Capítulo 43

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Toda la seguridad que creemos poseer, todo lo que teníamos planeado puede desaparecer en un segundo, basta un cambio de planes para que la copa que se balancea al borde de la mesa se caiga y destruya en mil pedazos. Así su seguridad y corazón se sentía, como si bajo sus pies se abriera un enorme hoyo negro que la succionaría por completo y no la dejaría salir a flote. Pestañeó un par de veces pero la visión de una Emma más adulta y bonita seguía allí parada e impactada tanto como ella. Con un traje apretado blanco y el pelo hacia el lado... Tragó saliva e inspiró, ni siquiera se dio cuenta cuando su sistema creyó que sería conveniente dejar de respirar, ni siquiera recordaba cómo se llamaba o donde estaba. Pasaron varios segundos, quizás minutos pero ninguna era capaz de darse cuenta que la persona que tenía al frente no era una ilusión, era de carne y hueso.

-¿Gina?-. Susurró Emma, su voz aguda que revelaba cuan sorprendida estaba, pareció hacerla despertar.

Cual piedra, rígidamente Regina giró sobre sus talones y caminó hacia un sofá de cuero blanco en forma de "L" donde se dispondría a realizar la entrevista. Pero claro, la rubia no daba ningún paso.

-¿Vas a sentarte? ¿Vas a realizarme una entrevista? No sabía que tuvieras apellido Brown-. Regina masculló llena de ira y en inglés con un ligero acento francés.

Su voz, una vez más, atravesó todos sus poros hasta calarse en su corazón para apretarlo con fuerza. Santo Dios ¡Regina podía hablar! ¡Podía hacerlo! ¿Cómo llegó aquí? ¿Por qué tenía que verla? Miles de preguntas formulaban su mente mientras trataba de caminar hacia el otro extremo del sofá. Esto era chocante, demasiado como para que alguna de las dos pudiese hacer algo más que solo movimientos forzados ¿Y si corría por la puerta? ¿Y si se apretaba el brazo para despertar de este sueño? Alzó lentamente los ojos, partiendo por unos zapatos de tacón negros apoyados posesivamente contra la alfombra, se cruzó de piernas de forma elegante, un vestido azul marino que la hacía ver increíblemente atractiva y los accesorios como la gargantilla de oro o brazaletes igualmente de oro, una postura recta de espalda, unos ojos... Dios, unos ojos que jamás había visto tan llenos de ira y odio sincero y ese cabello, ahora corto, peinado de forma que decía a gritos que era una mujer rica. Que imponente se veía, que peligrosa era, se sentía la hormiga al lado del elefante, una sumisa frente a un amo al que obedecer. Mierda... ¿Esta era la nueva Regina Mills? ¿La adulta en la que se había convertido?

-Yo...-. Tartamudeó Emma, no había parte de su cuerpo que no estuviese sudando, cada segundo se sentía más ridícula e indefensa. "Reacciona, por Dios, reacciona" se gritaba pero era imposible hacerlo, la sola presencia de esa mujer la humillaba de una particular manera indirecta.

-"Chienne"-. Regina moduló asqueada, había dicho "Perra" en francés –¿No... no sabías quién era yo?-. Desde la primera palabra demostraba quien dominaba aquí, los roles se habían cambiado, oh sí, desde que salió de USA hace 10 largos años, los roles se habían invertido –Bienvenida a Francia Emma Swan, yo soy la "Evil Queen"

Las piernas le temblaban, sus pasos eran tan débiles que cualquier brisa podía haberla botado. Logró sentarse pero las manos no le obedecían cuando quería sacar de su cartera el notebook para escribir la entrevista, si hubiese sido cualquier otra persona en la tierra mantendría su compostura y profesionalismo como siempre, pero apenas podía comportarse como un ser humano cuando tenía a la protagonista del error más grande de su vida, a quién no tuvo merecido ser tratada tan mal. Regina se estaba impacientado con facilidad, la nueva Emma Swan era torpe como una rata... ella no tenía demasiado tiempo y se lo iba a hacer saber ¡Por supuesto que sí!

-Señorita Swan, no tengo todo el tiempo del mundo, tengo un desfile y para mí el tiempo es oro... si tiene la amabilidad de apurarse-. Emma levantó los ojos hacia Regina con temor, respiró profundamente y sacó el computador para colocarlo sobre sus piernas

-No sabía que te vería...-. Quería gritar ¡TRÁGAME TIERRA! Pero tenía una responsabilidad tan grande entre sus manos. Todo un canal esperaba por la nota para subirla a la web y algunas fotografías también, aunque ahora tenía la sospecha que no podría hacer lo último.

-¿No sabías?-. La morena enarcó una ceja, tenía una mano sobre sus labios, con la otra golpeaba impaciente el sofá –¿Tampoco te sabes las preguntas?-. Emma levantó la barbilla.

-Sí las sé, solo que vengo en representación de mi colega Ximena Brown ¿Lista?-. Regina hizo un gesto con la mano para darle a entender que empezara. Emma rogó internamente para que Dios le diera un poco de valor para hacer esto.

- Sorprendente, exitosa, particular... te describen así muchas personas que trabajan contigo ¿Me puedes explicar cómo llegaste a alcanzar el éxito en el mundo de la moda?

-Poniéndome una meta por delante, no dejar que nadie vuelva a pisotearme y seguir el sueño que compartía con mi padre... es así como me he convertido en lo que soy, cuando una persona controla sus debilidades domina el resto.

Emma apenas pudo escribir lo que le había dicho, estaba más concentrada en el tono de su voz y la forma en la que la miraba ¿Tanto tiempo había pasado en Francia que ya tenía el acento impregnado en su voz? ¿Desde cuándo que podía hablar? Se sentía más que observada mientras tecleaba la respuesta. Sacó de su bolsillo la grabadora y la dispuso para grabar, como buena periodista debía enfocarse en observarla y entablar una buena conversación, pero era difícil comportarse como tal cuando tenía a Regina Mills frente a ella.

-Ha... hablando de este éxito ¿A quiénes le agradecerías por eso?

-Mi madre-. Dijo la morena de forma inmediata –A mi hermana Violet, a mis amigos, esas personas son las únicas que valen la pena-. Parecía escupir las palabras con rabia. La rubia palideció, si no era una forma indirecta de echarle a la cara algo... –Esas personas que están a tu lado sin importar lo que suceda, esas que hicieron que mi vida se convirtiera en esto. Pero también puedo agradecerle a mi padre, estoy segura que allá arriba hizo algo para que las cosas resultaran-. "Y no me dejara caer al abismo" pensó con dolor.

-¿Qué quieres mostrar en la noche de hoy? La gente en todos los medios publica lo entusiasmados que están por ver tus diseños...-. Regina no respondía, solo la observaba en silencio como si pudiera atravesar sus ojos con los suyos. Parece que ninguna de las dos salía aun del trance y de la sorpresa. De golpe cerró el computador –¡DIOS SANTO! ¡Basta ya con esto! ¿No te das cuenta que mantener una conversación como esta es enferma? ¿Pretendes que sigamos con esto como si no nos impactara el vernos?

-¿Quieres que actúe como debo? ¡¿Quieres que lo haga?!-. Regina se paró de inmediato y empezó a rodear el sofá –¡Me asquea tenerte frente a mí! Pensé que recibiría a una periodista pero apareces tú-. Emma pestañeó sorprendida, la voz sonó muy dolida.

-¿Te asqueo?

-Mira en lo que me he convertido, en alguien que tiene poder, en alguien que no tiene que humillarse para tener dinero... claro que me impacta verte porque desee tanto no encontrarte de nuevo...

-Yo no quise-. La rubia gimió recordando la noche en la que optó por no confiar en sus palabras, había estado luchando por un buen tiempo para superar la culpa pero el solo ver a Regina la descolocaba, no es que tuviese sentimientos hacia ella pero el dolor no se lo quitaba nadie –Deberías comprender que...

-¿Comprender? Vous êtes fou!-. Regina tiró un vaso de agua lejos pero no se rompió porque la alfombra lo amortiguó –No me pidas que comprenda ni que te reciba con los brazos abiertos, no soy esa pequeña "cenicienta" ni la imbécil de ayer, tengo casi 28 años, soy una mujer distinta... No me interesa dar una entrevista para ti ni el CNN, tengo que responder a la noche frente a un público que espera mucho de mí-. Indicó la puerta de la suite –Si tienes algo de dignidad lárgate de este lugar, vuelve a Estados Unidos y piensa que todo esto solo ha sido parte de su retorcida imaginación-. Emma estaba boquiabierta respirando agitada.

-Cerda... te convertiste en una cerda-. Susurró acongojada, Regina se inclinó hacia adelante para rozar su nariz en el cuello de ella, sonrió al verla tan perturbada y con los ojos llenos de lágrimas.

-Gracias Emma, en serio gracias por hacerme lo que me hiciste, creo que fue el pie para darme cuenta de la pobre imbécil que era... Gracias por darme el último golpe para tener el valor de ir a un especialista y que esto-. Tocó su garganta –Funcionara.

Emma la empujó al salir de allí, tras de ella escuchó como las puertas de la suite se cerraron fuertemente para decirle "Vete de aquí". Cuando estuvo sola en ese pasillo, un dolor tan grande se apoderó de su pecho que gimió sin poder evitarlo, pero no podía quedarse aquí. Cuando llegó al primer piso del hotel Napoleón apenas pudo articularle a una recepcionista la palabra "baño", la mujer supuso que la "americana" estaba enferma y le facilitó uno de los tantos baños que los empleados ocupaban. Golpeó la puerta de su cubículo, se sentó en el inodoro y rompió a llorar con un dolor que le desgarraba cada fibra de su cuerpo. ¿Realmente había pasado? ¿Había visto a Regina Mills? ¡¿A REGINA MILLS?! Era diseñadora, era millonaria, tenía su propia empresa y marca... Y empezaba a hacerse famosa.

Nerviosa rascaba sus brazos mientras lloraba casi al borde de perder la capacidad de respirar, el maquillaje corría en sus pómulos tiñendo su piel pero no le importaba. Se sentía imbécil ¿Por qué aceptó venir aquí? Lo más sorprendente era ver el cambio de quién fue Regina en la adolescencia para convertirse en una mujer apodada "Evil Queen"

Pero no era la única que estaba en shock, Regina tenía las manos sobre su cabello en un momento que parecía ser un ataque de pánico. Miraba ansiosa su patético reflejo, los ojos estaban más abiertos que nunca, las lágrimas caían copiosamente pero las retiraba con el dorso de su mano. Emma Swan ya no era una adolescente, era una mujer pero no estaba pendiente en buscar los cambios favorables en su cuerpo o incluso el tono de su voz, estaba más preocupada en pensar otras cosas.

-Tengo un desfile que mostrar, ya no la volveré a ver, tranquila Regina... ya nadie puede hacerte daño ¡Nadie!-. Golpeó el espejo pero para su suerte no se rompió ni le hizo daño. Llamó al salón de belleza exclusivo donde la atenderían en una hora. ¡Que viniesen hasta acá porque así lo deseaba!

Pero si Regina creía que todo terminaba aquí, estaba equivocada. ¿Acaso era coincidencia que la pobre colega de Emma se enfermara o que ella tomase el lugar? Explosivo y terrible había sido este fugaz encuentro, pero tenía que esperar un poco porque este había sido apenas el comienzo. ¿Librarse de ella? Esto había que verlo. Se dio media vuelta para mirarse frente al espejo que reflejaba todo su cuerpo. Aparentemente su rostro estaba serio y muy firme pero por dentro quería morirse ¿Cómo pudo Emma llegar acá? ¿Realmente fue una coincidencia o solo era una excusa para verla? Quizás la última opción era menos probable dado que no la buscó en 10 años.

Bajó por el elevador seguida por un guardaespaldas, por la hora suponía que debían estar esperándola y eso le gustaba, necesitaba cuanto antes a las personas que la habían apoyado durante años para estar aquí. Debía recordar una cosa muy importante ¡NO PERDER LA COMPOSTURA! Había luchado por tanto tiempo como para que Emma con una aparición destruyera sus defensas... Bueno, tal vez nunca superó el pasado para estar firme en el presente.

Cuando las puertas del elevador se abrieron ante su cara, pudo ver a Violet hablar entusiasmadamente con David. Siguió la vista y se encontró con Tinker y Mal hablando entre ellas. Sonrió con pena, ellos eran su todo en este momento.

-Santo Cielo ¡Que atractiva!-. Violet se paró para contenerla entre sus brazos, gesto que Regina aceptó con mucho gusto. Su "niña" siempre sería el motivo de sus alegrías, verla crecer le dolía pero también le enorgullecía, cuando se fuera en unos días a la universidad perdería la cabeza por completo –Te ves demasiado hermosa, temo que tendré que sacar un espantamoscas para apartar a todo mundo.

-Diría lo mismo para ti-. Regina la sostuvo con delicadeza de una mano y la hizo girar para ver el vestido que le había diseñado –Preciosa, no esperaba menos

-¡Me encanta! Además es una forma de promocionar la marca de la familia ¿O no?-. A la jovencita le brillaban los ojos de tal forma que a Regina se le humedecieron. Su hermana captó un cambio fugaz en la mirada de Regina –¿Te pasó algo?-. Susurró, pero la morena negó con la cabeza ¿Cómo podría decirle lo que pasaba sin preocuparla? Sabía que reaccionaría mal, caminó con una sonrisa de medio lado.

-Miren a quién tenemos aquí -. Dijo Regina, su acento francés era exquisito.

-Estás increíble ¡Demasiado!-. Tinker la rodeó con sus brazos y plantó un beso en su mejilla.

-Lo sé-. Sacó su lengua mientras caminaba hacia Mal, ella y Tinker eran las únicas mujeres que no miraba con deseo, más bien como sus hermanas –Gracias a ambas por venir-. Respiró el perfume del rubio cabello de Mal y besó el costado de su frente –¿Les parece si vamos ya?

-¿Y para mí no hay beso?-. David murmuró fingidamente celoso logrando que todas rieran ¡Pero qué bien se sentía con todos ellos! Bueno, hoy era noche para brillar.


...


Con los ojos llenos de lágrimas miró la maleta sobre la cama del hotel, tenía que irse antes que su ánimo se fuese mucho más abajo del suelo. Como cuando un pequeño sufre, lo único que quería ahora era estar con sus padres para contarles lo sucedido. Para ellos tampoco fue fácil el proceso de perdonarse a sí mismos por el tremendo daño que le causaron no solo a Regina sino a su familia entera, incluso hasta el día de hoy la culpa sigue latente. Cuando iba a guardar el notebook y la grabadora se dio cuenta que no tenía material para la nota que debía escribir. Jamás en su carrera cometió errores, siempre cumplió plazos y por eso fue ascendida de forma tan rápida ¿Sería esta la primera vez? Frustrada se sentó en la orilla de la cama para darse unos segundos y respirar. Había venido porque su jefe se lo rogó, además su mejor amiga, Belle, había aplazado la boda civil debido a que su pareja había caído hospitalizado por una hepatitis. Hasta 4 horas antes del vuelo se negó a venir a Francia porque sentía que su deber era estar con Belle, pero ella encontró poco conveniente quedarse cuando tenía la oportunidad de viajar a Paris y reportear un evento que cualquiera de sus colegas que le pisaban los talones deseaban obtener. Si a ella le iba bien con esto a Belle también porque trabajaban juntas.

Con muchas ganas de seguir llorando sostuvo su cabeza y le pidió a Dios un poco de paciencia y fortaleza, que le diese una señal sobre que debía hacer. En ese instante la grabadora que ocupó para la entrevista se cayó desde la cama hasta la punta de sus zapatos. Si eso no era una señal ¿Qué era? La tomó con su mano derecha y la apretó lo suficiente para entender una cosa, tenía que terminar con esto como la profesional que ella era. Su asistencia para cubrir la participación de la "Evil Queen" estaba acreditada, tenía un pase VIP para acceder, tenía un asiento reservado, en ese sentido el canal era muy cuidadoso con sus trabajadores. ¿Iba a ir o acobardarse por un error de hace 10 años o cumplir con su deber de periodista?

Se paró derecha, con "dignidad" secó las lágrimas de sus ojos y buscó en la enorme maleta la ropa que tenía para el desfile. Un sweater negro donde sus mangas le llegaban hasta el codo, se ajustaba a su figura al igual que la falda de tubo negra que le quedaba más arriba de las rodillas. Esto quedaba mejor con unas pantis negras transparentes y unas botas cafés de caña alta que combinasen con el abrigo falso de piel. Jamás se pondría algo que fuese de piel de animal REAL, estaba en contra de esas cosas. Cuando arregló su cabello y el maquillaje guardó la grabadora en su pequeña cartera, nada más que su talento y el fotógrafo de la CNN que la acompañaría era suficiente.

El canal también le dejó arrendado un vehículo que la trasladase a todas las partes que necesitara, genial, en caso de un desastre podía salir corriendo. ¡Pero no pienses así maldita sea! Se gritaba en la cabeza cuando abordó el coche.

Sabía que iba a verla de nuevo en menos de 4 horas después del primer encuentro en el hotel, por eso tenía que trabajar todos los músculos de su cara para no deformarla otra vez con los gestos, nada de mandíbulas desencajadas, ojos abiertos como discos ni gemidos de ansiedad.

Aprovechaba de mirar el paisaje en el trayecto pero cuando decidió poner realmente atención a eso, llegó. No le sorprendió la seguridad que había por todas partes ni cuantos aparcacoches dispusieron, los Fashion Week donde fuera que se realizasen estaban altamente protocolados. Miró su reloj, mierda, estaba atrasada.


...


Minutos después...

Regina sudaba tanto, estaba preocupada de ver que todas las modelos estuviesen en orden y que el maquillaje como la ropa fuera la adecuada. Bien, le hicieron caso y no habría atrasos. Podía escuchar al presentador hablar, los murmullos de las personas, en uno de esos asientos estaban sus amigos y su hermana, cuanto le hacían falta ahora para apretarles la mano y lograr un poco de calma. Tosió incómoda, miró hacia el techo y cerró los ojos para pedirle a su padre que esto resultara, después de todo estaba cumpliendo un sueño de ambos.

Cuando la música empezó a sonar fue la señal para que los modelos empezaran a caminar por la pasarela. Cuando un modelo diese la vuelta completa e ingresara, recién podía pasar otro. El presentador iba explicando los detalles que cada modelo y la intencionalidad puesta en los conjuntos. Los flashes de los camarógrafos presentes eras sorprendentes porque no se habían visto tantos antes, si pudiesen decir en este minuto el desfile de modas más exitoso de todos estos días que llevaba el Paris Fashion Week, sin duda era Regina Mills.

Todos los asientos estaban ocupados e incluso había personas paradas al fondo del salón observando todo con atención. Celebridades, gerentes, especialistas del medio, periodistas, todos tenían los ojos puestos en cada conjunto. La semana de la moda era un evento multicultural, las y los fashionistas estaban en su gloria, comentaban lo que les parecía "in" y "out", los encargados comerciales estaban dispuestos a hacer contratos si algo les gustaba mucho y si es que el diseñador le parecía correcto disponer de sus prendas, las galas y cenas eran el punto de encuentro favorito de todos.

Pero allí estaba ella, Regina, protagonista de la presente noche. Los asistentes estaban demasiado encantados y satisfechos con cada diseño (femenino y masculino) que daba vueltas por la pasarela. Muchos de ellos eran de tal forma que podían usarse en una reunión, en la oficina, en cosas que todo el mundo hacía y no parecían extravagantes como tantos diseños que hacían sus colegas. Eso era lo que la gente le gustaba de "Evil Queen", tenía modelos para el gusto de todo el mundo y al menos esta temporada se destacaba por la belleza y sobriedad. Si un famoso le pedía algo atrevido y poco visto ella lo haría, su creatividad parecía no tener límites.

-Que belleza-. Susurró Emma al ver pasar un abrigo blanco que llegaba hasta la pantorrilla de la modelo, era más largo en la parte trasera, parecía un vestido pero era realmente precioso, los cortes impecables. Estaba enamorada de todo lo que veía. Anotaba sus opiniones en una libreta tratando de que sus sentimientos no influyeran ¡Profesional ante todo! Minutos después no se dio cuenta cuando el último modelo pasó y todos se pararon para aplaudir –Ay Dios-. Imitó la postura de los demás pero con la barbilla temblando porque sabía lo que se venía. Para su suerte no tenía idea de la presencia de Violet y los demás, ni ellos de ella porque si no se armaría una pelea poco decorosa que nadie querría presenciar.

Giró la cabeza al escenario y allí, justo allí pudo ver caminar a Regina Mills como toda una miembro de la familia real o algo por el estilo, sonreía, se veía tan contenta con lo suyo que por alguna razón Emma se sentía ajena a todo eso. Cuando estuvieron juntas no le contó sobre esta "pasión" ¿La habría desarrollado después? El corazón le latía más fuerte cuando la aclamada "Evil Queen" acercó un micrófono a sus labios para hablar.

-Es sorprendente y maravilloso para mí estar parada aquí en un evento tan importante como es el Paris Fashion Week, ciudad cuna de la moda en todo el mundo, referencia para los seguidores y amantes de las corrientes... lo he dicho antes pero lo repetiré de nuevo-. A la rubia el tono de voz de Regina le parecía demasiado bueno para ser cierto, no podía acostumbrarse a escucharla y saber que era capaz de hablar. Su acento francés le provocaba sentimientos encontrados, por una parte se debía a la forma exquisita como decía las cosas, la otra era que había pasado tanto tiempo fuera de su país que ya tenía otro acento. "Por tu culpa" le dijo la vocecilla en su interior –Todos estos trajes los diseñé yo pero junto a otras personas con experiencia es que están aquí materializados frente a ustedes... gracias, de verdad muchas gracias por todas las personas asistentes, estoy ansiosa por saber sus opiniones y críticas para mejorar-. Solo la semana de la moda era capaz de lograr que Regina Mills tuviese humildad a la luz pública –La marca H&C nace de lo más profundo de mi corazón con el apoyo de mis mejores amigos y la mujer más importante de mi vida... mi hermana-. La pudo distinguir para darle una sonrisa distinta a la anterior, esta era más que sincera, era pura... ¡Era preciosa!

Mientras hablaba Emma sintió náuseas, no sabía si era molestia, miedo o ambas. Hace unas horas se había mostrado totalmente diferente con ella, más vil, quizás un poco "cerda"... ¿Cruel? Ahora frente a todos en su vestido oscuro y ese cabello rebelde se veía más poderosa y respetada que en la habitación del hotel, con una actitud intachable como la de alguien que sabe que se estaba jugando todo acá.

Todos volvieron a aplaudir sacándola de su trance de pensamientos, alzó la vista al frente y vio a Regina agachada de la mano de dos modelos, estaba haciendo la reverencia escuchando las felicitaciones de todos. Si alguien creyó que esta chica no tenía potencial, realmente ahora no había dudas. Muchas más puertas se le abrirían. Cuando levantó la cabeza, sus ojos cual imanes se quedaron fijos en una mujer que ya no aplaudía. Apretó la mandíbula para no demostrar sorpresa, no, ahora frente a todo el mundo no iba a hundirse. ¡Pero que mierda hacia Emma acá? No parecía contenta y tampoco le importaba, solo deseaba sacársela de encima. Antes que alguien se percatara de que miraba a alguien, volvió a cerrar los ojos e inclinar la cara hacia el techo.

-"Papá, estoy haciendo algo que sé que te gustaría haber hecho, estoy creciendo y sé que saliendo de acá seré alguien aún más poderosa... por favor no me dejes caer ahora, no por favor"-. Rogó a sus adentros Regina, suspiró y abrió los ojos de nuevo, Emma seguía allí mirándola de la misma forma.

¿Iba a empezar una guerra, de nuevo? Empezó a recordar el instante cuando la rubia decidió no creerle ni confiar en ella, fue en ese minuto y viéndola en silencio que debía admitir con dolor una cosa. Ese episodio en su vida no lo había superado... no aun después de 10 años...

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