De cómo concretaron

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Los suspiros de ambos eran más profundos, desencadenando un cúmulo de emociones.

—Demonios, ahora que necesitamos una cama no la tenemos —habló Hange entre jadeos.

—No será necesario.

—¿Qué tienes en mente? —lo miró animada.

—Nada, con la silla estará bien —él la tomó de la mano y caminó con ella hacia la silla.

—¿Qué fijación tienes con las sillas?

—Entonces en el sofá.

—¿Por qué no en ambos? —ella sonrió jadeante.

—Buena idea, cuatro ojos.

—Levi, pensé que te negarías a hacer esto aquí. Me alegro que hayas aceptado.

—No creo que a ellos les importe, aunque después tendremos que limpiar muy bien este lugar.

—A sus órdenes, capitán —colocó su mano derecha en diagonal sobre su sien derecha.

—No seas idiota —dijo mirándola intensamente, estaba desnuda y eso para él era perfecto. Sintió como su miembro despertó nuevamente, palpitando y estremeciéndose.

—Tu amiguito parece tener vida propia, ¡míralo! —Hange se agachó emocionada y miró de nuevo el falo del capitán.

—No hagas eso, es incómodo.

—¿Ah sí? ¿Esto también te parece incómodo?

Levi iba a responder, pero una nueva felación se lo impidió. Hange arremetió nuevamente sobre su miembro y comenzó a devorarlo, esa mujer iba a absorberlo por completo si no hacía algo pronto. Así que detuvo su maniobra y la ayudó a levantarse. Se quitó el pantalón y ropa interior para poder realizar mejor el acto.

Hange estaba demasiado estimulada, tomó a Levi por los hombros e hizo que se sentara en la silla, ella hizo lo mismo sobre él. Estando frente a frente, lo besó de manera lenta y pausada, sus labios chasqueaban armoniosamente, él le acariciaba la espalda, sus manos viajaron hasta llegar a los glúteos, los amasó con firmeza causando respingos en la fémina.

Hange comenzó a acariciarse a sí misma. Tomó las manos de Levi y comenzó a guiarlas a través de su silueta. El hombre recorrió el cuerpo de Hange y los gemidos no se hicieron esperar, acarició también su rostro acercando sus labios al ojo izquierdo de ella para depositar un beso.

—¿No te importa verme así? Si quieres puedo ponerme el parche.

—Así estás bien, quiero verte a ti, no a esa cosa.

—Gracias.

Volvieron a besarse incrementando la intensidad, ella movió las caderas nuevamente, sentía el miembro de Levi acariciar su intimidad y eso la obligó a levantarse un poco.

—¿Lista?

—Lista.

Levi acomodó su creciente erección y Hange poco a poco fue sentándose sobre ella.

La mujer se quejó un poco mientras él contenía un gemido. Las paredes vaginales algo estrechas de Hange le daban la bienvenida a ese monstruo que invadía la tibia cavidad. La mujer bajaba sus caderas con cuidado haciendo muecas de incomodidad, pues hacía mucho tiempo que nadie la había penetrado.

Levi disfrutaba esa estrechez que abrazaba a su miembro, abrazó a Hange para después acercarse al cuello femenino y comenzar a recorrerlo con la lengua, quería estar dentro de ella por completo, pero debía esperar a que la mujer iniciara los movimientos y ambos se acostumbraran al otro.

Finalmente sucedió y ambos lanzaron un suspiro de alivio.

—¿Estás bien? —preguntó él mientras acariciaba sus castaños cabellos.

—Yo, creo que sí. Es muy grande… sí, estoy bien. ¿Y tú?

—Perfecto —acercó sus labios a la oreja de la mujer y lamió su lóbulo.

Sonrieron mientras algunas perlas de sudor se manifestaban en sus cuerpos, la noche era fría, pero el ambiente a su alrededor era muy cálido.

—Levi, ¿qué pasará con nosotros después de esto?

—¿Qué pasará? Lo que quieras que pase.

—Sí, pero, ¿qué seremos tú y yo?

—Preguntas demasiado, mujer. Seremos los mismos de siempre.

—Oh, ya veo —ella bajó la mirada—, entonces aprovechemos lo que resta del día y...

—Seremos los mismos de siempre, con la diferencia que solo nosotros dos sabremos que eres mía.

—Levi... —Hange reprimió las ganas de llorar.

—¿Quieres estar conmigo lo que reste de nuestras vidas?

—Yo... —su voz tembló, después se aferró a él en un fuerte abrazo.

—Sé que es prematuro el que te diga esto, pero sentía la necesidad de hacerlo. Si no lo quieres lo entenderé y será como tú decidas.

—Sí, sí quiero, Levi. Quiero estar contigo de aquí hasta que muramos.

—Esto queda entre nosotros.

—Claro, claro. No queremos que piensen que cometemos un acto de insubordinación. Lo entiendo. Lo entiendo bien.

—Me alegra que lo entiendas.

—Es hora de volver a lo nuestro, ¿no lo crees? Basta de charla —dijo ella, comenzando a moverse, su cuerpo ya se estaba acostumbrando al intruso.

—Eso estaba esperando —él sonrió para después acariciar la espalda de su compañera.

—Dios, había olvidado lo bien que se siente esto, no puedo creer que aguanté demasiado tiempo sin hacerlo.

—¿Puedes moverte? —él besó la punta de su nariz.

—Sí —Hange comenzó a moverse de arriba abajo, sintiendo como esa gran vara se abría paso entre ella.

En pocos segundos se sincronizaron en movimientos, caricias y jadeos. Atrás quedaron las inhibiciones, Hange emitía sonoros gemidos, mientras Levi lo hacía en menor intensidad y atrapándola entre sus brazos.

La fémina rebotaba sin parar, no quería detenerse, gracias a su condición física ambos tuvieron suficiente aguante y el cansancio no era algo que estuvieran dispuestos a aceptar.

Los pequeños pechos de Hange se movían cadenciosamente, haciendo que Levi los mirara e intentara besar. El sudor los empapó a ambos haciendo que sus pieles brillaran.

El roce entre ambos cuerpos se manifestó en temblores deliciosos, Hange aceleró sus movimientos ocasionando fricción en su interior, de pronto se tensó, apretó fuertemente los ojos, abrió la boca y se aferró a Levi.

Este entendió y ayudó a Hange, la sujetó de su trasero para después comenzar a besar y succionar sus senos. Su miembro estaba siendo estrujado por las paredes vaginales de la mujer, sentía que no aguantaría un minuto más.

—Han-Hange… siento que... me derrito, estás muy caliente.

—¿Eso te gusta? —sonrió pícara, con las mejillas sonrosadas.

—No sabes… cuánto —él echó la cabeza hacia atrás, lo que estaba sintiendo lo hacía perder aliento.

—Levi, aaah…

Hange encajó las uñas en los hombros del capitán, apretó su vagina sintiendo cómo vibraba el miembro en su interior, por unos segundos dejó de moverse, su respiración se hizo irregular. Sintió como su mente quedaba en blanco, solo escuchaba los gemidos de Levi y los suyos, estaba experimentando el segundo orgasmo de la noche.

Levi no quiso interrumpirla en su momento y se dedicó a elevar sus caderas y recibir las caricias internas sobre su miembro, arrugó la cara al sentir los espasmos para después dejar salir un ronco gemido.

Hange al escucharlo gemir así, abrió los ojos y miró a Levi, soltó un quejido similar con pequeños gritos. Vaya orgasmo estaba teniendo. Ver al hombre disfrutando era el mejor aliciente.

Cuando terminó, se dejó caer sobre un hombro de Levi, mordiéndolo.

—Eso fue liberador, se sintió tan bien. Pero no terminaste, ¿qué pasó? —dijo ella en cuanto se recuperó de su estupor.

—Quería verte —atrajo el rostro de ella hacia el suyo e hizo que juntaran sus frentes.

—Vaya, que bonito, gracias —Hange acarició su cabello.

—Es un placer —él besó su mejilla, colocando de paso un mechón de cabello detrás de la oreja de ella.

—¿No te molesta que siga sentada?

—No. Descansa que seguiremos.

—Vaya, Levi es muy resistente —sonrió.

—Cambiemos de lugar —se incorporó junto con Hange sin salir de su interior, esta enredó sus piernas alrededor de la cintura, caminó hacia el sofá que estaba cerca y suavemente se sentó. Ella acomodó sus piernas mientras comenzaron a besarse nuevamente.

Parecía que Levi no daría lugar a una tregua, sujetó entre sus manos el cabello castaño de Hange para evitar que dejara de besarlo. En tan poco tiempo ella se había convertido en una especie de droga para él. Necesitaba de su aliento para respirar.

Hange se levantó, separándose de Levi. Ella lo empujó para que quedara acostado e inmediatamente se montó sobre él.

—Ya te gustó eso de ostentar el poder, ¿verdad?

—¿Tiene algo de malo, capitán? —ella se inclinó hasta quedar recostada en su pecho.

—No, al contrario —el acariciaba su espalda con suavidad.

—Levi...

Este respondió haciendo un sonido con la garganta.

—Me alegra que estemos así. No pensé que fuera a tener este resultado.

—O sea que ya lo tenías planeado.

—Sí y no —río mientras acariciaba los pectorales de su pareja.

—Explícate —él metió sus dedos entre los cabellos de ella.

—El detonante de esto fue la soledad y me dije, ¿por qué no? Fuiste la primera y única opción, no pude pensar en nadie más. Pero tenía mis dudas respecto a ti.

—¿Dudas?

—Oye, deberíamos estar copulando sin parar, para platicar tenemos más tiempo —exclamó emocionada mientras incorporaba el torso desnudo.

—Qué vulgar eres. No lo digas de esa manera.

—¿Entonces cómo? —ella se acercó a su rostro, mirándolo fijamente.

Él le sostuvo la mirada un par de segundos y después enrojeció.

—No lo sé.

—¿Follar, coger?

—No, maldición —él frunció el ceño.

Hange río estruendosamente.

—¿Hacer el amor?

—Viniendo de tu boca no suena tan mal.

—Tan lindo, Levi.

—Oe, deja de decir ese tipo de cosas.

—¿De que eres lindo? Es la verdad, pero bueno —ella se recostó de nuevo sobre él y bajó su mano hasta la entrepierna de Levi, masajeando su miembro para hacerlo firme de nuevo—... tengo asuntos que arreglar con este amiguito.

Hange masajeaba el pene de Levi y este a su vez, acariciaba los pequeños pechos de ella. Él se estiró hasta alcanzar sus labios uniéndose en un húmedo beso. Levi bajó su mano hasta la entrepierna de Hange y comenzó a estimularla. Pronto la mujer dejó escapar pequeños gemidos y la humedad se hizo presente.

—Ya estás muy mojada acá abajo.

—Gracias a ti —ella tomó el pene y con él, acarició la entrada de su vagina y su clítoris. Le gustó la calidez y suavidad del contacto. Levi gimió en respuesta.

Hange fue sentándose sobre la erección, dejando escapar un suspiró una vez teniendo el miembro completamente dentro.

—No cambiaría estos momentos por nada del mundo.

Levi iba a responderle con ironía acerca de los titanes, pero se arrepintió. No quería que nada interfiera con el placer que estaban experimentando.

—Levi, aaah… —Hange disminuyó su movimiento de caderas, danzando suavemente de arriba hacia abajo, disfrutando sentir la humedad del miembro de su compañero. Se erizaba su piel cada vez que el falo rozaba su clítoris.

—Esto es jodidamente bueno, pero si sigues así me correré pronto —el varón masculló con dificultad.

—Así que te gusta fuerte y rápido. Déjame disfrutar así unos minutos más, ya después podrás hacer conmigo lo que se te antoje.

Los ojos del hombre brillaron. Eso era lo que él necesitaba saber.

Levi trato de retardar su eyaculación, la suavidad con la que Hange subía y bajaba lo hacía perder el control. Lo que quería era poseerla a su ritmo y eso estaba a punto de suceder.

—Quiero tener un orgasmo contigo, Levi.

—¿Cómo?

—Sí, al mismo tiempo, quiero correrme contigo.

—No sé de dónde sacas esas extrañas ideas.

—No son extrañas.

—Lo son porque tú eres extraña.

—¿Y eso no te gusta? Levi, estás siendo muy hablador esta noche.

Hange entonces aumentó la velocidad del sube y baja. Levi la ayudaba colocando sus manos en el pequeño pero firme trasero de la mujer que lo montaba de una manera formidable.

Ella se volvió a agachar para besarlo. Sus lenguas se enfrascaron en una batalla donde ninguna quería ceder, mientras que sus gargantas emitían gemidos que luchaban por salir.

Levi detuvo las arremetidas de Hange, para que, con un rápido movimiento, ella quedara debajo de él. Con destreza la colocó boca bajo, la hizo que levantara las caderas y con su intimidad totalmente expuesta, la acarició con su pene.

—No pierdas tiempo, Levi. Hazlo —Hange se colocó en cuatro, gustosa.

—Muy escandalosa.

Entonces con una estocada, la penetró lo más hondo que pudo, tan bien se sentía que lamentó que sus testículos no pudieran penetrarla también.

Las embestidas eran cada vez más intensas y profundas, ambos sudaban y Levi parecía no querer detenerse. Él la sujetó por la cintura y continúo bombeando dentro de la mujer.

Hange clamaba por más, pero a la vez estaba tan agotada. Con una mano se asió al reposabrazos del sofá para con la otra estimular su clítoris.

En un momento, la mujer se tensó, cerró fuertemente los ojos y soltó un sonoro suspiro. Él se encontraba luchando entre si seguir o terminar ya, las paredes vaginales de ella lo apretaron de una manera deliciosa, anunciándole el pronto orgasmo que tanto buscaba, así que aceleró el vaivén para comenzar a vaciarse dentro de ella.

Las contracciones en los sexos de ambos aumentaron. Levi hundió sus manos en la cintura de ella para convulsionarse dentro Hange, mientras ella mordía el reposabrazos y estrechaba el miembro de Levi con su vagina.

Ambos emitieron un fuerte gemido, terminando así la faena.

Hange respiraba con dificultad, su corazón estaba acelerado casi a punto de llegar a la arritmia, pero aún con el cansancio comenzó a reír frenéticamente.

—¿Y a ti qué te pasa? —Levi la miró con extrañeza, a la vez que permanecía dentro de ella.

—Todo está bien. Y esto me gustó.

—Y para eso tienes que armar escándalo, mujer.

—Lo siento, tenía que externarlo. ¿No me vas a decir que no te gustó? —ella giró su torso hacia atrás para mirarlo.

—Claro que sí.

—Ya veo, te gustó tanto que no quieres salir de ahí, el ratoncito no quiere salir de su cueva.

—Oe, deja de decir estupideces. Tu no... Dime que no habrá problema por haberme vaciado dentro de ti.

Hange se quedó pensativa un par de segundos que para Levi parecieron eternos:
—No tienes que preocuparte, enano. No estoy en mis días fértiles, así que no veremos un mini Levi gateando por ahí.

—Bien, no me parece buen momento para engendrar un mocoso.

—Pienso lo mismo que tu —ella sonrió traviesa, cerró los ojos e hizo presión en sus paredes vaginales.

—No hagas eso —Levi exclamó mientras salía del interior de la mujer.

—Qué guardadito te lo tenías, capitán.

—Ya deja de decir esas cosas.

—Me estoy muriendo de hambre —Hange se sentó en el sofá mientras estiraba sus brazos.

—Igual.

—Pero estoy muy agotada como para caminar —al final se acostó por completo.

—Levántate, vamos a asear este lugar —Hange volteó, Levi comenzó a vestirse. Lo miraba embelesada hasta que este se vistió por completo.

—No quiero —dijo pataleando y haciendo pucheros.

—No te pregunté si quieres, te dije que te levantes.

—Oblígame —respondió haciéndose un ovillo.

—Como quieras —Levi se alejó y comenzó a poner en orden los muebles.

Hange se levantó y comenzó a vestirse mientras el hombre colocaba las sillas en su respectivo lugar. Rehízo el amarre de su cabello al tiempo que Levi extendía hacia ella la gabardina. Sonrió y la tomo delicadamente.

—¿Podemos irnos a descansar? Te prometo que mañana sin falta te ayudo a limpiar este lugar —Hange levantó su mano solemnemente.

Levi la miró sin ninguna expresión en el rostro:
—No te creo. Yo lo haré, vete, te alcanzo en el comedor.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Hange lo miró y no volvió a mencionar palabra, se colocó la gabardina y comenzó a caminar a la salida, no sin antes acercarse a él y darle un beso cargado de sentimiento que él aceptó gustoso, una vez hecho eso caminó hacia la puerta.

—Lentes…

—¿Sí? —respondió ella sin mirarlo.

—Quiero un té.

Hange sonrió. —Por supuesto, maniático de la limpieza. Nos vemos adentro.

Ella salió mientras Levi se quedó limpiando el interior de la cabaña. Una gran sonrisa adornaba su rostro pues había realizado, sin querer, su más profundo deseo. Se sentía más ligera y revitalizada. Apresuró su andar para llegar pronto al comedor, tenía mucha hambre, tener sexo o, mejor dicho, hacer el amor le abrió en extremo el apetito. También tenía que ayudar a Levi a preparar su té.

Caminó canturreando una cancioncilla al tiempo que entraba al comedor disponiéndose a preparar algo para cenar mientras pensaba que seguramente se repetirían más noches como esa con Levi a su lado, después de todo, ya se habían prometido estar juntos pasara lo que pasara, consideró que había sido prematuro de parte de Levi proponerle algo así, pero no le diría nada, pues eso a ella le había parecido muy lindo.

Ahora debía pensar en seguir adelante, llevar a la victoria a la humanidad con ella al mando de la Legión, después de todo, estaba más que satisfecha con lo que acababa de pasar y eso le daba más ganas para continuar.

Minutos después Hange escuchó que Levi llegaba y su corazón vibró. Presentía que todo estaría mucho mejor de ahora en adelante.


¡Feliz día del lemon y la amistad! Y esto fue, quiero creer que un lemon. Es la primera vez que escribo algo tan explícito y creo que será la última, jaja.

Me tomó algo así como dos meses el escribirlo, entre revisar la ortografía, la redacción y demás, quité, agregué, modifiqué y este es el resultado.

Espero que te guste porque de verdad que sí se me dificultó, y como algunas personitas ya me habían pedido que escribiera algo sabrosongo, lo intenté, créeme que lo intenté. Pero no estoy segura de intentar escribir algo como esto nuevamente. Incluso está muy extenso, por más que intenté que no fuera tan largo, nomás no pude hacerlo más corto. Lo lamento.

Por cierto, visita Tumblr, esta semana se está llevando a cabo la LeviHanWeek, hay mucho material de nuestra pareja favorita. También estoy participando ahí, traeré mi colaboración a esta plataforma la semana que viene, espero me apoyes leyendo.

Y corrigiendo, no es lemon, es día del amor y la amistad. Te mando un gran abrazo.

Salu2.