Capítulo 6
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POV. REGINA
Su cuerpo estaba pegado al mío temblando, de sus labios salía un poco de agua cuando ella tocía pero sus ojos, demonios, sus ojos estaban fijos en mí como si temiera de algo. Pero después de todo ¿A quién le era grato estar al borde de un ahogamiento? Seguía repasando mi mano por su espalda para ayudarla, pero no quería pensar que mantenía ese movimiento porque su piel era extremadamente suave como la seda. Incliné mi rostro hacia un lado, hice un movimiento con mis cejas porque no podía hablar pero eso le daba a entender que le quería preguntar algo. Trató de separarse de mí pero como se había tambaleado se aferró de nuevo a mis hombros, realmente estando débil parecía pequeña y despojada de toda esa fuerza que le daba el dinero.
James Swan había sido bien claro, quería que fuese salvavidas en la "pool party" porque nunca estaba demás alguien que estuviese para cuidar a los demás, con alcohol alguien se podía descontrolar y caer.
Como Emma no podía caminar la tomé entre mis brazos y a pesar que hizo un quejido la llevé hacia su habitación. Todos me observaban con la boca abierta, otros estaban preocupados e iban tras de mí haciendo preguntas. Alguien gritaba ¡Llamen a Killian! No creo haberme metido en problemas por cargarla ¿O sí?
Lo único que la rubia podía ver eran los pechos de la mujer casi contra su rostro. Se sentía con náuseas, tenía miedo porque había sido un golpe duro pero la seguridad que le brindaban los brazos de ella era quizás "aterradora". Solo sus amigas subieron con ella a la habitación para ver que todo estuviese en orden. Con cuidado Regina la depositó sobre la cama, había sido la gloria apoyar la cabeza sobre sus suaves almohadas.
-¡¿Qué le pasó a Emma?!-. Entro Killian a la habitación, su forma alterada pareció preocupar a Emma que, recién se había acomodado en la cama y ya estaba derramando lágrimas, Regina se volteó seriamente y le hizo un gesto para que bajara el tono de su voz.
-¿Te conozco?-. Mary Margaret miraba a Regina con los ojos entornados, su rostro le era familiar pero no podía recordar quien era porque olvidaba a quienes eran "inferiores" según ella. Pero Regina la ignoraba completamente porque la había reconocido de inmediato.
-Parece que se pegó cuando saltaba, ella la sacó del agua porque se ahogaba ¿Eres la salva vida?
-Mmmm hummm -. La bajita hizo un sonido asintiendo. Todo a su alrededor le importaba poco, solo le preocupaba que el novio de Emma pudiese alterarla más.
La morena desapareció unos segundos y luego volvió con una maletita de primeros auxilios que James le había dicho donde la tenían. Sacó lo necesario para hacer una curación. Todas habían salido porque "odiaban" ver sangre excepto Killian que le hacía cariño en la mano a su novia mientras le susurraba cosas para tranquilizarla. Los ojos de la rubia se dirigieron de nuevo a quien era su sirvienta, le era perturbador tenerla semi-desnuda sosteniendo algodón en sus dedos para limpiarle la herida. Miro los pechos de la chica, suaves y pequeños. Sonrojada volteó a su novio para sonreírle, no le gustaba verlo angustiado y aunque comenzaba a sentirse mejor, sabía que debía quedarse un poco en cama.
-¿Tienes náuseas?
-Me duele y me maree pero me siento un poco mejor, no creo que sea necesario ir al hospital por eso.
-Debes ir, por favor, un golpe así no es algo que puedas tomar a la ligera-. Quizás no estaba tan mal en sus palabras, lo haría pero al otro día para descartar cualquier lesión.
Regina seguía en lo suyo, la herida en la frente de la "heredera" no era grande para requerir puntos pero concordaba con el novio de ella en que era bueno hacerse un chequeo para descartar alguna cosa. No tenía idea que su respiración le daba sobre los labios a Emma, estaba muy cerca colocando un parche y algodón sobre su frente que incluso la rubia podía sentir su perfume. Cuando acabó Killian le dio las gracias, ella asintió con una leve sonrisa y le mostró su libreta a Emma para que leyera.
-"Por favor quédate quieta una hora descansando, luego si deseas bajas pero aléjate un poco de los demás"-. Escribía bajo la sorprendida mirada de Killian –"Estaré sentada cerca de la piscina, si necesitas algo me lo comunicas"
-Muchas gracias Regina-. Antes de irse, Regina la miró de pies a cabeza. Ahora realmente le estaba prestando atención a su cuerpo y podía decir que se veía muy bien en su bikini, pero no era su estilo mirar chicas que estaban comprometidas o eran muy distintas a ella, eso lo decía por ahora. Cuando se fue miró a su novio –¿Por qué tienes esa cara mi amor?
-¿Por qué escribe en la libreta?-. Se cruzó de brazos –No creo que lo que haya dicho James sea cierto.
En ese minuto su novia suspiró y le contó la verdad, desde porqué estaba trabajando en la mansión hasta que era muda después de un accidente o algo por el estilo. El semblante del muchacho parecía preocupado, no por celos sino por Regina en sí porque su historia parecía preocupante.
Cerca de la piscina tanto chicos como una que otra chica sonreían pestañeando repetidas veces a la salvavidas que estaba sentada cerca mirando todo. Su cuerpo era increíble y su mirada mucho mejor, se veía tan seria y su perfil era precioso. Muchos se preguntaban su nombre pero nadie se atrevía a acercarse porque parecía muy ocupada vigilándolo todo. Una hora más tarde apareció Emma con Killian de la mano, varios se acercaron para saber cómo estaba y ella en una sonrisa explicaba que mucho mejor. Se acomodó en una reposadera y aceptó gustosa un jugo natural de frambuesa. Nada ni nadie harían que su fiesta se arruinara, se conformaba con estar rodeada de quienes la querían. Había tenido deseos de bailar pero no podía moverse mucho, tenía la frente un poco hinchada.
-Emma-. Se acercó una amiga –¿Sabes quién es esa mujer?-. Indicó a la salvavidas –Es preciosa y tengo ganas de acostarme con ella-. La rubia escupió todo el juego y la miró con asombro, sabía que su amiga tenía diferente orientación sexual como muchas ahí presentes pero sus palabras fueron muy directas –¿Qué?
-Que zorra, amiga, no te acuestes con lo primero que ves, quien sabe lo que puede tener-. De vez en cuando la miraba desde su silla, Regina lucía seria mirando hacia el frente, su cuerpo era delgado y aún así curvilíneo con un trasero de infarto, sumamente sexy y parecía muy ocupada en su tarea. La curiosidad aumentaba dentro de ella ¿Quién sabe? Quizás su voz realmente concordaba con toda esa belleza que emanaba.
-No es la primera vez que lo hago, en algún momento me acercaré y le preguntaré... tiene cara de ser increíble para un buen revolcón.
¿Cuánto le habría pagado su padre para tenerla allí? Hoy no la había visto en todo el día así que suponía que eso equivalía a todo trabajo. Todos se habían puesto a bailar cuando David Guetta puso una canción que los provocó a más no poder. Dando grititos fueron hasta la pista pero ella no podía, si se movía se marearía. Vio en el rostro de Killian entusiasmo y para darle la tranquilidad le dijo que fuera a bailar con los demás, ella estaría observando todo. Se había negado en un principio pero la rubia lo había convencido de que no se tenía a "Guetta" todos los días en tu casa. Obviamente los invitados serían la envidia de los que anhelaron por estar invitados, las fiestas Swan eran leyendas porque cada año eran mejores incluso los "16" de Emma habían tenido como invitado principal a Lady Gaga, y Bruno Mars.
Los ojos de Regina miraban el agua que ahora estaba vacía, la tentación era tan grande que necesitó unirse a ella. Dando un certero clavado se hundió en el agua y nadó con mucha fuerza, le gustaba las piscinas porque nadar le daba un sentido de libertad enorme, incluso si podía lo hacía en el mar aunque detestaba el agua salada. Cuando salió a flote vio a Emma sentada donde ella estuvo ¿Qué hacía allí? No tenía idea que al salir de la piscina su traje de baño se amoldaba muy bien a su cuerpo, se había pegado a ella. Sacudió el cabello y caminó hacia ella, incluso aceptó la toalla que la "heredera" le tendía
-Necesitaba agradecerte por salvarme, me estaba ahogando-. Miraba hacia un lado mientras ella repasaba rápidamente la toalla por todo su cuerpo, no tenía deseos de mirar hacia otras partes indebidas –Espera aquí un poco-. Llamó a un mozo y en menos de 5 minutos ya le tenía su pedido –Muchas gracias...-. Observó a Regina –Toma, debes comer algo, eso está permitido para el salvavidas, debes tener fuerza para salvar la vida de alguna otra torpe que se caiga al agua como yo-. De pronto la morena sonrió un poco antes de sostener el sándwich y masticarlo con gusto. La verdad era que sí tenía hambre y esa "mimada" le había acertado. Estuvieron así un rato sin hablarse ni mirarse mientras ella comía todo.
-Ahora no podrás lanzarte a la piscina después de una hora-. Como si hiciera magia, sacó la libreta tras la nuca de Emma y escribió sobre ella.
-"Eso es un mito"...-. Siguió escribiendo –"¿Qué hace hablando conmigo señorita Swan? Le recuerdo que soy una inculta en temas de política y economía"-. Avergonzada la muchacha se miró los dedos de los pies, se había acordado de cuando lo había insultado.
Regina observaba como a pesar de la noche se notaba que sus mejillas se habían sonrojado, pero luego sus ojos bajaron lentamente por todo su cuerpo hasta fijarse sin querer en su muñeca. Fue en ese minuto que su rostro se desfiguró completamente y la ira llenó sus pulmones, trató de tranquilizarse porque no podía gritar, solo saldrían sonidos lamentables. Con mucha rapidez escribió sobre una hoja, Emma sintió miedo, ella estaba enojada porque su cuerpo emanaba esa energía poderosa.
-"¿De dónde sacaste esa pulsera?"
-La encontré... A... afuera del salón en esa cena-. Entonces era de ella, por su molestia podía adivinarlo. Rápidamente se la sacó pero era inútil, sus dedos eran torpes. La escuchó gruñir y a pesar de toda la rabia que sentía, Regina sostuvo su muñeca de forma delicada y con sus dedos le sacó aquella preciada pulsera. Sus dedos habían dado el roce perfecto para molestarla –¿Qué significado tiene esa frase para ti?-. Regina suspiró y le mostró la libreta.
-"No creo que eso le importe, está rompiendo los protocoles de sirvienta y jefa, señorita Swan"
Y sin decir más se colocó la pulsera antes de apartarse de Emma. No le gustaba que tratara de conversar más de lo debido, esa mujer era completamente diferente a ella y sus mundos no encajaban desde ninguna esquina. La muchacha la vio alejarse hasta entrar en la mansión, sintiendo en su pecho algo extraño con eso. Quería saber la historia detrás de esa pulsera, quería saberlo todo sobre su sirvienta y claro, eso no le gustaba nada.
Leyó la fecha en el calendario de la cocina con atención y recordó la conversación que había tenido anoche con su madre. Cora aceptaba a duras penas que su hija la reemplazara y perdiera sus vacaciones trabajando, pero no iba a tolerar que siguiera haciendo lo mismo en época escolar. Como en 2 semanas más iniciaban las clases, iba a retomar su lugar pero gracias a las conversaciones que James había tenido con Regina, la carga iba a ser mucho menos pesada y tendrían más espacio para poder descansar, además, su hija debía enfocarse en el estudio para que tuviera las notas suficientes para postular a una buena universidad.
Con cuidado fue colocando todas las frutas seleccionadas en los platillos sobre la bandeja. La comida era comida pero cuando se la servía a otros le gustaba ser muy meticulosa con ello, además, estaba en una mansión donde se pedía ese cuidado. Colocó la tasa de mocachino a un costado, los agregados para el pan a otro lado y así armó una preciosa bandeja de comida para el desayuno con unas flores para decorarla aún más. Supuso para quien era y se armó de paciencia para subir en silencio por la escalera. Apenas la había visto estos días, prefería evitarla porque quisiera o no ante sus ojos se sentía miserable, expuesta, desnuda y débil. Gracias a Dios la habitación de ella estaba en el segundo piso y no el cuarto como el de sus padres, así era más fácil llevarle sus pedidos. Estando tras la puerta dio otro gran suspiro antes de tocar la puerta tres veces, tal como había dejado explicitado para saber que era el servicio doméstico. Nadie atendía, nadie decía algo así que volvió a tocar tres veces más. Pero había silencio. ¿Había preparado la comida por nada? ¿Lo había hecho para molestarla o se había quedado dormida?
Con cuidado abrió la puerta, la manilla la bajó lentamente hasta poder entrar, tenía la vista en el suelo y así cerró la puerta pero cuando alzó la vista sus ojos se abrieron mucho, lo bastante para verse más redondos.
Los sentidos de su cuerpo se perdieron y por lo tanto la fuerza que ejercía con un brazo desapareció. La bandeja se estrelló contra el suelo y el sonido hizo que Emma se volteara para ver qué había pasado. La muchacha tenía puesto los audífonos por eso no había escuchado cuando golpearon la puerta, supuso que el desayuno tardaría más en estar listo. Pero lo que tenía a Regina con la boca abierta y los ojos en ella era el hecho que estaba totalmente desnuda. Las mejillas a Mills se le tiñeron de un tinte rojo, los de ella también. Ambas estaban congeladas sin decir palabra alguna, bueno, Regina era muda.
Por unos segundos hizo un rápido escáner a su cuerpo y aunque trató de no motivarse, era imposible, ella era una mujer en todos sus sentidos y había que decirlo, preciosa sí, muy preciosa. Con la respiración agitada llevó lentamente las manos hacia donde no quería ser vista, un brazo utilizó para cubrir sus pechos, la otra la dejó entre sus piernas. Regina pestañeó dos veces antes que Emma pudiese reaccionar y diera el grito más fuerte de su vida. Nadie podía oírla, sus padres no estaban y los empleados estaban esparcidos en casa.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas porque se sentía estúpida, el corazón de Mills se apretó porque no quería hacerla sentir mal, todo era un accidente. Con la vista agachada y fija en el suelo fue recogiendo los trozos de comida. Las lágrimas corrían por su cara, era lo más vergonzoso que le había pasado.
-¡¿Por qué mierda no avisas?! ¡Eres una idiota! ¡Sal de aquí!-. Corrió hacia su cama y se tapó con una bata que había dejado allí. Iba a vestirse pero Regina había entrado sin avisar. No se iba, no, seguía empeñada en recoger el desastre que había quedado en el suelo –¡Lárgate! ¡No quiero verte!-. Cuando gruñó, se incorporó rápidamente y la miró con el ceño fruncido, sintió que corría peligro, Regina cogió la libreta de su bolsillo y escribió rápidamente
-"No fue mi intención hacerla sentir tan miserable, toqué la puerta y no me contestó por lo que supuse que no estaba, no se preocupe iré por otro desayuno y lo dejaré en una mesilla afuera"-. Emma se secó las lágrimas.
-Voy a hacer que te despidan, mi padre va a saber esto y mi novio también... te irás de esta mansión, sirvienta incompetente-. Sus palabras cesaron cuando vio como el semblante a la bajita le había cambiado por completo. Lucía débil como si hubiera tocado un punto sensible de ella. Regina con los labios apretados y dándose su tiempo para escribir, le mostró la hoja de la libreta.
-"Cumpla con su deber señorita Swan, pero por si de algo le sirve... no tiene de que avergonzarse, usted tiene un cuerpo bonito"
Esas palabras hicieron que se sonrojara aún más, que se sintiera aturdida y sin poder responderle algo. Hasta no sacar todo no se iba, así que cuando terminó dio media vuelta y cerró lentamente la puerta. No sabía que le afectaba más, el hecho de haberse sentido tan expuesta y patética frente a ella, o el hecho que había tenido reparos en mirarla para decirle que era bonita aun cuando ella le había dicho que sería despedida. Rendida se sentó al borde de la cama para mirar el suelo en silencio, esto no podía haber pasado, los imprevistos en su vida no existía porque todo se mantenía en orden, nada salía de lo previamente acordado, su alrededor era lo que quería siempre. ¿Por qué le sucedían estas cosas desde que había aparecido esa mujer en su vida?
El desayuno lo llevó otra empleada, Regina se había excusado que se había caído con una alfombra en mal estado y le dolía la rodilla. El resto del día fue una pesadilla para la pobre "cenicienta", le temblaban las manos y la barbilla cuando hacía sus deberes porque temía que apareciera James o Ingrid para reprenderla, para acusarla de depravación y expulsarla, lo que sería un hecho. ¿Qué podría decirle a su madre? ¡Había sido una idiota por haber entrado sin esperar una señal! Era una lección esencial para cualquier empleo. Cuando pudo almorzar no quiso hacerlo dentro sino en algún lugar del enorme parque que tenían.
Y así entre tropezones y errores llegó la hora de la cena donde debía llevarle la comida a la familia Swan. Emma tenía razón en decir que sus padres no eran como los demás millonarios porque al menos salían un poco más temprano de su trabajo siempre para comer con la única hija que tenían.
Sudando bajo su ropa y con la garganta apretada, salió empujando el carrito donde llevaba encima la comida en bandejas de plata. Era como un camino hacia la muerte, porque en cuanto pusiera un pie allí, de seguro iban a despedirla. Este lugar era la gran fuente de dinero y trabajo para su familia, ahora iba a tener que ingeniárselas como iba a contarle a Cora lo que había pasado sin ver en su rostro la decepción, porque ¡Dios santo! Eso era peor que todo lo demás. Abrió las dos puertas de ese gran comedor, al fondo de la mesa estaba todo puesto como los manteles y cubiertos para ellos. Sintió la mirada firme de Emma pero no la observó a los ojos, incluso ella se sentía más ridícula o avergonzada que Emma estando desnuda. Trató de pensar en otra cosa, no quería botar la comida frente a personas tan importantes como los Swan.
-Muchas gracias Regina-. James entrecerró los ojos al ver que tenía banditas en algunos dedos –¿Qué te ha sucedido en las manos?-. Extrañada la morena levantó la vista hacia Emma, sus ojos marrones la hicieron sonrojar tanto que sentía que se ahogaba. Regina sacó su libreta y escribió.
-"Me caí esta mañana con la bandeja cuando iba a entregarle el desayuno a su hija"
-¿Te sientes bien? ¿Te enterraste trozos de vidrio?-. Interrogó Ingrid, Regina asintió lentamente, no quería preocuparlos por algo que tenía solucionado ya. Sus ojos de nuevo se quedaron fijos en los de Emma, si ella hablaba sería su fin ¿Por qué ya no lo había hecho?
-Mami, papi, tengo algo que contarles-. Cuando dijo aquello, pudo percibir la angustia de la empleada muda, sus dedos temblaron y sus ojos se nublaron. Se le apretó la garganta sorprendiéndose a sí misma ¿Estaba sintiendo pena por la notoria debilidad que florecía en esa mujer?
-¿Qué pasó princesa?-. Sostuvo su mano mientras que con la otra extendía una copa de vino para que Mills le sirviera, Regina miró a su empleada, recordó lo que hizo la semana pasada y cambió su discurso inmediatamente
-Regina me salvó la vida la semana pasada en la "pool party", me estaba ahogando y me sacó a flote, lo de que me pegué en mi armario fue mentira, la marca que tengo aquí es porque me pegué en la orilla.
-Mi amor ¡Santo Cielo! ¿Y ahora es que lo dices? ¿Te hiciste exámenes?-. Asintió rápidamente.
Regina la miró fijamente unos segundos tratando de asimilar lo que acababa de pasar. Emma Swan, la "heredera" no la había acusado por su error sino que había contado un hecho "heroico" que la dejaba bien ante los ojos de sus padres. El señor Swan la quedó mirando y sonrió de oreja a oreja, el pedirle que fuera la salvavidas esa noche había sido la mejor idea que hubiese tenido. Después de dejar la comida como correspondía se retiró con educación de allí, su pecho temblaba con los latidos del corazón, latidos que llegaba a sentir en su cabeza. No había perdido el empleo ¡No lo había hecho! Sonrió como boba mientras quitaba el delantal negro que se colocaba cada vez que estaba en la cocina o haciendo aseo.
No iba a decepcionar a su madre, todo seguiría en orden y se esforzaría más por ser mejor en esto. Se sentó en un taburete de la enorme cocina para tragar su propia comida, sí, tragar, porque tenía un hambre de mil demonios y la adrenalina le daba más apetito que de costumbre. Estaba en eso cuando alguien en la cocina hizo sonar la campanilla, quizás ya habían terminado su cena y era hora de retirar los platos.
No estaba ni el señor ni la señora Swan... excepto Emma. La heredera la miraba como un gato que miraba concentradamente su juguete. Sin entender que quería se acercó hasta su lado.
-Tranquila, no te voy a hacer algo pero... -sonrojada le hablaba, las palabras se tropezaban en sus labios –Quiero discutir un asunto contigo-. Regina atolondradamente escribía.
-"Sus padres pueden estar cerca"
-Es mejor que salgamos de acá -. No esperó una respuesta, esto más que nada era una orden.
En silencio ambas caminaban al lado de la otra, Regina suponía muy bien lo que la "heredera" quería conversar y no le gustaba la idea, era bastante vergonzoso recordar lo que había pasado en la mañana, las lágrimas de ella, la idea de sentirse desprotegida ante ella que en realidad nada malo le haría. Había una banca de piedra donde Emma se sentó pero Regina, ella solo se acomodó en el suelo porque no era capaz de estar a la misma altura de ella. La rubia inclinó el rostro y la observó con atención ¿Quería siempre marcar la línea que las separaba? Regina alzó la vista y la sorprendió observándola ¿Acaso no hablaría? Sin esperar más sacó su libreta y escribió con cuidado cada palabra, no quería que reaccionase mal.
-"Perdón por lo ocurrido esta mañana, he transgredido tu espacio personal y me siento terrible por ello, no volverá a pasar"
-Lo entiendo y lo vi en tus ojos, no fue algo que quisieras hacer a propósito-. Una imagen rápida pasó por su cabeza ¿Cómo sería ella tratando de seducirla estando desnuda? Casi se ahogó en su propia saliva por el pensamiento totalmente fuera de lugar que tuvo, y es que ambas eran mujeres, además que tenía novio –Digo ah, mmm, debí aclarar que me dejaran el desayuno en mi puerta, creí que tardarían más y por eso me había duchado-. Los ojos perdidos de la muchacha buscaban algo a su alrededor, pero de pronto la recordó desnuda y la vio de arriba hacia abajo. Tras esa ropa se escondía un cuerpo precioso, pero no sabía si esa mujer tenía la misma belleza interior en este mundo tan pedante como el de los ricos –¿Es importante este trabajo para la señora Mills?
-"Después de que se murió mi papá se hizo mucho más importante"-. Había sido tarde cuando se dio cuenta de su error, le había revelado una de sus preocupaciones. Rayó la hoja y cambió la hoja en la libreta ¡Por qué tenía que ser transparente ante ella!
-Por un momento pensé en decirles a mis padres lo sucedido pero no lo hiciste a propósito, además luego de salvarme la vida no podría hacer semejante acto de desconocimiento a lo que pasó esa noche... Solo quiero pedirte un favor-. Regina asintió para que continuara –Olvida esa imagen de mí, apenas puedo estar ante tus ojos soportando la tentación de querer esconderme tras un muro... a mí no me gustaría saber que alguna joven sirvienta de mi novio lo vio sin ropa así que por favor olvida lo ocurrido-. Regina formó una sonrisa tensa en sus labios
-"Si quisiera mirarla con perversión, en esa habitación habría ocurrido otra cosa"-. Siguió escribiendo, podía sentir que la pobre muchacha respiraba apenas –"De aquí en adelante no recordaré lo sucedido, puede estar segura de ello"
Y habiendo escrito eso, se levantó de allí para sacudir el césped en su pantalón. Una cosa era lo que había escrito pero algo muy distinto era lo que pensaba ¿Realmente podría borrar la imagen de la heredera desnuda con todo el sol bañando su piel? Pues claro que no.
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GRANDES VISTAS SE LLEVÓ REGINA...
ESPERO LES GUSTARA. DÉJENME UN COMENTARIO PARA SABER.
PARA QUIEN CREA QUE ES DEMASIADO DE EMMA Y KILLIAN, ESO ESTÁ PUESTO POR UNA RAZÓN. Y EMMA ES BASTANTE ESTRUCTURADA, LA LLEGADA DE REGINA ESTÁ PONIENDO Y POR PONER TODO SU MUNDO DE CABEZA, PUEDE QUE INCLUSO SEA UN POCO MÁS PERRA.
¿QUÉ PUEDO DECIR? ME GUSTA EL DRAMA, Y ESTE FIC TIENE MUCHO.
ES UN FIC LARGO, PERO TIENE FINAL FELIZ... ESO CREO.
