El constante sonido de la cadena oxidada chocando contra la piedra del pavimento me causa estremecimiento hasta lo más recóndito de mi alma...
Es la onceava vez que me obligan a presenciar algo similar, sino es que más...
No existe maquillaje capaz de ocultar mis ojeras ni lo inflamado de mis ojos y no se diga la irritación en ellos por tanto llorar, que me resulta increíble que aun sea capaz de soltar lágrimas, las cuales ya lucen naturales en mí.
Ya nadie se preocupa por eso, pareciera que lo ignoran con agrado, no los culpo, es cansado ver a alguien así las veinticuatro horas del día, incluso en ocasiones me fastidio yo misma...
He escuchado al médico real decirle a mi madre que moriré pronto, qué ni la belladona o las sanguijuelas podrán salvarme, que lo mejor sea darme cicuta por piedad a mi padecer.
El obispo le aconseja qué no escuche al médico, que el suicidio es impropio para los hijos de cuna noble, que si lo hace solo me condenará al infierno...
Como si lo que vivo cada día no lo fuera ya...
La solución que él propone es hacerme un exorcismo, que seguro soy víctima de fuerzas malignas o por lo menos estoy hechizada, que todas mis acciones impías cometidas bajo esos efectos pueden ser absueltas por él, a cambio de un generoso donativo a la iglesia por parte de la corona, por supuesto...
Cuando mi mal es mucho más simple que eso, pero no por eso menos grave...
Tengo el corazón destruido y el alma rota...
Nuestro único pecado fue enamorarnos, y nuestro error fue correspondernos...
En un paseo por el mercado nos vimos, me agradó, todo en ella resaltaba entre la multitud, intenté saludarla, ella me ignoró con una seña obscena, si algún guardia la hubiese visto le habrían cortado la mano en el acto, por sublevarse a la corona, en cambio a mí, me dio curiosidad y la seguí, no todos los días encontraba a alguien interesante ni lo suficientemente valiente o estúpido como para hacer algo así.
Entre risas y burlas de ella hacía mí, y su habilidad para escabullirse nos fuimos alejando de la muchedumbre incluso despistamos a mis guardaespaldas.
Lo mismo se repitió en más ocasiones, así fue como comenzó mi amistad con Elsa una joven botánica que vivía en el bosque con su abuela, de quien me enamoré y más tarde probé las más dulces mieles del amor...
En una ocasión tras consumar nuestro sentimiento bajo la luz de la Luna, fuimos descubiertas, venía mi padre encabezando la comitiva...
Apresaron a Elsa por bruja, por haberme corrompido por medio de las artes oscuras, por más que abogué a su favor no me creyeron...
Nada tiene más peso que la palabra del rey...
Lo único que supe fue que la torturaron durante doce malditos días, para en el treceavo quemarla en la hoguera, conmigo en primera fila para ver su agonía, a pesar de su dolor me hizo prometerle que viviría por ambas, lo que justo ella no sabia era qué esa promesa me iba a ir matando cada día un poco más.
