II. Stop (por miedo a las fabricaciones)

Contra todo pronóstico, Fleur Delacour era una mujer mucho más agradable de lo que solía demostrar cuando estaba en Hogwarts. Lo que era un contraste bastante marcado considerando la expresión apática en su rostro y el ligero snobismo con el que trataba a sus sus compañeros en clases. Sin embargo, Hermione podía decir que ahora conocía el lado amable y atento de la estudiante extranjera, que demostraba cuando estaban a solas en la sala de estar del departamento de la francesa.

Ronald seguía dándole esas miradas extrañas cada vez que mencionaba que estaba en camino a encontrarse con Fleur, pero al menos ya no hacía comentarios al respecto, aunque fuera porque Hermione lo había amenazado con hablar pestes a la francesa sobre su persona y al Weasley parecía importarle lo que ella podía pensar de él por alguna razón que no quiso saber porque seguramente no le encontraría sentido.

Harry por su lado era más discreto y aunque sus ojos verdes brillaban con astucia, era lo suficientemente inteligente como para no hacer gesto ni comentario alguno.


-Ella siempre está mirándote ¿sabes?- le dijo una tarde Luna, cuando se reunieron a su lectura semanal.

Hacía un par de años que la lunática Lovegood se había convertido en su perfecta compañera de literatura, algo que jamás esperó encontrar. Luna era realmente versada en autores clásicos y contemporáneos, y Hermione la conoció cuando su sed de conocimiento y curiosidad natural la había llevado a asistir a un curso de verano sobre escritura creativa donde descubrió que ambas compartían un interés profundo por los mundos distópicos.

Desde entonces, se encontraban periódicamente para recomendarse nuevos autores y libros o simplemente disfrutar de la buena compañía de otra persona que podía leer en silencio disfrutando sinceramente de la lectura.

-¿Quién?- inquirió, levantando la mirada de su libro con un poco de reticencia pero sabiendo que, si Luna era capaz de interrumpir la lectura, debía ser al menos un poco importante.

-Elsa, la chica de intercambio.- respondió Luna, mirando por sobre el hombro de Hermione hacia unas mesas detrás de ellas.

La castaña parpadeó confundida, para luego tener que aguantar una carcajada ante el error de Luna.

-¿Te refieres a Fleur, la estudiante francesa?- preguntó, intentando recuperar la seriedad. Cuando Luna pareció no reconocer el nombre, se apresuró a aclarar:-Elsa es el apodo que le inventó Ginny, ya sabes, porque es rubia como la protagonista de Frozen. En realidad se llama Fleur Delacour.

Luna torció la cabeza, mirando al vacío por unos segundos como solía hacerlo. Hermione esperó que su amiga procesara la información antes de continuar.

-Tal vez necesita algo. A ella he estado dándole las clases de tutoría que te mencioné.- dijo, más bien pensando en voz alta y se giró para enfrentar a la mujer en cuestión para sólo ver un borrón de pelo rubio que se perdía entre las estanterías enormes de la biblioteca.

-Ella se sienta allí siempre. Creí que había superado su timidez cuando las vi el otro día caminando juntas, pero tal vez no.- observó Luna, entrecerrando los ojos pensativamente.

Hermione se sorprendió, sin embargo pronto razonó que debía tratarse de los intentos de Fleur por saber si ella podía ser su tutora en literatura y sacudió la cabeza para despejar cualquier otra idea al respecto.

-El curso de Literatura Americana que toma comenzó este mes.- indicó Luna con la sencillez que se caracterizaba y regresó a su lectura.

Hermione se mordió la lengua para no preguntar hacía cuánto que Luna notaba a Fleur observándola. Pero se detuvo, en un absurdo momento de orgullo por no demostrar todo el interés que sentía al respecto.


-No entiendo por qué el profesor Flitwick está tan obsesionado con el tal Cortazar, ni siquiera usa los signos de puntuación adecuadamente.- observó Fleur una tarde, inesperadamente frustrada.

Hermione sonrió con simpatía, pasando distraídamente los dedos por la tapa del libro que la francesa acababa de dejar sobre la mesa.

-Rayuela es un gran libro, pensé que te gustaría. Ya sabes, gran parte ocurre en París.- dijo vagamente, despegando la mirada del libro para encontrarse con la de Fleur, a la que había aprendido a enfrentar con más entereza las últimas semanas.

La rubia guardó silencio un segundo, para luego resoplar y cuadrarse de hombros, empujando delicadamente un mechón de su larga cabellera que había caído sobre su rostro. Fue un movimiento sutil, casi mundano, pero Hermione no puedo hacer otra cosa que seguirlo con la mirada atentamente.

-Estoy seguro que es tan bueno como las matemáticas, las disfrutas sólo cuando las entiendes.- respondió la francesa haciendo una mueca, poniendo las manos en sus caderas sin abandonar su postura orgullosa.

Hermione dejó escapar una risa ligera por la comparación.

-Es un libro interesante porque puede leerse de muchas maneras, su estructura de secuencias sueltas…- comenzó a divagar la inglesa, deteniéndose para centrarse en lo importante :-¿Qué es lo que tienes que hacer con este libro?

-Un ensayo, el profesor espera que hagamos un análisis de un libro que elijamos de un listado seleccionado por él . Lo elegí pensando que sería fácil porque, como dijiste, gran parte sucede en París...- señaló Fleur para terminar encogiéndose de hombros y Hermione sabía que aquello sería lo más cercano que estaría de admitir su equivocación de subestimarlo.

-Ya deja de quejarte y veamos qué hacer con esto. Por suerte para ti, ya lo he leído.- sonrió la castaña, tomando el libro en cuestión y abriéndolo en el primer capítulo.

-¿Lo has leído de las dos maneras?- inquirió entonces Fleur, tomando asiento a su lado, acercándose de manera que podía leer la página que estaba abierta y que para mala suerte de Hermione, era demasiado cerca de ella, al punto de rozar sus muslos.

-Sólo de la manera tradicional.- respondió escuetamente, esperando no estar sonrojándose luego de percibir el perfume floral de la francesa y porque se había inclinado hacia ella para olisquear un poco más y temía que Fleur lo hubiera notado.

-Comencé a leerlo de la otra manera… pero voy lento.- admitió la rubia, torciendo ligeramente los labios en una mueca.

Hermione asintió, empujando el libro en las manos de la otra esperando que eso la hiciera retroceder. Sin embargo, aunque Fleur parpadeó curiosa, ni siquiera hizo un ademán de alejarse.

-Entonces comienza por donde lo has dejado.- indicó, ante su mirada perpleja.-Además, te servirá para practicar tu español.

Notó que parecía estar a punto de negarse, pero entonces sus ojos cerúleos brillaron ante el desafío y la vio cuadrarse de hombros y buscar la página con diligencia.

- "¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que…"


Hermione descubrió que la fama de fría e inaccesible que tenía la francesa podía ser acertada y totalmente equívoca dependiendo del lado que Fleur decidiera demostrar.

Porque la francesa de belleza etérea también era capaz de sentir la lujuria como cualquier mortal. Lamentablemente, lo descubrió quizá de la peor manera, que resultó la de ser una simple espectadora de los sucesos.

En su defensa, que la noche terminaría de aquella manera era muy difícil de predecir. En primer lugar, porque jamás se imaginó que Delacour descendiera de su pedestal y se mezclara en una fiesta universitaria donde abundaba alcohol de mala calidad, algo muy distinto a las botellas de vino caro que exhibía en las estanterías de su departamento.

Segundo, ni siquiera había tratado con ella realmente durante casi toda la noche, ya que Fleur parecía ignorar por completo su presencia, a pesar de que estuvo en compañía de Bill en algunos momentos y él sí los había reconocido. El Weasley olía a marihuana y cerveza, y Hermione justificó a la francesa al concluir que también podía haber fumado y esa era la razón de su estado enajenado.

Es decir, ni siquiera se dignó realmente a mirarla aunque estuvieran en la misma habitación. A pesar de la masa de cuerpos y la falta de luz, Hermione todavía podía verla y sabía que Fleur también podría, si quisiera.

El epítome de la noche fue cuando necesitó ir al baño, después del cuarto vaso de cerveza que estaba usando para adormecer su ansiedad al respecto. Subió los escalones de dos en dos y atravesó el pasillo de la casa, esquivando cuerpos sudorosos y sin atreverse a mirar hacia las habitaciones donde muy por seguro habría parejas o tríos con las hormonas hasta la nuca.

No esperaba, sin embargo, empujar la maldita puerta del baño y encontrar a dos mujeres prendidas la una de la otra al punto de explorarse las gargantas mutuamente en una batalla de lenguas.

Y definitivamente no esperaba que, de todas las personas en aquella fiesta, una de ellas fuera Fleur Delacour.

Algo se quebró en el interior de Hermione cuando el sonido estridente de la risa avergonzada que profirió la compañía de la rubia al ser descubiertas le estalló en los oídos aún más fuerte de lo que lo hacía la música.

-L-lo siento.- murmuró torpemente, tras unos segundos equiparables a un pequeña eternidad.

Notó la mirada dura de los ojos cerúleos y aquella expresión que no podía leer y se marchó, azotando la puerta detrás de ella. No quería pensar en las manos de Fleur apretando el trasero de aquella otra mujer, o el labial corrido de sus labios cuando se giró a mirarla, ni siquiera en el deseo crudo que había en sus ojos.

Salió de la casa casi sin darse cuenta, encogiéndose en sí misma y caminando en línea recta de regreso a su habitación en el campus. Su necesidad de huir se alimentaba del pensamiento paranoico de que Fleur se molestaría con ella por haberla interrumpido.

Pocos minutos después, el cielo que había estado nuboso y oscuro finalmente dejó escapar el agua en forma de gotas pesadas y frías que traspasaron con facilidad su ropa. La lluvia caía sin reparos, casi con violencia, como si intentara calarle los huesos.

Pero nada de eso la detuvo, puesto que su cerebro estaba demasiado entumecido para interpretar las señales de su cuerpo, ocupado en apagar cualquier emoción que pudiera haber producido aquel encuentro abrupto.

Después de casi una hora de caminata, finalmente llegó hasta el edificio de residencias en el que vivía, ingresando al hall completamente empapada para encontrar a una tranquila Luna sentada en uno de los sillones, mirando el exterior contemplativamente a través de los grandes paños de cristal.

Sin saber qué más hacer, se acercó a su amiga, sentándose en el sillón a su costado, o más bien dejándose caer sobre este sin importarle mojarlo. Notó que respiraba agitadamente, probablemente por la caminata intensa, y que gruesos mechones de su pelo goteaban agua copiosamente.

-¿Saliste a dar un paseo?- le preguntó la rubia, sosteniendo una taza entre sus manos llena de un líquido humeante, que a Hermione no le interesó identificar pero tenía toda la apariencia de ser un brebaje raro.

Asintió con un sonido hueco, mientras la diferencia entre el interior y el exterior hacía que fuera consciente de que estaba temblando. Probablemente por la lluvia fría y la calefacción insuficiente.

-Fui a una fiesta en la casa de alguien que no conozco.- dijo, con la voz ronca.

-Nunca me gustaron esas fiestas. Pero supongo que tendrán algo interesante.- suspiró Luna, para después darle un sorbo a su bebida.

Hermione no respondió, sólo porque la observación de su amiga había revuelto algo en su cuerpo, más específicamente en su estómago. Recordó cómo se le había estrujado ante el descubrimiento en el baño y cómo su garganta se había cerrado tanto que no pudo reconocer las intempestivas náuseas durante todo el camino de regreso.

Y las náuseas venían de un sentimiento oscuro, que no quería reconocer pero que poco a poco salía a la luz como algo mezcla de sorpresa, celos y decepción. Sentimientos que no pensaba relacionar a Fleur de aquella manera como tampoco pensó encontrarla en un escenario similar.

Y jamás que le afectaría tanto, llegando a ser un dolor físico, ver a Fleur Delacour besar y tocar a otra mujer.

Entonces recordó la sensación cálida producida por el sonido de su voz recitando con un poco de torpeza las palabras del libro de la última vez. Se preguntó por qué su sangre hervía así ante el recuerdo de los labios de Fleur moviéndose para recitar las oraciones que ahora se superponía al de los mismos labios besando con fiereza otra boca, mientras que su piel parecía helarse tan bruscamente dejándola al punto de no ser capaz de distinguir el material del sillón mullido en el que estaba sentada y limitar su sentido del tacto a las gotas frías que persistían sobre su cuerpo.

-Hermione, tienes fiebre.- dijo entonces Luna, que había estirado una mano para tocarle ligeramente la frente con el dorso de sus dedos.

La castaña la miró, siendo consciente entonces de la mano de la rubia que trajo de regreso su mente a donde estaba su cuerpo físico.

-Te acompañaré a tu habitación. Parece que la lluvia te caló hasta los huesos.


Hermione pasó todo el fin de semana encerrada en su habitación en un extraño cuadro febril, lo que atrasó todas las tareas que tenía pensado adelantar para ese mes.

Sin embargo, disfrutaba del letargo de una manera que no había tenido el placer en sus poco más de veinte años de vida. Escribió un par de mensajes a sus padres para hacerles saber que aunque pescó una gripe, estaba bien; a Ginny para disculparse por desaparecer de la fiesta y Harry y Ron para que estén al tanto.

Sus dos amigos aparecieron en su habitación ese mismo día para llevarle provisiones y asegurarse de que no estaba haciendo esfuerzos innecesarios. Incluso instalaron la playstation 4 de Harry y jugaron con el Weasley un par de juegos de survival-horror que la ayudaron a abstraerse de la realidad.

No hubo señales de Fleur en aquellas largas cuarenta y ocho horas que Hermione permaneció en reposo. Y, como siempre, razonó que no era necesaria ninguna comunicación puesto que la rubia parecía estar llevando bien su trabajo.

Sin embargo, la verdad es que el tiempo compartido con Fleur había pasado volando, y Hermione no quería admitir lo mucho que se acostumbró, e incluso dio la bienvenida, a la presencia de la francesa en su cotidianidad.

Pero decidió desterrar esa inquietud al fondo de su mente.

Afortunadamente, el lunes ya se sentía lo suficientemente fuerte como para salir y no perderse las clases.

Si todo sería como estaba previsto para sus rutinarios comienzos de semana, no se encontraría con la estudiante francesa puesto que ella tendría sus clases en el otro extremo del ala de Ciencias Sociales. No quiso preguntarse por qué parecía tan importante esquivar a la mujer, pero algo visceral dentro de ella, completamente irracional, lo impulsaba.

Y todo fluyó del modo correcto hasta pasado el mediodía, cuando se sentó debajo de su árbol preferido a la orilla del lago negro, destapando con cuidado su tupper para almorzar en paz.

Entonces, su celular vibró delante de ella y la pantalla se encendió para dejar ver el número de Fleur.

Se congeló por un momento, con los ojos fijos en la pantalla que se apagó luego de unos diez segundos eternos. El olor persistente de su comida todavía tibia le recordaron que debía alimentarse apropiadamente si quería terminar de recuperarse. Tomó su tenedor y apuñaló su comida, dando un buen bocado que masticó lentamente, con la mirada perdida en la superficie del lago.

Otra vez, sus pensamientos se escaparon sin aparente retorno, dejándola con esa sensación de cáscara hueca. Progresivamente la comida perdió su sabor y con eso ella perdió su apetito.

Dejó el tupper a su costado, cerrándolo con cuidado para no volcar las sobras cuando lo guardara en su bolso y se echó hacia atrás, apoyando su espalda en el tronco fresco del árbol. Sin mucho más que hacer en aquel bache de un par de horas hasta su próxima clase, cerró los ojos para descansar.

Pasó un tiempo indeterminado hasta que escuchó unos pasos acercarse, y estaba dispuesta a ignorarlos si no fuera porque se detuvieron justo frente a ella.

Y como si su día terminara y comenzara en el momento en que abrió los ojos, Fleur Delacour se materializó ante ella en todo su esplendor. Parecía etérea la forma en la que su cabello rubio estaba suelto desprovisto de su habitual moño ordenado, reflejando el sol con delicadeza a la vez que se mecía al viento con gracia.

Hermione sintió que el corazón daba un salto en su pecho al punto de ser un golpe doloroso contra sus costillas. Vagamente, se llevó los dedos de su mano derecha hacia allí, acariciando la porción de piel mientras sentía su garganta repentinamente seca.

Fleur permaneció en silencio, siguiendo el movimiento con sus ojos cerúleos. Y por un momento Hermione pensó que tal vez estaba alucinando.

-¿Comment vas-tu?

Pero no estaba en un estado de delirio místico suficiente como para materializar alucinaciones que pudieran hablar, o eso creía.

-¿Qué…?- murmuró torpemente, agitando la cabeza para despejar su mente e interpretar la pregunta.-Ça va…

Fleur entrecerró los ojos, poniéndose en cuclillas para observar su rostro más detenidamente.

-Harry me dijo que estuviste enferma este fin de semana.- habló entonces, y Hermione luchó por recordar cómo respirar.

-Una gripe. No fue nada, estoy bien ahora.- respondió, luego de aclararse la garganta.

Fleur hizo una mueca, demostrando lo poco convencida que estaba al respecto.

-Probablemente podrías haberlo evitado, ya sabes, caminar bajo la lluvia a la madrugada puede enfermarte.- dijo como si realmente se tratara sólo del clima y de caminatas y no de una huida improvisada.

El recuerdo de la mirada cruda de Fleur esa noche la golpeó, quizás porque estaba viendo otra vez esos mismos ojos cerúleos. Se sintió sonrojar y esperó que la francesa no fuera tan lejos como para señalarlo.

-Me gusta caminar bajo la lluvia.- fue todo lo que se le ocurrió y supo que era una respuesta tonta gracias a la sonrisa burlona en los labios rojos de la otra.

-Qué bueno que al menos lo hayas disfrutado. Hay pocos placeres sencillos en la vida.- observó Fleur, todavía en una línea de comportamiento extraño, que tenía a Hermione caminando en una cuerda floja.

Sentía que, de caerse, iría directo a la grieta que se abrió cuando, esa noche, algo explotó en su cara respecto a lo que la hacía sentir Fleur.

Se limitó a asentir, negándose internamente a soltar alguna otra tontería.

-Te hubiera detenido de haberte visto. Lamentablemente a William no se le ocurrió.- suspiró la francesa, pasándose las manos por las piernas contemplativamente antes de incorporarse.

Hermione arqueó una ceja curiosa que Fleur interpretó a su capricho.

-No recuerdo mucho de lo que pasó. La hierba que trajo William esa noche literalmente me llenó de humo la mente.- explicó con un gesto de su mano.-No hubiera aceptado ir si no fuera por la media botella de whisky de fuego que nos bebimos en la cena.

La castaña notó que el comentario estaba destinado a aligerar el ambiente, pero sólo consiguió asentar un bulto aún más denso en su estómago.

-Parecías… fuera de ti esa noche.- murmuró, ante un flash inevitable de imágenes de la rubia en la fiesta.

-¿Hablamos...?- preguntó, mirándola con una curiosidad mucho más abierta y totalmente diferente a lo que había sido su actitud durante toda la conversación.

-No realmente.- negó rápido Hermione, decidiendo que ese era su momento de marcharse de allí antes de que Fleur indagara aún más.

Hizo como que no notaba la mano de la mujer cuando se la ofreció para ayudarla a incorporarse y tomó aire para terminar despidiéndose con una frase escueta medio murmurada entre dientes.

Estaba comenzando a alejarse cuando escuchó la voz de Fleur llamarla con un volumen suficientemente alto como para no poder fingir que no la había oído. Se giró a mirarla, disimulando su impaciencia cuando la rubia se tardó más de lo necesario en hablar.

-¿Tienes algo que hacer el jueves…?- comenzó y Hermione interrumpió la pregunta, apurada por responder.

-No realmente. Así que puedo darte clases este jueves. ¿A la misma hora de siempre? ¡Bien, nos vemos!- monologó con rapidez, sin dar tiempo a respuestas.

Volvió a girar sobre sus talones, caminando casi a zancadas en la dirección opuesta a Delacour, demasiado asustada por sus sentimientos encontrados.


Hola! lo prometido es deuda, (pero pago mis deudas de a poco). Quiero aclarar que no sé muy bien cómo funciona el sistema universitario inglés, así que me tomé algunas libertades artísticas al respecto. JE. (si alguien sabe y quiere iluminarme, bienvenido será)

Me encantaría saber qué piensan al respecto de la historia, sobretodo porque en el próximo capítulo habría smut... que en realidad no escribí porque como dice la calificación este fanfic es rating T. Debería ser M?

Otro pequeño gran detalle es que escribí esta historia usando/citando/parafraseando partes del libro mencionado (Rayuela, de Cortazar). Uno de mis libros favoritos (quién que lo haya leído NO se enamoró de la Maga? Ji).

Gracias por sus follows, favs, y comentarios, me encanta saber lo que piensan al respecto.

AleRRmz: hola! me alegra saber que te resulta interesante :D, sí, está completa con la posibilidad de modificar alguna que otra cosa, por eso la iré subiendo de a capítulos. Gracias por tus ánimos! si apruebo beberé hasta la inconsciencia para festejar, y sino, para ahogar penas, ja! Gracias por leer! (pd: no sé que me hago la rockstar si después no sobrevivo a la resaca.)

Omaribacache316: buenas! muchas gracias por los deseos de buena suerte! que bueeeno que te guste la idea :) es lindo saberlo. Espero que hayas disfrutado de este cap, pronto vendrán más. Gracias por leer!

Loreley: Ok! qué bueno! jajaja ;D espero que con este capítulo lo estés aún más! jeje gracias por leer!

En fin, espero sus comentarios, nos leemos pronto!