DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro.


Desde la inocencia… —

V —


— ¡No corran, van a caerse!

Los niños hicieron oídos sordos a sus palabras, más preocupados de quién llegaba primero al río para poder mojarse los pies. Soltó un suspiro, entre sus dos hijos y sus incontables sobrinos – no porque no supiera cuántos eran en realidad, sino porque cuando estaban juntos parecían multiplicarse –, la tarea de cuidarlos en tanto los demás cumplían con otros deberes era titánica. Se suponía que las gemelas, por lo menos, deberían ayudarlo con esa labor, pero ellas aún disfrutaban de hacer travesuras con los más pequeños y pudiendo destacar debido a su destreza física, nunca perderían la oportunidad.

— Quédense quietos, montón de mocosos.

Por lo menos ese día iba a compartir responsabilidades con InuYasha, quien estaba encantado con la idea. Se sentó a la orilla del río, observando a los más jóvenes entrar al agua sin ningún miramiento y comenzar a chapotear con alegría, sus sobrinas cuidando de que su hija menor no se cayera. El hanyō se mantuvo unos metros alejado, con la mirada fija en el grupo, pero a la distancia suficiente para que no lo empaparan, porque siempre terminaba siendo víctima de las bromas y juegos de los más pequeños.

Decidió meter sus pies también en el agua, disfrutando la caricia fría por un rato. De pronto, una cálida mano en su hombro causó que levantara la vista y sonriera al ver a su esposa llegar a su lado.

— Hoy están muy inquietos, ¿verdad?

— No más que de costumbre — respondió, en tanto ella se sentaba a su lado para también mojarse los pies —. Por cierto, en cuanto vuelvan los demás, iremos con InuYasha al sur, hay rumores de un Oni…

— Oh, ¿de nuevo? Creí que era el turno de alguien más…

— Debería ir la señorita Kagome o el monje Miroku, pero ellos prefieren quedarse. Como está por nacer mi sobrino…

— No es justo. Los últimos meses, han tenido la misma excusa… además, dijiste que te harías cargo de reparar ese agujero en el techo…

— Lo sé… pero no he tenido tiempo. Y sobre esta salida… hablaré con los muchachos, tienes razón. Había olvidado por completo que dijeron lo mismo la vez pasada.

A pesar de su intento por disimular el enfado, Kohaku pudo ver que Rin fruncía levemente los labios, conteniendo la molestia. Negó con un gesto, apoyándose en su hombro y empujándola suavemente hacia el lado, llamando su atención.

— No seas tan rezongona. Te estás pareciendo a mi hermana, y esa imagen no va contigo — el tono fue suave, incluso un poco juguetón —. Si sigues así, te saldrán arrugas y te parecerás al señor Jaken.

Logró que ella soltara una risita, recargando esta vez el peso hacia el lado de él, casi infantilmente.

— Estás loco, Kohaku.

— Ahora sí te pareces más a Rin.

Rieron a coro, casi como si se hubiesen puesto de acuerdo. Luego, ambos movieron rítmicamente los pies, formando ondas que se alejaban en el agua.

— ¿Repararás el techo hoy?

— Está bien. Le pediré ayuda a InuYasha, quizá si ves a los niños un rato, podríamos ir ahora mismo…

— Esto es abuso de confianza. Yo vi a los niños ayer.

— Se comportan mejor contigo. Además, te gusta mucho más verlos que hacer cualquier otra cosa.

— Bueno, es cierto… — Sonrió, encogiéndose de hombros. — De acuerdo, pero con una condición — pidió, los ojos brillando como cuando era una niña —. ¿Me darás un besito como premio?

— Todos los que quieras, Rin — respondió, guiñándole un ojo antes de que volvieran a reír, llamando la atención de InuYasha, quien ya estaba llegando a los límites de su paciencia con los pequeños, y no tan pequeños, intentando llamar su atención.

La muchacha se puso de pie, llamando con un gesto a los menores en tanto Kohaku salía del agua y comenzaba a caminar hacia el peliplata, sintiendo una paz en su interior que hacía muchos años, pensó jamás podría sentir. Él y Rin podían no ser perfectos, aún debían aprender mucho y sabía que cada día era una aventura más a su lado. Sin embargo, era consciente de que no podía tener mejor compañera para vivirla y a eso él lo llamaba amor verdadero.


Hemos llegado al final de esta historia, con una escena de un matrimonio un poco más maduro, pero que simplemente no pueden dejar de ser ellos, con su modo tierno y un tanto infantil... porque en el fondo, sus almas son así, inocentes y llenas de amor puro.

He de agradecer mucho a todos los que me acompañaron en este camino, incluso si llegaron después de que la historia haya concluido. Su apoyo es muy importante para mí. En especial, haré mención a quienes dejaron reviews, porque no se imaginan cuánto me ayudaron, estaba en un punto en el que no tenía ganas de terminar el proyecto, pero con ustedes eso ya pasó. ¡Muchas gracias!

Espero leernos en algún otro proyecto. No suelo escribir de esta pareja como principal, pero siempre la desarrollo en segundo plano, porque los amo juntos. En todo caso, es probable que escriba más de ellos en el futuro, no descarto la idea para nada.

Entonces, hasta la próxima.

Yumi~