Capítulo 18
.
Cuando Regina fue dada de alta y llegó a su casa, se dio cuenta que la técnica que Emma le había enseñado era muy efectiva, de hecho su madre y hermana le entendían cuando modulaba, incluso Mal que había ido a buscarla a ella y su familia.
Durante la semana no podía dejar de pensar en el hecho que Emma se tragara su orgullo y fuese al hospital para ir a pedirle perdón, incluso que se ofreciera a ayudarla en Heidelberg aun cuando la categoría social de Regina fuese la mínima, además de la visita del señor y la señora Swan a su humilde casa. Quizás lo que más le sorprendía de sí misma era el hecho de no haberle dicho en detalle a Mal que Emma Swan había sido la autora de su fractura, aunque su mejor amiga era inteligente y pudo intuirlo.
Llegó ese día lunes 20 de octubre. Hoy empezaba realmente su castigo porque hacerlo de forma privada no era molestia, pero tener que comunicarse e interactuar como "ayudante" frente a toda la escuela era una cosa distinta. Por suerte la semana anterior no decidieron suspenderla de clases aunque si tuvo que soportar muchos cuestionamientos de su forma de actuar en el accidente. Nerviosa colocó un mechón de pelo tras su oreja y se acomodó en un asiento de la sala esperando a Killian, las personas que llegaban la saludaban y se acomodaban cerca pero no había señales de Regina. ¿Se habría arrepentido de venir? No parecía mala idea, incluso deseaba que eso ocurriera pero antes que pudiese cantar victoria, la figura de esa mujer morena estaba en la puerta. Todos prestaron atención a su presencia, a su cabestrillo que sujetaba el yeso de su antebrazo derecho, la misma mirada de siempre de indiferencia.
Emma cerró los ojos, contó hasta 10 y se paró. Que comience el castigo.
-Hola Regina, para facilitar el cómo tomar apuntes traje esto-. Murmuraba, estaba sentada a su lado, todos estaban sorprendidos incluso Killian que acababa de llegar.
-"¿Qué cosa?"-. Tener que leerle los labios era mala idea, se había fijado que llevaba un brillo labial tenue, de hecho era casi imperceptible. Meneó la cara y volvió a mirarla a los ojos.
-Ah esto-. De su bolso sacó una caja de tamaño mediano, plana –No está a la venta aún pero como soy una Swan pude conseguirlo.
Regina lo desenvolvió, tuvo que pestañear varias veces para saber que no era una ilusión o algo por el estilo. Pasó su dedo por encima para encenderlo pero ya lo estaba, la rubia se había encargado de ello. Cada uno de los ojos de sus compañeros estaban sobre ellas, Killian por primera vez en toda su vida comenzó a sentir algo llamado "celos". Ni con grandes figuras que se acercaban a su novia le había pasado ¡¿Por qué con una miserable mujer pobre le tenía que ocurrir?! Asustado miró su teléfono, esto no era normal, su novia solo cumplía el castigo, no podía sentir celos de alguien tan bajo como Regina Mills. ¡NO!
-El Ipad viene con una aplicación modernísima de captación de voz, como te sientas aquí adelante puedes enfocarlo hacia el profesor, tomará su voz y la transformará en textos, es súper sensible así que no habrá errores de confusión. También mientras toma apuntes puedes sacar fotografías, imagínate… así tendrás como organizar apuntes en forma computacional moviendo apenas los dedos de tu mano izquierda.
Regina la miró fijamente, el entusiasmo de la heredera fue desapareciendo a medida pasaban los segundos porque se sentía demasiado intimidada como para hablar. ¿Qué podía decirle? No sabía cómo había conseguido una aplicación tan perfecta, cuando creyó que sería un fracaso en la sala, ella le conseguía esto.
-"Gracias"
Conforme con su ayuda, la muchacha salió del asiento y se acercó a su novio y grupo de amigos para saludarlos. El semblante de Killian era distinto, su sonrisa torcida estaba tan mal disimulada que llegó a causarle gracia. Tomó su rostro de la barbilla, le dio un beso y se acomodó a su lado.
-Porque tienes esa cara cariño, te hablé de mi castigo, tengo que hacer esto hasta que le quiten el yeso o pueda acostumbrarse a ser totalmente independiente, digo... después de todo le causé yo una fractura-. Mary Margaret la miró curiosa.
-¿En serio Emma? Te estás comportando como una sirvienta, es como si los roles se cambiaran-. Su comentario hizo reír a los compañeros de la clase de Química. Swan levantó orgullosa su barbilla y la miró desafiante ¿Por qué Mary Margaret tenía una personalidad tan extraña?
-Si quieres hacer algún tipo de broma sobre como tendré que estar al lado de Regina ayudándola, no lo intentes amiga, yo misma me busqué esto…-. La de cabello pixie le dirigió una mirada a "Cenicienta", apretó la barbilla y luego miró a la rubia. Había cosas que nadie realmente sabía.
Antes que pudiesen seguir charlando llegaron los representantes del centro de alumnos para hablar sobre actividades escolares.
-Estimados compañeros, hoy fueron publicadas las actividades que se realizan como tradición en Heidelberg para los alumnos de último año y nuestros compañeros del año siguiente, los de tercero. Este año lo que salió más votado fue el camping en una reserva del parque nacional Yosemite, si bien tendremos varias actividades de lujo, no se permitirá la estadía en cabañas para fomentar el desafío...
-¿Dormir en una carpa? Qué horror…-. Chilló Mary Margaret, Regina puso los ojos en blanco ¡Que alguien le cerrara la boca a esa tipa, por el amor de Dios!
-¿Tienes miedo Mary Margaret? Recuerda que no le temes a nada
-Salvo a los pobres…-. Le dio una vista rápida a Regina, pero nadie esta vez se rio, su comentario quedó en el aire. Emma sintió deseos profundos de golpearla también.
-Deben pagar la cuota y la autorización de sus padres, el próximo lunes saldremos, nos quedaremos una semana, recuerden que los chicos de tercer año también van. Es como un retiro de unión, así lo dictamina nuestro colegio-. Dio una sonrisa amable antes de retirarse. Solo serían entregados los permisos para ser firmados a quienes pagaran la cuota de dinero. Sonrió de medio lado, si iban los alumnos de tercero, eso significaba que podía reunirse con sus amigos. ¿Cuánto costaría esto? ¿Podría ir estando con un yeso?
La hora del almuerzo fue otra ocasión donde todo el mundo prestó atención a lo que Emma hacía o dejaba de hacer. Si la semana pasada el accidente fue lo más comentado, ahora el tema de cuchicheo era el cómo la gran Emma Swan debía cumplir su castigo ¿Era impuesto por el colegio o sus padres? Muchos querían averiguar eso, mientras tanto se entretenían con las imágenes de ella, la "muda pobretona" y la sorprendente nueva imagen del semblante serio de Killian Jones.
-¿En serio tengo que hacer esto? Pueden hacerlo tus amigos los fenómenos-. El fastidio de su cara era la paga perfecta para Regina, ella disfrutaba al verla molesta, era lo mínimo que merecía por causarle esa lesión –Dime que deseas de aquí...
-"Sándwich de jamón importado, lechuga y todos los aderezos"-. Indicó un plato –"También un jugo de manzana y mousse de chocolate"
-Disfruta mientras puedas-. La rubia cargaba con delicadeza la bandeja con comida. Mientras hacia la fila para pagar, pudo ver de reojo como Regina miraba sus dedos que apenas salían del yeso, parecía afligida mientras lo movía y hacía una mueca de dolor. "Por tu estupidez le causaste esto, Emma" se dijo a sí misma. Sin decir alguna palabra sacó de su billetera la tarjeta de crédito con la cual pagaba sus gustos, podía entregar dinero en efectivo pero le era más cómodo esto.
-Muchas gracias señorita Swan, que usted y su compañera tengan provecho-. Regina la volteó con la mano izquierda.
-"¿Por qué hiciste eso?, puedo pagar mi comida, tampoco soy una inválida"-. Emma se dio cuenta que nadie estaba cerca, podía hablarle.
-Mira, Regina, sé lo mucho que te molesta andar con un yeso, además pagar la comida no me es una molestia así que lo aceptas o me como esto y te quedas sin que alguien te cargue la comida.
-"No es necesario que lo hagas más"-. Modulaba, el tener que mirar sus labios perfectos la mareaba. No eran rojos, tampoco pálidos como las de un muerto ¡Eran bonitos!
Sin decir más Emma se acercó a la mesa de los "fenómenos" bajo la mirada atenta de la mayoría de sus demás compañeros. A pesar de estar jugando el papel de "sirvienta", trataba de no perder el orgullo, esto era para compensar a su compañera por el daño, si no se veía débil seguiría siendo admirada. ¡Nadie en Heidelberg tenía los cojones para hacer esto!
Mas, la rubia lamentablemente no se fijó que alguien por accidente derramó soda dietética en el suelo, su pie resbaló con el charco y la bandeja saltó lejos mientras ella caía hacia adelante con las manos y rodillas plantadas allí, mojadas. Nadie, por más que la escena pudiera resultar cómica, nadie había tenido el valor de reírse. Killian se paró de inmediato al otro extremo del casino para ayudarla, pero Regina era quien estaba más cerca.
La escena volvía a repetirse, Emma en el suelo con los ojos húmedos sintiendo la humillación silenciosa de su sosa caída, Regina mirándola con compasión.
Sin pensarlo dos veces "cenicienta" le tendió la mano, pero esta vez no espero que ella la sostuviera, solo la sostuvo del brazo y con delicadeza la levantó para que estuviera en pie otra vez.
Regina levantó preocupada la barbilla de ella con un dedo de su mano izquierda.
-"Era esto lo que quería hacer la semana pasada, levantarte, no hacerte daño... ¿Estás bien?"
Pero antes que pudiese decir algo, antes que las lágrimas de ella cayeran avergonzada de sus ojos, Killian la atrajo a sí mismo para que no mirara a nadie ni nada más que su cuello. La estaba abrazando pero sus ojos azules miraban desafiantes los de Regina. Sí, sentía celos, esto era oficial.
-Y esto le pasa por ayudarte... eres una idiota Mills-. Era obvio que Regina no iba a dejarse pisotear.
- "Y esto"-. Indicó su yeso –"Es su culpa, ayudarla a pararse era una conducta mínima que debo tener"
-No te entiendo ni una mierda, no voy a leerte los labios...
Emma dejó que su novio la llevase al baño, mientras más pronto saliera del casino antes podría quitarse el enorme ridículo que sentía.
Cuando Regina caminó hacia la mesa de sus amigos, Charming se paró, le sonrió y le murmuró que iría a comprarle el almuerzo, exactamente lo mismo que había pedido. Apenas pudo comer, por suerte sus amigos si le entendían cuando modulaba y aunque trató de mantener una conversación, no podía dejar de pensar en la caída de Emma.
Si ella siendo ayudante de un solo día enfrentó esto ¿Se daría el tiempo de averiguar por todo lo que Regina había tenido que pasar cuando estuvo en tres trabajos al mismo tiempo? Un poco de realidad a nadie le hacía mal, pero eso no quitaba que no pudiese pensar en ella, quizás, más de lo permitido.
.
.
.
.
.
.
.
ESTÚPIDO KILLIAN.
¡COMENTA!
