Capítulo 5

.

Emma dio unos cuantos pasos pero, cuando alzó un poco la voz para captar la atención de sus padres, no solo ellos voltearon sino la mujer que los acompañaba también. Una muchacha como ella estaba acostumbrada desde bebé a ver este tipo de eventos, trajes, hombres y mujeres, pero por alguna razón que desconocía, ver a Regina con ese vestido le hizo remover algo, no sabía si era pena, asombro u otra cosa. Era obvio que ella no pertenecía a este mundo ¿Se sentiría bien? Tembló de forma inconsciente, sus ojos marrones la observaron de pies a cabeza sin hacer una mueca alguna.

-¿Estás bien amor? ¿Tienes frío?-. Killian le susurró al oído. Regina lo miró fijamente y lo analizó por supuesto. Desde el "Rolex" que tenía en su muñeca hasta los zapatos, su traje, todo era costoso y no le sorprendía que Emma estuviese con un chico de ese tipo –Vamos a saludar a tus padres.

-¡Cariño!-. Ingrid estiró los brazos para capturar al muchacho –Te ves increíble-. Killian sonrío tímido

-Muchas gracias, no estoy a la altura suya ni la del señor Swan pero se hace lo que se puede.

-Mi princesa, estás cada día más hermosa-. Emma se mordió los labios mirando el suelo, era la "niña de papá" y siempre recibía adulaciones de su parte, de hecho fue sorprendente que aceptara a Killian como su novio porque siempre gritó a los cuatro vientos que nadie se merecía a su hija –Bueno yo les voy a presentar a...

Pero la nueva empleada no estaba a su lado, ni por detrás, en ninguna dirección en la que sus ojos trataban abarcar en este salón. De inmediato comenzaron a llegar importantes figuras hacia ellos para saludarlos, era increíble lo cómoda que la rubia se sentía en este ambiente y la destreza que poseía para hablar temas de política, economía y sociedad. Había sido educada en casa hasta los 10 años con los mejores profesionales, su nivel de conocimiento era sorprendente. Podía hablar 6 idiomas a la perfección (incluyendo el inglés): español, alemán, francés, japonés y mandarín. Estaba acostumbrada a fiestas como esta y a servir de intérprete a sus padres cuando no manejaban el idioma de sus invitados. El cóctel siguió con normalidad aunque los ojos de ella trataran de buscar a la nueva empleada. Lo hacía disimuladamente para no preocupar a Killian, no quería darle falsos motivos para que sospechara de ella o algo por el estilo. Pero no, incluso en eso se había sacado la lotería, Killian Jones no era celoso porque era bastante seguro de sí mismo, porque quizás nadie nunca le dio motivos o no había llegado el preciso momento para serlo.

Llegó la hora donde el servicio contratado fue colocando los platos para la cena. Mozos elegantes y peinados perfectos se acercaban para servir una copa de vino o champagne según el invitado lo deseara. Los 3 Swan, más Killian y sus padres, además del alcalde de Los Ángeles y su esposa, compartirían una mesa más grande que la de los demás por ser "más importante". Susurrando a un oído estaba James, dando instrucciones a alguien para que trajera un nuevo asiento. ¿Quién se sumaría a cenar con ellos? De pronto apareció al lado de un mozo ella, Regina, con la barbilla alta y la mandíbula tensa. Nadie se daba cuenta pero por extraño que pareciera Emma sí lo hacía, esa chica lucía como enferma ¿Sería la razón por haberse ausentado más de media hora?

-Disculpen, pero quería presentarles a la mujer que hizo esta decoración posible-. Ingrid comenzó a hablar.

-Te quedó perfecto ¿Lo hiciste solo tú?-. Comentó el alcalde, Regina asintió ajustándose un poco el vestido algo un tanto ansiosa, agachó la cabeza y se incorporó al asiento frente al de Emma –Eres bastante tímida.

-Está enferma de la garganta y casi no le sale la voz, por favor no la fuercen a hablar -James le guiñó imperceptiblemente el ojo a Regina para que se diera cuenta de las intenciones que había tras sus palabras. Lo único que Swan sabía es que ella era muda desde que tuvo un accidente, pero para evitar preguntas prefirió mentir un poco, por supuesto que Mills lo agradeció en el alma.

Cuando les trajeron el primer plato, Regina trató de disimular la sonrisa sarcástica que quería formar sus labios. Unos "crepes rellenos con setas y salsa de ajo" acompañado de una porción de verduras seleccionadas había como entrada. Sabía que los platos gourmet o de cenas de gala eran sofisticados pero lo consideraba una "burrada". Emma apretaba los dedos de sus pies a la espera de ver como ella escogería los cubiertos, pero fue sorprendida en el acto por Regina. Sus ojos dejaron de mirar el plato y los fijó en ella, la rubia la observaba como si se tratara de un animal exótico. Tosió y con el ceño fruncido cogió los cubiertos que correspondían para esta comida.
La comida siguió con normalidad, salvo porque ella solo se limitaba a sonreír, asentir o negar. Normalidad ¿En serio? Con los puños apretados sostenía el cuchillo y tenedor para cortar su medallón de ternera, nunca pensó que su cuerpo reaccionara de esta forma en un ambiente que no era el suyo.


POV. REGINA

Tenía que tratar de tragar con cuidado mi comida mientras escuchaba temas que los encontraba superficiales y patéticos. Sostuve con cuidado una copa de vino francés mientras estudiaba a las personas que estaban acá. Los padres tanto del novio de Emma, como los suyos, miraban atentos lo que el "distinguido" alcalde hablaba. Yo simulaba interés porque en realidad no tenía tema de conversación, mi mundo era distinto y quizás tenía un resentimiento predispuesto con los que si tenían recursos. Sentía sobre mí de vez en cuando la mirada de ella y me ponía nerviosa, como si ante sus ojos fuera transparente y pudiese ver mis miedos, mis intimidades profundas. Limpié con cortesía mis labios pero mis ojos quedaron fijos en las manos de la "heredera" y su novio, la forma en que se acariciaban. Apreté mis labios, cielo santo, tuve recuerdos, recuerdos de ella y lo que fue, recuerdos de sus palabras y el vacío que dejó. Tosí y volví mis ojos ahora hacia las personas que estaban frente a mí, apellidados algo así como "Jones".

-Con mi esposo fuimos a Tailandia para ver cómo iba nuestras inversiones en el mercado textil y bueno... creo que vamos por buen camino.

-¿Cómo está tu hijo mayor?- Preguntó Ingrid.

-Oh increíble, en su luna de miel por medio oriente, pero creo que pasarán a Inglaterra como punto final.

-Su meta es crear su propia empresa y marca en el mundo de los vuelos comerciales y privados, algo así como una aerolínea donde sea el mayor accionista, estoy orgulloso realmente-. Killian me miró fijamente con una sonrisa, tenía desplante -

Disculpa mi descortesía ¿Y tú a qué te dedicas?-. Parecía entusiasmado.

Saque mi libreta y escribí en silencio, mi estómago lo tenía muy revuelto.
-"Nada, aún soy estudiante"

-Pero espero cuando salgas tengas un buen futuro, si decides invertir hazlo en algo que seas buena, supongo que tu apellido tendrá renombre y tus padres estarán orgullosos, uno siempre está contento que los hijos sean mejor que uno, sobre todo porque los míos están encaminados en grandes puestos de la política-. Dijo el alcalde. Escribí con cuidado y les mostré la libreta a todos, fingía tocar mi garganta por un dolor.
-"Me permiten un momento, me ausentaré unos minutos y vuelvo"


Transpirando como nunca antes Regina caminaba por un pasillo entre las mesas. Conversaciones iban y venían a sus oídos haciéndola sentir peor y quizás miserable. Fingió estar revisando que toda la decoración estuviese en orden, sonreía fingidamente cuando alguien que pasaba cerca la saludaba con un gesto en el rostro. Tan frívolos, tan superficiales. Justo cuando observaba una figura de hielo escuchó que alguien joven y femenino murmuraba que había perdido 300 mil dólares en una mala inversión en acciones, cosa poca que no le afectaba para nada. ¡¿COSA POCA?! Eso era la gloria para muchos ciudadanos. Un nudo se formó en su garganta, caminó rápido hacia el exterior y de pronto un aire helado llenó sus pulmones de golpe. Escuchaba la música del salón a lo lejos pero sus pensamientos se fueron perdiendo en las sonrisa de su madre y padre, todo el esfuerzo que hicieron por darle lo que podían. Nunca pasó hambre ni frío pero sí tuvieron que privarse de muchas cosas porque no había dinero, las prioridades por lo esencial era importante.

Tenía los ojos llenos de lágrimas, había escuchado en tan pocos minutos cosas realmente ridículas. Dinero, dinero y más dinero, acciones, inversiones, viajes al extranjero. Sonrió con burla a sí misma ¿Qué esperaba? Era una reunión de gente que se manejaba con la economía nacional e internacional, en cambio ella solo era una simple empleada de clase baja vestida con un vestido que su jefe James Swan le había dado para la ocasión. Siempre creyó que hacía lo mejor en esfuerzo pero obviamente no alcanzaría ni el 1% de lo que la gente acá poseía. Miró sus manos, el vestido, esta no era ella. Apenas llevaba una semana trabajando aquí, su lugar era estar sirviendo para los demás y no comer junto a ellos, era su culpa. Se secó la lágrima que caía, se sentía enferma y aunque no quería admitirlo, tanto trabajo a ella le estaba pasando la cuenta. Decidida apretó el puño, ella no era ninguna niñita ni alguien débil, era una mujer esforzada que hacía de todo por su familia a diferencia del imbécil de su hermano Neal. Se levantó con el pensamiento de ir a despedirse para volver a casa pero como lo hizo tan rápido, escuchó un quejido y algo caerse tras suyo. Asustada volteó y se dio cuenta con temor que la "señorita Swan" trataba de pararse.

-Ahhh mmm-. Trató de hablar pero no podía obviamente. Con cuidado la sostuvo del brazo izquierdo y la levantó, abría la boca para decir lo siento pero no podía, lo que la frustraba más.
-Yo, digo emmm-. Retocaba su cabello –Mis padres me mandaron para saber que te pasaba-. Era una mentira, ella misma se había excusado diciendo que iría a retocar el maquillaje –¿Estás bien?-. Después de unos segundos sacó su libreta y escribió con pereza.

-"Muy bien, gracias por preguntar señorita Swan"

-Tenemos la misma edad, es algo extraño la verdad porque…

-"Soy una simple empleada en su hogar, hay reglas básicas de comportamiento social"-. Puso frente a sus ojos la hoja. Todo lo que podía oír Emma de esa mujer era su respiración y un quejido que dio asustada. La semilla de la intriga crecía en ella porque la nueva empleada era más misteriosa de lo que pudiese imaginar.

-Te veías pálida, como si te temblaran las manos-. La observó de pies a cabeza –Gracias por hacer que el salón se viera como nuevo, cualquiera que lo diría no pensaría que lo hizo una sola persona.

Pasaron unos segundos en un silencio incómodo. Regina la miraba de reojo pensando "¿Qué hace en este lugar?" "¿Por qué habla conmigo?". Gruñó el tan solo imaginar que sintiera lástima por ella ¡Pues estaba orgullosa de quien era! Pobre o no podía decir que había salido viva de un accidente y aun así ayudar a su familia. Emma tembló porque pudo sentir el gruñido de ella resonar en su pecho y garganta. Escribió y se lo mostró.

-"Esta empleada se va a su hogar, mi deber solo era decorar el salón, la cena y los invitados están a gusto con el servicio, no tengo nada más que hacer"-. La rubia frunció el ceño, era evidente que se sentía incómoda.

-Pero disfruta de la comida, estoy segura que te la mereces-. Regina jadeó y con furia escribió sobre la libreta, tan fuerte que casi llegaba a romper la hoja.

-"¿Me la merezco como un perro se merece su hueso? ¿Cómo un mendigo tiene su limosna?"-. Siguió escribiendo para mostrar –"No me merezco nada más que lo que me pagará mi trabajo, la cena es cosa suya y la he aceptado pero no tengo porque estar aquí para hablar de cosas que no me interesan en lo más mínimo".

-Pues esas cosas que no te interesan en lo más mínimo es lo que compone mi mundo-. ¿Realmente estaba herida por saber que por primera vez alguien no estaba interesado en su mundo? –Pues haz lo que creas correcto, después de todo, acá solo se habla de inversiones y lo que maneja el mercado, temas que no manejas por supuesto-. No lo había querido decir con mala intención y aunque era la verdad, después de segundos se dio cuenta que había sonado muy despectivo de su parte. Con insolencia Regina la observó de pies a cabeza, podía ser una chica linda pero después de todo no era distinta a los demás de su especie y clase social.

-"Perdone mi sinceridad pero de todas formas usted no es diferente a su amiga, son realmente iguales"

Después de mostrarle la hoja la arrugó con sus propias manos, la guardo en su bolso y se giró rápido para salir de allí. Iría a despedirse de los invitados en la mesa y se iría a su casa, donde al menos podría compartir con personas que amaba y eran como ella. El reloj marcaba las doce de la noche cuando desapareció de la vista de Emma. La rubia vio esa espalda tensar el vestido, la ira de la bajita era sorprendente porque a pesar de no hablar podía emanarla por los poros, por su mirada y el gesto de sus cejas. Pero ella no estaba lejos de eso, le temblaba la barbilla, sentía un nudo en su garganta y su orgullo herido

¡Nadie "inferior" le había dicho lo que pensaba! ¿Qué se creía Regina Mills? Esperó un poco para no topársela de nuevo y, cuando decidió que era hora de entrar, se fijó que en el césped había una pulsera de plata brillando con la luz de la luna y los grandes faroles cerca. Cuidadosamente se agachó para sostenerla entre sus manos, estaba segura que era de Regina. Sin embargo le sorprendió leer la inscripción en ella.

~"Lo que no te mata te hace más fuerte"~

A cenicienta se le había caído algo y ahora estaba camino a su casa para volver a ser lo que era. El cuento apenas estaba comenzando...

Emma asomó curiosa el rostro por aquel salón, suspirando cuando se dio cuenta que la nueva empleada ya no estaba. En su propia muñeca llevaba puesto el brazalete que había encontrado tirado sobre el césped con el fin de no perderlo, era precioso realmente.
Cuando se acercó a la mesa sus padres la miraban preocupados, incluso su novio ¿Por qué había tardado tanto? Con una sutil sonrisa sostuvo la mano de Killian, aunque tenía que aplicar un poco de actuación para convencerlos que todo estaba bien.

-Me sentía un poco con náuseas-. La mano de su novio se tensó de inmediato, de seguro pensó que podía estar embarazada lo que sería un caos a la edad de Emma y la suya –Debe ser el yogurt que me comí en la mañana, quizás no se revisó la fecha de vencimiento-. Mientras sus padres estaban hablando ella le dio una mirada fugaz a su novio –Killian, tranquilo porque no es lo que piensas puedo asegurártelo.

-Que agradable saberlo, no porque no fuese a hacerme cargo sino…-. Emma rió bajito.

-Tranquilo, es lo mismo que pienso yo-. Besó sus labios rápidamente para no ser descortés con los demás, no a todos les era agradable verlos o escucharlos haciendo eso.

Esa noche en su habitación, Emma se acomodó al borde de su cama mirando la pulsera entre sus dedos bajo la luz tenue de su lámpara. Era preciosa y debía tener un significado enorme para el dueño de ella. ¿Sería de Regina Mills? De pronto sus pensamientos viajaron hacia los recuerdos de esta noche, cuando ambas parecían discutir afuera del salón. El poder que emanaban sus ojos marrones, esa ira que no podía verbalizarla sino escribirla pero también manifestarla con la forma de observarla. Llegó a temblar pensando en cómo la miraba, en la impotencia seguramente que tenía porque no podía hablar. La chispa de la curiosidad y la intriga se alimentaba dentro de ella, esa necesidad por saber lo que había detrás de su mudez. Nunca antes se había interesado por alguien del servicio doméstico, de forma inconsciente su cerebro no parecía importarle los empleados y personas de ese tipo. Pero nunca antes había tenido en la mansión alguien como ella.

-Que se joda-. Gruñó y prácticamente asustada se paró frente a un espejo que la reflejaba de cuerpo entero, un espejo que solo le faltaba que le dijera "nadie es más hermosa que tú" –Yo ¿Parecida a Mary Margaret? Eso es imposible... Imposible-. Mas, recordó el cómo la había tratado de que no sabía sobre ciertos temas, su tono despectivo y como su amiga actuó ese día en la cafetería.


Era sábado, 3 de agosto.

Regina andaba con ropa deportiva por su casa porque no tenía ni la más mínima intención de ponerse algo apretado, quería relajarse. Violet había preparado el desayuno y lo llevó al sofá para ver con su hermana una película mientras comían. Cora había salido de casa hacia el supermercado, ella tenía el permiso de sus 2 mujeres para descansar todo lo que quisiera. Era extraño, sí, porque ya no trabajaba los fines de semana. ¡Era placentero!

-¡Pero qué ridículo! Como puede responderle a Dora la exploradora-. Dijo Violet mirando a su hermana que le hablaba con las manos.

-"Pero cuando eras pequeña hacías lo mismo"-. Sonreía

-Menos mal no lo recuerdo

-"Mentirosa"-. La aplastó contra el sofá para hacerle cosquillas, mientras su hermana reía, le daba las gracias a Dios que por milagro ella había salido ilesa del accidente, al menos podía hablar y ni siquiera un rasguño había tenido.

El sonido del timbre las hizo parar. Erguida y con el pelo despeinado caminó hacia la puerta y la abrió. Hubiese deseado estar adecuadamente vestida en este minuto en el que aquel hombre la observaba con amabilidad.

-Ahhh-. Tosió y le hizo una señal para que entrara, pero aprovechó de hablarle con el lenguaje de señas a Hayeon –"Dile que vengo en un minuto"-. Cuando la muchacha desapareció dirigió su mirada a aquel imponente hombre.

-Dice mi hermana que espere un poco ¿Desea un té?

-No gracias, vengo de mi hogar y he desayunado allí-. Miraba a su alrededor con curiosidad, quería temblar pero si lo hacía ofendería a la amable niña frente a él ¡Qué pequeño era esto! Podía apostar que su habitación era más grande que esto y es que tampoco los Mills tenían la culpa de que los Swan vivieran en una mansión desproporcionadamente grande. A pesar del tamaño, todo estaba limpio, el ambiente afuera no era muy lindo pero por cómo mantenían un orden dentro parecía otro mundo. Realmente eran humildes –¿Cómo te llamas pequeña?

-Violet Mills y tengo 10 años ¿Usted es el jefe de mi hermana?-. Asintió antes que apareciera de nuevo Regina con otro atuendo y con una libreta y lápiz a mano –Me retiro, con permiso.

La sonrisa de James se amplió al ver los modales de esa niña ¡Eran perfectos! Se acordaba de sus sobrinos que parecían verdaderos monstruos a la misa edad, niños que gritaban, que faltaban el respeto por todo a sus padres y pedían siempre cosas sin siquiera un toque de amabilidad. Ambos se acomodaron el sofá. Esto sería rápido porque Swan era un hombre ocupado.

-Quería darte de nuevo las gracias por lo de la cena, estos días no pude hacerlo porque he tenido que moverme de un lado a otro pero ahora que tengo tiempo vine personalmente a tu casa... aunque tengo la duda ¿Cómo pudiste hacerlo tan rápido y tan bien?-. Regina escribió veloz y legiblemente sobre su libreta

-"Trabajando en tres empleos donde la velocidad era importante, le aseguro que aprendí como hacer las cosas bien y rápido"

-Eres increíble, los invitados quedaron fascinados y muchos tenían incluso pensado contratar el mismo servicio... toma-. Le entregó un sobre blanco –Puedes abrirlo después, es el pago por haber decorado todo.

-"Muchas gracias señor"-. James se paró pero antes de despedirse le habló.

-¿Sabes Regina? Creo que tienes razón, nuestro hogar es muy grande y la cantidad de personas en el servicio doméstico no alcanzan, es decir, todas las tareas se cumplen pero se agotan, debo contratar dos más...-. Pausó –A todo esto ¿Cómo se encuentra la señora Mills?-. Regina le mostró la hoja.

-"Muy bien, su estado de salud ha mejorado un poco, está más relajada en estos días que podrían llamarse sus vacaciones"

-Increíble... Regina, el miércoles quiero pedirte un favor-. Asintió –Ese día no tendrás que encargarte del aseo ni nada, pero...


La música resonaba por todo el lugar, al menos nadie de sus vecinos se quejaría porque cada mansión era un mundo distinto, sobre todo la de los Swan que parecía sumergida en un parque. Tanto era el poder que tenía esta familia que hasta había contratado a un DJ de importancia mundial ¡David Guetta! El francés era el encargado de colocar los efectos de sonido y música que alentaban a los muchachos a divertirse como cualquier adolescente de su edad, no solía hacer eventos privados pero la cantidad que estaban dispuestos ellos a pagar por él lo valía. Eran casi 100 adolescentes que habían asistido a la "Pool Party" de Emma Swan, amigos en común con su novio y gente que realmente daba confianza invitar.

Las vacaciones en menos de un mes acabarían así que había que disfrutar el verano como se pudiera. Muchos bailaban en una pista preciosamente instalada cerca, otros bebían tragos costosos con hielo especial, algunos conversaban al lado de la piscina mientras muchos nadaban dentro de ella. Emma estaba recostada en una silla de playa conversando con su novio y algunos amigos, estaba acostumbrada a ser el centro de atención pero era distinto, con ellos no parecía altanera ni gritaba a los cuatro vientos lo millonaria que era.

-Iré a hablar por teléfono con mis representantes amor-. Killian le susurró cerca de su rostro –Por mientras podías esperarme en la piscina-. Ambos miraron ese lugar, no habían tantas personas y el agua estaba temperada –Ustedes no la miren demasiado, esta belleza es mía-. Le decía a sus amigos bromeando, no sentía celos de ninguno de ellos por supuesto.

Emma llamó a sus amigas para que se quitaran la ropa y caminaran hacia la piscina. Sabía que muchos las miraban babosos de pies a cabeza y aunque le gustaba la idea de despertar el interés en ellos, sus ojos estaban solamente para Killian.

-Ruby ¿Ves este brillante al medio de mi bikini?-. Le dijo Mary Margaret a la chica que se inclinó para admirarlo –Viene incrustado un diamante, no suelo comprar cualquier prenda, agradezco que mi madre apoye esto, siempre salimos de compras en tiendas exclusivas aunque bueno, nunca estaré tan a la altura de Emma-. La aludida puso los ojos en blanco, ni ella misma se sentía superior a sus amigas ¿Por qué deberían ofenderse las demás? Mas, no podía pasar en alto el tono con que Mary Margaret había hablado, eso no le gustó para nada

-¿Vamos a lanzarnos o no?

-Mis uña se romperán, bajaré por la escalera-. Contestó Mary Margaret.

-Aguafiestas-. Le hizo una mueca y se dirigió a las demás –Nosotras lancémonos-. Emma se puso en posición como todas –Una, dos...

No supo en que minuto dejó de escuchar el conteo, sintió que las demás se habían lanzado de cabeza al agua pero ella no. Como una cámara lenta que graba todo lo que pasa ante su lente, Emma sintió que uno de los mozos chocó contra ella justo cuando iba a lanzarse. El desbalance de su cuerpo la hizo tropezar cuando saltaba, golpeando su cabeza contra el borde de la piscina.

Gimió pero de un segundo a otro se vio sumergida bajo el agua. No podía tocar el fondo porque era 2 metros y medio profunda, sabía nadar muy bien pero las náuseas y el aturdimiento le borraron cualquier rastro de sus conocimientos en natación. El ruido y el alcohol en algunos jóvenes producía que ninguno de ellos prestara atención, las amigas de Emma se lanzaban aguas entre ella y el mozo estaba preocupado en seguir repartiendo los bebestibles.

Comenzó a tragar agua, movía como podía sus brazos y piernas para salir a flote pero no podía, simplemente no podía más. Gimió asustada y cuando sintió que iba a desmayarse, dos brazos fuertes la sujetaron por la cintura y la llevaron a la superficie.

Su cabeza salió al aire y pudo escuchar gritos. No tenía idea pero había manchas de sangre en la orilla donde se había golpeado, ni que empezaba a salir de nuevo al costado de su frente. No podía describir lo segura que se sentía contra ese cuerpo, sentía una mano que viajaba por toda su espalda con suave rapidez para dejar que ella siguiera escupiendo el agua. Killian la había salvado, debía ser él porque su cuerpo respondía con el corazón latiendo cada vez que su novio la tocaba. Cansada y asustada dejó que le levantara su rostro con una mano mientras que con otra la sujetaba contra su cuerpo caliente. Pero la sorpresa fue mayor cuando se dio cuenta que esos ojos marrones no eran los azules de su novio. Con delicadeza le corrió el cabello de su rostro para mirar su herida, mas, el gemido asustado de Emma hizo que la mirara de nuevo a los ojos.

.

.

.

.


COMENTEN QUE TAL