Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, si no que a la genial Rumiko Takahashi.

Hago esta historia por entretención mía y de los lectores de este cool anime/ manga.

Y ahora sí.

Let Go!

Tan sólo tres meses.

Como si fuera el primero.

Cambio la página y volvió a mirar con nostalgia las imágenes colocadas estratégicamente en ellas.

Sonrió dulcemente al contemplar una de las fotografías… a continuación la sacó del papel transparente que la mantenía segura de ser manchada y la acercó más a sus caobas ojos.

Pasó su dedo índice sobre la infantil cara sonriente varias veces y finalmente la junto contra su pecho fuertemente, casi arrugando la imagen impresa.

"El tiempo pasa rápido"-susurró a la soledad de la habitación…-"No puedo hacer nada…"-se lamento.

Escuchó ruido abajo, una puerta golpearse algo brusco y pasos estrepitosos y rápidos subiendo por las escaleras como si algo viniera persiguiéndola.

"Apártate Souta"-escuchó ordenar algo enfadada a Kagome y a el menor de los Higurashi chocar su espalda contra la pared.

La señora Higurashi dejó la foto de una Kagome infantil sobre la cama y salió de la habitación, ubicó su vista donde había escuchado la voz de su hija, su rostro se alarmó cuando la vio reclinada sobre el retrete vomitando con energía y a Souta en el marco de la puerta observándola preocupado.

"¿Estas bien hermana?"-pero en respuesta sólo recibió jadeos.

"Kagome"-corrió los poquitos pasos que quedaban de su pieza al baño y se hincó junto a ella para sobarle la espalda-"Tranquila"-le dijo.

La madre de la muchacha cortó un buen trozo de papel confort y se lo pasó por los labios a Kagome.

Ella sólo la miro con ojos desorientados, se levantó del suelo tambaleando un poco y se acercó al lavamanos para poder enjuagarse la boca de aquel acido sabor.

"¿Te duele el estomago?"

"Hmp"-Kagome no pudo decir mucho con el cepillo de dientes en la boca, escupió, se echo agua nuevamente en la boca, volvió a escupir… cuando ya sintió que no quedaba nada de aquel amargo sabor se volvió hacia su madre que la miraba expectante-"No me siento bien mamá…"-su voz sonó débil.

"Souta ¿puedes prepararle un te de manzanilla a Kagome por favor?"-

"Esta bien mamá"-El niño dio una compasiva mirada a su hermana y desapareció escaleras abajo.

"¿Son las pastillas otra ves?"-preguntó la madre cruzándose de brazos.

"Si, no me sientan bien… me quitan el dolor de cabeza, pero atacan mi estomago… el doctor dijo que pasaría…"-suspiro resignada saliendo del cuarto de baño.

"Por cierto…"-su voz sonó como si hubiera recordado algo muy importante-"son las once de la noche ¿Dónde has estado?"-enarcó una ceja.

"Yo…"-Kagome se sonrojó furiosamente, daba gracias a Dios de estar de espaldas, así su madre no vería el color de su cara.

"Sango llamó hace unas tres horas atrás… tenía cierto timbre preocupado"-reflexiono la mujer.

Madres… nunca se les escapaba nada.

Kagome volvió a suspirar y se giró encarando a su madre.

"Le conté la verdad a InuYasha mamá"-comenzó y espero en silencio a alguna pregunta de su madre pero esta al revés esperaba que la muchacha continuara-"No se lo tomó del todo bien primero… Y cuando estaba con Sango en el restaurante nos encontramos con Miroku… nos contó que lo había visto en la playa…llorando…"-Kagome examino el rostro de su mamá, el cual ante la noticia no pudo evitar poner una expresión de asombro.

"InuYasha llorando…"-repitió para si.

"Cierto, es tan difícil de creer… lloró como un niño mamá…"-Kagome apoyó su espalda en la pared fijando su vista en el piso-"Finalmente lo asumió… y el resto…"-trago un poco de saliva rogando para que su voz sonara natural-"La pasamos conversando…"

"Ya veo"-La señora Higurashi se puso al frente de Kagome-"Kagome vive todos estos momentos con entumíamos ¿si?"-sonrió.

"Si mamá"

.

.

.

La castaña abrió sus ojos sorprendida.

"Tan rápido"-chilló con voz divertida.

"¡Sango!"-gritó sonrojada a más no poder-"Que quieres que haga… no tengo tanto tiempo"-bufó con el ceño fruncido.

"Bromeo…"-volvió a su labor de cortar la carne y ponerla en el sartén-"Al menos eso es una gran recompensa para él"-sonrió con picardía provocando que las mejillas de la trigueña se volvieran aun más coloradas.

"Pero es extraño sabes…"-tomo una manzana de la cesta de frutas y jugo un rato con ella deslizándola por la mesa de la cocina.

"¿Qué es lo extraño?"-Sango le dio una mirada por sobre su hombro y volvió a echar otro trozo al sartén, el aceite salto un poco.

"Mis primeros pensamientos cuando supe lo que tenía… son contradictorios en cierto punto"

"Contradictorios… no te entiendo"-Esta vez Sango dejo lo que estaba realizando para fijar toda su atención en su amiga que parecía absorta en la manzana.

"Mis pensamientos fueron…

Aun no he hecho todo lo que he planificado para mi vida…

No le he dicho suficientes veces a mamá, al abuelo y a Souta que los quiero…

Aun no me compró el último tomo del libro que me gusta…

Aun no he tenido novio

No he podido decirle lo que siento…

¡Dios, aun soy virgen y tengo veinte y uno!

I N U Y A S H A…."-Su voz sonó con cierta angustia reproduciendo sus pensamientos de aquella vez de forma literal…

"¿Aun no he tenido novio?"-repitió Sango alzando una ceja-"¿Aun soy virgen?... pero si estuviste con Houjo"-La castaña le dirigió una mirada incrédula.

"Por eso… puedes creerlo… lo olvidé por completo…"-suspiró con ojos culpables-"Era como si nunca hubiera existido"-musito juntando sus manos sobre su pecho-"¿Qué tan egoísta soy?"

"Que digamos nunca estuviste muy enamorada de Houjo…"-le recordó Sango abanicándose con su mano-"Le diste una oportunidad porque yo te sugerí que quizás deberías intentarlo"

"Pero Sango… en mis pensamientos lo olvide totalmente… virgen…sin novio…"-se rió sin ganas-"Que mala…"-susurró entrecerrando los ojos.

"Ummm…es difícil de entender"

"Cuando conocí a InuYasha sentí una fuerza magnética más haya de lo normal, una atracción indiscutible… cuando lo conocí fue como si todo mi pasado se hubiera borrado… como si sólo existiera él… y como si de ahí mi vida hubiera comenzado recién…"-Ladeo un poco su rostro para mirar a Sango que parecía meditar lo que decía-"No sé… de igual forma me duele pensar que para mi Houjo significo tan poco, tanto que lo hubiera olvidado en tantos grados"

"O quizás InuYasha ha significado tanto para ti desde que lo conociste que olvidaste el pequeño espacio que ocupaba Houjo en él"-razonó la joven tratando de reconfortar a su amiga.

"Realmente nunca ocupo demasiado"-suspiró sintiéndose mal por aquello.

"De todas formas solo lo hicieron un par de veces"-trató de consolar Sango.

"Me hubiera gustado realmente que con InuYasha hubiera sido la primera vez… quizás por eso también trate de olvidar aquello…me agradaba que pareciera impresionado por no haberle tomado mucha importancia cuando nos conocimos… esa ves si no me hubiera contado todo eso sobre chicas que se le lanzaban y demás… yo hubiera quedado embobada mirándolo por aquella atracción indescriptible que me provoco en ese momento…aun que pude disimular bien…"-sonrió para si.

"¿Y acaso no lo fue?"-Sango caminó hasta Kagome y se puso frente a ella sonriéndole de forma sincera.

"¿Acaso no lo fue qué?"-preguntó confundida.

"Acaso no fue como si fuera la primera vez con InuYasha…"

"Tienes razón…estaba tan nerviosa Sango"-rió-"Aun que no es el primer… es como si fuera el primero…"-

"Da igual… lo que sucedió con Houjo fue algo raro, si yo hubiera sido tú también lo hubiera olvidado…"-rió de buena gana volviendo a su labor de cortar la carne y ponerla en el sartén con aceite hirviendo.

"Quizás que será de él"-dijo absorta en sus pensamientos… tratando de recordar su rostro… pero por más que lo intentó se borraba fácilmente de su mente… habían pasado cuatro años desde aquello…-"Y ¿qué comeremos hoy?"-Se acercó con el rostro ansioso mirando las hoyas para ver que había en ellas.

"Carne con arroz a la primavera y ensalada…pero aun no la preparo"

"Yo te ayudo"-Kagome abrió el refrigerador y comenzó a sacar la lechuga, para cuando se disponía a cerrar la puerta del refrigerador un dolor punzante estremeció su cerebro provocando que soltara un grito agudo y de sus manos se cayera la verdura.

"¡Kagome!"-Sango corrió en su ayuda cuando la vio desvanecerse logrando evitar que se golpeara duro con la cerámica-"Kagome… Kagome"-repitió su nombre angustiosa…

La muchacha tenía la mirada perdida, opaca, el color se había ido de su piel… y su cuerpo estaba totalmente inerte.

"Maldición"-masculló angustiada.

"Sango"-logró decir volviendo a tener un leve conocimiento de su alrededor… veía a su mejor amiga bastante borrosa.

"Gracias a Dios…"-la abrazó.

"¿Qué…me pasó?"-se llevó una mano lentamente a la cabeza apretándola en la zona como muchas veces lo había echo.

"Te desmayaste… sólo unos segundos"-la ayudó a levantarse, le movió una silla y Kagome se sentó en ella aun desorientada.

"Odio cuando me pasa esto…"-apoyó un codo sobre la mesa y su mejilla en la palma abierta de esta.

"Te tomaste tus pastillas ¿cierto?"-Sango se acercó a la llave y la hizo correr para llenar un vaso con agua que luego se lo entrego a Kagome.

"Si… de echo hoy en la mañana vomité por lo mismo… son mierda en mi estomago"-refunfuñó bebiendo el fresco líquido.

"Esa mierda como tú le dices te ayuda a apaciguar el dolor"-le recordó Sango volviéndose a la cocina para apagar el fuego del arroz.

"Lo sé… sólo que no deja de ser frustrante"

"Supongo"

"InuYasha me ofreció realizarme la quimioterapia"-le dijo de pronto.

Sango le dirigió una mirada cautelosa conteniendo su esperanza de que su amiga accediera a realizársela.

"¿Y…?"

"No sé Sango… como futura médico que pretendía ser… se muy bien que la quimioterapia es también riesgosa… no quiero terminar calavérica, sin cabello y sin fuerzas…"-frunció un poco las cejas cuando una suave punzada atravesó el lado izquierdo de su cabeza, pero desapareció tan pronto como llego.

"PERO… ¿Podrías intentarlo?"-Intentó convencer Sango.

"Otra más que me dice lo mismo…"-blanqueo sus ojos.

"Es por algo"-trató de conciliar.

"Es que yo…"-sus labios se sintieron secos… tomó un poco más de agua.

"Kagome… por favor"

"Tú, Miroku, InuYasha y yo sabemos muy bien que eso no sanará lo que tengo, con suerte la alargará un mes más…y NADA más"

"Un mes en la vida humana es MUY importante"-trató de rebatir-"Puedes hacer muchas cosas geniales en un mes"-sonrió ampliamente para que eso apoyara su propuesta.

"¿Cómo qué?"-Kagome la miró con aire aburrido desde su lugar. Sango le dirigió una perversa mirada.

"Tener más sexo"-rió con las mejillas rojas de vergüenza al decirlo, pero fue lo primero que se le ocurrió para quitar ese rostro de dolor en la joven-"Bromeo, pero no deja de estar dentro, podrías compartir más con InuYasha, hacer más de todas las cosas que habías planeado para adelante"-trató de alentarla.

"Viviré un mes más pero débil"-contra-ataco.

"Vivirás un mes más con los que te quieren"

"Lo más probable es que con mayor razón pierda la conciencia"

Sango guardó silencio unos momentos. Era mejor dejar la discusión hasta ahí… pero el tiempo no corría a favor de ellos, tenían que convencer a Kagome de ello como plazo mínimo en una semana más… así como iban pasando los días… pronto sucedería lo inevitable.

El leve color apagado de los ojos de Kagome le anunciaba ello… se oprimió su pecho pero lo ignoró.

"Bien… la carne esta lista, sólo la falta la ensalada…"-Kagome aplaudió ante el anuncio de Sango y se dispuso a tomar del suelo la lechuga.

.

.

.

Nuevamente se encontraba en aquel pasillo oscuro, pero ahora junto a ella caminaba él a su lado, algo que la sorprendió, él la tenía fuertemente tomada de la mano.

El aire ya no era tan frío, si no más bien agradable, cálido y acogedor…

Y aunque el pasillo seguía siendo tan oscuro y tenebroso como siempre, al tener a InuYasha a su lado aquella inseguridad no estaba en su ser, como si nunca hubiera existido.

Era agradable saber que se podía enfrentar a ello sin tanto temor…

Tan solo pestañeo una vez, y cuando lo hizo él ya no estaba a su lado, todo se volvió tétrico… un escalofrío recorrió su espina dorsal y hasta el calor de breves momentos que su mano había recibido al tenerla atrapada en la de él había desaparecido.

Corrió hacia aquella tenue luz esperando encontrarlo pero no lo hayo al llegar ahí…

Estaba sola.

Kagome abrió los ojos de forma abrupta sentándose en la cama respirando agitadamente, aquel sueño… si es que se podía decir así, ella prefería calificarlo como pesadilla a medida que pasaba el tiempo cambiaba una y otra vez…

Apretó con fuerzas las sabanas contra su pecho, inhalo y exhalo una y otra vez para recuperar el aire que al parecer no quería volver a llenar sus pulmones. Cuando logró calmarse recién se fijo en el reloj.

¡Llegaría tarde a clases!

Al principio se apresuró a salir de la cama, pero de pronto detuvo su caminar hacia el armario…

No tenía porque ir… digamos que no le servía de mucho.

Prefería quedarse ese día mejor en casa, hablando con su mamá, jugando con Souta a aquel juego de Play Station que lo tenía tan obsesionado, o escuchando las aburridas leyendas del abuelo.

Cosas tan comunes como esas se habían vuelto algo necesario y primordial para ella.

Kagome no demoró mucho en cambiarse de ropa, poniéndose un pantalón corto que le llegaba un poco más arriba que la rodilla de color violeta y una polera con tirantes negras, era una de sus vestimentas favoritas para estar en casa, además de frescas para un día caluroso como ese.

Al bajar se encontró con su madre preparando el almuerzo.

"Al fin despertaste"-le sonrió ella mientras cortaba unas zanahorias-"¿Cómo amaneciste cariño?"

"Muy bien… ¿Por qué no me despertaste?"-Kagome se sentó cerca de su madre mirándola abiertamente.

"No encontré que fuera necesario, te veías muy tranquila durmiendo"-Kagome hizo un gesto reprobatorio mentalmente recordando su sueño/pesadilla.

"Ah…"

El teléfono se escuchó sonar a lo lejos, nadie le presto demasiada atención, por lo que Kagome se vio obligada a pararse de su lugar e ir a cogerlo algo molesta.

"Alo…"

"¿Por qué no viniste?... ¿Estas bien? En seguida voy para haya"-Habló muy rápido, tanto que la muchacha casi ni le entiende lo último que dijo.

"Tranquilo, estoy bien, no me pasa nada"-enrollo su dedo en el cordón del teléfono mordiéndose levemente el labio inferior.

"Y entonces ¿Por qué no viniste a clases?"-exigió saber.

"Me quede dormida, InuYasha"-se excuso sintiendo la sobre-protección de InuYasha, algo que le pareció bastante agradable.

"De todas formas iré para haya"

"Buena suerte, mamá esta preparando el almuerzo… ¿Pero no tienes más clases ahora?"-pregunto como si lo hubiera recordado de repente.

"Si, pero no importa"-respondió seguro.

"No seas tonto, ve a tus clases"-frunció el ceño he hizo un mohín con la boca.

"Quien me lo dice"-reprochó.

"Yo no las necesito demasiado…tú si"-escuchó un gran silencio del otro lado, y luego la lenta y pesada respiración de él.

"Yo tampoco"-gruñó con determinación

"InuYasha no empieces"

"Voy para haya, fin de la conversación"-repuso, y antes que ella pudiera decir algo más él ya había colgado satisfecho.

"Siempre tan dominante"-suspiró dirigiéndose a la cocina con una gran sonrisa.

Cuando él llego ya estaba todo listo, la mesa puesta con las debidas cosas para almorzar y la señora Higurashi estaba ya sirviendo los platos.

Kagome abrió la puerta y se lanzó a abrazarlo fuertemente siendo correspondida de la misma forma, él besó su frente y luego bajo a sus labios dando una corta y suave caricia ahí.

"Llegaste rápido"-le dijo dándole la pasada hacia el interior del reconfortante hogar.

"No había mucho tráfico"-murmuró despreocupado.

"O… manejaste demasiado rápido"-Kagome enarcó una ceja descartando lo que le había dicho.

"También"-admitió dándole una torcida pero encantadora sonrisa.

Kagome suspiró.

Hermoso.

Al menos se iría feliz, había conocido al hombre más bello del planeta, mejor dicho… del universo entero y de todas las posibles dimensiones que pudieran existir.

"Hey Kagome"-le llamó moviendo una mano por sobre el rostro de ella, quien hasta ese momento no había dejado de contemplarlo fijamente, absorta en sus pensamientos y en la misteriosa y sexy hermosura de él…

Ella se sonrojó inminentemente al ser descubierta observándolo tan abierta y devotamente.

Bajo su vista al suelo un segundo y luego la volvió a dirigir hacia él dándole una suave sonrisa.

"Hola InuYasha"-saludó la mamá de la muchacha entrando al living-"Ya esta todo servido, vengan asentarse"-anunció muy animada volviendo a desaparecer por donde vino, ambos la siguieron y se encontraron con ya el menor de los Higurashi sentados en la mesa escuchando algo que le contaba el Abuelo tomando su puesto en la cabeza de la mesa.

"Aloja Inu"- Souta levantó su mano derecha, InuYasha se acercó y le chocó los cincos que había ofrecido el niño para luego tomar asiento a su lado.

"Que bueno es tenerte aquí InuYasha, así aprovecho de contarte una de las leyendas más antiguas que conozco…"-comenzó el viejo hombre sin darle la oportunidad de poder responder.

Kagome blanqueo los ojos.

"Por favor abuelo, ya nos sabemos todas tus historias"-lo trató de interrumpir, pero él la ignoró por completo e inició con su narración que ya todos se conocían bastante bien de cómo habían desaparecido los monstruos de Japón.

El almuerzo se desarrollo sin mayor importancia, hablaron de cosas triviales, y cuando el más anciano trataba de meter algunas de sus viejas historias, la madre de Kagome siempre interrumpía oportunamente.

Cuando la Señora Higurashi terminó de servir el postre, Kagome quien en todo el momento se había demostrado abstraída de la situación se levantó de su silla que estaba en frente de InuYasha y los miró a cada uno unos breves segundos. Todos naturalmente la observaron sin entender muy bien su reacción.

"¿Pasa algo malo?"-preguntó con cautela su madre.

"No, esta todo bien"-juntó sus manos cerca de su pecho e inspiró aire precipitadamente.

"¿Entonces?"-InuYasha la miró algo confundido.

"Lo he pensado…InuYasha"-murmuró con voz algo débil.

"¿Ah…?"-el aludido frunció un poco sus cejas tratando de comprender a que se refería. Kagome suspiró algo indignada, pero no le prestó mayor atención y se concentró en decir deforma adecuada sus siguientes palabras.

"Mamá… Abuelo, Souta…InuYasha"-apretó más las manos contra su pecho-"He decidido hacerme la quimioterapia"-concluyó con un suspiro y las mejillas algo rojas.

Continuará…

Se que de demoré más de lo normal en subir este capitulo, PERO fanfiction tenía no se qué problema y cuando trataba de iniciar sesión no me permitía.

Gracias por el apoyo.

Y espero que a muchos se les haya aclarado la duda que quizás se formuló en sus cabezas del primer capítulo y el anterior.

Espero sus comentarios y críticas contractivas.

Muchos abrazos

Kisu (K)

KatysCamui