Siete años, ocho meses, tres semanas, cuatro días, dieciséis horas han pasado desde la última vez que la vi, llevo la maldita cuenta como si mi vida dependiera de ello, mejor dicho otras vidas dependen de que lo haga...
Sin embargo nada es perfecto, en la mañana entré a la cocina, abrí el refrigerador para sacar un zumo de uva, y al cerrar la puerta ahí estaba, la dama rubia viéndome burlona, prefiero llamarla así, antes era "Elsa", pero ya no más, no desde lo que hizo.
La ignoro olímpicamente, le molesta, continuo mi rutina como si fuera lo más normal del mundo.
A decir verdad, sabía que algo pasaría, desde anoche lo supe, pero no imaginé que pudiese ser tan grave.
Trato de calmarme, enciendo la tv, y navego en Internet desde mi teléfono; en algún momento me quedo dormida, hasta que una tersa voz me despierta llamándome por mi nombre, estoy en el regazo de Elsa, ella acaricia mi cabello y me sonríe, como siempre solía hacerlo, tardo en procesar lo que está sucediendo, cuando comprendo la situación me levanto de golpe, ella no se inmuta.
En cambio yo, estoy histérica, tomo mi teléfono y me encierro en el baño, marco el número de atención rápida que tengo designado, nadie atiende por más que llamo, veo la fecha en la pantalla... Es día feriado, estoy sola, a mi completa suerte hasta mañana por la mañana... Junto a ella.
Me agazapo en una esquina, observo la puerta, es lo único que me mantiene cuerda, sé que no me molestará aquí hasta que se lo permita, siempre a respetado esa regla, pero no sé cuanto durará, en algún punto tengo que salir a comer...
Las horas pasan lentas y tortuosas, mi estómago protesta, sólo tiene un vaso de jugo dentro, mi teléfono está casi sin batería...
Al salir no la veo por ninguna parte, quizá solo fue algo breve, me rio de mi misma, aunque sin una pizca de gracia...
Me preparo algo de comer, comienzo a sonreír, todo parece un mal sueño y nada más... Solo ese pensamiento bastó para tener una sensación fantasmagórica en mi espalda, no hace falta girarme, sé que está ahí...
El resto de la tarde se vuelve muy insistente, me dice tantas cosas que no quiero oír y entre más le pido que se calle, no lo hace, sé que disfruta haciéndome sufrif, pero prefiero eso a que dañe a alguien más, otra vez...
De una forma u otra por fin llega la noche... La peor parte según puedo recordar.
Me coloco mi ropa de dormir, no pasan ni cinco minutos cuando la tengo encima de mí, diciendo cosas indecentes y obscenas, me acorrala contra la cama para besarme, logro quitarla, me siento asqueada y humillada, se ríe de mí, no le daré el gusto de hacerme llorar.
Cerca de las tres de la mañana, comienza a ponerse más pesada, me habla de sangre, desmembrar personas, hilar bufandas con intestinos y demás cosas grotescas, después me habla sobre sus asesinatos, de los niños que mató, de las mujeres que violó, de los hombres que desmembró.
No puedo evitar llorar y gritar hasta quedarme afónica, estoy tan extenuada qué comienzo a reírme, ella goza por verme en un estado de locura así, es cuando me pasa un cuchillo con el cual graba su nombre en mi piel, duele tanto que es placentero, no puedo contener un gemido, la sensación es nueva, comienzo a excitarme, ella solo asiente, al cabo de un rato estoy tocándome hasta alcanzar el clímax, logro dormir...
Ya es mañana de nuevo, me siento mareada, mi cama está llena de sangre, es mi brazo, grito al verlo cortado, corro a lavarme, el día anterior me resulta borroso.
Pongo una toalla sobre mi brazo y regreso al cuarto, mi celular tiene una luz encendida, lo tomo y lo veo, se trata de un mensaje de voz, procedo a escucharlo.
Veo el daño en mi brazo, se me hiela la sangre al ver un nombre garabateado, el celular cae al suelo permitiendome escuchar el mensaje
"Señorita Arrendelle, habla Mike su psiquiatra en cuanto escuche el mensaje llameme de inmediato"
Otro mensaje comenzó
"Señorita Arrendelle, por favor comuníquese conmigo, es de vital importancia, soy Mike su psiquiatra"
Ahora eran golpes en la puerta, era la policía, entraron sin preguntar nada, solo logro llegar a la sala, detrás de un hombre corpulento estaba Mike, su visita duró apenas una hora, el hombre me curó las heridas, se veía afligido, se disculpó más de cien veces en ese tiempo.
Al retirarse me dejó un par de frascos sobre la mesa de centro.
Solo pude tomar un par de pastillas y llorar, el psiquiatra nuevo me dio medicamento caducado, el equivalente a comer caramelos, estaba a punto de librarme del arresto domiciliario al que me tiene sometido el estado por los crímenes de Elsa, pero eso quedó en el pasado, luego de este episodio donde soy un peligro para mí misma, jamás estaré cerca de lograrlo y como recordatorio tengo su nombre en mi brazo para toda la eternidad...
Porque si, Elsa es un producto de mi imaginación que me hizo hacer cosas terribles a otras personas.
