No, no soy rubia tampoco inglesa y mucho menos millonaria, por lo tanto no soy J. K. Rowling y ninguno de estos personajes me pertenece.


CAPÍTULO CUATRO

FINAL


—Te perdono.

Siguen en la estación. La gente entra y sale. Los trenes se van. Ronald no te voltea a ver y tú no te puedes mover. No entiendes lo que acaba de decir. Tu cerebro no llega a procesarlo. ¿Qué es lo que quiere decir?

—Sabía que algo no estaba bien entre tú y yo. Lo sabía y no quería aceptarlo. Creí que podíamos superarlo. Ahora me voy cuenta que sólo lo estaba ignorando. Yo te amo, ¿sabes? Te amo y es por eso que te perdono. También es por eso que prometo no odiarte... —por fin te mira a la cara. Sus ojos son sinceros y sabes que cumplirá su palabra. Aunque eso no impide que se te estruje el corazón —Adiós, Hermione. Que seas feliz.

Es así cómo su historia termina. Tantos años juntos desaparecen con un simple adiós. Cuando llegas a tu casa, tienes el corazón roto. Las lágrimas escurren por tus ojos, y das un portazo cuando entras a tu cuarto. Tu madre pregunta, le gritas la respuesta a través de la puerta. Han roto. Sufres esa noche. Sabes que no tienes derecho, que es lo que tú querías, pero una vez más tu corazón no entiende la lógica de tu cerebro. Así que simplemente te dedicas a sufrir.

Es sábado en la mañana, deberías estar preparándote para salir. En cambio, sigues en pijama. Cambias los programas en la televisión sin fijarte realmente en ellos. Tu celular vibra. Es la tercera vez en la semana que Draco te llama. Es la tercera vez que dejas que entre el buzón. Está vez, el teléfono te indica que dejaron un mensaje de voz. No lo escuchas.

oOo

—Al menos, ahora puedes estar con él libremente.

—Lo he ignorado desde ese día.

Estás con Harry. Tuviste que esperar un par de días para poder verlo porque es esa época del año en que los minutos libres son escasos. No es que te quejes. Las entregas y exámenes, que otros años encuentras asfixiantes, ahora son alivio, porque te ayudan a dejar de pensar en tu situación amorosa. En que eres infiel. Eras infiel.

—¿Quién es, Hermione? Ahora ya me puedes decir su nombre.

—Es Draco Malfoy.

Harry no dice nada. Arruga el sobre de azúcar que le echo al café. Termina los restos de este, que ya deben estar fríos. Alza la mano para pedir la cuenta y está sacando un billete de su cartera cuando te dice lo que probablemente termina de hundirte.

—Sabes que Malfoy se va a Estados Unidos al terminar este año, ¿cierto?

No, no lo sabías. El muy cabrón no tuvo tiempo de decírtelo en todas las horas que pasaron juntos. Nunca lo mencionó en sus llamadas. Jamás vino a cuento en todos los mensajes que intercambiaron. Sin embargo, no estás sorprendida. Él lo dejó bien claro desde el principio. No te ofrecía nada. Tendrías que dejar a tu novio, a tu futura familia, a la idea de la felicidad... todo, a cambio de nada. Y tú accediste a hacer el intercambio.

Cuando llegas a tu casa, por fin oyes el mensaje de voz. Dice que te espera el próximo sábado en la infame estación. No sabes si acudirás. Te miras al espejo e intentas convencerte a ti misma que es una mala idea. Ahora que Ron salió del cuadro y Draco se marcha, es tu oportunidad de volver a comenzar. De disfrutar tu último año, de conocer nuevas personas de ir y hacer las cosas que siempre quisiste hacer. El único problema es que no sabes que son esas cosas. Así la que la mañana del sábado, en vez de quedarte nuevamente en casa, te pones tu vestido más bonito y vas a su encuentro.

oOo

—Me lo debes.

—Querida, no te debo nada.

Es cierto. Es tan jodidamente cierto que no quieres aceptarlo. Han pasado los meses. La próxima semana es Año Nuevo. Todo este tiempo, has estado con él. Has salido con él, lo has besado a él, te has acostado con él. Has sido suya. Eso es lo que te carcome por dentro. Todo este jodido tiempo has sido suya. Pero él no ha sido tuyo.

—Lo más que te puedo dar es un boleto de avión.

Quieres abofetearlo. Te contienes, pero eso no impide que tu cara se ponga roja y te salgan lágrimas del coraje. Un boleto... cuando tú le estás pidiendo un compromiso, una promesa, una declaración de amor. Él te ofrece un pedazo de papel.

Tú no quieres dejar tu país, no quieres dejar a tu familia y amigos, no quieres dejar tu carrera ni lo tuyo para irte siguiéndolo a él. A él, que te dice que New York es hermoso es invierno, que podrás terminar tu carrera allá, que tienes un espacio en su cama.

¡Claro que sí! Porque eso es lo que significas para él: alguien con quien mantener la cama caliente. Por supuesto que tienes un espacio en ella. Las ganas de abofetearlo regresan con más intensidad.

—Dame un verdadero motivo para ir.

¿Es demasiado pedir? Ni siquiera estás pidiendo que te ame, estás pidiendo incluso menos que eso. ¿Qué te quiera? ¿Qué le importes? Cualquiera de esas cosas serviría para ti. Pero Nada es exactamente lo que te da.

—Salgo para allá la noche del 30. Quiero recibir el nuevo año en mi nuevo país.

"Te odio" murmuras mirándolo a los ojos. "Lo sé" parece responderte. Se observan fijamente por un par de minutos. Analizándose. Después, te toma firmemente de la mano y te jala fuera del café en dónde estaban. Te jala a través de las calles, por en medio de las personas. Te jala hasta un vestíbulo y dentro de un elevador. Para cuando entran a la habitación, no te importa que aún estés vestida, quieres sentirlo dentro de ti. Al parecer, él siente lo mismo.

Es entonces cuando lo sabes. Él no te promete nada, él te lo da todo. Con él no hay un futuro ideal, hay un presente maravilloso. Él no te dice que te ama... él te lo demuestra, esperando que tú lo sientas.

Y, por fin, lo sientes.

—Quiero el asiento de la ventanilla.