NO ME ODIEN... TANTO.
Capítulo 22
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Sonrió, esa sensación de la greda fundida contra su piel era muy agradable. Podía escuchar las quejas lejanas de sus compañeros pero ella estaba demasiado concentrada moldeando una figura como para prestarles atención. Después del paseo en caballo muchos se cambiaron de ropa, luego pasaron al enorme restaurante donde todos comieron sin importar el año donde cursaban. Regina contó la tragedia de haber montado caballo con Mary Margaret, sus amigos empezaron a reírse porque la mala suerte parecía haberse prendido de ella. Después de la comida los de tercer año emprendieron la cabalgata cuando los de último año estaban aprendiendo como hacer figuras de greda.
"Pero qué asco esto es trabajo de obreros", era un pensamiento colectivo. Los maestros trataban de enseñarles aunque muchos no quisieran o hicieran figuras deformes.
Emma levantó la vista hacia el lado, 5 puestos más lejos que ella estaba "Cenicienta" concentrada en lo que hacía. Podía tener una mano enyesada pero con la izquierda se manejaba mucho mejor que todos los demás.
Por un segundo pasó por su cabeza la película Ghost cuando los protagonistas hacen figuras de arcilla con sus manos en algo que parece sensual y romántico. Las comisuras labiales empezaron a humedecerse, unos mechones de cabello a Regina le caía en su frente, si tan solo se lo sacara, si pudiese secarle el sudor. ¡Pero qué diablos! Carraspeó, iba a concentrarse en lo suyo pero muchos de sus compañeros también miraron a Regina. Era prácticamente la única que no hacía un jarrón o una taza sin forma, ella trataba de moldear una estatuilla de una mujer desnuda como las figuras griegas.
-¡Eso es jovencita! ¿Cuál es tu nombre?
-"Regina Mills"-. Moduló, hizo un gesto con la mano para explicar que no podía hablar. La figura femenina apenas se notaba porque hace poco había comenzado a hacerla. Mary Margaret iba a decir un mal comentario como siempre pero estaba absorta en la mano de ella, recordó como la usó para apoyarse en ella, el calor que emanó y la presión que ejerció.
Sintió una parte de su cuerpo encenderse. No, debía desechar esas ideas candentes, ella era una mujer de clase baja, una imbécil... ¡ERA MUJER!
-Me gusta esto, tienes talento para los detalles ¿Quién te enseñó el arte?
-"Mi padre"-. Moduló con una sonrisa pequeña, si tan solo supiera el secreto que ambos compartieron.
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El día siguiente era jueves, el último con actividades porque mañana viernes sería libre para que recorriesen el parque como quisieran. Regina empezó a abrir los ojos poco a poco, el sueño que tenía no era agradable así que mientras antes despertara más pronto desaparecería. Frente suyo tenía a Tinker que formaba con sus labios una sonrisa casi perversa. Sus ojos marrones se dirigieron a la mano de ella y se dio cuenta porqué estaba así ¡Tenía una botella para tirarle agua en la cara! Dormir con ella en la carpa había sido entretenido porque después de las fogatas siempre se quedaban una hora conversando (ella modulando) sobre la vida, misterios, el futuro y el espacio.
Los demás "fenómenos" escucharon las risas que venían de esa carpa, salieron de las suyas y empezaron a reírse desde afuera mientras hacían comentarios sucios.
-¡Esa es mi Regina! ¡Dale fuerte sin que la novia de Tinker se entere!-. Gritó Charming, algunos curiosos asomaron sus cabezas para mirar la escena, incluso un somnoliento Killian y Emma, la rubia abrió enormemente sus ojos, la carpa se movía y se escuchaban risas, no quería crear una escena en su cabeza pero esta llegó. ¿Tinker realmente estaba interesada de esa manera en Regina? Podía ver que estaba bajo el cuerpo de Regina aprisionada entre el saco y esta, jadeando y muriendo por capturar sus labios, quizás desnudas, tal vez solo a media ropa.
-Mi amor ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás roja?-. Acarició con la punta de su dedo la mejilla de ella.
-Nada, yo me iré a bañar-. Dijo molesta, cogiendo sus pertenencias y caminando hacia las instalaciones de lujo para olvidarse de lo que su propia mente había creado. Killian no perdió el tiempo y la siguió, porque quizás si nadie los vería podía hacerle el amor ahora que varios seguían durmiendo.
Pero Emma llevada por celos que no quería reconocer, imaginó cosas que no eran. En realidad Regina y Tinker habían tenido una guerra de agua y cosquillas pero nada con connotación sexual sino en el ambiente de pura amistad. Para Regina, Tinker era lo más semejante a una hermana, como lo era Mal (su mejor amiga). Después del almuerzo, 4 enormes buses llegaron para transportar a los alumnos a lo que sería un día de aventuras y deportes. Durante el camino se tomaron fotografías, si pudiese "Cenicienta" describir lo que sentía ahora era felicidad, porque a pesar de que la mayoría de las personas en este lugar no la tomasen en cuenta o la detestaran, tenía amigos. Mientras el bus no llegaba aprovecharon de coger un lápiz y dejarle recuerdos en el yeso, todo parecía bien hasta que un monitor les contó de qué trataba lo que harían.
-Bungee Jumping, Rafting y canopy, tendrán esas tres opciones para disfrutar hoy en el parque de deportes montado aquí, como siempre chicos les pedimos que tengan cuidado y acaten las instrucciones que les darán los jefes de seguridad e instructores-. Agachó un poco la cabeza para ver por la ventana –Llegamos...
Charming que estaba sentado al lado de Regina, se dio cuenta que su estado de ánimo cambió de golpe, incluso su color de piel. Aunque le preguntó para saber que pasaba no dijo nada. Los "fenómenos" dijeron en una votación unánime que primero se irían a Bungee Jumping así que se encaminaron hacia ese lugar. Poco a poco la altura de los caminos fueron aumentando, escucharon gritos eufóricos de compañeros que ha se habían atrevido a lanzarse. Cuando fueron llegando se dieron cuenta que el grupo de Killian, Emma, Mary Margaret y los demás también hacían la fila para ponerse el arnés de seguridad.
Nerviosa, Regina miró hacia el frente, si se negaba iba a quedar en ridículo pero si seguía con esto podía colapsar. La cosa avanzaba un poco lento haciendo la tortura más larga ¿Es que acaso era la única que tenía miedo? Todos reían ansiosos, pero nadie podía sentir lo que ella tenía dentro.
Mery Margaret se dio vuelta y le pegó un codazo a una amiga para que vieran el aspecto de "Cenicienta".
-Hey tú ¿Tienes miedo de tirarte en bungee? Aléjense chicos-. Alzó la voz –Puede hacerse en sus pantalones-. Carcajadas aparecieron entre los cercanos. Tinker mostró el dedo de al medio y trató de hablarle a su amiga para que no prestara atención –Eres una gallina.
-Yo voy a lanzarme, de hecho, te reto Regina Mills-. Dijo Killian, todos se quedaron callados y voltearon a ver qué estaba pasando -Te reto a lanzarte al mismo tiempo que yo, si es así impediré que los demás sigan molestándote-. Con la vista fija se puso frente a la morena y susurró para que nadie más lo escuchara –Créeme cuando te digo esto porque con mi novia somos los que mandamos Heidelberg –Emma los estaba viendo, Regina lo sabía y la lucha de su orgullo pareció aumentar.
-"Acepto"-. Terminó por modular la morena.
Si antes estaba blanca, ahora mucho peor. La fila entera retrocedió para que ambos pudiesen acercarse a dejar que les colocaran toda la seguridad necesaria. Regina no sabía porque estaba haciendo esto, quizás en el fondo deseaba que la dejasen de molestar, quizás quería decirle a Killian y Mary Margaret que no tenía miedo cuando en realidad sí lo sentía o tal vez, tal vez era el hecho que estaba Emma allí observando todo.
Jadeó sin que nadie se diera cuenta cuando afirmaron el arnés, sus ojos viajaron desde la plataforma hasta el suelo, sabía que abajo del río había rocas pero eso no le preocupaba, su miedo se basaba en otra cosa mucho más fuerte. Killian estaba disfrutando este momento, quizás su personalidad no se hubiera vuelto tan oscura si no fuera por las conversaciones con Mary Margaret y los demás que realmente la odiaban.
-Espera... ¿Tienes miedo?-. Dijo uno de los amigos de Killian.
-Dejen de molestarla, en serio creo que ya es suficiente-. Murmuró Emma con el ceño fruncido.
Los "Fenómenos" miraron a Regina, gotas de sudor caían de su cuello, tenía los dientes apretados pero quería seguir adelante. Debía romper sus miedos, los fantasmas que la seguían persiguiendo.
Killian apretó los puños, que su novia defendiera a alguien tan bajo como Regina era intolerable pero no iba a decir algo, él supuestamente no era celoso, no podía comportarse así, no debería de estar celoso por una mujer.
Ya estaban listos, los instructores se los dijeron y alguien cerca lo escuchó. Mary Margaret le hizo un guiño a August, le pegó un codazo y le dio a entender que podía "proceder".
-A la cuenta de tres, Regina…-. Killian no tenía miedo, con su hermano practicaban deportes extremos en los lugares más recónditos del mundo –Este es el mundo de los ricos, Mills, acá no tenemos miedo…-. Cruzó los brazos sobre su pecho –Uno, dos...
-¡Salta ya muda!-. August la empujó.
Todo parecía cámara lenta, o al menos Emma y Regina lo veían así. Los pies de "Cenicienta" se resbalaron de la superficie, el desequilibrio y falta de apoyo, el pánico y adrenalina al extremo le hizo acordarse del accidente. Quería agarrarse de algo pero ya estaba cayendo de espaldas hacia el rio solo afirmada por una cuerda y arnés. Todos abrieron la boca sorprendidos, la caída al vacío fue interrumpida por un desgarrador grito que no era de emoción sino de horror. En la caída Regina se sintió transportada al accidente cuando el vehículo dio vueltas contra el asfalto una, otra y otra vez. Los "Fenómeno" no estaban mirando por el puente, no, solo lo hacía Tinker mientras los demás estaban en una pelea física y verbal contra los amigos de Emma. ¡Eran unos enfermos! Killian estaba parado aun arriba en el puente, parecía asustado pero no de los metros que lo separaban del suelo sino de lo que uno de sus amigos acababa de hacer.
Cuando la cuerda dio su máxima extensión, el cuerpo de Regina se sacudió y ahí su seguridad desapareció.
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Flash Back
El auto que abordaban empezó a rodar por la avenida pasando a llevar otras cosas. En el momento preciso de haber sido impactados sintió su cabeza estrellarse con algo, no sabía si era metal o parte de la cabina pero sabía que aquel golpe era algo pequeño comparado con todo el infierno que sucedía en realidad. Todo comenzó a oscurecerse, un profundo líquido sabor metálico inundaba su boca y cuando quiso gritar por su padre aun cuando el auto seguía moviéndose, cayó en un estado de inconsciencia profunda. No tenía como enterarse que era la única persona viva en el auto, su padre había muerto instantáneamente.
Fin Flash Back
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-¡Súbanla ya! ¡Súbanla!-. Emma miro con desesperación a los instructores.
-Emma…-. Killian decía con la voz quebrada.
-¡Tú cállate!-. Miró a los demás, todos se dieron vuelta a mirarla –Son unos enfermos, en serio que lo son... tú, August, tú-. Enterró un dedo en su pecho –¡¿Cómo te atreviste a empujarla cuando aún no estaba lista?! ¿Y si le daba un paro cardíaco?
-Fue solo una broma…-. Se justificó el chico.
-¡¿Una broma?!-. Emma lo empujó, si antes estaba preocupada de lo que dirían los demás, ahora no –No te haces ni la más mínima idea del porqué este tipo de deportes a Regina le hace daño ¿Si quiera te has preguntado por qué es muda? ¡¿Sabes acerca de lo que significa la palabra trauma?!
Nadie se atrevía a hablar, excepto cuando terminaron de subir a Regina de vuelta al puente. Estaba tiesa, su grito había salido del alma pero ahora ni siquiera era capaz de gruñir, había tenido una especie de retroceso en cualquier avance con respecto a su habla. Una ambulancia llegó hasta el lugar, ella apenas podía respirar o caminar, a nadie miraba a los ojos, cuando sus amigos se le acercaron para abrazarla Regina retrocedió, solo enfocó la vista en Emma que tenía los ojos húmedos. Por un instante, por unos segundos ella pareció leerle la mente. "Por favor Emma, por favor ayúdame" gritó en silencio antes de desplomarse en la camilla en un desmayo que no duraría mucho tiempo pero que definitivamente marcaría un antes y un después en "la heredera y la cenicienta".
"Llamaré de inmediato a Heidelberg, si ella no desea volver a casa entonces al menos las últimas dos noches será la única que tendrá permiso para quedarse en el hotel del parque con todos los gastos pagados, lo que le pasó me parece inconcebible y si vuelve a suceder tomaré acciones legales"
Cuando Killian se dio cuenta que Emma se alejaría de los deportes extremos, quiso sacarse el arnés y evitar lanzarse en el bungee jumping pero la rubia le dijo con un tono irritado que la dejase en paz, no quería verlo en toda la tarde aunque en la noche tendrían que conversar a solas. Todos los que lo rodeaban se miraron unos con otros, jamás habían visto a la pareja modelo discutir. Por supuesto que los "fenómenos" no sintieron deseos de continuar acá pero no había nada que los transportase de vuelta al campamento hasta que terminase el día, así que, de mala gana caminaron juntos al bosque donde estaban haciendo Canopy, todo con tal de no estar cerca de los amigos imbéciles de Emma y Killian.
Ser Swan tenía sus beneficios y es que por unos buenos billetes pudo pedirle a un turista que la llevase al hotel. El teléfono en su bolsillo no paraba de sonar, tampoco iba a dignarse a contestar porque le había dejado en claro a su novio que no hablarían hasta la noche, menos iba a decirle a donde estaba ahora ni a donde se dirigía aunque había llegado secretamente a la conclusión que no le importaba que pensaran los demás ¿Killian creería que andaba rondando por todo el complejo de actividades tratando de alejarse de él? No, ahora iba en busca de Regina lo que sonaba peor.
Mientras, en la ambulancia trataron de despertar la chica acercando algodón con alcohol a su nariz. Seguía pálida, sus ojos empezaron a reaccionar moviéndose de un lado a otro hasta abrirse completamente. De la ambulancia la sacaron con cuidado hasta que se cercioraron que estaba bien, no llegaron al campamento sino al hotel lo que la sorprendió un poco porque supuestamente se les tenían prohibido alojarse aquí.
-¿Señorita Mills?-. Se le acercó un hombre vestido de negro –Puede acompañarme-. Poco convencida lo hizo, se sentía tan extraña por lo que había ocurrido y quizás avergonzada.
El Ahwahnee Hotel era conocido por su fachada, cubierto por muros de piedra y madera exquisitamente diseñados que combinaban con la naturaleza que lo rodeaba especialmente con las cataratas. Regina comprobó sus lujos apenas entrando ¿Por qué? ¿Estaba segura aquí o se metería en problemas?
-Sé que no puede hablar señorita Mills pero para que salga de cualquier duda le informo, la escuela de Heidelberg ha autorizado que se hospede aquí las 2 noches que quedan, sus pertenencias ya están acá.
-"¿Cómo tan rápido?"-. Moduló confundida.
-Su habitación está por aquí, segundo piso… sígame-. No se oponía, por supuesto que no lo hacía pero no entendía como tenían todas sus cosas acá.
Solo le entregó la llave, dejó su maleta y saco de dormir fuera de la puerta y salió de allí en silencio, había cumplido órdenes. Regina se volteó para llamarlo pero no podía hablar ¿Qué pasaría con sus amigos? Quizás podrían ir a verla mañana porque eso no estaba prohibido, solo el hospedarse. Metió la llave, arrastró sus cosas adentro pero cuando se volteó su boca formó una dura línea. Emma estaba sentada sobre un sofá individual a un costado y muy cerca de la ventana, tenía las piernas cruzadas, parecía muy preocupada y lo hizo más evidente cuando habló.
-Sería muy tonto de mi parte si te preguntara si estás bien, prefiero preguntar ¿Cómo te sientes?-. Dijo la rubia apenas y la vio.
-"Quiero estar sola"-. Moduló la morena, pasó por su lado, caminó hasta la ventana y se quedó observando las cataratas que estaban cercanas. Sintió su cuerpo temblar cuando escuchó la voz de la rubia tras ella y cerca de su oído.
-¿Lindo no? Cuenta la leyenda que esa catarata son las lágrimas de una mujer que perdió a su amor allí en la cima de esa montaña donde cae el agua… si cierras los ojos por las noches puedes escuchar sus lamentos-. La morena se volteó para mirarla fijamente. No cruzaban expresiones en su rostro, no modulaba tampoco algo referente a su relato, su actitud estaba poniendo nerviosa a la rubia –Está bien, no es una leyenda, yo acabo de inventarla…-. Caminó de vuelta al sofá, Regina la siguió pero se sentó al borde de la cama para estar a una distancia corta –No sé si esto cuenta pero por favor, toma las disculpas que haré a nombre de los imbéciles de mis amigos, ellos no tienen idea de lo que te pasa, no puedo creer que hayan actuado así…-. Regina inclinó la cabeza a un lado, se permitió unos segundos para mirar a la rubia.
-"No voy a aceptarlos"-. Suspiró derrotada –"Ellos no quisieran pedir permiso así que tampoco es válido"
-Me miraste antes de desmayarte, sé que quieres ayuda y estoy aquí ¿No querías verme cambiar?
Agotada tragó saliva, cerró los ojos y dejó su espalda caer hacia atrás sobre la cama. Sentía la caída del bungee jumping tan fuerte como si lo hubiese hecho hace segundos, el tirón de la cuerda, la sensación de estar desprotegida y que una muerte inminente se venía. Había visto las rocas tan cerca de su cara, había visto el otro auto impactar con el que manejaba su padre. El grito desgarrador que salió de su garganta había sido algo que no pudo controlar, creía en serio que iba a fallecer y todo lo que quería en ese momento y ahora era llorar, llorar porque no podía creer cuan imbéciles podían ser los niños ricos de Heidelberg, llorar porque sabía que era una idiota por haber aceptado el desafío de Killian Jones. Si hay situaciones en la que realmente no estamos preparados para hacer, debíamos hacernos a un lado, pero no, ella continuó. Abrió los ojos, los tenía llenos de lágrimas, apenas pudo ver como la rubia pasó por su lado pero atinó a alcanzar su muñeca para sujetarla. Emma sintió su voluntad flaquear pero su cuerpo parecía pensar lo contrario ¿Por qué quería estar aquí? ¿Estaba bien sintiéndose así con una mujer? Le preocupaba demasiado Regina y no podía evitarlo, estaba claro que había cambiado su parecer sobre todo cuando tuvo que ayudarla a comunicarse, a ponerse de su lado, a comprender más su problema.
Cuando la miró abrió la boca, ella la miraba como una mujer perdida, lloraba en silencio.
-No Regina, por favor, no llores…-. Se le quebró la voz. Estaba perdida por varias cosas y no sabía si le gustaba sentirse así.
-"Estoy cansada de esto, Emma, tu gente puede ser tan mierda si se lo propone"-. Tenía rabia y la mandíbula tensa al modular –"¿Por qué conmigo se ensañan? Me mantengo alejada, me mantengo en mi mundo y ¿Creen que por ser clase baja pueden hablarme así? Quisiera defenderme pero no tengo esto"-. Indicó su garganta. Emma estaba sentada a su lado –"Y lo del bungee… fue revivir de nuevo el accidente, siento que cada vez que deseo salir adelante para poder hablar algo me hace retroceder"
-¿Será que tú misma de forma inconsciente te estás negando mejorar?
-"Estaba cantando cuando chocamos con mi papá, quizás... quizás no quiero escuchar mi voz porque la asocio con el accidente, quizás no quiero mejorar"-. Con una pequeña sonrisa alentadora, Emma estiró su mano y secó las lágrimas que caían de una perdida "Cenicienta", tan vulnerable y frágil, bajo ese delgado cuerpo y personalidad hermética había alguien que necesitaba comprensión. Regina sintió perderse en los ojos de la heredera, se le abrió un poco la boca emitiendo un suspiro de tranquilidad, pero luego de eso sintió pánico.
-Lamento tanto haberme comportado contigo como una zorra, lamento que tengas que pasar esto… felizmente quiero cambiar, quiero que dejes de creer que soy una niñita mimada-. Miró el reloj en su muñeca luego a la bajita.
-"Debes irte"-. Dijo Regina mirando sus manos, la rubia tuvo que procesar un poco para saber que había dicho. Se veía tímida, tal vez asustada, sus labios se apretaba. Trató de sonreír –"Gracias por tus palabras, pero no trates de cargar con la culpa de esas personas, después de todo no fueron criados de otra forma y yo no estoy a salvo de cometer errores graves"
No pudo comprender su última frase pero si la morena quería estar sola podía comprenderla. Había sufrido un trauma y tiempo a solas para reflexionar no era malo. Se pararon al mismo tiempo pero antes de abrir la puerta Emma volteó tan rápido que quedó entre el cuerpo de Regina y la puerta. Apenas unos centímetros las separaban, el cuerpo de Emma fue consciente del calor que emanaba el de "Cenicienta" y su respiración.
-Les diré a tus amigos donde estás para que vengan a verte... Es... ¿Estás mejor?-. Regina negó tragando saliva como si estuviese frente a un nuevo desafío –Volveré al campamento, iré al SPA, tengo que conversar con alguien esta noche… nos veremos mañana supongo-. Asintió rogando que se fuera pronto. Le latía el corazón bajo su pecho ¡Estaba ansiosa! –A… adiós…
Cerró la puerta tras de sí, quedando en total silencio la habitación. Su cuerpo entero temblaba y la rabia consigo misma la invadió, agarró su maleta y la lanzó lejos mientras gruñía. Por supuesto que fue Emma la que había llamado a su padre para que ella estuviese en el hotel, por supuesto que Swan estaba cambiando de forma sincera pero esto era peor. Regina sentía que estaba haciendo todo mal. ¿Qué sacaba con seguir mintiéndose de tan descarada forma? Estaba loca por ella, le gustaba Emma, estuvo a un segundo de caer en la secreta tentación y besarla contra la puerta, estaba cometiendo un error al fijarse en alguien que le era imposible de mil formas, alguien que no le correspondía. Pero como decían por allí lo prohibido atrae mucho más sino ¿Cómo Adán y Eva querían la manzana?
...
Cuando el atardecer estaba terminando, los buses llegaron de nuevo al campamento. El ánimo entre los amigos de Emma parecía dividido, los "Fenómenos" bajaron rápido y caminaron con la misma velocidad hacia sus carpas ¿Dónde estaba Regina? Allí sentada sola frente a la fogata estaba la rubia leyendo un libro, quería despejar la cabeza, quería prolongar lo máximo posible la conversación. Tinker y los demás se acercaron sin ser violentos, después de todo ella había defendido a Regina frente a los demás
-¿Dónde está Regina?-. Susurró Charming.
-En el hotel Ahwahnee, no creo que puedan ir a esta hora pero mañana dispondré de un auto para ustedes para que estén con ella, el hotel está dentro del parque Yosemite.
-¿Está bien?-. Tinker preguntó asustada. Swan asintió sin emitir palabra alguna, no sabía si realmente lo estaba porque algo en Regina cambió antes que se fuera. Los demás sonrieron agradecidos y se alejaron hacia la carpa más grande para conversar entre todos.
Continuó leyendo dejando que el calor de la fogata la llenara. Sintió la presencia de su novio pero no era capaz de levantar la vista porque la molestia empezó a invadirla. Su novio se sentó al lado, esto para él tampoco era cómodo porque jamás se encontró en una situación así
-¿Qué estás leyendo?-. Killian inclinó la cabeza –"Mi Odalisca, dos mundos que chocan" y... amm-. Rascó su nuca -¿Es buena? ¿De qué trata?
-De dos personas que se aman cuando están totalmente prohibidas, él es de clase social baja y ella una mujer musulmana comprometida-. Cerró la boca. ¿Por qué describir el libro le sonaba familiar? Por supuesto no tenía nada que ver con ella y "Cenicienta" ¿O sí? –Mira Killian tenemos que hablar y seré directa ¿Por qué te estás comportando así? No eras celoso y no me mientas ¡Estás celoso!
-Nunca en mi vida he estado celoso, me ha llevado a comportarme como idiota y…
-Pues me da vergüenza tu comportamiento, si pudieses evitarlo, tienes el poder para dejar que nuestros amigos se comporten como cerdos... si viste que estaba pálida ¿Por qué continuaste? ¡Sabes que tuvo un accidente!
-¿Y tú qué? ¿Por qué todo recae en mí? ¿Por qué no empiezas a evitar que traten diferente a esa pobretona?
-¡Deja de decirle así! ¿Pues sabes qué?-. Se paró derecha –Eso empezaré a hacer, dejen de verla diferente porque esa chica tiene potencial…-. Salió de allí afirmando su libro, entrando en la carpa para seguir leyendo lejos de su novio. Le angustiaba sentirse así y pelear con él pero Killian necesitaba cambiar su mentalidad, no le gustaba para nada su nueva personalidad ¿Dónde había quedado el dulce chico del cual estaba enamorada?
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