shinnosuke, alcancé a Shampoo saliendo por un callejón detrás del hotel que daba a la avenida. Iba dando vuelta en la otra esquina, cuando la tomé del brazo.

—Así que, es Shinnosuke — le dije en un tono de burla. Ella tembló y volteó a verme temerosa.

—Ranma, ¿qué haces aquí? Me pueden reconocer, yo…

—Hago lo mismo que tú, me acuesto con alguien. No te preocupes, en este barrio nadie sabe quién eres.

—Ranma, no es lo que piensas, Shinnosuke y yo no tenemos nada que ver…ha sido solo esta vez, fue por casualidad. Tú nunca estás en casa y yo soy una mujer con necesidades…

—¡Basta! Deja ya de fingir, eres una actriz muy mala, pero eso ya debes saberlo.

—No, ¡Ranma yo te amo!

—Sólo te amas a ti misma. ¿Por qué no lo dejamos así? Vete con Shinnosuke y sé feliz con él. Déjame a mi vivir mi vida.

—¡Eso jamás!

—Shampoo, solo nos hacemos daño. Ya no sentimos nada el uno por el otro. La atracción iba a acabarse algún día. Tú y yo queremos cosas diferentes.

—Yo te quiero a ti y punto. No hay más discusión.

Escuchamos sirenas cercanas, ambos volteamos y solo vimos pasar una ambulancia y un auto de policía. Debe haber ocurrido algún accidente en la zona.

—Estoy enamorado de otra mujer — se lo solté así, a quemarropa. Ella cruzó los brazos, lanzándome una mirada de odio. Ella nunca supo interpretar mis sentimientos, siempre se enfocaba solo en ella —¿Y eso qué? Puedes hacer lo que quieras. No me importa. No voy a divorciarme de ti, nunca.

—Shampoo…por favor ¿para qué vivir así? —estaba harto, cansado de estar con ella. Nuestro matrimonio era una obra de teatro.

—¿Olvidas tu promesa? — me dijo con cinismo.

—Claro que no lo olvido. Siempre te estaré agradecido, a ti y a tu familia por salvar a mi padre de esa enfermedad. Pero tú y yo no somos ni seremos felices.

—A mi familia tampoco le importa, Ranma. Las amazonas nunca rompen sus promesas y al salvar a tu padre nos pagas con tu vida. En tu caso, el pago fue un matrimonio. Debes cuidar de mí, para siempre.

—Debe haber una manera.

—No la hay y si la hubiera de todas maneras no te dejaría ir. Si amas a esa mujer y no quieres verla sufrir por tenerme a mí en medio de ustedes, déjala.

Era una arpía. Ahora sacaba su verdadero ser. Siempre egoísta, como si en el mundo solo valiera la palabra de ella. Sus palabras me atravesaron como flechas, pero entonces, ¿cómo iba a decírselo a Akane? Dudo que estuviera dispuesta a seguir así. Me lo dijo ese día, unas horas antes, cuando aún estábamos acostados en la cama; no quería seguir escondiéndose, pero no sabía cómo enfrentar a su marido. Mi historia no era similar, pero tenía una deuda impagable que nadie más que yo, podía saldar.

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El lunes siguiente, Akane no estaba en el tren y tampoco en la estación. Seguro se había peleado con su marido. La llamé al móvil, pero la grabación me indicaba fuera de servicio.

Llegué a la oficina, dispuesto a enfrentar a su marido, pero me pareció extraño que Shinnosuke no estuviera en su lugar. ¿Y si la había golpeado? Lo mataría si le había tocado un solo cabello.

Sin importarme nada, marqué a su casa. El teléfono sonó y no hubo respuesta, sólo la contestadora. Algo no andaba bien. Akane seguro no estaba bien y yo estaba lejos de ella, como un idiota, en vez de protegerla.

Salí corriendo de la oficina. Iría a su casa; no me importaba el escándalo. Ella era mía, mi mujer. Me pertenecía mucho más que a él, aunque no llevara mi nombre. Desde el día en que la vi de frente, ya la había tomado. Había pasado meses haciéndola mía para que ese cretino se atreviera a quitármela. ¡Akane es mía!

Llegué sofocado al departamento, la puerta estaba entreabierta, así que entré, llamándola, gritando su nombre a todo pulmón.

—¡AKANE! ¡AKANE!

Salieron un par de hombres, que traían guantes, tapabocas y ropa de trabajo.

—Me parece que busca a la señora de la casa, pero no se encuentra — me dijo uno de ellos.

—¿Qué es esto? ¿Qué hacen ustedes aquí?

—Servicio de mudanza, señor. Nos han pedido recoger el departamento para llevar las cosas a otro lugar.

—¿A dónde?

—Es información confidencial, señor — una fuerza sobrehumana se apoderó de mí, sujeté al hombre por el cuello de la camisa y lo levanté sacudiéndolo —¡dígame a dónde se llevan todo o lo mato! — el otro hombre intentaba en vano detenerme, pero yo estaba desquiciado.

—¡Está bien, se lo diré! ¡Suélteme por favor, señor! — dejé caer al hombre al suelo, respiraba con dificultad — nos dijeron que enviáramos todo a una bodega. Tengo la dirección.

—¿A una bodega? — no entendía. ¿Para que mudarse y guardar todo a una bodega?

—Así es, señor. Cuando los clientes hacen eso es porque cambian de residencia a otra ciudad o país.

¡Maldita sea! ¿Cómo iba a alejarse de mí? Estaba loca si creía que iba a escaparse de mí o si el estúpido de su esposo planeaba llevársela. ¿La cobarde no había tenido el valor para decirle lo nuestro? ¿o acaso él se la llevaba para hacerle creer al mundo que no había pasado nada? ¿qué no le había sido infiel con mi mujer? ¿Qué demonios estaba pasando?

Salí de nuevo hacia la oficina, tenía varias llamadas perdidas de ahí. Seguro me estaban buscando por orden de Shinnosuke, pero no. Al llegar pregunté por él. Su superior, el señor Takei me explicó todo.

—Saotome, por fin llegas. Me dijeron que saliste corriendo de la oficina. ¿Pasa algo malo?

—¿Dónde está Shinnosuke?

—Ah, renunció. Me envió un correo ayer por la tarde disculpándose por no hacerlo en persona y por dejar así de pronto el trabajo, pero tuvo que irse del país por una situación personal. En ese caso, ahora te daremos su puesto.

—¿Situación personal? ¿Le dijo a dónde se fue? — se la llevó, ¿a dónde diablos se la llevó?

—No. Shinnosuke fue siempre muy reservado. Su esposa era su única familia. Su abuelo, único pariente murió hace tiempo. La señora Ryugen no era de Tokyo, pero nunca supe de qué ciudad venía. ¿Pero, a que viene tanta pregunta Saotome?

—Éramos amigos. No me dijo que fuera a mudarse — mentí. Solo quería sacarle más información.

—Qué lástima. Seguro extrañarás a tu amigo. Pero si hay tanta amistad, seguro pronto te llamará. Bien. Empecemos a indicarte el seguimiento de…

El señor Takei siguió hablando. No le puse tanta atención. Al finalizar el día fui a intentar sacarle algo de información a Shampoo, pero negó todo. A pesar de que era su costumbre, esta vez, no mentía.

—Desde el sábado no volví a hablar con él. No me respondió ningún mensaje y su teléfono estaba como muerto. Seguro se fue con su mujer, como debe ser — su tono de burla era ofensivo, pero era su manera de hacerse la fuerte.

—Si sabes algo, dime donde están. ¡Dímelo! — le grité sujetándola fuerte de los brazos. Tembló. Siempre tuvo miedo de mi mal carácter, en especial, cuando estaba enojado.

—Te lo juro que no lo sé. Desapareció, así como así — la solté. No había necesidad de más. Salí de nuevo a la oficina para ver si podía encontrar algo, un registro de Shinnosuke, información de conocidos, cualquier cosa. Antes de salir, Shampoo me gritó.

—Si lo supiera, jamás te lo diría — solo di un cerrón a la puerta. No me importaba nada, solo encontrarla.

Al llegar a la oficina encontré los registros de Shinnosuke y algo de información de la familia de Akane. Era de Nerima, una ciudad no muy lejos de Tokyo. Salí hacia allí el día siguiente por la mañana. Llegué a un antiguo dojo, pero no decía el apellido Tendo. Al preguntar por alguien de la familia, me respondieron que hacía años que se habían mudado y habían dejado el dojo a modo de renta. El rentero depositaba el dinero a una cuenta bancaria, pero desconocía el lugar a dónde se habían ido los Tendo.

Al llegar de nuevo a Tokyo, me dirigí a la guardería donde trabajaba Akane y de la misma manera, no supieron darme información. Hablaba de sus hermanas muy poco, Akane era muy reservada, al tener puesto de asistente tenía mucho trabajo con los niños y no tenían registros específicos, por ser trabajadora eventual.

La había perdido. No sabía cómo dar con ella. Se había esfumado del planeta. A los pocos meses fui transferido a una oficina en Hong Kong. Era casi seguro que no la volvería a ver. El amor de mi vida había aparecido y se había ido para dejarme muerto en vida. No volví a ser el mismo. Nunca.

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¡Hola de nuevo! Antes que nada, gracias a todos por sus reviews. El capítulo anterior aumentaron bastante y estuve encantada de leerlos. También tomé en cuenta algunas opiniones que me comentaron y lo incluí en este capítulo, espero que haya sido de su agrado.

Mi querida Hana Note. Un millón de gracias por regalarme un poco de tu tiempo para ser beta reader de este fic. Te quiero Peque.

A mis Locas por el Dios Griego, gracias por mantenerme con los pies en la Tierra, sin ustedes, nunca hubiera escrito nada. Las quiero chicas!

Y nada, espero sus reviews para este capítulo y que recomienden mis historias si les gustan...y si no les gustan, también.

Susy Chantilly