Es un día más, nuevamente la desgastante rutina, salir de casa, subir al coche, conducir unos minutos y estar en el trabajo a tiempo, tomar una taza de café y entrar al cuarto frío, nombre qué le damos al anfiteatro, preparar algunos cadáveres, comer algo, revisar algunos análisis, terminar unos cadáveres y volver a casa en la tarde, pasear a mi perro, cenar, ducharme, dormir y de nuevo lo mismo al día siguiente, en el fin de semana voy al supermercado, al cine, al teatro o al museo, nada más, en eso consiste mi vida.

El día de hoy, me cansé, decidí levantarme más temprano e irme caminando al trabajo, Olaf mi perro está inquieto, le acaricié detrás de la oreja, además de decirle que hoy correremos juntos más kilómetros. Con esa promesa en mente salgo de casa, al llegar a la recepción, no encuentro a nadie, decido evitar tomar café, extrañamente me siento despierta y sin ganas de cafeína, así que bajo a comenzar mis labores, entro y encuentro todo apagado, quizá fui la primera en llegar, reviso al fondo un par de muestras del día anterior. En eso veo entrar a Iðunn y Aðgar, traen un cuerpo, dejan la orden sobre uno de los escritorios y se marchan, no logré saludarlos, quizá están atareados, le resto importancia.

Me acerco a la carpeta, la tomo y la analizo, veo algunas fotografías, se trata de una chica pelirroja, pecosa, de mi edad, es una lástima petder la vida tan joven, sin dedicarle más pensamientos comienzo mi labor, la labor de un forense. Tomo mi bisturí y comienzo con la autopsia, le abro el torso y veo cada uno de sus órganos, a juzgar por la temperatura y el rigor mortis, lleva cerca de veintiséis horas de fallecida.

No necesito ser una experta para saber que la causa de muerte es la puñalada en el corazón desde la espalda, después de tomar la muestra, suturo la apertura, y comienzo a embalsamarla, conecto una vena y una arteria para remplazar la sangre, me toma un rato terminar eso, la veo con detenimiento un rato, en verdad es una lástima morir tan joven, me causa cierta nostalgia ver ese cuerpo ahí, me apoyo en la mesa y veo al suelo, si qué es duro tener un trabajo como este, al menos lo es en ocasiones, al estar más de cerca al cuerpo noto algo que no vi antes, el cabello está pegado entre sí y las pecas en verdad son manchas de sangre, bueno de salpicadura.

Tomo un algodón y alcohol para el rostro, en efecto lo son, poco a poco se vuelve visible una piel de porcelana, un cutis casi perfecto si me lo preguntaran, ahora pruebo vertir alcohol sobre el cabello, y si, también hay sangre, por lo que busco un recipiente para poner agua, es una pena qué no tengamos shampoo y acondicionador, pero en fin, con cuidado y paciencia refriego el cabello y cambio el agua un par de veces, o más, todo lo hago mecánico, dejo de prestar atención al cien por ciento, no sé cuanto tiempo pasa, hasta que escucho un sollozo, al fondo del recinto, por un según me asustó la errónea idea de que fuera el cadáver. Hasta donde recuerdo solo estaba yo, pero quizá alguien más llegó, puedo ser algo distraída.

En una esquina hay una chica, y no es cualquier chica, es mi chica, me detengo a pensar un poco, ¿mi chica? ¿Desde cuándo tengo una? Sacudo mi cabeza, la joven se ha levantado y ha pasado por un lado mío ignorandome, trato de llamar su atención e forma sutil, pero nada lo consigue, hasta que tiro un instrumental, es entonces que voltea, pero se agacha a recogerlos de inmediato, murmura para sí misma cosas que no alcanzo a entender.

Se ve cansada y ojerosa, con la nariz hinchada como si hubiese llorado toda la noche o algo similar, en el fondo siento que la conozco, verla llorar me hace querer hacerlo también... La sigo con la vista hasta la mesa, toma la carpeta, es entonces que la recuerdo, es Anna, sabía que la conocía, ahora entonces la llamaría por su nombre y le preguntaría la razón de que estuviese escondida derramando lágrimas.

Sin embargo a cada paso que me acerco a su lado menos quiero hacerlo, no sé a que le temo, noto sus acciones, continúa lo que yo estaba haciendo, estoy a punto de agradecerle cuando suena su teléfono, se quita los guantes y responde alejándose algunos metros, escucho partes de su conversación sin querer, claro, pero es difícil ignorar el altavoz...

Si no mal recuerdo, Anna es mi asistente, no, miento, mi colega, nos conocemos hace algunos años, ¿por qué no lo recordé antes? También... Iðunn y Aðgar son sus padres, ¿Cómo pude olvidar algo así?

Estoy a medio metro de la mesa, increíble... La chica pelirroja de la plancha en realidad es rubia, su cabello era rojo por la sangre, me acerco para ver sus facciones con detenimiento, me recuerda a alguien... ¿Pero a quién?

Escucho mi nombre en los labios de Anna, así que respondo, pero ella parece no oírme, me acerco entonces.

"Ya lo sé mamá, se que no debo demorarme, pero por una vez comprendeme o al menos entiendelo estoy embalsamando al amor de mi vida, a mi esposa, sólo quiero un poco más de tiempo a su lado antes de entregársela a la tierra, joder"

No entendí a que se refería, ¿la chica muerta era su esposa? Siempre pensé que estaba soltera, razón por la cual me le declararía dentro de poco, llevo el dorso de mi mano a mi frente, siento algo duro, veo mi mano hay un anillo de oro blanco en mi anular ¿en qué momento apareció ahí? Veo la mano de Anna por inercia, hay uno identico, no entiendo que está pasando aquí, ¿Anna se casó conmigo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Pero...Lo más importante...

Giro a la mesa... La chica en la plancha... Soy yo... Estoy muerta... Retrocedo asustada hasta que choco con la pared y me deslizo hasta el suelo, cubro mi rostro con las manos, no puede estar pasándome esto, despeino mi cabello desesperada.

Es entonces que una serie de memorias me llegan de golpe...

La boda, la mudanza juntas, la adopción de Olaf, las vacaciones, nuestro noviazgo, la compra de los anillos, la adquisición del auto... Todo, incluso... Incluso la razón de mi muerte... Salí en la noche a comprar algo de cenar, fui a un puesto callejero de comida china, la favorita de mi pelirroja, de ahí entre a una tienda de conveniencia para algo de beber, por llevar mis audífonos no me percaté que había un asalto en progreso...

Puse nervioso al cómplice del ladrón, provocando que me apuñalara, morí rápido...

Duele, y duele demasiado, no podré jamás volver a tocar a mi esposa, a hacerla sonreir, decirle que no esté triste... No siquiera sé qué hacer, ahora se que hay algo después de la muerte, pero no me gusta, preferiría no estar consciente como lo estoy ahora, pero no hay nada que pueda hacer para cambiarlo, lo único de lo que estoy segura es de que duele, que en verdad lastima.