FINAL ALTERNATIVO (a petición de las Locas por el Dios griego)

13 de Noviembre de 2018

SIN DAÑOS A TERCEROS (Sin daños para Silvia)

Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…

.

.

.

RANMA

Desperté. Eso ha sido para mí. Un despertar. Como si llevara años medio muerto, en un coma muy profundo…y ese día desperté.

Volví a verla. A ella…a su hijo…mi hijo; aunque ella no me lo haya dicho algo dentro de mí lo sabe. Su mirada, su actitud, su sonrisa…se parece tanto a mí. Pero también se parece a ella.

Desde el momento en que los vi, los busqué hasta dar con ellos. No fue nada difícil esta vez. Viven retirados del centro. Ella trabaja en una guardería cerca de su casa. Mi hijo estudia en una pequeña escuela que está a unos minutos caminando a su hogar.

No atreví a enfrentarla, ¿para qué? ¿Para volver a destruirle la vida? ¿Para amargarle la existencia a mi hijo, quien cree que otro es su padre? No. No tiene caso. Me conformo con verlo desde lejos todos los días que sale de la escuela. Tiene más amigos que yo a su edad; yo era más rebelde y por los entrenamientos que hacía con mi padre, jamás logré hacer buenas amistades. Él debe ser igual que su madre, agradando a todos.

A ella la he visto menos veces. Me da miedo no poder contenerme y salir corriendo hacia ella para abrazarla y decirle que mis sentimientos por ella jamás cambiaron. Debe odiarme, debe haber pensado que jamás la busqué, pero conociéndola, seguro fue ella quien se negó a verme. En una ocasión, creo que logró verme o por lo menos pensó que alguien la seguía. Por fortuna pude esconderme detrás de un árbol, pero ella se quedó en su lugar, inmóvil. Después la vi suspirar para dirigirse rumbo a su casa.

El destino fue muy miserable con nosotros. Es suficiente el hecho de saber que no nos pertenecíamos el uno al otro, para seguir viviendo una vida vacía. Por lo menos ella tiene a nuestro hijo. Yo no tengo nada.

.

.

.

.

AKANE

Desde que nos encontramos ese día, no he podido borrarlo de mi mente. Seré estúpida. Jamás pude borrarlo. Cuando sus dedos rozaron los míos sentí lo mismo, ese cosquilleo que aparecía cuando llegaba y cuando se iba. Lo necesité tanto.

Pero debo olvidarlo. Por mí y por mi hijo. No puedo romper la idea de familia que tiene. Es tan feliz. Él cree que Shinnosuke es su padre…y yo no tengo corazón para decirle la verdad.

Además, él sigue con Shampoo. Ese acuerdo que nunca podrá romper lo mantiene atado a ella. ¿Qué más da lo que suceda? Me he propuesto ser feliz con lo que tengo ahora a pesar de que cada día siento derrumbarme lentamente, pedazo a pedazo.

A pesar de todo lo que sucedió, Shinnosuke nunca me recriminó nada. Se hace cargo de mí y de mi hijo; lo trata como si fuera suyo. Ha hecho un esfuerzo increíble por sacarnos adelante. Cuando llegamos a Ryugenzawa no teníamos nada y poco a poco ha vuelto a subir de nivel. Gracias a eso compró una casa, la que yo elegí y diariamente me dice que me ama. No puedo estar más agradecida con él…pero nunca pude amarlo como él a mí.

No he vuelto a ver a Ranma. No he querido buscarlo. Obvio sé donde trabaja, pero no quiero arriesgarme a que me rechace como ya lo hizo una vez al no separarse de Shampoo. Sé que yo no tengo cara para reclamarle, puesto que sigo también con Shinnosuke; pero nuestras situaciones eran y son muy diferentes.

Hace poco tocaron la puerta de la casa. Era un sábado. Shinnosuke estaba trabajando, como siempre. La diferencia es que desde el nacimiento de Shiro, regresa siempre a las dos de la tarde, puntual. No pierde un solo segundo para pasar más tiempo con él.

Shiro estaba viendo el televisor de la sala. Abrió la puerta mientras yo estaba bañándome.

—Buen día. Busco a Akane Tendo —dijo el desconocido.

—Mi mamá se llama Akane. Pero es Akane Ryugen ¿quién es usted? —preguntó Shiro, con cara de pocos amigos.

—Dile que la busca Saotome —afirmó el hombre con voz grave.

—Espere aquí, ya la llamó —Shiro cerró la puerta. Desconfiaba siempre de los desconocidos — ¡Mamá! ¡Te buscan!

—¿Quién es, Shiro? —respondí desde mi habitación.

—Un tal Saotome.

—¡¿Saotome?! — La sangre se me fue a los pies. No podía creerlo. ¿Acaso Ranma se había atrevido a buscarme, sabiendo que estaba sola con mi hijo? ¿Pero, qué se creía? Comencé a temblar de los nervios. Debía hacer algo, decirle que se largara y no nos molestara. Pero ¿cómo? Frente a Shiro. No podía hacer eso. Demasiado astuto que siempre había sido. Nunca perdía una sola oportunidad. Respiré profundo y en el tono más calmado que pude le respondí a Shiro —Que pase a la sala, voy en un momento.

Shiro lo hizo pasar. El espíritu protector de mi hijo hizo que se quedara junto a él.

—¿Quién es usted? —volvió a preguntar el niño, curioso y sin quitar su gesto ceñudo de desconfianza.

—Ya te lo dije, me llamo Saotome —respondió firme el sujeto.

—¿Y para qué buscas a mi mamá?

—No es tu asunto, niño.

— Si es mi mamá, también es mi asunto. Como hombre de la casa, debo protegerla de cualquier persona. Pero no me has dicho de dónde vienes, ¿eres de la escuela? Ninguno de mis compañeros se llama Saotome. A menos que seas algún profesor, pero no creo, porque conozco a todos los de mi grado.

—No soy padre de ningún compañero tuyo y mucho menos soy maestro de tu escuela.

—Ah… ¿tienes hijos?

—Sí, uno.

—¿Y cómo es? —preguntó el chiquillo, curioso. No dejaba de hablar.

—Es tan arrogante y preguntón como tú.

—¡No soy arrogante! —respondió el chiquillo.

—Y yo no estoy aquí para discutirlo.

—¡Yo sé karate! ¡Y puedo patearte el trasero si quiero!

—¿De verdad? ¿qué más sabes? —los ojos del hombre brillaron, observando fijamente al pequeño y dejando aparecer una ligera sonrisa.

—Mi mamá me enseña kendo y otras técnicas. Dice que es importante que aprenda todo lo posible por si un día debo hacer uso del estilo libre, que ella aprendió con mi abuelo.

—¿Tu abuelo era peleador?

—El mejor de todo Japón. Pero se retiró muy pronto. Dice mamá que cuando era joven ganó varios torneos.

—¡Shiro! Ven aquí.

—Me llama mi mamá. Ni se te ocurra hacer ningún movimiento, porque te aplastaré como una mosca —el niño golpeó una palma con su puño y caminó hacia atrás, sin dejar de mirar al recién llegado con los ojos entrecerrados. El hombre alzó la cabeza, inclinándola hacia atrás. Cuando el niño estaba lo suficientemente lejos, el hombre murmuró.

—Un digno Saotome.

—Shiro, necesito que te quedes en tu cuarto. Puedes jugar videojuegos.

—¡No te dejaré sola con ese tipo! Soy el hombre y debo cuidarte.

—Mamá puede cuidarse sola y no te preocupes, ese hombre no hará nada. Tengo que hablar con él.

—De acuerdo. Pero si necesitas algo, llámame y yo acabaré con él.

—Sí, ¡anda y cierra la puerta! No debes escuchar conversaciones de adultos.

—Ya sé —dijo el niño Shiro con cara de fastidio. Fue a su habitación y cerró la puerta.

Yo volví a respirar profundo. Antes de enfrentarme a él, debía estar lo más serena posible, aunque me temblaran las piernas.

Al salir de mi cuarto hacia la sala, me sorprendí.

—¿Saotome? — pregunté. Un hombre grande, con anteojos, un pañuelo en la cabeza y la mirada de Ranma, se puso de pie.

—Saotome Genma.

—¿Usted es…?

—El padre de Ranma.

¿Qué rayos hacía aquí? El muy cobarde enviaba a su padre para abogar por él. Esto había llegado demasiado lejos.

—Dígame, ¿qué desea?

—Vengo a hablar de mi hijo, es de suponerse.

—Hace mucho tiempo que no hablo con su hijo. No entiendo cuál es el motivo de su visita.

—Empezaré por donde debe ser. Hace ya varios años que mi hijo me habló de ti. Nunca hemos tenido una buena relación, nosotros nos separamos mucho antes de que ustedes se conocieran. Para que Ranma viniera a mí para contarme sobre ti, él debió hacer un gran esfuerzo, llevábamos mucho tiempo sin hablarnos. Debías importarle demasiado, supongo — Genma hablaba de manera determinante. No creí que mintiera. Miraba de frente, igual que su hijo. No dije nada, era mejor dejarlo hablar para que se fuera pronto.

—Cuando vino a buscarme me dijo que quería separarse de Shampoo. Lamentablemente, por un acuerdo con la familia de ella, era algo imposible de hacer. Esos chinos salvaron mi vida cuando me encontraba al borde de la muerte. Ranma se ofreció a pagar el precio que fuera por la cura y ellos lo tomaron para darlo como esposo a Shampoo.

Jamás creí eso de Ranma. Me quedé congelada al saber el gran corazón que tenía. Se sacrificó por su padre a cambio de que pudiera vivir. El castigo no era tan malo. Un matrimonio por conveniencia debería ser bueno mientras la pareja estuviera de acuerdo y fuera feliz. Pero Ranma tuvo la desgracia de conocerme. Arruiné su felicidad.

—Su hijo es un gran hombre.

—Por eso he venido a pedirte que le des a Ranma una oportunidad. Sé que él te ama, por favor no le niegues la oportunidad de ser feliz.

Me sonrojé. ¿Él me amaba? ¿Cómo era eso posible?

—Señor Saotome, no quiero parecer grosera, pero su hijo ni siquiera me ha buscado y como podrá ver, yo tengo un esposo y un hijo. Que Ranma lo utilice a usted para darme este mensaje solo denota que es un cobarde, al no decirme las cosas de frente.

—Él no me pidió que viniera. Yo estoy aquí por mí mismo. Hace años que no hablo con Ranma; desde que le dije que nada podía hacer para que se divorciara de Shampoo. Sabía que la familia de ella se iría en contra de mi hijo y no podía permitirlo. Él lo tomó a mal y pensó que no lo estaba apoyando y tenía razón. Era mi miedo porque algo malo le pasara. Shampoo viene de una tribu en extremo tradicionalista y aún aplican fuertes castigos a quien no sigue sus acuerdos.

—Me alegro de que haga esto por su hijo, pero como ya le dije, yo tengo una familia.

—El chico es mi nieto, ¿cierto? Eso no puedes negarlo. ¿Ya se lo dijiste a Ranma?

Temblé. Ese hombre no sabía nada de nosotros, ¿por qué suponía cosas de mi vida que nadie más sabía?

—Señor, creo que se confunde, mi hijo…

—¡Es idéntico a Ranma! Mira —sacó una fotografía vieja de su cartera. Era Ranma de niño. Tenía razón, ellos eran dos gotas de agua. Sólo porque Shiro tenía mi mismo tono de cabello, pero no se podía negar que era su padre vuelto a nacer —son iguales, incluso tu hijo se comporta como Ranma, tienen la misma mirada, esa pose arrogante y todo el perfil de los Saotome. Si mi hijo lo ve, sabrá inmediatamente que es suyo — Genma seguía firme en su conversación. Me intimidaba, igual que Ranma. No tenía a dónde escapar.

—Ranma sigue con Shampoo y yo estoy con mi marido. No voy a exponer a mi hijo a algo que nunca fue.

—Espero que entiendas que sólo estoy tratando de enmendar mi error. Es trabajo de los padres cuidar de los hijos, pero a veces son ellos quienes terminan enseñándonos cosas a nosotros. No sé qué relación lleves con tu marido. Tal vez ahora son felices y no pretendo interferir en su vida. Pero mi hijo tiene tanto derecho como tú sobre su hijo. Por lo menos eso sería algo bueno para él, por favor no se lo niegues. Quedó devastado cuando te fuiste; no volvió a ser el mismo.

De nuevo me quedé sin habla. Pensé que, si alguien me separara de Shiro, me volvería loca; mi hijo es todo para mí. ¿Cómo decirle a Ranma que era nuestro hijo? Y peor aún, ¿cómo permitir que Ranma se acerque a Shiro cuando su padre ha sido otro toda su vida? No podía permitirlo.

—Eso es algo muy complicado, señor Saotome. Mi hijo ya tiene un padre.

—Lo sé. Solo te pido que lo pienses. Aunque sé que tampoco podrás sostener esa mentira. Llegará el día en que se haga evidente.

—Eso es asunto mío.

—Te equivocas. El niño también es asunto de Ranma — dijo Genma con semblante adusto — por eso te suplico, como padre, que no prives a mi hijo de un poco de felicidad.

Suspiré profundo. ¿Sería cierto que Ranma sufría? Su padre me había presentado la cruda verdad. Yo tenía a Shiro. Me llevé todo lo que tuvimos conmigo. Mi hijo era lo único que me hacía tener un motivo para seguir viviendo; de no ser por él, seguramente habría acabado con mi vida.

—No puedo prometerle nada. Como ya le dije, es muy complicado. También está mi marido. No creo que le agrade —me entristecía ver al hombre ahí, rogando por su hijo. Era como un padre que mendiga migajas para llevar algo de comida a su descendencia.

—Entiendo. De todas maneras, gracias por recibirme. Me voy ahora mismo, no quisiera causarte problemas… ¿puedo por lo menos despedirme del chico? —Genma se levantó de su asiento algo decepcionado. Sentí mucha pena por él. No podía negarle ver a Shiro; después de todo, era su nieto.

—¡Shiro! Ven, por favor.

Mi hijo salió unos segundos después —¿Sí mamá? —se acercó a la sala.

—El señor Saotome ya se va. Despídete.

Shiro hizo una ligera reverencia, mirándolo hacia arriba, con algo de desconfianza.

—Sigue entrenando. Estoy seguro que un día llegarás a ser un gran artista marcial, al igual que tu abuelo.

—Sí, señor. Seré el mejor y espero que un día vaya a verme ganar el primer lugar en el torneo.

Genma sonrió ligeramente y asintió. Hizo una reverencia hacia mí y se encaminó hacia la puerta. Después de que salió, me volví a sentar, recordando todo lo que había dicho.

—Mamá ¿quién era ese señor? —la curiosidad de mi hijo siempre estaba alerta.

—Solo era…un vendedor.

—¿Ah sí? ¿Y qué vendía? No traía nada en las manos.

—Pues no… es que vendía…seguros de vivienda.

—¿Seguros de vivienda? ¿Y qué es eso?

—Es por si ocurre algún desastre natural y afecta la casa, ellos ofrecen una cantidad de dinero para repararla.

—Ah… ¡qué aburrido! Voy a seguir jugando.

—Sí, ve —tenía que darle explicación de todo. Si no lo hacía, preguntaría a su padre y luego éste me interrogaría a mí. Espero haberle dado una buena excusa.

Me retiré a mi habitación y me quedé recostada en mi cama, pensando en Ranma. Debía tomar una decisión entre dejar las cosas como estaban o como había dicho su padre, darle un poco de felicidad.

.

.

.

.

.

RANMA

Como todas las tardes después del trabajo, vi salir a mi hijo de su escuela para encaminarse a su casa. De ahí, me dirigí al parque cercano al trabajo de Akane. Ella salía una hora más tarde que el niño.

La vi salir. Había conservado su cabello intacto. Me sorprendió que no lo dejara crecer. Hoy trae una falda violeta y una blusa rosa. Sigue teniendo unas piernas espectaculares. Se ve pensativa; lleva días así. Quizá esté triste.

Yo no tengo nada que hacer en casa. Shampoo se va con su amante por turno y llega hasta muy entrada la noche, así que cuando estoy ahí, paso la mayor parte del tiempo solo, por fortuna. Jamás volví a soportarla. Después de que pasó todo ella intentó por todos los medios reconquistarme, pero no fue posible. Desde el día en que conocí a Akane no pude olvidarme de ella y mucho menos dejar de amarla; no dejaría de hacerlo nunca.

Le tomo a Akane la fotografía del día con mi móvil. Por lo menos puedo consolarme con eso. También tengo fotos de mi hijo, pero más de cerca. Es triste que no sepa quién soy, pero por ahora, me conformo con verlo así. Ya le hice demasiado daño a su madre, no podría hacérselo a mi propia sangre.

Cuando Akane desaparece regreso a casa. Shampoo está ahí. Trato de evitarla, pero viene hacia mí.

—¿Qué quieres?

—Nada, mi amor. Darte un beso… —se me acerca prendiéndose de mi cuello, pero la suelto con las manos.

—No seas ridícula. ¿Mousse no tuvo tiempo para ti hoy?

—Voy a verlo más tarde. Sólo vine a cambiarme.

—Me voy a mi cuarto.

—Siempre te vas a tu cuarto cuando estoy aquí ¡soy tu esposa! ¡Deberías tener más consideración conmigo! Yo te amo tanto y llevas años rechazándome.

Pongo los ojos en blanco. Otra vez la misma canción de todos los días. Me salva el timbre del teléfono de la casa.

—Contesta el teléfono, estoy muy cansado.

—¡Contesta tú! Yo quiero irme ahora. No me quedaré para que me trates así.

—Vaya excusa barata para justificar que te vas con tu amante. Ya te dije que no es necesario, Shampoo. Vete con él, no me importa —el teléfono sigue sonando.

—¡Eres un idiota, Ranma! —me grita, mientras yo me he dado ya la vuelta para irme a mi cuarto —¿Diga? Casa de la familia Saotome… ¿hola? ¡hola! … ¡Colgaron! ¿para qué llaman si van a colgar?... ¿Ranma? ¿dónde estás? ¡Ranma! ¡No he terminado de hablar contigo!

Cierro de un portazo. Su voz se hace cada día más chillante y no soporto escucharla. Familia Saotome…ja. Sólo espero que se vaya pronto para poder ver la televisión a gusto. Cuando está aquí se la pasa tocando la puerta e interrumpiéndome. Se niega a darse por vencida y quiere obligarme a quererla. Imposible.

Pasan quince minutos y vuelve a sonar el teléfono. ¡Qué fastidio! Y esa mujer que no contesta.

—¡Shampoo, el teléfono! — no contesta. Sigue sonando —¡SHAMPOO! ¡Haz que deje de sonar esa mierda! ¡Me estoy poniendo de malas! —sigue sin responder. Tal vez ya se fue. Ahora tendré que atender yo y me molesta porque siempre es para ella. Su representante, su agente en China, el agente de Hong Kong, los de la revista. Nunca termino. Contesto de mala gana.

—¿Diga?... ¡Diga! —no se escucha nada —¡mierda! ¿va a decir algo o no?

—… ¿Ranma? —escucho una voz. Debo estar soñando, ¿será ella?

—¿Akane? ¿eres tú? —tiemblo como una hoja. Como la primera vez que la vi. Siento que voy a quebrarme.

—Soy yo…perdón…no debí llamarte a tu casa…—cuelga.

—¡No! ¡No cuelgues! ¡Akane! — busco su teléfono en el identificador y devuelvo la llamada. Levantan el auricular, es ella y no responde.

—Akane ¿estás bien? ¿pasó algo? —estoy preocupado. No hablamos en años y de pronto me llama. Tiene que ser algo muy importante.

—…Ranma yo…lamento llamarte a tu casa, no quiero que tengas problemas con Shampoo. Ella contestó primero y…

—Ella no está. No va a molestar, no te preocupes.

—Perdón, es que…no sabía dónde localizarte. Quise intentar llamando al mismo número para saber si estabas ahí y…

—Siempre he estado aquí —escucho como toma aire. También debe estar nerviosa; la conozco tan bien que de seguro está moviendo los dedos en este momento.

—Tengo que hablar contigo ¿puede ser mañana en la tarde?

—¿Por qué no ahora? Voy a donde me digas.

—No, ahora no. Mañana Shinnosuke y mi hijo irán de paseo después de la escuela. Te daré los datos de un lugar.

Me dice la dirección donde encontrarnos. No es un lugar público. Anoto en mi celular el nombre del lugar —Sí, sé donde está. Mañana a las cuatro…adiós, Akane —cuelgo.

Siento que un millón de chispas se mueven en todo mi cuerpo. Hace tanto tiempo que no sentía esta emoción. Como cuando nos veíamos los sábados. Casi me vuelvo loco al volver a escuchar su voz. No paro de temblar. Era ella, otra vez. No puedo esperar a mañana. Creo que esta noche no voy a poder dormir. Igual que todas las noches, abro mi galería del móvil para ver sus fotos. Por fin voy a estar cerca de ella, otra vez.

.

.

.

.

.

AKANE

Me siento culpable. Shinnosuke me envió un mensaje para decirme que ya está con Shiro y pasarán juntos la tarde en un club de videojuegos.

Salí media hora antes del trabajo para llegar a tiempo para encontrarme con Ranma. Llego y subo las escaleras. Me dirijo hasta la puerta al final del pasillo. Abro con la llave y me siento en una silla a esperar junto a la ventana. Son casi las cuatro. Tocan a la puerta y abro. Es Ranma.

Es obvio que sigue siendo el mismo. Lo noto un poco más delgado y con ojeras. Su mirada ya no se parece a la de antes; aunque sigue siendo profunda, sus ojos se ven tristes. No parecen alegres como cuando lo conocí.

Lo dejo pasar y le digo que se siente en una de las dos sillas que están junto a la ventana, donde yo estaba hace unos momentos.

Observa la habitación. Es un lugar muy pequeño. Sólo están dos sillas, una cama, una lámpara y un buró. Hay dos cuadros en la pared frente a la cama, pero es todo. No hay más decoración que la blanca pared.

Se sienta, sin dejar de mirarme. Me observa hasta que me siento junto a él en la silla contigua. Hago un poco la silla hacia atrás. A decir verdad, tengo un poco de temor, de nervios, no lo sé. Espera a que yo hable, seguro. No sé cómo empezar. Bajo la mirada y trato de hacer que las palabras salgan de mi boca, pero…nada.

— Sigues hermosa —me dice, inclinándose hacia mí. Hace que despierte de mi letargo. Tomo aire y sonrío.

—También te ves muy bien —espero que no note que estoy temblando —Ranma…te llamé porque como te dije, necesito hablar contigo de algo.

—Te extrañé…aún te extraño —toma mi mano y yo no puedo moverme —no ha pasado un día en que no piense en ti. No me importa qué hiciste o dónde estuviste, has vuelto. Siento que existo otra vez.

Me suelto de su agarre —Ranma, no vine a eso. Verás, yo…— vuelve a tomar mi mano y se acerca más a mí. Se hinca; me mira con esos ojos profundos.

—Te busqué por todos lados y no pude encontrarte. Desapareciste, pero ahora estás aquí. Por favor Akane, perdóname —se agacha, besando mis manos. He comenzado a llorar. No sé por qué lo hago. Ya ha pasado demasiado tiempo y parece que solo hubieran sido segundos.

—Ranma, no hagas esto, por favor, levántate —se endereza un poco, viendo mis lágrimas. Me toma la cara con las manos y las limpia con sus dedos. Se acerca a mi y me besa en los labios. No me resisto. Lo beso también.

—Te amo, Akane y siempre lo haré —se despega unos segundos de mí. Volvemos a besarnos. No tengo control sobre mí misma. Lo abrazo con fuerza y él a mí.

.

.

.

.

.

RANMA

Llegué puntual al lugar acordado. Es un lugar muy sencillo. Está lejos de su casa y de la mía. Mejor que citarnos en un lugar público. No podríamos hablar, pensando en que cualquier momento nos encontráramos con alguien, como sucedió la última vez. No quiero ni acordarme.

Está nerviosa, mucho más que yo. Se sigue viendo hermosa. Aún recuerdo la primera vez que la vi. Fue solo de espaldas y corría como una gacela. Le puse "velocista" porque la veía todos los días corriendo en el andén.

Trata de empezar a hablar. Apenas la escucho. Me hinco ante ella para pedirle perdón. Está llorando. Seco sus lágrimas con mis manos. La beso y ella también a mí. Aún es mía.

La abrazo por la cintura y ella se aferra a mi cuello. En dos pasos la tumbo sobre la cama. La tomo, porque es mi mujer, jamás dejó de serlo. No me importa que no esté conmigo, ella aun me pertenece. No quiero soltarla nunca. Termino dentro de ella y nos mantenemos abrazados un largo tiempo.

—Ranma…tenemos que hablar. Vengo a hablarte de Shiro.

—¿De Shiro?

—Sí, bueno, es que…Shiro…—la interrumpo.

—Es nuestro hijo, ¿verdad?

Asiente con la cabeza. Desvía la mirada y ahora su semblante es de preocupación. Todo para decirme algo que yo intuía desde la primera vez que lo vi.

—Ya lo sabía. Es idéntico a mí. Aunque también se parece a ti —ella sonríe un poco.

—Tiene tu carácter. Dice que cuando crezca quiere ser luchador de artes marciales.

No puedo más que sentirme pleno. Era mi sueño cuando yo era un niño y ahora mi hijo realizará lo que le plazca.

—Estoy seguro de que lo logrará. Será tan bueno como su padre — la miro y ella me sonríe, con esa sonrisa maravillosa que nunca pude borrar de mi mente. Hacemos el amor de nuevo, quiero aprovechar cada segundo, cada minuto que estuvo lejos.

Después de un rato, ella sigue callada. Está envuelta en sus pensamientos y yo solo puedo admirarla, como una perfecta diosa, acostada a mi lado.

—Tu padre fue a verme —lo dice sin mirarme, me lo suelta así, a quema ropa.

—¿Mi padre? ¿qué rayos quería el viejo contigo?

—Más bien, fue a ver a Shiro. Dijo que quería conocer a su nieto, que era idéntico a ti y que…

—¿Qué? —me hierve la sangre que mi padre se meta en mi vida. Ya bastante hice por él, no puede más que ir donde mi hijo y mi mujer para joderlos a ellos.

—Me pidió que te diera una oportunidad.

¿Mi padre abogando por mí? No podía creerlo. No me apoyó cuando fui a verlo para que me ayudase a separarme de Shampoo y ahora hace lo contrario, después de tanto tiempo. Pero eso no importaba, lo importante era la respuesta de Akane.

—¿Qué le respondiste a mi padre?

Tembló. Suspiró intentando ahogar un sollozo. Se seguía sintiendo culpable de todo lo que había pasado. Era mi culpa también. Yo le pedí vernos en otro lugar, yo me enamoré de ella desde el segundo en que la vi, yo la embaracé…

—Le dije que…yo tenía una familia y que no podía… —lloraba. Su tristeza me dolía —…que no podía exponer a mi hijo a la verdad. El cree que Shinnosuke es su padre. Se adoran. No puedo dejar que mi hijo pague por mi causa.

—Nuestra causa, Akane —la abracé. Por favor, no llores.

—Es que no sé qué hacer. Tu padre dice que estás muerto en vida. Que no eres feliz y que, si sabías que Shiro era hijo tuyo, tendrías una esperanza.

—Sin ustedes mi vida no es nada, Akane. Estoy así porque fue mi decisión. Atado a Shampoo para siempre. A veces he pensado en largarme y dejarla sola, pero temo que haya represalias contra mi padre. ¿Me entiendes?

—Te entiendo, no tienes por qué justificarte conmigo. Finalmente, no somos nada…

—¿Qué no somos nada? ¿Lo que tuvimos no fue nada para ti? ¿Qué hay de nuestro hijo?

—Ranma, no empecemos. Claro que significó todo en mi vida, pero ahora mismo, tú y yo no tenemos nada a que aferrarnos. Solo tenemos a Shiro en común y nada más.

Tenía razón, como siempre. Estaba loco por ella y pensé una locura —¡Vámonos!

—¿Qué dices, Ranma?

—¡Vámonos! Tú, Shiro y yo. Vámonos lejos, a otro país, donde nadie nos conozca y empecemos una nueva vida juntos. Como la familia que somos y que nos arrebataron.

—¿Estás loco?

—Siempre he estado loco por ti y ahora por mi hijo. No quiero dejarlos ni estar lejos de ustedes.

—Lo dices como si fuera tan fácil —se ha molestado. Se endereza y comienza a vestirse.

—Estoy hablando en serio, Akane. Es lo mejor que podemos hacer.

—¿Y qué hago con Shinnosuke? Es el padre legal de mi hijo, ¿crees que no va a pelear por él?

—Pero es MI hijo. Tenemos la misma sangre. Tengo más derechos que él.

Se queda inmóvil, pensando. Pero la angustia vuelve a su rostro otra vez y se da prisa en ponerse la ropa.

—¿Qué voy a decirle a Shiro? ¿Qué engañé al que el cree que es su padre por meterme con un hombre casado? No pienso hacerlo.

—En algún momento tendrá que enterarse de la verdad y no podrás impedirlo.

—¿Crees que no lo sé? Desde el día en que volvimos a encontrarnos lo pienso, día y noche. Pensé que vendrías a tratar de quitarme a mi hijo y de una vez te advierto que no lo permitiré.

—No te haría daño de nuevo Akane. Mucho menos a mi hijo. Parece que no me conoces bien.

—Entonces no digas cosas que no pueden ser.

—Yo quiero a mi hijo. Quiero que sepa que soy su padre.

—¡No!

—Vienes a decirme que Shiro es mi hijo y ahora dices que no puedo verlo ¿qué te pasa?

—No lo sé. No te acerques a él. No te acerques a nosotros.

Me levanto de la cama a medio vestir. La sujeto de los brazos y comienza a llorar de nuevo.

—Tengo tanto miedo, Ranma. No sé qué voy a hacer.

—Habrá una solución para nosotros. No seré un cobarde como la vez que te perdí; no permitiré que suceda de nuevo —la he abrazado y de pronto me mira asustada.

—No me busques ahora, es mejor que sigamos como hasta ahora, hasta que se me ocurra algo.

—¿Podré ver a Shiro?

—¡Te digo que no! Debes esperar.

—Recuerda que es mi hijo. Si tú no quieres verme, es cosa tuya, pero no puedes negarme a mi hijo.

—¡Fue un error habértelo dicho! ¡No debimos vernos!

—¿Ves? ¡Ese es tu problema! ¡Siempre sales corriendo! ¡Huyes de tu realidad!

—Hasta ahora me ha funcionado muy bien.

—¡Por eso eres tan feliz con una vida falsa! Un hombre que no amas y un hijo de otro.

Me abofetea con todas sus fuerzas. Me lo merecía, pero le dije la verdad. Tomó su bolso y salió de la habitación dando un portazo. No la perdería esta vez, me lo juré a mí mismo.

.

.

.

.

AKANE

Fui una idiota. Debí pensarlo mejor antes de llamarle. Ahora querrá estar cerca de Shiro, pero ¿cómo? ¿qué explicación voy a darle a Shinnosuke? Se opondrá rotundamente, va a pensar que quiere quitarle a Shiro. Debo estar preparada para cualquier cosa. Tengo que pensar con la cabeza fría…aunque le he estado dando vueltas y aún no sé qué voy a hacer.

Shinnosuke y Shiro han regresado del paseo antes que yo. Con toda razón, mi marido me pregunta dónde he estado. Ya pasan de las ocho. Tuve que inventarle que anduve por varias librerías buscando un libro y que me encontré con una amiga de hacía tiempo y se nos fueron las horas tomando café.

Hizo ese gesto, ese que hace cada que duda de mí, desde que nos encontramos a Ranma en la calle. En el fondo, creo que se imagina que me veo con él a escondidas. Bueno, esta vez, sí pasó. Volví a caer en sus brazos como una adolescente enamorada, no puse ninguna resistencia.

Después de eso, ya no me dijo nada. Nos fuimos a la cama y ninguno de los dos pudimos dormir.

Shinnosuke y yo casi no tenemos relaciones. Lo intentamos después de que nació Shiro, pero no era lo mismo. No era Ranma y él estaba aferrado en lograr que yo volviera a enamorarme de él, pero no pude. Optamos por hacerlo por necesidad y no por amor o por gusto. Así debe sentir una prostituta, la diferencia es que ella obtiene su paga, yo solo recibo un poco de desahogo.

.

.

.

.

SHIRO

Otra vez vi a ese hombre afuera de la escuela. Lleva mucho tiempo que lo encuentro, desde aquella vez que lo vimos en la calle, cuando estaba lloviendo. El otro día se acercó a saludarme.

—Hola, Shiro. ¿Me recuerdas?

—Sí. Es el amigo de mi mamá. Lo vimos una vez en la calle. Chocamos y me dijo que no tenía modales.

—Exactamente. ¿Qué tal la escuela?

—Bien. Hoy saqué un ocho en matemáticas.

—Ocho es una buena nota.

—¿Verdad que sí? Mi papá dice que debo esforzarme para sacar un diez, pero yo digo que son demasiadas cosas.

—¿Tu papá te regaña si sacas ocho? —su voz ha cambiado, parece que estuviera enojado.

—No. Pero siempre dice que debo ser el mejor.

—Bueno…en eso tiene razón.

—¿Por qué está aquí? ¿Espera a su hijo?

—Eh…algo así. Digamos que me gusta recordar cuando yo iba a la escuela y tenía tu edad.

—Mmm…qué raro. La profesora dice que los extraños en la calle pueden ser roba chicos. ¿Eres un roba chicos?

Se ríe mucho —¿Tengo cara de roba chicos?

—No. Pero sí es un extraño.

—Dices que sabes quién soy. Un amigo de tu madre.

—Sí, pero…no recuerdo cómo te llamas.

—Ranma Saotome.

—Shiro Ryugen —lo saludo de mano porque dice mamá que así se hacen los tratos y los buenos amigos.

—Gusto en saludarte de nuevo.

—Tengo que irme, mi mamá se preocupa si llego tarde.

—Es cierto. Trata de no decirle que me viste.

—¿Por qué?

—Porque tu mamá piensa que soy un roba chicos, aunque me conozca de mucho tiempo.

—Yo creo que no lo eres.

—¡Bien! Por eso no se lo digas a tu mamá. Es un poco…exagerada en esas cosas.

—Mi mamá dice que no debo guardar secretos.

—No es un secreto. Es sólo, omitir la información. Si tú no lo dices, yo tampoco.

—Ahhhh. Tiene sentido. Está bien.

—¡Hasta mañana, Ranma!

—Hasta mañana, Shiro.

—¡Adiós!

—Adiós, hijo.

.

.

.

.

.

AKANE

Han pasado ya varios meses desde que me vi con Ranma. Sigo sin poder dormir y cada día me siento peor. No he podido pensar en lo que voy a hacer. Ranma me envía mensajes y me ha llamado un par de veces, pero no le respondo. Soy tan débil que me creo capaz de volver a caer.

El insomnio me está matando. Me siento cansada todo el tiempo. El otro día, me sentí tan mal que pedí la salida temprano del trabajo para ir a casa, pero decidí pasar por Shiro antes a la escuela para estar más tranquila. Cuál fue mi sorpresa que, al salir tomados de la mano, Shiro mira hacia la acera de enfrente y saluda con la mano. Volteo y veo a Ranma, saludando, apoyado en un árbol, como si fuera una sombra.

—¿¡Ranma!? —la sangre se me fue a los pies. Sentí que me desmayaba, pero logré mantenerme en pie.

—Oh…No, no es Ranma. Saludé al árbol.

—¿Al árbol?

—Sí.

—¡Ahora resulta que el árbol se llama Ranma! Y tiene una trenza —levanto la voz a mi hijo y se encoje como si hubiera hecho una travesura. Me agacho para quedar a su altura y le pregunto seria —Shiro. ¿Hace cuánto que ves a Ranma fuera de la escuela?

—M-muy poquito. Es la segunda vez.

—¿Segunda? Shiro, ¡no me mientas! ¿Qué te he dicho de los secretos?

—Bueno, es que… no es un secreto. Solo omití la información.

—¿Omitiste la…? ¡Ranma! —Me levanto a ver si sigue ahí, pero se ha ido. Como no quiero que Shiro sospeche nada, lo tomo con fuerza de la mano. Tampoco quiero alarmarlo y que se lo diga a Shinnosuke.

—¿Ranma te dijo algo?

—Solo platicamos de cómo me va en la escuela y él me cuenta de lo que le gusta ¡también sabe artes marciales, mamá! Me dijo que cuando quisiera podía enseñarme unas katas nuevas, para que yo sea el mejor de todo Japón.

—Shiro, no quiero que…—exhalo, no puedo prohibirle nada. No es justo para ambos —aunque yo conozca a Ranma de hace tiempo no quiere decir que sea amigo de la familia. No debes ir con él a ninguna parte, aunque te invite ¿de acuerdo?

—Sí mamá. No te preocupes. Ranma dijo que tu creías que él era un roba chicos y no quiere que pienses eso, por eso solo nos vemos afuera de la escuela.

—¿Eso te dijo? —es un desgraciado, nunca se le quitó lo arrogante —Bueno, pues haz lo que te digo. Y sigue "omitiendo la información" para tu papá, ¿sí?

—¿Por qué, mamá?

—A tu papá no le cae bien Ranma y él también cree que es un roba chicos. Solo que, a diferencia de mí, tu padre sí llamará a la policía. No quieres que se lleven a Ranma, ¿verdad?

—¡No mamá! Ranma es mi amigo.

—Está bien. Tranquilo. Nadie se lo llevará. Solo, no le digas a papá ¿sí?

—Bueno.

Llegamos a la casa y me siento en la cama. Me ha empezado una temblorina por todo el cuerpo. Debo encontrar a Ranma para que me explique lo que está haciendo; lo llamo a su celular.

Responde al primer tono —Hola, mi amor.

—¿Cómo te atreves a buscar a mi hijo en la escuela? ¿Sabes qué pasará si alguno de los padres te ve? ¿Qué pasará si te ve Shinnosuke?

—No va a pasar eso. Y si pasa, será mejor. Que se atreva a decirme algo frente a mi hijo.

—Ranma, por favor, no hagas esto más difícil. El único lastimado será Shiro.

Lo escucho exhalar aire. El gran Ranma Saotome se ha quedado sin palabras.

—No te prometo nada, es que, no puedo estar sin Shiro. Es tan inteligente, es un niño tan noble. Se parece tanto a mí. No sabes lo que siento al no poder abrazarlo y decirle quién soy —su voz parecía quebrarse, sentía un nudo en el estómago. Yo tenía a nuestro hijo y él no.

—Por favor, solo ten precaución —Iba a colgar, pero lo escuché llamarme.

—¡Akane!

—Dime.

—Te amo. Pronto estaremos juntos. Estoy seguro.

—Hasta pronto, Ranma.

Colgué. Por lo menos me sentí algo aliviada de hacerlo entender lo que podría pasar. Escucho que llega Shinnosuke y salgo de mi cuarto. Shiro ya está ansioso por ver a su papá.

—¡Papá! ¡Has venido temprano!

—¡Hola hijo! Sí, es que, llamé al trabajo de mamá y me dijeron que se había sentido mal, así que como supuse que estarían en casa, les traje comida.

—¡Sííí! ¡Comida! —celebró Shiro con los brazos en alto.

—¿Por qué no me llamaste al celular? —le pregunté a mi marido.

—Quería sorprenderte. Mira, cariño. Te traje tu favorito "pan de carne"

—Bueno, sí que me has sorprendido —Abro la caja con la comida. Un olor putrefacto me llega hasta la nariz —está echado a perder, no lo comeré.

—¿Qué dices? Huele muy bien.

—Sí mamá. Está bueno.

No soporto el olor, casi doy una arcada del asco que siento —debe ser que no me siento bien. Coman ustedes, voy a acostarme un rato.

Shiro y Shinnosuke me miran extrañados. Adoro los panes de carne, pero esta vez no puedo tolerarlos. Tomo una pastilla para el dolor de cabeza y me dispongo a dormir un rato, el cansancio me vence, tengo mucho sueño acumulado.

.

.

.

.

SHINNOSUKE

Lo sabía. Siempre lo supe. Desde que regresamos a Tokio y nos topamos a Saotome en la calle, ella empezó a actuar extraño, todo el tiempo distraída, a veces nerviosa.

Era cuestión de tiempo para que él la llamara o la buscara. Por lo menos tuvo la decencia de no hacerlo; pero no hacía falta. Su corazón siempre lo ha tenido él, así que, aunque estuviera conmigo, su alma estaba con ese.

Empezó por Shiro. Sí, era de esperarse, son idénticos. Incluso en su carácter desafiante, su empeño por ser siempre el ganador, la forma en la que su madre se derretía por él, ¡todo! Era Saotome vuelto a nacer. Sería un estúpido si no se hubiera dado cuenta el día en que lo vio por primera vez.

Mi enemigo no se cansó nunca de recordarme su presencia en la sangre de su hijo, MI hijo, que adoro con toda mi alma, porque también es de ella, quien siempre ha sido mi vida entera.

Después de que vimos a Ranma ese fin de semana, no paso ni una semana, cuando por mera precaución me apersoné fuera de la escuela de Shiro para llevarlo a casa. Sabía que estaba ahí, mirándolo desde lejos, cada paso y cada movimiento. Pero no hice nada y tampoco se lo dije a Akane. No iba a alarmarla o a hacer que volviera a tener contacto con él. No. Ellos son míos, mi familia, lo único que tengo y por lo que mataría si fuera necesario.

Unos meses después, me di cuenta de que mi mujer estaba ansiosa. Seguramente se habían visto. No quise imaginarme más, pero lo noté cuando vi sus ojos brillantes, distraídos; su forma de tocarse el cabello, como tamborileaba los dedos sobre alguna superficie. Luego empezó a dormir menos que antes, desde que tuvo a Shiro sufría de insomnio, que había logrado controlar con medicamentos. Pero se había puesto peor. Dormitaba todo el día y no podía dormir por las noches; no rendía en el trabajo. Varias veces regresó temprano a casa a tumbarse en la cama porque no podía más. Siempre cansada, como con Shiro. Cuando estaba embarazada dormía todo el tiempo, estaba igual de ansiosa y alterada. Seguro estaba preñada otra vez. Tal parecía que la presencia de Saotome la ponía fértil.

Fue por eso, que hice la prueba y compré el pan de carne que tanto le gusta. Cuando esperaba a Shiro daba arcadas del asco que le provocaba su comida favorita.

Mis dudas se disiparon y me hirvió la sangre. Me daban ganas de cogerla a la fuerza y llenarla de mí esperma tantas veces como fuera posible, para marcarla como un perro y hacerle saber al mundo que era mía y de nadie más. Pero era inútil. Siempre lo fue. Hacía años que había dejado de ser mía.

Casi no me dejaba tocarla y cuando lo hacía, mantenía cerrados los ojos todo el tiempo. Le exigía que gritara mi nombre y siempre me complacía, pero muy en el fondo, siempre supe que su cuerpo y su alma eran de otro.

No importaba todo mi esfuerzo, todo mi amor por ella y por mi hijo, ella había dejado de amarme incluso antes de que apareciera Saotome. Vivía la vida de otro, con su mujer y su hijo. Era un ladrón porque, aunque pareciera que él me había quitado a mi esposa, yo le había robado a su familia.

Ella no volvió a amarme. Nunca lo haría. Por eso centré todo mi amor en su hijo; tenía la esperanza de que cuando Akane viera cuánto lo quería, ella volvería a sentir algo por mí. Pero no lo hizo. Solo sentía un gran agradecimiento, pero eso era todo.

Jamás pensé que sufriría de esa manera, no era justo para mí, ni para ella. Shiro era un premio que no había ganado, yo se lo había arrebatado al hombre que me quitó a mi mujer como la más pura venganza… Pero ella nunca iba a ser feliz.

Esa noche, después de acostar a Shiro, me senté en la sala y comencé a pensar lo que tenía que hacer. La historia volvía a repetirse y no iba a permitirlo. Tenía que planear una estrategia que fuera impenetrable, esta vez, nada iba a fallar.

Me recosté junto a Akane, que dormía profundamente. Ni siquiera podía acercarme a ella. Rompí en llanto y no pude contenerme más. La abracé con todas mis fuerzas; mis lágrimas mojaban su cabello, pero ella estaba tan cansada que ni siquiera se inmutó. La besé en los labios y le dije cuanto la amaba, cuanto amaba a Shiro, su hijo, MI hijo. Los amaría toda mi vida y no permitiría que nada ni nadie atentara contra ellos. Mi familia.

Al día siguiente, mientras Shiro y yo desayunábamos, Akane salió despavorida de la habitación.

—¡Shinnosuke! ¿Por qué no me despertaste? Se me hace tarde para llegar al trabajo. ¡Me quedé dormida!

—Tranquilízate, llamé a la guardería y les dije que seguías algo indispuesta, que llegarías más tarde. Shiro, ve por tus cosas, no quiero que se te haga tarde. Siéntate Akane, come algo de fruta, tengo que hablar contigo.

Suspiró algo aliviada, pero seguía tensa. Por fortuna, pudo comer la fruta ávidamente. Así era con Shiro, le daba tanta hambre que en todo el embarazo no pudo dejar de comer.

Shiro se despidió de nosotros y se fue a la escuela. Esperé a que ella terminara su desayuno y empezó a levantar los platos.

—Akane. Esta semana me enviarán a Hong Kong. No me iré por mucho tiempo, quizá una semana y media.

—Oh, ya veo. ¿Necesitas que te ayude a preparar las cosas para tu viaje? —siempre estaba dispuesta, como una buena esposa, era una mujer maravillosa.

—No. De hecho, estoy preocupado por tu salud. No me gustaría que te quedaras sola ¿por qué no pides unos días de vacaciones y te vas con tus hermanas? Me sentiría más tranquilo que se hicieran cargo de ti mientras yo no estoy.

—Pero ¿y la escuela de Shiro? No debe faltar.

—Podemos pedir un permiso especial, no son muchos días. Si termino el trabajo antes, regresaré. No quiero que te pase nada, ni a ti ni a Shiro. Te servirá para descansar y tal vez en un ambiente más tranquilo puedas dormir mejor.

Parecía no estar del todo convencida, pero creo que notó que no estaba de muy buen humor. Me conocía muy bien y desde que nació el niño, rara vez se atrevía a contrariarme. Nunca le puse una mano encima, jamás le levanté la voz, pero cuando teníamos relaciones descargaba mi ira contenida, aunque nunca se quejó. La miré fijo y ella bajó la cabeza asintiendo.

—De acuerdo, como tú digas. Me prepararé para ir al trabajo y hoy mismo solicitaré los días.

—Me encargaré del permiso en la escuela de Shiro. Por favor, llámame cuando llegues al trabajo y también si quieres que pase por ti a la hora de salida.

—Cariño, no es necesario. Yo…

—Por favor, Akane. Estoy más tranquilo así.

—Así lo haré entonces. Voy a ducharme.

—Yo me voy ya a trabajar. Avísame, por favor — la besé en los labios, tomé mis cosas y me marché. Tenía que terminar con ese asunto, lo antes posible.

.

.

.

.

AKANE

Ese día fue muy extraño. Me sentí mal, así que llamé al trabajo para decirles que no iría otra vez. Por mis constantes ausencias, hablé con el dueño para decirle que no vería mal si buscaran a alguien para hacerse cargo de mis tareas, pero de forma muy amable me dijo que entendía que tuviera problemas de salud, que contratarían una auxiliar, y que cuando estuviera lista él me escucharía. No entendí muy bien lo que me quiso decir, pero le agradecí su gesto.

Pasé todo el día acostada. No tenía ganas de comer, solo pensaba en dormir, pero lo hacía a ratos. Me aburrí y me levanté para ir a la cocina a buscar algo para beber. Me hice un té. Era lo único que no me daba náuseas.

Recordé a mis hermanas. Pasé dos semanas con ellas y me sentí mejor. La comida de mi hermana Kasumi es de verdad un manjar. Comí todo lo que no había podido en casa. Solo le pedí que no preparara nada de pollo o pescado, raro en mí porque me gusta mucho, pero Kasumi es tan complaciente que solo cocinó verduras y de vez en cuando carne roja. Me hicieron bien esas pequeñas vacaciones.

Volví a la habitación y me senté en la cama. Escuché que abrían la puerta de la entrada. No podía ser Shiro, que llegaba siempre después de las dos. Debía ser Shinnosuke. Entró al cuarto y sin mirarme tomó el control del televisor y lo encendió, buscando el canal de noticias.

—¿Ya te enteraste de lo que pasó?

—No. ¿Pasó algo? No he encendido el televisor, estaba…

—Mira —Shinnosuke se detuvo en un canal y entonces lo vi. Solo se hablaba del escándalo de la famosa modelo y actriz, Shampoo que había sido captada infraganti por los paparazzis, saliendo de un motel de mala muerte con Mousse, un actor chino muy famoso en Japón y en Hollywood, era la noticia del momento.

Repetían la escena donde los reporteros intentaban entrevistarlos mientras salían del lugar. Al parecer, los habían seguido desde que salieron de un lujoso restaurante.

En otra nota, se veía cómo la prensa interceptaba a Ranma, que parecía muy tranquilo a pesar de enterarse de la noticia. No pude evitar sentirme nerviosa cuando vi su media sonrisa, que escondió de inmediato ante las preguntas de los reporteros.

—Señor Saotome ¿qué opina del escándalo en el que está envuelto su esposa?

—¿Sabía que ellos tenían una relación?

—¿Se siente ofendido al haber sido engañado por su mujer?

—¿Va a interponer alguna demanda de divorcio?

—¿Le gustaría vengarse de ella, saliendo con otra?

—¿Es la razón por la cual ustedes no han tenido hijos?

—¿Piensa perdonarla?

Ranma, que traía puestas unas gafas de sol, se las quitó, mostrando a las cámaras sus brillantes ojos azules y mirando de frente a ellas, habló en el tono más serio posible.

—Por respeto a Shampoo y a su familia, no haré declaración alguna sobre los hechos. Suplico al público y a los medios, que respeten mi privacidad, debido a lo delicado de este asunto. Estoy seguro de que muy pronto tendrán noticias al respecto —volvió a colocarse las gafas oscuras y subió a su auto, un deportivo de color azul, en el que se alejó rápidamente.

Me quedé sin palabras. Shinnosuke apagó la televisión y se sentó a un lado mío, con los codos apoyados en las piernas y mirando hacia abajo.

—¿Qué piensas?

—P-pues…nada.

—¡Por Dios, Akane! Es la llave de la libertad de Saotome —estalló Shinnosuke.

Me mantuve. Quizá solo quería tentarme o tal vez se había enterado de que Ranma veía a Shiro todos los días después de la escuela.

—No entiendo qué quieres decirme con eso. Hace mucho tiempo que…

—Hace unos meses que te ves con Saotome, ¿cierto? —me miró fijo. Me empezaba a poner muy nerviosa, pero traté de ocultarlo.

—Lo vi solo cuando lo encontramos en la calle…

—¡Mientes! —Shinnosuke levantaba la voz y me hacía estremecer. No dejaba de mirarme con sus profundos ojos color mar, que se ensombrecían a cada segundo —No soy un imbécil, Akane. Lo sé todo.

¿Qué sabía? ¿Lo de Shiro? ¿Qué lo había llamado a su casa? ¿Qué lo había citado para hablarle de mi hijo? ¿Qué habíamos…?

—Estás embarazada, ¿verdad? Otra vez, ¡de Saotome!

Sin querer sonreí; pero mi sonrisa se detuvo cuando pensé que esa posibilidad ya no era tan absurda. Cuando Ranma y yo tuvimos relaciones no usamos protección y no recordaba la última vez que había tenido el período. ¡Cómo era posible que no me diera cuenta! Estaba tan preocupada por lo de Shiro, que no pensé en que podía estar encinta. Ahora estaba más que claro, por eso sentía tantos mareos, ascos y cansancio. ¡Hasta mi jefe lo había notado y yo lo había tachado de chismoso por querer saber de mi vida privada! Soy una estúpida.

Shinnosuke rio —A veces me sigue sorprendiendo tu inocencia, Akane —suspiró y volvió a ponerse serio —Creo que llegó el momento.

Yo temblaba. Temía que me dijera que me dejaría llevándose a Shiro, después de todo, llevaba su nombre y yo le había sido infiel con el mismo hombre, que por lo que había visto en televisión, pronto sería un hombre libre. Pero yo seguía atada a mi marido y el hijo que venía en camino, legalmente podía ser reclamado también como suyo a pesar de no llevar su sangre.

—Desde que tuvimos el accidente hace muchos años…no, creo que antes…desde ese tiempo, tú ya no sentías nada por mí. Me aferré a ti, te mentí e hice lo posible por mantenerte a mi lado. Siempre envidié a Saotome porque te enamoraste de él y no de mí, porque fue el hombre que te dio lo único que siempre quisiste en esta vida, un hijo. Bueno, ahora dos. Eso yo nunca pude dártelo y siempre supe que nunca iba a tener el mismo lugar que él en tu corazón.

—Shinnosuke, yo…

—Déjame terminar. No fui a Hong Kong, como te dije hace dos semanas. Fui a hablar con Saotome. Le conté de mi plan.

—¿Plan? ¿de qué hablas? —no entendía nada. De pronto Shinnosuke se había vuelto loco o quería confundirme más y volverme loca a mí.

—No te preocupes, seguro él te lo contará. Voy a irme de tu lado Akane. Voy…—empezó a sollozar, pero respiró profundo y con la voz quebrada alcanzó a decirme —…voy a dejarlos.

—¿Qué?

—Yo le robé la vida a Saotome. Lo que tenemos tú y yo, esta familia, deberías tenerla, pero no conmigo, Akane.

—Shinnosuke ¿qué estás diciendo?

—Ya te lo dije. ¡Forcé todo! Te dije que no había alternativa para que Shampoo y Ranma se separaran, pero sí la había y yo jamás pensaba decírtelo, pero ya no pude más. Solo traté de reparar un poco el mal que te hice.

Shinnosuke lloraba. Jamás lo había visto así, ni siquiera cuando yo tuve el accidente, cuando me enteré de que esperaba a Shiro. Estaba de verdad arrepentido.

—Lo que más deseo es verte feliz. Te prometí que lo haría y es lo que estoy haciendo.

—Shinnosuke, no tienes que hacer esto. Por Shiro, podemos seguir así.

—Precisamente por Shiro, es que no debemos seguir así. Necesita una madre y un padre que se amen, que sean felices, no que pretendan ser un matrimonio a la vista de todos y dos desconocidos en la intimidad.

No podía dar crédito a lo que escuchaban mis oídos. Empecé a llorar yo también. Mi marido tenía razón; él y yo éramos unos desconocidos que se trataban con extrema cordialidad, pero hacía mucho tiempo que yo no sentía nada, solo una profunda tristeza y resentimiento.

—Ahora debes ir a buscar a Saotome. Seguro ya está esperando a Shiro fuera de la escuela.

—¿Sabes eso? —pregunté, sollozando. Como era posible que Shinnosuke hubiera vivido todo este tiempo en esta agonía. La misma que yo sentí, todos los días desde que dejé de ver a Ranma.

—Cariño, creo que me di cuenta de todo antes que tú. Desde el momento en que lo vimos en la calle, supe que para nosotros todo había terminado. Pensé mil veces antes de mudarnos de Ryugenzawa a Tokio, pero tenía que buscar un empleo aquí para que tú y mi…y Shiro vivieran mejor.

Exploté en sollozos. Shinnosuke me abrazó con fuerza. Yo sentía un gran afecto por él, pero nunca sería lo mismo que con Ranma, a pesar de que amara tanto a mi hijo, yo tampoco pude darle el cariño que merecía.

—Por favor, perdóname —le supliqué. Pero él estaba renuente, siempre se sintió culpable de lo sucedido.

—Perdóname tú a mí. Cuida bien de Shiro —de nuevo volvió a quebrarse y a llorar muy fuerte. El niño era lo que más le dolía —solo te pido que me dejes despedirme de él. No quiero que tenga un mal recuerdo de mí.

Lo tomé del rostro con ambas manos. A pesar de todo lo sucedido, no tenía más que agradecerle el habernos querido como lo hizo —Shiro también es tu hijo — Se soltó de mis manos y estalló de nuevo en llanto. Los dos nos mantuvimos abrazados por largo tiempo, no supe cuando logré calmarme. Poco a poco, él también se fue controlando, pero no nos alejamos.

—Tengo miedo, Shinno. De lo que vaya a pasar después. ¿Qué voy a decirle a Shiro? ¿Cómo voy a explicarle? ¿Y si no acepta a Ranma? ¿Y si las cosas no salen bien con él? —un cúmulo de pensamientos me pasaron por la cabeza y solamente podía decírselo a él, porque siempre había estado conmigo y me conocía mejor que nadie.

Me tomó de los brazos y me miró dulcemente —No te preocupes por eso. Las cosas se darán con el tiempo y él entenderá. Es un niño muy listo y muy noble. Yo hablaré con él de manera que entienda la situación. Pedí mi transferencia a Kyoto, así que solo estaré aquí hasta mañana. También tuve tiempo de arreglar eso en estas dos semanas.

—Y ¿si esperas un poco? Tal vez mientras Shiro…

—Akane —me interrumpió —voy a amarte toda mi vida. Ustedes son lo más preciado para mí en el mundo. Prométeme que vas a ser feliz, ¡prométemelo!

Las lágrimas amenazaban con aparecer de nuevo y así sucedió. Asentí con la cabeza y de nuevo él me abrazo.

—Te amo, Akane. Y así será, hasta el fin de mis días —me besó en los labios y se levantó de la cama. Tomó la maleta que se había "llevado" a su viaje. Jamás desempacó —Pasaré a la escuela para despedirme de Shiro. Si no te molesta, te llamaré cuando esté instalado en Kyoto, por si necesitas algo.

Yo no podía parar de sollozar, solo asentí. Regresó hacia donde yo estaba y volvió a besarme de la forma más dulce posible —Siempre estaré para ti, ¿lo oyes? Podrás ir a mí, cuando quieras, si te arrepientes, si las cosas no funcionan…aunque sé que no será necesario, pero quiero que lo tengas en cuenta. Te amo.

Se fue; así nada más, en un segundo, terminó todo.

.

.

.

.

RANMA

—Señor, lo busca una persona.

—Te dije que no podía atender a nadie hoy, Minako.

—Ha insistido mucho, dice que no se irá hasta que lo atienda.

Suspiro, esta secretaria que tengo nunca hace el trabajo como se lo pido —¿quién es?

—Su nombre es, Ryugen Shinnosuke.

Levanto la mirada. Una sensación de alerta me embarga. ¿Le habrá sucedido algo a Akane o a mi hijo? ¿Para qué viene ese a buscarme? —Hazlo pasar inmediatamente, no me pases llamadas y cancela todas mis citas de hoy.

—Pero hoy tiene una cita a las cuatro con el Consejo de…

—¡Mierda! Minako, ¿cuándo vas a hacer las cosas como te digo? —esta mujer me desespera.

—De acuerdo, señor Saotome. Siempre está tan alterado.

—Minako, ¡no hagas que me altere más! Haz pasar a ese hombre.

—Sí, señor Saotome.

Entra a mi oficina. Tiene la misma mirada seria de siempre, solo que parece que se hubiera avejentado bastante. Se nota cansado. Hago ademán para que tome asiento y lo hace.

No nos hablamos. Solo nos miramos a modo de reto. Mi rival justo frente a mí, como siempre quise tenerlo, pero nunca me atreví. En el pasado, yo era quien me sentaba en la silla del visitante, ahora yo era un jefe. No me interesaba mucho saber de lo que hacía; pero me importaban su mujer y su hijo. Rompí el silencio.

—¿Cómo está Akane?

—Me parece que lo sabes mejor que yo. Se han visto, ¿no es cierto? —no sabía por qué él estaba ahí, pero cargaba un escudo que regresaba las "balas". Sonreí; lo que me dijera Akane no iba a ser impedimento para decirle las cosas que él quisiera saber, o no. Le demostraría que, desde siempre, le había ganado terreno.

—¿Ella te lo dijo?

—Me di cuenta. No soy imbécil —respondió frío, pero sin alterarse. Era demasiado pronto para saber cómo terminaría la discusión.

—Bien, entonces ¿a qué has venido?

—He venido a decirte la manera en que te puedes deshacer de Shampoo y posteriormente, tendrás el camino libre para quedarte con Akane.

Me enderecé en mi asiento y me incliné sobre el escritorio. Pensé que no había escuchado muy bien.

—¿De qué estás hablando? —mi enemigo venía a entregarme a su mujer. El tipo seguro se había metido algo.

—Lo que oíste. Han pasado muchas cosas y la verdad estoy cansado de vivir así, de ver a mi esposa sufrir y al mismo tiempo a mi hijo, solo por un capricho. Así que, por favor, dejémonos de pleitos y hagamos que esto termine de una buena vez, como debió ser hace cinco años. Te pediré a cambio una sola cosa y te juro que los dejaré en paz.

Me quedé inmóvil, ¿me estaría diciendo la verdad o sería solo una treta más de Shampoo para comprometerme? Al parecer, Shinnosuke interpretó lo que estaba pensando en ese momento, porque en ese instante su voz y expresión cambiaron a otros más tenues —Sé que tal vez no me creas por lo que sucedió con Shampoo, pero como le dije a Akane, era solo una distracción para mí. Jamás tuve sentimientos por ella.

—Yo tampoco —sonreí —ahora dime, de qué se trata tu plan.

Explicó todo con detalle. Estuve de acuerdo. Yo solo tenía que presentarme en China, con los familiares de Shampoo contando la historia sucedida con Shinnosuke, además de decir que ella había decidido no tener hijos. Adicional a eso, iba a contarles que salía con Mousse, tenía la evidencia suficiente, pero la de la prensa sería la cereza del pastel, que confirmaría toda la verdad. De eso se encargaría Shinnosuke, para que no fuera yo un sospechoso que quisiera truncar la carrera de Shampoo.

Para la familia de Shampoo no fue importante el que ella hubiera estado con otros hombres, lo deshonroso era que no quisiera tener familia por conservar su belleza y no propagar la estirpe de las amazonas.

Mi esposa recibió llamadas y cartas de los líderes de su familia, pero ella no las respondió, haciéndose de la vista gorda y pasando la mayor parte del tiempo con Mousse. Creo que en él encontró el cariño que necesitaba, pues al salir en los medios la noticia de su engaño, para limpiar el nombre de su amada se presentó ante las amazonas solicitando de inmediato la mano de Shampoo, además de hacerse responsable del supuesto hijo al que ella daría a luz próximamente. No estaba embarazada en ese momento, pero trabajaría en ello lo antes posible, para no recibir el castigo de su tribu, que al final recibió; Shampoo fue desterrada de las amazonas por violar una de sus reglas más sagradas.

En esa misma semana recibí la papelería confirmando la anulación de mi matrimonio con Shampoo. Sé que esos trámites tardan varios meses, pero como la familia de mi ahora exmujer tenía unas fuertes influencias en China, donde me había casado, el matrimonio se disolvió de manera casi instantánea. No querían evidencia alguna de la existencia de Shampoo, y eso me incluía a mí. Fue como una especie de pago por mi silencio.

Cuando todo estuvo listo, llamé a Ryugen. Él se encargaría de lo demás. A la condición que me pidió no pude negarme.

.

.

.

.

.

SHINNOSUKE

Esperé a que diera la hora de salida. La campana sonó y los niños salían caminando contentos de la escuela. Algunos padres, como yo, esperaban a sus hijos para llevarlos de vuelta a casa.

Ese día yo haría lo mismo. Llevaría a mi hijo a casa, por última vez. Pocos minutos pasaron cuando vi salir a Shiro. Veía hacia la acera de enfrente, seguro buscando a Saotome, cuando me vio a mí, se le iluminó la cara.

—¡Papá!

—¡Hola hijo! ¿Cómo te fue hoy en la escuela? —lo abracé con mucha fuerza, pero Shiro se zafó para mirarme.

—¿Iremos al salón de videojuegos hoy? ¡Esta vez voy a vencerte!

—No, hoy no iremos a los videojuegos. Shiro, necesito hablar contigo.

—¿Qué es esa maleta papá? ¿Te vas de viaje otra vez?

—De eso quiero hablarte. Vamos a casa.

Mientras caminamos en dirección a nuestro apartamento, Shiro me contaba sobre su día, los videojuegos que quería jugar y los trucos que le habían pasado sus amigos del juego que recién le había traído yo de Hong Kong. En cuanto salimos del elevador, lo detuve y le hablé.

—Shiro, ¿recuerdas que te dije que tenía que hablar de algo importante contigo?

—Sí, papá.

—Bien. Quiero que pongas mucha atención, porque ya eres un hombre y los Ryugen son hombres fuertes y de mucho valor, ¿entiendes?

—Sí. Yo soy un hombre fuerte.

Tomé aire, me intenté controlar, porque no quería llorar frente a mi hijo —Van a transferirme a Kyoto por el trabajo; pero tú y mamá no podrán venir conmigo. Quiero que cuides de ella, ¿de acuerdo?

—Pero ¿por qué no podemos ir? Somos una familia y debemos estar juntos siempre.

Empecé a quebrarme, pude contener las lágrimas, pero no mi voz —Hijo. Debes saber algo. Yo no soy tu verdadero padre y lamento mucho no serlo porque para mí es como si fueras de mi propia sangre.

—¡No! ¡Tú eres mi papá y nadie más! ¡Yo no quiero tener otro padre!

Shiro empezaba a inquietarse. Lo tomé de ambos brazos y lo miré fijo —Si tú así lo quieres, voy a ser tu papá para siempre, pero lo seré en tu corazón. No voy a dejar de verte, voy a venir a visitarte y a jugar contigo ¿sí?... por favor, no llores hijo.

Mi pequeño sollozaba y hacía pucheros, lo abracé y lloré con él. Era tan doloroso ver a mi hijo sufrir por mi culpa. Esto no hubiera sucedido si yo no me hubiera llevado a Akane lejos de Saotome, o no lo sé, pero yo amaba a este niño y lo haría para siempre.

—¡No te vayas papá!

—Debo irme. Las cosas serán mejor así, ya lo verás. Mira, ¿recuerdas a Ranma?

—Sí.

—Le he pedido que se haga cargo mientras yo no estoy ¿estás de acuerdo?

—¿No vas a llamar a la policía?

—¿Por qué habría de llamarlos?

—Mamá me dijo que tú pensabas que Ranma era un roba chicos y que ibas a llamar a la policía — No pude evitar reírme. Las cosas que se le ocurrían a Akane.

—Sé que Ranma no es un roba chicos, no voy a llamar a la policía. Es un buen hombre y se hará cargo de ti y de mamá.

—¿Entonces si puedo ser su amigo? ¿No te vas a enojar?

—No, no voy a enojarme. Estoy feliz si tú y mamá están felices.

—Pero yo no voy a estar feliz. Estaré triste porque estás lejos.

—Voy a venir a verte y podrás llamarme siempre que quieras. Es una promesa. Tú también deberás ser un hombre y cuidar bien de ti y de mamá, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, papá. Pero ¿no te vas a olvidar de mí?

—Nunca, hijo.

—Te amo, papá.

—Adiós, hijo.

Me abrazaba tan fuerte que tardé en quitarme sus bracitos de mi cuello. Lo cargué y llamé a la puerta de la casa; Akane salió para cargar a Shiro, pero antes de hacerlo, ella nos abrazó. Así nos mantuvimos hasta que decidí que era momento de irme. Ya no me despedí, pero le di una última sonrisa a Akane y a mi hijo. Corrí hacia las escaleras, para no esperar el elevador y hacer que Shiro volviera a colgarse de mí.

Sentía que me había partido en mil pedazos, pero iba a mantenerme vivo por mi hijo. Lo único que le pedí a Saotome en condición fue que me permitiera seguir hablando y viendo a mi hijo cuando quisiera. Estuvo de acuerdo; me dijo que no podía decirme que no, después de haber cuidado de Shiro como si fuera mío. Es lo único que yo quería y agradecí que me hubiera regalado esa parte tan importante de su vida.

.

.

.

.

.

AKANE

Justo un mes después de que Shinnosuke se fue, Shiro y yo nos mudamos a un apartamento más grande. Ranma aún no vivía con nosotros, pero iba a visitarnos todos los días. Shiro siguió triste por la ausencia de Shinnosuke, aunque se llamaban a diario y se veían cada dos semanas los fines de semana.

No le costó mucho acostumbrarse a Ranma. Aún no le hemos dicho que es su padre, pero siempre he creído que la sangre llama y está más que nunca pegado a él. Pensamos decirle esta noche, que celebramos por nuestro apartamento nuevo, que Ranma vive con nosotros y la sorpresa que voy a darles a ambos sobre el nuevo miembro de la familia.

He decidido invitar también a mi futuro suegro. Tal vez a Ranma no le agrade mucho la idea, pero ahora más que nunca la familia debe estar unida. La cara que pusieron Ranma y Shiro al verlo llegar era de postal. Los ojos entrecerrados y el ceño fruncido, ambos cruzaron los brazos al mismo tiempo y a Genma se le cristalizaron los ojos. La estirpe Saotome reunida por primera vez en muchos años y la que venía en camino.

Ranma me miró con cara de pocos amigos mientras yo aguantaba la risa. No podía insultar o evitar dirigir la palabra a su padre, no era un buen ejemplo para Shiro.

—Bienvenido…viejo.

—Gracias por invitarme, hijo.

—Fue idea de Akane y…me reservaré mis comentarios por respeto a Shiro.

Se miraron enarcando una ceja. Para romper la tensión, los invité a pasar a todos a la mesa.

—¿Por qué mejor no nos sentamos? La cena ya está servida y solo traeré lo que vamos a beber. Shiro, siéntate enseguida de tu abuelo.

—¿Él es mi abuelo? Pero, es calvo y tiene cara de gruñón.

—¡Niño! Cuida tus modales. Yo soy tu abuelo, Genma Saotome.

—Es el papá de Ranma, Shiro —le dije.

—Yo sé que Ranma es mi papá ahora que mi papá Shinnosuke no está.

—Sí, pero Ranma es tu papá de verdad —afirmé, para que mi hijo entendiera la situación.

Shiro miró a Ranma algo asustado, y Ranma lo observaba nervioso apoyado en el respaldo de la silla.

—¿Qué piensas de eso, Shiro? —pregunté, intentando romper de nuevo el silencio.

—¿Por eso te gustan las artes marciales como a mí?

Ranma sonrió, pero no se atrevió a acercarse al niño por temor a ser rechazado —Sí, creo que tiene algo que ver.

Shiro dejó aparecer en su boca una sonrisa muy similar a la de Ranma.

—Creo que sí me gusta que Ranma sea mi papá de verdad, porque mi papá Shinnosuke me dijo que era bueno.

Ranma se hinchó de orgullo. Genma solo dio una media sonrisa y se centró en su comida. Acababa de servirles un ramen y el más longevo de los Saotome comía ya desesperado. Shiro lo siguió y también Ranma. Se veían más que contentos, yo estaba bastante conmovida.

—Por cierto, Shiro, dentro de unos meses tendrás un hermanito.

Ranma escupió la sopa y Shiro me miró con los ojos muy abiertos. Genma se atragantó un poco y dio tragos grandes a su vaso con agua.

—¿De verdad, mamá? ¡Por fin tendré un hermano!

—O hermana, aún no lo sé.

Ranma se levantó de su silla y se hincó junto a mi para abrazarme y besar mi vientre.

—Gracias Akane, gracias por hacerme tan feliz.

Y esa es nuestra historia. La que debió ser, por la que el destino nos hizo encontrarnos, para separarnos y volver a reunirnos, pero ahora como una familia. La familia Saotome.

.

.

.

Cuando los musulmanes y los judíos pelearon, se mataban entre ellos y le decían a Gandhi que mataban por religión.

"Gandhi preguntó a un musulmán: ¿Por qué quieres matar a ese niño? Y éste le respondió: Es que un judío mató al mío.

Gandhi respondió al hombre: ¿Quieres venganza? Toma a ese niño, críalo como hijo tuyo y hazle musulmán. Es la mejor venganza que tendrás, porque te amará como padre y será musulmán".

Tomado de la biografía de Gandhi.

Gracias, Sailordancer7.