Capítulo 53
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Viernes 25 de octubre 2019, una semana después
"Quiero sorprenderme el día del evento". No, no era suficiente para Emma ese tipo de argumentos, estaba segura que todas las veces que fue a H&C para probarse el vestido y el hecho de no haberse topado a Regina no era una coincidencia ¿Por qué una mujer fijaba los detalles para dárselos después a la jefa? Apenas se habían visto estos días y quizás su cuerpo lo agradecía, suficiente era tener que lidiar con los recuerdos de una noche fogosa y los sentimientos que ella misma puso en eso. Le dolía que esto ocurriera porque buscaba la manera de ser profesional a pesar de lo que su corazón sintiera, lo único que podía hacer en esto era calificar a Regina Mills de cobarde. ¿Cuántas veces se habían topado? Dos veces con escasos minutos de por medio donde la rubia se encontró en la misma disyuntiva, no saber si tratarla con la "ley del hielo" o actuar como si nada hubiera ocurrido. Al final se decidió por la segunda opción porque un desprecio era exteriorizar todo lo que llevaba dentro.
Después de dar vueltas por la cama decidió levantarse, el reloj marcaba las 8 de la mañana y no podía quedarse más tiempo aquí, un largo día la esperaba. Ya todo el mundo se había enterado de la importancia de este vestido como el primer modelo en el camino a ser diseñadora, era por eso y mucho más que hoy día debía mostrar la pasión en su mirada y caminar. Hasta ayer había recibido las clases con una mujer para aprender a ser "modelo", la suerte estaba echada. Dentro de la ducha dejó que el agua caliente la empapara en cada rincón de su cuerpo, las caricias del agua la hacían gemir porque no pudo evitar imaginar que eran las manos de Regina, esas manos calientes que despertaron todos sus puntos nerviosos y que estimuló hasta el cansancio. No recordaba mucho como se sentía con ella cuando eran adolescentes, simplemente ahora estar con Regina siendo adultas había sido distinto. Pudo estar borracha pero se había sentido tan querida y cuidada ¿O eran sus sentimientos los que le hicieron creer cosas que no eran? Probablemente, que Regina escapara apenas había amanecido hablaba mucho de eso.
Al salir de la ducha se dio cuenta que en su teléfono tenía una llamada perdida ¡Era de Regina! Quiso obviarla pero el día y el evento de hoy no estaban para eso.
Con la toalla envuelta en su húmedo cuerpo marcó de vuelta, solo dos tonos bastaron para que contestara.
-Buenos días-. Murmuró Regina con un tono distinto al habitual –Quería saber cómo estabas-. Emma apretó el puño, si tan solo supiera.
-Bien, estoy arreglándome para salir a un spa y prepararme para la tarde, allá en el estudio me peinarán.
-Es... ¿Es posible juntarnos un momento a beber café? Simplemente quiero darte los buenos ánimos para la noche y agradecerte por todo-. Sonaba más que sincera.
-No-. Dijo sin pensarlo ¿Acaso tenía que estar siempre lista para Regina? Seguramente no había pensado en esa noche ni un solo miserable segundo cuando ella sí se había torturado. Regina tragó saliva sorprendida.
-¿No?
-Regina, no sé los motivos pero esta semana no apareciste para ver el vestido ni los detalles por finalizar, estuve todos los días allí cumpliendo con mi parte, este día quiero dármelo para prepararme sola ¿Sí? Nos vemos en el estudio...
Regina miró con la boca abierta su teléfono ¡Esto era increíble! Nadie jamás se negaba a una petición suya menos una mujer. Ella por supuesto no recordaba nada por la borrachera de esa noche, por eso no le afectaba en nada ir o no ir a H&C, en cambio Regina estaba las 24 horas pensando y soñando con ese cuerpo, esa mirada dulce y esos gemidos que clamaban ser callados con los besos más apasionados del mundo. Bien ¡Que se jodiera!
...
Todos esos rostros se voltearon hacia ella cuando entró en el estudio donde se maquillaban las modelos. No había mujer en este lugar que no supiera quién era, bastantes le sonrieron cortésmente, otras simplemente decidieron ignorarla por la envidia que corroía sus cuerpos desde que supieron que sería la "musa" de la gran "Evil Queen". El corazón le palpitaba dentro del pecho en una mezcla de emoción y miedo, el vestido había quedado tan precioso pero definitivamente no sería lo mismo vérselo puesto hoy. Belle a su lado hizo las gestiones para que la acercaran a una estilista privada y así arreglaran su cabello lo más pronto posible.
Emma se acomodó en un asiento giratorio con cuidado, una mujer de cuello largo y mucha clase se presentó antes de soltarle el cabello y rociarlo con agua para poder peinarlo a gusto. Sus ojos estaban puestos en su reflejo, quería perderse en ella misma para no pensar en otra cosa que no fueran los consejos y tips que debía tener en cuenta en la pasarela. Estuvo quizás minutos sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, toda conversación se fue perdiendo, cada ruido o gesto ajeno desapareció por completo. Un cosquilleo la invadió en la parte baja de su vientre cuando volvió de sus pensamientos y se fijó en su reflejo de nuevo. ¡Estaba completamente sola en el salón! Antes de alegar una silueta en el espejo llamó su atención, una silueta que empezó a tener forma.
De inmediato su cuerpo respondió ante su imagen humedeciéndose por completo. Ese peinado imponía más su presencia, el vestido no tan largo color vino ceñido a su cuerpo, los accesorios a juego y esas zapatillas con tacones tan elegantes le daban altura.
-Ya que me negaste la oportunidad esta mañana de hablar contigo supongo que debo hacerlo ahora-. Sus ojos se veían más oscuros que nunca, parecía que la iban a devorar.
-¿Qué es lo que deseas?-. Susurró Emma sin dejar de mirarla a través del espejo, Regina estaba tras ella y agachada, con la cabeza prácticamente a su lado.
-Quiero decirte simplemente gracias, gracias por todo lo que me has ayudado desde que estuviste acá...-. Emma sintió un nudo en su garganta, le dolía que Regina ignorara lo que había pasado esa noche porque ella no podía hacerlo –Muestra esa pasión que te caracterizó desde el primer día, demuestra porque eres mi modelo, demuestra por qué eres diferente a todas las chicas que están aquí.
-No hay nada que agradecer-. Regina giró la cabeza un poco hacia el lado, sus narices se rozaban pero ninguna era capaz de moverse los milímetros que separaban sus labios –Estoy cumpliendo con una promesa-. A Regina le ardía todo pensando cómo podía devorarle la boca, pero no, no le gustaba ni sentía cosas por ella, solo era atracción sexual –Ve, haz que vuelvan las demás porque tenemos que arreglarnos
-Sorpréndeme cuando estés con ese vestido, quiero que tu pasión cuele el alma de todos los asistentes-. Iba a besarle la frente pero se contuvo, Regina no era alguien demostrativa ni mucho menos una débil ¡Era su jefa!.
Emma no respondió, esperó que se fuera antes de gemir angustiada entre sus manos. Esos ir y venir, esas miradas de deseo y esos acercamientos que quemaban su cuerpo terminarían efectivamente haciéndole daño ¿Qué quería lograr Gina con eso? No podía darse más importancia de la que la rubia le daba porque de seguro estaba en su lista negra o era la mujer 20.000 en su cama.
El evento había comenzado y obviamente las y los modelos entraban y salían "tras bambalinas". Apartaron a otro cuarto a la rubia para que pudieran ponerle con libertad el traje que entre 3 personas cargaban. Estaba parada con ropa interior en un ambiente temperado, las mujeres estiraron el vestido en una mesa enorme para que no sufriera arrugas porque ¡Dios! Plancharlo fue una odisea, un solo movimiento en falso y podían quemar la obra de arte hecha vestido. ¡Manos a la obra!
...
De todos los asientos dispuestos alrededor de la pasarela, el suyo tenía la mejor ubicación. El lugar donde efectuaban el desfile de moda estaba en un teatro en medio de Paris, había muchos medios que cubrían el evento, muchos asistentes y gente famosa que estaba al tanto de todo este tipo de cosas. Como una buena diseñadora debería estar tomando apuntes de las prendas de sus colegas para aprender más de ellos, pero su cabeza no era capaz de procesar otra cosa que no fuera un número que contaba en retroceso. Luego de 1 hora después cuando la última pieza de Phill Cho salió del escenario, todas las luces se apagaron para solo quedar encendida una que enfocaba los telones negros apostados al principio de la pasarela. El hombre que hablaba tras el micrófono relataba la importancia de la pieza que habían dejado para lo último en este evento, todos contenían su respiración porque se había comentado mucho que esta sin duda sería la pieza más sublime de la noche y que si salía a la venta solo los más importantes la podrían adquirir dado su alto valor monetario.
Regina sintió varias miradas sobre ella cuando dijeron su nombre, hace 10 años esto sonaría a una mentira más, sin embargo su sueño se había hecho realidad gracias a ese boceto dibujado con la rabia y la pena de una decepción amorosa.
-"Pues dejamos sobre el escenario la primera pieza dibujada por la famosa diseñadora Regina Mills"-. Dijo el hombre antes de retirarse y antes que pusieran de fondo una música tan apasionante que a todos en este lugar se les erizó el cabello.
"Lo harás bien" susurró con los ojos cerrados Emma antes de que los telones negros se desplazaran hacia los lados y revelaran su imagen por completo. La exclamación de todos los presentes fue instantánea, la luz cálida hacía juego con el color marfil del vestido. Regina se llevó una mano a la boca porque la sorpresa era evidente, haberla evitado durante toda la semana tuvo el efecto que esperaba ¡Tenía una Diosa frente a ella! Comenzó a caminar sobre la pasarela tal y como se había imaginado a la mujer que tenía en mente cuando hizo el boceto. Sobre su cabello había una tiara gruesa que sostenía el velo hacia su espalda, guantes blancos y un vestido lleno de ínfimos detalles que tardó noches enteras por hacer. Era su pieza, única y exclusivamente hecha por ella a mano sin ayuda de alguien esta vez. Se le estaba partiendo el pecho al verla de esa manera, lucía como una reina con ese vestido de novia, nunca se la había imaginado de esa forma y ahora que la tenía frente a sus ojos no podía creer cuan bella y exquisita lucía. Apenas respiraba el resto de los asistentes, concordaban con ella con que era una pieza única ¡Qué manera de llover las fotografías!
-Es... Es hermosa-. La mujer que le había partido el corazón lucía con clase y mucho sentimiento su obra de arte.
A su mente por supuesto que llegaron de nuevo las imágenes cuando hicieron el amor en el hotel. Su boca besando su cuello con tanto cariño hasta hacerla gemir por más, también cuando fue ella la que besaba tiernamente sus pechos y el vientre. Habían sido el complemento perfecto esa vez, nunca había deseado tanto a una mujer o sus caricias como esa noche. Por supuesto que quería comprobarlo de nuevo solo para darse cuenta que había sido calenturas de una noche, por supuesto que su orgullo la estaba cegando y haciendo daño a ambas. Por un segundo la "novia" miró hacia abajo justo al asiento donde ella la estaba observando, eran la clásica imagen de "Cenicienta y su heredera".
Los ojos de la rubia estaban anegados en lágrimas, no podía dejar de pensar que esto surgió después que se comportara como una imbécil, después de hacerle daño y dejar de verse por 10 años. ¡La quería maldita sea! La quería tanto y no podía explicarse cómo era posible si se habían dejado de ver por tanto tiempo, quería correr y llorar desconsoladamente pero se mantenía estoica en la pasarela como lo había prometido. Regina no iba a perdonarla, ella no iba a quererla de nuevo ni hacerle el amor no estando ebria, Regina no quería que lo recordara.
-Lo que pudo ser-. Susurró Regina acongojada y con el pecho apretado. ¡Mierda! ¡Eso le había salido del alma, su cenicienta interior estaba sufriendo! –Lo... Lo que pudo ser-. Sus ojos marrones estaban húmedos –Lo que pudo ser y... y que no sucedió...
Emma no había dejado de mirarla, por supuesto leyó sus labios terminando por partir su alma y mandarla al infierno de la tortura y el sufrimiento. ¡Esto debió ocurrir maldita sea! Sin planes terribles, sin Killian de por medio ni mentiras o tampoco dolor, este vestido debió ser suyo para llevarlo hacia la mujer que ella amaba, a la mujer que no pudo confiar y a la que después de 10 años seguía guardando en su corazón. Basta... ella no podía seguir de pie en este lugar... no más.
Se quedó en medio de la pasarela para que todos los fotógrafos y asistentes al desfile pudieran tomarle unas cuantas fotografías a la prenda, algunos de seguro subirían de inmediato a la web la imagen del vestido. ¡Es que era precioso! Faltaban adjetivos para poder calificarlo, era una de esas piezas que contemplas por horas dado su belleza y detalles que lo hacen único. La pregunta que urgía en los presentes era una sola ¿Saldría a la venta? Muchos darían lo que fuera por conseguirlo sin importar que otros la adquirieran, de ser así solo unos pocos tendrían el privilegio de poseerla. Pero eran suposiciones nada más, en este segundo cuando Regina estaba embelesada por el vestido y la mujer que lo llevaba puesto, estaba de acuerdo en una cosa: no vendería el vestido bajo ningún punto de vista ni permitiría su reproducción. Era tan bello que nadie tenía el derecho de llevarlo puesto salvo Emma Swan que la había inspirado en hacerlo. Por supuesto que su cuerpo no reaccionó muy bien cuando la idea pasó por su cabeza, el ácido de su estómago subió hasta la garganta haciéndola toser.
Emma volteó y caminó hacia el principio de la pasarela para que le dieran un último vistazo, aunque el hombre tras el micrófono llamó a Regina para que subiera al escenario. Así lo hizo con toda la elegancia que la caracterizaba, muchos suspiraron con su presencia porque era cierto lo que se comentaba ¡Lucía preciosa!
Con cuidado Regina posó su mano en la cintura de Emma y la acercó bastante para que sus cuerpos quedaran casi pegados de lado. La gente quedaba sin habla ¡Parecían una hermosa pareja! Por eso mismo y otras cosas los flashes no tardaron ni 1 segundo en llegar, querían captar a la "Evil Queen" y su gran obra de arte puesto en el cuerpo de su primera modelo personal. Los ojos de la rubia seguían húmedos por toda la situación, hace un segundo dijo "no más" pero ahora sentía que tenía que llegar hasta el final con esto, después sería libre.
...
Lunes 28 de octubre, Dijon, 3 días después marcaba el calendario.
Los sitios de moda y varias revistas a nivel mundial publicaron en sus portales online la foto de Regina Mills sosteniendo de lado el cuerpo de Emma, destacando lo maravillados y totalmente enamorados que estaban los cibernautas y expertos en la materia con el vestido ¡Rogaban que lo vendiera! ¡Que hiciera una reproducción masiva del vestido! Pero no conseguirían respuestas aún de su parte.
En este momento Regina cerraba la computadora de su oficina después de mandar un mail con informaciones a unos socios de la empresa. Sabía que no tenía tiempo para otras cosas ahora, debía irse a un estudio fotográfico en 20 minutos más porque tendrían la sesión fotográfica junto a Emma para la revista Vogue. Esta era con toda seguridad la última actividad que tenían juntas y que estaba estipulada en el contrato, después de eso estaría libre para volar de vuelta a Estados Unidos y continuar realizándose como una periodista. No le gustaba la idea, extrañamente no recordaba demasiado como era su diario vivir sin ella llegando a H&C para probarse el vestido y tener clases de "modelaje", pero debía pensar que todo era para un bien mayor, recobraría su tiempo a solas, su libertad, dejaría de tener pensamientos o deseos que no correspondían a ella.
Antes de ingresar al vehículo donde la trasladaba su chofer, el teléfono en su bolsillo comenzó a sonar. No siempre tenía ganas de atender llamados pero todo cambió cuando vio el nombre de esa mujer en su teléfono.
-"Bon après-midi ma chérie"-. Pronunció cada palabra de tal forma que la otra mujer quiso gemir. Su tono de voz diciendo "buenas tardes, muñeca" en francés era una cosa que debían grabar para reproducirlo en un CD dedicado a mujeres de sangre caliente –¿Cómo estás Ashley?
-Aquí estirada en mi cama después de salir de la ducha... estoy mojada-. Regina cerró los ojos para recrear una imagen en su cabeza, que ardiente debía lucir la rubia en su cama –¿Y tú?
-Preparándome para una sesión de fotos, no tan entretenida claro como lo que has de estar haciendo-. La morena se rio bajo con el intento más sensual que su garganta le daba abasto –¿Necesitas algo?
-Mmm hum estoy en Dijon por una escena de mi nueva película, quería saber si deseabas, ya sabes, pasar a cenar después de esa tediosa sesión y entrevista que te ha de hacer Vogue-. Ashley no mostró celos en su voz pero sabía perfectamente con quién lo haría –Si tan solo me hubieses elegido a mí... pero bueno, quería invitarte a cenar a un restaurante donde soy socia-. Regina con tal de evitar pensamientos sentimentales hacia Emma, cualquier cosa.
-Anótame de inmediato ¿A qué hora, chérie?
Después de seguir hablando cualquier cosa con connotación sexual, Regina cortó la llamada. Su chofer estaba sin gestos en su rostro, solamente la esperaba sentado dentro del vehículo como era su trabajo. Poco les tomó llegar al estudio, sabía que estaba atrasada por haberse quedado hablando por teléfono con Ashley, pero no era nada que una sonrisa no pudiera vencer ¿O sí? Al llegar saludó al hombre corpulento que vigilaba la entrada, no fue necesario identificarse para que supiera quién era o a qué venía. Una mujer con elegante vestido blanco le señaló el camerino donde la prepararían. Era primera vez que hacía una entrevista que incluyera una sesión fotográfica (photoshoot), no tenía memoria de haber hecho una antes como esta así que una vez más algo "primero" lo realizaba con Emma.
La misma mujer que la recibió le mostró todo el guardaropas que usaría en la sesión, desde blusas oscuras y gorras ladeadas, hasta zapatillas lustrados o vestidos con gargantillas doradas que denotaban su riqueza. Primero le hicieron vestir unos pantalones de lino negro, una blusa blanca, una chaqueta blanca y una corbata sin anudar que tendría que usar caída a un costado, al estilo tomboy pero dejando relucir su lado femenino.
En su mismo camerino una maquilladora le puso una finísima capa de base en el rostro, retocó su maquillaje, Regina sabía que era para evitar el brillo de su piel con las luces del estudio.
-Solo falta que la peinen-. La mujer le hizo la seña a otra para que le dedicara unos buenos minutos al arreglo del cabello. Regina sonreía levemente por cortesía cuando en realidad solo quería salir del estudio, tomar las fotos e irse de aquí (eso creía ella).
Cuando finalmente estuvo lista para la primera temática de las fotos, caminó junto a un grupo de personas hacia otro estudio especialmente ambientado para ello. Estaba tan pendiente de las instrucciones que le daba el fotógrafo que no se había fijado cuando entraron allí. Tuvo que apretar sus dientes para que su rostro no se transfigurara en otra cosa. Con una sonrisa "inocente" Emma miraba al asistente de luces que le hablaba entusiasmadamente de algo, por la forma en la que ese asistente la miraba era obvio que quería flirtear. Pero no solo eso la sacó de trance, Emma Swan tenía puesto un vestido amarillo que se ataba al cuello y que revelaba gran parte de su espalda, un vestido que no le llegaba más allá de las rodillas, unas flores sobre su cuello y el cabello tomado de forma tan casual que le hizo pensar en una Emma despojada de tanta riqueza.
Una de las asistentas la empujó levemente para hacerla reaccionar e indicarle donde debía posicionarse.
Emma le dio una larga mirada de pies a cabeza antes de seguir hablando con el asistente de las luces como si nada.
-Lamento interrumpirlos-. Usaba la autoridad hasta en el tono de su voz –Pero vamos a comenzar...-. Emma iba a levantar su mano para despedirse del chico de las luces, pero Regina se la sostuvo suavemente y la llevó a sus labios. Ese pequeño toque sensual logró encenderla de mil formas posibles –Este será nuestro último trabajo ¿Lo haremos bien?-. Emma suspiró lentamente al escucharla, hace 10 años era imposible que hablara y ahora se la encontraba con ese toque francés, mierda.
-Sí, lo haremos bien...
La primera instrucción del fotógrafo bastó para que todo se desarrollara con naturalidad, "Mírense fijamente a los ojos por unos segundos". Regina, que estaba apoyada contra la pared empapelada de afiches, no le quitó los ojos a ella en ningún momento, de hecho ese efecto hipnotizador de sus ojos marrones atrajo el cuerpo de Emma como el polen a la abeja. No era de sorprenderse que contra su vestido sintiera el calor del cuerpo de la morena, menos que sus cuerpos comenzaran a acomodarse con vida propia. Regina descansó su mano en la cintura de la rubia para atraerla más al mismo tiempo que ella se sostenía del borde de su blusa. El fotógrafo y los demás asistentes murmuraban emocionados por la gran química que tenían, pero Mills y Swan eran ajenas a los comentarios de los demás, solo respiraban lentamente sin dejar de observarse en cada ínfimo detalle.
La tensión entre ambas empezó a subir, Emma sintió tanto miedo de los propios deseos que su carne y cuerpo querían que trató de apartarse, mas, fue Regina la que tuvo mayor reflejo y la atrapó sosteniéndola de los brazos. Sus pulgares trazaban círculos sobre la piel de ella, sus labios temblaban ansiosos por besarle la boca aun estando frente a todos. Si en un pasado le encantó siendo adolescente, ahora siendo adulta con 10 años más lucía muchísimo mejor. Estuvo a punto de susurrarle "exquisita" cuando el fotógrafo empezó a dar otras instrucciones de cómo posar ¡Genial! Las habían salvado de sus propios deseos...
Así fue como al pasar los minutos el flash las cubría en cada toma o nueva pose. Tuvieron que sonreírse aunque no quisieron, tuvieron que cambiarse de atuendos e incluso tomarse fotos acostadas en el césped, a través de una rejilla que las separara, con poses que a Regina la hicieran destacar como la "Evil Queen" y a ella como su "musa inspiradora". Al final de la tarde cuando apenas quedaban rayos de sol surcando el cielo anaranjado, dieron finalizada la sesión fotográfica. La entrevista se la realizaron en simultáneo, ambas con un periodista distinto que captara lo mejor posible respuestas satisfactorias.
-Mmm mierda-. Suspiró cansada al reflejo que había en el espejo en ese camerino. Ya se había despojado de la ropa y lo demás y aunque afuera el día se había acabado el suyo no. Emocionalmente se sentía muy mal, tenía bastante en claro lo que sentía independientemente si correspondiera o no, estaba harta de todo pero a la vez no. No, no podía entenderse. Tenía fatiga, sí, por eso abrió un cajoncito del mueble donde le indicaron había una pequeña colación que era un paquete de galletas sabor "helado". Su mente rápida asoció aquello con el pasado, con el primer brindis especial de ambas, también con el segundo en una cafetería cuando Regina fue su chofer un momento. Sus ojitos se llenaron de lágrimas con los recuerdos de lo que fue una relación en un principio muy inocente.
-Emma-. Había abierto la puerta tan rápido que la sobresaltó –Yo... lo siento, venía a despedirme de ti, hoy fue una tarde...-. Disimuladamente se secó las lágrimas y le sonrió como si nada –Que... ¿Te pasa algo?-. Emma negó con la cabeza, sabía jodidamente lo que significaba esto, ella ya tenía decisiones tomadas y el contrato tenía estipulado su participación obligatoria hasta que la sesión y entrevista a Vogue finalizara.
-¿Me acompañarías a una cafetería? Sería bueno que cerráramos todo este trabajo juntas con algo así.
-¿En una cafetería y no una cena?-. Regina arrugó la frente, la simplicidad con la que Emma tomaba algo así no le gustaba para nada –Mmm verás yo venía a despedirme porque…-. Al ver que la sonrisa en Emma se ensanchaba más se sintió perturbada ¿Por qué lo hacía? ¿De verdad estaba feliz o era un elemento de distracción? No podía decir que sí porque tenía una cena con Ashley en unos minutos, aunque una vez más su "Cenicienta interior" habló primero –Bueno, vamos y te llevo en el vehículo con mi chofer…
El mundo es redondo, si partes en un punto y caminas en línea recta sin mirar atrás terminarás regresando al mismo lugar. ¿Era esto algo similar? Ambas entraron a una cafetería muy bonita que estaba en pleno centro de Dijon, su decorado antiguo la hacía aún más interesante, el olor a café en el ambiente y la charla amena de las personas convertían cualquier ambiente en uno deseable para relajarse. Nadie las identificó pero a pesar de eso Regina eligió la mesa más apartada de la cafetería para tener un poco de privacidad. Una mesera con una sonrisa cortes les alcanzó el menú pero en ese momento Regina se disculpó con la excusa que debía hacer una llamada importante.
-Pide cualquier cosa por mí ¿Sí? Lo que pidas estará bien, ya regreso…-. Era la excusa perfecta para ir al baño y mojarse la cara, ella tampoco se sentía muy bien después de todo. ¡Ah! Y además para avisarle a Ashley que llegaría una hora más tarde. Caminó varias veces por el baño, quería hacer tiempo con tal de tener menos tiempo y evitar los silencios incómodos. Ya su cabeza no sabía si la odiaba tanto como en un principio, pero el hecho de darse cuenta la aterraba demasiado. Después de 15 minutos miró el reloj, considerando prudente que era volver a la mesa.
Notó a Emma acomodar algo en la mesa ¿Acaso no era tarea de la mesera hacerlo? Con un poco de indignación por el "mal servicio" se acercó a ayudar a la rubia, más, al enfrentarla y ver lo que había en la bandeja no fue capaz de moverse más.
-Ah, aquí estabas-. La voz le temblaba, Emma estaba nerviosa –Tenía antojos así que pedí helado y galletas… ¿Tienes algún problema con eso?
-¡¿Debería tenerlos?!-. Regina gruñó sentándose frente a ella ¿Esto era una broma? Aun recordaba todo lo relacionado con eso, el significado y el código de ambas, la inocencia de su relación y la sencillez también –¿Comemos? En serio Emma ¿Hay algún motivo por el que quieras estar aquí además de finalizar el proceso?
-Esto-. Sostuvo una galleta y la untó en la copa de helado, luego la alzó ante sus ojos –Después de varios días puedo decir que sí, logré mi cometido y pude ayudarte en este sueño que posees, quiero brindar… Por ambas, para que cada una tenga un fruto positivo de esto, porque sea una exitosa periodista en FOX y para que tú estés en la cima de tu carrera.
Regina sintió que toda la sangre se fue a sus puños y cara quedando totalmente roja. Si había bombas emocionales que explotarían, esta era una de esas. No sabía si gritaría y la trataría con atrevimiento por estar jugando con cosas del pasado de la relación como las galletas y el helado, por darse cuenta que lo hacía a propósito o... por darse cuenta que esto era la despedida..
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¿QUÉ CREEN QUE HARÁ REGINA?
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