Capítulo 52
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Cuando Regina volvió a la mesa se dio cuenta que Emma no estaba. Había metido la pata hasta al fondo con ese comentario de "puta", porque estaba segura que no lo era, además ¿Era ella una puta también? Se acostaba con las mujeres que quería y lo creía normal para alguien atractiva como la "Evil Queen", lamentablemente no toleraba la idea de Emma en los brazos de tantos hombres o haciéndoles travesuras sexuales. Le había arruinado la noche a quién con tanto esmero le preparó la fiesta sorpresa. Apenas tuvo la oportunidad de sentarse cuando apagaron las luces y unos mozos de muy buen aspecto le acercaron en un carrito metálico el pastel. Su rostro bajo la luz de las 28 velas se veía siniestro y más aún ahora que estaba preocupada por lo que había dicho, su piel no tenía las marcas de la bofetada pero el dolor interno era grande. Sí, la había cagado.
-"...Cumpleaños, Regina, que los cumplas feliz"-. Todos estallaron en aplausos y vitoreos esperando que pidiera los 3 deseos, pero ella fue más rápida y con un solo soplo las apagó –Hey...
-Arruinaste los 3 deseos-. David se cruzó de brazos –Eso no se hace.
-Créeme amigo, los deseos son solo mitos que nunca se cumplen-. Regina siguió fingiendo una sonrisa a los demás pero David se acercó para murmurarle algo sin que los demás supieran.
-¿Sabes dónde fue Emma? Agarró su bolso y se dirigió a la salida con los ojos brillosos, solo murmuró algo como que tenía náuseas y debía descansar-. La boca del estómago de Regina se le estranguló.
-Créeme, no es asunto mío.
Pero sabía que no era cierto, iba directamente relacionado con lo que le había dicho, la forma vulgar de hacer semejanza con algo que no era, la manera inapropiada de querer sacarla del lado de Gautier por algo que le ardió en el cuerpo todas las veces que ella la miró con deseo. Por supuesto que iba continuar con la cena, después de todo, estaba segura que habían puesto mucho empeño para que quedara tan bien como estaba.
...
¿Qué hora era? ¿2 de la madrugada? Con cuidado llenaba las copas con vino blanco. Se encontraba sola en el hotel bajo la luz cálida, no era una buena combinación ¿O sí? por supuesto no esperaba a nadie, esas copas iban directo a su boca para sentir como el líquido le quemaba el esófago y el estómago al bajar. Había rechazado las ofertas de Gautier, una para ser la cara de su agencia de modelos y la otra para permitir que se metiera entre sus piernas. Ya no tenía deseos de obtener el perdón de Regina, lo único que la ataba a este país era la promesa que le había hecho a Violet para ayudar a su hermana además del compromiso que había adquirido con esta y el entorno. Llenó otra copa con vino, había perdido la cuenta después de la copa número 6 pero no parecía importarle demasiado, no entraría Belle a la suite porque su amiga se hospedaba en la que estaba al lado suyo.
Con un deje de pereza observó la botella, le quedaba un poco menos de la mitad y ya la cabeza le daba vueltas. "Estoy borracha, genial" pensó antes de hacer el intento de irse a la cama, mas fue imposible, había tropezado con una preciosa mesa de centro antes de dar a parar al principio del colchón. Quería llorar pero se negaba, no estaba en sus días para sentirse tan emocional y aun dentro de este estado quería salvar el poco orgullo que le quedaba.
-No es por Regina, no es por Regina...-. Murmuró torpemente antes de acomodarse mejor y completamente sobre el colchón. En ese minuto sonó la voz de alguien del servicio que decía "Servicio a la habitación" –No... es... es que yo no quieroh mmmm-. Con todo el equilibrio que su cuerpo le daba abasto se paró en ambos pies y caminó a la puerta de la suite –Si no es el pos... el postre que y... yo...digo... Diablos-. Giró la manilla y abrió la puerta hasta atrás con la esperanza que fuera el mousse de chocolate, sino el servicio tendría serios problemas –Y donde está...-. Pero sus ojos enfocaban otra cosa, una mujer con la mirada penetrantemente oscura y la boca torcida que delataba su preocupación –¿Qué ... qué ha... mmm...haces aquí?
-No pensé que... que me...cielos, que-me-abrirías-la-pue...puerta-. ¡Regina Mills estaba borracha y afuera de su habitación! Recargaba su peso en el marco para no perder el equilibrio, lucía cansada, su blusa de seda blanca estaba abierta los dos primeros botones y el abrigo desarmado como si hubiera venido de la guerra –¿Puedo entrar?-. De inmediato Emma se puso delante suyo aunque no fue ningún tipo de impedimento para pasar sobre ella, ni siquiera esperó una respuesta.
¿Por qué estaba parada al medio de la suite de Emma Swan? Después que la cena finalizara y se llevara a casa un buen trozo de pastel, la consciencia le pesó más fuerte que nunca. La sensación de una bofetada en la cara no se le quitaba, la idea de que ahora se retorcía de manera gozosa con Gautier en una cama le repugnaba demasiado, eso y más la alentaron a coger una botella de whisky y beberla directamente de la botella. Luego tirada sobre su propia cama reflexionó sobre las ventajas y desventajas de quedarse aquí sola versus correr donde Ashley y acostarse con ella o hablar con Emma. Claro, estando ebria la vergüenza no entraba en su diccionario y le pareció mejor dirigirse directamente con la mujer que había tratado tan mal aunque dentro de su estado, la responsabilidad si estaba y el encargado de traerla fue su fiel chofer.
-Vete-. Emma indicó la puerta –Ve... vete antes que te de una bofe...mm... ta... tada.
-No me apetece-. Regina elevó los hombros con pereza –No me-. Se quedó mirando fijamente la nada –No me...quiero ir.
-Eres... un-ser... despre... ciable-. Emma caminaba torpemente hacia ella –Yo que, que tanto me... me esmeré por tenerte esa pff pa-. Gruñó –¡Maldito vino! Esa fiesta y... y tú me tratas de puta... p-u-t-a-. Al deletrear enterraba su uña en la abertura de su blusa, sintiendo bajo su dedo la piel caliente de Regina –Vete.
-De verdad lo siento-. Susurró Regina elevando su mano para sostener la mejilla de Emma, incluso estando ebria se veía jodidamente adorable –Tú no... no eres nada de lo que dije-. Entre ambas Regina era la que menos estaba alcoholizada –¿Vas a... explicarme lo que pasa con Ashley?
-Oh sí, esa zorra de pelo rubio-. Caminó hacia la mesa de centro para servirse otra copa de vino, Regina solamente siguió cada uno de sus pasos a la espera que no ocurriera un accidente –¿Soy go... gorda?-. Emma elevó y agudizó la voz, Regina no pudo evitar sonreír con eso –Obviamente ella quiere... Mmm... quie... re ser tu modelo ¿Por qué me... dijo... que fueron íntimas en mi cena de... bienvenida? ¿No soy perfecta por no ser... no ser más alta?-. Sostuvo la copa y comenzó a beberla sin dejar de respirar, la gota transparente del líquido cayó por un costado de su boca provocando un jadeo de Regina.
La morena estaba en el limbo, no soportaba de cierta manera a Emma Swan por haberla herido hace 10 años, por no haber confiado en ella cuando se suponía que se amaban. Pero luego siendo adultas, luego que ella le pidiera perdón, que Regina se lo hubiese denegado, luego de haber interactuado varias veces sus ojos cambiaron un poco la visión de la nueva Emma adulta. Hermosa a su manera, cargante a veces, pasional cuando lo deseaba, era una bomba con un carácter tan especial que la estaba volviendo loca. ¿Por qué tenía que pasarle esto? Tenía miles de mujeres con las que podía estar, pero en este segundo ella solo deseaba estar con una y aunque se odiara por reconocerlo era Emma.
-Deja de beber-."No le hagas caso a tu cuerpo, estás ebria" pensó enfadada, cada punto de su cuerpo quemaba de deseo y no caer en la tentación dolía –Es... estás borracha-. Emma tiró la copa a un sofá y la enfrentó, su postura era de ataque.
-¡Basta de decir lo que puedo y no puedo hacer! Estoy así-. Hizo un gesto con el dedo índice y pulgar –Así de... de mandarte a la mierda.
Tres, dos, uno. Regina gruñó apretando sus puños pero la bomba interna que por días trató de calmar estalló en su máximo esplendor. Podía arrepentirse de esto después, cuestionarse por días lo imbécil que había sido pero ahora su máxima necesidad estaba en esa boca que no quería ser callada. Con un movimiento encerró el cuerpo de Emma entre la pared y el suyo, por más que hacía fuerza era difícil seguir luchando contra lo inevitable, la rubia era frágil a su lado pero tan femenina que fue imposible no desearla.
-Cá-lla-te-. Regina gruñó apoyando su frente con la de ella –Cállate por el amor de... de Dios-. Emma le quería responder pero tener todo el calor de su cuerpo envolviéndola no la ayudaba –Niégate, niégate ahora, a esto a todo lo que pasa-. Lamió sus labios antes de inclinar su cabeza y succionar parte de su cuello como si fuera un exquisito helado de chocolate
-Mmh-. Gimió apoyando la frente en el hombro de Regina, su boca succionando su cuello como una fervorosa vampiro en busca de sangre la estaba excitando.
-A la mierda Ashley-. Besó su barbilla -A la... la mierda Gautier-. Su boca escaló por su mejilla hasta llegar a su boca –Todo a la mierda.
Asaltó su boca con sus labios firmes y sedientos de un beso realmente apasionado. Emma tenía mil excusas con los que podía detenerla, más el deseo y la excitación eran tan poderosas que mandó lejos los cuestionamientos. Abrazó a Regina por la nuca para pegarla más, sus labios y lenguas se movían con tanta necesidad pero aun así no podían calmarla. Como animal ella le rompió la blusa, le quitó el sujetador y los lanzó lejos dejando a la vista los hermosos y perfectos pechos de Regina, la morena quería hacer lo mismo pero para no arruinar el vestido metió sus manos por debajo y empezó a subirlo. Juntas chocaron contra un librero que le sirvió a Regina de apoyo para sujetar a Emma con sus rodillas. La rubia levantó sus brazos y arqueó su trasero dándole más acceso a Regina para que siguiera ascendiendo sus manos hasta tocar sus pechos cubiertos por el sujetador.
-Eres exquisita-. Regina jadeó contra sus labios mientras estos respondieron atacándola con un beso. Le excitaba repetirse en la cabeza que estaba con la "Evil Queen", que todo su cuerpo podía ser explorado por sus manos expertas. En este momento no le importaba que número de mujer ocupaba en su vida, de todas formas ella tampoco era la primera –Arrancar
-Saca-. Emma gimió agudamente, su nariz y boca se encargaban de succionarla y probarla, su aroma a vainilla era tan excitante que deseaba lamerla más.
Regina arrancó el vestido, también el sujetador e inclinó su cabeza hacia atrás solo para tener una vista del banquete que podía servirse.
Emma respiraba agitada, sus mejillas teñidas de rojo le daba el toque adorable preciso para encoger su estómago, sus pechos firmes y perfectos la hipnotizaban y gritaban para que los probara. Su cintura era preciosa y estrecha que terminaba en unas curvas y unos muslos si un rastro de estrías o algo parecido. Muchas de las mujeres con las que había estado tenían implantes mamarios, liposucciones, operaciones o cosas así, ella no las negaba pero si pudiera compararlas con Emma, sin duda prefería lo natural ante el plástico.
Levantó sus manos y bajó las de la rubia para que se sujetara de su cuello, con sus muslos abrió un poco más las piernas de Emma para tener un mayor acceso a ella. Lenta y acompasadamente contorneaba su cadera para que ella sintiera en el roce cuanto la estaba deseando. Con cada roce le arrancaba un suspiro o gemido, lo que a Regina también le excitaba pero era un arma de doble filo.
-Voy a hacerte el amor-. Susurró Regina contra su lóbulo, no se daba cuenta que en ese mismo segundo su "Cenicienta" interior hablaba -"Ma belle poupée"(Mi hermosa muñeca), voy a pro... probar cada rincón de... este cuerpo que me vuelve loca-. Jadeó roncamente en su oreja provocando que el sexo de Emma se humedeciera más y más. Apenas podía dimensionar el agrado que era escuchar la voz de Regina comparado con el pasado cuando solo podía hacerlo con sus preciados ojos –Y no vas a impedirlo...
Cuando sabes que deseas bastante algo pero que puede traer consecuencias, tienes una lucha interna tan grande que tu alma pareciera dividirse entre la seguridad que te da alejarte o caer en la tentación. Regina sostuvo el cuerpo de Emma entre sus brazos, podía estar un poco ebria pero la sensación de tenerla así había sido algo que no había experimentado en mucho tiempo. ¿Cuándo fue la última vez que su corazón estaba taquicárdico por una mujer? ¿Cuándo fue la última vez que se sentía tan jodidamente emocionada sin tener la explicación de ello? La preciosa rubia se aferraba a ella abrazándola con sus piernas y brazos, sus bocas se devoraban con tanta pasión que se teñían de rojo con el calor que las envolvían, la humedad de sus lenguas era otro ingrediente lujurioso. Terminaron cayendo sobre la cama, Regina extendiéndose por completo mientras Emma se acostaba sobre su abdomen y pechos para retorcerse lentamente entre las caricias. El silencio de la habitación había desaparecido hace mucho rato, solo se podían escuchar sus respiraciones agitadas, el movimiento de sus labios y lenguas, los jadeos que se escapaban con las caricias. Si esto fuese meramente carnal como el sexo, ya estarían follando contra una pared una y otra vez, y aunque la bomba había explotado con esa intención, ahora que sus cuerpos se acariciaban con tanta delicadeza la intención cambió. ¿Se podría decir que en este momento Cenicienta y su heredera estaban haciendo el amor? No podían excusarse con el argumento de que estaban ebrias, tal vez el alcohol ayudaba a desinhibirse pero ¿Harían esto si realmente se detestaran como agua y aceite?
Regina le sostuvo la cara con ambas manos y se dio el tiempo de mirarla varios segundos, pero de un segundo a otro su expresión se fue angustiando, no quiso darle importancia pero lo que estaba sintiendo era muy fuerte, la verdad le golpeaba la consciencia. Antes de arrepentirse fue Emma la que le dio un beso tan lento y tierno que le borró las dudas, ambas, un nudo de piernas y brazos volvieron a tocarse condescendientemente.
-Quiero besarte toda-. Jadeó Regina contra su boca, estaba tan jodidamente húmeda que resistirse era un suplicio.
La rubia introdujo la mano dentro de su ropa interior, tocando el sexo de Regina con el mismo ritmo de sus lenguas. ¡Por los clavos de Jesucristo! Esto no ayudaba en nada.
-Delicioso-. Susurró Emma con la intención de dirigir su boca hacia abajo, pero Regina fue más rápida –Pero que...
-No lo hagas-. Exhaló al borde –Quiero...-. Le dio un vistazo rápido antes de girarse ambas al mismo tiempo.
La dio vuelta sobre el colchón dejando que Emma quedara boca abajo. El vestido lo lanzó al suelo y después de eso se dio el tiempo de apreciar su cuerpo por detrás ¿Cómo alguien podía decir que estuviera gorda, solo por no parecer un hueso como las demás modelos? Y de ser gorda ¿Cuál era el problema con el físico? Estaba segura que si Emma aumentara de peso tendría esa pasión tan calcada en su mirada y actuar que se sentiría feliz de tenerla... pero... ¿Por qué pensaba en esas cosas referidas a sentimientos? Trató como pudo de quitarse esas cosas de la cabeza antes de inclinar el rostro y besarle toda la columna, desde su nuca pasando por toda la línea hasta llegar donde comenzaba su ropa interior. La escuchaba gemir agudamente, era imposible borrar la sonrisa bobalicona de su rostro, volvió a repetir el proceso para escucharla una vez más.
-Gina...-. Gimió contra la almohada, se sentía tan caliente y húmeda que si la morena no le arrancaba todo terminaría por hacerlo ella.
-Ese es mi nombre, lo sé-. Murmuró Regina contra su cuello, estaba prácticamente acostada sobre ella rozando su sexo contra la curvatura de su trasero –¿Qué quieres que te haga?
-Mmh... hum-. Se quejó agudamente –Por favor, tócame...
-Oh sí-. Mordió una nalga de su trasero, suave y apetecible trasero –Lo haré... feliz cumpleaños para mí.
Bajó la braga color negro y la dejó caer a un costado, Regina se sacó el pantalón de vestir y sus bragas quedando totalmente desnuda. Emma sabía que en este segundo estaba perdiendo la vista espectacular de una Diosa griega totalmente desnuda, pero entre el estado de ebriedad y la necesidad de ser poseída no era capaz de moverse.
Con cuidado Regina sostuvo su trasero y lo acarició en círculos, pero mejor era la vista si la volteaba para verle la cara. Así lo hizo, las mejillas de ella estaban rojas, su frente estaba húmeda por el calor, mierda, era adorable así despojada de esa imponente presencia que tenía cuando se metía en su papel de periodista.
Se miraron como si lo hicieran por primera vez, Emma sonrió de costado haciéndola gemir de algo que no podía explicar. Le separó las piernas con cuidado pero antes de penetrarla con sus dedos, le robó otro beso llenó de deliciosa pasión. Para Emma sentir como la llenaba por dentro era la gloria, podía estar con hombres pero esto era simplemente de otro mundo, su calor, sus gloriosos dedos pasando lentamente y avivando cada llama de maravilloso placer dentro de ella. Regina cerró los ojos y gruñó.
-Mon Dieu-. Salió de ella y volvió a poseerla, una vez, otra vez y así hasta que Emma clamó un poco más de fuerza –Deliciosa
La sonrisa descarada de Emma terminó por calentarla más. ¿Quería fuerza? La sostuvo como pudo y se la llevó contra una pared donde la penetraba con sus dedos una y otra vez, ningún cuerpo de alguna mujer se semejaba a esto, nadie podía complementarla de tan exquisita manera como ella lo hacía.
Eran dos adultas piel contra piel queriéndose en una habitación de hotel. Emma aprovechaba de perder su nariz y boca contra el cabello oscuro y húmedo de Regina, era la mujer más exquisita que había tenido la oportunidad de probar, sus temores se iban a la mierda volando por la ventana gracias a la botella de vino que había bebido, no completa pero era bastante para lo acostumbrada que estaba.
-Hueles tan bien-. Respiraba sobre su cuello –Flores, flores y mucha delicadeza... mía.
-¿Y Ashley?-. Ambas jadeaban al ritmo de las embestidas.
-A la mierda ella y todos, solo mía-. Se estaba volviendo adicta a la boca de Emma, la necesitaba más que respirar, más que cualquier cosa. Su alma se estaba metiendo en un espiral de deseo sorprendente hasta que las paredes vaginales alrededor de sus dedos comenzaron a contraerse. Después de un minuto la escuchó gemir tan alto que supo que había alcanzado las estrellas, luego Regina se rindió ante las súplicas de su cuerpo apoyando cansadamente su rostro contra los pechos de Emma. ¡Dios! Se estaba volviendo loca con el libido, el cariño y todo lo demás mezclado, que la gran dama se apiadara de los demás mortales porque esta noche iba a costar mucho dejar de hacerle el amor a la preciosa mujer que jadeaba contra su cuello. Suya.
...
El placer, la tranquilidad, dolor... sí, le dolía cada posible punto de su cuerpo en este momento. Mas, a pesar de eso la satisfacción emocional era tan grande que aún sin abrir los ojos ya estaba sonriendo. Quiso voltearse para seguir durmiendo pero sus pechos rozaron una espalda femenina y muy suave. El sueño que consumía su cabeza pareció evaporarse por arte de magia, abriendo sus ojos poco a poco hasta observar un cabello rubio que caía como cascada sobre las sábanas y que rozaba su nariz haciéndole cosquillas. No sabía que le dolía más, si sus músculos o el hecho que no estuviera sorprendida de saber la mujer que tenía a su lado, el hecho de no haber olvidado ningún jodido y exquisito segundo de la madrugada. No quería pensar si lo había hecho bien, si cometió un error o si era la mujer más imbécil del planeta por haberse acostado con ella. Menos, mucho menos iba a aferrarse a esos pensamientos emocionales que le decían a gritos que había disfrutado tanto su cuerpo pero mucho más su compañía, mucho más esos abrazos que se habían dado entre sueños o esos ronroneos satisfactorios cuando esa mujer se acurrucaba contra ella.
Sin poder luchar contra el impulso, estiró una mano y dejó que sus dedos jugaran con el cabello de Emma. El corazón comenzó a latirle de inmediato ¿Se daba cuenta del problema en el que estaba metida? Por supuesto que se aferraba a la esperanza que no lo recordara por todo el vino que había tomado, sonaba como una hija de puta pero no podía permitir que las cosas se mezclaran. De partida ella no podía estar con Emma, seguía odiándola por todo el daño, además trabajaban juntas y esto dificultaría todo avance que tenían ya hecho con lo del vestido.
-Aunque fuiste tú la que estando muy consciente de la realidad siguió adelante, admítelo, te encanta Emma Swan-. Murmuró como si algo le saliera del alma para darle una bofetada y despertarla.
¿Tanto le costaba admitir que no soportaba la idea de un hombre tocándola? "Qué mierda estás haciendo conmigo, bruja" pensó mirando el cuerpo de Emma tapado apenas con una sábana de hilo egipcio, color blanca. Parecía un ángel caído, dormía con tanta placidez que moría por caer en la tentación de acomodarse a su lado y abrazarla contra su cuerpo para que durmieran un poco más. Pero tenía que ser consecuente con el cómo actuaba y con lo que decía, si estaban embarcadas en un proyecto juntas no podía acostarse con Emma y salirse del rumbo, ese objetivo en común que habían acordado. Dejó de tocarla y salió de la cama antes de colocarse la ropa que había tirado en el suelo de la suite pero cuando estuvo de pie el dolor llegó a su cabeza de golpe ¡Jodida resaca!
-Mierda-. Presionó la palma de sus manos en la frente para disipar las molestias. Emma seguía durmiendo abrazada a una almohada pero con la espalda al aire. Bien, no estaba mal si se acercaba, sostenía las sábanas y la tapaba para protegerla de un resfriado, de todas maneras era un ser vivo y no era ser débil si la cuidaba, además era su modelo y no iba a permitir que se enfermara –Espero no recuerdes lo que pasó anoche Emma, esto solo terminará por dañarnos más de lo que estamos una con la otra, no hay nada entre... nosotras-. Depositó un beso al costado de su frente, quizás tardó en desprender sus labios y no se dio cuenta de ello –Adiós...
Se dio una mirada al espejo para que su cara no delatara que había tenido una noche de sexo, luego de puntillas se fue hacia la puerta para abrirla y salir de la habitación. Sabía que se torturaría el resto de sus días por haber llegado a este hotel y haber perdido todas las inhibiciones. ¿Cuánto le costaría trabajar disimulando que nada pasaba entre las dos? Toda esa minuciosa salida no valió mucho la pena, la mujer que dormía de espaldas tenía los ojos más abiertos que nunca hacia la pared del frente. Lágrimas caían de sus ojos lentamente bajo ese silencio sepulcral de la suite. Aunque se dijera que había actuado bajo los efectos del alcohol su consciencia no podía estar limpia, cada beso, cada caricia y cada gemido lo recordaba como si lo hubiera hecho apenas hace un segundo. Se sentía como una prostituta.
Era tan doloroso darse cuenta que su corazón seguía albergando la esperanza de un perdón pero más ahora albergaba una cosa... la esperanza del amor.
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¿QUE TAL?
¡LA BOMBA EXPLOTÓ!
ESPERO LOS COMENTARIOS DE SUS REACCIONES A ESTE CAPÍTULO ;)
