No, no soy rubia tampoco inglesa y mucho menos millonaria, por lo tanto no soy J. K. Rowling y ninguno de estos personajes me pertenece.


CAPÍTULO DOS.


¿Qué es engañar?

Como dije, siempre has pensado que la línea es un beso...

—Dime tu más oscuro secreto.

—No lo amo.

Una risa seca se oye del otro lado de la línea. Sabes que en realidad no es un secreto, porque él lo sabía desde hace tiempo y crees que tu novio comienza a sospecharlo. Al igual que tu mejor amigo. Pero para ti, eso es lo más oscuro que hay en tu alma. Incluso por encima de lo que estás haciendo en este momento.

—Dije secreto, querida.

Guardas silencio, mientras repasas todos los secretos que hay en tu mente. Quién copió en el último examen. Qué fue lo que de verdad pasó con la vajilla de tu madre. Quién le hizo el rayón al carro de tu padre. Qué es lo que verdaderamente opina tu mejor amigo sobre su exnovia. No hay nada de valor. Tu más oscuro secreto es el que compartes con tu interlocutor ahora mismo.

—No tengo ninguno.

—Entonces dime tu más oscura fantasía —pide él, sin tardanza.

Tu más oscura fantasía tiene que ver con asesinar al profesor que rechazó tu último proyecto de tesis, pero sabes que ese no es el tipo de fantasía por la que el rubio está preguntando. Con veinte años bien cumplidos, sabes perfectamente cuál es tu fantasía sexual preferida. Al contrario de lo que tu novio piensa, no tiene nada que ver con rosas y chocolates.

—Quiero que alguien me haga llegar usando sólo palabras.

—¿Eso es un reto?

oOo

¿Podría engañar ser algo más que un beso? ¿Qué tal una palabra? ¿Qué tal un pensamiento? ¿Qué tal un anhelo o deseo? Estás parada junto a tu mejor amigo, mientras tu novio está en la improvisada tarima, tratando que colocar todos los cables en orden. Sus padres salieron y sus hermanos mayores no dudaron un segundo para hacer una fiesta.

—¿Qué piensas? —pregunta tu amigo. Detrás de sus gafas redondas, sus ojos verdes te examinan —Te noto distraía últimamente.

—No es nada, problemas con la tesis —contestas. No estás mintiendo.

—Te comprendo. A mí el interinato me está volviendo loco —él, al contrario que tu futuro marido, optó por terminar una carrera en vez de sólo pelearse con los cables de su guitarra.

—Es más complicado de lo que pensabas, ¿eh? —dices.

Él te contesta algo, pero no le prestas atención, porque el rubio con chaqueta de cuero acaba de entrar a la casa de tus futuros suegros. No esperabas que estuviera aquí hoy y eso te altera. Notas como el rubio llama la atención de varias, entre las que se encuentra la ex novia de tu amigo. Él se pone tenso a tu lado y ahora tienes la excusa perfecta para salir de la casa.

—Vámonos de aquí —le dices al ojiverde tomándolo del brazo y caminando hacia el jardín.

—¡Ey, con que ahí están! —grita tu novio al encontrarlos, media hora después —¿Qué hacen aquí afuera? Estoy por empezar a tocar.

—¿Sabías que Malfoy iba a venir? —pregunta tu amigo sin rodeos.

—Ehhmm... quizá Ginny mencionó que lo invitaría. Creo que ahora son amigos o algo —contesta, pero se calla al ver la mirada que le echas —Creo que es mejor que se queden aquí. Bueno, si eso quieren.

—No, no, entremos. Hace mucho que no te veo en acción —dice Harry, pretendiendo tocar una guitarra de aire. Después, te rodea los hombros con un brazo y entran de nuevo a la estancia.

Mientras tu novio toca algo que no alcanzas a comprender, tu mirada se dirige a uno de los rincones de la casa. Ahí está Ginny, prácticamente subiéndose a las piernas del rubio. Él está muy sonriente, mientras le rodea la cintura con las manos. En un momento, la chica se acerca a su oído y parece decirle algo. El rubio asiente, provocando que la chica se pierda escaleras arriba. Malfoy espera unos minutos, antes de pararse él también. Cuando está al pie de la escalera, ve en tu dirección. Sin que él haga ningún gesto, tú lo entiendes.

—Ahora vuelvo, voy al baño —le dices a tu amigo para zafarte de él.

Sabes que el cuarto de la pelirroja está en el tercer piso de esta enorme cosa, por lo que concluyes que él te estará esperando en el segundo. Efectivamente, ahí está, a la vista de todos los que suben y bajan, esperando por ti. Se mete a una de las habitaciones y tú lo sigues. Es la recámara vacía de alguno de los hermanos mayores. En ella, ahora sólo hay cajas y un colchón vacío.

—¿Quieres saber cuál es mi más oscuro secreto? —te pregunta.

—No —contestas secamente.

Te acercas a él, colocas tus manos en su pecho y acercas tanto tu rostro al suyo que puedes sentir su respiración. No te atreves a ir más allá. Aunque quieres. Aunque te mueres de ganas. No lo haces, porque un beso es la línea. Él tampoco se acerca más a ti y entonces piensas que realmente no importa cuál sea la definición de engañar. Si sientes que estás engañando, es porque probablemente lo estás haciendo.

oOo

Así que, por fin tienes un oscuro secreto. Y te sientes bien por ello. Sabes que estás jugando con fuego, pero eso en vez de atormentarte te da una sensación de poder. Sabes que esta situación no va a llegar a buen término de ninguna manera. Sabes si algo se sale de control, la que más problemas va a tener serás tú, pero nada de eso te importa. Este nuevo secreto, es embriagador.

Así te has sentido las últimas semanas, desde que ese beso ocurrió. Así te se sientes esta mañana de domingo, cuando estás parada afuera de tu estación de trenes habitual, mientras esperas encontrarte con él. No, con Ronald, tu novio; sino con Draco, tu amante. Por fin te atreves a decir la palabra. Aunque es domingo y generalmente la pasarías en casa, decidiste que no habría mejor oportunidad para salir con él. Ronald está en el estadio, viendo un importante partido junto a su padre y hermanos, así que sabes que hoy no llamara. Además, tus padres piensan que fuiste con él, así que tampoco ellos molestarán.

—Hermosa, como siempre —dice tu rubio como saludo, mientras subes a su coche.

Es el halago que siempre te dice. En persona, en cada llamada, con cada mensaje. Nunca te lo crees. Eres bonita, sí, pero estás bastante lejos de alcanzar la definición de hermosa. Tú lo sabes, y él también, y es por eso que te lo dice. Sin embargo hoy, con tus tenis, con tu pantalón de mezclilla y tu blusa escotada sabes que hoy si eres hermosa. O quizá es sólo su compañía la que te hace sentir de esa manera.

—¿A dónde vamos? —preguntas.

—Al bosque —contesta.

Te ríes. Piensas que es una broma, que es una de esas cosas que te dice para despistarte y luego sorprenderte con algo como que "El Bosque" es una cafetería, o teatro alternativo, o un cine antiguo. Cuando lleva más de una hora en carretera, comienzas a ver que por una vez, su forma de sorprenderte fue diciéndote la verdad. Una vez en su destino, estacionan cerca de la entrada de esa gran reserva natural a la que el rubio denomina bosque.

—Suerte que trago chamarra —dices mientras bajas del carro.

Les toma otra media hora de caminata llegar hasta la laguna que el rubio quiere ver. Para ser domingo, hay muy poca gente. La mayoría son familias y muchas ya se están se retirando porque el implacable clima londinense se hace presente. No importa. Aunque termines empapada, la vista es espectacular y las nubes y la suave llovizna sólo ayuda a mejorar el paisaje. Draco te toma de la mano y te guía hasta un punto donde las raíces de los árboles están tan juntas que les impiden sentarse, pero a la vez, las copas los protegen de la lluvia.

Ahí la vista ya no es tan buena, pero eso deja de importarte pronto, pues el rubio te recarga sobre un tronco y comienza a besarte, ya sin la timidez de la primera vez. Más bien, demostrando la urgencia de la necesidad. Aunque respondes con energía al beso, una imagen lucha por abrirse paso en tu cabeza. La sonriente cara de Ron aparece y tú estás a punto de pedirle al rubio que pare, cuando él decide explorar tu cuello y hombros con su boca; tu espalda y trasero con sus manos. Instantáneamente, la imagen se desvanece.

Tus manos tampoco se quedan quietas y pronto estás explorando su pecho, su trasero, sus piernas. Le jalas un poco el cabello y cuando él lleva su mano hasta tu pecho izquierdo, colocas tu mano sobre la suya para indicarle que apriete más fuerte. Esa parece ser su señal y con su mano derecha te desabrocha el pantalón, para luego meter su mano dentro de el y comenzar a acariciar tu sexo. Espera a que estés húmeda y cuando comienza a oír tus gemidos te penetra con dos de sus dedos.

El continúa besando tu cuello y con la mano que no está ocupada dándote placer, te sujeta de la cintura. Cosa que agradeces, porque cuando estás por llegar tus piernas tiemblan tanto que sientes que en cualquier instante vas a caer al suelo. Cuando el orgasmo te golpea sólo atinas a sujetarte de sus hombros y esperas a que los espasmos pasen para abrir los ojos, que no habías notado, tienes cerrados. Te tomas un par de minutos para regular tu respiración y acomodar tu ropa. Sabes que esto no ha terminado. Sabes que él espera que ahora sea su turno.

Comienzas por intercambiar posiciones. Ahora es él quién está con la espalda contra el árbol. Lo besas suavemente y con las manos recorres su cuello, sus hombros, bajas por sus brazos y vuelves a subir tus manos para ahora bajarlas por su pecho. Subes por sus costados y terminas acariciando su espalda. Notas que el comienza a impacientarse. Tú te ríes descaradamente mientras sigues recorriendo toda su anatomía con calma. Cuando por fin llegas al botón de su pantalón lo abres y toma calma desaparece.

Metes tus manos en su bóxer. Sabes que están heladas pero en vez de que eso sea un problema, parece disfrutarlo. Comienzas un masaje firme, recorres todo su miembro, prestando especial atención a sus testículos. Siempre te has negado a hacer cualquier cosa con la boca, así que te has vuelto bastante habilidosa. Aún no sabes qué es lo que le gusta a él, así pruebas de todo un poco. Aprietas un poco la base, haces círculos con tus pulgares en la punta, lo recorres entero con ambas manos. Reafirmas que eres buena, cuando poco después él te avisa.

—Me vengo.

Es hasta un par de horas más tarde, cuando van de nuevo en el coche y estás observando el atardecer por la ventana, que la imagen del sonriente Ron se vuelve a colar en tu mente. Esta vez no hay nada que la haga evaporarse.