Capítulo 47

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Regina sintió que las palabras de Emma le quedaron atascadas no solo en la cabeza sino en la boca, tenía la mandíbula tensa y el pecho apretado. ¿Podía pecar de soberbia? ¿De orgullosa? Quizás era cierto pero tenía sus justificaciones, el perdón no podía salir de su boca ni ser pronunciado cuando no lo sentía correcto, el perdón se gana cuando la persona demuestra desinteresadamente que lo merece a través de hechos.

Llamó al mozo para rechazar la petición que habían hecho anteriormente pero le dio una generosa propina para compensar las molestias. Se iría de aquí lo antes posible para llegar a ver a su hermana a New Haven, disfrutarían juntas unos días e irían en un vuelo privado a Los Ángeles para visitar el parque donde sus padres estaban enterrados. Pensaba en ese tipo de cosas cuando salía del restaurante cuando tuvo la brillante idea de oprimir el botón del elevador. Los números fueron pasando del uno, al dos, tres y finalmente el cuarto, las puertas se abrieron ante sus ojos reflejando las personas que llevaba dentro. No tuvo tiempo de reaccionar, de dar marcha atrás o salir corriendo porque el hombre frente suyo y la mujer que iba aferrada de su mano tuvieron la misma reacción.

No había que ser un genio para saber que la reconocían a pesar de todo, ambos los hacían.

El rostro de James se contrajo lo suficiente para hacer una mueca de asombro, el de Ingrid formaba una perfecta O con su boca y ella, Regina, solo estaba pálida con los puños apretados en los costados de su cuerpo. Las personas que pasaban cerca miraban curiosos la escena porque conocían a los Swan ¿Por qué observaban a una joven sin decir nada?

-Regina...-. Susurró inquieto y hasta con un poco de angustia –Regina Mills...

-Vaya, veo que los señores Swan recuerdan mi nombre, buenas tardes-. Comenzó a dar unos cuantos pasos antes que James la frenara aplicando bastante fuerza en su muñeca. La ira se apoderó de inmediato de ella ¿Qué se creía para tocarla de esa manera? –Suéltame- Dijo entre dientes.

-Tenemos que hablar, necesitamos hacerlo-. Su tono de voz era agudo y desesperado, desearon tanto tiempo tenerla frente de ellos que ahora cuando aparecía ya quería irse –Tenemos que...

-No tenemos, ustedes tienen esa necesidad de hablar pero yo no, no desde...-. Tragó saliva inquieta porque temía no saber afrontar la situación. El hormigueo en sus extremidades inferiores, la sudoración en la frente y el "nudo" que se formaba en su garganta era mal augurio –Supongo que no es necesario que lo explique.

-Regina, quiero que me escuches, por favor mi oficina está en el último piso de Time Warner, podemos sentarnos a hablar como personas adultas y civilizadas... Realmente... Santo Cielo, Regina, realmente esperé tanto por esto-. Se le quebraba la voz, sentía que estaba hablando con otra persona y no con la chica que él recordaba, pero debía tener en cuenta que habían pasado 10 años. Además ella podía hablar ¡Ya podía hacerlo!

-Quiero que me escuchen, ahora que pueden hacerlo... no me interesa lo que tengan que decir, no me interesa subir hasta el último piso para hablar... tengo una agenda ocupada, tengo necesidades, soy una mujer adulta y agradezcan que les estoy dirigiendo la palabra porque fuera otra persona los habría mandado a la mierda apenas salieron del elevador.

-Han pasado 10 años-. Susurró sin importarle que sus mismos empleados estuvieran desde el restaurante observando la escena –Han pasado muchas cosas-. Regina bajó la mirada pero luego sus ojos reflejaron mucho dolor.

-Por respeto a lo único bueno que hubo entre nosotros antes de ese episodio de la acusación de robo, les pido me dejen ir...


….


Tras el volante siempre se sentía poderosa, pero ahora era todo lo contrario. Cuando creyó que estaría bien, que la conversación la dejaría satisfecha y podría seguir delante de forma definitiva, se dio cuenta que solo eran pensamientos "muy bonitos". Sus dedos tamborileaban impacientes tras ese semáforo en rojo, recién había sacado el auto del Hotel Mandarin Oriental y a juzgar por la hora no podía perder más tiempo si es que tenía la leve esperanza de comer algo antes de volver al canal.

Dobló hacia la derecha para rodear el complejo "Time Warner center", pero perdió la concentración cuando vio a Regina cruzar la calle como si estuviera totalmente desorientada. ¿Acaso no conducía un vehículo? ¿No tenía un chofer? Los autos tocaron el claxon para advertirle que el semáforo estaba en verde pero Emma era incapaz de acelerar. Por su parte, Regina no miraba hacia los lados, solo seguía erguida mirando hacia el frente pero sus pasos empezaron a volverse torpes. El sol se hizo insoportable, como no había comido en toda la mañana empezó a perder la consciencia.

"Muévete imbécil" vociferaban los conductores de taxis pero ella no hacía caso. Su mente estaba empeñada en jugarle una mala pasada.

Flash Back

James tensó la mandíbula, volvió a agacharse mientras escuchaba de fondo los sollozos de su hija. Se acercó de a poco al rostro de quién fue la chica que quería como si fuese su propia hija.

-Suéltenle las esposas-. Aunque la liberaron, Regina se quedó en la misma posición sumisa, callada, temblando –Entrégame tu tarjeta-. No esperó que ella lo hiciera, introdujo su mano izquierda en el bolsillo derecho del pantalón de "Cenicienta" –Sin derechos a los beneficios de mi dinero, sin permiso para acercarte a mi hija-. La morena gimió sintiendo las lágrimas escurrirse al lado de su puente nasal –Sin derecho para poner un pie en la mansión, Regina... mientras termina la investigación no quiero verte, no quiero a una ladrona cerca de mi vida ¡Menos cuando deposite mi confianza en ti y te quise como hija!-. Iba a gritarle como pudiese que ella no era la culpable del robo, pero era difícil que le creyeran en este minuto.

Fin Flash Back

-Yo no fui, juro que no le robe nada ¡Lo juro!-. Gritó agachándose sobre el asfalto mientras sostenía la cabeza entre sus manos, lágrimas caían por sus ojos de forma intensa, el dolor emocional le quemaba el estómago y todo el rostro ¡Esto se estaba saliendo de control! Cuando un auto no parecía quererla esquivar, el chirrido de unas ruedas fue tan fuerte que los transeúntes voltearon sorprendidos a mirar la escena digna de película, una mujer agachada en el suelo gritando cosas incoherentes, un auto estrellado contra un poste de luz y otro lujoso Roll Royce aparcado en medio de la calle dejando que todo el tránsito estuviese detenido.

-¡Levántate por Dios! ¡Gina! ¡Reacciona!-. Al escuchar la voz de inmediato levantó la mirada hacia la rubia. Era increíble el contraste de la mujer "fuerte" e "imponente" de hace unos minutos atrás comparado con la de ahora, una persona que atravesaba una crisis nerviosa en medio de la más famosa metrópolis del país. Emma quería llorar junto a ella, Regina no atinaba a mover un solo músculo de su cuerpo y cuando trató de moverla colocando uno de sus brazos sobre su hombro, se dio cuenta que si necesitaba moverla ella tendría que colaborar –No me mires así por favor, Gina-. Era la misma imagen de la chica que con dolor asumía que su novia no lo iba a defender de las acusaciones en su contra. Le sostuvo el rostro con sus delicadas y suaves manos antes de susurrar –Vamos a salir de acá porque estás corriendo peligro, ven, toma mi mano y por favor sígueme-. Algo dentro del pecho de Regina ardió, casi se la imaginaba como su otra yo del pasado pidiéndole a gritos salir a flote.

Y cuando creyó que tendría que pedir ayuda extra, una débil Regina se aferró de su mano y se paró para apoyarse de lado contra Emma. Las piernas apenas le respondían, no supo cómo logró sentarse en el asiento de copiloto del vehículo de Swan y por qué lo hacía, por qué no se cuestionaba más de lo debido e irse de su lado. Era la única ayuda que le estaban prestando en ese momento, simplemente su cuerpo no quería nada más que descansar y mandar todo el resto a la mierda. Emma se tragó el orgullo y las lágrimas que escaparon de sus ojos, puso el cinturón de seguridad alrededor de su cuerpo y encendió el motor del vehículo sin prestar atención en las miradas curiosas y ajenas de los demás. No encendió la radio, de hecho no sabía a donde ir pero luego de pensarlo fue al único lugar donde nadie la molestaría ni la identificaría como la diseñadora en potencia que había visitado Estados Unidos. Durante el camino solo la miraba de reojo porque temía toparse con su mirada cargada de odio y malos recuerdos, si tan solo la observara con atención se daría cuenta que parecía un ciervo asustado. Sus pupilas estaban más dilatadas de lo normal, respiraba agitada y mordía su dedo índice de la mano izquierda para canalizar la ansiedad por otra vía de escape.

¿Por qué dentro de todas las personas, tenía que ser ella quién la viera? ¿Por qué no era capaz de abrir la puerta e irse directamente al hotel? Cuando prestó atención alrededor notó que aparcaron el vehículo en un estacionamiento bastante amplio y bonito. ¿Dónde la había llevado? Emma cerró la puerta del conductor, rodeó el auto y le abrió la suya. Solo podía mirarla como una pequeña perdida, el impacto de ver a James y los malos recuerdos de esa noche habían sido tan fuertes como para causarle después de años una crisis nerviosa y que su orgullo fuera tirado a la basura cuando su cuerpo cedió de inmediato a la ayuda que Emma Swan le daba.

En silencio la rubia la seguía caminando a su lado, ninguna de las dos hablaba y es que nadie podía negar que esto era extraño.

Al fin la voz le salió.

-¿A dónde vamos?-. Regina miraba el número en la pantalla electrónica del elevador.

-Mi hogar, está ubicado en el último piso de este edificio-. Regina abrió la boca sorprendida pero Emma la interrumpió antes que arruinara todo –No digas nada por favor, sé que esto es difícil para ambas y que nada va a cambiar, pero no podía pasar de largo ni hacer de cuenta como si algo no estuviera pasándote ¡Te caíste en medio de la calle cuando gritabas! Pude tratarte mal esa maldita noche pero si ahora no movía mi vehículo como barrera, otro auto iba a arrollarte.

El elevador abrió sus puertas hacia un pequeño pasillo que conducía a la única puerta que había en este piso, el pent-house de Emma. Poner un pie dentro fue ingresar a un mundo completamente nuevo, todo lo miraba con desconfianza, todo le llamaba la atención.

-Puedes acomodarte aquí, traeré algo para comer porque ninguna fue capaz de continuar el almuerzo en el restaurante.

-Te sigo-. Dijo Regina avergonzada siguiéndola a una cocina igual de grande que la suya pero mucho más bonita. Aceptaría un bocado y se largaría, debía ser consecuente con sus palabras y el modo en el que actuaba. Si decía que estaba molesta y que no pensaba incluirla en su "ahora", debía cumplirlo ¿Era esta la forma de hacerlo? –Emma yo...-. Emma apoyó con fuerza intencional un plato frente a sus ojos.

-Sí, Regina, te dije, esto no es natural pero hagamos una excepción por tu salud ¿Sí? Parte de esa pérdida de equilibrio se puede deber a una falta de comida y si quieres estar bien por tu hermana, debes partir por cuidarte tú.

La palabra clave, su hermana, su pequeña, había sido suficiente para que se mordiera la lengua y aceptara los trozos de frutas que le brindaba mientras se disponía para calentar unos trozos de lasaña guardada en el horno. Efectivamente si no se cuidaba, si algo le hubiera pasado afuera del Time Warner, Violet quedaría sola en este mundo porque el "bastardo" que tenían como hermano mayor las había borrado de su vida hace mucho tiempo.

Recordó el encuentro con James e Ingrid, inmediatamente sintió náuseas. No quería aceptar que necesitaba ayuda profesional o algo extra para superar un gran trauma en su vida, uno que se juntaba al de la muerte de sus padres, del accidente y quedar muda.

-¿Qué te pasó Regina?-. El tono de voz de Emma revelaba una preocupación sincera –No creo que mis palabras te hayan dejado así-. Eso había sonado a sarcasmo, Regina terminó unos cuantos trozos de frutas antes de dirigirle una mirada de impotencia.

-Me encontré con tus padres cuando quería largarme... dime tú ¿Cómo crees que debería haber reaccionado?

-De la peor manera posible-. Susurró angustiada antes de alcanzar una botella de whisky y verterla en dos vasos de cristal con hielo –Toma, te hace falta para recuperar el color... Sin compromisos, en serio te hace falta...

Regina miró concentradamente el vaso de Whisky en su mano izquierda ¿Si la aceptaba sería jugar con fuego? ¿Sería morder la manzana envenenada de la bruja? Gracioso que a ella la apodaran como aquella bruja del cuento. Pero en verdad... ¿Qué tanto le afectaría? No cruzaría ningún tipo de límite con Emma Swan...

Dejó el whisky unos segundos en su boca para saborearlo con gusto, el líquido a medida que fue bajando le quemaba pero esa sensación era grata, comenzó a relajarse. Ninguna de las dos hablaba porque era evidente la incomodidad que tenían, solo la morena observaba como Emma iba acomodando cosas en la barra de mármol negro apostada en medio de la cocina. No podía entender al mundo, no quería reunirse con los Swan y la vida la hacía tropezarse no una sino tres veces con ellos en un día. ¡Genial!

Con una mirada tímida Emma le acercó el plato donde un gran trozo de lasaña caliente esperaba ser devorado. Regina se mordió el labio inferior, el olor era tan tentador que apenas pudo contenerse para que Emma se sentara al otro lado de la barra con su plato también. No sabía que decir, acercó el tenedor a su boca y degustó lentamente la lasaña, hasta tuvo que reprimir el gemido de satisfacción porque estaba exquisito.

Regina tragó completamente y la miró, iba a romper el silencio.

-¿Quién la hizo? ¿Tienes un chef a cargo de esto?-. Emma frunció el ceño al escucharla.

-Te sorprenda o no, soy la única que maneja este pent-house, quien lo limpia y cocina soy yo en mis ratos libres-. Regina miró extrañada a su alrededor ¿Realmente tenía una agenda ocupada? Todo lo que sus ojos podían albergar estaba en perfecto estado y a juzgar por cómo vivió mucho tiempo, no creía que Emma tuviera instintos de dueña de casa- Es en serio.

-No he dicho nada-. Respondió la morena, siguió comiendo tratando de ocultar una sonrisa, hace años que no comía una lasaña tan buena pero no se lo diría, ya había perdido bastante el orgullo el día de hoy.

-¿Cómo te sientes ahora?-. Murmuró Emma con temor, que estuviese aquí no significaba el perdón ni nada parecido. Regina levantó la vista hacia ella parpadeando unas cuantas veces

-Simplemente me siento extraña-. Apenas llegara a Francia buscaría un especialista, pasar por un episodio así en medio de la calle podía costarle la vida. Volvió a observar a la dueña de este sitio, ella comía tímidamente en silencio ¿Dónde se fue la personalidad fuerte con la que la enfrentó en la conferencia? Sus mejillas estaban sonrojadas, para Emma era difícil también estar en esta situación –Oye... Gra... mmm-. Tosió inquieta –Gracias por lo de... bueno, lo que pasó afuera de Time Warner y esta comida aunque eso no...-. La rubia rodó los ojos llena de ira.

-Regina ¡¿En serio seguirás con lo mismo?! Creo ser lo suficientemente inteligente para darme cuenta de las cosas, ya sabes mi posición y yo la tuya-. Fue brusca a la hora de quitar el plato que le pertenecía –No hablaré más del asunto al menos que seas tú quien lo desee, no me trates como una niña que ruega por el perdón, lo último que hice por eso fue en el restaurante, ya no más y si te salvé de esa situación en la calle fue porque a pesar de todo el conflicto que nos envuelve no creo que sea consecuente dejar que algo te pasara...

Le arrebató también el plato vacío y los utensilios para ir a lavarlos al fregadero. Pecar de orgullosa y soberbia, bravo Regina Mills, lo estabas haciendo. Incómoda se removió en su asiento y bebió whisky para ver como esa mujer sumergía sus manos en la espuma de lava lozas y la esponja, todas las personas cambiaban y Emma era una de ellas. Había tenido muchas mujeres en su vida y bastantes se lanzaban a ella por un poco de sexo, estaba segura que ninguna de ellas sabía la función de un detergente.

Se sintió culpable ¿Había sido grosera el recalcar que esto no era un perdón? Apretó la mandíbula, quizás lo era. Vio el reloj y supo que no podía estar más tiempo acá, tenía un vehículo que la esperaría en un rato más para viajar a New Haden (Connecticut), Violet la estaría esperando.

-Debo retirarme, me quedaría a beber más whisky pero...-. Emma secó sus manos y la miró sin expresiones.

-Tú y yo sabemos que no es cierto, si debes irte ve tranquila, que de mi memoria olvidaré la escena que vi en la calle.

Regina se paró y limpió su pantalón de vestir, estaba impecable solo por ese leve sabor de Whisky que tenía en la boca. Por un solo segundo dejó que su imaginación volara ¿Cómo sería esta escena si ambas siguieran juntas? Hubiese abrazado a Emma por detrás para hundir su nariz en ese cabello tan impecable que tenía, se hubiera embriagado con su perfume, dejaría que su cuerpo se amoldara por detrás para hacerle sentir cuanto la deseaba, arrastrando sus manos por toda su silueta, amoldándolas en su trasero, quizás sobre sus pechos y el vientre plano, le susurraría que la amaba y movería la mandíbula para acercar su boca y asaltarla de mil maneras posibles. Cuando abrió los ojos la notó mirándola con angustia, vaya patética imaginación, la realidad estaba mucho más lejana de lo que creía, tampoco deseaba tener una pareja y menos con ella.

-¿Tienes un hombre viviendo contigo?-. Lo dijo sin mucho interés al notar una corbata muy masculina sobre un sofá.

-No, conmigo no viven, es la regla a la hora de tener un acompañante en la cama-. No quería hondar en el tema pero es que tampoco debió referirse así. Regina detuvo su paso un segundo, estaba sorprendida. De hecho miró todos los rincones pensando cuantos hombres ella podía traer o con cuantos se acostaba ¿La "perfecta" y respetada Emma Swan se comportaba así? Miró su cuerpo de arriba abajo sin que lo notara ¿Cuántos la habrían tocado? La acompañó hasta la puerta donde Emma se apoyó en todo su costado –Si te sirve de consuelo, Regina, créeme que Killian quedó en la ruina, el infeliz fue arrestado aunque hace poco liberado, su familia quebró.

-Tú y yo sabemos que no nos sirve de consuelo...

-Amm-. Sostuvo la puerta, su mano temblaba como su mandíbula –Lucha por ser exitosa en todo Gina, tienes el talento y las herramientas... hasta nunca-. Susurró pero antes que la morena abriera la boca ya le había cerrado la puerta en la cara.

"Hasta nunca" le susurró a la madera con una expresión estupefacta ¡Le había cerrado la puerta! Y lo peor de todo era esa sensación de mierda con la que se quedaba. No vio los detalles en ella pero, Emma estaba temblando cuando se despidió y ahora lloraba desconsoladamente en silencio con ambas manos en su boca para que nadie la pudiera oír, sentada allí en el suelo tras la puerta. Esto sí era el hasta nunca y podía estar saltando de alegría pero no, solo se dio vuelta como robot y caminó al elevador para que la llevara al primer piso. Ahí tenía, toda la libertad para irse y comenzar un periodo de tranquilidad pero no, como una hoja rasgada algo se rompió dentro de Regina, algo le quemaba el pecho y pedía a gritos salir. Salió de edificio respirando profundamente cuando los rayos de sol tocaron su rostro brindándole un poco de calor, pero todo le parecía insuficiente, estaba muerta.

Con los ojos entrecerrados un hombre la seguía. Observó el edificio del cual había salido y memorizó los datos, esto sería interesante. A su costado llevó el teléfono con el que se comunicaba con su jefe ¿Le sorprendería saber a James Swan que Regina había tenido contacto con su hija? ¿Cómo reaccionaría cuando supiera que ella no le había contado? Tomar la decisión de seguirla no había sido malo, había tenido algo de resultados y podía obtener cosas mejores, iba a luchar por tener algún tipo de conversación con Regina, recompensarla por el daño cometido, hacer lo que fuese necesario para lograr la tranquilidad que ni él, su familia o Regina poseían.


...


No era consciente de todas las miradas que se posaban en ella cuando pasaban cerca. Parada estaba en un letrero azul que decía "Yale, School of Management" (Escuela de administración), su cuerpo era ajustado por un vestido italiano oscuro y sus lentes de sol Ray Ban, con esa apariencia calentaba todo lo que estaba cerca. Miró el reloj de nuevo, las 7 de la tarde, a esta ahora había acordado juntarse con Violet afuera de la facultad donde estudiaba, se suponía que debía estar aquí. Cambió de postura y la mirada hacia el lado derecho para darse cuenta que brillando con luz propia caminaba su hermana. No pudo evitar sonreír orgullosa, tan hermosa y perfecta, tanto que no se daba cuenta cuantos hombres se volteaban a verle el cuerpo de pies a cabeza o algunos que se fijaban en su trasero. Gruñó apretando toda su cara y puños ¡Bastardos! ¡Les arrancaría los ojos con sus propias manos por fijarse en ella!

-¡Estás aquí!-. Chilló la jovencita abrazándola por el cuello, lanzándole miradas asesinas a todos los/las que se consumían mirando a su hermana con deseo, vaya, el sentido protector era en ambas direcciones –¡Qué alegría tenerte! Que honor tener frente a mí al nuevo éxito en el mundo de la moda, estoy contenta que viajaras por eso.

-También lo hice por ti, quiero conocer toda la escuela de administración de la universidad de Yale, saber cómo te envuelves.

-Pues, verás...-. La abrazó de lado y comenzaron a caminar –No le dije a unas compañeras que era hermana tuya, te conocen, Dios, que manera de llenárseles la boca con saliva... Me dieron ganas de golpearlas, si me ven ahora de seguro me odiarán.

-Pues escondámonos cuanto antes-. Depositó un beso al costado de su frente a medida que avanzaban donde tenía estacionado el auto con el chofer esperándolas.

Violet la observaba de reojo, pestañeando un par de veces para darse cuenta que no era idea suya, su hermana estaba extraña y aunque quería aparentarlo no le resultaba. Antes de llegar al auto hizo que se volteara para mirarla fijamente, tenía pensado pasarla muy bien el día de hoy e incluso había llamado a Tinker para darle una sorpresa a su hermana, pero antes tendrían que hablar a solas, sí o sí se iba a sincerar.


...


Emma estaba hecha un ovillo en su cama tapada hasta el cuello mientras veía una película romántica por la TV. Ni siquiera le estaba poniendo atención, su mente viajaba hacia los recuerdos de esta tarde y la angustia que no podía quitarse de encima. No es que sintiera atracción por la nueva Regina, pero es que le causaba mucha pena la situación en la que se encontraban. No estaba segura si de haber confiado en ella, seguirían ahora después de 10 años, pero quizás mantendrían una relación de amistad sana. ¿Por qué tuvo que cometer ese error de creer en las pruebas? Sonó el timbre del Penth-house, debía ser alguien conocido y muy cercano como para haber digitado la clave en el elevador para llegar hasta el último piso donde vivía. No se equivocó cuando abrió la puerta y vio parado allí a su padre con un rostro teñido por la aflicción, tras él caminaba Ingrid, su mamá.

No le sorprendía el hecho que vinieran a verla porque se veían prácticamente todos los días en algún momento, lo que sí le sorprendía era la expresión en sus rostros que delataban una negatividad y pesadumbre grande.

Los hizo pasar para que se juntaran en su habitación, a cualquiera lo hubiese tenido en la preciosa sala de estar pero con ellos prefirió rememorar tiempos cuando era pequeña. Sentada sobre sus rodillas estaba Emma sentada a los pies de la cama, a la orilla y contra las almohadas estaba su madre, al otro lado su padre ambos descalzos y cansados después de una jornada laboral extenuante.

-¿Qué es lo que sucede?

-Supongo que lo sabes-. Murmuró pasando su mano por la barba y el cabello –¿Por qué estás hablando con Regina Mills?-. Emma palideció antes de reaccionar.

-¿Me estás siguiendo?

-Nos estabas mintiendo ¿Desde cuándo hija? ¿Desde cuándo la estás viendo? ¿Por qué no nos contaste nada cuando sabías cuanto nos afectaba todo?-. No hablaba, ambos se miraron preocupados y regresaron la vista hacia su hija que tenía los ojos puestos en sus manos, sus ojos brillaban de angustia y lágrimas –Amor...-. Su mamá se paró para sostenerle sus manos.

-Lo que realmente sucede es que estamos muy lejanas una de la otra, no tomen las cosas como no lo son...-. Gimoteó –La vi... la vi en Francia por accidente por el Paris Fashion Week y ahora en Estados Unidos porque mi jefe me lo pidió, hay muchas cosas que cambiaron desde hace 10 años y...-. Apretó sus labios como puchero, lloraba mientras trataba de hablar –Algunas muy crueles.

-Mi amor, que pasa... que-. James le apretó la muñeca con delicadeza, no soportaba verla así, Emma los miró a ambos antes de empezar una tormenta para ellos, de nuevo. Hablar estas cosas no correspondía pero su boca tenía vida propia.

- A... A Re... A Regina se le murió su madre allá en Francia... papá, Cora está muerta ya...

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