Capítulo 8

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Cuando manejaba de vuelta a casa su mente vagaba en recuerdos de su hermano, muy pocas veces (desde que tenía memoria) lo vio sonreír o expresarse con afectividad, quizás siendo niño descubrió que otros tenían mejor situación económica, deseó tener juguetes costosos como otros, le pidió a Santa Claus regalos que nunca llegaron, no lo sabía con exactitud. Emma la miraba de reojo, ahora el rostro de Regina lucía afligido más que molesto, el hecho que fuese muda aumentaba sus ganas de saber que había detrás de esa fachada seria, que cosas pasaban por la mente de quién no podía expresarse como lo deseaba cada vez que quería.

Sin decirle alguna palabra llegaron a la mansión. Regina estacionó el costoso vehículo en el garaje y cuando giró la llave para apagarlo, se dio cuenta que Emma tenía la vista seria y fija al frente. Antes que se bajara, le dio un vistazo lento de arriba abajo como si tratara de leer la mente de esa mujer, los ojos marrones a ella se le abrieron sorprendidos porque no esperaba que la heredera quisiera inspeccionarla de esa forma.

-Adiós-. Murmuró Emma cerrando la puerta y desapareciendo por un costado sin darse cuenta que ella la observaba con curiosidad. ¿Qué demonios quería?

Callada se dirigía al cuarto de casilleros donde tenía sus pertenencias, pero afuera estaba parado James Swan con una mirada tranquila. Quizás leyó su expresión facial porque habló de inmediato.

-Sé que no me esperabas acá, volví antes de la reunión.

-"¿Necesita algo señor?"

-Quiero que me acompañes a la oficina, tengo preguntas y propuestas que pueden interesarte-. El estómago se apretó con aquella sensación de la intriga, Regina sentía curiosidad sobre qué cosas podría decir. Apenas atravesaron una de las salas de estar principales, Emma corrió a abrazar a su padre. Regina miraba de reojo la situación, no sabía si eran celos pero ella también tenía deseos de poder abrazar a su papá, era imposible, lo que la ponía aún más frustrada. Incluso en relaciones personales ella le ganaba, genial.

-Estaré ocupado hablado con Regina, espero nadie me interrumpa ¿Podrás dar ese aviso?

-Por supuesto papá-. Le dio un vistazo rápido a la "cenicienta" y se fue caminando hacia su habitación, bastaba solo un teléfono para darles la orden a todos de que el señor Swan tenía una reunión privada pero ¿Qué podía ser? ¿Por qué le interesaba tanto saberlo?


A pesar de haber entrado con anterioridad a esta oficina, los ojos marrones de la muchacha observaban con detalle todo lo que decoraba el lugar. Había lujo, por supuesto, tecnología pero un sentido muy grande por la literatura porque los estantes estaban llenos de libros, tanto antiguos como nuevos y en otros idiomas. Sonrió de forma sarcástica, este no era su mundo y era imposible llegar a ser como el gran James Swan y su esposa. El hombre frente suyo se sentó en un asiento de cuero color beige, enorme y giratorio que le daba aún más aire de superioridad del que ya tenía, pero, a diferencia de otros ricos, Swan parecía ser generoso o más cercano con el resto. De su cajón y en silencio sacó unos papeles, carpetas y las puso sobre el escritorio con cuidado.

-Estamos en confianza, nada de lo que hables acá saldrá a menos que tú lo decidas ¿Confías en mi palabra?-. Regina asintió sin dudarlo, por alguna razón le creía –Bien, como hay confianza quiero preguntarte varias cosas. Me surge una duda, el hecho que seas muda ¿Es permanente? ¿Estás en tratamiento? -. Regina sostuvo una libreta y comenzó a escribir con paciencia.

-"No es permanente, solo fui unas semanas a unos especialistas pero no tengo los medios para seguirlos costeando, mi problema no es físico sino psicológico"-. Siguió escribiendo –"El accidente fue un trauma tan fuerte que algo pasó en mi cerebro que aunque quiera no puedo hablar"

-Mmh-. Asentía como si tramase algo –¿Y qué piensas hacer con tu futuro? Digo, es tu último año de escuela ¿Cómo son tus calificaciones?-. La chica sonrió tímida pero escribió, era lo único que podía hacer.

-"Estoy dentro de los mejores de mi clase y sobre mi futuro..."-. Iba a escribir pero su mirada se quedó perdida en el vacío. Por supuesto que no sabía qué sería su futuro, no sabía si las universidades le darían becas cuando su escuela no tenía una gran reputación, además, si estudiaba habría menos ingresos y más gastos, por lo tanto sería un problema.

El silencio de Regina hizo que James mirara los papeles sobre su escritorio. Detrás de esa chica había una mente brillante, podía apostar que Cora y su esposo fallecido habían hecho un trabajo increíble con ella, que sus calificaciones eran buenas porque realmente sabía y no porque la educación de donde estudiara fuera realmente mediocre. ¿Qué había en James para sentirse motivado a ayudarla? Quizás era el hecho del impacto que le provocó la actitud por ayudar a su madre, no lo sabía.

-Quiero proponerte cosas, necesito que las pienses y mañana me des una respuesta, no lo sé ¿Quizás te cambian la vida?

¿Quizás? Esa noche de inmediato le contó a su madre y hermana lo que el señor Swan le había propuesto. ¿Cómo podía rechazar esa oferta? Implicaba muchas cosas y desafíos, pero todo era por velar su futuro. Una luz, una luz se habría paso y le daba esperanza de ayudar aún más a su familia, al menos así se lo había hecho entender el señor Swan. Lo sorprendente era que su esposa también estaba de acuerdo en todo ¿Por qué? Esa noche apenas pudo dormir, se giraba de un lado a otro mientras sudaba a pesar de que tuviese la ventana abierta. ¿Debía aceptar o rechazarlo todo? Cuando sintió que aún no podía quedarse dormida a pesar de ser las 3 AM, se inclinó para recoger una caja de zapatos donde guardaba algunas fotos y pertenencias. Miró unas hojas que su padre le había confiado, unos bocetos y dibujos de una pasión que no quería que nadie más en la familia supiera que tenía. Gustos que se habían pasado a ella como hija. El hecho de tener constantemente después del accidente un lápiz y cuaderno para comunicarse, le dio instancias para realizar los mismos bosquejos mientras las ideas se representaban en dibujos nuevos e innovadores. Pero esto no sería considerado como talento ¿O sí?
Guardó todo, apagó la luz y se inclinó hacia la pared hasta que tuvo el sueño que tanto le faltaba. Mañana sería un interesante día donde daría que responder.


Era día viernes, ayer le había dado una respuesta al señor Swan y creía que lo que le dijo fue lo mejor. Llevaba el almuerzo de la señorita Swan en una bandeja sobre su mano igual que los meseros, pero cuando llegó al comedor la vio sentada con su equipo deportivo. Seguramente había llegado hace poco de sus clases de tenis pero más que cansada parecía triste.

-Aah-. Suspiró, ni siquiera levantó la vista cuando Regina le dejó el plato sobre la mesa. La morena inclinó su cabeza curiosa ¿Qué le pasaba? Se escondió tras una puerta pero Emma seguía mirando su plato de comida sin probar un bocado –Amm mmm-. Si algo le pasaba el señor y la señora Swan iban a culparla. En silencio dejó una hoja frente a los ojos de ella.

-"Come ahora o se terminará enfriando tu comida"

-No tengo apetito-. Susurró soltando el tenedor, Regina le mostró otra hoja

-"Hay gente que desearía tanto poder comerse un plato como esto, vamos, come por favor"-. Emma alzó los ojos, la mirada penetrante de sus ojos marrones la ponía nerviosa.

-No quiero entrar a clases, necesito a mi novio aquí conmigo, mis amigas fueron por Asia para aprovechar los últimos días así que estoy sola.

Regina se acercó lentamente a su rostro, tanto que Emma comenzó a inclinarse hacia atrás. El perfume de "cenicienta" la envolvía por completo y hacía que dentro de su estómago se removiera algo. De pronto Regina casi le estampó una hoja en la cara para que la leyera.

-"Entienda que hay personas con problemas muchos más fuertes que el suyo, tiene tanto dinero ¿A que no puede entretenerse con algo sencillo?"

-¿Es eso un desafío?

Pero con una sonrisa traviesa Regina se dio vuelta con la bandeja y salió de allí. Después de reflexionar durante todos los días que estuvo haciendo el reemplazo de su madre, y que pronto iba a llegar a su fin, llegó a la conclusión que no podía esperar mucho de Emma Swan, su mundo era ese y estaba acostumbrada, no iba a reaccionar de otra forma. Durante la tarde donde encontró al fin un descanso, decidió reposar en el césped donde un enorme árbol le daba sombra, mañana sería el último día aquí o eso había acordado con James Swan pero ¿Volvería a trabajar mientras estudiase? Quizás no y eso le preocupaba, mas recordó que su jefe le había dicho que le subiría el sueldo a Cora para compensar lo que ella no iba a poder entregarle.
~"Por supuesto que a mi mamá ni a Violet les va a faltar algo"~ pensó tranquila.

Sus párpados comenzaron a caer, el cansancio se hizo más fuerte que nunca y cuando iba a aferrarse a esa última gota de sueño para quedarse dormida, sintió un peso caer a su lado. Con el ceño fruncido abrió los ojos, notando la figura de Emma sentada a su lado que la miraba con la ceja arriba. ¿Qué quería ahora?

-He tratado de entretenerme con cosas sencillas, pero no sé qué es sencillo, supongo que tú debes saberlo-. Regina se levantó mal humorada y acomodó su cuerpo para quedar en la misma posición que ella. Comenzó a escribir, sí como no, era lo único que sabía hacer

-"Si quiere decir que soy pobre, bueno, quizás esté cerca de serlo"

-No quise decir eso, es que como tú dijiste...-. Se sintió tan incómoda que llegó a sonrojarse. Mills sonrió complacida, quizás podría llegar a ser un hobbie el querer molestarla. Tomó su lápiz y comenzó a escribir sobre una hoja.

-&Hay cosas muy sencillas para disfrutar, por ejemplo el silencio, la naturaleza, una buena bebida helada sentado sin hacer algo&

-¿Cómo disfrutar de una charla? Escuche que mañana terminas de ser sirvienta-. No supo como pero detrás de su espalda sacó un paquete de galletas y dos Coca Cola en lata. Una pequeña sonrisa se dibujó en la esquina de los labios de Mills, siempre en casa decía que su adicción eran las galletas y que quién le llegara con una de ellas cuando se sentía cansada, iba a casarse. Sí claro, un dicho que no se ajustaba a la situación –Disfrutemos de una charla entonces, me gustaría que terminásemos de mejor manera-. Inclinó la cabeza como un cachorro –Quiero decir que mañana te irás y no sé por qué pero sí me importa lo que digan los demás y no, no quiero que te vayas a tu realidad pensando que soy como mi amiga porque no es así... Yo te agradezco eternamente que hayas salvado mi vida cuando me ahogaba en la piscina, valoro el hecho que trabajes por tu madre e incluso hace unas horas que me hayas dicho que comiera-. Le costaba decir las palabras, era muy extraña la situación cuando estaba con ella, como que sentía un aire bastante hostil por parte de Regina pero al mismo tiempo no podía culparla, este no era su mundo.

-"Yo no sé qué puedo agradecerte pero te daré un consejo"-. Siguió escribiendo mientras de sus labios colgaba media galleta –"No pienses que todo está asegurado, un día lo que creemos que tenemos puede desaparecer de golpe"-. Emma iba a responder pero Regina siguió escribiendo –"Perdí mi voz, mi padre y muchas cosas en un accidente automovilístico, quizás tú tienes bastante dinero pero hay otras cosas, muchas otras cosas que se pierden y el dinero no puede pagar"

-¿A qué te refieres?-. Susurró angustiada. Dudó si seguía escribiendo o no, pero la verdad es que no volvería ver a esta guapa chica otra vez.

-"Una pareja, Emma, un accidente puede hacer que una pareja te olvide"

Esa confesión no se la esperaba en lo absoluto, Emma Swan estaba prácticamente segura de que Killian ante cualquier adversidad no iba a abandonarla como si nada, se había ganado al mejor hombre como novio. ¿Alguien se había alejado de Regina por ser muda? ¿Habría influido aquello para que tampoco pudiese avanzar en una mejoría? Bajó la vista y quedaba una sola galleta en el paquete, ambas habían comido por igual y no se sentía capaz de arrebatarla de su sitio. En silencio la sostuvo y la partió en dos mitades iguales, tendiéndole una a la chica delante suyo.

-Por una vida donde aprendamos a valorar lo que tenemos-. Sijo sinceramente, Emma podía ser engreída algunas veces pero apreciaba nacer donde había nacido y sabía que a pesar de todo, Regina valoraba lo suyo –Salud-. Regina sostuvo la galleta, escribió con una mano algo en la libreta y se lo mostró.

-"Salud"

Algo tan sencillo y quizás bobo para otros había logrado que Regina sonriera por primera vez de forma sincera, de una manera que no reflejaba hostilidad ni nada por el estilo. Vaya ¿Quién lo diría? Cenicienta era una caja de Pandora.


No, ella no trabajaba los días sábados pero este si vendría porque así lo había acordado con el señor Swan en un principio. No era un día para hacer el aseo sino darle el pago del mes y afinar detalles de cuáles serían las condiciones en las que a partir del lunes trabajaría Cora.
Por supuesto que el reemplazo de su hija significó un gran descanso, el estrés había disminuido y se sentía mucho mejor para comenzar otra vez aunque ¿Cómo no hacerlo cuando James quería asegurarle el futuro a Regina? Sus argumentos eran válidos, esa chica era un genio que no podía perderse en el camino solo por no poseer dinero.

Después de la charla final, "cenicienta" abrió la puerta de la oficina de James Swan con sentimientos extraños. El lunes empezaría el último año escolar, el acuerdo con su ex jefe le daba esperanzas de continuar estudios más adelante y aunque se sentía avergonzada por la ayuda no podía haberse negado a ello, había que aferrarse a los recursos. Con educación se despidió de las demás sirvientas que en un principio se mostraron hostiles, mas ahora sentían pena porque aquella chica muda era muy correcta. Observó cada rincón de la mansión desde la entada principal, había sido una experiencia muy extraña el servirle a los Swan, había visto la riqueza en la que se sumergían y las costumbres que tenían.

Cuando salió y caminó sobre el suelo de piedras que atravesaba el parque hasta los grandes muros, se dio cuenta que alguien estaba sentada sobre el mismo árbol donde ayer estuvo con... Era ella, era Emma. Se detuvo para observar que estaba haciendo y no pudo evitar sentirse satisfecha con lo que veía. La rubia abrazaba sus rodillas, mantenía sus ojos cerrados y solo se dedicaba a "escuchar" el silencio. ¡Estaba siguiendo sus consejos! El sol apenas atravesaba las ramas del árbol, aquellos pequeños rayos iluminaban un poco su cabello y le daban un aire de pureza extrañamente formidable. "Qué bonita" pensó Regina, Emma realmente era una chica bonita si se lo proponía, aun no podía olvidar el brindis de la galleta porque había sido una muestra que en el fondo ella tenía corazón.


Lunes 24 de agosto marcaba el calendario.

Emma estiró su mano para apagar el despertador que no dejaba de sonar a su lado. 6:30 am sería a partir de ahora el horario para levantarse así que debía acostumbrarse. Dejó un exquisito champú sobre su cabellera mientras enjabonaba su cuerpo por completo, el agua se escurría de pies a cabeza arrastrando la espuma hasta sus delicados pies. Hoy también empezaría a tomar desayuno con sus padres, ya nadie le llevaría a la cama porque así eran las reglas en esta casa.

-Pero que hermosa se ve mi hija

-Nuestra niña es una princesa-. Ingrid le tiró un beso a Emma indicándole donde sentarse –¿Cómo te sientes para este día de clases?

-Conociendo como es el lugar donde estudio, empezarán desde el primer día de clases dándonos tareas y cosas difíciles-. Hizo una mueca y le dio una gran mordida a un pastel.

-Si quieres ser alguien en la vida debes empezar con las cosas difíciles desde ahora, además, eres la primera de clase, no sé de qué te quejas-. La chica hizo una mueca de fastidio provocando la risa de sus padres.

A clases se iría en el Astor Martin blanco que era de su madre, quería imponer el estilo desde el primer día porque era el referente de moda de varias personas. Era cierto, como le comentó a Regina le importaba demasiado la opinión pública y aunque sabía que había chicas que no la soportaban, la mayoría la respetaba o seguía. De un beso en la mejilla se despidió de sus padres y emprendió rumbo a la preparatoria. Hace dos años se quiso implementar el sistema de uniforme pero la mayoría se negó a la idea de verse todos iguales, el preparar la vestimenta distinta para cada día tenía su diversión porque entre chicas les gustaba competir. Heidelberg High School se destacaba por ser un establecimiento de educación privado con prestigio a nivel nacional, la mayoría tenía buenas calificaciones pero solo pocos alcanzaban la cima de ser los mejores (Como Emma y Killian), asistían los hijos de las familias más ricas de Los Ángeles y los cupos para entrar eran peleados a muerte.

Las personas iban ingresando al lugar, algunos estaban parados afuera conversando pero todos sabían lo que estaba pasando, esperaban la llegada de la pareja modelo, Emma Swan y Killian Jones. Un precioso Chevrolet Camaro negro se estacionó a un costado pero no abrió las puertas hasta que un Aston Martin se detuvo a su lado. Como dos estrellas de Hollywood ambos bajaron de sus vehículos y se acercaron para darse un beso.

-Es hermoso, quiero tener un novio como él, tener el dinero de Emma-. Una de las tantas chicas murmuro a su grupito de amigos observando a la pareja.

-¿De qué hablas? Tienes dinero y mucho.

-Pero o sea ¿Hola? Ella es Emma Swan, nieta del fundador de esta escuela, hija del mayor accionista en el área del entretenimiento y mundo hotelero, hija de Ingrid Swan productora principal de Universal Studios y Sony. Por favor, los Swan nadan en dinero y sí, así lo dice internet-. Murmuró celosa.

Saludando a sus amigos principales estuvieron Killian y Emma hasta que consideraron que era la hora correcta para entrar a clases. Como no les gustaba estar separados eligieron el mismo horario. Todos se fueron acomodando en sus asientos porque pronto comenzaría la clase de química y el profesor que le hacía clases a los de último año en esta asignatura no era de lo más agradable. Mary Margaret y sus otras dos amigas se voltearon hacia Emma para comentarles como les fue en Asia.

-O sea as-que-ro-so esos puestos de comida frita en China o Tailandia, calorías, suciedad ¿Tú crees que era carne? Yo creo que cocinaban perros-. La morena de cabello pixi meneaba el rostro, por supuesto que Mary Margaret Blanchard no vería el lado bueno de las cosas, solo se centraría en los detalles irrelevantes. Así se mantuvieron conversando entre todos hasta que los murmullos cesaron, un hombre sin mucho cabello y muy alto entraba serio.

-Buenos días estudiantes, haremos esto rápido...-. Centraba su atención en cada uno de los 30 alumnos de este curso –Todos ustedes son inteligentes y capaces en muchas cosas pero mis clases no son fáciles, me gusta que los chicos de último año estén preparados para lo que será la universidad, un lugar donde no tendrán solo sexo y alcohol como los engañan en las películas baratas de Hollywood.

-Que rudo-. Susurró alguien sin ser oído.

-Si tomaron química es por algo, si muestran interés y veo resultados esto será más llevadero... muy bien-. Se giró hacia la pizarra pero alguien tocó la puerta. Podía ver al director haciéndole una señal con los dedos para que abriera y conversaran –Me esperan un segundo...

Todos retomaron su charla en donde había quedado. Emma apretaba el lápiz con la mano derecha y la otra sobre el cuaderno pensando que no temería a química, era la mejor de la clase y siempre se esmeraba en estudiar para dejarle en claro al resto que era inteligente y que no era la favorita de los profesores por ser una Swan sino por ser la alumna ejemplar. Pero de pronto todos volvieron a silenciar cuando entró el profesor Dallas seguido de una muchacha bajita con el ceño fruncido y la mandíbula apretada. Nadie la conocía y por eso murmuraban dando sus propias opiniones frente a lo que era evidente, había una compañera nueva. La mandíbula de Emma se cayó al suelo (de forma figurada) al igual que la de Mary Margaret. Killian le dio un codazo a su novia para captar su atención pero era evidente que había quedado demasiado sorprendida para creer lo que estaba pasando.

-Llegó atrasada porque tenía una charla con el director de nuestra escuela pero no se volverá a repetir-. Se hizo a un lado para que todos pudiesen ver a la nueva estudiante –Su nombre es Regina Mills y fue transferida durante la semana a nuestra preparatoria Heidelberg... puedes sentarte allí-. Le indicó un asiento vacío al lado de una muchacha que no parecía contenta con la noticia.

-Profesor Dallas mi amiga está enferma pero estoy reservando este lugar para...

-Dije que se sentará allí al menos que quiera que le haga un examen sorpresa ¿Entendido?-. Los ojos verdes de la muchacha fulminaron a la nueva, quien de inmediato había captado que no era bienvenida en esa silla.

Cada uno de los estudiantes en esa sala siguió con la mirada a la "nueva" hasta que se acomodó en su sitio, Mary Margaret seguía con la boca abierta porque la había reconocida, ¡era la jodida sirvienta de Starbucks! Emma miraba su cuaderno con los dientes apretados al igual que sus puños ¡Su padre nunca le avisó de esto! Era imposible que una chica del nivel económico de Regina estuviese aquí por sus propios medios, la beca no se la daban a cualquiera. ¡James usó sus influencias! La clase comenzó y aunque sabían que no era fácil, para muchos era inevitable mirar de vez en cuando a la chica nueva. Como tal era la atracción del lugar y captaba la atención pero no precisamente por algo positivo, más bien era curiosidad del resto.

-¿La sirvienta muda está aquí?-. Susurró Killian al oído de su novia –¿Qué quieren tus padres?- Emma gruñó y miró a su chico.

-No lo sé pero tendré una larga charla con ellos esta noche, esto debe ser una broma.

POV. REGINA
Nadie podía imaginarse que sabía cuándo alguien en esta sala ponía los ojos sobre mí. Yo sabía que esto ocurriría, cuando apenas di mi sí ante la petición de James Swan de darme la beca para estudiar en la mejor preparatoria, sabía que me enfrentaría a un mundo que no era el mío. Pero él, ese hombre recalcó que estudiar aquí sería una plataforma perfecta para estar en las mejores universidades, Heidelberg High School tenía un prestigio inigualable, era uno de los mejores centros de educación del país y él fácilmente podía tener una charla con el director para que evaluase mis competencias y me dejase entrar aun cuando los cupos se habían cerrado en junio. Por lo poco que pude ver en lo que llevaba aquí adentro, me estaba mezclando con gente que no pensaría como yo ni vería el mundo como yo lo hacía, los autos afuera estacionados fueron lo primero, mas, mi cerebro me gritaba que esto era solo la punta del iceberg.

-Como ven esta ecuación nos habla de la polaridad y...-. Concentré todos mis sentidos en ese hombre que hacía clases, desde hoy iba a luchar por la oportunidad que el señor Swan me estaba dando.


El profesor explicaba cómo hacer el ejercicio, tal como lo mencionó Emma en el desayuno, todo había partido rápido en el primer día. Eligió varios alumnos para que pasaran al pizarrón a realizarlo pero nadie lo hacía bien, esto era un desafío. Todos se voltearon a mirar a Emma para que pasara a hacerlo, era evidente que solo alguien podía destacarse cuando nadie resolvía las cosas. Regina seguía con la mirada hacia la pizarra, nada podía distraerla.

-Debes pasar adelante-. Susurró Killian a su novia.

-Este hombre hizo una ecuación muy difícil, Killian, creo que...-. Comenzó a sudar ¡Era primera vez que fracasaría en algo! –Creo que no puedo hacerlo, no puedo...-. El maestro Dallas sonrió con malicia cuando vio que Swan no podía hacerlo.

-Ya que nadie puede hacerlo-. Casi reventó el plumón contra la mesa de "cenicienta" –Supongo que vuestra compañera nueva puede hacerlo-. Levantó engreído una ceja –¿Te atreves?-. Regina tenía en la mente solo una cosa –¿Tienes miedo de fracasar como tus compañeros?-. Tomó de inmediato el marcador de pizarra, pareció analizarlo bastante rato antes de levantarse ante él –¿Enserio lo harás?.

Asintió, respiró profundamente y se paró tras el ejercicio que había dejado escrito. 30 pares de ojos miraban expectantes lo que podría ser un hecho divertido, creían que todos merecían ser perdonados porque nadie podía resolverlo pero ella, la nueva sí podía ser juzgada si fracasaba. Podía ser esta escuela de prestigio pero había de forma muy explícita reglas contra los nuevos.

-¿No puedes hacerlo?-. Regina le dio una significativa mirada que le transmitió un mensaje. "Cállese y mire".

-Si yo no pude, ella no podrá hacerlo, es solo una sirvienta-. Emma pensó inquieta y aunque no quería juzgarla por ser de otra clase, era realmente cierto que cualquier persona inferior no podría llegar a la altura de alguien que toda su vida recibió educación de calidad. Mas, los prejuicios son prejuicios y después de un minuto de haber empezado, Regina se hizo a un lado para mostrarle a todos lo que había escrito. El profesor tragó saliva.

-No, no es posible...-. Tomó las manos de la nueva y las dio vueltas para ver si tenía escrito una ayuda, pero nada, no había nada, todo era correcto –Pues bien clase, supongo que alguien si me caerá bien este semestre, Emma Swan debería cuidarse la espalda, tenemos competencia aquí.

Todos sorprendidos miraban como un partido de tenis el rostro de la rubia y luego la de la nueva chica genio. Regina giró la cabeza hacia donde los demás lo hacían también. No, esto... esto no era... ¿Esto era real? Allí sentada al lado de su novio estaba la figura de una chica de brazos cruzados que no se parecía a la que disfrutó el fin de semana del silencio y la sencillez. ¡Emma Swan era su compañera! ¡Maldita sea!
Su cara era de pocos amigos ¿Cómo no? Frente a todos sus compañeros, "cenicienta" había pisoteado en su primera clase sin querer el ego de la heredera. Esto recién estaba comenzando...

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¿QUE TAL?

¿QUE CREEN QUE PASARÁ?

MI BEBÉ ES SUPER INTELIGENTE.