Twilight continuó hasta que terminó la casa a las nueve con diez minutos.

—Está lista. Demoré diez minutos más de lo planeado, pero quedó lista.— dijo ella, con voz tranquila y contenta.

—Te atrasaste esos diez minutos porque estuvimos hablando, ¿verdad?.— le preguntó él, con tranquilidad y felicidad también.

—Sí, amor, pero no hay problema, así que no te sientas mal.

—Está bien.

—Espero que no te impacientes por comer más variedades, porque hasta que construya la cocina, tendremos que conformarnos con manzanas y uvas.— dijo, tranquila y con voz contenta y normal.

—No hay problema, mamá, puedo esperar.— dijo él, igualmente tranquilo y siendo sinceramente comprensivo.

—Gracias por ser comprensivo, hijo mío.— agradeció ella, con sinceridad y gustándole su comprensión.

—De nada. ¿Y sacaremos agua de la laguna o la conseguiremos en otro lado?.— preguntó él, con voz contenta, tranquila y normal.

—Prefiero que la saquemos de la laguna.

—De acuerdo, me parece muy bien. ¿Y dónde está la cama?.

—La coloqué dentro de la primera habitación que pude terminar, así que esa será nuestra habitación.

—De acuerdo.

—Ya vamos a dormir. Mañana continuaré con lo que pueda, si es que no me alcanza el tiempo para terminarla.

—De acuerdo. ¿Qué comenzarás a construir mañana?.

—La cocina, y luego seguiré con el baño.

Entraron a la casa, cenaron con manzanas, uvas y agua, para, finalmente, irse a dormir. Al día siguiente, como desayuno, comieron lo mismo que en la cena de anoche, y Twilight se preparó para comenzar la construcción de la cocina.

—Mamá, antes de que comiences a construir, ¿me contestarías unas preguntas?.— le preguntó, con tranquilidad y felicidad vocal y emocional.

—Sí, hijo, ¿qué quieres saber?.— le preguntó ella, tan tranquila y contenta como él.

—Si yo verdaderamente fuese tu hijo, ¿me golpearías o me gritarías en caso de que me comportara mal?.— le preguntó, sin dejar de sentirse tranquilo y contento por no tener razón para dejar de sentirse así.

Ella se incorporó a su altura.

—No, amorcito, jamás lo haría. Yo nunca podría ser de esas madres que se enfurecen así con sus hijos, y sobre todo, nunca te golpearía, porque si te causo dolor con golpes, tu dolor me daría a mí una enorme tortura de consciencia, por la que desearía no haberte golpeado jamás. Si de verdad fuese tu mamá, nunca te golpearía ni te gritaría, solamente te expresaría mi enojo de cualquier forma mucho mejor que no involucre regaños emocionalmente hirientes, gritos ni golpes. Si te dolieran los golpes, a mí me pesaría inaguantablemente el arrepentimiento por haberte causado ese dolor, pues como el arrepentimiento es un dolor emocional más fuerte que cualquier dolor físico, yo me lamentaría el haberte causado dolor. Si alguna vez hicieras algo por lo que deba enojarme y merezcas un regaño o un castigo, no llevaría a cabo ninguno de los tres. Si siento que me enojo contigo por algo malo que hayas hecho, sea o no sea intencional, prefiero contener y deshacer mi enojo que expresarlo. Yo nunca te impondría ningún tipo de castigos, como el de dejarte sin cenar por poner un ejemplo. El arrepentimiento me pesaría demasiado por haberte dejado hambriento mientras yo estoy cenando, así que nunca seré de las madres que castigan a sus hijos con que no cenarán.— fue toda la sincera respuesta que ella le dio, manteniéndose hablando con el mismo tono amoroso y maternal del otro día y con la misma cara de ojos entrecerrados con ceño triste.

Él quedó nuevamente con esa misma mirada de ese momento del capítulo "Secret of my Excess".

—Muchas gracias.— agradeció de verdad.

—Por nada.

Ella le besó la mejilla izquierda y él hizo lo mismo.

—Mamá, ¿crees que puedas terminar la cocina hoy?.

—Sí, hijo, estoy segura. ¿Por qué preguntas?.

—Solamente por preguntar, no es que me impaciente incomprensivamente aún cuando me pediste que no me impacientara, solamente tengo curiosidad.— dijo él, siendo verdad.

—Ah, bueno.— contestó ella, notando que la comprensión de su hijo seguía firme e intacta.

—Ahora te dejaré comenzar.— dijo por última vez, para dejarla comenzar.

—Gracias, hijo.

Y Twilight comenzó a construir la cocina. La terminó quince minutos antes del mediodía y luego prosiguió con el baño, el cual terminó cinco minutos antes de la hora del almuerzo.

—Mi amorcito lindo, ¿te parecería bien si, por esta última vez, almorzamos manzanas con uvas y mañana vamos al mercado a comprar más variedades?.— le preguntó Twilight, con voz enteramente feliz, sonriendo con los ojos entrecerrados y el ceño triste y sin pensar ni dudar si él comprenderá y estará de acuerdo o no.

—Sí, mamá, estoy de acuerdo. ¿Y sabes una cosa?, aunque las manzanas y uvas nunca sean lo único que comeremos por toda nuestra vida, igualmente tengo la total disposición de vivir mi vida comiendo solamente eso y beber solamente agua, aunque sea sacada de la laguna.— dijo él, con tranquilidad y siendo totalmente verdad.

—Está bien, hijo. Ahora vamos a buscar manzanas y uvas.

—Sí, iré a buscar las cestas y unas cuantas bolsas.

—Bien, aquí te espero, mi precioso amor.

Una vez más se besaron en las mejillas izquierdas. Spike fue a buscar lo que dijo, Twilight levitó las cestas para colocárselas, colocó las bolsas para las uvas en la cesta izquierda y salieron.

—¿Cuántas bolsas trajiste?.— le preguntó, con voz tranquila y feliz a la vez, junto con una sonrisa luminosa.

—Quince, y si me preguntas por qué, fue porque pensé que es mejor que las tengamos y no las usemos a que las necesitemos y no las tengamos.— dijo él, habiendo sido una opción tomada inteligentemente.

—Fue sabio de tu parte, mi amor, ante todo es la mejor opción.— dijo ella, sabiendo tan bien como él que fue en verdad inteligente.

—Gracias, mamá.

—De nada, dulzura.

—¿Sabes una cosa, mamá?.

—¿Qué, hijo?.

—Se me ocurre que para traer uvas sin que las manzanas las aplasten, pongamos las bolsas con uvas en la cesta izquierda y las manzanas en la derecha.

—De acuerdo, hijo, así lo haremos. Sube a mi lomo y vámonos.

Subió a su lomo y se fueron. Recolectaron manzanas y uvas durante varios minutos hasta que volvieron a casa con ambas cestas llenas hasta el límite.

—Mamá, por lo que vi, no parecía que las cestas fuesen muy pesadas para ti, a pesar de que las manzanas son lo que las hacía más pesadas, pero igualmente, quiero que tú misma me digas si te eran muy pesadas o al menos un poco.— le dijo petitoriamente su iluminado hijo, con voz feliz y tranquila, junto con una sonrisa luminosa, amorosa y tierna.

—No, hijo, no eran demasiado pesadas, solo un poco, pero no tanto como para cansarme demasiado de cargarlas.— dijo ella, con su luminosa sonrisa intacta, con tranquilidad, felicidad y ternura.

—Ah, que bien. Y como ya terminaste de construir la cocina, podremos comer más comidas diferentes en lugar de solamente manzanas y uvas.

—¿Quieres comer otra cosa?.— preguntó ella, pareciéndole que él deseaba comer algo diferente.

—No, si deseas, comeré lo que me des, sean manzanas, uvas o cualquier otra cosa. Prefiero dejarte esa decisión a ti.— dijo él comprensivamente, siendo verdad y no importándole comer lo mismo.

—Está bien, amorcito, entonces te daré manzanas y uvas y yo almorzaré lo mismo también.

—Bueno, mamá.

Almorzaron, reposaron y cuando despertaron, Twilight comenzó a construir el detector de mentiras. Finalmente lo terminó después de largo rato.

—Está listo. Me tomó cuarenta minutos, pero ya terminé.— dijo Twilight, mirando el detector con su hijo junto a ella.

—Se ve muy bien. Te quedó estupendo.— dijo él, para elogiar con sinceridad y positivismo el trabajo de su madre.

—Gracias.

—Mamá, ¿algún día iremos a nadar juntos en la laguna?.

—Sí, hijo, iremos en cualquier día.— dijo, con tranquilidad y felicidad.

—Creo que sé qué me contestarás, pero igualmente preguntaré. ¿Incluso hoy?.— dijo y preguntó él, sintiéndose con cierta seguridad de saber lo que pueda ser más seguro que su madre le conteste.

—No, hoy no, quiero descansar de todo el trabajo.— fue la respuesta sincera y tranquila de ella.

—Eso pensé. Y de acuerdo, no hay problema, descansa todo lo que quieras, no te interrumpiré.— dijo él, con alegría en su voz, su cara y sus emociones y siendo comprensivo.

—Gracias por ser tan comprensivo, hijo.— le agradeció ella, con una voz más amorosa.

—De nada. ¿Igualmente puedo ir a nadar solo a la laguna?.

—No me confiaría demasiado, por causa del lobo, pero ya que no hemos sabido nada de él en estos días, creo que no habrá nada malo en que vayas, así que puedes ir.— le permitió sinceramente.

—Gracias, entonces me voy.— agradeció él tranquilamente, sin entusiasmarse ni nada.

Se dieron un beso en una misma mejilla y él salió de la casa.