Capítulo 13
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Emma sentía todo su cuerpo caliente y no por algo positivo sino todo lo contrario. Quería acercarse a Regina, estirar su mano y darle una bofetada ¡Era una imbécil! ¿Cómo podía contra argumentar sus dichos si podía rebatir una y otra vez de tan impecable forma? Algunos se sentían tan incómodos con la situación que miraban la punta de sus zapatos, otros estaban pensando en las palabras de Regina. Quizás realmente los bonos no eran la solución y el crear puestos de trabajo era la vía correcta, después de todo eran palabras de la única estudiante becada y estrato bajo de Heidelberg.
-Ahora amm-. El profesor miraba preocupado a sus alumnas, Regina y Emma se miraban como dos animales tensos a punto de arrancarse la piel a pedazos –La conclusión del grupo a favor de la ley de asignación del bono...-. Ninguno de ellos quería hablar, ahora sus argumentos se veían tan pobres al lado de todo el discurso escrito de Regina que no valía la pena. Emma sentía su garganta apretada, los ojos húmedos, no era capaz de quitarle la vista a la "muda" y esta, esta tampoco porque desde su mudez quería hacerle entender que no siempre sería la que ganaría en todo –Bueno, supongo que no lo harán, el grupo en contra de la ley... por favor sus conclusiones-. Una alumna acercó su boca al micrófono.
-La conclusión de nosotros es efectivamente la que nuestra líder de equipo Regina Mills ha dicho, para salir de la pobreza y no caer en un círculo vicioso donde se alimenta el sedentarismo de este estrato, es bueno crear puestos de trabajo y becas de estudio para que a través de una profesión salgan de una vez de ese ambiente. Los bonos solo darían soluciones a medias y temporales que no serían efectivas para el propósito que se tiene en mente, levantar esta clase social...
Todos aplaudieron porque correspondía a una conducta mínima de respeto. El profesor, como lo había hecho con todos, se paró al medio de ambas mesas para dar el bando ganador. Por supuesto, no fue sorpresa cuando su mano derecha se inclinó hacia el equipo de Regina ¡Pero qué manera de defender sus argumentos junto a sus compañeros! El cuerpo de Emma estaba tan impaciente que la dignidad que quería mantener se fue a la mierda cuando salió rápido de la sala de clases. Regina la siguió con la mirada y mentalmente lamentó que fuese una mujer poco tolerante a la frustración. Killian iba a ir tras su novia pero se quedó sentado porque sabía que en momentos así solo era mejor dejarla en paz. Miró de mala forma a la "sirvienta" pero esta no le prestó atención, solo salió al pasillo porque el profesor había solicitado su presencia.
-Regina Mills-. Todo el pasillo estaba vacío, profesor y alumna conversaban a solas –Realmente debo decir que me gustó tu forma de argumentar y contra atacar incluso de forma escrita ¿Cómo lo lograste?-. La chica escribió en su libreta, a la cual casi no le quedaban hojas vacías.
-"Dejando que hablara mi corazón, suena como cuento pero no es secreto que soy de estrato social bajo y sé de este tema mucho más que todo el mundo"
-Tienes potencial, por favor no dudes de eso ni dejes que los chicos de aquí te intimiden por ciertos mmm-. Movía su mano –Comentarios... no debería decirte esto ahora pero está claro que la calificación de tu equipo fue una A+-. La sonrisa de la morena era enorme -Te veo incómoda con esa ropa formal, puedes ir al baño a cambiarte.
Era cierto, estar así no era su estilo así que caminó rápido a un baño donde tuviese privacidad suficiente, luego se iría a casa porque quería estar allí antes que llegase Violet para recibirla con algo bueno. Ellas a pesar de la diferencia de edad eran muy unidas, a ambas les iba de maravilla en la escuela y amaban por sobre todas las cosas a sus padres, el único "desviado" era Neal que había sido un chico bueno para ir de fiestas y renegar de sus orígenes.
El teléfono en su bolsillo vibró con una llamada entrante, el nombre en la pantalla la hizo sonreír de inmediato ¡Se había acordado de que tendría el debate hoy!
-Amm-. Casi no podía formar palabras pero trataba de comunicarse como fuera por medio de sonidos improvisados.
-Uy te he dejado sin palabras ¿No?-. Contestó Mal al otro lado de la línea, un intento de risa había brotado de la boca de la bajita, pero nunca era suficiente para reír o hablar, no podía –Te llamaba para decir que estoy segura que has dejado a todo el mundo con la boca abierta, sé que fue así porque eres una chica maravillosa del cual estoy orgullosa. ¿Puedes golpear la pantalla para decir que sí es cierto lo que digo?-. Sintió el sonido de una uña golpeando -¡Lo sabía! Quiero pasar a tu casa para que me cuentes con lujo de detalles todo pero estoy en clases. ¿Te parece si voy a cenar a casa?-. La chica volvió a golpear la pantalla con su uña –Genial, más tarde arreglamos eso... Gina, te quiero mucho y yo sé que tú a mí, hermana.
Regina miró su teléfono cuando la llamada se cortó. Sí, a Mal la quería mucho porque era la única amistad real que había formado después del accidente. Además su forma tan espontánea de ser era lo que necesitaba en su vida, era real, si debía decir algo lo decía y no lo guardaba.
Iba a quitarse su ropa formal pero se quedó mirando frente al espejo, ya sabía lo que tenía que hacer. Sin dudarlo caminó al mismo baño de chicas que casi nadie usaba, a cada paso que daba miraba hacia los alrededores para que no pensaran mal de lo que tenía pensado hacer.
No, por supuesto que no se equivocó porque cuando entró estaba Emma esperándola con las manos hacia los lados. Se fijó en los detalles de su cuerpo: los dedos estaban cerrados en un puño a cada costado de su cuerpo, le temblaba la barbilla, su garganta se movía con la saliva que tragaba, su respiración era profunda y fuerte, la posición de su cuerpo estaba inclinada hacia adelante. Sus ojos brillaban y si no estaba mal suponía que había estado llorando.
-Sabía que vendrías... sabía que no te aguantarías ni un solo segundo en llegar hasta mí para restregarme en la cara que ganaste-. La rubia estaba apoyada en la puerta con las cejas fruncidas –¡¿Eso querías?! ¡Estoy segura que querías humillarme!-. Como una carta bajo la manga Regina, sacó su libreta y escribió
-"Le recuerdo señorita Swan que usted recalcó que era pobre de forma indirecta"
-¿Y yo por nacer en un lugar mejor que tú no voy a saber lo que la gente pobre necesita? ¡Todo el mundo espera mucho de mí! Pero... pero tú... ¡Tú lo arruinaste todo!
-"Parece una niña a la que le han quitado su dulce favorito"-. Mostró la hoja.
-No hay nadie que te defienda y disculpa que te lo diga pero la que ha sido educada con mejores profesores he sido yo, la que sabe lo que dice e sido yo...-. La morena comenzó a gruñir, no, con ella no tenía paciencia.
-"Deje de hacer el ridículo, mis argumentos eran sólidos y realistas, el que usted no tolere saber la realidad es otra cosa o ¿Tan sedienta está por ser el centro de atención siempre?"
-Infeliz-. Masculló dándole una bofetada que sonó en todo el baño. No, no se arrepentía en lo absoluto de haberla golpeado porque hace rato quería hacerlo, se había sentido tan humillada frente a sus compañeros que debía hacerlo –Odio lo que no está en mis planes y tú, Mills, eres un estorbo en ellos... déjate de jugar a la "cenicienta"-. Hablaba entre dientes, Regina estaba mirando la nada con su mejilla colorada –Porque cuando te enfrentes a la vida real te vas a dar cuenta que ni las becas de mi padre ni su apoyo te salvarán-. Regina tragó saliva, si Emma había estado enojada antes, ella ahora mucho más. Escribió.
-"¿Le gusta tener todo controlado? Le puedo apostar lo que quiera que no se espera esto"-. Había acabado con la última hoja disponible de su libreta. La arrancó ferozmente y se la entregó a Emma.
Cuando la rubia levantó la vista dando a entender que había dejado de leer y que no entendía sus palabras, Regina la empujó de ambos hombros contra una pared y sosteniendo su barbilla con furia la atrajo a sí misma para estrellar sus labios con los de ella. La heredera abrió los ojos sorprendida pero los cerró de inmediato cuando Regina ahora la sostenía de la nuca y la espalda para asaltarla con un beso tan pasional que durmió sus piernas. Al principio no era capaz de responder porque todos sus miedos y actitudes correctas llegaban a la cabeza, aunque no supo entender como la razón y la lógica de un chispazo se durmieron para dar paso a una Emma que se entregó como si nada a ese beso. El jadeo salió de su boca y en ese instante fue que "Cenicienta" introdujo su lengua para acariciar la de ella y reclamarla como suya. Esa chica que parecía indiferente a todo había tomado un papel tan poderoso y animal que inclinaba todo su cuerpo contra el de la "heredera" para presionarlo contra la pared de baldosas.
Los labios de la morena eran calientes, eran exquisitos, eran fuertes para presionar los suyos propios. Volvió a jadear porque comenzó a calentarse y no por la furia sino por lo alocado de todo esto, pero comenzó a asustarse cuando entre besos iba a levantar una rodilla hasta la cadera de ella ¡BASTA YA!
Antes de empujarla Regina ya había retrocedido para mirarla mientras respiraba agitada, ambas lo hacían. Regina se mordió los labios por dentro, no quería inclinar sus pensamientos al lado del cerebro que le gritaba lo exquisito que podía ser mezclar la ira con la pasión, menos cuando se sentía tan caliente por todas partes. Era muda, sí, era observadora, por supuesto ¡Pero tenía sus hormonas bien puestas! No iba a dejarse intimidar, con esto le había demostrado a la jodida y mimada heredera que no todo podía estar planeado en su agenda, además de que más allá de ser pobre, podía ser más que una mujer si seguía metiendo el dedo en la herida de su orgullo. Las lágrimas lentas caían de los ojos de Emma mientras mascullaba furiosa.
-Te odio Regina Mills, te odio mucho.
Regina caminó hasta ella, quién valientemente no retrocedía sino que la miraba nada más. Quería escribirle pero no tenía hojas donde comunicarse así que usó sus labios para arrastrarlos dolorosamente desde su barbilla hasta el oído de ella donde besó su lóbulo tan calientemente que ella gimió.
Le dio una última mirada a solo 2 centímetros de su rostro, sus ojos marrones ardían como cada centímetro de su piel. El mensaje de su mirada fue tan claro que ella lo entendió al instante
~"Yo también te odio. No creas que no siento, no miro, no deseo, tengo muchas caras de mi personalidad que pueden llegar a joder tu vida, no me provoques mimada, te lo estoy advirtiendo... no sigas provocándome"~
Como si nada se dio media vuelta y salió de allí una vez que se cercioró que nadie anduviera cerca. Poco a poco la realidad volvió a Emma mientras jadeaba con los ojos cerrados antes de terminar llorando desconsolada en el suelo ¡Era una jodida zorra!
Y por supuesto que Mills había ganado el segundo round pero no tenía idea que las personas se queman jugando con fuego. Había abierto caminos mucho más que prohibidos.
...
Regina miraba el techo en medio de la noche, no sabía qué hora era y tampoco se atrevería a mirar su teléfono para no desesperarse. No podía conciliar el sueño pensando lo que había hecho en la tarde en ese baño de chicas, ella era una muchacha civilizada pero el enfado había llegado a su tope. Emma Swan la había molestado a tal punto que la única forma de hacerle entender que no todo se podía planear, además de hacerla callar, era sorprenderla con un beso. Iba a ser corto pero se dio cuenta que sus labios eran deliciosos y que quería demostrarle que bajo esa facha de muda, era una mujer con deseos como cualquiera. No importaba lo que le dijera después pero en ese momento ella había respondido con la misma sed cada uno de sus besos, la había sentido temblar cuando besó su lóbulo de la oreja.
"Pero es una mujer con pareja" se dijo a sí mismo, Killian Jones no tenía la culpa de que su novia fuese una mujer tan temperamental, que tuviese la necesidad de ser la mejor en todas partes ¿Por qué se comportaba de esa forma cuando sus padres no lo eran?
No iba a darse una tercera ducha de agua fría a estas alturas solo porque se estaba poniendo caliente recordando su cuerpo desnudo y el beso pasional. La guerra estaba más que declarada, ambas se odiaban, solo debía seguir su camino y no tomarla en cuenta, tampoco iba a dejar de ser una chica "genio" solo para no superarla, simplemente para ella no existía. Sí, era fácil decirlo pero su cuerpo no captaba el mensaje porque su entrepierna seguía mojándose con ella.
...
Era miércoles 24 de septiembre
Hoy era la fecha donde todos debían elegir el curso obligatorio extra curricular, había de todo y en muchas áreas como las ciencias, deportes, música y otros. ¿Qué probaría Regina? A su lado estaba Tinker colgada de su brazo para leer también cada una de las alternativas.
-¿En qué eres buena?-. Le preguntó la rubia bajita.
-"Soy buena en todo, por eso no sé en qué inscribirme"-. Su respuesta hizo reír a su, al parecer, nueva amiga, incluso al resto de "los chicos raros" que la tenían incluida dentro del grupo.
-Me meteré un deportivo, quizás aún queden cupos en algo tan apasionado como- Astrid hizo el signo con sus dedos- "Golf"-. Sostuvo un lápiz e inscribió su nombre efectivamente en el club de Golf porque su padre era dueño de varios parques en el país y debía dar el ejemplo –No te podrás inscribir en debate, no creo que los otros quieran aceptarte allí por temor a ser destrozados ¡PAF!-. Le sonrió en agradecimiento, con ellos daba lo mismo ser mirados como "extraños" porque todos tenían en común una cosa, no era importante la cantidad de cifras en la cuenta bancaria para ser apreciado.
-Creo que me inscribiré en "Street dance", siempre me ha gustado el baile-. Tinker se puso de puntillas para colocar su nombre –¿Dónde te meterás?-. Regina había visto un curso pero no, podía decir cualquier cosa al mundo menos la pasión que con su padre habían compartido aunque sea post muerte. Miró bien la lista de los demás cursos y se dio cuenta que los dos que más le llamaban la atención calzaban con su horario –No te olvides que algunos están fuera de horario de clases, eso facilita las cosas. La morena sonrió, nada le hacía de mal a su cuerpo si lo entrenaba bien así que estaba decidida, tomaría dos deportivos.
No fue hasta la otra semana, día lunes 29 que los extra curriculares comenzaban. No le extrañó saber que Emma era parte de las porristas del equipo de fútbol americano, aunque sabía que eso no contaba como un curso extra, era más bien pertenecer al selecto grupo de chicas modelo admiradas por su entusiasmo y cuerpo. Regina ahora almorzaba con los demás, era increíble que todos "los fenómenos" fueran compañeros de tercer grado y ella fuese de un nivel más alto. Hubiera sido más fácil si hubiera nacido un año después para estar rodeada de ellos porque no, solo se limitaba a comunicarse con sus compañeros estrictamente por una tarea asignada.
-¿Cómo te fue en la prueba de química? Supe que el profesor hizo una "masacre en Texas" con todos sus alumnos-. David miraba a su amiga algo divertido. La chica sonrió mientras escribía.
-"Todo tan perfecto que tuve una A++, los demás me asesinaron con su mirada"-. Tinker limpió su boca para hablar.
- Yo creo que el profesor te adora, creo que no soporta a los ineptos y ruego a Dios que se sume otro profesor de química a último grado para el siguiente año escolar y...-. Entre susurros siguió –¿Cómo le fue a señorita debate?-. Regina le mostró la libreta.
-"Una A, pero no soportó que yo fuera mucho más que perfecto"
No quería seguir hablando del tema, no quería convertirse como ella así que no hablaría de sus calificaciones ni de cómo evidentemente Regina prometía destronarla en cada asignatura donde estuviesen juntas. Estaba estudiando por ella misma, por ganar conocimiento y emprenderse en el camino a ser alguien, no lo hacía para mirar hacia el lado por competir. Aparentemente el "accidente" del beso había dejado sus consecuencias, Emma ni siquiera la miraba de reojo y cuando se habían topado en un pasillo de frente la ignoraba completamente ¿En serio podía tener la conciencia limpia? ¿En serio le había tomado tanto el peso? Por supuesto que Regina no tenía idea lo que había causado en Emma Swan.
Todos los días que habían pasado desde entonces, la rubia se perdía por unos segundos en su mundo para recordar cómo se perdió con aquel beso. No podía creer que esa mujer silenciosa y misteriosa guardase a alguien tan pasional e intensa por dentro. Se negaba a admitir por sobre todas las cosas que ese beso le había fascinado, se rehusaba a pensar que besarse con una mujer había sido lo mejor que había hecho hasta ahora. Pero lejos de todo aquello no podía evitar sentirse culpable cuando abrazaba o besaba al mejor novio que una chica pudiera poseer. Claro que lo amaba como siempre, su amor no había disminuido en lo más mínimo pero había códigos que no se rompían y ella sí lo hizo al no apartar la boca de "cenicienta" de la suya, había sido infiel. Pero no más ¡Nunca más!
Regina caminó hacia el baño para cambiarse por un atuendo deportivo, las clases en horario "oficial" habían terminado pero hoy empezaba su primer curso extracurricular. Se colocó unos shorts deportivos, una camiseta sin mangas amarilla y unas zapatillas de gimnasia. Se recogió su cabello en una coleta, sin arreglarse mucho pues sudaría, de seguro. Una vez lista salió de allí con una sonrisa ¡Necesitaba esto!
Miró bien la hoja en su bolsillo para saber que esta sala enorme al lado del gimnasio era la correcta. Por todas partes estaba cubierta de espejos, colchonetas azules apiladas una sobre otra a un costado, una bandera de Corea del Sur a un lado y una de USA al otro. Se fijó al frente y vio a un hombre asiático de no más de 30 años, cuerpo atlético, un dobok blanco (traje de entrenamiento) cruzado con un cinturón negro. Sí, Regina había ingresado a Tae Kwon Do porque antes del accidente lo había practicado por dos años ¿Estarían muy dormidos sus músculos?
-Soy el entrenador Minho Lee, prefiero me digan entrenador Lee -. Hizo una reverencia –Solo por la clase de hoy aceptaré que todos anden con sus trajes de gimnasia habitual, a partir de la próxima semana tendrán que venir en esto-. Tocó su traje –Un dobok con cinturón blanco porque todos son principiantes ¿Alguien tiene experiencia con este deporte?-. Regina no quiso levantar la mano, prefería ser invisible –Bien, creo que pasaré la lista, cuando diga sus nombres dirán...
-¡Espere profesor!-. Una chica con el pelo tomado sobre su cabeza llegó corriendo hasta la entrada del salón, lucía exhausta, respiraba con las manos sobre sus rodillas –Lamento llegar a esta hora-. El entrenador Lee la miró de mala forma, respiró hondo y se dirigió a todos los demás.
-Alumnos, estableceremos las reglas de inmediato, uno: no permitiré atrasos, dos: todos descalzos aquí sino no, tres: las siguientes clases todos usarán su "dobok" y quién no lo tenga no lo admitiré, cuatro: nada de accesorios y menos unas gafas de sol.
Emma sacó sus zapatillas, sus gafas y dejó todo a un costado, pero cuando se volteó vio a Regina observarla de brazos cruzados. ¡Mierda! ¿Hasta dónde iban a tener que enfrentarse? Gimió fastidiada y en silencio se posicionó lo más lejos de ella, ojalá lo más extremo de la sala.
Mientras el entrenador hablaba un poco de la reseña histórica del deporte nacional surcoreano, los ojos de ambas se encontraron en el espejo. Había 30 personas ¿Cómo podían observarse únicamente la una a la otra? Después de unos minutos, los hizo acomodarse en toda la sala para empezar ejercicios de calentamiento.
-Señorita Swan está prácticamente pegada en la pared, póngase aquí-. Emma fastidiada cerró los ojos y mentalmente pronunció un sinfín de malas palabras que se le venían a la cabeza.
-Sí, profesor...
Regina miró sus pies con calcetas grises para no levantar la mirada hacia el frente. A pocos pasos de ella exactamente frente suyo, Emma hacía ejercicios de calentamiento. Como era porrista tenía elasticidad de sobra para tocar sus pies sin necesidad de doblar las rodillas. Se gritó mil veces que no lo hiciera, que se concentrara en su rutina pero sus ojos tenían voluntad propia, se clavaron derechamente en el redondo y perfecto trasero de la heredera que se moldeaba bajo sus elásticos pantalones deportivos negros.
"No pienses en el beso, no pienses en su cuerpo desnudo" masculló el resto del calentamiento hasta que el entrenador les ordeno que descansaran sentados en el suelo.
Regina había adoptado una posición recta, no podía recostarse como la rubia lo estaba haciendo en este minuto. Era tan feliz pensando que retomaría un deporte que podía servirle como defensa personal pero ¿Por qué tenía que estar ella aquí?
-No hagas tan obvio el deseo que sientes por mí-. Susurraba mirando el techo, nadie cerca podía oírlas –¿No podrías tomar otra cosa?-. No recibía respuestas, volvió a hacer un comentario pero tampoco alguien le entregaba una hoja o algo por el estilo. Cuando inclinó hacia arriba la cara se dio cuenta que Regina había desaparecido –Increíble...
Pero para su lástima solo había sido para beber agua. Secando con una toalla de mano la humedad del ejercicio en su rostro estaba ella, caminaba al baño cercano pero una figura familiar le llamó la atención. Killian estaba sentado en una banca esperando a su "noviecita" mientras miraba impaciente su teléfono, a su lado estaba sentada muy cerca la petulante de Mary Margaret. Regina entrecerró los ojos ¿Acaso no era amiga de la "heredera"? si era así ¿Por qué le brillaban de un modo especial todo el rostro cuando se dirigía a Killian? Esto no era normal
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UHHHH SE PRENDIÓ ESTA MIER*A
EL PRIMER BESO.
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