Aviso: Este capítulo contiene escenas explicitas. Quedas avisado 7u7
Hazme lo que quieras
—¿Sexo? — mis ojos se agrandaron. Pensé haber escuchado mal.
—Sí Kayn. Sexo. — repitió Zed confirmando mis temores, mientras deshacía el nudo que ataba mi pantalón. — ¿Necesitas que te explique eso también?
—No soy tan estúpido. — dije tratando de aparentar que no me asustaba el tema. Aunque me sonrojé al pensar en cómo se mantenían relaciones sexuales. Obviamente sabía lo básico. Aunque ahora que lo imaginaba, había algo que no me encajaba. Zed es un hombre también, ¿entonces dónde debía meter mi…?
—Kayn. — dijo haciéndome pegar un pequeño brinco, como si me hubiese pillado pensando esas cosas indecentes, aunque no podía leer mi mente, obvio. — Tranquilízate, sé que no has hecho esto antes. — dijo notando el nerviosismo que se supone que estaba ocultando, mientras terminaba de desatar la cuerda de mi pantalón, para después dejarlo caer al suelo. Quedando únicamente vestido con mis calzoncillos negros. — Deja que yo me encargue de todo.
—¿De todo? No te parece… que vas demasiado rápido, ¿Maestro? — dije apoyando mi rostro en el hombro de Zed para ocultar mi sonrojo. Mi cara ardía de vergüenza, pues sin los anchos pantalones que llevaba, era fácil ver la pronunciada erección que su beso me había provocado. No estaba seguro de cómo debía reaccionar. Aún me costaba creer que yo era tan sensible.
—¿Rápido? — dijo para después hundir lentamente su nariz en mi pelo e inspirar muy hondo, haciéndome sentir algo extraño. Como si me hubiera atravesado un escalofrío. — Si fuera rápido todavía podría resistirme… — susurró, dejándome sorprendido. No podía comprender la razón de sus actos, pero de alguna manera, el mero tono de su voz me hacía saber que había algo importante detrás de todo esto. Sentía que Zed llevaba tiempo sufriendo.
Abrí mi boca, pero no sabía que contestar a aquello. ¿Por qué llevaría tanto tiempo resistiéndose? No tenía ni idea ni sabía si me lo contaría alguna vez, pero aun así… Zed era la persona que evitó que acabase siendo un cadáver más, perdido en los campos de guerra. Lo mínimo que podía hacer por él era cumplir con sus deseos. Sean cuales sean…
Abracé a Zed agarrándome a su sudadera, sin decir nada más. Dando a entender que no iba a irme ni dejaría que él se fuera. Además, muy en el fondo, tal vez sentía un poco de curiosidad por saber cómo se siente.
Él entendió mis intenciones, asique sin esperar más, bajó una mano lentamente y comenzó a acariciar mi miembro con suavidad por encima de mis calzoncillos, sacándome un gemido al instante, sin que separe todavía mi rostro de su hombro. Aquello se sentía muy diferente a cuando lo hacía yo mismo.
—Si no aguantas puedes pedirme que pare. — dijo en voz baja sin detener el movimiento de su mano.
—Esto no es nada…— dije tomándome la situación como si se tratara de una nueva técnica que Zed me enseñaría, a pesar de que en realidad me costaba horrores mantenerme firme.
—Entonces seguiré… — contestó bajando la única prenda que me quedaba, para agarrar mi erección ahora con su mano y comenzar a masturbarme con una lentitud que me torturaba.
—Nnh… Maestro… eso se siente bien…— dije sin poder aguantar los gemidos. Sentir ahí el tacto de su mano era increíble. Pensé que me costaría aguantar esto, pero realmente no quería que se detuviera.
Cuando miré a Zed, vi que una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Cosa que me alegró, al menos este sacrificio no sería del todo en vano si le servía de algo.
Poco rato después alejó su mano, y comenzó a agacharse lentamente, dejando pequeños besos sobre mi torso a medida que bajaba, hasta quedar arrodillado en frente mía. Pensé que nunca le vería en una pose como esa, y menos delante de mí.
Zed se relamió los labios mientras agarraba nuevamente mi erección, para después acercarse y lamer mi glande mojándolo con su cálida saliva, haciéndome estremecer al instante. ¿Cómo era posible sentir aquello a través de todo mi cuerpo? Y con mucha más intensidad que sus besos.
No podía aguantarlo, un sonoro gemido se escapó de mis labios sorprendiéndome incluso a mí mismo, por lo que tapé mi boca con ambas manos. No quería que de casualidad alguien escuchara algo, sin embargo, Zed ni siquiera se inmutó, solo seguía lamiendo. Pasaba de lamer mi glande a lamer el largo de mi pene, de arriba abajo, una y otra vez… Sentía que iba a perder el equilibrio. Cada una de sus acciones me calentaba demasiado, y verle era… joder, excitante.
Después de quedar empapado en su saliva, Zed dejó entrar mi pene en su boca, estimulándome ahora con ella.
—Maestro… esto es demasiado… — dije jadeando. No pude evitar bajar mis manos y sujetarme al cabello de Zed, dejando escuchar mis gemidos de nuevo, aunque ahora regulaba el tono como podía. No quería dejar que se alejara, no ahora…
Cada cosa que hacía me calentaba más que la anterior, especialmente esto. Sentía como mi pene entraba y salía de su boca casi por completo, a una velocidad que aumentaba cada vez más. Quería que esta sensación durase para siempre, y a la vez notaba que no podía resistir más tiempo.
—Yo… no aguanto… — avisé, viniéndome justo después. Mientras que mi espalda se arqueaba a la vez que un intenso placer me atravesó como una puñalada, haciéndome escapar un nuevo gemido más sonoro de lo que me gustaría. Jamás había sentido un orgasmo tan intenso.
Cuando acabé, Zed alejó finalmente su rostro, relamiendo sus labios.
—Delicioso… — dijo en voz baja tras haber tragado con cuidado todo aquel espeso líquido que había salido a causa de sus actos.
Me sentía agotado a pesar de que yo no había hecho nada realmente. Me costaba mantenerme de pie. Mi espalda se dejó resbalar sobre la pared casi por voluntad propia, hasta que quedé sentado en el suelo.
—Pensaba que me pedirías que pare. — dijo Zed sentándose a mi lado, apoyando su espalda contra la pared también.
—No iba a darte órdenes. — dije recuperando el aliento, intentando hablar con normalidad.
—Nada me agrada más de ti que tu extrema lealtad, Kayn. — dijo Zed mirándome, dedicándome una cálida sonrisa por primera vez. Eso removió algo dentro de mí. Era la sonrisa más sincera que nunca antes me habían dedicado. ¿Y por qué se supone que sonreía así exactamente?
Desvié la mirada. ¡Agh! Estaba intentando tranquilizarme, pero si me miraba de esa forma me lo ponía demasiado difícil.
Antes de que pudiera contestar nada, Zed se había levantado y se acercó a la mesa para recoger su yelmo.
—¿Te vas? — acabé diciendo.
—Debo reunir a los novatos para darles los detalles de la misión. — contestó Zed con su yelmo ya puesto. Creía que no habíamos terminado todavía.
—Maestro. — dije levantándome también, volviéndome a colocar mi ropa. — Lo que acabamos de hacer… ¿ha servido de algo? — pregunté un poco avergonzado y dudoso, pero tal vez después de esto sí me vaya a contar algo más.
—Servirá con el tiempo. — contestó tras unos segundos de silencio, caminando ya hacía la salida. No acababa de entender a qué se refería con eso exactamente. — Y como último punto de la reunión, esta vez el templo queda a cargo de Akiso. — dijo cerrando la puerta justo después, cómo si evitara que protestase.
Hacía varios años que el templo siempre quedaba a mi cargo a menos que estuviera ausente. Zed debía de seguir pensando que estaba confuso o algo así. Tonterías, me encontraba perfectamente.
Como sea… suspiré hondo, y me acerqué para recoger a la guadaña.
—Maldita sea, Rhaast. ¿Por qué tenías que estar aquí? — dije agarrándolo con desgana. Habría preferido llevarme este secreto a la tumba.
—¿Qué? Ah, tranquilo, estoy acostumbrado.
—¿Acostumbrado a ver estas cosas? No bromees. — dije saliendo de la sala también.
—Llevo eones sin un cuerpo con el que poder desplazarme. Es obvio que en tanto tiempo acabé en situaciones parecidas a esta muchas veces.
—Pensaba que estuviste encerrado todo este tiempo. — contesté curioseando un poco mientras caminaba por los pasillos. Era raro que Rhaast me contase algo sobre su pasado.
—Como me temían, me trasportaban muchas veces de una región a otra. Y aprendí que los humanos están peor que los animales. — contaba Rhaast con un tono repugnante al referirse a personas.
—No hace falta que me cuentes los detalles. — dije llegando a mi habitación y solté a Rhaast apoyándolo en la pared, cerca de mi cama. — Y más te vale no hablarle a nadie sobre lo que has visto.
—¿Acaso ahora soy un amiguito que tiene que guardar tus secretos? — dijo Rhaast, aprovechando como siempre cada oportunidad para burlarse. Como si fuera a ganar algo con eso.
—Clavaré mil agujas en tu preciado ojo como lo hagas. — le amenacé, para después salir de la habitación nuevamente.
Ya estaba oscureciendo y yo todavía estaba sin comer nada. Al menos esas duras misiones y esos entrenamientos en los que pasaba días sin probar bocado habían servido para algo, si no posiblemente ahora mismo el ruido de mi estómago se escucharía a través de todo el templo.
Pero antes de ir a la cocina me tomaría un baño. Me sentía sucio y no precisamente por sudar al entrenar.
Así que me dirigí al aseo con paso acelerado. Una vez ahí, me desprendí de mi ropa, solté mi trenza con cuidado y me metí en el agua de la gran bañera de madera que todavía se encontraba tibia. Los alumnos normalmente vienen a bañarse juntos después de los entrenamientos, por lo que no había nadie a estas horas, que es cuando yo solía tomar mi baño. Me agradaba más hacerlo solo que con esos ruidosos. Y la verdad es que agradecía un poco de paz al fin.
Me quedé sumergido en el agua hasta el cuello, mirando en frente, donde no había nada más que una pared blanca.
"¿Qué diablos le pasa a Zed?" Pensé. Realmente no quería darle vueltas al tema, pero era inevitable. Odiaba el hecho de no entender nada. Era obvio que a Zed le sucedía algo, y yo me sentía como un inútil que ni siquiera sabe lo que está pasando. Estaba decepcionado conmigo mismo como alumno. De hecho, tampoco estaba seguro de lo que acababa de pasar. Pensaba que Zed quería que yo hiciera algo por él, para que se sienta mejor de lo que sea que le esté ocurriendo. Sin embargo, parece que más bien fue todo lo contrario. Además, creo que lo que hicimos ni siquiera puede llamarse sexo, a pesar de que él dijo que lo haríamos. Tal vez no tenía más tiempo, o tal vez solo quería enseñarme para poder hacerlo yo la próxima vez. Espera… ¿la próxima vez?
—¡Joder! — acabé diciendo en voz alta, comenzando a frotar mi cuerpo bruscamente con el agua. Hasta ayer ni en broma pensaría cosas como estas, y ahora casi parece lo normal. Puede que debería dejarle estas cosas a Syndra. Aunque no podía mentirme a mí mismo, disfruté demasiado cuando Zed me…
—¿Kayn? — escuché decir a alguien detrás de mí, cosa que me hizo girarme de golpe por el susto, pues estaba tan distraído que no había escuchado la puerta.
—¿Lack? ¿Qué haces aquí? — pregunté sorprendido al ver a ese pelirrojo parado justo detrás de mí, mirándome igual de sorprendido que yo lo hacía.
—Se me ha alargado el turno de guardia. — comenzó a contar mientras se quitaba la ropa. Ahora que me fijaba era más esbelto y delgado de lo que pensaba. — No sé cómo un anciano había llegado hasta aquí diciendo que se había perdido. Me costó una eternidad explicarle que este lugar era peligroso, y al final tuve que acompañarlo de vuelta a la ciudad. Ha sido un día agotador. — dijo entrando en el agua también mientras suspiraba cansado, sentándose cerca de mí.
—Debiste haberle matado, puede que fuera un espía.
—Ese anciano apenas podía moverse, dudo que pueda ser espía.
—He visto cosas peores. — dije encogiéndome de hombros, sin descartar la posibilidad de se tratase de uno.
—Entonces si vuelvo a verlo cerca de aquí me encargaré de él, sería sospechoso. — contestó con entusiasmo. Esa parte suya tan animada me recordaba un poco a Zoe. — Por cierto, ¿a qué venía el grito de antes?
—¿Qué grito?
—¡Joder! — dijo Lack intentando imitar mi voz.
—Ah, eso… es que me he mordido el labio sin querer, ¿ves? — mentí señalando la herida de esta mañana. Así evitaría que me pregunte sobre ella igual que Zoe. Dos pájaros de un tiro.
—Ya veo. Esas heridas escuecen, a mí también se me escaparía un grito de rabia. — dijo mirándome. Y así se quedó, mirándome por un buen rato.
—Para, es incómodo. — dije. Personalmente odiaba que me mirasen fijamente por mucho tiempo sin motivo.
—¡Lo siento! — se disculpó Lack dejando de mirarme. — Es que… nunca te había visto con el pelo suelto. Se me hace extraño.
—Molesta en el combate. — dije secamente, a pesar de que sabía que mi pelo era algo llamativo, pero no me agradaba que fuera tema de conversación.
—Entiendo. — dijo Lack para después quedarse en silencio, pensativo. Cosa que agradecía, el silencio era todo lo que necesitaba. — Oye, Kayn. — habló de nuevo dirigiéndome la mirada otra vez, para mi desgracia.
—Dime. — dije con desgana. Hoy el universo se había puesto en mi contra y no me dejaría estar solo.
—No sé si lo recuerdas, cuando hace tiempo te dije que te tomaría como ejemplo a seguir.
—Sí, lo recuerdo. No es algo que me digan todos los días.
—Pues también sabrás que desde entonces apenas hemos intercambiado un par de frases. — decía Lack con un tono tan bajito que apenas podía escucharlo, mientras jugueteaba con sus dedos por debajo del agua. Era cierto que se había convertido en uno de los mejores alumnos en poco tiempo, pero era vergonzoso que a estas alturas le costara tanto ocultar sus nervios. Tal vez por esa razón Zed no le encargaba misiones fuera del templo todavía. Sería un problema si llegan a secuestrarle e interrogarle. — y hay algo que llevo tiempo queriendo pedirte, pero no encontraba el momento. — dijo desviando la mirada un tanto inseguro.
—Pues aquí me tienes. — le dije, apoyando un brazo sobre el borde de la bañera de madera. Ese chico me causaba un poco de curiosidad, asique le escucharía al menos una vez.
—Verás… realmente quiero estar a tu altura. Quiero tener la misma fuerza de voluntad que tú, quiero que el Maestro cuente conmigo para sus misiones y que esté tan orgulloso de mí como de ti. Y me esforcé muchísimo desde entonces, pero sé que me falta mucho para alcanzar mi meta. Y por eso… — Lack tomó aire para después voltearse hacia mí volviendo a mirarme fijamente. — Por eso me gustaría pasar más tiempo contigo. Para poder pedirte consejos y aprender de ti observándote. Sé que con tu ayuda aparte de la del maestro podré avanzar bastante más rápido. Si no es una molestia, claro… — terminó Lack de contar lo que al parecer llevaba tiempo guardándose.
Lo cierto es que me había pillado por sorpresa. Básicamente me estaba pidiendo ser algo así como mi aprendiz. Nunca me habían pedido nada parecido, y sí, sonaba como una molestia y algo que me daría mucha pereza, pero a la vez me sentía alagado, para qué mentir.
—Me lo pensaré, ahora mismo estoy muy ocupado. — le contesté levantándome para salir de la bañera. Tal vez le diría que sí más adelante, teniendo en cuenta su fuerza y lo rápido que aprende, puede que no sea del todo una pérdida de tiempo echarle una mano. Pero ahora mismo no tenía el humor para algo como eso.
—¡Genial! Estaré esperando tu respuesta. — dijo Lack comenzando a lavarse con una sonrisa en el rostro.
Por mi parte, salí del cuarto de baño tras vestirme y recoger mi pelo de vuelta en su típica trenza. Y al fin, llegué a la cocina y como era de esperarse, no había nadie.
Abrí los armarios y cajones en busca de algo de comida. Siempre se guardaban algunas sobras para aprovecharse el próximo día.
Tras un par de minutos, había encontrado algo de carne y un par de trozos de pan. Así que me lo serví en un plato junto a un vaso de agua, y me senté en una de las muchas mesas que había en la sala.
La carne estaba algo pasada y el pan bastante seco. No era la mejor cena de mi vida, pero por hoy bastaría.
Mientras disfrutaba de mi solitaria cena, uno pasos que se acercaban comenzaron a escucharse.
—Demonios… ¿ni siquiera aquí me dejarán tranquilo? — maldecí en voz baja.
Cuando se acercó lo bastante noté quien era. Se trataba de Eliza, una alumna bastante peculiar. Era mala en todo, pero para su suerte, se puede decir que entre todas las alumnas, era la más guapa. Alta, delgada, rubia y bien desarrollada. Se había ganado la atención de muchos alumnos, por lo que la ayudaban en todas sus misiones. Una inútil en mi opinión. Ya le había dicho a Zed en varias ocasiones que no servía para la Orden.
—¿Puedo sentarme? — preguntó ella echando la silla que había a mi lado hacia atrás. La ignoré pensando que se marcharía, pero se sentó igualmente.
—¿No vas a comer? — pregunté fijándome en que no se había traído ningún plato. No había más motivos para estar aquí si no era para cocinar, comer o limpiar.
—Ya he cenado. Además, las sobras no son lo mío. — dijo apoyando un codo sobre la mesa, y su mentón sobre su mano, para mirarme con una sonrisa. Se me hacía incómodo ignorarla teniéndola así.
—¿Qué es lo que quieres, Eliza? — dije soltando un bufido, para después tomar otro trozo de la carne. Ella no era precisamente el tipo de persona con la que me agradaba charlar.
—Te dije que puedes llamarme Liz, ¿recuerdas? — dijo ella alegremente ignorando completamente mi pregunta. Qué molestia.
—Déjate de tonterías. Si vas a decir algo dilo ya o me iré. — dije soltando el tenedor sobre la mesa para voltearme a verla. Hasta se me había quitado el hambre. Por suerte ya había terminado.
—Eres un maleducado, Kayn. Ni siquiera sabes comportarte con una dama como yo. — decía tratando de que le haga más caso, como estaba acostumbrada, mientras jugueteaba con su pelo, pasando los dedos de su mano entre sus mechas. — Pero bueno, supongo que tiene sentido.
—No puedes ser una dama y una asesina a la vez. Deberías decidirte por una de las dos. — dije insinuándole que dejara la Orden. — ¿Y qué quieres decir con lo último? — pregunté curioso. Hasta donde yo mismo sabía, no tenía ninguna razón para ser así con las damas en concreto.
—Pues… es que me he enterado de algo interesante sobre ti. — dijo, para luego quedarse en silencio un par de segundos, intentando hacer el asunto más intrigante, aunque sólo me irritaba más. — Sé que te gustan los hombres. — dijo finalmente.
—No me interesan las mentiras que la gente se inventa. — dije de inmediato, mientras me levantaba de golpe para irme. No sabía de dónde había sacado esa locura, pero lo había hecho en muy mal momento.
—¡Espera! — gritó Eliza levantándose también para detenerme sujetándome de la mano. — Nadie me ha dicho nada. Yo misma lo escuché hace un rato.
—¿Qué? Eso no es posible. — dije volteándome a verla sorprendido de nuevo. Si fuera verdad que ella estaba cerca, Zed debería haber notado su presencia y se hubiera detenido. O eso me gustaría pensar…
—Es por mi oído. Ya le hablé a Zed de que es más agudo que el de los demás, pero creo que lo es más de lo que él piensa. — respondió sin soltar mi mano todavía. — Puede que haya notado mi presencia, pero debió de creer que estaba demasiado lejos para oír algo. — explicó.
—Asique incluso sabes que estaba con el Maestro. — dije llevando una mano sobre mi cara, lamentándome por dentro de haber sido capaz de aguantar los gemidos. Y eso que me había esforzado.
—¿Con quién más estarías en la sala de reuniones? — dijo recalcando lo obvio.
—Escucha, Eliza. Si pretendías hacerme algún tipo de chantaje con esto, olvídate. — dije zafándome de su agarre. — Puedes contárselo a quien quieras, nadie va a creerse semejante historia.
—Tampoco pretendía contárselo a nadie.
—¿Para qué me cuentas que lo sabes entonces?
—Porque hay algo que me molesta. No creo que lo sepas, pero la mayoría de mujeres de la Orden hablan de lo guapo que eres, y de que es una lástima que seas tan cruel con todo el mundo. Pero que te gusten los hombres… — contaba Eliza mientras se acercaba más a mí, poniendo su dedo índice sobre mi pecho, acariciándome con él lentamente. — …es un desperdicio demasiado grande.
—Eliza… No sé qué pretendes, pero será mejor que pares. — dije. No me agradaba nada el ambiente que ella había creado, y no tenía el humor para aguantarla.
—Déjame enseñarte que una mujer como yo puede hacerlo mucho mejor. — Decía con un suave tono de voz, mientras su mano bajaba y su rostro se acercaba al mío, hasta estar a punto de besarme.
Realmente no entendía que pensaba esta muchacha.
Cada cosa que decía me irritaba, cada vez que me tocaba me molestaba y no aguantaba tenerla así de cerca. Me hacía sentir todo lo contrario que Zed. No entendía que la hizo pensar que simplemente me dejaría hacer. Me daba demasiada rabia.
Casi sin poder evitarlo, la agarré con fuerza del cuello con mi brazo corrupto, levantándola de suelo.
—¿Por quién me tomas, "Liz"? — dije con un tono amenazante, mientras que ella se agarraba con fuerza a mi brazo tratando de soltarse, y apenas se podían escuchar sus jadeos, respirando el poco aire que entraba por su garganta. Un sonido hermoso. — No tienes ni la fuerza ni el rango que tiene Zed, ni ninguna razón para ponerme un dedo encima. — decía con rabia, apretando cada vez con más fuerza mis dedos sobre su cuello. Sentía como mi brazo corrupto comenzaba a arder y el rojo de mi ojo se volvía más carmesí. Deseaba clavar mis garras en esa delicada piel y matarla ahí mismo.
Una larga sonrisa sádica se había formado sobre mis labios.
Estaba perdiendo el control y Rhaast lo notaba, pero no podía dejar que ocurra de nuevo. Zed no me perdonaría dos veces el mismo error.
Dejé caer a Eliza en el suelo, quien comenzó a toser buscando aire.
—No sabes lo que pasó entre mí y Zed. Y te aconsejo que dejes de meterte en asuntos ajenos. — dije para después abandonar la sala lo más rápido que pude.
—Estás loco… — dijo Eliza con dificultad. Fue lo último que escuche antes de salir de ahí.
Antes de irme otros mil años, hay varias cosas que quiero aclarar.
En primer lugar, creo que lo ideal habría sido usar únicamente personajes del universo de LoL, pero creo que quedaría extraño que Kayn dentro del templo estuviera siempre sólo y que los demás alumnos no tuvieran ningún tipo de relevancia, como si fueran simples minions que van por ahí. Así que me he visto bajo la obligación de crear unos cuántos personajes más para darle más sentido a la historia. Pienso que con Eliza, Lack y Akiso basta. (más adelante os hablaré de Akiso). Espero haberles conseguido dar una buena personalidad, pero si los odiáis a muerte evitaré sacarles más xD.
En segundo lugar, bajad las antorchas, no me queméis en la hoguera todavía. En estas fechas ha habido muchas fiestas, muchas visitas y mucho que estudiar. Mis más sinceras disculpas y mi amor eterno para los que tuvieron paciencia. (Os he dado lemon, estamos en paz uwu)
Y en tercer lugar, muchísimas gracias por todos los reviews :D Me alegra saber que hay más locos como yo por ahí sueltos.
