Capítulo 25
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Estiró los labios para aplicarse un poco más de labial rojo, era prácticamente lo único que le quedaba para estar lista. Sentía como la boca se le estiraba involuntariamente en una sonrisa ¡Es que hoy se sentía realmente hermosa! Cuando el maquillaje estuvo listo caminó hacia un espejo que reflejaba su cuerpo entero, sus ojos viajaban en todas las direcciones, quería encontrar imperfecciones pero la verdad es que hoy se sentía muy bien. Era día sábado 28 de noviembre, hacía frío pero eso no sería impedimento para ponerse un disfraz sonso o de abuela, no, quería lucir su cuerpo y eso no tenía nada que ver con la mujer de apellido Mills.
-Vaya, de "odalisca" como Dalida Musalem-. Emma giró sobre sus pies una vez más, había tomado la decisión de disfrazarse así porque quedó muy emocionada con el primer libro de la saga, amaba la historia, los personajes ¡Solo quería que la escritora lanzara el segundo libro!
Tomó su teléfono celular, lo puso hacia el espejo y empezó a tomarse fotografías. En media hora vendría Killian y su resto de amigos para dirigirse a Heidelberg, aunque le costase admitirlo, estaba más emocionada por poner un pie en esa escuela que por la llegada de su "chico". Todo esto tenía una explicación y ella no quería darle el nombre, no aún.
…
Las limusinas y autos de reconocidas marcas iban llegando hacia el estacionamiento de la escuela. Por el bien del "orden" no estaba permitido el ingreso de personas externas, todo alumno debía mostrar su identificación de la escuela. Todo tipo de disfraces habían, desde clásicos hasta algunos que apenas podían entenderse, los más repetidos eran los súper héroes, piratas, famosos del mundo del espectáculo. Alumnos que entraban, salían al exterior a fumar o recibir a alguien, y querían volver, no lo tenían permitido, el que salía se quedaba afuera.
No se permitía el expendio de bebidas alcohólicas porque eran menores de 21, solo la venta de bebidas energéticas, gaseosas o jugos enlatados en una barra decorada con luces de neón.
Heidelberg era tan grande que disponía de un salón para hacer este tipo de eventos, algo con mucha más clase que realizarlo dentro de un gimnasio. El salón tenía dispuesto luces láser en los costados que serían encendidos más entrada la noche, ahora había una luz tenue y bolas disco como las fiestas clásicas de antes. Empezó a correr el rumor que la pareja "predilecta" estaba por entrar, todos querían saber de qué venían disfrazados, si es que acaso serían ellos los ganadores del mejor disfraz o no, si recibirían la mayoría de los votos (que era casi un hecho) etc, etc.
Fue así como empezaron a hacerse más y más murmullos cuando un apuesto y varonil Hércules entro con una bella bellydancer sujetándole el brazo, tras de ellos una diosa griega (Mary Margaret), La mujer maravilla, Ironman y otros que formaban parte del grupo de amigos ¡Eran las estrellas de la escuela! A donde todos querían llegar a ser.
-¡Emma te ves hermosa!-. La aludida se sonrojó, sentía todas las miradas sobre ella, por lo que podía averiguar era la única con este disfraz.
-Muchas gracias, estoy vestida de mi personaje favorito de libros, es un honor...-. El ambiente comenzó a prenderse, los ojos de Emma observó para todas partes tratando de encontrar lo que su inconsciente deseaba.
-Después que termine la fiesta, te arrancaré eso y te haré el amor-. Su novio la abrazó por detrás y susurró en su oído de forma coqueta, la rubia sonrío pero no se sintió llena como antes, una charla así la hacía temblar de deseo pero ahora su cuerpo respondía con un frío suspiro.
El grupo "estrella" caminó hacia el sector VIP del salón que estaba en altura, allí disponían de sofás lujosos de cuero blanco, mozos se le acercaban para brindarle algunos bebestibles, eran tratados como reyes. Mientras tanto, otros autos deportivos estacionaban donde el guarda coches les indicaba. Tinker que manejaba su vehículo, al frenar miró de lado a su amiga con una sonrisa perversa, si alguien no la consideraba hermosa vestida de esta manera realmente estaba mal de la cabeza.
-Entradas-. Tinker tendió la mano para recibir la de Regina, esta con estilo la dejó sobre la palma de su mano –¡Demonios! Si fuera soltera ya estaría aullando por ti, así vestida como de ensueño y… matarás a todos los chicos y las chicas, felicidades-. Regina torció la boca tratando de sonreír.
-"Siento muchos nervios"-. Moduló bajando con cuidado del auto, el vestido era algo bromoso.
Charming, Ruby, Astrid y los demás del grupo se juntaron con ellos y caminaron con mucha personalidad hacia el salón.
Venían a disfrutar de la música juntos por el precio de haber colaborado al hogar de niños con cáncer, los demás no importaban salvo para burlarse de lo malo que podían ser con sus disfraces o lo repetidos que solían ser varios.
Estaban en la entrada del salón esperando ser revisados por protocolo de seguridad, cuando Charming (David Nolan) escuchó que alguien adentro empezaba a gritar "¡Llegaron los fenómenos". Se sintió importante, para bien o para mal eran tema de conversación.
Uno a uno empezaron a entrar acostumbrando sus ojos a la luz tenue, el DJ había anunciado que la música fuerte y juego de luces empezaría en unos minutos ¡Como una disco real!
Las personas giraron para ver a los "fenómenos" pero todos quedaron con la boca seca. David Nolan "Charming" se veía atractivo disfrazado del "fantasma de la Opera", Tinker tenía puesto un traje de conejita playboy y aunque sabía que más de alguna se pondría algo así, no le interesaba porque esto lo ocuparía en la noche con su chica ¡Qué gracia! Pero sin duda lo que impactó a los chicos de Heidelberg, fue la mujer disfrazada con un vestido blanco, su mirada desafiante, sus zapatillas, el antifaz que cubría su rostro.
Mary Margaret se paró sorprendida y colocó sus manos en la barandilla del sector VIP
-¡¿Quién es esa mujer?!-. Pregunto Mary Margaret.
Emma por intuición se paró del sofá y caminó hasta al borde de la barandilla al lado de su "amiga". Su pecho comenzó a latir desenfrenado, sus piernas se doblaron y su punto más sensible estaba irritado con el deseo instantáneo. ¿Quién era esa mujer con ese hermoso vestido?
Sus mentes parecían conectadas, puesto que la morena alzó la cabeza hacia el sector VIP de tal forma que Swan jadeó con la mandíbula apretada.
"Mierda", pensó Regina, allí como toda una reina estaba Emma Swan vestida de Bellydancer, sobre su cabeza una especie de coronilla dorada llena de piedras y monedillas, en su cuello una cadena que caía en red también hecha de monedillas doradas, sus aros, las joyas en sus manos, el sujetador del traje igualmente decorado. Lamió su labio inferior sin darse cuenta que el cuerpo de ella se calentaba más y más.
¿Regina Mills sabía realmente como se veía? Sus ojos marrones tras el antifaz blanco, el vestido que parecía sacado de una revista de vestidos de novia, su cabello suelto con un pequeño tocador de pedrería, las zapatillas con tacón algo alto. Ambas parecían absortas en la otra, quizás si se acercaban minuciosamente a sus rostros verían un hilo de saliva.
-Vaya ¿Quién es esa que se cree Princesa?
-Si supones que todos llegaron de ese grupo, debe ser Regina Mills, es la única que no reconozco de todos los demás así que debe ser así-. Comento August.
-¿Regina Mills?-. Levantó una ceja desafiante, entrecerró los ojos, "Hércules y la princesa" se miraban de forma negativa -Sí, es ella...
Emma tiró de la mano de su novio para invitarlo a bailar a la pista, susurrando coqueta que quería ganar un concurso de baile, de disfraces, algo con tal de imponer su respeto. Eran mentiras, excusas para convencerlo de salir del sector VIP y acercarse a la pista para poder ver de cerca a la "Princesa".
Regina y sus amigos se acercaron a la barra para pedir unas bebidas energéticas, todos se giraban a observarlos pero especialmente a ella. Las mujeres abrían sus bocas, se mordían sus labios, estiraban la mano para rozar la parte baja de su vestido que se levantaba un poco al avanzar. Pero no le gustaba toda la atención femenina si no llamaba la de la mujer correcta.
-¿Quién es esa que está disfrazada de Princesa?-. Murmuró a sus amigos.
-Regina Mills-. August susurró con la mirada pérdida mientras que Mary Margaret se llevaba una mano a su pecho. ¡No era posible! Sí, no estaba mal reconocer que a pesar de ser pobre, imbécil y poca cosa, también era mujer por donde la mirase. Recordó el campamento en Yosemite, la sensación de su brazo cálido rozarla cuando estuvieron juntas en los caballos. Se sintió aturdida, deseosa de correr hacia ella y pedirle a gritos que la tocara por todas partes. Ese disfraz realmente estaba enloqueciendo a todos.
Como Emma bajó a la pista de baile, la mitad de la atención también se centraba en ella. Los chicos se hacían mil y un fantasías eróticas con ella bailándoles árabe o algo así, Killian la sujetaba más fuerte con una sonrisa de triunfo reclamando que esa chica era suya. Regina caminó hacia ella, era sorprendente que a pesar del ruido muchos sintieran el sonido de sus zapatillas golpear con insolencia, con un tono de "Aquí mando yo".
Una chica se cruzó en su camino para pedirle que salieran a bailar, no le contestó de inmediato porque se sentía aturdida. ¿Acaso no sabía que era la chica a la que todos apuntaban por ser pobre y muda? Eso no interesaba en ese minuto para ellos. Regina miró a Emma en los brazos de su novio
- "Está bien"-. Moduló hacia la chica, dejando una mano sobre su cintura mientras la chica se aferraba a su cuello –"¿Sabes que soy Regina Mills?"-. Ella asintió coqueta.
-Siempre me has parecido una chica linda-. Levantaba la voz para destacarse sobre las demás –Yo no miro tu bolsillo, te miro a ti-. Guiñó. Incluso con ese disfraz se sentía como un cachorro. Era extraño que alguien que no fuese su amistad le dijera algo así. Aturdida al sentir como la chica pegó su cuerpo con el suyo, descansando su mentón en el cuello de esta para observar que Emma hacía lo mismo con Killian.
¡No le agradaba lo que veía!
Regina le sujetó el rostro a la chica para que leyera sus labios.
-"Tengo que ir al baño"-. Pero no alcanzó a terminar la frase cuando esta ya la empujó de su nuca hacia ella para besarla con fuerza.
Emma que accidentalmente miró la escena, sintió ganas de vomitar. Fingió unos segundos más pero como "Cenicienta" parecía disfrutar de ese beso, le murmuró a Killian que iría a retocar su maquillaje y volvía pronto. Excusas y más excusas, todo con tal de alejarse de esa escena. No, Regina no estaba disfrutando de ese contacto, solo que su cabeza le gritaba: "Imagínate a Emma, imagínatela" e inevitablemente quería rendirse a su imaginación. Pero incluso el beso con furia del primer día de clases había sido mucho mejor que esto. La soltó pero luego la sujetó de la cabeza con ambas manos
-"No vuelvas a hacer eso"-. Modulo la morena furiosa.
Mientras, la rubia en el baño golpeaba furiosa el lavamanos. No podía entender como en Heidelberg tenían abierto a esta ahora o quizás el guardia de seguridad se dio una vuelta por otra parte, pero pudo ingresar al establecimiento y al baño allí dentro en el tercer piso. No quería entrar donde alguien pudiese escuchar sus lamentos, no quería estar en el baño del salón, así que decidió caminar un poco más dentro del terreno y meterse aquí. Oscuridad, silencio ¿Buenas o malas compañías? No quería tardarse tanto porque Killian empezaría a cuestionarse del motivo real del "porqué" había venido. De todas formas ¿Qué le interesaba a él? Su actitud no había mejorado tanto desde que le dijo que se parecía a Mary Margaret.
Se agachó para beber un poco de agua, pero cuando estiró su cuerpo para alcanzar una toalla desechable, vio en el espejo el reflejo de una silueta femenina apoyada en la pared. Trató de enfocar la vista pero cuando sintió desesperación e iba a gritar por ayuda, esta silueta la empujó hacia el lavamanos, cubriendo su boca con la mano, apretando el cuerpo de ella con el suyo, ambas mirando sus reflejos en la oscuridad.
Emma jadeó y no de miedo, era calor, era excitación pura. La "princesa" estaba tras ella respirando agitadamente contra su nuca, enviando corrientes eléctricas hacia sus piernas que no querían mantenerse en pie mucho tiempo.
La luz pálida de la luna se filtraba por los vidrios, era la única luz que tenían en ese momento pero, a pesar de eso los ojos marrones de Regina destacaban bajo el antifaz blanco. Era lo más erótico que le había pasado hasta ahora, creía.
Regina con los labios temblando tragó saliva, acercó su boca hasta la oreja izquierda de ella y con el máximo esfuerzo posible brotó lo que su corazón le gritaba que hiciera.
-Em-ma
Ese ardiente susurro pudo oírlo ¡Podía oírla! Era todo lo que podía decir, no podía hablar pero solo de su boca había salido el nombre de ella en un susurro desesperado y caliente, un susurro de tono tan ronco que la tenía al borde de la locura. Emma miró los ojos de "Cenicienta" a través del espejo y supo en ese momento que estaba perdida… Aun contra lo moral, deseaba a esa mujer de todas las maneras posibles.
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¿QUÉ TAL?
REGINA YA DICE ALGO, POCO, PERO ALGO ES ALGO.
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