HOLAAAAAAAA
DIOS HE LLEGADO GRANDÍSIMA DEL TRABAJO. HABÍA OLVIDADO LO QUE SE SENTÍA ESTAR TANTO TIEMPO DE PIE.
AVISO IMPORTANTE: ¿HAY ALGUIEN DE CHILE AQUÍ LEYÉNDOME? SI LOS HAY. ¡VAYAN AL BANCO A DEPOSITAR A LA TELETÓN!
Capítulo 28
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Peinó su cabello de varias formas, ninguna le era más agradable que la anterior así que terminó por tomar un poco de crema para peinar y la aplicó sobre su cabello apretándolo lo suficiente para que las ondas se quedaran así. En el grupo de "WhatsApp" que tenía con sus amigos empezaron a hacer comentarios sobre juntarse en la casa de Killian, ninguno de ellos tenía idea que Emma tenía sus propios planes. Solo conversaría con Regina, no era grosero si la invitaba a cenar en casa ¿O sí? Quizás la situación se volvería incómoda para ambas si estaban solas, quizás no, debía estar en esa situación para comprobarlo pero ¿Qué quería sacar Regina con venir? ¿Qué le urgía tanto?
Pensó que era buena idea mirar la hora en su teléfono pero en cuanto lo sostuvo entre sus manos, este vibró dando el aviso que había llegado un mensaje de texto de Regina. Con el dedo índice de la mano derecha tocó la pantalla para ver qué decía. ¿Era normal que algo tan simple le hiciera contraer los músculos del abdomen?
~ "Estoy parada afuera de la reja ¿Me abres?"~
Podía apretar un botón y decirle que caminara sola hasta la entrada de la mansión, pero le pareció correcto llegar hasta ella. Llegó hasta la puerta tan rápido como pudo, pero luego mantuvo la compostura para pasar sobre el camino de piedras que serpenteaba todo el parque hasta llegar a los muros de piedra y la reja negra marcada con la inicial S en cada puerta de ella. Regina tenía el pelo despeinado cayendo sobre sus hombros, estaba derecha con los brazos muy firmes mientras sostenía bolsas que contenían cosas. Cuando la miró fijamente no pudo evitar sonreír aunque fuese de medio lado, que linda se veía cuando parecía feliz y mucho más si ella misma lo había provocado. Esperen un minuto ¿Se estaba burlando de ella?
-¿Qué traes ahí?-. Miró las bolsas y luego a Regina mientras abría la reja manualmente.
-"Como quería pasar el rato contigo, creí que nunca está demás pedir la clásica comida china"-. Había dejado cuidadosamente las bolsas en el suelo para mostrarle la libreta. Vaya, empezaba a mejorar y ya podía escribir de nuevo. ¿Por qué no le gustaba eso? Porque quizás era mejor mirarle sus labios –"Buenas noches"-. Moduló cortésmente y lentamente cuando pasó al lado de ella, Emma tragó saliva y le quitó una bolsa de la mano.
-Dame una, creo que es lo mínimo que puedo hacer para agradecer que compraras una de mis comidas favoritas.
-"¿En serio?"-. La bajita modulo sonriendo de nuevo pero esta vez caminando hacia atrás.
-No hagas eso ¡Te caerás!-. Regina negó traviesa, estaba de buen humor y quería juguetear pero un paso en falso la hizo tropezarse –¡Regina!-. Se le cayó la bolsa de la mano tratando de sostenerla pero sorpresivamente ella puso ambos pies sobre el camino de manera fácil -Como... ¡¿Estás jugando conmigo?!-. Asintió inocente y siguió caminando hacia atrás, viendo como Emma recogía la bolsa y se le acercaba.
Una vez dentro Regina sin pudor se acercó a la cocina a saludar a parte del servicio que trabajaba allí, las señoras la adoraban y estaban contentas de verla otra vez. Emma en su tono lo más natural posible explicó que harían un trabajo juntas y que no debían preocuparse por la comida, la bajita había pedido comida china para ambas. Las mujeres asintieron y siguieron charlando con "Cenicienta", el nerviosismo iba aumentando en la rubia y por eso mismo empezó a golpear con un dedo sobre la encimera de la cocina. ¿Qué harían ahora? ¿Tenían que conversar? Regina la miró de reojo, sabía que estaba nerviosa y eso le gustaba, le daba una ventaja y cierto poder sobre ella, en cambio ella estaba tranquila porque había repasado mil veces las intenciones que tenía para hoy.
Regina le hizo un gesto a Emma con la mano para que la mirara.
- "¿Te parece si vamos a hacer lo de química?"-. Se volteó hacia las sirvientas –"Un gusto"-. Cuando pudo reaccionar, la rubia buscó vasos, una soda y platos antes de seguirla. Después de pasar por varias estancias de la mansión llegaron hasta el frente de la escalera donde la rubia empezó a subirla –"¿Puedo subir yo también?"-. Le frunció el ceño ¿Cómo podía pedir permiso si era obvio que la estaba invitando? Esta vez fue Regina quien se puso nerviosa cuando quedaron fuera de las puertas de su habitación.
-Podemos comer en el suelo frente al LED que tengo, ven, pasa...
Era entrar a otro mundo, esa habitación tenía una atmósfera femenina inquietante pero también curiosa. Estuvo muy pocas veces siendo sirvienta, quizás solo una o dos. No era de tonos rosa como podía suponer que era la habitación de Mary Margaret, esta estaba decorada de forma exquisita y muy costosa que provocaba temor arruinar.
-Puedes dejar las bolsas aquí-. Indicó una mesa baja y amplia hecha de madera y vidrio –Prenderé la chimenea porque hace un frío enorme-. La siguió con la mirada sin conseguir el poder quitarle los ojos de encima, se veía hermosa y casual con su vestido morado, tan simple, tan ella. Caminaba y se agachaba con gracia, la forma en la que abría los ojos al encender el fuego ¿Killian se fijaría en ese tipo de detalles simples? No –A ver ¿Qué tenemos aquí?-. Ambas se miraban fijamente
-"Arroz chaufan, carne mongoliana, sopa con fideos, arrollado primavera, salsa de soja y esto"-. Hurgueteó en una bolsita pequeña –"Galletas de la suerte"-. Parecía una niña tímida mostrando un tesoro recién descubierto. Cuando la comida ya estuvo servida en los platos, llenaron sus vasos con "Sprite" y los acerca sin separarlos.
-Por nuestra amistad y esta junta secreta, quiero darle gracias a Dios por la comida que gentilmente compraste y también por darme la oportunidad de poder brindar contigo con algo simple como una bebida y no un asqueroso vino-. Soltó una risita que dejó a la morena aturdida, en el buen sentido de la palabra –Salud.
-"Salud señorita Swan"-. Bebió un poco antes de romper los palitos. Habían prendido la televisión pero no fue realmente necesario, era difícil despegar los ojos de la otra mientras charlaban de cualquier cosa.
-Mmh-. Emma gimió gustosa por la comida, era un gemido inocente que el cuerpo de "Cenicienta" parecía no entender como tal –¡Me gusta! Te lo agradezco-. Un pedazo de carne salió volando por su boca, provocando la risa instantánea de Regina. Se reía a su manera, no era fuerte, era extraña pero tierna a la vez. La rubia se sonrojó por la poco "decorosa" forma de comer –Lo siento…
Era esto lo que a Emma tanto le gustaba y que descubría ahora, la sencillez, el ser libre a la hora de actuar, el poco formalismo, el estar cómoda frente a alguien que no fuese necesariamente "su novio". Con sus amigos de todas formas había códigos que cumplir como el llevar joyas puestas, exponer incluso con ellos cuan rica era. Conversaron sobre cualquier cosa que se les venía a la cabeza mientras comían, Regina se limpiaba los labios cada vez que terminaba de comer y quería hablarle, pensaba que era una falta de respeto si Emma le observaba los labios y no estaban "adecuados" para la ocasión. Cuando no quedó comida y apilaron los platos a un costado, se quedaron calladas. Regina pasaba una mano por su cabello tratando de buscar las palabras adecuadas para decirle porque había tenido la idea de juntarse ahora. Buscando con la mirada se dio cuenta que había un sofá de cuero blanco cubierto por una manta de polar rosada. "Que mono" pensó con una sonrisa torcida, luego se paró y le tendió la mano a la morena para guiarla hasta allá. Se sentó cómodamente con la espalda estirada hacia atrás, luego Emma hizo lo mismo. ¿Por qué estar separadas así? Sin preguntarle a la rubia la abrazó de lado y la pegó a su cuerpo, el frio ya no se sentía, solo el calor que sus cuerpos se brindaban y el que la chimenea tan gentilmente les proporcionaba.
-Regina...-. Susurró conmovida, la mencionada frotaba su mano sobre el brazo desnudo de ella, sus roces para darle calor le provocaban más que eso, sí, mucho más que eso.
-Emma-. Murmuró con un tono tan bajo que llegaba a ser ronco, la rubia llegó a suspirar imaginando como sería su voz hablando más que eso. Se miraban tiernamente –"Quería juntarme contigo porque quiero demostrarte quien soy yo, cómo me puedo comportar contigo, mostrarte las cosas con las que puedo entretenerme"-. Pausó un poco –"Las cosas que forman parte de mi mundo... así como "Cenicienta" entró en el mundo de la heredera, la heredera debe conocer el mundo de su sirvienta"-. Acarició la mejilla de Emma que se había tornado rosada con el calor de la situación.
-No eres mi sirvienta, no digas eso más porque voy a enfadarme-. Pestañeó un poco para comprender sus palabras –Eres mi amiga… o quizás más que eso-. Murmuró para sí misma, sus palabras no pasaron desapercibidas para la morena –Gracias por querer mostrarme tu mundo o parte de él, es muy agradable disfrutar de la sencillez...-. Instintivamente se abrazaron más fuerte, afuera empezaban a caer las primeras gotas de lluvia –Hoy mis amigos querían juntarse acá. Soy tan feliz de haberles dicho que no...
-"Déjame mostrarte mi mundo, déjame hacerte feliz... te juro que soy mejor persona que ese infeliz de Killian"-. Moduló sin reprimirse lo que deseaba aunque por el gesto de sorpresa de Swan pensó que era un grave error.
Avergonzada la soltó de sus brazos, se separó un poco, sostuvo su libreta y empezó a escribir. Tenía una necesidad de decirle la verdad, no podía mentirle si la miraba a esos preciosos y brillantes ojos verdes, pero no tenía pruebas para demostrarle que Killian y Mary Margaret eran una mierda. Sí, ellos estaban haciendo lo mismo pero estaba segura que Killian la engañaba desde antes de que ella entrase a su vida como sirvienta durante el verano, además Emma se sentía culpable por sus actitudes, no merecía sentirse culpable por alguien que tampoco la valoraba ni veía más allá dentro de su novia.
Mientras, Emma miraba el suelo con los labios y dedos apretados. ¿Qué esperaba de esto? Era obvio que eran mucho más que amigas o que sus corazones se deseaban más que eso. Pero ella tenía novio y debía de nuevo plantearse lo que realmente quería, cambiar una historia armada u optar por lo nuevo y totalmente distinto a lo que estaba ya acostumbrada.
Pero su interior le gritaba que la historia "armada" se estaba desmoronando, ella misma estaba cambiando, no era la que alguna vez se enamoró de Killian, ahora conocía el mundo fuera de esa burbuja. De sus pensamientos la sacó Regina cuando le tendió una hoja.
-"Siento referirme así de tu novio pero es que simplemente lo considero un infeliz, al igual que tu amiga Mary Margaret, no me agradan ni me agradarán jamás. Siento que te pierdes con gente como esa, eres valiosa, eres mucho más que valiosa como para estar alrededor de ellos... espero pronto te des cuenta de eso"
-¿Y soy más valiosa juntándome contigo?-. Susurró Emma.
-"Siento no estar a la altura que te mereces, pero de algo estoy segura y es que si fueras mía te trataría como realmente mereces, te valoraría, te respetaría"-. Miró el suelo con la mandíbula tensa –"Te amaría"-. Tragó saliva nerviosa, sentía ira con toda esta situación pero aun así la miró fijamente y puso su esfuerzo para sonreír –"Sé que es difícil todo esta situación, solo quería estar contigo ahora porque aun cuando no quiero sentirlo, lo único que quiero al parecer es estar más a tu lado, más de lo que debería"-. Emma se paró y se colocó al frente de ella, sus ojos brillaban húmedos.
-Estoy entre la espada y la pared Regina, perdón si no actúo como quisieras pero ¡Es que me siento perdida! Me gustas, te juro que me gustas mucho-. Le caían lágrimas por sus mejillas, Regina sentía pena de verla así porque no merecía esto, merecía la verdad –Me encantas demasiado y quiero formar parte de tu realidad pero tengo cosas que me lo impiden para hacerlo libremente... no sé qué hacer-. Regina le sostuvo una mano para besarle los nudillos con cariño, tan lentamente que logró hacerla jadear.
-"Una semana Emma, en una semana tendrás que darte cuenta qué te hace más feliz"-. Parpadeó sin entender –"Te juro que voy a demostrarte que Killian no vale la pena, pero más que eso, en una semana te mostraré más de mí para que sepas lo que puedo ofrecerte... quizás no sea mucho, pero es sincero"
Protectoramente la rodeó con sus brazos para pegarla a su cuerpo y brindarle calor. No era experta en chicas pero Emma Swan despertaba en ella sentimientos que creía dormidos. Sí, claro que le demostraría que su novio era una mierda al igual que Mary Margaret, necesitaba documentar el engaño para que ella los mandara lejos y pudiese elegir más tranquila lo que quería. Y ella daría todo de sí misma para que supiera que elegía bien.
-Bésame, por favor Regina... bésame-. Pegó su frente con la de ella, cuando los labios de la morena rozaron los suyos con tanta lentitud, sintió que fallecía de placer. Su alma, su cuerpo y corazón le estaban gritando que con ella todo sería de un modo diferente, un modo mucho mejor y más humano. Las manos de Emma se metieron secretamente y con necesidad bajo la blusa de Regina para afirmarse directamente de su cálida piel, ambas jadearon, separaron un poco sus rostros y se miraron fijamente…
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