Capítulo 50

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Todas las personas estaban con sus ojos puestos en la nueva modelo de Regina Mills. En este momento estaba siendo silenciosamente juzgada, para bien o para mal todos empezaban a armarse una opinión de ella. Sin decir nada, Regina la acercó a un grupo de personas muy elegantes que la esperaban con una sonrisa, miró rápido hacia atrás para hacerle una seña a Belle que debía esperarla.

-"Bonjour"-. Dijo Regina –Quería presentarles personalmente a la mujer que trabajará conmigo y posará con ustedes...-. Miró a Emma, la seguía sujetando de la cintura para darle seguridad y mostrarle a los demás que había confianza entre ambas (aunque en realidad aquello no fuese tan cierto) –Ellos son representantes de la revista Vogue.

-Me gustaría que sepas, Emma, que usualmente no andamos visitando modelo por modelo que posa en nuestra revista, sin embargo para nosotros es importante saber y conocer a la primera modelo que trabajará personalmente con Regina Mills, su marca H&C está ganando poder y queríamos cubrir aquello-. Dijo uno de los representantes de dicha revista, Emma agachó la cabeza con cortesía, tenía modales y los sacaría a relucir en todo su esplendor.

-Para mí es un honor trabajar a su lado y con ustedes, soy periodista pero me manejo todo el tiempo con esto de la imagen personal.

-Regina y tú posarán para la versión norteamericana de Vogue, esa generalmente tiene más impacto que el resto de las otras versiones, ya se imaginarán porqué.

Emma miró disimuladamente de reojo hacia las demás personas de la cena en aquel salón, muchas tenían los ojos puestos en ella y no pudo evitar sentirse "exclusiva" por estar al lado de Regina Mills. Esto realmente era una mierda, sí, un sentimiento que no debía existir porque antes se hubiera sentido orgullosa de estar a su lado por el solo hecho de ser suya y todo lo que implicaba el amor pero ahora ¿Se sentía orgullosa porque las modelos la envidiaban? Con culpa intentó soltarse del agarre de Regina pero esta volvió a presionarla a su lado.

-La cena va a empezar-. Susurró Regina a su oído –Tu puesto con el de tu secretaria están en la misma mesa que él mío, vamos...

Regina Mills era una mujer con modales desde que la conocía, de todas formas le sorprendió que cuando se fue a sentar, ella corrió su silla hacia atrás permitiendo que se apoyara. ¿Lo hacía solo para quedar bien frente a los demás? Miró a las personas que estaban sentadas a la mesa, allí se encontraba David justo al lado derecho de Regina, al otro lado estaba Violet, Regina y la representante de Vogue, luego ella y Belle. Le dio una mirada significativa a la morena menor, nada de esto hubiera pasado si no hubiese sembrado la semilla en ella, estando aquí sentada prometió a sí misma dar todo para no fallarle y demostrarle que realmente lo sentía, eso sí, la lucha más fuerte para el perdón sería definitivamente con Mal y Tinker.

El primer plato que sirvieron fue almejas cubiertas por un fino queso francés y especias exóticas que, acompañadas de una copa de vino la hacían irresistibles.

-Regina ¿Qué viste en Emma que no tuvieron las demás modelos?-. Dijo el representante de la revista.

-Pasión-. La morena lo dijo de inmediato –Hubo mucha pasión en su mirada y la forma en la que posaba, más allá del físico es lo que Emma puede transmitir-. Mientras nombrara más cosas buenas de ella, la rubia tendría la confianza suficiente para hacer el trabajo bien, porque juraba a sí misma que no le perdonaría si arruinaba esto.

Continuaron una charla tranquila sobre cualquier tema, aunque sin dudarlo Emma y Belle se desenvolvieron increíblemente con la información, no le sorprendía, ambas trabajaban en los medios periodísticos y tenían suficiente argumentos con los que rebatir.

El segundo plato fue "Quinche Lorraine" que consistía en una especie de masa en forma de platillo rellena con queso gruyere, bacon ahumado, huevos, pimienta entre otros.

Aunque era exquisita su porción era adecuada para ser llamada cocina gourmet, Regina tuvo la necesidad de levantar sus ojos a los de la rubia, allí se dio cuenta que Emma miraba su plato con decepción porque quizás las almejas habían abierto su apetito y una porción tan "fina" no iba a satisfacer nada. Quiso reír ¡Quizás su modelo comía como un niño! Estaba convencida que debía tener una conversación sobre eso, tenía que mantenerla en un mismo peso para que no arruinara el vestido que le haría a la medida.

Al cabo de otra media hora cuando todos estaban en una conversación sobre "las tendencias de moda", a la mesa se acercó una pareja de mujeres muy bellas. Una era mayor, quizás unos 55 como mucho pero se vestía exquisitamente bien, la otra parecía sacada de una fábrica de muñecas porque desde su cabello que era rubio y liso, hasta sus facciones el resto del cuerpo, todo era jodidamente perfecto, era una de esas personas que te daban ganas de mirar por horas para encontrarle un defecto. Emma sonrió a modo de saludo pero la más joven no movía ningún músculo de su cara para ella, todo lo contrario, cuando sus ojos azules viajaron hacia la diseñadora estrella, toda la cara le explotó en una sonrisa ardiente. Uh oh...

-No pudimos evitar acercarnos a la mesa-. Dijo la mujer más grande –Para saludarla señorita Mills.

-El gusto es mío-. La rubia no era tonta, se veía más que entusiasmada mirando cada 4 segundos a la más joven.

-¿Cómo se encuentra señorita Mills? ¿Entusiasmada de ser la figura de la noche?-. Violet tenía mala cara pero la disimulaba bebiendo champagne, David parecía ser inmune al encanto de la muñeca parlante pero Regina parecía embrujada.

-Me encuentro en perfectas condiciones, creo que mi carrera como diseñadora está cada vez más alta, aunque a decir verdad, la estrella de la noche es Emma Swan... mi modelo-. La chica sonrió aunque Emma fuera la única en darse cuenta que su gesto era más que forzado ¿Pero qué demonios? No se habían visto en toda la vida –Me gustaría que se unieran a la mesa.

-Estamos sentadas con otras modelos, sería de mal gusto si abandonamos nuestro puesto de esa forma, sin embargo estaría encantada de aceptar una pieza de baile con usted...

Cuando se retiró, de inmediato Regina se vio en la necesidad de explicarle a Emma y Belle quienes eran esas personas porque de esta mesa eran las únicas que no tendrían como saberlo. Eran madre e hija, la mayor era dueña en casi su totalidad del mercado de perfumes en Francia y la segunda una famosísima actriz, modelo que se ejercía como tal en Italia, Ashley Boyd, que había usado en el último tiempo varios conjuntos hechos por Regina para las galas, las premiaciones y ese tipo de eventos. Ahora entendía por qué tenía esa mirada despectiva o falsa sonrisa, todo aquel que no le pareciera digno no le interesaba y si esa mujer estaba prendida de Regina Mills con mayor razón, al igual que todas las modelos, le dedicaría una mirada de "te odio". "Tonterías" pensó Emma antes de pararse y excusarse que iría a retocar su maquillaje al baño. Los ojos de Regina la siguieron atentamente, incluso para caminar hacia un baño tenía clase en su andar pero lo que sí le sorprendió fue darse cuenta que al pasar, cualquier hombre que estuviera cerca se diera vuelta para mirarla de pies a cabeza como verdaderos lobos. No sabía si sentir orgullo que su modelo causara efecto en otros o le molestaba que ella ni se percatara en eso.

Cuando Emma entró al baño, las pocas mujeres dentro se dieron vuelta para mirarla con las cejas arqueadas. Les sonrió a pesar de no recibir el mismo gesto de vuelta, solo se dedicó a mirarse en el espejo para comprobar que su peinado y el vestido estuvieran en orden. Las mujeres, que suponía que eran modelos, se acercaron más entre sí para hablar.

-Yo no sé cómo alguien que no parece modelo cree que tiene el derecho de ser el centro de atención-. Emma las ignoraba, por supuesto no era fácil.

-Baja, gorda, un trasero enorme, la verdad yo no sé qué pudo ver la gran "Evil Queen" en la mujer que eligió como modelo, será el hazme reír en la pasarela... como una mancha negra en un delicado trozo de seda blanca-. Emma guardó su maquillaje y giró sobre sus tacones para enfrentarlas.

-Al menos esta mancha negra tendrá el honor de llevar en su cuerpo el trabajo de Regina Mills, cosa que ni tú ni tu amiga podrán.

-Cierra tu boca, gorda, yo no sé qué hiciste realmente para tener el lugar que una modelo como nosotras lo merece, pero no dudo que haya sido sexo.

Emma tuvo la necesidad de reír pero se contuvo, si tan solo ellas supieran que fue novia de Regina Mills y que en sus tiempos hicieron el amor, pero claro, no era de esas mujeres que lo sacaran a la luz para creerse superiores ¿Con qué propósito? La puerta del baño se abrió y las modelos frente a ella abrieron la boca como si hubiesen visto al mismo Santa Claus en persona. Solo una persona no masculina había causado ese efecto, no se equivocó cuando se paró frente a ella...

-¡Ashley!-. Exclamaron emocionadas, mandado lejos lo de mujeres con compostura y clase, eran niñas emocionadas por un ídolo o algo así.

-Retírense chicas-. Les ordeno la actriz, de inmediato tomaron sus carteras y chillando se fueron del baño, tendrían que contarle a todo el mundo que Ashley les había hablado ¡La perfecta, amada y bella Ashley! –¿Te hicieron algo? Las modelos suelen ser un poco despreciables con quienes no le parecen...

Emma solo sonrió, no iba a hacer malos comentarios para que después lo usaran en su contra y le dijeran al mundo que era una malhablada o algo así. "Casualmente" la chica se acercó al espejo para mirarse a sí misma con adoración, Emma podía entender que se quisiera porque realmente era bella pero ¿Tanto era el egocentrismo de mirarse en la forma con la que ella lo hacía? No sabía cómo Regina no se había vuelto loca con todo este tipo de mujeres rondando cerca, tan vacías de cabeza.

-Felicidades, serás la nueva modelo de Regina Mills ¿Hace cuánto la conoces?-. Emma se mordió la lengua, no estaba muy entusiasmada en que las demás supieran su pasado con Regina porque la perjudicaría.

-Le hice una entrevista para CNN por su participación en el Paris Fashion Week, luego en New York City... cuando supe qué hacía un casting para ser la modelo pensé ¿Por qué no? Obviamente no tengo las medidas de una modelo pero me gusta esto.

-Precisamente eso, no quiero ofenderte pero ¿No te da miedo hacer el ridículo?-. El primer comentario ácido de su parte, no le sorprendió ni tampoco le puso mala cara, solo siguió mirando tranquilamente a la Barbie humana hablarle –Eres bonita pero no eres como... Ya sabes, el resto de las chicas que estamos acá.

-Y supongo que tú sí-. Dedujo Emma.

-¿No es obvio? Si hubiera tenido el tiempo necesario para ir en busca de tu puesto lo habría hecho y ganado de inmediato, quizás hasta me habría pasado a su oficina para saludarla ¿Te dijo que nos habíamos visto antes? Fuimos unas personas muy ÍNTIMAS durante un tiempo-. Con ese énfasis en la palabra "íntima" suponía muy bien a lo que se refería, lo que le revolvió el estómago por muchas razones.

-Disculpa, Ashley, pero lo que la señorita Mills haga en su intimidad no me compete, puede tener todas las mujeres del mundo y acostarse con cada una de ellas, solo estoy involucrada con ella por trabajo... sin embargo me parece repugnante el cómo sacas a luz parte de su privacidad con el objetivo de hacerte superior frente a los demás, en serio, si quieres hacerlo hazlo con las otras modelos que de seguro sí se enfadarán pero conmigo eso no funciona porque, repito, solo estamos involucradas por temas laborales-. Al menos eso último quería creer.

-Veremos si eso es tan cierto...-. Masculló Ashley cerca de su rostro.

Emma salió sin perder ni un poco la compostura de allí, digna ante todo, conocía a las mujeres como Ashley porque trató con ellas toda su vida (por ejemplo con Mary Margaret, quien creyó su amiga, mas fue la amante de Killian). Regina en la mesa fue la única que se dio cuenta del cambio en el rostro de Emma y aunque trató de no preocuparse con ella, no pudo evitarlo, la pobre estaba tan empeñada en buscar su perdón que hasta se metía en cosas que no estaba segura.

Antes que llegara a la mesa, el mismo mozo que enamorado le acercó una copa, ahora estaba vestido de etiqueta, realmente lucía genial. Era al menos 4 años menor que ella pero no se iría de esta cena sin tener el honor de hablarle.

-Me con... concede esta pieza-. Tartamudeaba, Emma sintió que se le derretía el corazón con su ternura ¡Era imposible negarse a una de las pocas personas sinceras en este lugar!

-Claro que sí...-. Respondió Emma, dejó que la condujera a la pista y cuando estuvieron allí él apoyó su mano en la cintura de ella.

Todos la miraban sorprendidos mientras ellos se movían con elegancia y coordinación al ritmo del Valls ¿Quién iba a pensar que un simple mozo era tan bueno y elegante en un baile? Regina tenía el ceño fruncido ¡No la había traído para coquetear con el servicio!

...

Las puntas de sus dedos acariciaban la esquina del escritorio de caoba que poseía Mills. Toda la oficina era pulcra ¿Sería Regina una persona obsesa del orden? A juzgar por el estudio de al lado y este lugar quizás sí. Dio un gemido de frustración antes de acercarse al gran ventanal que tenía frente suyo, a pesar que no se ubicara en el último piso de un rascacielos de NYC, este lugar tenía una vista espectacular de sus alrededores justo para pensar en las cosas que la atormentaban.

"¿Cómo pudo?" dijo varias veces en su cabeza, no podía creer como Regina se había atrevido a hacer esto ¿Cómo podría ella llevar en su cuerpo un modelo que fue creado con amargura, provocado por su culpa? Había sido la musa inspiradora de eso pero no le enorgullecía en lo absoluto. Tenía ganas de correr y morder algo, dar una probada a un cigarro cuando hace muchos años no lo hacía, todo con tal de calmar la ansiedad que crecía en su pecho.

Cuando quiso retroceder chocó con algo firme pero tibio que rodeaba toda su espalda, no había contacto directo pero sintió como su cara ardía, quizás estaba roja, no lo sabía.

Fue volteada por dos manos desde sus hombros y fue allí precisamente que pudo observar a la persona tras de ella, sus ojos marrones se veían tristes al igual que cada una de sus expresiones.

-Vamos a conversar ¿Está bien?-. Debía estar muy preocupada como para decirle aquello. Caminaron hasta un sofá que ella tenía y se sentaron a una distancia prudente, Emma no podía mirarla a la cara porque rompería a llorar –Este modelo es importante para mí Emma, demasiado como para que todo esto se arruine y termine en un desastre. Puedo ir a conseguir otra modelo si quiero pero...

-¿Cómo Ashley? Créeme, ella desea ser mucho más que tu modelo-. Regina enarcó una ceja, apenas habían interactuado ¿Cómo sabía ese tipo de cosas? La rubia no era una persona que le gustara comentar lo malo de los demás.

-Pero no quiero a Ashley para este modelo, nadie me ha demostrado pasión con algo aparentemente simple como lo es la mirada, nadie excepto tú... imagina, después de presentarte, después que hayas encantado a los de Vogue e incluso a otros hombres-. Dijo la última frase por lo bajo –¿Qué pensarán de nosotras? Que estamos jugando como niñas, que no somos profesionales ni...

-No soy una modelo profesional, soy gorda, baja y estoy contigo porque tenemos algo muy serio entre ambas como el sexo...-. Regina se atragantó con su propia saliva –Comentarios de todas las mujeres ese día, no míos...-. Ambas se quedaron atascadas con su mirada en la otra por unos cuantos segundos hasta que Regina recuperó el ritmo de la respiración –Pero está bien, te dije que haría esto porque cumplo aunque tengo una condición Regina.

¿Cuál?-. Susurró Regina.

-No volverás a mencionar lo que pasó hace 10 años, no empezarás a culparme por eso de nuevo o a sacarlo en cara cada 10 segundos...-. Alzó los ojos hacia ella, estaba reuniendo valor para hablarlo –Creas o no es muy difícil para mí estar haciendo esto cuando sé que las cosas entre ambas no son las mejores, pero también me importa que seas exitosa en esto y si puedo ayudarte lo haré... una palabra más Regina-. La apuntó firmemente –Una palabra más y te juro que me voy porque no hay ninguna cláusula en el contrato que me impida romperlo.

Solo le quedó por asentir lentamente y aceptar esas palabras, tendría que controlar su lengua para no arruinarlo. Tenía una fila enorme de mujeres que deseaban estar en el lugar de Emma, pero por alguna razón más allá de la pasión la quería a su lado como modelo.

Quizás las palabras de Violet antes de volver a USA sirvieron bastante, su hermana le pedía que por unos días dejara de lado el rencor y la viera de otra manera, solo por unos días para descubrir si podía confiar en la decisión que había tomado.

Emma le pidió que trajera de nuevo el boceto del vestido que traía, apenas tuvo unos segundos para apreciar el modelo y hacerse la idea que lo tendría puesto. Cuando Regina volvió con eso en brazos y lo volteó para ella, el corazón volvió a reaccionar de la misma manera. No podía tocar la hoja directamente porque tenía una lámina de vidrio en ella, mas, podía sentir como le ardían la punta de sus dedos de la mano izquierda. El vestido era una de las cosas más preciosas que había tenido el agrado de ver, los detalles del corsé y la parte baja del vestido lo hacían único, al igual que los guantes y la tiara de la mujer en el dibujo.

-Cuando lo dibujé tenía en mente una mujer de la realeza bajando escaleras de un palacio, cada ínfimo detalle lo tenía en la cabeza...-. Murmuró Regina tocando el dibujo –Y lo voy a hacer real... después de 10 años será real.

Había una cosa cierta, Regina no era modelo y aunque tenía la pasión en sus ojos y la finura en su presencia, necesitaba clases de aquí en adelante para caminar erguida por una pasarela y comportarse como alguien profesional. Por eso H&C había contratado a una instructora que todos los días estuviera vigilando su progreso y la ayudara con sus debilidades.

...

Le costó abrir los párpados, sentía todo su cuerpo agotado lo que significaba que las horas de sueño no eran suficientes. Pero no, no había tiempo en realidad para hacer otras cosas que no fuera abocarse en aprender a ser "modelo" en tan poco tiempo, entrar en un gimnasio, comer de forma adecuada para mantenerse en el mismo peso durante estas 3 semanas y ese tipo de cosas, con suerte había ido el día de ayer a pasear por Dijon con Belle para que conociera sitios históricos de la ciudad francesa como para recompensarla por recordarle sus horarios diarios.

De pronto recordó que el día era hoy y todo ese cansancio se disipó por unos segundos, había pedido ayuda de los empleados de H&C para realizar una cena sorpresa a nombre de Regina por su cumpleaños. Sí, hoy era 18 de octubre, viernes, Violet le mandó un mensaje a la rubia hace unos días para contarle que hoy era el cumpleaños de su hermana número 28 y cómo no podía estar allí presente le pedía a ella y David que le armaran algo. A Emma le dolió el estómago ese día que le llegó el mensaje al teléfono y luego la posterior llamada, porque a pesar de haber pasado 10 años no se le había olvidado que ocurría todos los 18 de octubre.

Todos los empleados el día de hoy tenían la misión de no saludarla, hacerle creer que no recordaban que ocurría hoy, mantenerla ocupada hasta que llegara Emma.

Cuando se comunicó con los dueños del famoso y nuevo restaurante de Dijon "Le joyau français", empezó a dolerle el estómago pero... ¿Por qué? Era evidente que todo esto le causaba ansiedad, no era la persona más idónea para hacerle una cena a Regina, aunque las cosas entre ambas estuvieron muy tranquilas durante lo poco que se pudieron ver día a día. Todos los empleados y cercanos a Regina estaban secretamente citados a las 9 pm, nadie faltaría pero ¿Resultaría? Muchos temían que no funcionara porque la "Evil Queen" tenía un carácter especial y si hoy no andaba de humor difícilmente aceptaría salir.

Para eso estaba Emma, para llevarla con cualquier tipo de excusa con tal que no se negara. "Si no resulta, Violet nos matará" murmuró a David por teléfono, una persona con la cual las cosas se daban muy tranquilas.

Durante la tarde cuando se dio cuenta que ya era tiempo, entró a la ducha para darse un baño de agua bien caliente que la reconfortara por todas partes, aplicando sus aceites corporales y perfume que tanto le había gustado acá en Francia. Escogió un vestido que compró durante la semana que revelaba gran parte de su espalda, justo allí colgaban unas cadenillas llenas de perlas metálicas luciendo más atractiva la piel. No exageró en un peinado, quería verse relajada pero con sentido de la moda al mismo tiempo.

-Belle, iré a H&C, mientras tú puedes arreglarte y coordinar todo en el restaurante hasta que llegue con Regina ¿De acuerdo?

-Esa bombón...-. Suspiró Belle dramáticamente, sabía que ella y Emma fueron novias, parte del accidente de hace 10 años, sabía que era una mujer casada pero no era ciega –Está bien, confía en mí...

Entusiasmada subió a un taxi privado que la fue a buscar al hotel, todo parecía que iba bien, solo le pedía a los padres de Regina que las cosas no se arruinaran y ella aceptara esa muestra de cariño que todo el mundo incluidas algunas celebridades querían darle. En la cena gastaron una buena cantidad de dinero, no sería una cosa pequeña porque la "Evil Queen" ya era una figura en la sociedad, todo debía estar a su nivel. Durante el camino pensó en los diversos motivos por los que tenía que hacerla caer ¿Una cena por su esfuerzo? ¿Una comida de "amigas? Hubiera deseado que el taxi se tardara más porque estaba justo buscando la excusa perfecta cuando llegó a la empresa.

No era consciente que más de algún francés se volteaba a verla, sus piernas, la tez de su piel, esos rasgos exquisitos y la espalda que revelaba no era indiferente para cualquier hombre con sus hormonas bien puestas.

Toda actitud positiva se fue al drenaje cuando cruzó las puertas principales de H&C, los rostros de los pocos empleados que quedaban a esta hora estaban fatales.

-Mierda-. Masculló Emma, luego trató de poner una sonrisa en su cara cuando se acercó a la recepcionista- Srita Maxlord ¿Qué es lo que pasa?

-La jefa anda un poco... bueno, con un humor difícil, creo que se relaciona con el vestido, no ha salido de su oficina en toda la tarde excepto cuando fue en busca de alguien para que le comprara algo de comer... a más de la mitad les ha gritado, nos preocupa.

-Veré que puedo hacer-. De inmediato fue al elevador bajo la mirada atenta de los empleados.

¿Qué había pasado para que estuviera así? No creía tener el poder absoluto sobre Regina ni la capacidad de aminorar su ira, porque de una cosa estaba segura y eso era que le gritaría. Ni siquiera tocó la puerta de su oficina, solo llegó y entró con la mejor de las sonrisas para ver si eso ayudaba en algo... Lamentablemente alguien había sido más rápida que ella.

Dos rostros se voltearon, uno sorprendido era el de Regina que la miraba de pies a cabeza sin entender el motivo exacto por el que llevara un vestido revelador, la otra persona sonreía como si hubiera logrado una gran hazaña o algo por el estilo. Ashley Boyd mordió sus labios inclinándose hacia atrás intencionalmente para que Emma Swan viera el pequeño pastel sobre el escritorio.

-¡Emma! Que gusto es poder verte de nuevo-. Ashley se paró y sin esperar a que la pelinegra reaccionara, le dio un beso rápido en cada mejilla.

-Pensé que acordamos que hoy no vendrías a la empresa-. Regina no sonaba molesta, de hecho estaba más que sorprendida y su tono era suave –No entiendo...-. Emma dibujó una sonrisa en su cara como lo hacía en las situaciones desagradables.

-Buenas noches Regina... buenas noches Ashley, yo... Yo pasaba por aquí a buscar unas cosas y-. Le distraía el pastel en la mesa y la mordida que tenía. Regina no tenía rastros de crema aunque por la servilleta que había en un pequeño papelero en el suelo y, por que Ashley seguía manteniendo el brillo en sus labios, era evidente que Regina fue quién mordió eso –Y... bueno, supe que estabas mal.

-Esos empleados-. Masculló Regina –"Merde".

-Estaba así, pero llegué yo a levantar el ánimo a mi amiga, está tan ocupada haciendo el vestido que tú usarás que obviamente va a cansarse... además ¿Por qué no venir a cantarle el cumpleaños?

Regina sonrió inevitablemente, el gesto de Ashley había iluminado un poco su día de mierda. Día y noche trabajaba para hacer ella misma el vestido, solo le quedaban dos semanas para terminarlo y obviamente no dejaba pasar por alto ningún detalle para que quedase perfecto. Estaba cansada, su corazón se sentía resentido porque nadie la había llamado ni la saludó por su cumpleaños, no era que le gustara que lo hicieran, solo que creyó que lo harían ¿Acaso nadie se acordó? ¡Ni siquiera David!

-Qué lindo el gesto de tu parte Ashley-. Murmuró Emma sin mucha emoción, se sentía triste porque esto sucediera ¡Todo el plan se estaba desmoronando! Y su orgullo, su orgullo estaba herido –Pero me gustaría hablar a solas con Regina, si no te molesta.

-No, pues claro que no-. Caminó hacia Regina y se acercó para susurrarle al oído –Te espero en la noche, ya sabes dónde-. Perfectamente podría haber usado francés para que solo ambas lo entendieran, pero uso el inglés estando Emma... Sin previo aviso sostuvo la barbilla de Regina y acercó su rostro para besarla sobre los labios de forma lenta y sensual. Para Swan fue asqueroso presenciar aquello y cómo aun estando estupefacta, Regina cerró los ojos y respondió aquello –Adiós Emma-. Ashley se despidió de ella con la mano hasta que desapareció tras la puerta.

El silencio de la oficina fue evidente, pero el ruido dentro del alma de Swan era ensordecedor. Un agujero se estaba comiendo su corazón y se odiaba porque el dolor en su pecho apareciera justo cuando vio que Regina respondía ese gesto, ese repugnante beso entre ambas.

-Llama de inmediato a tu chofer, a las 9 debe llevarte a este lugar-. Le dejó indicada la dirección en una tarjetita –David te está esperando y es algo muy urgente.

-Pero...-. Tenía los ojos entrecerrados, los de Emma brillaban con algo más que dolor y se había dado cuenta.

-Santa mierda ¡Solo hazlo!-. Emma apretaba sus puños, si tan solo pudiera saltarle encima, Regina y Ashley, Dios, no podía tenerle tanto rechazo a alguien que apenas había visto –Por favor previo a que vayas a follar con esa mujer-. Indicó la puerta tras ella antes de voltearse y caminar a la salida

-¿Me puedes decir que te pasa?-. Regina alzó la voz pero solo se quedó con el portazo de Emma, el eco de este, un pastel a medio comer y una tarjeta en mano –¡¿Pero qué mierda?!-. Gritó exasperada. No entendía que estaba pasando con Emma Swan ¿Por qué ese cambio repentino de actitud?

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